NUESTRO PAN DIARIO
26 de mayo de 2026
Actuar con integridad
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La Biblia en un año:
1 Crónicas 28–29
Juan 9:24-41
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La escritura de hoy: Proverbios 12:13-23 NTV
Los perversos quedan atrapados por sus propias palabras, pero los justos escapan de semejante enredo. Las palabras sabias producen muchos beneficios, y el arduo trabajo trae recompensas. Los necios creen que su propio camino es el correcto, pero los sabios prestan atención a otros. Un necio se enoja enseguida, pero una persona sabia mantiene la calma cuando la insultan. Un testigo honrado dice la verdad; un testigo falso dice mentiras. Algunas personas hacen comentarios hirientes, pero las palabras del sabio traen alivio. Las palabras veraces soportan la prueba del tiempo, pero las mentiras pronto se descubren. El corazón que trama el mal está lleno de engaño; ¡el corazón que procura la paz rebosa de alegría! Nada malo le sucederá a los justos, pero los perversos se llenarán de dificultades. El Señor detesta los labios mentirosos, pero se deleita en los que dicen la verdad. Los sabios no hacen alarde de sus conocimientos, pero los necios hacen pública su necedad.
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Al Señor le repugnan los labios mentirosos; pero le agradan los que dicen la verdad (v. 22 rvc).
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Sin darse cuenta, Sara dejó caer su anillo de compromiso de diamantes en el vaso de un mendigo. Billy Ray, el que lo recibió, lo hizo tasar y consideró venderlo, pero decidió ser honesto y se lo devolvió cuando ella volvió unos días después. Sara y su esposo crearon un fondo para donaciones para ayudar a Ray, lo que generó en otros una oleada de generosidad. Ray recibió asesoramiento financiero y finalmente pudo comprar una casa. También se reencontró con su familia, a la que no veía desde hacía mucho.
Cuando actuamos con integridad, agradamos a Dios e inspiramos a otros. Salomón dice que Dios se deleita en ella: «Al Señor le repugnan los labios mentirosos; pero le agradan los que dicen la verdad» (Proverbios 12:22 rvc). Usa un lenguaje fuerte: Dios detesta la deshonestidad. Cuando sus hijos mienten o «engaño hay en [su] corazón» (v. 20), eso lo desafía y contradice su carácter, pero cuando tienen labios veraces (v. 19) y obran con fidelidad, eso lo alegra. Así que, tratar bien a los demás es más que decir la verdad, es reflejar el carácter de Dios. En un mundo donde el engaño puede parecer rentable, nuestra integridad es algo que genera «su contentamiento» (v. 22).
Comprometámonos a ser íntegros. Aunque el mundo no lo note, Dios se alegra cuando andamos en sus caminos.
De: Marvin Williams
Reflexiona y ora
¿De qué manera ser confiable refleja el carácter de Dios? ¿Cómo actuarás con integridad hoy?
Dios, ayúdame a ser íntegro.
26 de mayo de 2026
Actuar con integridad
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La Biblia en un año:
1 Crónicas 28–29
Juan 9:24-41
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La escritura de hoy: Proverbios 12:13-23 NTV
Los perversos quedan atrapados por sus propias palabras, pero los justos escapan de semejante enredo. Las palabras sabias producen muchos beneficios, y el arduo trabajo trae recompensas. Los necios creen que su propio camino es el correcto, pero los sabios prestan atención a otros. Un necio se enoja enseguida, pero una persona sabia mantiene la calma cuando la insultan. Un testigo honrado dice la verdad; un testigo falso dice mentiras. Algunas personas hacen comentarios hirientes, pero las palabras del sabio traen alivio. Las palabras veraces soportan la prueba del tiempo, pero las mentiras pronto se descubren. El corazón que trama el mal está lleno de engaño; ¡el corazón que procura la paz rebosa de alegría! Nada malo le sucederá a los justos, pero los perversos se llenarán de dificultades. El Señor detesta los labios mentirosos, pero se deleita en los que dicen la verdad. Los sabios no hacen alarde de sus conocimientos, pero los necios hacen pública su necedad.
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Al Señor le repugnan los labios mentirosos; pero le agradan los que dicen la verdad (v. 22 rvc).
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Sin darse cuenta, Sara dejó caer su anillo de compromiso de diamantes en el vaso de un mendigo. Billy Ray, el que lo recibió, lo hizo tasar y consideró venderlo, pero decidió ser honesto y se lo devolvió cuando ella volvió unos días después. Sara y su esposo crearon un fondo para donaciones para ayudar a Ray, lo que generó en otros una oleada de generosidad. Ray recibió asesoramiento financiero y finalmente pudo comprar una casa. También se reencontró con su familia, a la que no veía desde hacía mucho.
Cuando actuamos con integridad, agradamos a Dios e inspiramos a otros. Salomón dice que Dios se deleita en ella: «Al Señor le repugnan los labios mentirosos; pero le agradan los que dicen la verdad» (Proverbios 12:22 rvc). Usa un lenguaje fuerte: Dios detesta la deshonestidad. Cuando sus hijos mienten o «engaño hay en [su] corazón» (v. 20), eso lo desafía y contradice su carácter, pero cuando tienen labios veraces (v. 19) y obran con fidelidad, eso lo alegra. Así que, tratar bien a los demás es más que decir la verdad, es reflejar el carácter de Dios. En un mundo donde el engaño puede parecer rentable, nuestra integridad es algo que genera «su contentamiento» (v. 22).
Comprometámonos a ser íntegros. Aunque el mundo no lo note, Dios se alegra cuando andamos en sus caminos.
De: Marvin Williams
Reflexiona y ora
¿De qué manera ser confiable refleja el carácter de Dios? ¿Cómo actuarás con integridad hoy?
Dios, ayúdame a ser íntegro.
NUESTRO PAN DIARIO
27 de mayo de 2026
Gozo en Jesús
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La Biblia en un año:
2 Crónicas 1–3
Juan 10:1-23
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La escritura de hoy: Filipenses 1:18-21 NTV
Pero eso no importa; sean falsas o genuinas sus intenciones, el mensaje acerca de Cristo se predica de todas maneras, de modo que me gozo. Y seguiré gozándome porque sé que la oración de ustedes y la ayuda del Espíritu de Jesucristo darán como resultado mi libertad. Tengo la plena seguridad y la esperanza de que jamás seré avergonzado, sino que seguiré actuando con valor por Cristo, como lo he hecho en el pasado. Y confío en que mi vida dará honor a Cristo, sea que yo viva o muera. Pues, para mí, vivir significa vivir para Cristo y morir es aún mejor.
〰〰〰〰〰〰〰
… me gozaré aún (v. 18).
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El tratamiento contra el cáncer de Nancy le provocó tantas úlceras en la boca y la garganta que ni siquiera podía tragar un trozo de pan. Durante muchos días dolorosos, tuvo que depender de la leche para llenar su estómago. Lo único que le sacaba una sonrisa era el gozo de conocer a Jesús… y sus nietos. Estar con ellos cada semana la ayudaba a no enfocarse en su situación. «Si no fuera por los niños, habría renunciado», dijo.
El apóstol Pablo también encontró gozo en Jesús y en los demás a pesar de sus dificultades. Su alegría provenía de Jesús y de vivir para Él. A pesar de estar encarcelado (Filipenses 1:13), encontró fuerzas para alentar a otros. Habló del gozo que produce compartir la buena noticia de Jesús y de saber lo que le esperaba tras la muerte (vv. 3-5, 18, 20). Esa confianza le permitió decir: «para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia» (v. 21).
Pablo podía regocijarse porque Jesús era su vida. Su satisfacción y seguridad no venían de posesiones ni de circunstancias, sino de saber que pertenecía a Cristo. Por eso, escribiendo en medio de las peores condiciones, pudo decir: «Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!» (4:4).
Que podamos encontrar gozo en Jesús, quien nos ama, nos cuida y nos fortalece para regocijarnos en cualquier circunstancia.
De: Leslie Koh
Reflexiona y ora
¿Qué desafío estás enfrentando hoy? ¿Qué diferencia produce saber que Jesús está siempre contigo?
Jesús, que no quite mis ojos de ti.
27 de mayo de 2026
Gozo en Jesús
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La Biblia en un año:
2 Crónicas 1–3
Juan 10:1-23
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La escritura de hoy: Filipenses 1:18-21 NTV
Pero eso no importa; sean falsas o genuinas sus intenciones, el mensaje acerca de Cristo se predica de todas maneras, de modo que me gozo. Y seguiré gozándome porque sé que la oración de ustedes y la ayuda del Espíritu de Jesucristo darán como resultado mi libertad. Tengo la plena seguridad y la esperanza de que jamás seré avergonzado, sino que seguiré actuando con valor por Cristo, como lo he hecho en el pasado. Y confío en que mi vida dará honor a Cristo, sea que yo viva o muera. Pues, para mí, vivir significa vivir para Cristo y morir es aún mejor.
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… me gozaré aún (v. 18).
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El tratamiento contra el cáncer de Nancy le provocó tantas úlceras en la boca y la garganta que ni siquiera podía tragar un trozo de pan. Durante muchos días dolorosos, tuvo que depender de la leche para llenar su estómago. Lo único que le sacaba una sonrisa era el gozo de conocer a Jesús… y sus nietos. Estar con ellos cada semana la ayudaba a no enfocarse en su situación. «Si no fuera por los niños, habría renunciado», dijo.
El apóstol Pablo también encontró gozo en Jesús y en los demás a pesar de sus dificultades. Su alegría provenía de Jesús y de vivir para Él. A pesar de estar encarcelado (Filipenses 1:13), encontró fuerzas para alentar a otros. Habló del gozo que produce compartir la buena noticia de Jesús y de saber lo que le esperaba tras la muerte (vv. 3-5, 18, 20). Esa confianza le permitió decir: «para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia» (v. 21).
Pablo podía regocijarse porque Jesús era su vida. Su satisfacción y seguridad no venían de posesiones ni de circunstancias, sino de saber que pertenecía a Cristo. Por eso, escribiendo en medio de las peores condiciones, pudo decir: «Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!» (4:4).
Que podamos encontrar gozo en Jesús, quien nos ama, nos cuida y nos fortalece para regocijarnos en cualquier circunstancia.
De: Leslie Koh
Reflexiona y ora
¿Qué desafío estás enfrentando hoy? ¿Qué diferencia produce saber que Jesús está siempre contigo?
Jesús, que no quite mis ojos de ti.
NUESTRO PAN DIARIO
28 de mayo de 2026
Fui yo
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La Biblia en un año:
2 Crónicas 4–6
Juan 10:24-42
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La escritura de hoy: Levítico 26:40-45 NTV
»Sin embargo, al fin mi pueblo confesará sus pecados y los pecados de sus antepasados por traicionarme y por ser hostiles hacia mí. Cuando yo haga que su hostilidad se vuelva contra ellos y los lleve a la tierra de sus enemigos, entonces, por fin, su obstinado corazón será humillado y pagarán por sus pecados. Entonces me acordaré de mi pacto con Jacob, de mi pacto con Isaac y de mi pacto con Abraham, y me acordaré de la tierra. Pues la tierra tendrá que ser abandonada para que goce de sus años de descanso mientras quede desolada. Al fin el pueblo pagará por sus pecados, pues continuamente ha rechazado mis ordenanzas y despreciado mis decretos. »A pesar de todo esto, cuando estén desterrados en la tierra de sus enemigos no los despreciaré ni los rechazaré por completo. No cancelaré mi pacto con ellos destruyéndolos, porque yo soy el Señor su Dios. Por amor a ellos me acordaré de mi antiguo pacto con sus antepasados, a quienes saqué de la tierra de Egipto a los ojos de todas las naciones, para ser su Dios. Yo soy el Señor ».
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«S<a title="scripture reference verse" rel="nofollow" href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=i+ellos+confiesan+su+iniquidad+[…]+yo+me+acordaré+de+mi+pacto+con+Jacob…»+(vv.+40-42).&version=RVR1960" target="_blank">i ellos confiesan su iniquidad […] yo me acordaré de mi pacto con Jacob…» (vv. 40-42).</a>
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En una antigua comedia de cine, un programador torpe pero brillante es elegido para la primera misión tripulada a Marte. Tras cometer errores tontos constantemente, acostumbra a exclamar: «¡Yo no fui!». Cuando aterrizan en Marte, el programador resbala de la escalera y cae sobre la superficie del planeta, justo antes de que su compañero ponga el pie en ella. Las primeras palabras pronunciadas en Marte son: «¡Yo no fui!».
Es una historia absurda, pero esa frase resulta inquietantemente realista. Siempre que hay alguna culpa que repartir, nuestra respuesta puede sonar muy parecida: «¡Yo no fui!».
Dios desea que obedezcamos, pero sabe que tendemos a desobedecerle. En Levítico 26:1-13, presentó su plan para Israel. Si obedecían sus mandamientos, dijo: «me volveré a vosotros, y os haré crecer, y os multiplicaré» (v. 9). Pero la desobediencia habitual traería maldiciones y aflicciones, diseñadas para que se arrepintieran. Entonces, agregó que si Israel confesaba «su iniquidad, y la iniquidad de sus padres» (v. 40), Él recordaría su pacto con ellos.
La clave para restaurar nuestra relación con Dios es admitir lo que hemos hecho mal. Culpar a otros nos mantiene atrapados en el ciclo de la culpa, sin poder justificarnos.
¿Te sientes lejos de Dios? Un buen lugar para comenzar es decir: «Fui yo».
De: Tim Gustafson
Reflexiona y ora
¿Cómo reaccionas instintivamente cuando te culpan de algo? Piensa en una ocasión en la que fuiste sincero con Dios. ¿Cómo te sentiste?
Dios, te confieso que __.
28 de mayo de 2026
Fui yo
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La Biblia en un año:
2 Crónicas 4–6
Juan 10:24-42
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La escritura de hoy: Levítico 26:40-45 NTV
»Sin embargo, al fin mi pueblo confesará sus pecados y los pecados de sus antepasados por traicionarme y por ser hostiles hacia mí. Cuando yo haga que su hostilidad se vuelva contra ellos y los lleve a la tierra de sus enemigos, entonces, por fin, su obstinado corazón será humillado y pagarán por sus pecados. Entonces me acordaré de mi pacto con Jacob, de mi pacto con Isaac y de mi pacto con Abraham, y me acordaré de la tierra. Pues la tierra tendrá que ser abandonada para que goce de sus años de descanso mientras quede desolada. Al fin el pueblo pagará por sus pecados, pues continuamente ha rechazado mis ordenanzas y despreciado mis decretos. »A pesar de todo esto, cuando estén desterrados en la tierra de sus enemigos no los despreciaré ni los rechazaré por completo. No cancelaré mi pacto con ellos destruyéndolos, porque yo soy el Señor su Dios. Por amor a ellos me acordaré de mi antiguo pacto con sus antepasados, a quienes saqué de la tierra de Egipto a los ojos de todas las naciones, para ser su Dios. Yo soy el Señor ».
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«S<a title="scripture reference verse" rel="nofollow" href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=i+ellos+confiesan+su+iniquidad+[…]+yo+me+acordaré+de+mi+pacto+con+Jacob…»+(vv.+40-42).&version=RVR1960" target="_blank">i ellos confiesan su iniquidad […] yo me acordaré de mi pacto con Jacob…» (vv. 40-42).</a>
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En una antigua comedia de cine, un programador torpe pero brillante es elegido para la primera misión tripulada a Marte. Tras cometer errores tontos constantemente, acostumbra a exclamar: «¡Yo no fui!». Cuando aterrizan en Marte, el programador resbala de la escalera y cae sobre la superficie del planeta, justo antes de que su compañero ponga el pie en ella. Las primeras palabras pronunciadas en Marte son: «¡Yo no fui!».
Es una historia absurda, pero esa frase resulta inquietantemente realista. Siempre que hay alguna culpa que repartir, nuestra respuesta puede sonar muy parecida: «¡Yo no fui!».
Dios desea que obedezcamos, pero sabe que tendemos a desobedecerle. En Levítico 26:1-13, presentó su plan para Israel. Si obedecían sus mandamientos, dijo: «me volveré a vosotros, y os haré crecer, y os multiplicaré» (v. 9). Pero la desobediencia habitual traería maldiciones y aflicciones, diseñadas para que se arrepintieran. Entonces, agregó que si Israel confesaba «su iniquidad, y la iniquidad de sus padres» (v. 40), Él recordaría su pacto con ellos.
La clave para restaurar nuestra relación con Dios es admitir lo que hemos hecho mal. Culpar a otros nos mantiene atrapados en el ciclo de la culpa, sin poder justificarnos.
¿Te sientes lejos de Dios? Un buen lugar para comenzar es decir: «Fui yo».
De: Tim Gustafson
Reflexiona y ora
¿Cómo reaccionas instintivamente cuando te culpan de algo? Piensa en una ocasión en la que fuiste sincero con Dios. ¿Cómo te sentiste?
Dios, te confieso que __.
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NUESTRO PAN DIARIO
29 de mayo de 2026
Esperar en Dios
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La Biblia en un año:
2 Crónicas 7–9
Juan 11:1-29
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La escritura de hoy: Salmo 27:7-14 NTV
Escúchame cuando oro, oh Señor ; ¡ten misericordia y respóndeme! Mi corazón te ha oído decir: «Ven y conversa conmigo». Y mi corazón responde: «Aquí vengo, Señor ». No me des la espalda; no rechaces a tu siervo con enojo. Tú siempre has sido mi ayudador. No me dejes ahora; no me abandones, ¡oh Dios de mi salvación! Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me mantendrá cerca. Enséñame cómo vivir, oh Señor . Guíame por el camino correcto, porque mis enemigos me esperan. No permitas que caiga en sus manos. Pues me acusan de cosas que nunca hice; cada vez que respiran, me amenazan con violencia. Sin embargo, yo confío en que veré la bondad del Señor mientras estoy aquí, en la tierra de los vivientes. Espera con paciencia al Señor ; sé valiente y esforzado; sí, espera al Señor con paciencia.
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… Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera al Señor (v. 14).
〰〰〰〰〰〰〰
Cuando era niña, me entusiasmaba al ver coloridos carteles especiales al costado del camino. Creía que ya habíamos llegado al parque de diversiones al que íbamos. Comenzaba alegremente a recoger mis cosas, solo para decepcionarme al ver más carteles y tener que esperar aún más antes de llegar. Finalmente, entendí que esos carteles anunciaban que los visitantes estaban cerca, pero que aún faltaban unos kilómetros.
Como un niño emocionado que se pregunta: «¿Ya llegamos?», también nosotros podemos sentir impaciencia y ansiedad por llegar a nuestro próximo destino.
Esperar a que Dios actúe en nuestras vidas puede ser difícil. David enfrentaba muchas adversidades, como menciona en el Salmo 27. Sin embargo, puso su esperanza y confianza en Dios, y esperó que respondiera. No sabía cuánto tiempo tardaría Él en actuar, pero confiaba en su ayuda: «Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes» (v. 13).
Puede que la salida tarde más de lo que quisiéramos, pero cobremos ánimo en estas palabras: «Aguarda al Señor; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera al Señor» (v. 14). Mientras recurrimos a las Escrituras en busca de aliento, podemos descansar en la certeza de que Dios está obrando, incluso mientras esperamos.
De: Nancy Gavilanes
Reflexiona y ora
¿Por qué a veces es difícil esperar la respuesta de Dios? ¿Cómo puedes mantener la esperanza mientras aguardas?
Dios, gracias por seguir obrando mientras espero.
29 de mayo de 2026
Esperar en Dios
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La Biblia en un año:
2 Crónicas 7–9
Juan 11:1-29
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La escritura de hoy: Salmo 27:7-14 NTV
Escúchame cuando oro, oh Señor ; ¡ten misericordia y respóndeme! Mi corazón te ha oído decir: «Ven y conversa conmigo». Y mi corazón responde: «Aquí vengo, Señor ». No me des la espalda; no rechaces a tu siervo con enojo. Tú siempre has sido mi ayudador. No me dejes ahora; no me abandones, ¡oh Dios de mi salvación! Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me mantendrá cerca. Enséñame cómo vivir, oh Señor . Guíame por el camino correcto, porque mis enemigos me esperan. No permitas que caiga en sus manos. Pues me acusan de cosas que nunca hice; cada vez que respiran, me amenazan con violencia. Sin embargo, yo confío en que veré la bondad del Señor mientras estoy aquí, en la tierra de los vivientes. Espera con paciencia al Señor ; sé valiente y esforzado; sí, espera al Señor con paciencia.
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… Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera al Señor (v. 14).
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Cuando era niña, me entusiasmaba al ver coloridos carteles especiales al costado del camino. Creía que ya habíamos llegado al parque de diversiones al que íbamos. Comenzaba alegremente a recoger mis cosas, solo para decepcionarme al ver más carteles y tener que esperar aún más antes de llegar. Finalmente, entendí que esos carteles anunciaban que los visitantes estaban cerca, pero que aún faltaban unos kilómetros.
Como un niño emocionado que se pregunta: «¿Ya llegamos?», también nosotros podemos sentir impaciencia y ansiedad por llegar a nuestro próximo destino.
Esperar a que Dios actúe en nuestras vidas puede ser difícil. David enfrentaba muchas adversidades, como menciona en el Salmo 27. Sin embargo, puso su esperanza y confianza en Dios, y esperó que respondiera. No sabía cuánto tiempo tardaría Él en actuar, pero confiaba en su ayuda: «Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes» (v. 13).
Puede que la salida tarde más de lo que quisiéramos, pero cobremos ánimo en estas palabras: «Aguarda al Señor; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera al Señor» (v. 14). Mientras recurrimos a las Escrituras en busca de aliento, podemos descansar en la certeza de que Dios está obrando, incluso mientras esperamos.
De: Nancy Gavilanes
Reflexiona y ora
¿Por qué a veces es difícil esperar la respuesta de Dios? ¿Cómo puedes mantener la esperanza mientras aguardas?
Dios, gracias por seguir obrando mientras espero.
NUESTRO PAN DIARIO
30 de mayo de 2026
Imitar el perdón de Dios
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La Biblia en un año:
2 Crónicas 10–12
Juan 11:30-57
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La escritura de hoy: Efesios 4:25-32 NTV
Así que dejen de decir mentiras. Digamos siempre la verdad a todos porque nosotros somos miembros de un mismo cuerpo. Además, «no pequen al dejar que el enojo los controle» . No permitan que el sol se ponga mientras siguen enojados, porque el enojo da lugar al diablo. Si eres ladrón, deja de robar. En cambio, usa tus manos en un buen trabajo digno y luego comparte generosamente con los que tienen necesidad. No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo. Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan. No entristezcan al Espíritu Santo de Dios con la forma en que viven. Recuerden que él los identificó como suyos, y así les ha garantizado que serán salvos el día de la redención. Líbrense de toda amargura, furia, enojo, palabras ásperas, calumnias y toda clase de mala conducta. Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo.
〰〰〰〰〰〰〰
… sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo (v. 32).
〰〰〰〰〰〰〰
Solía trabajar con una mujer llamada Madge, una cocinera maravillosa. «¡Tendrías que probar mi sopa de arvejas con jamón!», me dijo un día. Cuando respondí que no me gustaban las arvejas, sonrió y dijo: «Te gustarán después de probar mi sopa». Al día siguiente, me entregó un recipiente con su sopa, hecha especialmente para mí.
«¿Probaste mi sopa?», preguntó uno par de días después. «Lo haré… pronto», respondí, esperando que no me volviera a preguntar. Pero lo hizo; al día siguiente y al otro. «No la dejes mucho tiempo o se echará a perder», añadió al cuarto día.
Una semana después, seguía sin haberla comido. Ya se había echado a perder y la tiré. Temí cuando ella se acercó y preguntó: «Probaste mi sopa, ¿no?».
«Sí —dije—. Estaba... deliciosa».
En Efesios 4, Pablo nos llama a tratar con pecados relacionados con nuestras palabras, como la ira (v. 26), las conversaciones corruptas (v. 29) y la calumnia (v. 31). Pero antes, hace un llamado más básico: «hablad verdad cada uno con su prójimo» (v. 25). Yo había mirado a Madge y le había mentido. Sabía lo que debía hacer.
Fui a verla, confesé mi mentira y, avergonzado, le pedí perdón. Ella se acercó y me abrazó. «Por supuesto que te perdono —dijo—. ¿Cómo no hacerlo, cuando sé cuánto me ha perdonado Dios a mí?».
De: Sheridan Voysey
Reflexiona y ora
¿Cuántas palabras o acciones pecaminosas te ha perdonado Dios? En el poder del Espíritu Santo, ¿cómo puede este recordatorio ayudarte a perdonar a alguien hoy?
Dios, dame fuerza para perdonar como me perdonaste a mí.
30 de mayo de 2026
Imitar el perdón de Dios
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La Biblia en un año:
2 Crónicas 10–12
Juan 11:30-57
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La escritura de hoy: Efesios 4:25-32 NTV
Así que dejen de decir mentiras. Digamos siempre la verdad a todos porque nosotros somos miembros de un mismo cuerpo. Además, «no pequen al dejar que el enojo los controle» . No permitan que el sol se ponga mientras siguen enojados, porque el enojo da lugar al diablo. Si eres ladrón, deja de robar. En cambio, usa tus manos en un buen trabajo digno y luego comparte generosamente con los que tienen necesidad. No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo. Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan. No entristezcan al Espíritu Santo de Dios con la forma en que viven. Recuerden que él los identificó como suyos, y así les ha garantizado que serán salvos el día de la redención. Líbrense de toda amargura, furia, enojo, palabras ásperas, calumnias y toda clase de mala conducta. Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo.
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… sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo (v. 32).
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Solía trabajar con una mujer llamada Madge, una cocinera maravillosa. «¡Tendrías que probar mi sopa de arvejas con jamón!», me dijo un día. Cuando respondí que no me gustaban las arvejas, sonrió y dijo: «Te gustarán después de probar mi sopa». Al día siguiente, me entregó un recipiente con su sopa, hecha especialmente para mí.
«¿Probaste mi sopa?», preguntó uno par de días después. «Lo haré… pronto», respondí, esperando que no me volviera a preguntar. Pero lo hizo; al día siguiente y al otro. «No la dejes mucho tiempo o se echará a perder», añadió al cuarto día.
Una semana después, seguía sin haberla comido. Ya se había echado a perder y la tiré. Temí cuando ella se acercó y preguntó: «Probaste mi sopa, ¿no?».
«Sí —dije—. Estaba... deliciosa».
En Efesios 4, Pablo nos llama a tratar con pecados relacionados con nuestras palabras, como la ira (v. 26), las conversaciones corruptas (v. 29) y la calumnia (v. 31). Pero antes, hace un llamado más básico: «hablad verdad cada uno con su prójimo» (v. 25). Yo había mirado a Madge y le había mentido. Sabía lo que debía hacer.
Fui a verla, confesé mi mentira y, avergonzado, le pedí perdón. Ella se acercó y me abrazó. «Por supuesto que te perdono —dijo—. ¿Cómo no hacerlo, cuando sé cuánto me ha perdonado Dios a mí?».
De: Sheridan Voysey
Reflexiona y ora
¿Cuántas palabras o acciones pecaminosas te ha perdonado Dios? En el poder del Espíritu Santo, ¿cómo puede este recordatorio ayudarte a perdonar a alguien hoy?
Dios, dame fuerza para perdonar como me perdonaste a mí.
NUESTRO PAN DIARIO
31 de Mayo de 2026
Extender el cuidado de Dios
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La Biblia en un año:
2 Crónicas 13–14
Juan 12:1-26
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La escritura de hoy: 2 Reyes 5:1-3, 9-11, 13-14 NTV
El rey de Aram sentía una gran admiración por Naamán, el comandante del ejército, porque el Señor le había dado importantes victorias a Aram por medio de él; pero a pesar de ser un poderoso guerrero, Naamán padecía de lepra.
En ese tiempo, los saqueadores arameos habían invadido la tierra de Israel, y entre sus cautivos se encontraba una muchacha a quien habían entregado a la esposa de Naamán como criada. Cierto día, la muchacha le dijo a su señora: «Si mi amo tan solo fuera a ver al profeta de Samaria; él lo sanaría de su lepra».
Entonces Naamán fue con sus caballos y carros de guerra y esperó frente a la puerta de la casa de Eliseo; pero Eliseo le mandó a decir mediante un mensajero: «Ve y lávate siete veces en el río Jordán. Entonces tu piel quedará restaurada, y te sanarás de la lepra».
Naamán se enojó mucho y se fue muy ofendido. «¡Yo creí que el profeta iba a salir a recibirme!—dijo—. Esperaba que él moviera su mano sobre la lepra e invocara el nombre del Señor su Dios ¡y me sanara!
Sus oficiales trataron de hacerle entrar en razón y le dijeron: «Señor, si el profeta le hubiera pedido que hiciera algo muy difícil, ¿usted no lo habría hecho? Así que en verdad debería obedecerlo cuando sencillamente le dice: “¡Ve, lávate y te curarás!”». Entonces Naamán bajó al río Jordán y se sumergió siete veces, tal como el hombre de Dios le había indicado. ¡Y su piel quedó tan sana como la de un niño, y se curó!
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… Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria… (v. 3).
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Cuando era adolescente, tenía una relación tensa con Lisa, una compañera de la iglesia, así que me desanimé al saber que compartiríamos la habitación en el campamento de verano. Pero la semana transcurrió sin problemas.
El evento más esperado era la fogata el último día. Esa noche, tuve fiebre. Me acosté temprano, pero podía escuchar la música y las risas. Una hora después, Lisa me sorprendió: me estaba tomando la temperatura. «No voy a ir a la fogata —dijo—. Estás enferma. Me quedo contigo». Podría haberse despreocupado, pero decidió cuidarme, lo cual me levantó el ánimo.
En la historia de Naamán, vemos otro ejemplo de alguien que mostró interés. El comandante del ejército sirio tenía una sirvienta israelita a la que habían llevado cautiva, y ahora «servía a la mujer de Naamán» (2 Reyes 5:2). Separada de su familia y obligada a servir, la joven podría haber decidido no ayudar a su amo, enfermo de lepra. Pero su fe la movió a ayudar: «Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría» (v. 3). Y Dios, de hecho, usó al profeta Eliseo para sanar a Naamán (vv. 8-14).
Lisa y la joven israelita decidieron ayudar, y Dios obró a través de ellas. Pidamos a Dios que nos muestre a quién podemos extender su cuidado y nos dé sabiduría para hacerlo.
De: Karen Huang
Reflexiona y ora
¿Por qué rechazarías la ayuda de alguien? ¿Cómo ayudar a otros puede permitirles ver que Dios se interesa por ellos?
Dios, utilízame para ayudar a otros.
31 de Mayo de 2026
Extender el cuidado de Dios
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La Biblia en un año:
2 Crónicas 13–14
Juan 12:1-26
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La escritura de hoy: 2 Reyes 5:1-3, 9-11, 13-14 NTV
El rey de Aram sentía una gran admiración por Naamán, el comandante del ejército, porque el Señor le había dado importantes victorias a Aram por medio de él; pero a pesar de ser un poderoso guerrero, Naamán padecía de lepra.
En ese tiempo, los saqueadores arameos habían invadido la tierra de Israel, y entre sus cautivos se encontraba una muchacha a quien habían entregado a la esposa de Naamán como criada. Cierto día, la muchacha le dijo a su señora: «Si mi amo tan solo fuera a ver al profeta de Samaria; él lo sanaría de su lepra».
Entonces Naamán fue con sus caballos y carros de guerra y esperó frente a la puerta de la casa de Eliseo; pero Eliseo le mandó a decir mediante un mensajero: «Ve y lávate siete veces en el río Jordán. Entonces tu piel quedará restaurada, y te sanarás de la lepra».
Naamán se enojó mucho y se fue muy ofendido. «¡Yo creí que el profeta iba a salir a recibirme!—dijo—. Esperaba que él moviera su mano sobre la lepra e invocara el nombre del Señor su Dios ¡y me sanara!
Sus oficiales trataron de hacerle entrar en razón y le dijeron: «Señor, si el profeta le hubiera pedido que hiciera algo muy difícil, ¿usted no lo habría hecho? Así que en verdad debería obedecerlo cuando sencillamente le dice: “¡Ve, lávate y te curarás!”». Entonces Naamán bajó al río Jordán y se sumergió siete veces, tal como el hombre de Dios le había indicado. ¡Y su piel quedó tan sana como la de un niño, y se curó!
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… Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria… (v. 3).
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Cuando era adolescente, tenía una relación tensa con Lisa, una compañera de la iglesia, así que me desanimé al saber que compartiríamos la habitación en el campamento de verano. Pero la semana transcurrió sin problemas.
El evento más esperado era la fogata el último día. Esa noche, tuve fiebre. Me acosté temprano, pero podía escuchar la música y las risas. Una hora después, Lisa me sorprendió: me estaba tomando la temperatura. «No voy a ir a la fogata —dijo—. Estás enferma. Me quedo contigo». Podría haberse despreocupado, pero decidió cuidarme, lo cual me levantó el ánimo.
En la historia de Naamán, vemos otro ejemplo de alguien que mostró interés. El comandante del ejército sirio tenía una sirvienta israelita a la que habían llevado cautiva, y ahora «servía a la mujer de Naamán» (2 Reyes 5:2). Separada de su familia y obligada a servir, la joven podría haber decidido no ayudar a su amo, enfermo de lepra. Pero su fe la movió a ayudar: «Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría» (v. 3). Y Dios, de hecho, usó al profeta Eliseo para sanar a Naamán (vv. 8-14).
Lisa y la joven israelita decidieron ayudar, y Dios obró a través de ellas. Pidamos a Dios que nos muestre a quién podemos extender su cuidado y nos dé sabiduría para hacerlo.
De: Karen Huang
Reflexiona y ora
¿Por qué rechazarías la ayuda de alguien? ¿Cómo ayudar a otros puede permitirles ver que Dios se interesa por ellos?
Dios, utilízame para ayudar a otros.
NUESTRO PAN DIARIO
1 de Junio de 2026
Dar con generosidad
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La Biblia en un año:
2 Crónicas 15–16
Juan 12:27-50
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La escritura de hoy: Deuteronomio 14:23-29 NTV
Lleva ese diezmo al lugar de adoración designado—el lugar que el Señor tu Dios elija para que su nombre sea honrado—y cómelo allí, en su presencia. Lo harás así con el diezmo de tus granos, tu vino nuevo, tu aceite de oliva y los machos de las primeras crías de tus rebaños y manadas. Esta práctica te enseñará a temer siempre al Señor tu Dios.
»Ahora bien, cuando el Señor tu Dios te bendiga con una buena cosecha, podría suceder que el lugar de adoración que él elija para que su nombre sea honrado te quede demasiado lejos para llevar tu diezmo. En ese caso, puedes vender esa décima parte de tus cosechas y manadas, poner el dinero en una bolsa y dirigirte al lugar que el Señor tu Dios haya elegido. Cuando llegues, podrás usar el dinero para comprar cualquier clase de alimento que desees: ganado, ovejas, cabras, vino u otra bebida alcohólica. Luego comerás hasta quedar satisfecho en la presencia del Señor tu Dios y celebrarás con todos los de tu casa. No descuides a los levitas de tu ciudad, porque ellos no van a recibir ninguna asignación de tierra como las demás tribus.
»Al final de cada tercer año, lleva todo el diezmo de la cosecha de ese año a la ciudad más cercana y almacénalo allí. Dáselo a los levitas—quienes no recibirán ninguna asignación de tierra como las demás tribus—y también a los extranjeros que vivan en medio de ti, a los huérfanos y a las viudas de tus ciudades, para que coman y se sacien. Entonces el Señor tu Dios te bendecirá en todo tu trabajo.
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… todo el diezmo […]. Dáselo a […] los extranjeros […], a los huérfanos y a las viudas […], para que coman y se sacien… (vv. 28-29 ntv).
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Cuando Oswald y Biddy Chambers dirigieron un instituto bíblico en Londres entre 1911 y 1915, mantuvieron su principio de vida de no rechazar a los necesitados. Algunos londinenses se horrorizaron ante esa práctica, pensando que se aprovecharían del instituto. En respuesta y sin invitar a otros a seguir su ejemplo, Oswald señaló: «Mi responsabilidad es dar. Dios se encargará de quien pida».
La pareja seguía el ejemplo de nuestro generoso Creador. En sus instrucciones a Moisés, Dios estableció formas bondadosas para que su pueblo viviera y sirviera a los demás, como compartir sus alimentos y posesiones. Moisés les dijo que, cada tres años, debían llevar «todo el diezmo» para que «coman y se sacien» los levitas, los extranjeros, los huérfanos y las viudas (Deuteronomio 14:28-29). Mediante la generosidad de su pueblo, Dios cuida a los vulnerables.
La confianza de los Chambers en Dios era tan profunda que daban voluntariamente y sin cuestionamientos. Habían aprendido a «temer al Señor […] todos los días» (v. 23) y a recibir su bendición «en toda obra que [sus] manos hicieren» (v. 29).
Nosotros también podemos dar con generosidad, confiando en Dios para recibir sabiduría y discernimiento para proveer para los extranjeros, los huérfanos y las viudas.
De: Amy Boucher Pye
Reflexiona y ora
¿Qué piensas sobre dar y cómo lo practicas? ¿Cómo ha provisto Dios para tus necesidades físicas, emocionales y espirituales?
Dios, gracias por ser la fuente de todo lo bueno.
1 de Junio de 2026
Dar con generosidad
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La Biblia en un año:
2 Crónicas 15–16
Juan 12:27-50
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La escritura de hoy: Deuteronomio 14:23-29 NTV
Lleva ese diezmo al lugar de adoración designado—el lugar que el Señor tu Dios elija para que su nombre sea honrado—y cómelo allí, en su presencia. Lo harás así con el diezmo de tus granos, tu vino nuevo, tu aceite de oliva y los machos de las primeras crías de tus rebaños y manadas. Esta práctica te enseñará a temer siempre al Señor tu Dios.
»Ahora bien, cuando el Señor tu Dios te bendiga con una buena cosecha, podría suceder que el lugar de adoración que él elija para que su nombre sea honrado te quede demasiado lejos para llevar tu diezmo. En ese caso, puedes vender esa décima parte de tus cosechas y manadas, poner el dinero en una bolsa y dirigirte al lugar que el Señor tu Dios haya elegido. Cuando llegues, podrás usar el dinero para comprar cualquier clase de alimento que desees: ganado, ovejas, cabras, vino u otra bebida alcohólica. Luego comerás hasta quedar satisfecho en la presencia del Señor tu Dios y celebrarás con todos los de tu casa. No descuides a los levitas de tu ciudad, porque ellos no van a recibir ninguna asignación de tierra como las demás tribus.
»Al final de cada tercer año, lleva todo el diezmo de la cosecha de ese año a la ciudad más cercana y almacénalo allí. Dáselo a los levitas—quienes no recibirán ninguna asignación de tierra como las demás tribus—y también a los extranjeros que vivan en medio de ti, a los huérfanos y a las viudas de tus ciudades, para que coman y se sacien. Entonces el Señor tu Dios te bendecirá en todo tu trabajo.
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… todo el diezmo […]. Dáselo a […] los extranjeros […], a los huérfanos y a las viudas […], para que coman y se sacien… (vv. 28-29 ntv).
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Cuando Oswald y Biddy Chambers dirigieron un instituto bíblico en Londres entre 1911 y 1915, mantuvieron su principio de vida de no rechazar a los necesitados. Algunos londinenses se horrorizaron ante esa práctica, pensando que se aprovecharían del instituto. En respuesta y sin invitar a otros a seguir su ejemplo, Oswald señaló: «Mi responsabilidad es dar. Dios se encargará de quien pida».
La pareja seguía el ejemplo de nuestro generoso Creador. En sus instrucciones a Moisés, Dios estableció formas bondadosas para que su pueblo viviera y sirviera a los demás, como compartir sus alimentos y posesiones. Moisés les dijo que, cada tres años, debían llevar «todo el diezmo» para que «coman y se sacien» los levitas, los extranjeros, los huérfanos y las viudas (Deuteronomio 14:28-29). Mediante la generosidad de su pueblo, Dios cuida a los vulnerables.
La confianza de los Chambers en Dios era tan profunda que daban voluntariamente y sin cuestionamientos. Habían aprendido a «temer al Señor […] todos los días» (v. 23) y a recibir su bendición «en toda obra que [sus] manos hicieren» (v. 29).
Nosotros también podemos dar con generosidad, confiando en Dios para recibir sabiduría y discernimiento para proveer para los extranjeros, los huérfanos y las viudas.
De: Amy Boucher Pye
Reflexiona y ora
¿Qué piensas sobre dar y cómo lo practicas? ¿Cómo ha provisto Dios para tus necesidades físicas, emocionales y espirituales?
Dios, gracias por ser la fuente de todo lo bueno.