Nuestro Pan Diario
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NUESTRO PAN DIARIO
13 de mayo de 2026
Esperar la cosecha

La Biblia en un año:
2 Reyes 17–18
Juan 3:19-36

La escritura de hoy: Gálatas 6:7-10 NTV
No se dejen engañar: nadie puede burlarse de la justicia de Dios. Siempre se cosecha lo que se siembra. Los que viven solo para satisfacer los deseos de su propia naturaleza pecaminosa cosecharán, de esa naturaleza, destrucción y muerte; pero los que viven para agradar al Espíritu, del Espíritu, cosecharán vida eterna. Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos. Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos el bien a todos, en especial a los de la familia de la fe.

No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos (v. 9).

En 1962, Joanne Shetler y Anne Fetzer hicieron un arduo viaje en autobús y a pie hacia las escarpadas montañas de las Filipinas para compartir el evangelio con los habitantes de Balangao, que nunca habían oído hablar de Jesús. Después de cinco años, seguían indiferentes, pero ayudaron a construir una pista de aterrizaje rudimentaria para poder recibir suministros por avión. Un día, llegó uno que apodaron «magia de otro mundo». Después, el piloto llevó a una mujer embarazada y gravemente enferma a una clínica lejana. Cuando el avión regresó con la mujer recuperada y su bebé sano, empezaron a preguntar por «ese Dios» del que les habían hablado. Poco después, el pueblo tenía una iglesia llena de creyentes en Cristo.
Todos los que compartimos la historia de Jesús atravesamos momentos de desaliento cuando parece que nadie escucha. Pablo, tras explicarles a los gálatas la importancia de sembrar el evangelio, reconoció que el sembrador puede cansarse. Por eso, animó a sus oyentes: «No nos cansemos […] de hacer bien» (Gálatas 6:9).
Los primeros cinco años del trabajo de Joanne y Anne fueron, sin duda, desalentadores. Pero siguieron sembrando, y finalmente cosecharon fruto. No nos «[demos] por vencidos» (v. 9 nvi). El mensaje de salvación «segará vida eterna» (v. 8).
De: Dave Branon

Reflexiona y ora
¿Por qué a veces te cansas de compartir el evangelio? ¿Cuál es tu esperanza segura?

Dios, ayúdame a seguir sembrando el evangelio.
NUESTRO PAN DIARIO
14 de mayo de 2026
Buena tierra en Dios

La Biblia en un año:
2 Reyes 19–21
Juan 4:1-30

La escritura de hoy: Lucas 8:4-8, 11-15 NTV
Cierto día, Jesús contó una historia en forma de parábola a una gran multitud, proveniente de varias ciudades, que se había reunido para escucharlo: «Un agricultor salió a sembrar. A medida que esparcía las semillas por el campo, algunas cayeron sobre el camino, donde las pisotearon y los pájaros se las comieron. Otras cayeron entre las rocas. Comenzaron a crecer, pero la planta pronto se marchitó y murió por falta de humedad. Otras semillas cayeron entre espinos, los cuales crecieron junto con ellas y ahogaron los brotes. Pero otras semillas cayeron en tierra fértil. Estas semillas crecieron, ¡y produjeron una cosecha que fue cien veces más numerosa de lo que se había sembrado!». Después de haber dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que escuche y entienda».
»Este es el significado de la parábola: la semilla es la palabra de Dios. Las semillas que cayeron en el camino representan a los que oyen el mensaje, pero viene el diablo, se lo quita del corazón e impide que crean y sean salvos. Las semillas sobre la tierra rocosa representan a los que oyen el mensaje y lo reciben con alegría; pero como no tienen raíces profundas, creen por un tiempo y luego se apartan cuando enfrentan la tentación. Las semillas que cayeron entre los espinos representan a los que oyen el mensaje, pero muy pronto el mensaje queda desplazado por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de esta vida. Así que nunca crecen hasta la madurez. Y las semillas que cayeron en la buena tierra representan a las personas sinceras, de buen corazón, que oyen la palabra de Dios, se aferran a ella y con paciencia producen una cosecha enorme.

Y otra [semilla] cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno… (v. 8).

Cada año, a finales de la primavera, planto semillas de pepino en nuestra huerta. Producen hojas rápidamente, pero lleva tiempo ver el fruto. Un verano, después de regar y esperar, me preguntaba si alguna vez tendría pepinos. Pero un día, vi un pequeño bulbo verde. A la semana siguiente, apareció otro. Y luego otro. En pocas semanas, pasamos de tener enredaderas a casi suficiente fruto para preparar ensaladas durante una semana.
A veces, el crecimiento espiritual se parece a eso. No siempre vemos los frutos de nuestras oraciones: paciencia, dominio propio, benignidad y amor (ver Gálatas 5:22-23). Pero si le pedimos a Dios que nos ayude a crear las condiciones necesarias para crecer —oración, estudio de las Escrituras, adoración, servicio a los demás—, el Espíritu Santo lo producirá.
Esta es la esencia de la parábola de Jesús en Lucas 8: «El sembrador salió a sembrar su semilla», y «las aves la comieron» al caer al suelo (v. 5). Otras semillas cayeron en terreno pedregoso, donde no recibieron humedad y se secaron (v. 6). Y otras cayeron entre espinos y fueron ahogadas antes de crecer (v. 7). Pero la que cayó en buena tierra produjo una cosecha cien veces mayor (v. 8).
Con la ayuda de Dios, cultivemos «buena tierra» y crezcamos en Él.
De: Katara Patton

Reflexiona y ora
¿Cómo te está ayudando Dios a cultivar una «buena tierra»? ¿Dónde has visto crecimiento en tu vida?

Maestro Jardinero, ayúdame a producir buen fruto.
Hola hermanos Buenos días
Hemos conseguido una versión *cantada* de la Biblia
Son 350 capítulos que incluyen a los Salmos, Proverbios, los Evangelios y las cartas Paulinas
Se estará compartiendo en un grupo un capítulo cada día por 350 días
Les voy a dejar el enlace por si desean unirse al grupo
Igualmente pueden compartir el enlace con las personas que deseen
Los audios empezarán a enviar a partir del 16 de este mes
NUESTRO PAN DIARIO
15 de mayo de 2026
Ver la grandeza de Dios

La Biblia en un año:
2 Reyes 22–23
Juan 4:31-54

La escritura de hoy: Salmo 104:1-2, 24-27, 31-33 NTV
Que todo lo que soy alabe al Señor. ¡Oh Señor mi Dios, eres grandioso! Te has vestido de honor y majestad. Te has envuelto en un manto de luz. Despliegas la cortina de estrellas de los cielos;
Oh Señor, ¡cuánta variedad de cosas has creado! Las hiciste todas con tu sabiduría; la tierra está repleta de tus criaturas. Allí está el océano, ancho e inmenso, rebosando de toda clase de vida, especies tanto grandes como pequeñas. Miren los barcos que pasan navegando, y al Leviatán, al cual hiciste para que juegue en el mar. Todos dependen de ti para recibir el alimento según su necesidad.
¡Que la gloria del Señor continúe para siempre! ¡El Señor se deleita en todo lo que ha creado! La tierra tiembla ante su mirada; las montañas humean cuando él las toca. Cantaré al Señor mientras viva. ¡Alabaré a mi Dios hasta mi último suspiro!

El [Señor] se cubre de luz como de vestidura… (v. 2).

En su soneto La grandeza de Dios, el poeta Gerard Manley Hopkins celebra las innumerables formas en que la creación está «cargada» de «la grandeza de Dios». Describe la impresionante gloria de Dios como una llama que centellea «como un papel de aluminio sacudido». Pero si la belleza de Dios es tan vibrante, ¿por qué tantos no la perciben? Hopkins sugirió que una razón es que la humanidad ha cubierto todo con «la mancha» y «el olor del hombre», impidiendo que muchos vean más allá de sí mismos.
El Salmo 104 es también una celebración de la belleza de Dios en la creación. Con imágenes vívidas, el poeta describe a Dios «vestido de gloria y magnificencia» (v. 1); revelando su belleza, poder y cuidado en el viento y el fuego (v. 4), el trueno (v. 7), el agua, la hierba y los árboles (vv. 10-16).
Incontables regalos que sustentan tanto el cuerpo como el alma (v. 15) apuntan a «la gloria del Señor» (v. 31), lo reconozcamos o no. En su poema, Hopkins concluyó que, incluso cuando la humanidad está ciega a la gloria de Dios, por la bondad de Él, siempre «vive la más querida frescura en lo profundo de las cosas». Si tan solo nos detuviéramos a ver y maravillarnos, hay incontables razones para ver, creer y celebrar la belleza y la bondad de Dios «mientras [vivamos]» (v. 33).
De: Monica La Rose

Reflexiona y ora
¿Qué adormece tu conciencia de la gloria de Dios? ¿Qué te ayuda a experimentar su belleza?

Dios, gracias porque tu belleza llena el mundo.
NUESTRO PAN DIARIO
16 de mayo de 2026
Escuchar al buen Pastor

La Biblia en un año:
2 Reyes 24–25
Juan 5:1-24

La escritura de hoy: Juan 10:1-10 NTV
»Les digo la verdad, el que trepa por la pared de un redil a escondidas en lugar de entrar por la puerta ¡con toda seguridad es un ladrón y un bandido! Pero el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El portero le abre la puerta, y las ovejas reconocen la voz del pastor y se le acercan. Él llama a cada una de sus ovejas por su nombre y las lleva fuera del redil. Una vez reunido su propio rebaño, camina delante de las ovejas, y ellas lo siguen porque conocen su voz. Nunca seguirán a un desconocido; al contrario, huirán de él porque no conocen su voz. Los que oyeron a Jesús usar este ejemplo no entendieron lo que quiso decir, entonces les dio la explicación: «Les digo la verdad, yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que vinieron antes que yo eran ladrones y bandidos, pero las verdaderas ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta; los que entren a través de mí serán salvos. Entrarán y saldrán libremente y encontrarán buenos pastos. El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; mi propósito es darles una vida plena y abundante.

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida… (v. 10).

Abrí la aplicación de banca en línea y descubrí dos retiros de más de 500 dólares, que no había realizado. Entré en pánico, llamé al banco y me enteré de que habían robado mi identidad. Con la ayuda del banco, pude restablecer mi buen historial, pero la experiencia me enseñó a estar alerta para prevenir este tipo de robos en el futuro.
En Juan 10:10, Jesús advierte que «el ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir». Al reprender a los líderes religiosos que lo criticaban por sanar en el día de reposo (9:13-15), reveló la verdadera intención de ellos: hurtar, matar y destruir. Nuestro enemigo, Satanás, trama robarnos nuestra comprensión de la gracia de Dios y la libertad que nos brinda la muerte de Jesús. La esperanza y la ayuda aparecen cuando Jesús se describe como el buen pastor que llama a sus ovejas por nombre (10:2-4). Estas huyen de un ladrón «porque no reconocen la voz de los extraños» (v. 5).
A veces, nos sentimos víctimas del mal en el mundo. Pero nuestro Dios nos invita a ejercer el discernimiento para reconocer la voz del enemigo que quiere hurtar, matar y destruir, y evitarla. Cuando sintonizamos los oídos a la voz de nuestro buen Pastor, podemos confiar en que nos guiará hacia una vida «en abundancia» (v. 10).
De: Elisa Morgan

Reflexiona y ora
¿En qué parte de tu vida «el ladrón» está buscando dañarte? ¿Cómo escucharás la voz del buen Pastor que anhela acercarte a Él y darte vida abundante?

Dios, ayúdame a diferenciar la voz del ladrón y a sintonizarme contigo.
NUESTRO PAN DIARIO
17 de mayo de 2026
Raíces profundas

La Biblia en un año:
1 Crónicas 1–3
Juan 5:25-47

La escritura de hoy: Jeremías 17:5-8 NTV
Esto dice el Señor: «Malditos son los que ponen su confianza en simples seres humanos, que se apoyan en la fuerza humana y apartan el corazón del Señor. Son como los arbustos raquíticos del desierto, sin esperanza para el futuro. Vivirán en lugares desolados, en tierra despoblada y salada. »Pero benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza. Son como árboles plantados junto a la ribera de un río con raíces que se hunden en las aguas. A esos árboles no les afecta el calor ni temen los largos meses de sequía. Sus hojas están siempre verdes y nunca dejan de producir fruto.

Bendito el varón que confía en el Señor… (v. 7).

Mientras el paisajista Douglas Kent recorría un vecindario carbonizado de Los Ángeles tras los feroces incendios forestales de 2025, se encontró con una sorpresa: árboles vivos y verdes —muchos de ellos llenos de hojas, frutos y troncos fuertes— junto a autos derretidos y edificios quemados. ¿Cómo era posible?
Tras dos inviernos lluviosos, sus raíces se habían profundizado para absorber humedad y llevarla hasta las hojas. En el incendio, demostraron ser resistentes. «Lo que vi —dijo Kent— fue que si uno está profundamente arraigado, sobrevive».
Durante las pruebas ardientes de la vida, nuestra fe puede ser así. Cuando nos arraigamos profundamente en Cristo, nos volvemos «como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto» (Jeremías 17:8).
Jeremías, que no medía sus palabras, advirtió que el que confía en «el hombre» es «maldito», y «será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada» (vv. 5-6). ¡Cuánto mejor es confiar en Dios! Regados por su amor sustentador, prosperamos aun en tiempos de furia y damos fruto espiritual en Él.
De: Patricia Raybon

Reflexiona y ora
¿Qué profundidad tienen tus raíces en Cristo? ¿Cómo puedes confiar en Él en tus pruebas difíciles?

Dios, que siempre confíe en ti.
NUESTRO PAN DIARIO
18 de mayo de 2026
UN CORAZÓN QUE SE ENDURECE

La Biblia en un año:
1 Crónicas 4–6
Juan 6:1-21

La escritura de hoy: Hebreos 3:7-15 NTV
Por eso el Espíritu Santo dice: «Cuando oigan hoy su voz, no endurezcan el corazón como lo hicieron los israelitas cuando se rebelaron, aquel día que me pusieron a prueba en el desierto. Allí sus antepasados me tentaron y pusieron a prueba mi paciencia a pesar de haber visto mis milagros durante cuarenta años. Por eso, estuve enojado con ellos y dije: “Su corazón siempre se aleja de mí. Rehúsan hacer lo que les digo”. Así que en mi enojo juré: “Ellos nunca entrarán en mi lugar de descanso”» . Por lo tanto, amados hermanos, ¡cuidado! Asegúrense de que ninguno de ustedes tenga un corazón maligno e incrédulo que los aleje del Dios vivo. Adviértanse unos a otros todos los días mientras dure ese «hoy», para que ninguno sea engañado por el pecado y se endurezca contra Dios. Pues, si somos fieles hasta el fin, confiando en Dios con la misma firmeza que teníamos al principio, cuando creímos en él, entonces tendremos parte en todo lo que le pertenece a Cristo. Recuerden lo que dice: «Cuando oigan hoy su voz, no endurezcan el corazón como lo hicieron los israelitas cuando se rebelaron» .

… Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones… (vv. 7-8).

Es fascinante poder ver tu propio corazón. Hace poco, lo hice. Un dolor en el pecho me llevó al médico, quien ordenó estudios que revelaron que mi corazón tiene exceso de calcio. Los médicos lo llaman aterosclerosis: endurecimiento de las arterias.
He hecho grandes cambios en mi dieta y actividad física, pero también comprendí que mis problemas cardíacos no surgieron de la noche a la mañana. En mi caso, fueron el fruto de decisiones insalubres. Con el tiempo, esos hábitos afectaron la salud de mi corazón.
Las Escrituras usan un lenguaje similar para describir la falta de salud espiritual. Nuestro corazón puede endurecerse gradualmente hacia Dios. Hebreos 3:7-8 (haciendo referencia al Salmo 95:7-8) dice: «Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación». Después de que Dios liberó a su pueblo de Egipto, ellos lo «probaron» (v. 9) durante su tiempo en el desierto.
Dios les había provisto fielmente, pero se negaron a reconocerlo (vv. 9-10). ¿Y nosotros? ¿Qué hábitos nos alejan de Dios, endureciendo nuestro corazón contra Él día tras día? Todos tomamos algunas de esas decisiones. Por eso, agradezco que hoy, Dios nos ofrece cambiar nuestro corazón de piedra por uno suavizado por su amor (ver Ezequiel 36:26).
De: Holtz Adam

Reflexiona y ora
¿Cómo está Dios acercándote a Él? ¿Cómo puedes aprender a oír su voz?

Padre, perdóname por mis malas decisiones. Ablanda mi corazón.