Forwarded from Rocio Jacqueline
Yo creo que se hicieron compas cuando a Simon le convenía, porque ahora es una pena que defienda e impulse el gobierno de EU y su intencionismo igual Salinas Pliego tanto que lo criticó. No pensé que Levi fuera así de travesti ideológico.
Solo sigo aquí para enterarme de las barbaridades pretenciones de los antiMexicanos
Solo sigo aquí para enterarme de las barbaridades pretenciones de los antiMexicanos
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Oye Rocio Jacqueline :
Diego y yo, no nos “hicimos compas”. Eso es una lectura cómoda para no enfrentar los hechos. Nos unió una idea, la congruencia en la que yo milito y tú jamás.
Yo no defiendo personas, ni gobiernos, ni empresarios.
Defiendo principios: Estado de derecho, instituciones, legalidad y civilización.
Cuando un gobierno —sea mexicano, estadounidense o de cualquier país— actúa conforme a esos principios, se reconoce. Cuando no, se denuncia. Así de simple.
Critiqué a Salinas Pliego cuando correspondía y lo volvería a hacer si fuese necesario. Lo mismo con cualquier actor de poder. Pensar que la crítica o el reconocimiento dependen de simpatías personales es no entender cómo funciona el pensamiento libre.
Respecto a Estados Unidos: no “impulso” su gobierno. Señalo una realidad geopolítica y jurídica. Negarla en nombre de un nacionalismo mal digerido no es soberanía; es autoengaño. El verdadero antimexicanismo es normalizar la violencia, el narcoestado y la destrucción institucional bajo el discurso patriótico.
Lo que a algunos les incomoda no es mi postura, sino que no se alinee con trincheras ideológicas prefabricadas. No soy travesti ideológico: soy incómodo, que es distinto.
Si sigues aquí para observar “barbaridades”, al menos míralas con datos, contexto y argumentos. Yo seguiré diciendo lo que muchos prefieren callar, le convenga a quien le convenga.
Dímelo en vivo por favor.🙏
Diego y yo, no nos “hicimos compas”. Eso es una lectura cómoda para no enfrentar los hechos. Nos unió una idea, la congruencia en la que yo milito y tú jamás.
Yo no defiendo personas, ni gobiernos, ni empresarios.
Defiendo principios: Estado de derecho, instituciones, legalidad y civilización.
Cuando un gobierno —sea mexicano, estadounidense o de cualquier país— actúa conforme a esos principios, se reconoce. Cuando no, se denuncia. Así de simple.
Critiqué a Salinas Pliego cuando correspondía y lo volvería a hacer si fuese necesario. Lo mismo con cualquier actor de poder. Pensar que la crítica o el reconocimiento dependen de simpatías personales es no entender cómo funciona el pensamiento libre.
Respecto a Estados Unidos: no “impulso” su gobierno. Señalo una realidad geopolítica y jurídica. Negarla en nombre de un nacionalismo mal digerido no es soberanía; es autoengaño. El verdadero antimexicanismo es normalizar la violencia, el narcoestado y la destrucción institucional bajo el discurso patriótico.
Lo que a algunos les incomoda no es mi postura, sino que no se alinee con trincheras ideológicas prefabricadas. No soy travesti ideológico: soy incómodo, que es distinto.
Si sigues aquí para observar “barbaridades”, al menos míralas con datos, contexto y argumentos. Yo seguiré diciendo lo que muchos prefieren callar, le convenga a quien le convenga.
Dímelo en vivo por favor.🙏
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¿Quién es más antimexicano?
¿El que permite la muerte de miles de mexicanos y desaparecidos y lo justifica?
¿El que maromea que nunca separaron el poder político del económico sino se arrodillaron al narco?
Come on, aquí la única “puta” (no es insulto, es descripción) porque del verbo prostituir, es aquella persona que sistematiza la normalización de la muerte y quien se quita la máscara para defender al narco acusando a una potencia extranjera.
Así que solo pueden insultarme porque no son capaces de refutarme.
¿El que permite la muerte de miles de mexicanos y desaparecidos y lo justifica?
¿El que maromea que nunca separaron el poder político del económico sino se arrodillaron al narco?
Come on, aquí la única “puta” (no es insulto, es descripción) porque del verbo prostituir, es aquella persona que sistematiza la normalización de la muerte y quien se quita la máscara para defender al narco acusando a una potencia extranjera.
Así que solo pueden insultarme porque no son capaces de refutarme.
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Evadir un debate tramposamente, porque se dice que uno cuida los hijos cuando la voz es mucho más rápida que el texto, lo único que demuestra es que la calumnia la reproducción de mentiras es parte de una estrategia, donde lo que quieren es que uno pierda el equilibrio de lenguaje y entonces ganar terreno para empezar con el insultoad hominem.
Rocío es parte del espionaje silencioso de este canal que poco a poco se va expresando y que ustedes pueden dar nota que lejos de enojarme los expongo.
Rocío es parte del espionaje silencioso de este canal que poco a poco se va expresando y que ustedes pueden dar nota que lejos de enojarme los expongo.
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Si con la misma vehemencia con la que atacan a las potencias extranjeras, atacarán el narco, no habría pretexto alguno del falso discurso patriotero.
El problema es que gobierno y narco son lo mismo.
El problema es que gobierno y narco son lo mismo.
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Esto es lo que vamos a combatir de raíz con la creación de los COMITÉS SECCIÓNALES PARA LA RESTAURACIÓN DE LA REPÚBLICA.
Un movimiento desde abajo y con los ciudadanos a raz de suelo.
Aquí el héroe no es el mesías sino el ciudadano.
Porque solo el ciudadano organizado salva a Mexico.
En breve la convocatoria para la selección de los 32 coordinadores estatales de México 2030.
Un movimiento desde abajo y con los ciudadanos a raz de suelo.
Aquí el héroe no es el mesías sino el ciudadano.
Porque solo el ciudadano organizado salva a Mexico.
En breve la convocatoria para la selección de los 32 coordinadores estatales de México 2030.
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Hubo un momento, hacia octubre, en el punto más intenso de todo lo que viví, cuando mi cuerpo simplemente dejó de dormir.
Primero fue una noche.
Luego dos.
Después tres.
Hasta que se convirtió en algo que nunca imaginé posible: pasaron días, luego semanas, sin poder dormir ni un solo segundo. Literalmente. Las noches se volvieron interminables. Cada minuto era una eternidad. El silencio pesaba. La oscuridad no terminaba.
Lo más desconcertante era que, durante el día, no me sentía cansado. Seguía entrenando, moviéndome, funcionando. No entendía cómo era posible estar activo sin haber dormido absolutamente nada. Hoy sé que mi cuerpo estaba operando en un estado extremo de alerta, impulsado por adrenalina y cortisol, como si el peligro nunca hubiera terminado.
Con el tiempo entendí que el mayor peligro no fue el insomnio en sí, sino algo más profundo: no distinguir entre un peligro real y uno imaginado. Cuando la mente entra en ese estado, todo se vive como amenaza. El cuerpo no sabe defenderse de algo que no puede ver.
Intenté explicarlo de forma racional. Pensé en mis niveles hormonales. Tomé melatonina, suplementos, todo lo “natural” que se supone ayuda a dormir. Nada funcionaba.
Con el tiempo entendí algo más profundo aún: no era solo el cuerpo. Era el alma.
Estaba atravesando una depresión profunda, silenciosa, de esas que no siempre se notan desde fuera. El miedo, la presión, la incertidumbre… todo eso se había acumulado hasta llevarme a un punto límite.
Durante esas noches interminables, ocurrió algo más: mi mente se convirtió en mi mayor enemiga. Me juzgaba, me señalaba, me hablaba con dureza. Cada pensamiento parecía un castigo. Cada recuerdo, una acusación.
Ahí comprendí algo crucial: quien busca tu mal no empieza atacando tu cuerpo; empieza atacando tu mente. Porque cuando la mente cae, el cuerpo queda expuesto.
Hasta que una persona que estimo profundamente me enseñó algo que cambió todo: aprender a dialogar con mi propia mente.
Empecé a decirle, en silencio:
“Mente, dime todo lo que quieras decirme. No te voy a callar. Pero háblame desde el amor. No como castigo. No desde el miedo. Explícame lo que quieres decirme de forma amable.”
Y algo empezó a cambiar.
Poco a poco, pude respirar mejor.
Poco a poco, mi cuerpo empezó a soltarse.
Le di permiso a mi mente de expresarse, pero no desde la amenaza, sino desde el cuidado. Y al hacer eso, la tensión comenzó a aflojar. Como si el cuerpo, por fin, entendiera que ya no estaba en peligro.
Ahí confirmé algo que hoy tengo muy claro: el cuerpo no necesita que la mente tenga razón; necesita que la mente deje de atacarlo.
Y entonces dejé de intentar controlar.
Empecé a meditar. A respirar. A quedarme en silencio. A hablar con Dios —no para pedir soluciones, sino para escuchar—. Me quedé ahí, sin palabras, esperando.
Y en ese silencio recibí un mensaje muy claro:
aléjate del ruido y escucha mi voz.
No sé cómo traducir la fe en términos científicos, pero sí sé lo que ocurrió en mi cuerpo y en mi mente: en el momento en que dejé de resistir, en el momento en que me rendí por completo, el miedo se disipó. No poco. No gradualmente. Se fue.
Cuando solté el control, cuando acepté que estaba roto, que no podía solo, que necesitaba ayuda —no desde la fuerza, sino desde la vulnerabilidad—, algo se reordenó. A un nivel muy profundo.
Y volví a dormir.
Desde esa paz, algo más ocurrió: pude ver todo lo que ya tenía. Mi familia. El amor que me rodea. Mi salud. Mi integridad. Mis ganas de seguir luchando y salir adelante. Entendí que no todo se trata de culpas ni de castigos, sino de responsabilidad. Que uno elige, y que toda elección tiene consecuencias, algunas más duras que otras.
Comprendí también que el camino puede ser largo y tortuoso, pero que no puedo alejarme de mi identidad ni de mi esencia. Porque hacerlo, traicionarme a mí mismo, me quitaría mucho más el sueño que cualquier amenaza externa.
Y con esa paz también entendí algo más: no necesito cargar odio ni buscar revancha. La justicia no me corresponde ejecutarla a mí.
Primero fue una noche.
Luego dos.
Después tres.
Hasta que se convirtió en algo que nunca imaginé posible: pasaron días, luego semanas, sin poder dormir ni un solo segundo. Literalmente. Las noches se volvieron interminables. Cada minuto era una eternidad. El silencio pesaba. La oscuridad no terminaba.
Lo más desconcertante era que, durante el día, no me sentía cansado. Seguía entrenando, moviéndome, funcionando. No entendía cómo era posible estar activo sin haber dormido absolutamente nada. Hoy sé que mi cuerpo estaba operando en un estado extremo de alerta, impulsado por adrenalina y cortisol, como si el peligro nunca hubiera terminado.
Con el tiempo entendí que el mayor peligro no fue el insomnio en sí, sino algo más profundo: no distinguir entre un peligro real y uno imaginado. Cuando la mente entra en ese estado, todo se vive como amenaza. El cuerpo no sabe defenderse de algo que no puede ver.
Intenté explicarlo de forma racional. Pensé en mis niveles hormonales. Tomé melatonina, suplementos, todo lo “natural” que se supone ayuda a dormir. Nada funcionaba.
Con el tiempo entendí algo más profundo aún: no era solo el cuerpo. Era el alma.
Estaba atravesando una depresión profunda, silenciosa, de esas que no siempre se notan desde fuera. El miedo, la presión, la incertidumbre… todo eso se había acumulado hasta llevarme a un punto límite.
Durante esas noches interminables, ocurrió algo más: mi mente se convirtió en mi mayor enemiga. Me juzgaba, me señalaba, me hablaba con dureza. Cada pensamiento parecía un castigo. Cada recuerdo, una acusación.
Ahí comprendí algo crucial: quien busca tu mal no empieza atacando tu cuerpo; empieza atacando tu mente. Porque cuando la mente cae, el cuerpo queda expuesto.
Hasta que una persona que estimo profundamente me enseñó algo que cambió todo: aprender a dialogar con mi propia mente.
Empecé a decirle, en silencio:
“Mente, dime todo lo que quieras decirme. No te voy a callar. Pero háblame desde el amor. No como castigo. No desde el miedo. Explícame lo que quieres decirme de forma amable.”
Y algo empezó a cambiar.
Poco a poco, pude respirar mejor.
Poco a poco, mi cuerpo empezó a soltarse.
Le di permiso a mi mente de expresarse, pero no desde la amenaza, sino desde el cuidado. Y al hacer eso, la tensión comenzó a aflojar. Como si el cuerpo, por fin, entendiera que ya no estaba en peligro.
Ahí confirmé algo que hoy tengo muy claro: el cuerpo no necesita que la mente tenga razón; necesita que la mente deje de atacarlo.
Y entonces dejé de intentar controlar.
Empecé a meditar. A respirar. A quedarme en silencio. A hablar con Dios —no para pedir soluciones, sino para escuchar—. Me quedé ahí, sin palabras, esperando.
Y en ese silencio recibí un mensaje muy claro:
aléjate del ruido y escucha mi voz.
No sé cómo traducir la fe en términos científicos, pero sí sé lo que ocurrió en mi cuerpo y en mi mente: en el momento en que dejé de resistir, en el momento en que me rendí por completo, el miedo se disipó. No poco. No gradualmente. Se fue.
Cuando solté el control, cuando acepté que estaba roto, que no podía solo, que necesitaba ayuda —no desde la fuerza, sino desde la vulnerabilidad—, algo se reordenó. A un nivel muy profundo.
Y volví a dormir.
Desde esa paz, algo más ocurrió: pude ver todo lo que ya tenía. Mi familia. El amor que me rodea. Mi salud. Mi integridad. Mis ganas de seguir luchando y salir adelante. Entendí que no todo se trata de culpas ni de castigos, sino de responsabilidad. Que uno elige, y que toda elección tiene consecuencias, algunas más duras que otras.
Comprendí también que el camino puede ser largo y tortuoso, pero que no puedo alejarme de mi identidad ni de mi esencia. Porque hacerlo, traicionarme a mí mismo, me quitaría mucho más el sueño que cualquier amenaza externa.
Y con esa paz también entendí algo más: no necesito cargar odio ni buscar revancha. La justicia no me corresponde ejecutarla a mí.
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Confío en que existe un orden más grande, y que cada acto —bueno o malo— encuentra su consecuencia en el momento correcto. Yo elijo seguir caminando con la conciencia tranquila, sabiendo que la verdad y la justicia no se pierden; solo esperan.
No escribo esto como médico, ni para dar consejos, ni para decirle a nadie qué debe hacer. Lo escribo como ser humano. Para quienes toman ansiolíticos, antidepresivos, o cualquier medicamento buscando alivio; para quienes viven procesos de ansiedad o depresión que a veces ni ellos mismos logran nombrar.
Mi experiencia fue esta: a veces el cuerpo y la mente sostienen el dolor hasta que ya no pueden más. Y solo cuando uno se desnuda por completo, cuando deja de aparentar fortaleza, cuando dice “no puedo”, cuando suelta el control y se entrega —en mi caso, a Dios—, algo cambia.
No fue magia. Fue rendición.
Y en esa rendición, encontré paz.
No escribo esto como médico, ni para dar consejos, ni para decirle a nadie qué debe hacer. Lo escribo como ser humano. Para quienes toman ansiolíticos, antidepresivos, o cualquier medicamento buscando alivio; para quienes viven procesos de ansiedad o depresión que a veces ni ellos mismos logran nombrar.
Mi experiencia fue esta: a veces el cuerpo y la mente sostienen el dolor hasta que ya no pueden más. Y solo cuando uno se desnuda por completo, cuando deja de aparentar fortaleza, cuando dice “no puedo”, cuando suelta el control y se entrega —en mi caso, a Dios—, algo cambia.
No fue magia. Fue rendición.
Y en esa rendición, encontré paz.
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El solo acto de escribir , y decirle a los demás mi sentir; exponer mi vulnerabilidad, ya es un acto liberador y es un acto de amor.
Mi vulnerabilidad es mi fortaleza, porque el amor así te lo explica.
Esa es la experiencia que te quiero compartir.
Mi vulnerabilidad es mi fortaleza, porque el amor así te lo explica.
Esa es la experiencia que te quiero compartir.
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Cambiando de tema:
El 16 de agosto te lo adelanté:
“Y aquí aparece la jugada maestra: si Caracas se queda sin caja, también se seca el manantial que financia a La Habana, a Managua y, sobre todo, a las redes criminales que han blindado políticamente a Morena”.
Hoy 11 de enero de 2026:
Se acabó Cuba
El 16 de agosto te lo adelanté:
“Y aquí aparece la jugada maestra: si Caracas se queda sin caja, también se seca el manantial que financia a La Habana, a Managua y, sobre todo, a las redes criminales que han blindado políticamente a Morena”.
Hoy 11 de enero de 2026:
Se acabó Cuba
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Mexicano:
No registres tu teléfono celular; usa mejor un chip amigo o si puedes una línea extranjera.
El gobierno mexicano ya tiene todos tus datos, no los necesita; lo que quiere es tu ubicación física y escucharte.
No registres tu teléfono celular; usa mejor un chip amigo o si puedes una línea extranjera.
El gobierno mexicano ya tiene todos tus datos, no los necesita; lo que quiere es tu ubicación física y escucharte.
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Sheinbaum cree que gana tiempo, pero en realidad, eleva el costo.
Trump le dedicó a Petro 1 hora y lo invitó a la Casa Blanca.
A Sheinbaum solo 15 mins y le dio una sillita en el sorteo del mundial.
Siguen creyendo que el presidente Trump se chupa el dedo.
Es mejor.
Trump le dedicó a Petro 1 hora y lo invitó a la Casa Blanca.
A Sheinbaum solo 15 mins y le dio una sillita en el sorteo del mundial.
Siguen creyendo que el presidente Trump se chupa el dedo.
Es mejor.
👍147❤44👏22🤔8😴7🔥6🤷♀5👌3⚡2
Parte de todo el stress que viví en octubre por mi atentado tuve un episodio de cortisol elevado que se me reflejó en el ojo con mucha resequedad y presión.
Me chequé la presión ocular y la tenía perfecta.
Empecé a tomar aceite de bacalao puro y en 8 días desapareció completamente el dolor y la presión.
Además claro, de meditar diario.
Esa fue mi experiencia.
Ojalá le sirva a alguien que pase por algo similar.
Me chequé la presión ocular y la tenía perfecta.
Empecé a tomar aceite de bacalao puro y en 8 días desapareció completamente el dolor y la presión.
Además claro, de meditar diario.
Esa fue mi experiencia.
Ojalá le sirva a alguien que pase por algo similar.
1❤108👌29👍26👏14❤🔥3👻1
Simón Levy no es un superhéroe, es un ser vulnerable transparente que supera su dolor y sus problemas y le gusta compartir eso a los demás porque le da felicidad aprender a levantarse cada vez que se cae o lo tiran y que eso le sirva a los demás en sus caídas.
👏80❤46🤝14🏆1👻1
Uno de mis hijos de -8 años- ayer me dijo:
“Papá, ¿por qué cuando haces tus lives no le cobras a la gente?”.
Le contesté:
“Papi, decir la verdad no cuesta”.
Y me dijo:
“Papá tú no solo estás diciendo la verdad, tú le estás diciendo a la gente información que vale mucho y que no conocen, eso no es solo decir la verdad y tienes que cobrar”.
Y me dice “ya sé que no les vas a cobrar”.
Y le pregunté :
Si ya sabes la respuesta ¿para qué me preguntas”.
Me respondió:
“Para que entonces no pierdas tu tiempo con la gente porque no ganas dinero de eso y mejor sigas jugando conmigo, eso si vale”.
Me mató.
Así que si ven que me desparezco ya saben por qué es.😮💨
“Papá, ¿por qué cuando haces tus lives no le cobras a la gente?”.
Le contesté:
“Papi, decir la verdad no cuesta”.
Y me dijo:
“Papá tú no solo estás diciendo la verdad, tú le estás diciendo a la gente información que vale mucho y que no conocen, eso no es solo decir la verdad y tienes que cobrar”.
Y me dice “ya sé que no les vas a cobrar”.
Y le pregunté :
Si ya sabes la respuesta ¿para qué me preguntas”.
Me respondió:
“Para que entonces no pierdas tu tiempo con la gente porque no ganas dinero de eso y mejor sigas jugando conmigo, eso si vale”.
Me mató.
Así que si ven que me desparezco ya saben por qué es.😮💨
❤153👍70😍16👏6👻6🔥3👌2🥰1
Es falso que el Presidente Trump haya “aceptado” no actuar contra los carteles mexicanos como lo dijo Claudia Sheinbaum.
Al revés, le dio un ultimátum para actuar y procesar en México a narcopolíticos.
Al revés, le dio un ultimátum para actuar y procesar en México a narcopolíticos.
❤120👏80👍50🔥14🤩5😱3😎3🍌2🥰1