"UNA NUEVA MANERA DE VIVIR"
Me llamo Lee y estoy cumpliendo una condena en prisión. He llegado a darme cuenta de que tengo un problema: soy alcohólico. Empecé a beber a la edad de 14 años y desde entonces, a causa de la bebida, he venido entrando y saliendo de prisión. Ahora tengo 39 años y ya sé que tengo que dejar de beber.
El juez dijo que estaba harto de verme y me sentenció a cumplir una condena en prisión. Es fácil obtener alcohol, incluso aquí adentro. Hace solo un mes que dejé de beber aquí. Fui a la biblioteca de la cárcel y encontré un libro azul titulado Alcohólicos Anónimos. Tenía curiosidad por saber de qué se trataba, así que lo tomé prestado y empecé a leerlo.
Según lo leía, me iba dando cuenta de que era exactamente como Bob y Bill, Jane y otros más de los que figuraban en el texto. Todos somos alcohólicos. Pues ayer me llegó por correo un aviso de que el plazo de devolución del libro había vencido. Fui a la biblioteca para renovarlo y me dijeron que no podía hacerlo porque el plazo había vencido.
Yo llevaba este libro conmigo dondequiera que fuera: al patio, a la sala de actividades, etc., para leerlo. Pero cuando tuve que devolverlo, no lo podía más. Un día, en la sesión de recreo al aire libre, vi a un hombre leyendo ese mismo libro azul. Hablamos un rato y nos contamos nuestras historias, el uno al otro. Desde entonces nos hemos reunido todos los días para hablar sobre nuestro alcoholismo y él lee partes del libro en voz alta.
Ahora somos siete los que nos reunimos todos los días para hablar y leer. Estamos investigando la posibilidad de formar un grupo para los reclusos alcohólicos y reunirnos una vez a la semana en la capilla. Esto sería para cualquiera que deseara participar; y al mismo tiempo seguiríamos con nuestro pequeño grupo de la sesión de recreo.
He aprendido a vivir una vida nueva sin alcohol, gracias a ese libro azul que encontré en la biblioteca. Si no lo hubiera encontrado, no habría intentado dejar de beber, ni siquiera habría pensado en hacerlo.
— Lee C., Región Nordeste
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"VOY A LAS REUNIONES PORQUE MI VIDA DEPENDE DE ELLO"
Pasé sobrio 14 meses antes de entrar en el sistema de justicia criminal. Estaba en libertad bajo fianza y mi caso se demoraba mucho. No logré la sobriedad hasta que pasaron 13 meses desde mi arresto — me costó mucho superar mi negación. Cuando logré la sobriedad, inmediatamente conseguí un padrino y trabajé con él hasta que entré en la cárcel.
En las diversas instituciones por las que pasé al principio de mi condena no había reuniones de A.A. Sabía que hay reuniones en las instituciones, pero no las había en ninguna de las que yo estaba. Lo único que tenía eran las visitas de mi padrino, que vino a verme varias veces. Eso no era nada fácil — la cárcel en la que estaba internado estaba a dos horas de su casa.
Era la primera vez que estaba encarcelado y el temor a lo desconocido me acompañaba constantemente. Para esa primera vez, tenía la oración del Tercer Paso y esas visitas ocasionales. Después de que me enviaron aquí, las cosas mejoraron mucho. Fui a mi primera reunión después de que un preso amistoso, que me ofreció una taza de café, resultó ser el coordinador del grupo. Fuimos a mi primera reunión a la tarde siguiente.
El grupo hace tres reuniones a la semana: una de discusión abierta, de la que soy el coordinador; una reunión de Pasos, en la que leemos un Paso; y una reunión de Libro Grande, en la que leemos un capítulo o una historia a la semana. Voy a estas reuniones porque mi vida depende de ello. Estoy sobrio aquí y tengo la intención de mantenerme así. No sería imposible tener una recaída aquí.
Pero mi vida ha mejorado enormemente desde que he vuelto a las reuniones de A.A. No tengo intención de volver a mi antigua forma de pensar mientras estoy encerrado. Veo a otros muchos presos luchar por mantener una perspectiva positiva de la vida en la cárcel. No me puedo imaginar tratar de hacerlo sin A.A.
Me llamo Lee y estoy cumpliendo una condena en prisión. He llegado a darme cuenta de que tengo un problema: soy alcohólico. Empecé a beber a la edad de 14 años y desde entonces, a causa de la bebida, he venido entrando y saliendo de prisión. Ahora tengo 39 años y ya sé que tengo que dejar de beber.
El juez dijo que estaba harto de verme y me sentenció a cumplir una condena en prisión. Es fácil obtener alcohol, incluso aquí adentro. Hace solo un mes que dejé de beber aquí. Fui a la biblioteca de la cárcel y encontré un libro azul titulado Alcohólicos Anónimos. Tenía curiosidad por saber de qué se trataba, así que lo tomé prestado y empecé a leerlo.
Según lo leía, me iba dando cuenta de que era exactamente como Bob y Bill, Jane y otros más de los que figuraban en el texto. Todos somos alcohólicos. Pues ayer me llegó por correo un aviso de que el plazo de devolución del libro había vencido. Fui a la biblioteca para renovarlo y me dijeron que no podía hacerlo porque el plazo había vencido.
Yo llevaba este libro conmigo dondequiera que fuera: al patio, a la sala de actividades, etc., para leerlo. Pero cuando tuve que devolverlo, no lo podía más. Un día, en la sesión de recreo al aire libre, vi a un hombre leyendo ese mismo libro azul. Hablamos un rato y nos contamos nuestras historias, el uno al otro. Desde entonces nos hemos reunido todos los días para hablar sobre nuestro alcoholismo y él lee partes del libro en voz alta.
Ahora somos siete los que nos reunimos todos los días para hablar y leer. Estamos investigando la posibilidad de formar un grupo para los reclusos alcohólicos y reunirnos una vez a la semana en la capilla. Esto sería para cualquiera que deseara participar; y al mismo tiempo seguiríamos con nuestro pequeño grupo de la sesión de recreo.
He aprendido a vivir una vida nueva sin alcohol, gracias a ese libro azul que encontré en la biblioteca. Si no lo hubiera encontrado, no habría intentado dejar de beber, ni siquiera habría pensado en hacerlo.
— Lee C., Región Nordeste
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"VOY A LAS REUNIONES PORQUE MI VIDA DEPENDE DE ELLO"
Pasé sobrio 14 meses antes de entrar en el sistema de justicia criminal. Estaba en libertad bajo fianza y mi caso se demoraba mucho. No logré la sobriedad hasta que pasaron 13 meses desde mi arresto — me costó mucho superar mi negación. Cuando logré la sobriedad, inmediatamente conseguí un padrino y trabajé con él hasta que entré en la cárcel.
En las diversas instituciones por las que pasé al principio de mi condena no había reuniones de A.A. Sabía que hay reuniones en las instituciones, pero no las había en ninguna de las que yo estaba. Lo único que tenía eran las visitas de mi padrino, que vino a verme varias veces. Eso no era nada fácil — la cárcel en la que estaba internado estaba a dos horas de su casa.
Era la primera vez que estaba encarcelado y el temor a lo desconocido me acompañaba constantemente. Para esa primera vez, tenía la oración del Tercer Paso y esas visitas ocasionales. Después de que me enviaron aquí, las cosas mejoraron mucho. Fui a mi primera reunión después de que un preso amistoso, que me ofreció una taza de café, resultó ser el coordinador del grupo. Fuimos a mi primera reunión a la tarde siguiente.
El grupo hace tres reuniones a la semana: una de discusión abierta, de la que soy el coordinador; una reunión de Pasos, en la que leemos un Paso; y una reunión de Libro Grande, en la que leemos un capítulo o una historia a la semana. Voy a estas reuniones porque mi vida depende de ello. Estoy sobrio aquí y tengo la intención de mantenerme así. No sería imposible tener una recaída aquí.
Pero mi vida ha mejorado enormemente desde que he vuelto a las reuniones de A.A. No tengo intención de volver a mi antigua forma de pensar mientras estoy encerrado. Veo a otros muchos presos luchar por mantener una perspectiva positiva de la vida en la cárcel. No me puedo imaginar tratar de hacerlo sin A.A.
Tanto dentro como fuera de la cárcel, A.A. ha sido un salvavidas para mí. Doy gracias a Dios todos los días por la gente que ha hecho esto posible, especialmente por los que vienen de afuera aquí a la cárcel. Gracias por salvar mi vida.
— Christopher B., Región Noreste
· Copyright del A.A. Grapevine, reimpreso con permiso.
Reimpreso de COMPARTIENDO DESDE DETRÁS DE LOS MUROS. Oficina de Servicios Generales de A.A., Box 459, Grand Central Station, New York, NY 10163. — Invierno 2008, con permiso de A.A. World Services, Inc.
#AlcohólicosAnónimos
— Christopher B., Región Noreste
· Copyright del A.A. Grapevine, reimpreso con permiso.
Reimpreso de COMPARTIENDO DESDE DETRÁS DE LOS MUROS. Oficina de Servicios Generales de A.A., Box 459, Grand Central Station, New York, NY 10163. — Invierno 2008, con permiso de A.A. World Services, Inc.
#AlcohólicosAnónimos
Cita Diaria con La Viña Marzo 16
“Vive y deja vivir”. WEST SPRINGFIELD, MASSACHUSETTS, JUNIO DE 2002. Del AA Grapevine
“Todos los miembros de AA tenemos derecho a nuestra propia opinión, incluso si consiste en pensar que la opinión de otra persona no es tan buena como la nuestra. Toda la estructura de AA se basa en un espíritu democrático. No hay jefes ni gurús”.“Vive y deja vivir”. WEST SPRINGFIELD, MASSACHUSETTS, JUNIO DE 2002. Del AA Grapevine
Cita diaria de Grapevine, 16 de marzo
Bill W., cofundador de AA, julio de 1965, «La responsabilidad es nuestro lema», El lenguaje del corazón
«Sin lugar a dudas, un millón de alcohólicos han acudido a AA durante los últimos treinta años. Podemos preguntarnos con seriedad qué fue de los 600 000 que no se quedaron».Bill W., cofundador de AA, julio de 1965, «La responsabilidad es nuestro lema», El lenguaje del corazón
Llevar el mensaje:
el arte del trabajo de Paso Doce
El trabajo de Paso Doce es un arte que nunca se pasa de moda. Algunos métodos han cambiado a lo largo de los años (piensen en los teléfonos celulares, correo electrónico, sitios Web en lugar de cabinas de teléfono, máquinas de escribir y anuncios en los periódicos), pero llevar el mensaje al alcohólico que aún sufre sigue siendo lo básico de Alcohólicos Anónimos.
Como se expresa en el Libro Grande, en el capítulo “Trabajando con los demás”, “La experiencia práctica demuestra que no hay nada que asegure tanto la inmunidad a la bebida como el trabajo intensivo con otros alcohólicos.
Funciona cuando fallan otras actividades…. Ver a las personas recuperarse, verlas ayudar a otras, ver cómo desaparece la soledad, ver una comunidad desarrollarse a tu alrededor, tener una multitud de amigos — ésta es una experiencia que no debes perderte…. El contacto frecuente con recién llegados y entre unos y otros es la alegría de nuestras vidas.”
El punto básico de Alcohólicos Anónimos siempre ha sido la comunicación salvadora entre un alcohólico y otro. Como lo describió Bill W.: “Desde el mismo comienzo, la comunicación en AA no ha sido una mera transmisión de ideas y actitudes útiles. Ha sido una comunicación extraordinaria y a veces singular.
Debido a la afinidad que tenemos por nuestro sufrimiento común, y debido a que los medios comunes de nuestra liberación solo nos dan resultados cuando los compartimos constantemente con otros, nuestras vías de comunicación siempre han estado cargadas del lenguaje del corazón.”
Desde una perspectiva histórica, esta transmisión de esperanza de un alcohólico a otro, a menudo descrita en los primeros escritos de A.A. como una “reacción en cadena,” tuvo su comienzo cuando Bill W., que había estado recientemente en tratamiento con el Dr. Silkworth para su alcoholismo, recibió una visita de Ebby T., un viejo amigo y antiguo compañero de tragos. Ebby había encontrado una forma de lograr la sobriedad con la ayuda de los Grupos Oxford y llegó un día a la puerta de la casa de Bill con un mensaje de esperanza que deseaba transmitir. Sufriendo de una resaca y sumido en la angustia de su propia enfermedad, por alguna razón Bill estaba listo para oír lo que Ebby tenía que decir.
“En noviembre de 1934, tuve la visita de Ebby, un viejo amigo mío, un alcohólico, y mi futuro padrino. ¿Por qué le era posible comunicarse conmigo en cuanto a áreas que ni siquiera el Dr. Silkworth podía tocar?
“Pues, primero, ya yo sabía que él era un caso desahuciado — al igual que yo. Ese mismo año, en fecha anterior, me había enterado de que él también era candidato para el manicomio. No obstante, le tenía allí frente de mí, sobrio y libre. Y su facultad de comunicación era ya tan impresionante que, en unos pocos minutos, podía convencerme de que se sentía sinceramente librado de su obsesión por beber.
Simbolizaba una cosa muy distinta de un mero recorrido, a sudores fríos, en la caravana de abstención. Así que me presentaba una especie de comunicación y de evidencia que ni siquiera el Dr. Silkworth podía ofrecerme. Era cuestión de un alcohólico que estaba hablando con otro. En esto estaba la verdadera esperanza.”
Ebby empezó a contar a Bill su historia, detallando cuidadosamente sus experiencias de bebedor de los últimos años, estableciendo un poderoso vínculo de identificación.
Luego explicó los pasos que había dado para lograr la sobriedad que actualmente disfrutaba.
“Ninguna de las ideas de Ebby era realmente nueva. Ya yo las había oído todas. Pero por haberme sido comunicadas por su potente línea de transmisión, no eran lo que en otras circunstancias ya las hubiera considerado, o sea, unas simples máximas tradicionales en cuanto a cómo comportarse de buen feligrés. Yo las veía como vivas verdades que me podrían liberar tal como le habían liberado a él. Ebby me podía tocar en lo más profundo.”
el arte del trabajo de Paso Doce
El trabajo de Paso Doce es un arte que nunca se pasa de moda. Algunos métodos han cambiado a lo largo de los años (piensen en los teléfonos celulares, correo electrónico, sitios Web en lugar de cabinas de teléfono, máquinas de escribir y anuncios en los periódicos), pero llevar el mensaje al alcohólico que aún sufre sigue siendo lo básico de Alcohólicos Anónimos.
Como se expresa en el Libro Grande, en el capítulo “Trabajando con los demás”, “La experiencia práctica demuestra que no hay nada que asegure tanto la inmunidad a la bebida como el trabajo intensivo con otros alcohólicos.
Funciona cuando fallan otras actividades…. Ver a las personas recuperarse, verlas ayudar a otras, ver cómo desaparece la soledad, ver una comunidad desarrollarse a tu alrededor, tener una multitud de amigos — ésta es una experiencia que no debes perderte…. El contacto frecuente con recién llegados y entre unos y otros es la alegría de nuestras vidas.”
El punto básico de Alcohólicos Anónimos siempre ha sido la comunicación salvadora entre un alcohólico y otro. Como lo describió Bill W.: “Desde el mismo comienzo, la comunicación en AA no ha sido una mera transmisión de ideas y actitudes útiles. Ha sido una comunicación extraordinaria y a veces singular.
Debido a la afinidad que tenemos por nuestro sufrimiento común, y debido a que los medios comunes de nuestra liberación solo nos dan resultados cuando los compartimos constantemente con otros, nuestras vías de comunicación siempre han estado cargadas del lenguaje del corazón.”
Desde una perspectiva histórica, esta transmisión de esperanza de un alcohólico a otro, a menudo descrita en los primeros escritos de A.A. como una “reacción en cadena,” tuvo su comienzo cuando Bill W., que había estado recientemente en tratamiento con el Dr. Silkworth para su alcoholismo, recibió una visita de Ebby T., un viejo amigo y antiguo compañero de tragos. Ebby había encontrado una forma de lograr la sobriedad con la ayuda de los Grupos Oxford y llegó un día a la puerta de la casa de Bill con un mensaje de esperanza que deseaba transmitir. Sufriendo de una resaca y sumido en la angustia de su propia enfermedad, por alguna razón Bill estaba listo para oír lo que Ebby tenía que decir.
“En noviembre de 1934, tuve la visita de Ebby, un viejo amigo mío, un alcohólico, y mi futuro padrino. ¿Por qué le era posible comunicarse conmigo en cuanto a áreas que ni siquiera el Dr. Silkworth podía tocar?
“Pues, primero, ya yo sabía que él era un caso desahuciado — al igual que yo. Ese mismo año, en fecha anterior, me había enterado de que él también era candidato para el manicomio. No obstante, le tenía allí frente de mí, sobrio y libre. Y su facultad de comunicación era ya tan impresionante que, en unos pocos minutos, podía convencerme de que se sentía sinceramente librado de su obsesión por beber.
Simbolizaba una cosa muy distinta de un mero recorrido, a sudores fríos, en la caravana de abstención. Así que me presentaba una especie de comunicación y de evidencia que ni siquiera el Dr. Silkworth podía ofrecerme. Era cuestión de un alcohólico que estaba hablando con otro. En esto estaba la verdadera esperanza.”
Ebby empezó a contar a Bill su historia, detallando cuidadosamente sus experiencias de bebedor de los últimos años, estableciendo un poderoso vínculo de identificación.
Luego explicó los pasos que había dado para lograr la sobriedad que actualmente disfrutaba.
“Ninguna de las ideas de Ebby era realmente nueva. Ya yo las había oído todas. Pero por haberme sido comunicadas por su potente línea de transmisión, no eran lo que en otras circunstancias ya las hubiera considerado, o sea, unas simples máximas tradicionales en cuanto a cómo comportarse de buen feligrés. Yo las veía como vivas verdades que me podrían liberar tal como le habían liberado a él. Ebby me podía tocar en lo más profundo.”
No obstante, la visita de Ebby, a pesar de su gran impacto, no proporcionó a Bill el ímpetu o la capacidad para dejar de beber, y se vio de nuevo bajo el cuidado del Dr. Silkworth.
Durante este ultimo ingreso, Bill tuvo la experiencia espiritual que por fin le hizo posible lograr la sobriedad.
Como Bill dijo, “Con esta revelación me vino la visión de una posible reacción en cadena, de un alcohólico que hablara con otro y éste con otro y así en una serie sin fin. Estaba convencido de que podía dar a mis compañeros alcohólicos lo que Ebby me había dado a mí.”
Durante los meses siguientes Bill trató de pasar el mensaje.
Pero nadie logró la sobriedad, y esta experiencia le enseñó una maravillosa lección:
“Por verídicas que fueran las palabras de mi mensaje, no podría haber ninguna comunicación profunda si lo que yo decía y hacía iba teñido de soberbia, arrogancia, intolerancia, resentimiento, imprudencia o un deseo de reconocimiento personal — aunque apenas estaba consciente de estas actitudes.
“Sin darme cuenta, había caído muy pesadamente en estos errores. Mi experiencia espiritual había sido tan súbita, tan resplandeciente, y tan poderosa que había empezado a estar convencido de que yo estaba destinado a curar a casi todos los borrachos del mundo. Esto era soberbia. Seguía machacando el tema de mi despertar místico, y mis candidatos se sentían repelidos sin excepción. Esto era imprudencia.
Empecé a insistir que todo borracho debería experimentar una “euforia luminosa” parecida a la mía. Hice caso omiso del hecho de que Dios se manifiesta al hombre de muchas maneras. En efecto, había empezado a decir a mis candidatos, ‘Tienes que ser como yo, creer como creo yo, y hacer lo que hago yo.’ Esto era la clase de arrogancia inconsciente que ningún borracho puede soportar.”
Finalmente, Bill cambió su enfoque para incluir datos médicos acerca del alcoholismo que había aprendido del Dr. Silkworth, acerca de la alergia que el alcohólico tiene al alcohol y la compulsión que le compele a seguir bebiendo.
Poco después, Bill se encontró en una cabina telefónica del Hotel Mayflower de Akron, Ohio. “Por primera vez desde mi experiencia en el hospital me sentí tentado a tomarme un trago. En ese momento, me di cuenta inicialmente de la necesidad que tendría de otros alcohólicos para preservarme y para ayudarme a mantener la dádiva original de la sobriedad. No se trataba meramente de intentar ayudar a los alcohólicos.
Si yo esperaba mantener mi propia sobriedad, tenía que encontrar a otro alcohólico con quien trabajar. Así que, cuando el Dr. Bob y yo nos encontramos sentados cara acara, yo ni siquiera pensé en hacer lo que solía hacer en el pasado. Le dije, ‘Bob, te estoy hablando porque tú me haces falta tanto como yo pudiera hacerte falta a ti. Me veo corriendo un grave peligro de recaer en el abismo.’”
De aquella reunión, la reacción en cadena que pasó de Ebby y Bill al Dr. Bob en Akron ha llegado a alcanzar a innumerables borrachos de todo el mundo. Bill dijo acerca de la comunicación vital: “Una de las primeras ideas que el Dr. Bob y yo compartimos fue que la verdadera comunicación debe basarse en la necesidad mutua. Nunca deberíamos hablar a nadie con tono condescendiente, mucho menos a un compañero alcohólico.
Nos dimos cuenta de que todo padrino debería humildemente reconocer sus propias necesidades tan claramente como las de su ahijado. En esto estaba la base del Paso Doce de AA para la recuperación, el Paso en el que llevamos el mensaje.”
Durante este ultimo ingreso, Bill tuvo la experiencia espiritual que por fin le hizo posible lograr la sobriedad.
Como Bill dijo, “Con esta revelación me vino la visión de una posible reacción en cadena, de un alcohólico que hablara con otro y éste con otro y así en una serie sin fin. Estaba convencido de que podía dar a mis compañeros alcohólicos lo que Ebby me había dado a mí.”
Durante los meses siguientes Bill trató de pasar el mensaje.
Pero nadie logró la sobriedad, y esta experiencia le enseñó una maravillosa lección:
“Por verídicas que fueran las palabras de mi mensaje, no podría haber ninguna comunicación profunda si lo que yo decía y hacía iba teñido de soberbia, arrogancia, intolerancia, resentimiento, imprudencia o un deseo de reconocimiento personal — aunque apenas estaba consciente de estas actitudes.
“Sin darme cuenta, había caído muy pesadamente en estos errores. Mi experiencia espiritual había sido tan súbita, tan resplandeciente, y tan poderosa que había empezado a estar convencido de que yo estaba destinado a curar a casi todos los borrachos del mundo. Esto era soberbia. Seguía machacando el tema de mi despertar místico, y mis candidatos se sentían repelidos sin excepción. Esto era imprudencia.
Empecé a insistir que todo borracho debería experimentar una “euforia luminosa” parecida a la mía. Hice caso omiso del hecho de que Dios se manifiesta al hombre de muchas maneras. En efecto, había empezado a decir a mis candidatos, ‘Tienes que ser como yo, creer como creo yo, y hacer lo que hago yo.’ Esto era la clase de arrogancia inconsciente que ningún borracho puede soportar.”
Finalmente, Bill cambió su enfoque para incluir datos médicos acerca del alcoholismo que había aprendido del Dr. Silkworth, acerca de la alergia que el alcohólico tiene al alcohol y la compulsión que le compele a seguir bebiendo.
Poco después, Bill se encontró en una cabina telefónica del Hotel Mayflower de Akron, Ohio. “Por primera vez desde mi experiencia en el hospital me sentí tentado a tomarme un trago. En ese momento, me di cuenta inicialmente de la necesidad que tendría de otros alcohólicos para preservarme y para ayudarme a mantener la dádiva original de la sobriedad. No se trataba meramente de intentar ayudar a los alcohólicos.
Si yo esperaba mantener mi propia sobriedad, tenía que encontrar a otro alcohólico con quien trabajar. Así que, cuando el Dr. Bob y yo nos encontramos sentados cara acara, yo ni siquiera pensé en hacer lo que solía hacer en el pasado. Le dije, ‘Bob, te estoy hablando porque tú me haces falta tanto como yo pudiera hacerte falta a ti. Me veo corriendo un grave peligro de recaer en el abismo.’”
De aquella reunión, la reacción en cadena que pasó de Ebby y Bill al Dr. Bob en Akron ha llegado a alcanzar a innumerables borrachos de todo el mundo. Bill dijo acerca de la comunicación vital: “Una de las primeras ideas que el Dr. Bob y yo compartimos fue que la verdadera comunicación debe basarse en la necesidad mutua. Nunca deberíamos hablar a nadie con tono condescendiente, mucho menos a un compañero alcohólico.
Nos dimos cuenta de que todo padrino debería humildemente reconocer sus propias necesidades tan claramente como las de su ahijado. En esto estaba la base del Paso Doce de AA para la recuperación, el Paso en el que llevamos el mensaje.”
No hace mucho tiempo, el boletín del Intergrupo de St. Paul, Minnesota publicó un artículo titulado “Sugerencias para hacer las visitas de Paso Doce” en el que se decía que “Al recibir una llamada de Paso Doce, empezamos con la idea de que, literalmente, está en juego la vida de otro ser humano. Esto significa que, hay que responder de inmediato a esta llamada.” Se ofrecían estas otras sugerencias: Al hacer una visita de Paso Doce, ir acompañados de otro miembro de A.A. Mantener el anonimato. Felicitar al posible miembro por querer hacer algo acerca de su problema con la bebida.
Suministrar alguna literatura de A.A. Contar cómo eras, lo que sucedió y cómo eres ahora.
Ya sea que la comunicación con un posible miembro sea en persona, por teléfono celular o por el Internet, el arte de hacer el trabajo de Paso Doce sigue siendo el mismo. Como se dice en la Quinta Tradición: “La capacidad única de cada miembro de A.A. para identificarse con el principiante y conducirlo hacia la recuperación no depende en absoluto de su cultura, su elocuencia ni de cualquier otra pericia particular. Lo único que cuenta es que él es un alcohólico que ha encontrado la clave de la sobriedad.”
Reimpreso de Box 4-5-9 (Edición Invierno 2009) con permiso de A.A. World Services, Inc.
Suministrar alguna literatura de A.A. Contar cómo eras, lo que sucedió y cómo eres ahora.
Ya sea que la comunicación con un posible miembro sea en persona, por teléfono celular o por el Internet, el arte de hacer el trabajo de Paso Doce sigue siendo el mismo. Como se dice en la Quinta Tradición: “La capacidad única de cada miembro de A.A. para identificarse con el principiante y conducirlo hacia la recuperación no depende en absoluto de su cultura, su elocuencia ni de cualquier otra pericia particular. Lo único que cuenta es que él es un alcohólico que ha encontrado la clave de la sobriedad.”
Reimpreso de Box 4-5-9 (Edición Invierno 2009) con permiso de A.A. World Services, Inc.
Reflexiones Diarias
17 de MARZO
FORMAS MISTERIOSAS
… toda época de aflicción y sufrimiento, cuando la mano de Dios le parecía pesada e incluso injusta, ha resultado ser una ocasión de aprender nuevas lecciones para la vida, de descubrir nuevas fuentes de valor, y que, última e inevitablemente, le llegó la convicción de que, al obrar sus milagros, “los caminos de Dios sí son inescrutables”.
— DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 102
Después de perder mi carrera, mi familia y la salud, todavía no me convencía de que mi manera de vivir necesitaba una revisión. Creía que estaba destinada a morir sola y que lo merecía. En la cima de mi desesperación, mi niñito de corta edad se enfermó gravemente con una rara enfermedad. Los esfuerzos de los doctores fueron infructuosos. Yo redoblé mis esfuerzos para amortiguar mis sentimientos pero el alcohol ya había dejado de surtir su efecto. Quedé sola mirando fijamente a los ojos de Dios, suplicando su ayuda. A los pocos días, por una extraña concatenación de coincidencias, tuve mi primer contacto con A.A. y desde entonces he permanecido sobria. Mi hijo vive y está mejorando. Todo el episodio me convenció de mi impotencia y de lo inmanejable que era mi vida. Hoy, mi hijo y yo estamos agradecidos a Dios por Su intervención.
Del libro Reflexiones diarias
Copyright © 1991 by Alcoholics Anonymous World Services, Inc.
17 de MARZO
FORMAS MISTERIOSAS
… toda época de aflicción y sufrimiento, cuando la mano de Dios le parecía pesada e incluso injusta, ha resultado ser una ocasión de aprender nuevas lecciones para la vida, de descubrir nuevas fuentes de valor, y que, última e inevitablemente, le llegó la convicción de que, al obrar sus milagros, “los caminos de Dios sí son inescrutables”.
— DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 102
Después de perder mi carrera, mi familia y la salud, todavía no me convencía de que mi manera de vivir necesitaba una revisión. Creía que estaba destinada a morir sola y que lo merecía. En la cima de mi desesperación, mi niñito de corta edad se enfermó gravemente con una rara enfermedad. Los esfuerzos de los doctores fueron infructuosos. Yo redoblé mis esfuerzos para amortiguar mis sentimientos pero el alcohol ya había dejado de surtir su efecto. Quedé sola mirando fijamente a los ojos de Dios, suplicando su ayuda. A los pocos días, por una extraña concatenación de coincidencias, tuve mi primer contacto con A.A. y desde entonces he permanecido sobria. Mi hijo vive y está mejorando. Todo el episodio me convenció de mi impotencia y de lo inmanejable que era mi vida. Hoy, mi hijo y yo estamos agradecidos a Dios por Su intervención.
Del libro Reflexiones diarias
Copyright © 1991 by Alcoholics Anonymous World Services, Inc.
17 de Marzo
Pensamiento del Día
A.A. también nos ayuda a conservar la sobriedad. Por medio de reuniones regulares para que podamos tener por compañeros a otros alcohólicos que han llegado atravesando la misma puerta del muro, estimulándonos a referir el historial de nuestras propias tristes experiencias con el alcoholo, y enseñándonos cómo ayudar a otros alcohólicos, A.A. nos conserva sobrios. Nuestra actitud hacia la vida, antes orgullosa y egoísta, se vuelve humilde y agradecida. – “¿Voy yo a retroceder a través de aquella puerta en el muro y volver a mi vieja vida de impotencia, desesperación y borrachera?”.
Meditación del Día
Hay que retirarse a la calma de la comunión con Dios. Hay que reposar en esa tranquilidad y paz. Cuando el alma encuentra en Dios su hogar de descanso, es cuando comienza la vida verdadera. Solamente cuando se está tranquilo y sereno se puede hacer una buena labor. Los trastornos emocionales paralizan. La vida eterna es calma, y cuando un hombre entre en ella, es cuando vive como un ser eterno. La calma está basada en la absoluta confianza en Dios. Nada en este mundo puede apartarlo del amor de Dios.
Oración del Día
Ruego poder soportar el mundo como un traje cómodo. Pido poder mantenerme sereno en el interior de mí mismo.
(Veinticuatro Horas al Día, Copyright ©1976, Hazelden Foundation, All Rights Reserved, Under Pan American Convention, con permiso de AAWS)
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Pensamiento del Día
A.A. también nos ayuda a conservar la sobriedad. Por medio de reuniones regulares para que podamos tener por compañeros a otros alcohólicos que han llegado atravesando la misma puerta del muro, estimulándonos a referir el historial de nuestras propias tristes experiencias con el alcoholo, y enseñándonos cómo ayudar a otros alcohólicos, A.A. nos conserva sobrios. Nuestra actitud hacia la vida, antes orgullosa y egoísta, se vuelve humilde y agradecida. – “¿Voy yo a retroceder a través de aquella puerta en el muro y volver a mi vieja vida de impotencia, desesperación y borrachera?”.
Meditación del Día
Hay que retirarse a la calma de la comunión con Dios. Hay que reposar en esa tranquilidad y paz. Cuando el alma encuentra en Dios su hogar de descanso, es cuando comienza la vida verdadera. Solamente cuando se está tranquilo y sereno se puede hacer una buena labor. Los trastornos emocionales paralizan. La vida eterna es calma, y cuando un hombre entre en ella, es cuando vive como un ser eterno. La calma está basada en la absoluta confianza en Dios. Nada en este mundo puede apartarlo del amor de Dios.
Oración del Día
Ruego poder soportar el mundo como un traje cómodo. Pido poder mantenerme sereno en el interior de mí mismo.
(Veinticuatro Horas al Día, Copyright ©1976, Hazelden Foundation, All Rights Reserved, Under Pan American Convention, con permiso de AAWS)
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Experiencia DiariaNecesidad de Unidad
17 de marzo de 2026
Soy Carmen y soy alcohólica.
Hoy quiero compartir algo sobre el tema de la unidad, un sentimiento del ser humano desde el punto de vista con que cada uno lo vea o lo sienta.
Unidad no es el hecho de vivir juntos o trabajar juntos. Es un sentimiento que vamos conociendo mientras dejamos la bebida alcohólica, pues entre los compañeros del grupo encontramos ese aliento de vida y caridad que nos motiva a hacer los servicios por el grupo.
Además, se trata de compartir las penas y el dolor de los demás, así como de colaborar con las necesidades para mantener el grupo. Que los compañeros sientan que lo que haces por ellos es con voluntad y amor, y que tú sientas la necesidad de transmitir el mensaje junto con tu grupo. Entonces, con verdadero amor vas a sentir la verdadera unidad que te hace sentir vivo.
Carmen R.
Tabasco Chontalpa
Plenitud AA es una publicación de Central Mexicana de Servicios Generales de Alcohólicos Anónimos, A.C.
#plenitud #experienciasdiarias #AlcohólicosAnónimos
Cita Diaria con La Viña Marzo 17
“El valor de la vida”. BLYTHE, CALIFORNIA, JUNIO DE 2005. De Sobriedad emocional
“Cuando las sombras de mi pasado salieron a la luz, agradecí el ‘plan de vida’ que constituyen los Doce Pasos. Me ayuda a lidiar con el estupor de quién era, con la persona que soy y con la que quiero ser”.“El valor de la vida”. BLYTHE, CALIFORNIA, JUNIO DE 2005. De Sobriedad emocional