Algo del Evangelio
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El evangelio de cada día con un breve comentario, en formato de audio, realizado por el Padre Rodrigo Aguilar, Diócesis de San Miguel, Buenos Aires, Argentina. www.algodelevangelio.org
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Sábado 28 de marzo - Juan 11, 45-57 – V Sábado de cuaresma

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 11, 45-57


Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él. Pero otros fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron un Consejo y dijeron: «¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchos signos. Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro Lugar santo y nuestra nación.»
Uno de ellos, llamado Caifás, que era Sumo Sacerdote ese año, les dijo: «Ustedes no comprenden nada. ¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?»
No dijo eso por sí mismo, sino que profetizó como Sumo Sacerdote que Jesús iba a morir por la nación, y no solamente por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos.
A partir de ese día, resolvieron que debían matar a Jesús. Por eso él no se mostraba más en público entre los judíos, sino que fue a una región próxima al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí permaneció con sus discípulos.
Como se acercaba la Pascua de los judíos, mucha gente de la región había subido a Jerusalén para purificarse. Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: « ¿Qué les parece, vendrá a la fiesta o no?» Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno conocía el lugar donde él se encontraba, lo hiciera saber para detenerlo.

Palabra del Señor
Comentario a Juan 11, 45-57:

Se acerca la Pascua de los cristianos, la tuya y la mía. Se acerca la semana santa. Hoy a partir de las misas de la tarde comenzaremos la semana más importante del año para los que creemos en Jesús. Con el domingo de ramos empezamos a transitar, por decir así, la recta final. La de la vida de Jesús y del camino que venimos haciendo haces casi cuarenta días. La propuesta del camino fue la misma para todos. Estés donde estés, sea la vida de fe que estés llevando, sea que estés cerca o alejado, con fervor o sin ganas. No importa. Fue la misma propuesta para todos, pero el camino seguramente fue distinto, cada uno dio pasos diferentes, cada uno comprendió a su manera, a cada uno Jesús le mostró cosas distintas, y eso es lo lindo y, por otro lado, lo misterioso. Somos nosotros los que tenemos que interiorizar lo que se nos va sembrando en el corazón día a día con la Palabra de Dios. Algunos siembran, Dios hace crecer, nosotros removemos y abonamos la tierra para ayudar, para acelerar las cosas. ¿Pusiste algo de tu parte en este tiempo? ¿Hiciste el esfuerzo para escuchar, por crecer, por luchar? Espero que sí. Espero que empieces esta semana santa con un corazón más grande, con más ganas, con deseos de que no sea una semana más, una semana de vacaciones, una semana cualquiera. Se puede, se puede vivirla de una manera nueva y distinta. Las celebraciones serán las mismas, la historia es la de siempre, el final ya lo conocemos. Pero no es lo mismo, no creas que será lo mismo. Algo del evangelio de hoy muestra la trama interna de la entrega, de la decisión de matar a Jesús aun viendo y confirmando lo que hacía. Deciden matarlo una vez que se enteran de que había resucitado a Lázaro. ¡Qué locura! ¡Parece un cuento, pero fue verdad! «Ustedes no comprenden nada. ¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?» Y sí, la verdad es que la maldad del hombre es incomprensible. ¿Vos comprendés algo? A veces no comprendemos cómo es posible que invocando un bien se haga el mal con tanta locura. Así piensa este mundo también. De la misma manera que actuaron con Jesús en ese tiempo. Es preferible matar a uno a que mueran algunos más. Es preferible matar a un inocente, que hacerse cargo de las cosas que uno hace. En este mundo, en el tuyo y el mío, a veces es preferible hacer muchas cosas y no jugarse por la verdad, que proviene del Amor, con mayúsculas, que es Jesús.
Es preferible callar una verdad para no exponer a los mentirosos. Algunos prefieren decir que se juegan por los pobres y viven exageradamente holgados. Otros tiran misiles para hablar de paz. Muchísimos deciden subirse al tren de la deshonestidad alegando que “todos lo hacen”.
Y nosotros… ¿Qué hacemos? ¿Cómo actuamos? ¿Cómo vivimos nuestra decisión de amar la verdad y el amor? ¿Nos subimos a la masa del “no jugarnos por nada”? Me conmovió una vez la coherencia de un amigo que trabajaba de vendedor en un negocio que vende de todo un poco, y me contaba su decisión de no vender un producto anticonceptivo abortivo aún bajo presión y peligro de perder su trabajo. No lo hizo nunca. Se le rieron en la cara y lo trataron de “cerrado”, pero él no aflojó. Es un ejemplo no más, de miles que podríamos poner, alguno tuyo, alguno mío, de las veces que nos jugamos por la verdad, aun siendo responsables por las consecuencias, aún con temor a que nos vaya mal. Seguro vos mismo tenés más ejemplos, y también muchos de cuando no nos jugamos. Solo un ejemplo de miles de situaciones en donde muchos deciden “matar al bien” y donde otros tantos prefieren callar y son cómplices.
Nosotros, mientras tanto, no tenemos que aflojar y tenemos que entrar a esta Semana Santa con deseos de honrar a Jesús con la vida y no solo con los labios. Con deseos de acompañar a Jesús no solo de lejos, como quien no quiere la cosa, sino de enamorarnos de su coherencia hasta el fin, de su amor sincero que no se escapó en los momentos más duros y difíciles. Por amor a vos, por amor a mí, a todos los hombres.
Entremos a esta Semana Santa con un corazón grande, deseosos de mirar a Jesús el Jueves Santo, el viernes y el sábado, padeciendo, muriendo y resucitando por nosotros.

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p. Rodrigo Aguilar
Domingo 29 de marzo - Mateo 27, 1-2. 11-54 - Domingo de Ramos(A)

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 27, 1-2. 11-54


Después de ser arrestado, todos los Sumos Sacerdotes y ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús. Después de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron. Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó: « ¿Tú eres el rey de los judíos?» El respondió: «Tú lo dices.» Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada. Pilato le dijo: « ¿No oyes todo lo que declaran contra ti?» Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy admirado al gobernador. En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había entonces uno famoso, llamado Barrabás. Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido: « ¿A quién quieren que ponga en libertad, a Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?» El sabía bien que lo habían entregado por envidia. Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: «No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho.» Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó: « ¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?» Ellos respondieron: «A Barrabás.» Pilato continuó: «¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?» Todos respondieron: «¡Que sea crucificado!» El insistió: «¿Qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: «¡Que sea crucificado!» Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: «Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes.» Y todo el pueblo respondió: «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos.» Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.
Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de él. Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza, pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de él, se burlaban, diciendo: «Salud, rey de los judíos.» Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar.
Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa «lugar del Cráneo», le dieron de beber vino con hiel. Él lo probó, pero no quiso tomarlo. Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron; y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo. Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: «Este es Jesús, el rey de los judíos.» Al mismo tiempo, fueron crucificados con Él dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían: «Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!» De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo: «¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él. Ha confiado en Dios; que él lo libre ahora si lo ama, ya que él dijo: "Yo soy Hijo de Dios".» También lo insultaban los ladrones crucificados con Él.
Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la región. Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz: «Elí, Elí, lemá sabactani.» Que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron:
«Está llamando a Elías.» En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber. Pero los otros le decían: «Espera, veamos si Elías viene a salvarlo.» Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu. (Breve silencio)
Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: « ¡Verdaderamente, este era Hijo de Dios!»

Palabra del Señor.
Comentario a Mateo 27, 1-2. 11-54:

Parece mentira. Parece ser que es imposible que los hombres de ese tiempo hayan llegado a hacer tanto mal. Parece ser imposible que el mal llegue a tal extremo. «Todos respondieron: “¡Que sea crucificado!"». ¿Cómo es posible pasar de la aclamación, de la alegría por descubrir al Mesías, al que crees que te puede salvar, al que vino a darte amor, a tanta indiferencia, tanta maldad, tanta ingratitud, tanta cobardía? Y sí… el ser humano, vos y yo somos capaces de cualquier cosa, somos capaces de amar y de despreciar. Jesús lo sabía. A nosotros también nos puede pasar y nos pasa, no solo tenemos que mirar al pasado.
Este contraste se vive en la celebración de este Domingo de Ramos y de Pasión. Jesús subió a Jerusalén, dejó que lo aclamen, pero sabía perfectamente que unos días después, el viernes no quedaría nadie al pie de la cruz, excepto su Madre, Juan y algunas mujeres. Ramos y la Pasión, dos caras de la misma moneda, de nuestro propio corazón. Jesús es rey, pero también es víctima. Es rey, pero de un modo totalmente distinto. A pocos hombres les gusta esta clase de reyes, por eso nadie va a verlo cuando está elevado en la cruz. Nos gustan a todos las buenas y nos cuestan muchísimo las malas. Nos cuesta jugarnos, nos sale fácil a veces lavarnos las manos. Le escapamos a las malas y además cuando vienen no sabemos cómo responder o respondemos mal. Jesús lo sabía. Jesús sabía que el único remedio al mal es responder con el amor, con la cruz, con el silencio, con el no bajarse jamás.
¿Qué es responder con la cruz?, te podrías preguntar. Diría que en muchos casos es como hizo Jesús, no responder, él casi ni responde a las acusaciones. Es responder siempre con amor, la cruz es amor, no es otra cosa. La cruz no es grito, no es violencia, no es imposición, no es lo que únicamente pensamos nosotros. La cruz es dura, es costosa, pero es gloriosa, trae la resurrección. Da paz responder siempre con la cruz. Jesús lo sabía, por eso responde con amor desde la cruz.
Él «se anonadó», se hizo víctima injusta de la maldad, también para que hoy vos y yo respondamos con amor desde la cruz a tanta maldad que anda dando vuelta por ahí. ¡¡¡Ser bueno cuesta muchísimo!!! A muchos no le gusta que seamos buenos. No importa, acordémonos que la única respuesta siempre es la cruz. Jesús lo sabía, por eso eligió ese camino.
Así empezamos esta Semana Santa, caminando con Jesús hacia la cruz para poder resucitar. Que él nos dé la gracia de no «desaparecer» el Viernes Santo cuando todo se ponga difícil.
Que tengamos un buen domingo y la que bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

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p. Rodrigo Aguilar
Lunes 30 de marzo - Juan 12, 1-11 - Lunes Santo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 12, 1-11


Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado. Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales. María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: ¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres? Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella.
Jesús le respondió: Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre.
Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no solo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado. Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él.

Palabra del Señor
Comentario a Juan 12, 1-11:

Buen día, buen comienzo de otra gran Semana Santa; en realidad comenzamos ayer, pero después del Lunes Santo nos encaminamos lentamente hacia el Viernes Santo, que será el final de la vida de Jesús en esta tierra, en realidad el aparente final. Nos encaminamos también al Domingo de Pascua, a la resurrección. Por eso en estos días escucharemos en los evangelios los últimos momentos de la vida de Jesús, relatados por san Juan, sus últimos días, sus últimas acciones y gestos, sus últimas decisiones. Entre ellas aparece la escena de Algo del Evangelio de hoy, en el que Jesús con sus más amigos, con Marta, María y Lázaro, al que había resucitado, vive estos momentos tan particulares que acabamos de escuchar.
Dice la Palabra de hoy que le prepararon una cena, él fue a comer con sus amigos y además durante esa cena, María tuvo un gesto de amor que impregnó toda la casa de perfume y que sería lindo que impregne toda la casa de nuestro corazón. Todo un signo de lo que produce el amor en la vida de aquel que reconoce a Jesús como su Señor, como el que le da sentido a nuestra vida. Por eso, empecemos este lunes con mucho ánimo. Vuelvo a decir, no importa cómo hayamos llegado, pero vivamos esta Semana Santa con intensidad, dediquemos más tiempo a la oración, dediquemos más tiempo al silencio, apaguemos un poco tanto ruido que nos aturde, tanto aturdimiento de hoy que no nos deja pensar. Pareciera ser como una anestesia del corazón que impide que los latidos de nuestro ser nos digan lo que el Señor quiere. Por eso apaguemos un poco, dejemos tanto ruido. Pero antes de detenernos entonces en esta escena, pensemos en esto que también es importante, que me parece lindo del Evangelio de hoy. Jesús de algún modo se deja amar; de algún modo no, se deja amar por sus amigos. Misteriosamente Jesús, que podríamos decir que no necesitaba del amor humano, de los que lo rodeaban, porque siendo Dios no lo necesita, Jesús no solo ama, sino que al mismo tiempo se deja amar para enseñarnos que el amor también hay que aprender a recibirlo. Deja que le preparen una cena sabiendo que eran sus últimos días y, además, deja que derrochen en sus pies, por amor, un perfume carísimo. Es un detalle que a veces no tenemos en cuenta. Es tan difícil a veces amar, como dejarse amar por los demás. Aunque parezca una debilidad, Jesús necesitó del amor de los más cercanos, de sus discípulos, pero no una necesidad porque le faltaba algo, sino porque él lo quiso así para enseñarnos, porque eligió tanto amar como ser amado en todo y todo en su plenitud. Nosotros, en cambio, a veces andamos a las caídas, a los tumbos, como decimos, intentando amar y muchas veces no dejándonos amar, no dándole la oportunidad a los demás que tengan gestos de cariño con nosotros.
Pensémoslo… pensemos que en el fondo es de algún modo una cierta soberbia, es un sutil engaño al convencernos que no necesitamos de los demás y mucho menos cariño, gestos concretos. ¿Conoces esas personas que no les gusta que les demuestren cariño, que las abracen, que les digan que las quieren, que les festejen los cumpleaños, que les hagan sorpresas? ¿No será que en el fondo cuando somos así estamos ocultando una falsa humildad, una aparente austeridad de afectos e incluso de bienes, pero que en realidad le estamos privando a los otros la posibilidad de querernos? ¿No será soberbia eso pensando que no necesitamos afectos? Para pensar y rezar mucho. Jesús no descartó esa posibilidad aun pudiendo poner la excusa por los pobres. No. Cada cosa en su lugar y se pueden hacer las dos cosas al mismo tiempo. Amar a los pobres y tener gestos de derroche y de amor para con él. Hoy para nosotros en la vida de la Iglesia, podríamos decir que es la Eucaristía, la presencia real de Jesús entre nosotros, la liturgia. Eso hace María. Derrocha perfume por amor a Jesús reconociéndolo como su Señor. Eso hace la Iglesia con Jesús vivo en cada sagrario, en cada altar donde Jesús es adorado, adornado y ensalzado con tantas cosas.
O nos podemos preguntar: ¿lo hacemos? La Iglesia nunca tuvo ni debe tener reparo en gastar y derrochar en gestos de amor hacia Jesús vivo y presente, obviamente sin olvidarse de los pobres que siempre estarán y están con nosotros. Y son el Jesús entre nosotros también. Se pueden hacer las dos cosas, vuelvo a decir, amar a Jesús en los pobres y amar a Jesús en la Eucaristía, en cada sagrario, en cada templo, en la belleza de todo lo que dedicamos a él. Jesús y los pobres se merecen todos los gestos de amor.
Esta Semana Santa él espera de nosotros un gesto de derroche, derroche de amor, para que se impregne la casa de nuestro corazón, con el perfume que proviene él y cambia todo. Esta Semana Santa es de él y para él. Él quiere ser amado y por eso deja que lo amemos, que hagamos lo que se nos ocurra por él. No midamos el amor, siempre será poco, nunca alcanza, pero lo importante es dar todo lo que podamos. No tengamos miedo en esta semana en derrochar todo por amor a Jesús.

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