Algo del Evangelio
13.9K subscribers
4.44K photos
55 videos
3 files
4.03K links
El evangelio de cada día con un breve comentario, en formato de audio, realizado por el Padre Rodrigo Aguilar, Diócesis de San Miguel, Buenos Aires, Argentina. www.algodelevangelio.org
Cualquier testimonio o consulta escribir a algodelevangelio@gmail.com
Download Telegram
Martes 2 de junio - Marcos 12, 13-17 – IX Martes durante el año

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 12, 13-17

Le enviaron a Jesús unos fariseos y herodianos para sorprenderlo en alguna de sus afirmaciones. Ellos fueron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y no tienes en cuenta la condición de las personas, porque no te fijas en la categoría de nadie, sino que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios. ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no? ¿Debemos pagarlo o no?»
Pero Él, conociendo su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tienden una trampa? Muéstrenme un denario.»
Cuando se lo mostraron, preguntó: «¿De quién es esta figura y esta inscripción?»
Respondieron: «Del César.»
Entonces Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios.»
Y ellos quedaron sorprendidos por la respuesta.

Palabra del Señor.
Comentario a Marcos 12, 13-17:

No se puede leer la vida de Jesús por partes. No es suficiente. No alcanza con sacar frases lindas del evangelio, interpretarlas a nuestra manera. Hay que animarse a todo, a mucho más, a conocerlo de pies a cabeza, hasta el fondo del corazón. Por eso, te pregunto y me pregunto: ¿Cuántos libros enteros leíste en tu vida? ¿Cuánto tiempo le dedicaste en tu vida a muchas páginas de diarios y revistas, libros y más libros? Seguramente mucho o por ahí no tanto, no importa, en realidad, la cantidad que hayas leído. Ni hablar de películas o televisión, series que vemos a veces. Por eso, ahora podemos animarnos a preguntarnos… ¿Leíste alguna vez los evangelios enteros, de corrido, o día en día? ¿Leíste alguna vez todos los evangelios en donde se relata la vida de aquel que decís que amás y que seguís? ¿Los leíste? ¿Los escuchaste? ¿Los meditaste?
Es necesario que nos hagamos estas preguntas con sinceridad, porque no se conoce bien a Jesús cuando pretendemos conocerlo por partes, o por comentarios de otros, por más buenos que seamos, a veces, los sacerdotes, o intentemos serlo, o escuchando partes lindas nomás o no escuchando nada, o leyendo frases motivadoras del evangelio, dispersas por ahí, por todas las redes. Es imposible ser cristiano enamorado sin contacto con la Palabra de Dios. Alguna vez te lo dije, pero, por eso, afirmo una vez más, que es necesario escuchar el evangelio, el cometario es accesorio, hay que escuchar el evangelio.
Alguna vez también te dije: Si lees mucho de filosofía, serás filósofo… Si lees mucho de fútbol serás especialista en fútbol… Si te interesa la decoración, aprenderás de decoración, serás experta en decoración… Si escuchás y meditás mucho la Palabra de Dios, cada día, serás experto o experta en Jesús. ¿Hay algo mejor? ¿Hay algo mejor? Serás cristiano, en serio. Porque ser cristiano es eso, amar a Jesús con todo el corazón. Lo mismo pasa con nosotros los sacerdotes: o comentamos la palabra de Dios, leyéndola y mostrándola, manifestándola, o nos predicamos a nosotros mismos, o lindas ideas, muy lindas, pero no las de Jesús.
Me acuerdo esa anécdota del padre Hurtado, cuando se acercó un estudiante, un seminarista, a preguntarle en qué se debía especializar, después de ordenarse sacerdote, en qué carrera, en qué licenciatura. Y san Alberto Hurtado le contestó: “Especialízate en Jesucristo”. No se puede hablar de Jesús. No se puede hablar de Dios, sin dejar que hable él. Tan sencillo como eso. Cuando perdemos el contacto con lo que da sentido a nuestra vida, o con lo que debería darlo, para lo cual nos consagramos nosotros los sacerdotes, somos capaces de hacer y decir cualquier cosa, como seguramente escucharás tantas por ahí. Es fundamental que volvamos a las fuentes, a la raíz de nuestra fe, a lo más profundo, todos, para volver a sentir la frescura del evangelio y encontrarnos con el Jesús que nos quisieron enseñar los que escribieron los evangelios. Hay que animarse a leer el evangelio de Marcos entero y saborearlo poco a poco. Cuenta la historia que algunos santos se sabían el evangelio de Marcos casi de memoria, de tanto leerlo y meditarlo. Bueno, en la época donde no había tantos medios y cosas que nos hacen perder la memoria. Pero ¡qué lejos estamos nosotros a veces, de tanto amor!
Algo del evangelio de hoy nos enseña muchas cosas, pero una de ellas es que, claramente, Jesús no era tonto. Bueno, es muy obvio, ¿no? Fue muy bueno, pero no era tonto. No era un ingenuo. Muchas veces, ante los engaños de los otros, nos conviene responder con preguntas, como lo hacía él. La manera más fácil de desenmascarar un engaño, una hipocresía, y saber qué es lo que realmente busca el otro, es “retrucar”, como se dice. Es un juego de acá de Argentina, que se llama “truco”. Si te cantan “truco”, decile “retruco”, si te cantan “retruco”, respondele “quiero vale cuatro”. Jesús no se dejó engañar por los soberbios de este mundo, que querían que pise el palito o la trampa, y se equivoque, para acusarlo de algo. Por eso, primero lo adularon un poco. Lo adulan en el evangelio de hoy. Si respondía que había que pagar el impuesto, lo iban a acusar de estar a favor del imperio y en contra de su pueblo y de Dios; si respondía que no había que pagarlo, lo iban a acusar de rebelde, de no someterse a la ley. Qué cosa tan actual también para hoy, ¿no? Qué difícil que es diferenciar lo que es de Dios y lo que es de los hombres, lo que es de los que nos gobiernan, y de nosotros, nuestra independencia sana. Por eso, no podía haber mejor respuesta que la de Jesús: «Den al César lo que es del César y a Dios, lo que es de Dios.» Podría ser algo así también: “Esa moneda que tenés en la mano es del emperador, está bien, dásela a él, está bien. Es de él, está su cara, pero, el corazón es de Dios, y por eso hay que dárselo a él. En sus corazones está grabada la imagen de Dios, la imagen de Dios está grabada en nuestra alma”. Qué lindo, qué maravilla. Cada cosa en su lugar y no dejarse engañar. Eso es lo que tenemos que hacer. Los cristianos estamos en este mundo y es lindo el mundo que Dios nos dio. Es para agradecer, como decíamos ayer. Pero, al mismo tiempo, no somos de este mundo, somos para otro mundo. No somos para este mundo. Por eso, hay que darle a este mundo, lo que es de este mundo, lo poco que podemos darle, pero a Dios, lo que es de él. ¿Qué le corresponde al mundo? Es lo que tenemos que aprender a discernir y distinguir. Seguramente, muchas cosas, pero jamás el corazón. ¡Cuidado! No le des tu corazón a ningún político, a ningún líder humano. ¿Qué tenemos que darle a Dios? Todo, porque todo es de él. Especialmente nuestro corazón, que es su “imagen y semejanza” ¿Te acordás de la parábola de ayer? La viña es de él, el mundo es de él, todo fue puesto por él y para él, y por eso todos los frutos son para él. Sin embargo, “este mundo” nos hace olvidarnos quién es el verdadero “César”. Con mayúscula, DIOS ES EL VERDADERO REY DE NUESTRA VIDA, el que la gobierna. Los reyes de este mundo, los gobernadores de este mundo pasan y pasan. Los presidentes también.
A ellos les gusta que sus nombres queden grabados en diferentes lugares, en monedas, en billetes, calles, monumentos, lugares públicos y tantas cosas más, pero el único que merece ser grabado en nuestro corazón es Dios, el Dios hecho hombre, Jesús. ¿Entendemos esta verdad tan hermosa, tan maravillosa?
La respuesta de Jesús pone las cosas en su lugar. Da la verdadera jerarquía a las cosas que nosotros, a veces, perdemos de vista. Somos de Dios y para Dios. Dios o nada. Pero, al mismo tiempo, debemos en este mundo cumplir las leyes que nos rigen y nos ayudan a vivir en la sociedad buscando el bien común, por supuesto las que no contradicen la ley de Dios. Un buen cristiano es un buen ciudadano. San Pablo recomendaba rezar por los gobernantes y, de alguna manera, someterse a ellos, pero ¡cuidado! A Dios lo que es de Dios. Un buen hijo de Dios cumple las leyes que se orientan al bien común, pero rechaza las leyes que atentan contra el amor de Dios y sus mandamientos. ¿Entendemos? “A Dios lo que es de Dios”. O sea ¡todo!.

www.algodelevangelio.org
algodelevangelio@gmail.com
p. Rodrigo Aguilar
Miércoles 3 de junio - Marcos 12, 18-27 - IX Miércoles durante el año

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 12, 18-27


Se acercaron a Jesús unos saduceos, que son los que niegan la resurrección, y le propusieron este caso: «Maestro, Moisés nos ha ordenado lo siguiente: "Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda."
Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda y también murió sin tener hijos; lo mismo ocurrió con el tercero; y así ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos ellos, murió la mujer. Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?»
Jesús les dijo: « ¿No será que ustedes están equivocados por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios? Cuando resuciten los muertos, ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como ángeles en el cielo. Y con respecto a la resurrección de los muertos, ¿no han leído en el Libro de Moisés, en el pasaje de la zarza, lo que Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? El no es un Dios de muertos, sino de vivientes. Ustedes están en un grave error.»

Palabra del Señor.
Comentario Marcos 12, 18-27:

¡Si los católicos leyéramos más la palabra de Dios! ¡Si le dedicáramos tanto tiempo a la palabra de Dios como le dedicamos a las cosas que nos apasionan! Qué distinta sería nuestra vida. Qué distinto sería. Cuánto más amaríamos a Jesús. Mucho de nuestra falta de amor a Dios tiene que ver, concretamente, con no dedicarle el tiempo necesario a conocerlo, todo el tiempo que podríamos, o porque nos hemos quedado con un cristianismo de catecismo doctrinal y, a veces, infantil, y no de encuentro personal con él, especialmente por la oración diaria y sencilla con su Palabra. Tenemos que volver a la Palabra, a la escrita y a la que se transmite en la Iglesia de corazón a corazón, lo que se llama la TRADICIÓN. La de los santos también, la de las personas con sabiduría que viene de Dios. La que proviene de la liturgia, celebrada como la Iglesia quiere.
Decime si es lo mismo empezar el día escuchando la radio, mirando el celular, mirando la computadora, que escuchando el Evangelio del día. Decime. Preguntate con sinceridad. Decime si es lo mismo empezar el día saludando a los tuyos, así nomás que, dándoles un abrazo, en serio, deseándoles que tengan un buen día. ¿Es lo mismo saludar de lejos, que abrazar? Decime si es lo mismo empezar el día prendiendo, como te dije, la computadora y conectándote con vos mismo, o intentando conectarte con Dios, como se dice. No es lo mismo ¡Probá! Sé que lo estás probando ahora, pero no le aflojes. No le aflojes. Es cada día. Cuando uno empieza el día escuchando la Palabra de Dios, es como que, de alguna manera, Dios permanece de un modo especial en nosotros. No porque Dios no esté, sino porque somos nosotros los que "le dejamos lugar". Somos nosotros los que le abrimos las puertas. «Estoy a la puerta y llamo», dice la Palabra de Dios. « Estoy a la puerta y llamo». Jesús está golpeando siempre, la manija está del lado de adentro, nosotros tenemos que abrirla. Somos nosotros los que empezamos a sentir, de esta manera, así, la presencia de Dios, más "palpable", más real. Por eso, seguí intentando escuchar la Palabra de Dios cada día, al comenzar el día. Por supuesto que eso no quita que durante el día podamos seguir escuchando a Dios, al contrario, eso nos refuerza, y terminar escuchándolo. Cuántas personas me escriben día a día para decirme: “Padre, desde que escucho la Palabra de Dios, mi vida cambió”. ¡Cuánta! No te imaginás, no te imaginás. Te animo a entrar a la página de Algodelevangelio.org y darte cuenta de tantos testimonios de personas que les ha cambiado la vida.
Algo del evangelio de hoy nos sigue reflejando algunas de las controversias que a Jesús le tocó vivir. A él también lo cuestionaron, ¿o no pensabas eso? También le tocó lidiar con diferentes grupos dentro del judaísmo de su tiempo -como pasa hoy en la Iglesia- entre ellos los fariseos. Ayer y hoy, también, con los saduceos. Es lindo escuchar cómo Jesús, de alguna manera, sale al paso de estos cuestionamientos, de esa fea intención que ellos tenían de querer "hacerle pisar el palito", que caiga en la trampa, para acusarlo de algo.
Los saduceos no creían en la resurrección y no pretendían creer, que eso es lo peor. Por eso ponen a prueba a Jesús, presentándole este caso que parece "difícil", pero no para convencerse o cambiar de opinión, sino para acusar a Jesús. No preguntan para aprender, preguntan para acusar. Y Jesús les responde con esta pregunta, que creo que nos puede ayudar a todos: "¿No será que ustedes están equivocados, por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios?" ¿No será que nosotros cuestionamos cosas de Dios y a Dios y a la Iglesia, incluso, porque no comprendemos la Palabra de Dios, porque no comprendemos las Escrituras, porque no nos sentamos a estudiarla, ni a pensarla y analizarla, o aprender de otros? ¿O porque no nos abrimos a lo que Dios nos enseña a través de la sabiduría de la Iglesia? Muchas personas cuestionan, pero no se han puesto a investigar y a pensar.
Creo que esta es la clave del Evangelio de hoy, la cuestión más importante. Más allá de lo que Jesús afirma sobre la resurrección, que Dios es un Dios de vivos, obviamente, no un Dios de muertos. Dios nos creó para la vida y nos dio la oportunidad, con su muerte y resurrección, de poder resucitar algún día y vivir eternamente en un "nuevo cielo y una nueva tierra", donde resucitaremos y recuperaremos, de algún modo, nuestro cuerpo. Y en este estado, ya no habrá "amores exclusivos", por decirlo así, ya no habrá "amores posesivos", que en el fondo no es amor, sino que seremos todos hermanos para siempre. Y por eso, no habrá matrimonios. Esto es una buena noticia para algunos y para otros no tanto, pero es lo que dice la Palabra de Dios. A eso se refiere Jesús.
Esto alguna vez ya lo comentamos cuando hablamos de la resurrección. Pero lo importante hoy me parece que es el fondo de la cuestión. La actitud de los saduceos es muchas veces la nuestra ante las cosas de Dios y de muchas cosas que nos rodean. Vamos con nuestros preconceptos, como se dice, prejuicios, pretendiendo, o sea, pre-entendiendo antes, y pretendiendo que los demás nos respondan lo que, en el fondo de nosotros, queremos escuchar, cuando, en realidad, debería ser al revés. No comprendemos a Jesús porque no lo dejamos hablar o porque lo escuchamos con un “filtro” a nuestra medida. No comprendemos la Palabra de Dios y por eso cuestionamos ¡Cuidado con esa actitud!, ¡Cuidado porque es falta de humildad!
Lo que deberíamos hacer en nuestra vida, nuestra vida de fe, es precisamente lo que te propuse al principio: escuchar la Palabra de Dios. Buscar comprenderla dejándonos ayudar por la Iglesia y preguntarle a Dios lo que nos quiere decir. Preguntar lo que significa cada pasaje de la Escritura para aprender de ella cada día, con mucha humildad. Queriendo aprender lo que Dios nos tiene para decir en cada momento de nuestra vida.

www.algodelevangelio.org
algodelevangelio@gmail.com
p. Rodrigo Aguilar
Jueves 4 de junio - Marcos 12, 28-34 - IX Jueves durante el año

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 12, 28-34


Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: «¿Cuál es el primero de los mandamientos?»
Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos.»
El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios.»
Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios.»
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor.
Comentario a Marcos 12, 28-34:

No solo hay que leer, sino que hay que leer con atención. Hay que leer escuchando, de alguna manera. Es verdad que leer los evangelios nos va introduciendo lentamente en el corazón de Jesús, casi por inercia, digamos. Nos va introduciendo en el misterio de su vida, pero también es verdad que no pasa por leer solamente, así no más, como quien lee una historia cualquiera, una novela, sino que es un leer distinto. Es un leer creyente, se dice… es un leer que escucha y saborea día a día. Es un leer que implica mucho corazón. Sé que esto que te planteo parece un poco imposible, algo imposible, pero no lo es si empezamos a experimentarlo y a disfrutar de la palabra de Dios y nos empieza a gustar. La empezamos a desear. Alguien me dijo una vez: “Padre, recién ahora, con 4 hijos estoy aprendiendo a ser padre”. Las cosas en la vida son fáciles al leerlas, al estudiarlas, sin embargo, no lo son. No son parte de nuestra vida hasta que no las vivimos en carne propia, no hacemos la experiencia y la asimilamos. Puedo saber de memoria el evangelio, citarlo de lado a lado, de memoria, pero puedo no vivirlo. Puedo todavía no entenderlo, no aceptarlo, en el fondo. El evangelio se vive cuando en todo “veo, huelo, siento, gusto y toco”, de alguna manera, a Jesús. Cuando todo lo que leo, tanto lo lindo como lo difícil, lo veo después “en la calle”, por decirlo de alguna manera, en la vida concreta. Lo veo y experimento en el mundo.
Las palabras de Dios son fuente de vida que enseñan a vivir bien, a vivir como Dios quiere, “como Dios manda”, se dice… marcan el rumbo de cada acción e iluminan, poco a poco, los pensamientos.
“¡Escucha, hija, mira y presta atención! Olvida tu pueblo y tu casa paterna, y el rey se prendará de tu hermosura. Él es tu señor: inclínate ante él”, dice el Salmo 45. Así habla Dios y ¿por qué no adaptarlo en este día para nosotros? “Escuchá hijo, escuchá hija, mirá, prestá atención, olvidá lo que tenés que hacer hoy. Olvidate por un rato de tus preocupaciones, olvidá tus afectos por un momento, olvidá lo que te inquieta, lo que tenés que hacer, lo que pensás que es importante. El rey, Dios, que es tu Padre, se enamorará de tu hermosura. Está enamorado de tu hermosura una vez más, estés como estés, de la hermosura de tu corazón, triste puede ser, encerrado, cabizbajo, como no sabiendo para dónde ir, pero él está enamorado de nuestra hermosura. El corazón que solo él conoce y solo él puede descubrir. Pero solo nos pide una cosa: tenemos que reconocer que es nuestro Señor, inclinarnos ante él.
Quise empezar así el audio de hoy, porque las palabras de Jesús en Algo del evangelio son una invitación clara a escuchar. En realidad, Jesús viene respondiendo discusiones y pruebas, y se podrían decir muchísimas cosas con la respuesta de Jesús. Pero quería centrarme en una que a veces pasa desapercibida a nuestro paladar del corazón, a veces no escuchamos la primera palabra importante del mandamiento más importante. ESCUCHA. En otros evangelios se tendrá tiempo de pensar y rezar en la unidad de los dos mandamientos; algo que creo que ya sabés, las dos cosas, amar a Dios y amar a los hombres. Amando a los hombres, amamos a Dios. No se puede separar el amor de Dios del amor del prójimo. Amamos más a Dios cuando más amamos a los otros y amamos más a los demás, cuando más amamos a Dios. Pero, de hace cuánto que no reflexionamos sobre el hecho de ESCUCHAR. Lo primero que no hacemos y deberíamos hacer, a veces, en el día, es escuchar. Es leer, pero escuchando. Me dirás: “Bueno, pero, padre, yo estoy escuchando el audio, te estoy escuchando”. Pero te diré que ahora estás oyendo, porque escuchar es otra cosa, es un paso más. No siempre se oye escuchando, ni se escucha oyendo.
Si no escuchamos a Jesús no hay posibilidad de amar a Dios con todas las fuerzas y al prójimo como él desea. La escucha diaria, continua, paciente, perseverante, es la que nos pone en el camino del amor. Si escuchamos a Jesús, amaremos, si no escuchamos, no amaremos. ¿Vos creés que amás y no escuchás? ¿Vos creés que amás y nos sos capaz de estar un tiempo sentado, escuchando al que decís que amás?
Te propongo que hoy pienses en estas palabras de Jesús, estos mandamientos, no como un mandato impuesto desde afuera, sino como una promesa que él mismo nos hace si aprendemos a escuchar. Amarás… Amarás. Si escuchás vas a poder amar. Si escuchás, vas a empezar a encontrar motivos para amar. Si escuchás a ese que no querés escuchar, lo vas a empezar a conocer y, conociéndolo, inevitablemente, algún día lo amarás. La escucha sincera conduce al amor. Es imposible escuchar a Dios y no amarlo. Por eso, te habrá pasado y te estará pasando que la Palabra de Dios te va enamorando, te va atrapando, te va generando una linda “atracción” que te enamora. Si escuchás todos los días la palabra de Dios, cuando menos te des cuenta lo amarás “con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas”. Si escuchás mejor y de corazón a tu prójimo, tarde o temprano terminarás amándolo, porque lo conocerás y no se puede no amar algo, que es “imagen y semejanza de Dios”.

www.algodelevangelio.org
algodelevangelio@gmail.com
p. Rodrigo Aguilar