Algo del Evangelio
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El evangelio de cada día con un breve comentario, en formato de audio, realizado por el Padre Rodrigo Aguilar, Diócesis de San Miguel, Buenos Aires, Argentina. www.algodelevangelio.org
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Sábado 25 de abril - Marcos 16, 15-20 - Fiesta de San Marcos

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 16, 15-20


Jesús se apareció a los Once y les dijo:
«Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará.
Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán.»
Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios.
Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban.

Palabra del Señor.
Comentario a Marcos 16, 15-20:

Si todos nos animáramos a escuchar y vivir realmente estas palabras tan lindas y desafiantes de Jesús de algo del evangelio de hoy: «Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación…» Todos y todo, se merece que gritemos que Jesús nos ama y quiere darnos su amor. Todos se merecen que vos y yo hoy nos animemos a predicarles la palabra de Dios, esas palabras lindas que Él tiene para decirnos. ¿Por qué alguien tiene que quedar afuera? ¿Por qué vamos a privar a otros de escuchar la palabra de Dios? Hoy más que nunca no tengas ni miedo ni vergüenza de enviar este audio con la palabra de Dios a otra persona que necesita tanto de Él como nosotros. Ayudame, ayudémonos mutuamente a lograr que más corazones se enamoren de Jesús, para que crean en Él, para que lo busquen, para que lo amen. Muchas veces las personas “menos pensadas” son los que más ansias tienen de Él, aunque en principio no parezca. Este es el mandato de Jesús, que vayamos por el mundo, que nos animemos a hablar de Él, y aunque no viajemos a otro lugar, aunque nos quedemos en donde estamos, hoy la tecnología nos permite llegar a lugares que jamás hubiéramos pensado.
Te propongo que hoy te levantes, y lo digo como imagen, porque por ahí ya estás levantado, ya arrancaste el día o lo estás arrancando. Hoy levantate y decite a vos mismo que hay que levantarse. Que se puede seguir y que se debe seguir, que hay mucho por delante. La Palabra de Dios nos anima a levantarnos, a dejar el cansancio a un costado, a dejar la tristeza, a dejar el aburrimiento y la pesadez. La Palabra de Dios es viva y eficaz, nunca te olvides, y da vida eficazmente al que la escucha, la mastica y la medita. Dejemos que hoy nuestro corazón desborde de alegría y seamos conscientes de que sus palabras quieren viajar por todos lados, y que nosotros somos sus instrumentos, de que nosotros somos los encargados de predicar, de evangelizar.
Hoy es la fiesta de San Marcos, uno de los evangelistas, uno de los que nos dejó por escrito la vida de Jesús, su obra, sus palabras, sus gestos. Gracias a él, nosotros hoy podemos conocer a Jesús. Se sabe hoy, por los estudios, que Marcos no fue discípulo directo de Él, pero de alguna manera siguió la tradición de Pedro, discípulo y amigo del Señor. Los Hechos de los apóstoles muestran a Marcos como un compañero de misión de Pablo y luego de Bernabé, por eso se sabe con certeza de que recibió de modo casi directo los relatos más frescos de la vida de Jesús.
Las palabras que nos regala la Iglesia en algo del evangelio de hoy, son las palabras de Jesús antes de ascender a los cielos, podríamos decir que es el legado de Jesús, su deseo final, pero al mismo tiempo, su deseo siempre presente, que no pasará de moda jamás. ¿Qué desea Jesús? ¿Cuál fue su deseo antes de ausentarse físicamente de sus discípulos? No puede ser otra cosa, no podríamos esperar otra cosa que el deseo ardiente de que todos los hombres conozcan la mejor noticia que puede recibir el hombre, hambriento y sediento de amor. ¿Cuál? Que Dios se hizo hombre, murió y resucitó por nosotros para sanarnos y darnos una vida nueva. Básicamente ese el anuncio que comenzaron a desparramar por el mundo los amigos de Jesús y que llegó a nuestro tiempo, y que sigue llegando y que sigue expandiéndose. Esa es la misión básica y fundamental de la Iglesia. Esa es tu misión y mi misión, si realmente creemos en lo que decimos que creemos. No hay que complicarse mucho la existencia con cosas raras. Hay que andar por el mundo diciendo con la vida y con los labios, esta verdad. El que quiera creer que crea y que disfrute, el que no quiera creer que no crea, no debería ser un motivo de enojo para nosotros, se lo estará perdiendo. Dios juzgará a cada uno según su conciencia y sus decisiones, eso a nosotros no nos corresponde juzgarlo.
¿Vos crees en esto? Si crees, ¿Alguna vez anduviste por la vida anunciando esta verdad que cambió la vida de tantos hombres y mujeres? Si ya lo hiciste alguna vez ¿te cansaste o lo seguís haciendo? Los discípulos fueron a predicar por todas partes, ¿y nosotros? ¿Nosotros qué estamos haciendo? ¿Qué hacemos cada día? ¿Pasa algún día de tu vida sin que hables de Él? Anunciar la noticia de Jesús nos llena el corazón de alegría, nos llena el corazón de paz, porque descubrimos que no hay nada más grande que podamos darle a los demás que el mismo Jesús, porque solo Él cambia los corazones de las personas. La fe solo crece dándola, solo se enriquece cuando nos animamos a hablarle a los demás de lo bien que nos hace creer, de lo lindo que es creer, de lo maravilloso que es intentar cada día vivir según las enseñanzas de un Dios Padre que nos ama y solo desea que nos amemos entre nosotros y disfrutemos esta linda vida que nos regaló. ¿Todavía estás pensando si vale la pena hablar de Él?

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algodelevangelio@gamil.com
p. Rodrigo Aguilar
Domingo 26 de abril - Juan 10, 1-10 - IV Domingo de Pascua(A)

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 10, 1-10


Jesús dijo a los fariseos:
«Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino trepando por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a las suyas por su nombre y las hace salir. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz.»
Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.
Entonces Jesús prosiguió: «Les aseguro que Yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado.
Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.»

Palabra del Señor.
Comentario a Juan 10, 1-10:

Buen día, buen domingo. No sé si te acordarás de Johnny, ese niño sobre el que varias veces conté anécdotas en algunos audios, un niño que hoy ya no es tan niño. Asistía a la catequesis de una de las capillas que pertenecen a mi parroquia. Es muy especial con un corazón muy grande que, por una cierta discapacidad, tiene también una percepción distinta de la realidad. La verdad es que lo extrañamos a Johnny porque hace tiempo que no lo podemos ver, excepto en el último Viernes Santo. Pero es un adolescente que siempre dice palabras especiales.
De hace tiempo que no participaba, en ese momento, y un día tuvo una de esas luces del corazón encendidas, que nos llenaron de alegría y de gozo. En general me interrumpía con buenas acotaciones durante el sermón, y últimamente casi siempre era yo el que lo hacía participar de alguna manera. Mientras intentaba explicar que la imagen del corral que utilizaba Jesús hoy se refiere a la Iglesia y que es Jesús el que nos hace entrar y salir y que, además, él es la puerta, otro niño, Uriel, aportó algo muy bueno: de que podemos entrar y salir para alimentarnos y que es Jesús el que nos alimenta. Aproveché esa situación para querer explicar que en la Iglesia Católica tenemos los mejores alimentos, sin desmerecer a nadie, pero tenemos manjares exquisitos, manjares más grandes. Por pura gracia, no porque seamos mejores, sino porque tenemos lo que Jesús quiso dejar a su Iglesia, que por desgracia después, por pecados de los miembros de la Iglesia nos hemos ido separando. Por ejemplo, la Eucaristía, el manjar más delicioso y exquisito en comparación con otras iglesias. En ese momento les pregunté a todos: ¿Cuál es el manjar más rico que tenemos en la Iglesia y que en otros lugares no tienen? ¿Cuál es? Alguien me respondió: la oración, otro, la palabra… hasta que por supuesto apareció Johnny que me dijo muy suelto de cuerpo y tranquilo y muy seguro: «La Eucaristía…la Eucaristía». Y después, haciendo como un movimiento de cabeza, dijo: «Y eso es para dar gracias». Todos nos quedamos mudos, en silencio, maravillados. Nos quedamos mudos por el remate de su respuesta. Impresionante. Le dije: «Johnny, impresionante lo tuyo, ya estás para dar un sermón. ¿Querés venir? –irónicamente, ¿no? –». Y se paró nomás, si no lo frenaba, él se animaba a subir y a seguir hablando. Y lo más gracioso es que a la salida de misa, me dijo: «Sería un honor para mí hablar desde ahí, dar el sermón». Qué grande Johnny. Cómo lo extrañamos. La otra vez lo pude visitar, la otra vez lo pude ver el Viernes Santo, pero lo extrañamos en las misas.
¡Cuánto nos ayuda la simplicidad y espontaneidad de los niños! Este niño aún sin haber recibido la Comunión sabía perfectamente que Jesús es el mejor alimento que podemos esperar. Y Jesús en la Eucaristía, mucho más. Se dio cuenta que no es lo mismo «cualquier corral» ni la forma de entrar en él. Todos los niños se dieron cuenta. No es lo mismo entrar al corral saltando por el cerco como un ladrón, que entrar por la puerta. No es lo mismo. Cualquier niño se da cuenta que dejarse guiar por Jesús, el Buen Pastor, es mucho mejor que dejarse guiar por cualquiera. Jesús es pastor y puerta. Es pastor. Es pastor, y las ovejas y el corral son suyas, de ningún otro pastor. Esto lo percibe naturalmente cualquier niño.
Sin embargo, los adultos podemos a llegar a escuchar y a decir cualquier barbaridad, como, por ejemplo, «Al final todo es lo mismo», «Dios es el mismo para todos», «Da lo mismo cómo lleguemos a él», «Todas las iglesias son iguales», «Todas las religiones son iguales». Ante semejantes afirmaciones uno puede preguntar: ¿No sería mejor que volvamos a ser como niños? Algo del Evangelio de hoy lo dice claramente: «Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir». No terminamos de entender, incluso nosotros, los adultos. No es lo mismo cualquier corral, no es lo mismo cualquier pastor, no es lo mismo entrar por la puerta o saltando. No es lo mismo alimentarse de cualquier pasto, que de la Eucaristía.
Jesús nos dejó su Iglesia por algo y para algo. No puede ser lo mismo. No es lo mismo cualquier Iglesia, aunque a veces sea duro decirlo. No es lo mismo dejarse guiar por la voz de Jesús en la Iglesia, que escuchar cualquier voz por ahí creyéndonos que es la de Jesús. Esto no es en contra nadie, sino que es, de alguna manera, a favor nuestro. No es para criticar a nadie, sino es para valorar lo nuestro, la gracia que tenemos. Muchas veces los católicos por ser «abiertos» y que los demás no sientan que los menospreciamos – cosa que está muy bien– nos olvidamos de lo más nuestro, de los regalos que tenemos y, a veces, no aprovechamos, tenemos un sentimiento de culpa, de no ofender a nadie. Y, mientras tanto, muchos nos atacan como si fuéramos los «malos de la película». ¿No será tiempo de valorar que Jesús nos haya llevado a su corral y que nos conduzca hacia pastos verdes, y no por ser mejores, sino por amor? ¿No será tiempo de amar más lo nuestro sin despreciar lo ajeno, pero de amarlo y saber que, por ser lo que Jesús quiso, es lo mejor? ¿No será tiempo de saber que él quiere un rebaño y un solo pastor? Hubo y habrá muchos que entraron como asaltantes a la Iglesia y la quieren destruir, pero Jesús vino a traernos Vida, Vida en abundancia, y eso es muy distinto. Nada podrá destruir y matar ese deseo de Jesús, por más que haya malos pastores, por más que haya laicos incluso que destruyen a sus pastores y pastores que destruyen a su rebaño. Nada impedirá que Jesús nos siga guiando a los mejores pastos que no se encuentran en cualquier lado… y eso, como decía Johnny, «es para dar gracias». Y hoy, en este día de las vocaciones, recemos, recemos para que el Señor envíe más trabajadores para la cosecha, pastores que trabajen para el único rebaño que quiere formar Jesús.
Que tengamos un buen domingo y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

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p. Rodrigo Aguilar
Lunes 27 de abril - Mateo 9, 35-38 - Fiesta de Santo Toribio de Mogrovejo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 9, 35-38


Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos:
«La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.»

Palabra del Señor.
Comentario a Mateo 9, 35-38:

En este día, en esta fiesta, tan importante para Latinoamérica, donde recordamos al gran obispo santo Toribio –que es el patrono de todo el episcopado latinoamericano, es el gran obispo de Lima del siglo XVI–, me animo a compartirte algo, algo que nos pasa muchas veces a los sacerdotes, pero que me pasa a mí, que es cuando alguien se acerca y nos pregunta: «¿Cómo te surgió la vocación? ¿Cómo te diste cuenta que Dios te llamaba?». Es la gran pregunta que muchas veces los laicos, en general, nos hacen a los sacerdotes y consagrados, porque, creo yo, la vocación no deja de ser un gran misterio. No un misterio en el sentido de algo que es imposible de descifrar, sino más bien algo que nos muestra algo que no vemos, valga la redundancia. Porque, en definitiva, eso es un misterio, eso es un sacramento, un signo sensible de la gracia de Dios que no podemos ver.
Bueno, como te decía, estas y otras preguntas son unas de las tantas que nos hacen los jóvenes y no tan jóvenes, y que muchas veces nos hace a nosotros mismos cuestionarnos y preguntarnos: «¿Cómo es que Dios me llamó?». O incluso preguntarnos: «¿Por qué Dios me eligió a mí y no a otro?». Y la respuesta que doy muchas veces –un poco en forma irónica, pero con mucha verdad de fondo– es: «¿Tenés tiempo para que te cuente?». Y en el fondo no es una respuesta evasiva, no es para decir: «Bueno, no puedo contarte», sino que es difícil explicar en pocas palabras toda una vida, la propia vida. Porque, en definitiva, un llamado no es simplemente en un momento, sino que es toda una vida.
Es cierto que el que se siente llamado por Dios puede detectar claramente que en su camino hubo un momento concreto en el que sintió y se sintió especialmente llamado por el Padre, pero, al mismo tiempo, también es tan y aún más cierto todavía que el «tesoro», por llamarlo de alguna manera, de la vocación siempre estuvo escondido en el campo del corazón del que fue llamado, y por eso que para contar cómo encontramos ese tesoro en algún momento, no basta explicar el momento de la «palada» final, diríamos; o sea, cuando de golpe encontramos ese tesoro, cuando nos topamos con él, sino que hay que ver el proceso de cómo se llegó a dar esa puntada final, esa palada que hizo descubrir el tesoro. Y eso es algo difícil. Entonces por qué no pensar que la vocación, el llamado de miles de sacerdotes a lo largo de la historia y también de los consagrados, de los que están y de los que vendrán, proviene de esta petición de Jesús de Algo del Evangelio de hoy: «Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha». En definitiva, los sacerdotes somos fruto del amor del corazón de Dios Padre que ama a todos y que, al mismo tiempo, se deja conmover por la petición de su Hijo y de todos los que piden más trabajadores para la cosecha.
¿Cómo pensamos que Dios se las ingenia día a día para seguir recorriendo el mundo, las ciudades y cada lugar, enseñar su verdad, anunciar la Buena Noticia de su salvación, curando todo lo que enferma al hombre? ¿Cómo puede ser esto? Bueno, «se las ingenia de la misma manera que se las ingenió siempre», desde que existe este mundo, no de una manera maravillosa o extraordinaria como a veces pretendemos, sino al modo humano, eligiendo instrumentos humanos para que los demás descubran lo divino, para encontrarlo a él. Alguno dirá por ahí: ¿No podría haber elegido algo mejor, no podría haber elegido una manera más efectiva? ¿Realmente es ingeniosa esta manera de hacerse presente en este mundo? Como poder, hubiese podido hacer lo que quisiera, porque en definitiva Dios es Dios. Ahora...quiso otra cosa, quiso elegir el modo que seguramente daría más fruto y por eso decidió hacerse hombre como nosotros, para acostumbrarse a vivir como hombre y para que el hombre se vaya acostumbrando a vivir con Dios y como Dios. Un gran misterio, pero una gran verdad.
Cristo anduvo por la tierra enseñando, anunciando, sanando y curando, pero no quiso hacerlo solo.
Este es el misterio y, al mismo tiempo, la gran alegría: Dios que se hace hombre y deja que el hombre participe de su misión. De hecho, mientras él lo hacía, les encargó a sus discípulos que lo ayuden, para poder llegar a todos los hombres posibles de ese tiempo. Jesús necesita de hombres para llegar a todos los hombres. Necesitó de sus discípulos para cumplir su misión y les encargó a sus discípulos que continúen su misión en su ausencia.
El sacerdocio católico es el corazón, los ojos, los oídos, la boca, las manos y los pies de Jesús extendidos a lo largo del tiempo, para poder acoger, mirar, escuchar, hablar, tocar y acompañar a todos los hombres posibles a lo largo del tiempo y en todo el mundo. Es la respuesta del corazón conmovido de Jesús al ver tanta gente que anda por el mundo sin guía, como ovejas sin pastor. Los que fuimos elegidos no sabemos explicarlo mucho, no sabemos mucho por qué a nosotros. Por eso, reza por nosotros para que seamos realmente lo que Jesús quiere que seamos. Lo único que sabemos explicar es lo que se vive y se siente en el corazón.
Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

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p. Rodrigo Aguilar