Algo del Evangelio
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El evangelio de cada día con un breve comentario, en formato de audio, realizado por el Padre Rodrigo Aguilar, Diócesis de San Miguel, Buenos Aires, Argentina. www.algodelevangelio.org
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Algo del Evangelio de hoy y todo el Evangelio, toda la Palabra, es una historia de amor y dependencias mutuas, pero siempre con libertad. Siempre por una libertad más liberadora, la del amor y la verdad. Jesús no quiere glorificarse a sí mismo, no le sirve de nada. No quiere glorificarse solo. Él depende del amor del Padre que lo glorifica por ser obediente, por amarlo hasta el fin. La gloria del hijo es hacer la voluntad del Padre y la gloria del Padre es que su Hijo cumpla su voluntad. Es por eso que Dios Padre recompensará a su Hijo con la Resurrección, porque fue fiel a su amor hasta el final. Eso es lo que celebraremos en la Semana Santa. Que la fidelidad al amor, al Amor con mayúscula, la fidelidad a una libertad entregada al dueño de la Vida, es lo que finalmente vence a la muerte, el odio, el rencor y todos los males de este mundo. Sé que parece raro lo que estoy diciendo, sé que es difícil a veces «bajar a la tierra» lo que dice Algo del Evangelio. Pero no hay que irse muy lejos para entender esto, no hay que buscar ejemplos extraños. Jesús lo dice de alguna manera hoy: «El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás». La fidelidad nos asegura la vida para siempre, no la vida del cuerpo, sino la vida del espíritu. Todo pasará, pero sus palabras y el amor no pasarán. El que es fiel y depende de las palabras de Jesús, a las palabras de Dios, va a permanecer, va a estar siempre de algún modo presente.
Si sos fiel a las palabras de Jesús, en definitiva, que es ser fiel al amor, pero el amor con verdad, no al amor inventado, no al amor de novela, sino al amor que se aprende de Dios, nada de lo que hagamos dejará de existir, nuestra vida, la tuya y la mía serán fecundas. Tu vida y la mía no morirán con nuestro cuerpo, sino que seguirán «viviendo» en corazones ajenos.
¿Cuántas personas que conociste en tu vida, ya no están, pero siguen vivas? ¿Crees esto? ¿Crees que alguien puede seguir viviendo después de muerto o que alguien puede revivir cuando está muerto del corazón? ¿Querés ser alguien que después de esta vida siga permaneciendo en otros corazones y ayude a desatar las vendas que no dejan caminar a tantos?
Los santos son el claro ejemplo de hombres y mujeres que por ser fieles a las palabras de Jesús no han muerto, siguen vivos, permanecen entre nosotros y son los que hoy nos ayudan a seguir caminando. Siguen desatando a otros. Algún familiar tuyo, tus padres, tu hermano, tu hermana, tu hijo o tu hija que ya no está, también con su vida siguen ayudándote a vivir. Siguen desatando vendas para que podamos caminar. No te desanimes. Escúchalos. De alguna manera están.
Seamos fieles, no abandonemos el amor, no abandonemos elegir «depender» con libertad de otros. No abandonemos la oración. No abandonemos el escuchar cada día la Palabra de Dios. No abandonemos una buena amistad. No abandonemos ese apostolado que nos hace tanto bien. No abandonemos la misa que nos enriquece. Seamos fieles, que solo así iremos muriendo en esta vida, pero reviviendo para la que permanece para siempre.
Que tengamos un buen día y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

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p. Rodrigo Aguilar
Viernes 27 de marzo - Juan 10, 31-42 - V Viernes de cuaresma

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 10, 31-42

Los judíos tomaron piedras para apedrearlo.
Entonces Jesús dijo: «Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?»
Los judíos le respondieron: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios.»
Jesús les respondió: «¿No está escrito en la Ley: Yo dije: Ustedes son dioses? Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra -y la Escritura no puede ser anulada- ¿Cómo dicen: "Tú blasfemas", a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque dijo: "Yo soy Hijo de Dios"?
Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; pero si las hago, crean en las obras, aunque no me crean a mí. Así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre.»
Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero él se les escapó de las manos. Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado, y se quedó allí. Muchos fueron a verlo, y la gente decía: «Juan no ha hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad.» Y en ese lugar muchos creyeron en él.

Palabra del Señor.
Comentario a Juan 10, 31-42:

Parece mentira que escuchemos en el Evangelio que “tomaron piedras para apedrearlo”. Parece mentira que hayan querido apedrear al hombre más bueno del mundo. Parece mentira que, a pesar de verlo hacer milagros, de hacer el bien, de ayudar a los enfermos, de estar donde nadie quería estar, de resucitar a un hombre, hayan deseado matarlo y finalmente lo hayan hecho. Cosa de locos. Cosa de hombres, ciegos, con el corazón roto. Como nos pasa también a nosotros. A veces se nos hace costumbre esto, pero no es normal, debería ser al revés. Estamos a una semana del día en el que celebraremos que Jesús murió por amor hacia cada uno de nosotros.
Mientras Él pretende que entre nosotros nos “desatemos las vendas”, como pedía que hagamos con Lázaro, para poder caminar, algunos, y por ahí nosotros, andamos por la vida “apedreando lo bueno o incluso a los demás”, porque no nos gusta lo que hacen.
Aparece hoy otra vez el tema de las piedras ¿Te acordás del Evangelio del lunes? Algunos fariseos habían tomado piedras para apedrear a la mujer pecadora y no pudieron, porque el mismo Jesús les había hecho ver que, si es cuestión de tirar piedras a los pecadores, en realidad nos tendríamos que apedrear entre todos, digamos que no queda nadie en pie. El tema no es que no podemos emitir juicios, opinar sobre las cosas malas que pasan en el mundo. Lo que no quiere Jesús es que nos tiremos piedras, que nos condenemos. Esa es la cuestión. Hay una gran diferencia. Si es por ser pecadores, nos apedreamos entre todos y terminaríamos todos muertos. El mundo sería un caos, como lo es bastante si miramos alrededor. Nos mataríamos entre todos, como muchos lo hacen. Aunque en realidad, es un poco lo que vemos día a día. Incapacidad para reconocer bondad, belleza, amor y tantas cosas lindas por ahí, muchas ganas de hacer justicia por mano propia, creyéndonos dueños y señores de la verdad. Por eso andamos a veces tirando piedras por el mundo, aunque no vemos, andamos ciegos de amor y de bondad, no nos damos cuenta que tenemos muchas cosas “de Dios” en nosotros, entre nosotros y en los otros. Por eso, distinguí la diferencia entre opinar y emitir un juicio. Emitir un juicio sobre una realidad, sobre una cosa que está mal. Y otra cosa es querer tomar justicia por mano propia. Jesús no quiere eso. Quiere, en el fondo, en realidad quiere que desatemos las vendas de los otros para que los otros puedan caminar. Que les saquemos el sudario de la cabeza a esos Lázaros que están como muertos en vida para que vean la verdad. Esa es la cuestión. Estos judíos de Algo del Evangelio de hoy, los que finalmente mandaron a matar a Jesús, se lavaron las manos como Pilatos. No se dan cuenta de lo que hacen. Por eso Jesús llegará al colmo del amor al decir en la cruz (y para eso nos tenemos que preparar): “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” Al colmo de la maldad, Jesús terminará respondiendo con el colmo del amor. Y no porque sea tonto y no reconozca que hay maldad, eso tampoco quiere de nosotros, sino que reconoce que hay maldad, pero como fruto de la ignorancia y la ceguera, porque todavía no ven el amor. Si esos judíos se hubieran dado cuenta de lo que estaban haciendo, no lo hubieran hecho. Actúan así pensando que obran bien, que es lo más triste. ¿Cuántas veces hemos hecho cosas convencidos de que estábamos obrando bien? ¿Cuántas personas a nuestro alrededor obran mal, nos hacen mal pensando que obran bien? Esa es la ceguera más grande, es la enfermedad más profunda del hombre, incluso del hombre religioso, del que dice creer y defender una cierta “verdad”. Somos capaces de defender la verdad con ideas, pero “tirarle” piedras al distinto, al de otro color, al de otra condición, al de otro “supuesto” nivel. Es triste, pero los cristianos somos capaces.
Si nosotros nos diéramos cuenta de lo que hacemos cuando hacemos el mal, la verdad que no lo haríamos. Si fuéramos conscientes un instante de lo que significa hacer el mal, no lo haríamos.
Si fuéramos conscientes de porqué el otro llegó a hacer el mal que hace, no tiraríamos piedras. No terminamos de ser conscientes plenamente de las consecuencias del mal, de la falta de amor. ¿Cuál es el remedio? El amor de Jesús en la cruz. Hacia allá vamos. Acordate de andar con una cruz estos días, de mirar la cruz con más amor. ¿Cuál es el camino? Entrar en esta Semana santa deseando ser más conscientes del inmenso amor de Jesús por cada uno de nosotros, incluso por aquellos que nos cuesta amar, aquellos que creemos que se merecen ser apedreados. La semana Santa no es un cuentito para recordar, sino una Pasión (con mayúscula) para revivir. Para salir siendo más conscientes de que si no amamos lo suficiente al Padre y a los demás, no es porque no tengamos la capacidad, sino porque todavía no nos damos cuenta de tanto amor. El Amor con mayúscula reclama amor. El amor llama al amor. Cuando descubrimos cuánto nos aman nos dan más ganas de amar, nos sentimos deudores de ese amor, pero con libertad. Si esto nos pasa con los que más queremos, con los que nos rodean, ¿no te parece que nos tendría que pasar un poquito más con Jesús en esta semana que empezamos? Pidamos a María que nos lleve por ese camino. Hoy es el día de María al pie de la cruz, de la mano con ella al pie de la Cruz, para no cansarnos de admirarnos del amor que Dios Padre nos tiene. Que Dios tiene por cada uno de sus hijos, por más que estén errados en su camino. Nosotros también podemos crecer en esta conciencia de todo el amor que nos tiene el Señor. Pidámosle con todo el corazón. Pidámosle también mirar a nuestros hermanos que, aunque estén errados también necesitan de nuestro amor. Pidamos ser otros Lázaros que podamos revivir al amor y al perdón. Pidamos también transformar a otros en Lázaros desatándoles las vendas.

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p. Rodrigo Aguilar
Sábado 28 de marzo - Juan 11, 45-57 – V Sábado de cuaresma

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 11, 45-57


Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él. Pero otros fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron un Consejo y dijeron: «¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchos signos. Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro Lugar santo y nuestra nación.»
Uno de ellos, llamado Caifás, que era Sumo Sacerdote ese año, les dijo: «Ustedes no comprenden nada. ¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?»
No dijo eso por sí mismo, sino que profetizó como Sumo Sacerdote que Jesús iba a morir por la nación, y no solamente por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos.
A partir de ese día, resolvieron que debían matar a Jesús. Por eso él no se mostraba más en público entre los judíos, sino que fue a una región próxima al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí permaneció con sus discípulos.
Como se acercaba la Pascua de los judíos, mucha gente de la región había subido a Jerusalén para purificarse. Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: « ¿Qué les parece, vendrá a la fiesta o no?» Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno conocía el lugar donde él se encontraba, lo hiciera saber para detenerlo.

Palabra del Señor
Comentario a Juan 11, 45-57:

Se acerca la Pascua de los cristianos, la tuya y la mía. Se acerca la semana santa. Hoy a partir de las misas de la tarde comenzaremos la semana más importante del año para los que creemos en Jesús. Con el domingo de ramos empezamos a transitar, por decir así, la recta final. La de la vida de Jesús y del camino que venimos haciendo haces casi cuarenta días. La propuesta del camino fue la misma para todos. Estés donde estés, sea la vida de fe que estés llevando, sea que estés cerca o alejado, con fervor o sin ganas. No importa. Fue la misma propuesta para todos, pero el camino seguramente fue distinto, cada uno dio pasos diferentes, cada uno comprendió a su manera, a cada uno Jesús le mostró cosas distintas, y eso es lo lindo y, por otro lado, lo misterioso. Somos nosotros los que tenemos que interiorizar lo que se nos va sembrando en el corazón día a día con la Palabra de Dios. Algunos siembran, Dios hace crecer, nosotros removemos y abonamos la tierra para ayudar, para acelerar las cosas. ¿Pusiste algo de tu parte en este tiempo? ¿Hiciste el esfuerzo para escuchar, por crecer, por luchar? Espero que sí. Espero que empieces esta semana santa con un corazón más grande, con más ganas, con deseos de que no sea una semana más, una semana de vacaciones, una semana cualquiera. Se puede, se puede vivirla de una manera nueva y distinta. Las celebraciones serán las mismas, la historia es la de siempre, el final ya lo conocemos. Pero no es lo mismo, no creas que será lo mismo. Algo del evangelio de hoy muestra la trama interna de la entrega, de la decisión de matar a Jesús aun viendo y confirmando lo que hacía. Deciden matarlo una vez que se enteran de que había resucitado a Lázaro. ¡Qué locura! ¡Parece un cuento, pero fue verdad! «Ustedes no comprenden nada. ¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?» Y sí, la verdad es que la maldad del hombre es incomprensible. ¿Vos comprendés algo? A veces no comprendemos cómo es posible que invocando un bien se haga el mal con tanta locura. Así piensa este mundo también. De la misma manera que actuaron con Jesús en ese tiempo. Es preferible matar a uno a que mueran algunos más. Es preferible matar a un inocente, que hacerse cargo de las cosas que uno hace. En este mundo, en el tuyo y el mío, a veces es preferible hacer muchas cosas y no jugarse por la verdad, que proviene del Amor, con mayúsculas, que es Jesús.
Es preferible callar una verdad para no exponer a los mentirosos. Algunos prefieren decir que se juegan por los pobres y viven exageradamente holgados. Otros tiran misiles para hablar de paz. Muchísimos deciden subirse al tren de la deshonestidad alegando que “todos lo hacen”.
Y nosotros… ¿Qué hacemos? ¿Cómo actuamos? ¿Cómo vivimos nuestra decisión de amar la verdad y el amor? ¿Nos subimos a la masa del “no jugarnos por nada”? Me conmovió una vez la coherencia de un amigo que trabajaba de vendedor en un negocio que vende de todo un poco, y me contaba su decisión de no vender un producto anticonceptivo abortivo aún bajo presión y peligro de perder su trabajo. No lo hizo nunca. Se le rieron en la cara y lo trataron de “cerrado”, pero él no aflojó. Es un ejemplo no más, de miles que podríamos poner, alguno tuyo, alguno mío, de las veces que nos jugamos por la verdad, aun siendo responsables por las consecuencias, aún con temor a que nos vaya mal. Seguro vos mismo tenés más ejemplos, y también muchos de cuando no nos jugamos. Solo un ejemplo de miles de situaciones en donde muchos deciden “matar al bien” y donde otros tantos prefieren callar y son cómplices.
Nosotros, mientras tanto, no tenemos que aflojar y tenemos que entrar a esta Semana Santa con deseos de honrar a Jesús con la vida y no solo con los labios. Con deseos de acompañar a Jesús no solo de lejos, como quien no quiere la cosa, sino de enamorarnos de su coherencia hasta el fin, de su amor sincero que no se escapó en los momentos más duros y difíciles. Por amor a vos, por amor a mí, a todos los hombres.
Entremos a esta Semana Santa con un corazón grande, deseosos de mirar a Jesús el Jueves Santo, el viernes y el sábado, padeciendo, muriendo y resucitando por nosotros.

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p. Rodrigo Aguilar
Domingo 29 de marzo - Mateo 27, 1-2. 11-54 - Domingo de Ramos(A)

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 27, 1-2. 11-54


Después de ser arrestado, todos los Sumos Sacerdotes y ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús. Después de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron. Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó: « ¿Tú eres el rey de los judíos?» El respondió: «Tú lo dices.» Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada. Pilato le dijo: « ¿No oyes todo lo que declaran contra ti?» Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy admirado al gobernador. En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había entonces uno famoso, llamado Barrabás. Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido: « ¿A quién quieren que ponga en libertad, a Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?» El sabía bien que lo habían entregado por envidia. Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: «No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho.» Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó: « ¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?» Ellos respondieron: «A Barrabás.» Pilato continuó: «¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?» Todos respondieron: «¡Que sea crucificado!» El insistió: «¿Qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: «¡Que sea crucificado!» Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: «Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes.» Y todo el pueblo respondió: «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos.» Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.
Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de él. Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza, pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de él, se burlaban, diciendo: «Salud, rey de los judíos.» Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar.
Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa «lugar del Cráneo», le dieron de beber vino con hiel. Él lo probó, pero no quiso tomarlo. Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron; y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo. Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: «Este es Jesús, el rey de los judíos.» Al mismo tiempo, fueron crucificados con Él dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían: «Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!» De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo: «¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él. Ha confiado en Dios; que él lo libre ahora si lo ama, ya que él dijo: "Yo soy Hijo de Dios".» También lo insultaban los ladrones crucificados con Él.
Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la región. Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz: «Elí, Elí, lemá sabactani.» Que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron:
«Está llamando a Elías.» En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber. Pero los otros le decían: «Espera, veamos si Elías viene a salvarlo.» Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu. (Breve silencio)
Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: « ¡Verdaderamente, este era Hijo de Dios!»

Palabra del Señor.
Comentario a Mateo 27, 1-2. 11-54:

Parece mentira. Parece ser que es imposible que los hombres de ese tiempo hayan llegado a hacer tanto mal. Parece ser imposible que el mal llegue a tal extremo. «Todos respondieron: “¡Que sea crucificado!"». ¿Cómo es posible pasar de la aclamación, de la alegría por descubrir al Mesías, al que crees que te puede salvar, al que vino a darte amor, a tanta indiferencia, tanta maldad, tanta ingratitud, tanta cobardía? Y sí… el ser humano, vos y yo somos capaces de cualquier cosa, somos capaces de amar y de despreciar. Jesús lo sabía. A nosotros también nos puede pasar y nos pasa, no solo tenemos que mirar al pasado.
Este contraste se vive en la celebración de este Domingo de Ramos y de Pasión. Jesús subió a Jerusalén, dejó que lo aclamen, pero sabía perfectamente que unos días después, el viernes no quedaría nadie al pie de la cruz, excepto su Madre, Juan y algunas mujeres. Ramos y la Pasión, dos caras de la misma moneda, de nuestro propio corazón. Jesús es rey, pero también es víctima. Es rey, pero de un modo totalmente distinto. A pocos hombres les gusta esta clase de reyes, por eso nadie va a verlo cuando está elevado en la cruz. Nos gustan a todos las buenas y nos cuestan muchísimo las malas. Nos cuesta jugarnos, nos sale fácil a veces lavarnos las manos. Le escapamos a las malas y además cuando vienen no sabemos cómo responder o respondemos mal. Jesús lo sabía. Jesús sabía que el único remedio al mal es responder con el amor, con la cruz, con el silencio, con el no bajarse jamás.
¿Qué es responder con la cruz?, te podrías preguntar. Diría que en muchos casos es como hizo Jesús, no responder, él casi ni responde a las acusaciones. Es responder siempre con amor, la cruz es amor, no es otra cosa. La cruz no es grito, no es violencia, no es imposición, no es lo que únicamente pensamos nosotros. La cruz es dura, es costosa, pero es gloriosa, trae la resurrección. Da paz responder siempre con la cruz. Jesús lo sabía, por eso responde con amor desde la cruz.
Él «se anonadó», se hizo víctima injusta de la maldad, también para que hoy vos y yo respondamos con amor desde la cruz a tanta maldad que anda dando vuelta por ahí. ¡¡¡Ser bueno cuesta muchísimo!!! A muchos no le gusta que seamos buenos. No importa, acordémonos que la única respuesta siempre es la cruz. Jesús lo sabía, por eso eligió ese camino.
Así empezamos esta Semana Santa, caminando con Jesús hacia la cruz para poder resucitar. Que él nos dé la gracia de no «desaparecer» el Viernes Santo cuando todo se ponga difícil.
Que tengamos un buen domingo y la que bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

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p. Rodrigo Aguilar