Un Curso de Milagros
Capítulo 9. La aceptación de la Expiación
V. El sanador no sanado
1. El plan de perdón del ego se utiliza mucho más que el de Dios. ²Esto se debe a que lo ponen en práctica sanadores que no han sanado, y por lo tanto, pertenece al ámbito del ego. ³Consideremos ahora con más detenimiento al sanador no sanado. ⁴Por definición, está tratando de dar lo que no ha recibido. ⁵Si un sanador no sanado es un teólogo, por ejemplo, puede que parta de la premisa: “Soy un miserable pecador y eso es lo que eres tú también”. ⁶Si es un psicoterapeuta, es más probable que parta de la creencia igualmente absurda de que el ataque es real tanto para él como para su paciente, pero que eso es algo que a ninguno de los dos debiera importar.
2. He dicho repetidamente que las creencias del ego no se pueden compartir, y ésa es la razón de que sean irreales. ²¿Cómo puede ser, entonces, que “ponerlas al descubierto” las haga cobrar realidad? ³Todo sanador que busca la verdad en fantasías aún no ha sanado, pues no sabe dónde buscarla y, por lo tanto, no dispone de la solución al problema de cómo sanar.
3. La única ventaja de traer las pesadillas a la conciencia es poder mostrar que no son reales y que su contenido no significa nada. ²El sanador no sanado no puede hacer eso porque no lo cree. ³Todos los sanadores no sanados siguen de una u otra forma el plan de perdón del ego. ⁴Si son teólogos probablemente se condenan a sí mismos, enseñan a condenar y propugnan una solución temible. ⁵Al proyectar la condenación sobre Dios, hacen que Éste parezca vengativo y temen Su justo castigo. ⁶Lo único que han hecho ha sido identificarse con el ego, y al percibir lo que éste hace, se condenan a sí mismos debido a esta confusión de identidad. ⁷Es comprensible que muchos se hayan rebelado contra este concepto, pero rebelarse contra él indica que aún siguen creyendo en él.
4. Algunas de las modalidades más recientes del plan del ego son tan inútiles como las más antiguas, pues la forma en que se manifiestan es irrelevante y el contenido sigue siendo el mismo. ²En una de estas nuevas modalidades, por ejemplo, un psicoterapeuta puede interpretar los símbolos del ego que han aparecido en una pesadilla y luego valerse de ellos para probar que la pesadilla es real. ³Habiéndole otorgado “realidad”, intenta entonces desvanecer sus efectos menospreciando la importancia del soñador. ⁴Este sería un enfoque curativo siempre que también se considerara al soñador como irreal. ⁵Mas si se equipara al soñador con la mente, se niega el poder correctivo de que goza la mente a través del Espíritu Santo. ⁶Esto es una contradicción, incluso desde la perspectiva del ego, contradicción que a éste, aun en su confusión, por lo general no se le escapa.
5. Si la manera de contrarrestar el miedo es reduciendo la importancia de la mente, ¿de qué manera puede esto fortalecer al ego? ²Tales obvias incongruencias explican por qué nadie ha sido capaz todavía de explicar lo que realmente ocurre en la psicoterapia. ³En realidad no ocurre nada. ⁴Nada real le ha sucedido al sanador no sanado, y éste no puede sino aprender de lo que él mismo enseña. ⁵Su ego siempre tratará de sacar provecho de la situación. ⁶El sanador no sanado no sabe, por lo tanto, cómo dar y, consecuentemente, no puede compartir. ⁷No puede corregir porque no está actuando de forma que facilite la corrección. ⁸Cree que es a él a quien corresponde enseñarle al paciente lo que es real, a pesar de que él mismo no lo sabe.
6. ¿Qué se debe hacer entonces? ²Cuando Dios dijo: “Hágase la luz”, la luz se hizo. ³¿Puedes acaso encontrar luz analizando la obscuridad, tal como hace el psicoterapeuta o reconociendo la obscuridad en ti mismo—tal como hace el teólogo—y buscando una luz distante que la disipe al mismo tiempo que enfatizas lo lejos que está? ⁴La curación no es un misterio. ⁵Nada puede cambiar a menos que se entienda, ya que la luz es entendimiento.
Capítulo 9. La aceptación de la Expiación
V. El sanador no sanado
1. El plan de perdón del ego se utiliza mucho más que el de Dios. ²Esto se debe a que lo ponen en práctica sanadores que no han sanado, y por lo tanto, pertenece al ámbito del ego. ³Consideremos ahora con más detenimiento al sanador no sanado. ⁴Por definición, está tratando de dar lo que no ha recibido. ⁵Si un sanador no sanado es un teólogo, por ejemplo, puede que parta de la premisa: “Soy un miserable pecador y eso es lo que eres tú también”. ⁶Si es un psicoterapeuta, es más probable que parta de la creencia igualmente absurda de que el ataque es real tanto para él como para su paciente, pero que eso es algo que a ninguno de los dos debiera importar.
2. He dicho repetidamente que las creencias del ego no se pueden compartir, y ésa es la razón de que sean irreales. ²¿Cómo puede ser, entonces, que “ponerlas al descubierto” las haga cobrar realidad? ³Todo sanador que busca la verdad en fantasías aún no ha sanado, pues no sabe dónde buscarla y, por lo tanto, no dispone de la solución al problema de cómo sanar.
3. La única ventaja de traer las pesadillas a la conciencia es poder mostrar que no son reales y que su contenido no significa nada. ²El sanador no sanado no puede hacer eso porque no lo cree. ³Todos los sanadores no sanados siguen de una u otra forma el plan de perdón del ego. ⁴Si son teólogos probablemente se condenan a sí mismos, enseñan a condenar y propugnan una solución temible. ⁵Al proyectar la condenación sobre Dios, hacen que Éste parezca vengativo y temen Su justo castigo. ⁶Lo único que han hecho ha sido identificarse con el ego, y al percibir lo que éste hace, se condenan a sí mismos debido a esta confusión de identidad. ⁷Es comprensible que muchos se hayan rebelado contra este concepto, pero rebelarse contra él indica que aún siguen creyendo en él.
4. Algunas de las modalidades más recientes del plan del ego son tan inútiles como las más antiguas, pues la forma en que se manifiestan es irrelevante y el contenido sigue siendo el mismo. ²En una de estas nuevas modalidades, por ejemplo, un psicoterapeuta puede interpretar los símbolos del ego que han aparecido en una pesadilla y luego valerse de ellos para probar que la pesadilla es real. ³Habiéndole otorgado “realidad”, intenta entonces desvanecer sus efectos menospreciando la importancia del soñador. ⁴Este sería un enfoque curativo siempre que también se considerara al soñador como irreal. ⁵Mas si se equipara al soñador con la mente, se niega el poder correctivo de que goza la mente a través del Espíritu Santo. ⁶Esto es una contradicción, incluso desde la perspectiva del ego, contradicción que a éste, aun en su confusión, por lo general no se le escapa.
5. Si la manera de contrarrestar el miedo es reduciendo la importancia de la mente, ¿de qué manera puede esto fortalecer al ego? ²Tales obvias incongruencias explican por qué nadie ha sido capaz todavía de explicar lo que realmente ocurre en la psicoterapia. ³En realidad no ocurre nada. ⁴Nada real le ha sucedido al sanador no sanado, y éste no puede sino aprender de lo que él mismo enseña. ⁵Su ego siempre tratará de sacar provecho de la situación. ⁶El sanador no sanado no sabe, por lo tanto, cómo dar y, consecuentemente, no puede compartir. ⁷No puede corregir porque no está actuando de forma que facilite la corrección. ⁸Cree que es a él a quien corresponde enseñarle al paciente lo que es real, a pesar de que él mismo no lo sabe.
6. ¿Qué se debe hacer entonces? ²Cuando Dios dijo: “Hágase la luz”, la luz se hizo. ³¿Puedes acaso encontrar luz analizando la obscuridad, tal como hace el psicoterapeuta o reconociendo la obscuridad en ti mismo—tal como hace el teólogo—y buscando una luz distante que la disipe al mismo tiempo que enfatizas lo lejos que está? ⁴La curación no es un misterio. ⁵Nada puede cambiar a menos que se entienda, ya que la luz es entendimiento.
⁶Un “miserable pecador” no puede curar sin la ayuda de la magia ni tampoco puede una “mente insignificante” apreciarse a sí misma sin esa misma clase de ayuda.
7. Ambas formas del enfoque del ego te llevarán forzosamente a un callejón sin salida, la típica “situación imposible” a la que el ego siempre conduce. ²Tal vez sea una ayuda para alguien el que se le indique hacia dónde se está encaminando, pero de poco le sirve si no se le ayuda además a cambiar de rumbo. ³El sanador no sanado no puede hacer eso por él, puesto que no lo puede hacer para sí mismo. ⁴La única aportación significativa que el sanador puede hacer es presentarle un ejemplo de alguien a quien se le cambió de rumbo y que ya no cree en pesadillas de ninguna clase. ⁵La luz en su mente, por lo tanto, responderá al que pregunta, que tiene que decidir con Dios que sí hay luz porque la ve. ⁶Y mediante este reconocimiento el sanador sabe que la luz está ahí. ⁷Así es como la percepción finalmente se transforma en Conocimiento. ⁸El obrador de milagros comienza percibiendo la luz, y transforma su percepción en certeza al extenderla continuamente y al aceptar el reconocimiento que le ofrece. ⁹Los efectos de la luz le confirman que ésta se encuentra ahí.
8. Un terapeuta no cura, sino que deja que la curación ocurra espontáneamente. ²Puede señalar la obscuridad, pero no puede traer luz por su cuenta, pues la luz no es de él. ³No obstante, al ser para él, tiene que ser también para su paciente. ⁴El Espíritu Santo es el único Terapeuta. ⁵Él hace que la curación sea evidente en cualquier situación en la que Él es el Guía. ⁶Lo único que puedes hacer es dejar que Él desempeñe Su función. ⁷No necesita ayuda para llevarla a cabo. ⁸Te dirá exactamente lo que tienes que hacer para ayudar a todo aquel que Él te envíe en busca de ayuda, y le hablará a través de ti si tú no interfieres. ⁹Recuerda que eres tú el que elige el guía que ha de prestar la ayuda, y que una elección equivocada no constituirá ninguna ayuda. ¹⁰Pero recuerda asimismo que la elección correcta sí lo será. ¹¹Confía en Él, pues ayudar es Su función, y Él es de Dios. ¹²A medida que despiertes otras mentes al Espíritu Santo a través de Él, y no a través de ti, te darás cuenta de que no estás obedeciendo las leyes de este mundo. ¹³Sólo las leyes que estás obedeciendo dan resultado. ¹⁴”Lo bueno es lo que da resultado” es una afirmación acertada, pero incompleta. ¹⁵Sólo lo bueno puede dar resultado. ¹⁶Nada más puede hacerlo.
9. Este curso ofrece un marco de enseñanza muy claro y muy simple, y te provee de un Guía que te dice lo que debes hacer. ²Si le obedeces, verás que lo que Él te dice es lo que da resultado. ³Los resultados que se derivan de seguir Su dirección son más convincentes que Sus palabras. ⁴Te demostrarán que las palabras son ciertas. ⁵Siguiendo al Guía adecuado, aprenderás la más simple de todas las lecciones:
⁶Por sus frutos los conoceréis, y ellos se conocerán así mismos.
7. Ambas formas del enfoque del ego te llevarán forzosamente a un callejón sin salida, la típica “situación imposible” a la que el ego siempre conduce. ²Tal vez sea una ayuda para alguien el que se le indique hacia dónde se está encaminando, pero de poco le sirve si no se le ayuda además a cambiar de rumbo. ³El sanador no sanado no puede hacer eso por él, puesto que no lo puede hacer para sí mismo. ⁴La única aportación significativa que el sanador puede hacer es presentarle un ejemplo de alguien a quien se le cambió de rumbo y que ya no cree en pesadillas de ninguna clase. ⁵La luz en su mente, por lo tanto, responderá al que pregunta, que tiene que decidir con Dios que sí hay luz porque la ve. ⁶Y mediante este reconocimiento el sanador sabe que la luz está ahí. ⁷Así es como la percepción finalmente se transforma en Conocimiento. ⁸El obrador de milagros comienza percibiendo la luz, y transforma su percepción en certeza al extenderla continuamente y al aceptar el reconocimiento que le ofrece. ⁹Los efectos de la luz le confirman que ésta se encuentra ahí.
8. Un terapeuta no cura, sino que deja que la curación ocurra espontáneamente. ²Puede señalar la obscuridad, pero no puede traer luz por su cuenta, pues la luz no es de él. ³No obstante, al ser para él, tiene que ser también para su paciente. ⁴El Espíritu Santo es el único Terapeuta. ⁵Él hace que la curación sea evidente en cualquier situación en la que Él es el Guía. ⁶Lo único que puedes hacer es dejar que Él desempeñe Su función. ⁷No necesita ayuda para llevarla a cabo. ⁸Te dirá exactamente lo que tienes que hacer para ayudar a todo aquel que Él te envíe en busca de ayuda, y le hablará a través de ti si tú no interfieres. ⁹Recuerda que eres tú el que elige el guía que ha de prestar la ayuda, y que una elección equivocada no constituirá ninguna ayuda. ¹⁰Pero recuerda asimismo que la elección correcta sí lo será. ¹¹Confía en Él, pues ayudar es Su función, y Él es de Dios. ¹²A medida que despiertes otras mentes al Espíritu Santo a través de Él, y no a través de ti, te darás cuenta de que no estás obedeciendo las leyes de este mundo. ¹³Sólo las leyes que estás obedeciendo dan resultado. ¹⁴”Lo bueno es lo que da resultado” es una afirmación acertada, pero incompleta. ¹⁵Sólo lo bueno puede dar resultado. ¹⁶Nada más puede hacerlo.
9. Este curso ofrece un marco de enseñanza muy claro y muy simple, y te provee de un Guía que te dice lo que debes hacer. ²Si le obedeces, verás que lo que Él te dice es lo que da resultado. ³Los resultados que se derivan de seguir Su dirección son más convincentes que Sus palabras. ⁴Te demostrarán que las palabras son ciertas. ⁵Siguiendo al Guía adecuado, aprenderás la más simple de todas las lecciones:
⁶Por sus frutos los conoceréis, y ellos se conocerán así mismos.
Un Curso de Milagros
Capítulo 9. La aceptación de la Expiación
VI. La aceptación de tu hermano
1. ¿Cómo puedes hacerte cada vez más consciente del Espíritu Santo en ti sino mediante los efectos que Él produce? ²No puedes verle con tus ojos ni oírle con tus oídos. ³¿Cómo puedes, entonces, percibirle en absoluto? ⁴Si inspiras alegría, y otros reaccionan ante ti con alegría, es que debe haber algo en ti capaz de suscitarla aunque tú mismo no la estés experimentando. ⁵Por lo tanto, si se encuentra en ti y puede suscitar alegría, y ves que ciertamente la suscita en otros, es que estás separándote de ello dentro de ti.
2. Te parece que el Espíritu Santo no suscita alegría de manera consistente en ti, debido únicamente a que tú no suscitas alegría de manera consistente en otros. ²Evalúas la consistencia del Espíritu Santo basándote en las reacciones de tus hermanos ante ti. ³Cuando eres inconsistente no siempre produces alegría, y así no siempre reconoces Su consistencia. ⁴Lo que le ofreces a tu hermano se lo ofreces a Él porque lo que Él da no puede exceder tu ofrecimiento. ⁵Esto no se debe a que Él ponga límites en lo que da, sino simplemente a que tú has puesto límites en lo que puedes recibir. ⁶La decisión de recibir es la decisión de aceptar.
3. Si tus hermanos forman parte de ti, ¿por qué no los ibas a aceptar? ²Sólo ellos pueden enseñarte lo que eres, pues lo que aprendes es el resultado de lo que les enseñaste. ³Lo que invocas en ellos lo invocas en ti. ⁴Y al invocarlo en ellos cobra realidad para ti. ⁵Dios no tiene más que un Hijo, y los conoce a todos cual uno solo. ⁶Únicamente Dios es más que ellos, pero ellos no son menos que Él. ⁷¿Quieres saber lo que esto significa? ⁸Si lo que le haces a mi hermano me lo haces a mí, y si todo lo que haces te lo haces a ti mismo porque todos somos parte de ti, todo lo que nosotros hacemos es para ti también. ⁹Todo aquel que Dios creó forma parte de ti y comparte Su Gloria contigo. ¹⁰Su Gloria le pertenece a Él, pero te pertenece igualmente a ti. ¹¹No puedes, por lo tanto, ser menos glorioso que Él.
4. Dios es más que tú únicamente porque te creó, pero ni siquiera la capacidad de crear se reservó sólo para Sí. ²Puedes, por lo tanto, crear tal como Él lo hizo y tu disociación no puede alterar eso. ³Ni la Luz de Dios ni la tuya se atenúan por el hecho de que tú no veas. ⁴Puesto que la Filiación sólo puede crear como una sola entidad, recuerdas a toda la Creación cada vez que reconoces parte de Ella. ⁵Cada parte que recuerdas contribuye a tu plenitud porque cada parte es plena. ⁶La plenitud es indivisible, pero no puedes saber de la plenitud que gozas hasta que la veas por todas partes. ⁷Sólo puedes conocerte tal como Dios conoce a Su Hijo, pues el Conocimiento se comparte con Dios. ⁸Cuando despiertes en Él conocerás tu grandeza al aceptar que Su Infinitud te pertenece. ⁹Pero mientras tanto, juzgarás tu grandeza tal como juzgues la de tu hermano, y la aceptarás al aceptar la suya.
5. Todavía no estás despierto, pero puedes aprender a despertar. ²El Espíritu Santo te enseña a despertar a otros de una manera muy simple. ³A medida que los veas despertar aprenderás lo que significa despertar, y puesto que has elegido despertarlos, su gratitud y aprecio por lo que les has dado te mostrará el valor de despertar. ⁴Ellos se convertirán en los testigos de tu realidad, tal como tú fuiste creado testigo de la de Dios. ⁵Mas cuando la Filiación se unifique y acepte su Unicidad se la conocerá por sus creaciones, las cuales dan testimonio de su realidad del mismo modo en que el Hijo da testimonio del Padre.
6. Los milagros no tienen cabida en la eternidad porque son reparadores. ²Sin embargo, mientras aún necesites curación, tus milagros son los únicos testigos de tu realidad que puedes reconocer. ³No puedes obrar un milagro para ti mismo porque los milagros son una forma de dar aceptación y de recibirla. ⁴En el tiempo, dar ocurre primero, pero en la eternidad, donde no pueden estar separados, dar y recibir ocurren simultáneamente.
Capítulo 9. La aceptación de la Expiación
VI. La aceptación de tu hermano
1. ¿Cómo puedes hacerte cada vez más consciente del Espíritu Santo en ti sino mediante los efectos que Él produce? ²No puedes verle con tus ojos ni oírle con tus oídos. ³¿Cómo puedes, entonces, percibirle en absoluto? ⁴Si inspiras alegría, y otros reaccionan ante ti con alegría, es que debe haber algo en ti capaz de suscitarla aunque tú mismo no la estés experimentando. ⁵Por lo tanto, si se encuentra en ti y puede suscitar alegría, y ves que ciertamente la suscita en otros, es que estás separándote de ello dentro de ti.
2. Te parece que el Espíritu Santo no suscita alegría de manera consistente en ti, debido únicamente a que tú no suscitas alegría de manera consistente en otros. ²Evalúas la consistencia del Espíritu Santo basándote en las reacciones de tus hermanos ante ti. ³Cuando eres inconsistente no siempre produces alegría, y así no siempre reconoces Su consistencia. ⁴Lo que le ofreces a tu hermano se lo ofreces a Él porque lo que Él da no puede exceder tu ofrecimiento. ⁵Esto no se debe a que Él ponga límites en lo que da, sino simplemente a que tú has puesto límites en lo que puedes recibir. ⁶La decisión de recibir es la decisión de aceptar.
3. Si tus hermanos forman parte de ti, ¿por qué no los ibas a aceptar? ²Sólo ellos pueden enseñarte lo que eres, pues lo que aprendes es el resultado de lo que les enseñaste. ³Lo que invocas en ellos lo invocas en ti. ⁴Y al invocarlo en ellos cobra realidad para ti. ⁵Dios no tiene más que un Hijo, y los conoce a todos cual uno solo. ⁶Únicamente Dios es más que ellos, pero ellos no son menos que Él. ⁷¿Quieres saber lo que esto significa? ⁸Si lo que le haces a mi hermano me lo haces a mí, y si todo lo que haces te lo haces a ti mismo porque todos somos parte de ti, todo lo que nosotros hacemos es para ti también. ⁹Todo aquel que Dios creó forma parte de ti y comparte Su Gloria contigo. ¹⁰Su Gloria le pertenece a Él, pero te pertenece igualmente a ti. ¹¹No puedes, por lo tanto, ser menos glorioso que Él.
4. Dios es más que tú únicamente porque te creó, pero ni siquiera la capacidad de crear se reservó sólo para Sí. ²Puedes, por lo tanto, crear tal como Él lo hizo y tu disociación no puede alterar eso. ³Ni la Luz de Dios ni la tuya se atenúan por el hecho de que tú no veas. ⁴Puesto que la Filiación sólo puede crear como una sola entidad, recuerdas a toda la Creación cada vez que reconoces parte de Ella. ⁵Cada parte que recuerdas contribuye a tu plenitud porque cada parte es plena. ⁶La plenitud es indivisible, pero no puedes saber de la plenitud que gozas hasta que la veas por todas partes. ⁷Sólo puedes conocerte tal como Dios conoce a Su Hijo, pues el Conocimiento se comparte con Dios. ⁸Cuando despiertes en Él conocerás tu grandeza al aceptar que Su Infinitud te pertenece. ⁹Pero mientras tanto, juzgarás tu grandeza tal como juzgues la de tu hermano, y la aceptarás al aceptar la suya.
5. Todavía no estás despierto, pero puedes aprender a despertar. ²El Espíritu Santo te enseña a despertar a otros de una manera muy simple. ³A medida que los veas despertar aprenderás lo que significa despertar, y puesto que has elegido despertarlos, su gratitud y aprecio por lo que les has dado te mostrará el valor de despertar. ⁴Ellos se convertirán en los testigos de tu realidad, tal como tú fuiste creado testigo de la de Dios. ⁵Mas cuando la Filiación se unifique y acepte su Unicidad se la conocerá por sus creaciones, las cuales dan testimonio de su realidad del mismo modo en que el Hijo da testimonio del Padre.
6. Los milagros no tienen cabida en la eternidad porque son reparadores. ²Sin embargo, mientras aún necesites curación, tus milagros son los únicos testigos de tu realidad que puedes reconocer. ³No puedes obrar un milagro para ti mismo porque los milagros son una forma de dar aceptación y de recibirla. ⁴En el tiempo, dar ocurre primero, pero en la eternidad, donde no pueden estar separados, dar y recibir ocurren simultáneamente.
⁵Cuando hayas aprendido que dar es lo mismo que recibir, ya no habrá necesidad de tiempo.
7. La eternidad es un solo tiempo, y su única dimensión es “siempre”. ²Esto no tendrá ningún sentido para ti hasta que no recuerdes los Brazos abiertos de Dios, y finalmente conozcas Su Mente receptiva. ³Al igual que Él, tú existes “siempre”; en Su Mente y con una mente como la Suya. ⁴Tus creaciones se encuentran en tu mente receptiva en perfecta comunicación, nacida de un perfecto entendimiento. ⁵Sólo con que aceptaras una de ellas ya no desearías nada de lo que el mundo ofrece. ⁶Todo lo demás no significaría nada para ti. ⁷El Significado de Dios está incompleto sin ti y tú estás incompleto sin tus creaciones. ⁸Acepta a tu hermano en este mundo y no aceptes nada más, pues en él encontrarás tus creaciones toda vez que él las creó contigo. ⁹No sabrás que eres un co-creador con Dios hasta que no aprendas que tu hermano es un co-creador contigo.
7. La eternidad es un solo tiempo, y su única dimensión es “siempre”. ²Esto no tendrá ningún sentido para ti hasta que no recuerdes los Brazos abiertos de Dios, y finalmente conozcas Su Mente receptiva. ³Al igual que Él, tú existes “siempre”; en Su Mente y con una mente como la Suya. ⁴Tus creaciones se encuentran en tu mente receptiva en perfecta comunicación, nacida de un perfecto entendimiento. ⁵Sólo con que aceptaras una de ellas ya no desearías nada de lo que el mundo ofrece. ⁶Todo lo demás no significaría nada para ti. ⁷El Significado de Dios está incompleto sin ti y tú estás incompleto sin tus creaciones. ⁸Acepta a tu hermano en este mundo y no aceptes nada más, pues en él encontrarás tus creaciones toda vez que él las creó contigo. ⁹No sabrás que eres un co-creador con Dios hasta que no aprendas que tu hermano es un co-creador contigo.
Un Curso de Milagros
Capítulo 9. La aceptación de la Expiación
VII. Las dos evaluaciones
1. La Voluntad de Dios es que tú encuentres la salvación. ²¿Cómo, entonces, no te iba a haber proporcionado los medios para encontrarla? ³Si Su Voluntad es que te salves, tiene que haber dispuesto que alcanzar la salvación fuese posible y fácil. ⁴Tienes hermanos por todas partes. ⁵No tienes que buscar la salvación en parajes remotos. ⁶Cada minuto y cada segundo te brinda una oportunidad más para salvarte. ⁷No dejes pasar esas oportunidades, no porque no vayan a repetirse, sino porque demorar la dicha es innecesario. ⁸La Voluntad de Dios es que seas completamente feliz ahora. ⁹¿Cómo podría ser que ésa no fuera también tu voluntad? ¹⁰¿Y sería posible asimismo que ésa no fuera también la voluntad de tus hermanos?
2. Ten presente, pues, que sólo en esa voluntad conjunta y sólo en ella, os encontráis unidos. ²Podrá haber desacuerdo en todo lo demás, pero no en esto. ³Ahí, pues, es donde mora la paz. ⁴Y tú moras en paz cuando así lo decides. ⁵Pero no puedes morar en paz a menos que aceptes la Expiación porque la Expiación es el camino que conduce a la paz. ⁶La razón es muy simple, y tan obvia que a menudo se pasa por alto. ⁷El ego le tiene miedo a lo obvio porque lo obvio es la característica esencial de la realidad. ⁸No obstante, tú no puedes pasarla por alto a menos que no estés mirando.
3. Es perfectamente obvio que si el Espíritu Santo contempla con amor todo lo que percibe, también te contempla a ti con amor. ²La evaluación que hace de ti se basa en Su conocimiento de lo que eres y es, por lo tanto, una evaluación correcta. ³Y esta evaluación tiene que estar en tu mente porque Él lo está. ⁴El ego está también en tu mente porque aceptaste que estuviese ahí. ⁵La evaluación que él hace de ti, no obstante, es exactamente la opuesta a la del Espíritu Santo, pues el ego no te ama. ⁶No es consciente de lo que eres, y debido a que sus percepciones son tan variables desconfía totalmente de todo lo que percibe. ⁷El ego, por lo tanto, es capaz de ser desconfiado en el mejor de los casos, y cruel en el peor. ⁸Ésa es la gama de sus posibilidades. ⁹No puede excederla debido a su incertidumbre. ¹⁰Y no puede ir más allá de ella porque nunca puede estar seguro de nada.
4. Tienes, pues, dos evaluaciones conflictivas de ti mismo en tu mente y ambas no pueden ser ciertas. ²Todavía no te has dado cuenta de cuán extremadamente diferentes son porque no entiendes cuán elevada es realmente la percepción que el Espíritu Santo tiene de ti. ³El Espíritu Santo no se engaña con respecto a nada de lo que haces porque nunca se olvida de lo que eres. ⁴El ego se engaña con respecto a todo lo que haces, especialmente cuando respondes al Espíritu Santo, ya que en esos momentos su confusión aumenta. ⁵Es muy probable, pues, que el ego te ataque cuando reaccionas amorosamente, puesto que te ha evaluado como incapaz de ser amoroso y estás contradiciendo su juicio. ⁶El ego atacará tus motivos tan pronto como éstos dejen de estar claramente de acuerdo con la percepción que tiene de ti. ⁷En ese caso es cuando pasa súbitamente de la sospecha a la perversidad, ya que su incertidumbre habrá aumentado. ⁸Es evidente, no obstante, que no tiene objeto devolverle el ataque, ⁹pues ¿qué podría significar eso sino que estás de acuerdo con su evaluación acerca de lo que eres?
5. Si eliges considerarte a ti mismo como incapaz de ser amoroso no podrás ser feliz. ²Te estarás autocondenando y no podrás por menos que considerarte inadecuado. ³¿Acudirías entonces al ego para que te ayude a escapar de la sensación de insuficiencia que él mismo ha provocado y que tiene que preservar para proteger su existencia? ⁴¿Cómo ibas a poder escapar de su evaluación de ti valiéndote de los mismos métodos que él utiliza para conservar esa imagen intacta?
Capítulo 9. La aceptación de la Expiación
VII. Las dos evaluaciones
1. La Voluntad de Dios es que tú encuentres la salvación. ²¿Cómo, entonces, no te iba a haber proporcionado los medios para encontrarla? ³Si Su Voluntad es que te salves, tiene que haber dispuesto que alcanzar la salvación fuese posible y fácil. ⁴Tienes hermanos por todas partes. ⁵No tienes que buscar la salvación en parajes remotos. ⁶Cada minuto y cada segundo te brinda una oportunidad más para salvarte. ⁷No dejes pasar esas oportunidades, no porque no vayan a repetirse, sino porque demorar la dicha es innecesario. ⁸La Voluntad de Dios es que seas completamente feliz ahora. ⁹¿Cómo podría ser que ésa no fuera también tu voluntad? ¹⁰¿Y sería posible asimismo que ésa no fuera también la voluntad de tus hermanos?
2. Ten presente, pues, que sólo en esa voluntad conjunta y sólo en ella, os encontráis unidos. ²Podrá haber desacuerdo en todo lo demás, pero no en esto. ³Ahí, pues, es donde mora la paz. ⁴Y tú moras en paz cuando así lo decides. ⁵Pero no puedes morar en paz a menos que aceptes la Expiación porque la Expiación es el camino que conduce a la paz. ⁶La razón es muy simple, y tan obvia que a menudo se pasa por alto. ⁷El ego le tiene miedo a lo obvio porque lo obvio es la característica esencial de la realidad. ⁸No obstante, tú no puedes pasarla por alto a menos que no estés mirando.
3. Es perfectamente obvio que si el Espíritu Santo contempla con amor todo lo que percibe, también te contempla a ti con amor. ²La evaluación que hace de ti se basa en Su conocimiento de lo que eres y es, por lo tanto, una evaluación correcta. ³Y esta evaluación tiene que estar en tu mente porque Él lo está. ⁴El ego está también en tu mente porque aceptaste que estuviese ahí. ⁵La evaluación que él hace de ti, no obstante, es exactamente la opuesta a la del Espíritu Santo, pues el ego no te ama. ⁶No es consciente de lo que eres, y debido a que sus percepciones son tan variables desconfía totalmente de todo lo que percibe. ⁷El ego, por lo tanto, es capaz de ser desconfiado en el mejor de los casos, y cruel en el peor. ⁸Ésa es la gama de sus posibilidades. ⁹No puede excederla debido a su incertidumbre. ¹⁰Y no puede ir más allá de ella porque nunca puede estar seguro de nada.
4. Tienes, pues, dos evaluaciones conflictivas de ti mismo en tu mente y ambas no pueden ser ciertas. ²Todavía no te has dado cuenta de cuán extremadamente diferentes son porque no entiendes cuán elevada es realmente la percepción que el Espíritu Santo tiene de ti. ³El Espíritu Santo no se engaña con respecto a nada de lo que haces porque nunca se olvida de lo que eres. ⁴El ego se engaña con respecto a todo lo que haces, especialmente cuando respondes al Espíritu Santo, ya que en esos momentos su confusión aumenta. ⁵Es muy probable, pues, que el ego te ataque cuando reaccionas amorosamente, puesto que te ha evaluado como incapaz de ser amoroso y estás contradiciendo su juicio. ⁶El ego atacará tus motivos tan pronto como éstos dejen de estar claramente de acuerdo con la percepción que tiene de ti. ⁷En ese caso es cuando pasa súbitamente de la sospecha a la perversidad, ya que su incertidumbre habrá aumentado. ⁸Es evidente, no obstante, que no tiene objeto devolverle el ataque, ⁹pues ¿qué podría significar eso sino que estás de acuerdo con su evaluación acerca de lo que eres?
5. Si eliges considerarte a ti mismo como incapaz de ser amoroso no podrás ser feliz. ²Te estarás autocondenando y no podrás por menos que considerarte inadecuado. ³¿Acudirías entonces al ego para que te ayude a escapar de la sensación de insuficiencia que él mismo ha provocado y que tiene que preservar para proteger su existencia? ⁴¿Cómo ibas a poder escapar de su evaluación de ti valiéndote de los mismos métodos que él utiliza para conservar esa imagen intacta?
6. No puedes evaluar un sistema de creencias demente desde su interior. ²Su campo de acción impide esa posibilidad. ³Lo único que puedes hacer es salirte de él, examinarlo desde una perspectiva de cordura y notar la diferencia. ⁴Sólo mediante este contraste puede la demencia ser juzgada como demente. ⁵Aunque dispones de la Grandeza de Dios, has elegido ser insignificante y lamentarte de tu pequeñez. ⁶Dentro del sistema que impuso esta elección, lamentarse es inevitable. ⁷En él tu pequeñez se da por sentada y no te detienes a preguntar: “¿Quién decidió esto?” ⁸La pregunta no tiene ningún sentido dentro del sistema de pensamiento del ego, ya que pondría en entredicho todo el sistema en sí.
7. He dicho que el ego no sabe lo que es una verdadera pregunta. ²La falta de conocimiento, de la clase que sea, está siempre asociada con una renuencia a saber, y esto da lugar a una completa ausencia de conocimiento simplemente porque el Conocimiento es total. ³No cuestionar tu pequeñez, por lo tanto, es negar todo conocimiento y mantener intacto todo el sistema de pensamiento del ego. ⁴No puedes conservar sólo una parte de un sistema de pensamiento, ya que éste únicamente se puede poner en duda cuestionando sus cimientos. ⁵Y esto se debe hacer desde fuera de él porque dentro, sus cimientos se mantienen firmes. ⁶El Espíritu Santo juzga contra la realidad del sistema de pensamiento del ego simplemente porque sabe que sus cimientos son falsos. ⁷Por lo tanto, nada que proceda de él tiene significado alguno. ⁸El Espíritu Santo juzga cualquier creencia que tengas de acuerdo con su procedencia. ⁹Si procede de Dios, sabe que es verdadera. ¹⁰Si no procede de Él, sabe que no significa nada.
8. Siempre que pongas en duda tu valía, di:
²Dios Mismo está incompleto sin mí.
³Recuerda esto cuando el ego te hable y no le oirás. ⁴La verdad acerca de ti es tan sublime que nada que sea indigno de Dios puede ser digno de ti. ⁵Decide, pues, lo que deseas desde este punto de vista y no aceptes nada que no sea digno de ser ofrecido a Dios. ⁶No deseas nada más. ⁷Devuélvele tu parte, y Él te dará la totalidad de Sí Mismo a cambio de la devolución de lo que es Suyo y de lo que le restaura Su Plenitud.
7. He dicho que el ego no sabe lo que es una verdadera pregunta. ²La falta de conocimiento, de la clase que sea, está siempre asociada con una renuencia a saber, y esto da lugar a una completa ausencia de conocimiento simplemente porque el Conocimiento es total. ³No cuestionar tu pequeñez, por lo tanto, es negar todo conocimiento y mantener intacto todo el sistema de pensamiento del ego. ⁴No puedes conservar sólo una parte de un sistema de pensamiento, ya que éste únicamente se puede poner en duda cuestionando sus cimientos. ⁵Y esto se debe hacer desde fuera de él porque dentro, sus cimientos se mantienen firmes. ⁶El Espíritu Santo juzga contra la realidad del sistema de pensamiento del ego simplemente porque sabe que sus cimientos son falsos. ⁷Por lo tanto, nada que proceda de él tiene significado alguno. ⁸El Espíritu Santo juzga cualquier creencia que tengas de acuerdo con su procedencia. ⁹Si procede de Dios, sabe que es verdadera. ¹⁰Si no procede de Él, sabe que no significa nada.
8. Siempre que pongas en duda tu valía, di:
²Dios Mismo está incompleto sin mí.
³Recuerda esto cuando el ego te hable y no le oirás. ⁴La verdad acerca de ti es tan sublime que nada que sea indigno de Dios puede ser digno de ti. ⁵Decide, pues, lo que deseas desde este punto de vista y no aceptes nada que no sea digno de ser ofrecido a Dios. ⁶No deseas nada más. ⁷Devuélvele tu parte, y Él te dará la totalidad de Sí Mismo a cambio de la devolución de lo que es Suyo y de lo que le restaura Su Plenitud.
Un Curso de Milagros
Capítulo 9. La aceptación de la Expiación
VIII. La grandeza en contraposición a la grandiosidad
1. La Grandeza es de Dios y sólo de Él. ²Por lo tanto, se encuentra en ti. ³Siempre que te vuelves consciente de Ella, por vagamente que sea, abandonas al ego automáticamente, ya que en presencia de la Grandeza de Dios la insignificancia del ego resulta perfectamente evidente. ⁴Cuando esto ocurre, el ego cree—a pesar de que no lo entiende—que su “enemigo” lo ha atacado, e intenta ofrecerte regalos para inducirte a que vuelvas a ponerte bajo su “protección”. ⁵El autoengrandecimiento es la única ofrenda que puede hacer. ⁶La grandiosidad del ego es la alternativa que él ofrece a la Grandeza de Dios. ⁷¿Por cuál de estas dos alternativas te vas a decidir?
2. El propósito de la grandiosidad es siempre encubrir la desesperación. ²No hay esperanzas de que pueda hacerlo porque no es real. ³Es un intento de contrarrestar tu sensación de pequeñez, basado en la creencia de que la pequeñez es real. ⁴Sin esta creencia la grandiosidad no tendría sentido y no la desearías en absoluto. ⁵La esencia de la grandiosidad es la competencia porque la grandiosidad siempre implica ataque. ⁶Es un intento ilusorio de eclipsar, pero no de des-hacer. ⁷Dijimos anteriormente que el ego oscila entre la sospecha y la perversidad. ⁸Permanece receloso mientras te desesperes contigo mismo. ⁹Pasa a la perversidad cuando decides no tolerar más tu autodegradación e ir en busca de ayuda. ¹⁰Entonces te ofrece como “solución” la ilusión del ataque.
3. El ego no entiende la diferencia que hay entre la grandeza y la grandiosidad porque no ve la diferencia que hay entre los impulsos milagrosos y las extrañas y egocéntricas creencias que él mismo ha inventado. ²Te dije que el ego es consciente de que su existencia está amenazada, pero no hace distinciones entre estos dos tipos de amenaza tan diferentes. ³Su profunda sensación de vulnerabilidad le impide juzgar, excepto con ataques. ⁴Cuando el ego se siente amenazado, su única elección estriba en si atacar ahora o retirarse y atacar más tarde. ⁵Si aceptas su oferta de grandiosidad atacará inmediatamente. ⁶Si no, esperará.
4. El ego queda inmovilizado en presencia de la Grandeza de Dios porque Su Grandeza establece tu libertad. ²Aun la más leve indicación de tu realidad expulsa literalmente al ego de tu mente ya que deja de interesarte por completo. ³La grandeza está totalmente desprovista de ilusiones y, puesto que es real, es extremadamente convincente. ⁴Mas la convicción de que es real te abandonará a menos que impidas que el ego la ataque. ⁵El ego no escatimará esfuerzo alguno por rehacerse y movilizar sus recursos en contra de tu liberación. ⁶Te dirá que estás loco, y alegará que la grandeza no puede ser realmente parte de ti debido a la pequeñez en la que él cree. ⁷Pero tu grandeza no es ilusoria porque no fue invención tuya. ⁸Inventaste la grandiosidad y le tienes miedo porque es una forma de ataque, pero tu grandeza es de Dios, Quien la creó como expresión de Su Amor.
5. Desde tu grandeza tan sólo puedes bendecir porque tu grandeza es tu abundancia. ²Al bendecir la conservas en tu mente, protegiéndola así de las ilusiones y manteniéndote a ti mismo en la Mente de Dios. ³Recuerda siempre que no puedes estar en ninguna otra parte, excepto en la Mente de Dios. ⁴Cuando te olvidas de esto, te desesperas y atacas.
6. El ego depende exclusivamente de que estés dispuesto a tolerarlo. ²Si estuvieras dispuesto a contemplar tu grandeza no podrías desesperarte y, por ende, no podrías desear al ego. ³Tu grandeza es la Respuesta de Dios al ego porque es verdad. ⁴La pequeñez y la grandeza no pueden coexistir ni tampoco sucederse alternadamente. ⁵La pequeñez y la grandiosidad, por otra parte, no tan sólo pueden, sino que se ven obligadas a alternar, puesto que ninguna de las dos es verdad y se encuentran, por lo tanto, en el mismo nivel. ⁶Al ser ése el nivel de los cambios, se experimenta como un constante alternar, siendo los extremos su característica principal.
Capítulo 9. La aceptación de la Expiación
VIII. La grandeza en contraposición a la grandiosidad
1. La Grandeza es de Dios y sólo de Él. ²Por lo tanto, se encuentra en ti. ³Siempre que te vuelves consciente de Ella, por vagamente que sea, abandonas al ego automáticamente, ya que en presencia de la Grandeza de Dios la insignificancia del ego resulta perfectamente evidente. ⁴Cuando esto ocurre, el ego cree—a pesar de que no lo entiende—que su “enemigo” lo ha atacado, e intenta ofrecerte regalos para inducirte a que vuelvas a ponerte bajo su “protección”. ⁵El autoengrandecimiento es la única ofrenda que puede hacer. ⁶La grandiosidad del ego es la alternativa que él ofrece a la Grandeza de Dios. ⁷¿Por cuál de estas dos alternativas te vas a decidir?
2. El propósito de la grandiosidad es siempre encubrir la desesperación. ²No hay esperanzas de que pueda hacerlo porque no es real. ³Es un intento de contrarrestar tu sensación de pequeñez, basado en la creencia de que la pequeñez es real. ⁴Sin esta creencia la grandiosidad no tendría sentido y no la desearías en absoluto. ⁵La esencia de la grandiosidad es la competencia porque la grandiosidad siempre implica ataque. ⁶Es un intento ilusorio de eclipsar, pero no de des-hacer. ⁷Dijimos anteriormente que el ego oscila entre la sospecha y la perversidad. ⁸Permanece receloso mientras te desesperes contigo mismo. ⁹Pasa a la perversidad cuando decides no tolerar más tu autodegradación e ir en busca de ayuda. ¹⁰Entonces te ofrece como “solución” la ilusión del ataque.
3. El ego no entiende la diferencia que hay entre la grandeza y la grandiosidad porque no ve la diferencia que hay entre los impulsos milagrosos y las extrañas y egocéntricas creencias que él mismo ha inventado. ²Te dije que el ego es consciente de que su existencia está amenazada, pero no hace distinciones entre estos dos tipos de amenaza tan diferentes. ³Su profunda sensación de vulnerabilidad le impide juzgar, excepto con ataques. ⁴Cuando el ego se siente amenazado, su única elección estriba en si atacar ahora o retirarse y atacar más tarde. ⁵Si aceptas su oferta de grandiosidad atacará inmediatamente. ⁶Si no, esperará.
4. El ego queda inmovilizado en presencia de la Grandeza de Dios porque Su Grandeza establece tu libertad. ²Aun la más leve indicación de tu realidad expulsa literalmente al ego de tu mente ya que deja de interesarte por completo. ³La grandeza está totalmente desprovista de ilusiones y, puesto que es real, es extremadamente convincente. ⁴Mas la convicción de que es real te abandonará a menos que impidas que el ego la ataque. ⁵El ego no escatimará esfuerzo alguno por rehacerse y movilizar sus recursos en contra de tu liberación. ⁶Te dirá que estás loco, y alegará que la grandeza no puede ser realmente parte de ti debido a la pequeñez en la que él cree. ⁷Pero tu grandeza no es ilusoria porque no fue invención tuya. ⁸Inventaste la grandiosidad y le tienes miedo porque es una forma de ataque, pero tu grandeza es de Dios, Quien la creó como expresión de Su Amor.
5. Desde tu grandeza tan sólo puedes bendecir porque tu grandeza es tu abundancia. ²Al bendecir la conservas en tu mente, protegiéndola así de las ilusiones y manteniéndote a ti mismo en la Mente de Dios. ³Recuerda siempre que no puedes estar en ninguna otra parte, excepto en la Mente de Dios. ⁴Cuando te olvidas de esto, te desesperas y atacas.
6. El ego depende exclusivamente de que estés dispuesto a tolerarlo. ²Si estuvieras dispuesto a contemplar tu grandeza no podrías desesperarte y, por ende, no podrías desear al ego. ³Tu grandeza es la Respuesta de Dios al ego porque es verdad. ⁴La pequeñez y la grandeza no pueden coexistir ni tampoco sucederse alternadamente. ⁵La pequeñez y la grandiosidad, por otra parte, no tan sólo pueden, sino que se ven obligadas a alternar, puesto que ninguna de las dos es verdad y se encuentran, por lo tanto, en el mismo nivel. ⁶Al ser ése el nivel de los cambios, se experimenta como un constante alternar, siendo los extremos su característica principal.
7. La verdad y la pequeñez se niegan mutuamente porque la grandeza es verdad. ²La verdad no cambia; siempre es verdad. ³Cuando pierdes la conciencia de tu grandeza es que la has reemplazado con algo que tú mismo inventaste. ⁴Quizá con la creencia en la pequeñez; quizá con la creencia en la grandiosidad. ⁵Mas cualquiera de ellas no puede sino ser demente porque no es verdad. ⁶Tu grandeza nunca te engañará, pero tus ilusiones siempre lo harán. ⁷Las ilusiones son engaños. ⁸No puedes triunfar, pero estás exaltado. ⁹Y en tu estado de exaltación buscas a otros que son como tú y te regocijas con ellos.
8. Es fácil distinguir la grandeza de la grandiosidad, pues el amor puede ser correspondido, pero el orgullo no. ²El orgullo no producirá milagros y, de este modo, te privará de los verdaderos testigos de tu realidad. ³La verdad no está velada ni oculta, pero el que sea evidente para ti depende del gozo que lleves a sus testigos, que son quienes te la mostrarán. ⁴Ellos dan testimonio de tu grandeza, pero no pueden dar testimonio del orgullo porque el orgullo no se puede compartir. ⁵Dios quiere que contemples lo que Él creó porque lo que Él creó es Su Gozo.
9. ¿Cómo puede ser que tu grandeza sea arrogancia cuando Dios Mismo da testimonio de ella? ²¿Y puede lo que no tiene testigos ser real? ³¿Qué beneficio se podría derivar de ello? ⁴Si no se puede derivar ninguno, el Espíritu Santo no puede usarlo. ⁵Lo que Él no puede transformar en la Voluntad de Dios no existe en absoluto. ⁶La grandiosidad es algo ilusorio porque su propósito es reemplazar a tu grandeza. ⁷Pero lo que Dios ha creado no puede ser reemplazado. ⁸Dios está incompleto sin ti porque Su Grandeza es total, y tú no puedes estar excluido de Ella.
10. Eres absolutamente irreemplazable en la Mente de Dios. ²Nadie más puede ocupar tu lugar en Ella, y mientras lo dejes desocupado, tu eterno puesto simplemente aguardará tu regreso. ³Dios te recuerda esto a través de Su Voz, y Él Mismo mantiene a salvo tus extensiones dentro de Su Mente. ⁴Mas no las conocerás hasta que regreses a ellas. ⁵No puedes reemplazar al Reino ni puedes reemplazarte a ti mismo. ⁶Dios, que conoce tu valía, no lo permitiría y, por lo tanto, no puede suceder. ⁷Tu valía se encuentra en la Mente de Dios y, por consiguiente, no sólo en la tuya. ⁸Aceptarte a ti mismo tal como Dios te creó no puede ser arrogancia porque es la negación de la arrogancia. ⁹Aceptar tu pequeñez es arrogancia porque significa que crees que tu evaluación de ti mismo es más acertada que la de Dios.
11. Sin embargo, si la verdad es indivisible, tu evaluación de ti mismo tiene que ser la misma que la de Dios. ²Tú no estableciste tu valía, y ésta no necesita defensa. ³Nada puede atacarla ni prevalecer contra ella. ⁴No varía. ⁵Simplemente es. ⁶Pregúntale al Espíritu Santo cuál es tu valía y Él te lo dirá, pero no tengas miedo de Su respuesta, pues procede de Dios. ⁷Es una respuesta exaltada por razón de su Fuente y como la Fuente es verdad, la respuesta lo es también. ⁸Escucha y no pongas en duda lo que oigas, pues Dios nunca engaña. ⁹Él quiere que reemplaces la creencia del ego en la pequeñez por Su Propia Respuesta exaltada de lo que tú eres, de modo que puedas dejar de ponerla en duda y la conozcas tal como es.
8. Es fácil distinguir la grandeza de la grandiosidad, pues el amor puede ser correspondido, pero el orgullo no. ²El orgullo no producirá milagros y, de este modo, te privará de los verdaderos testigos de tu realidad. ³La verdad no está velada ni oculta, pero el que sea evidente para ti depende del gozo que lleves a sus testigos, que son quienes te la mostrarán. ⁴Ellos dan testimonio de tu grandeza, pero no pueden dar testimonio del orgullo porque el orgullo no se puede compartir. ⁵Dios quiere que contemples lo que Él creó porque lo que Él creó es Su Gozo.
9. ¿Cómo puede ser que tu grandeza sea arrogancia cuando Dios Mismo da testimonio de ella? ²¿Y puede lo que no tiene testigos ser real? ³¿Qué beneficio se podría derivar de ello? ⁴Si no se puede derivar ninguno, el Espíritu Santo no puede usarlo. ⁵Lo que Él no puede transformar en la Voluntad de Dios no existe en absoluto. ⁶La grandiosidad es algo ilusorio porque su propósito es reemplazar a tu grandeza. ⁷Pero lo que Dios ha creado no puede ser reemplazado. ⁸Dios está incompleto sin ti porque Su Grandeza es total, y tú no puedes estar excluido de Ella.
10. Eres absolutamente irreemplazable en la Mente de Dios. ²Nadie más puede ocupar tu lugar en Ella, y mientras lo dejes desocupado, tu eterno puesto simplemente aguardará tu regreso. ³Dios te recuerda esto a través de Su Voz, y Él Mismo mantiene a salvo tus extensiones dentro de Su Mente. ⁴Mas no las conocerás hasta que regreses a ellas. ⁵No puedes reemplazar al Reino ni puedes reemplazarte a ti mismo. ⁶Dios, que conoce tu valía, no lo permitiría y, por lo tanto, no puede suceder. ⁷Tu valía se encuentra en la Mente de Dios y, por consiguiente, no sólo en la tuya. ⁸Aceptarte a ti mismo tal como Dios te creó no puede ser arrogancia porque es la negación de la arrogancia. ⁹Aceptar tu pequeñez es arrogancia porque significa que crees que tu evaluación de ti mismo es más acertada que la de Dios.
11. Sin embargo, si la verdad es indivisible, tu evaluación de ti mismo tiene que ser la misma que la de Dios. ²Tú no estableciste tu valía, y ésta no necesita defensa. ³Nada puede atacarla ni prevalecer contra ella. ⁴No varía. ⁵Simplemente es. ⁶Pregúntale al Espíritu Santo cuál es tu valía y Él te lo dirá, pero no tengas miedo de Su respuesta, pues procede de Dios. ⁷Es una respuesta exaltada por razón de su Fuente y como la Fuente es verdad, la respuesta lo es también. ⁸Escucha y no pongas en duda lo que oigas, pues Dios nunca engaña. ⁹Él quiere que reemplaces la creencia del ego en la pequeñez por Su Propia Respuesta exaltada de lo que tú eres, de modo que puedas dejar de ponerla en duda y la conozcas tal como es.
Un Curso de Milagros
Capitulo 10. Los ídolos de la enfermedad
Introducción
1. Nada externo a ti puede hacerte temer o amar porque no hay nada externo a ti. ²Tanto el tiempo como la eternidad se encuentran en tu mente, y estarán en conflicto hasta que percibas el tiempo exclusivamente como un medio para recuperar la eternidad. ³No podrás hacer esto mientras sigas creyendo que la causa de cualquier cosa que te esté ocurriendo se encuentra en factores externos a ti. ⁴Tienes que aprender que el tiempo sólo existe para que hagas uso de él y que nada en el mundo puede eximirte de esa responsabilidad. ⁵Puedes violar las Leyes de Dios en tu imaginación, pero no puedes eludirlas. ⁶Fueron promulgadas para tu protección y son tan inviolables como tu seguridad.
2. Dios no creó nada a excepción de ti, y nada a excepción de ti existe, pues formas parte de Él. ²¿Qué puede existir excepto Él? ³Nada puede tener lugar aparte de Él porque nada excepto Él es real. ⁴Tus creaciones, al igual que tú, representan una aportación para Él, pero ni tú ni ellas le aportan nada que sea diferente porque todo ha existido siempre. ⁵¿Qué otra cosa puede trastornarte salvo lo efímero, y cómo puede ser lo efímero real si tú eres la única creación de Dios y Él te creó eterno? ⁶Tu santa mente determina todo lo que te ocurre. ⁷La respuesta que das a todo lo que percibes depende de ti porque es tu mente la que determina tu percepción de ello.
3. Dios no cambia de parecer con respecto a ti, pues no duda de Sí Mismo. ²Y lo que conoce se puede conocer porque no se lo reserva sólo para Sí. ³Te creó para Sí Mismo, pero te dio el poder de crear para ti mismo a fin de que fueras como Él. ⁴Por eso es por lo que tu mente es santa. ⁵¿Qué podría haber que fuese más grande que el Amor de Dios? ⁶¿Qué podría haber, entonces, que fuese más grande que tu voluntad? ⁷Nada externo a tu voluntad te puede afectar porque, al estar en Dios, lo abarcas todo. ⁸Cree esto, y te darás cuenta de hasta qué punto todo depende de ti. ⁹Cuando tu paz interior se vea amenazada por algo, pregúntate: “¿Ha cambiado Dios de parecer con respecto a mí?” ¹⁰Acepta luego Su decisión, que es ciertamente inmutable, y niégate a cambiar de parecer con respecto a ti mismo. ¹¹Dios nunca decidirá contra ti, pues si lo hiciera, estaría decidiendo contra Sí Mismo.
Capitulo 10. Los ídolos de la enfermedad
Introducción
1. Nada externo a ti puede hacerte temer o amar porque no hay nada externo a ti. ²Tanto el tiempo como la eternidad se encuentran en tu mente, y estarán en conflicto hasta que percibas el tiempo exclusivamente como un medio para recuperar la eternidad. ³No podrás hacer esto mientras sigas creyendo que la causa de cualquier cosa que te esté ocurriendo se encuentra en factores externos a ti. ⁴Tienes que aprender que el tiempo sólo existe para que hagas uso de él y que nada en el mundo puede eximirte de esa responsabilidad. ⁵Puedes violar las Leyes de Dios en tu imaginación, pero no puedes eludirlas. ⁶Fueron promulgadas para tu protección y son tan inviolables como tu seguridad.
2. Dios no creó nada a excepción de ti, y nada a excepción de ti existe, pues formas parte de Él. ²¿Qué puede existir excepto Él? ³Nada puede tener lugar aparte de Él porque nada excepto Él es real. ⁴Tus creaciones, al igual que tú, representan una aportación para Él, pero ni tú ni ellas le aportan nada que sea diferente porque todo ha existido siempre. ⁵¿Qué otra cosa puede trastornarte salvo lo efímero, y cómo puede ser lo efímero real si tú eres la única creación de Dios y Él te creó eterno? ⁶Tu santa mente determina todo lo que te ocurre. ⁷La respuesta que das a todo lo que percibes depende de ti porque es tu mente la que determina tu percepción de ello.
3. Dios no cambia de parecer con respecto a ti, pues no duda de Sí Mismo. ²Y lo que conoce se puede conocer porque no se lo reserva sólo para Sí. ³Te creó para Sí Mismo, pero te dio el poder de crear para ti mismo a fin de que fueras como Él. ⁴Por eso es por lo que tu mente es santa. ⁵¿Qué podría haber que fuese más grande que el Amor de Dios? ⁶¿Qué podría haber, entonces, que fuese más grande que tu voluntad? ⁷Nada externo a tu voluntad te puede afectar porque, al estar en Dios, lo abarcas todo. ⁸Cree esto, y te darás cuenta de hasta qué punto todo depende de ti. ⁹Cuando tu paz interior se vea amenazada por algo, pregúntate: “¿Ha cambiado Dios de parecer con respecto a mí?” ¹⁰Acepta luego Su decisión, que es ciertamente inmutable, y niégate a cambiar de parecer con respecto a ti mismo. ¹¹Dios nunca decidirá contra ti, pues si lo hiciera, estaría decidiendo contra Sí Mismo.
Un Curso de Milagros
Capitulo 10. Los ídolos de la enfermedad
I. En Dios estás en tu hogar
1. No conoces tus creaciones simplemente porque mientras tu mente siga estando dividida decidirás contra ellas, y es imposible atacar lo que has creado. ²Pero recuerda que a Dios le resulta igualmente imposible. ³La Ley de la Creación consiste en que ames a tus creaciones como a ti mismo porque forman parte de ti. ⁴Todo lo que fue creado se encuentra, por lo tanto, perfectamente a salvo porque las Leyes de Dios lo protege con Su Amor. ⁵Cualquier parte de tu mente que desconozca esto se ha desterrado a sí misma del Conocimiento, al no haber satisfecho sus condiciones. ⁶¿Quién sino tú pudo haber hecho eso? ⁷Reconócelo gustosamente, pues en ese reconocimiento radica tu entendimiento de que tu destierro es algo ajeno a Dios y, por lo tanto, no es verdad.
2. En Dios estás en tu hogar, soñando con el exilio, pero siendo perfectamente capaz de despertar a la realidad. ²¿Deseas realmente hacerlo? ³Reconoces por experiencia propia que lo que ves en sueños lo consideras real mientras duermes. ⁴Mas en el instante en que te despiertas te das cuenta de que todo lo que parecía ocurrir en el sueño en realidad no había ocurrido. ⁵Esto no te parece extraño, si bien todas las leyes de aquello a lo que despiertas fueron violadas mientras dormías. ⁶¿No será que simplemente pasaste de un sueño a otro sin haber despertado realmente?
3. ¿Te molestarías en reconciliar lo que ocurrió en dos sueños conflictivos o simplemente los descartarías si descubrieras que la realidad no coincide con ninguno de ellos? ²No recuerdas estar despierto. ³Cuando oyes al Espíritu Santo tal vez te sientes mejor porque entonces te parece que es posible amar, pero todavía no recuerdas que una vez fue así. ⁴Mas cuando lo recuerdes, sabrás que puede volver a ser así de nuevo. ⁵Lo que es posible no se ha logrado todavía. ⁶Sin embargo, lo que una vez fue, aún es, si es que es eterno. ⁷Cuando recuerdes sabrás que lo que recuerdas es eterno y, por lo tanto, que se encuentra aquí ahora.
4. Recordarás todo en el instante en que lo desees de todo corazón, pues si desear de todo corazón es crear, tu voluntad habrá dispuesto el fin de la separación, y simultáneamente le habrás devuelto tu mente a tu Creador y a tus creaciones. ²Al conocerlos, ya no tendrás deseos de dormir, sino sólo de despertar y regocijarte. ³Soñar será imposible porque sólo desearás la verdad, y al ser ésa por fin tu voluntad, dispondrás de ella.
Capitulo 10. Los ídolos de la enfermedad
I. En Dios estás en tu hogar
1. No conoces tus creaciones simplemente porque mientras tu mente siga estando dividida decidirás contra ellas, y es imposible atacar lo que has creado. ²Pero recuerda que a Dios le resulta igualmente imposible. ³La Ley de la Creación consiste en que ames a tus creaciones como a ti mismo porque forman parte de ti. ⁴Todo lo que fue creado se encuentra, por lo tanto, perfectamente a salvo porque las Leyes de Dios lo protege con Su Amor. ⁵Cualquier parte de tu mente que desconozca esto se ha desterrado a sí misma del Conocimiento, al no haber satisfecho sus condiciones. ⁶¿Quién sino tú pudo haber hecho eso? ⁷Reconócelo gustosamente, pues en ese reconocimiento radica tu entendimiento de que tu destierro es algo ajeno a Dios y, por lo tanto, no es verdad.
2. En Dios estás en tu hogar, soñando con el exilio, pero siendo perfectamente capaz de despertar a la realidad. ²¿Deseas realmente hacerlo? ³Reconoces por experiencia propia que lo que ves en sueños lo consideras real mientras duermes. ⁴Mas en el instante en que te despiertas te das cuenta de que todo lo que parecía ocurrir en el sueño en realidad no había ocurrido. ⁵Esto no te parece extraño, si bien todas las leyes de aquello a lo que despiertas fueron violadas mientras dormías. ⁶¿No será que simplemente pasaste de un sueño a otro sin haber despertado realmente?
3. ¿Te molestarías en reconciliar lo que ocurrió en dos sueños conflictivos o simplemente los descartarías si descubrieras que la realidad no coincide con ninguno de ellos? ²No recuerdas estar despierto. ³Cuando oyes al Espíritu Santo tal vez te sientes mejor porque entonces te parece que es posible amar, pero todavía no recuerdas que una vez fue así. ⁴Mas cuando lo recuerdes, sabrás que puede volver a ser así de nuevo. ⁵Lo que es posible no se ha logrado todavía. ⁶Sin embargo, lo que una vez fue, aún es, si es que es eterno. ⁷Cuando recuerdes sabrás que lo que recuerdas es eterno y, por lo tanto, que se encuentra aquí ahora.
4. Recordarás todo en el instante en que lo desees de todo corazón, pues si desear de todo corazón es crear, tu voluntad habrá dispuesto el fin de la separación, y simultáneamente le habrás devuelto tu mente a tu Creador y a tus creaciones. ²Al conocerlos, ya no tendrás deseos de dormir, sino sólo de despertar y regocijarte. ³Soñar será imposible porque sólo desearás la verdad, y al ser ésa por fin tu voluntad, dispondrás de ella.
Un Curso de Milagros
Capítulo 10. Los ídolos de la enfermedad
II. La decisión de olvidar
1. A menos que primero conozcas algo no puedes disociarte de ello. ²El Conocimiento, entonces, debe preceder a la disociación, de modo que ésta no es otra cosa que la decisión de olvidar. ³Lo que se ha olvidado parece entonces temible, pero únicamente porque la disociación es un ataque contra la verdad. ⁴Sientes miedo porque la has olvidado. ⁵Y has reemplazado tu conocimiento por una conciencia de sueños, ya que tienes miedo de la disociación y no de aquello de lo que te disociaste. ⁶Cuando aceptas aquello de lo que te disociaste, deja de ser temible.
2. Sin embargo, renunciar a tu disociación de la realidad trae consigo algo más que una mera ausencia de miedo. ²En esa decisión radica la dicha, la paz y la gloria de la Creación. ³Ofrécele al Espíritu Santo únicamente tu voluntad de estar dispuesto a recordar, pues Él ha conservado para ti el conocimiento de Dios y de ti mismo, y sólo espera a que lo aceptes. ⁴Abandona gustosamente todo aquello que pueda demorar la llegada de ese recuerdo, pues Dios se encuentra en tu memoria. ⁵Su Voz te dirá que eres parte de Él cuando estés dispuesto a recordarle y a conocer tu realidad nuevamente. ⁶No permitas que nada en este mundo demore el que recuerdes a Dios, pues en ese recordar radica el conocimiento de ti mismo.
3. Recordar es simplemente restituir en tu mente lo que ya se encuentra allí. ²No eres el autor de aquello que recuerdas, sino que sencillamente vuelves a aceptar lo que ya se encuentra allí, pero había sido rechazado. ³La capacidad de aceptar la verdad en este mundo es el equivalente perceptual de lo que en el Reino es crear. ⁴Dios cumplirá con Su cometido si tú cumples con el tuyo, y a cambio del tuyo Su recompensa será el intercambio de la percepción por el Conocimiento. ⁵Nada está más allá de lo que Su Voluntad dispone para ti. ⁶Pero expresa tu deseo de recordarle, y ¡Oh maravilla!, ⁷Él te dará todo sólo con que se lo pidas.
4. Cuando atacas te estás negando a ti mismo. ²Y te estás enseñando específicamente que no eres lo que eres. ³Tu negación de la realidad te impide aceptar el regalo de Dios, puesto que has aceptado otra cosa en su lugar. ⁴Si entendieras que esto siempre constituye un ataque contra la verdad, y que Dios es la Verdad, comprenderías por qué esto siempre da miedo. ⁵Si además reconocieras que formas parte de Dios, entenderías por qué razón siempre te atacas a ti mismo primero.
5. Todo ataque es un ataque contra uno mismo. ²No puede ser otra cosa. ³Al proceder de tu propia decisión de no ser Quien eres, es un ataque contra tu Identidad. ⁴Atacar es, por lo tanto, la manera en que pierdes conciencia de tu Identidad, pues cuando atacas es señal inequívoca de que has olvidado Quién eres. ⁵Y si tu realidad es la de Dios, cuando atacas no te estás acordando de Él. ⁶Esto no se debe a que Él se haya marchado, sino a que tú estás eligiendo deliberadamente no recordarlo.
6. Si te dieras cuenta de los estragos que esto le ocasiona a tu paz mental no podrías tomar una decisión tan descabellada. ²La tomas únicamente porque todavía crees que puede proporcionarte algo que deseas. ³De esto se deduce, por consiguiente, que lo que quieres no es paz mental sino otra cosa, pero no te has detenido a considerar lo que esa otra cosa debe ser. ⁴Aun así, el resultado lógico de tu decisión es perfectamente evidente, sólo con que lo observes. ⁵Al decidir contra tu realidad, has decidido mantenerte alerta contra Dios y Su Reino. ⁶Y es este estado de alerta lo que hace que tengas miedo de recordarle.
Capítulo 10. Los ídolos de la enfermedad
II. La decisión de olvidar
1. A menos que primero conozcas algo no puedes disociarte de ello. ²El Conocimiento, entonces, debe preceder a la disociación, de modo que ésta no es otra cosa que la decisión de olvidar. ³Lo que se ha olvidado parece entonces temible, pero únicamente porque la disociación es un ataque contra la verdad. ⁴Sientes miedo porque la has olvidado. ⁵Y has reemplazado tu conocimiento por una conciencia de sueños, ya que tienes miedo de la disociación y no de aquello de lo que te disociaste. ⁶Cuando aceptas aquello de lo que te disociaste, deja de ser temible.
2. Sin embargo, renunciar a tu disociación de la realidad trae consigo algo más que una mera ausencia de miedo. ²En esa decisión radica la dicha, la paz y la gloria de la Creación. ³Ofrécele al Espíritu Santo únicamente tu voluntad de estar dispuesto a recordar, pues Él ha conservado para ti el conocimiento de Dios y de ti mismo, y sólo espera a que lo aceptes. ⁴Abandona gustosamente todo aquello que pueda demorar la llegada de ese recuerdo, pues Dios se encuentra en tu memoria. ⁵Su Voz te dirá que eres parte de Él cuando estés dispuesto a recordarle y a conocer tu realidad nuevamente. ⁶No permitas que nada en este mundo demore el que recuerdes a Dios, pues en ese recordar radica el conocimiento de ti mismo.
3. Recordar es simplemente restituir en tu mente lo que ya se encuentra allí. ²No eres el autor de aquello que recuerdas, sino que sencillamente vuelves a aceptar lo que ya se encuentra allí, pero había sido rechazado. ³La capacidad de aceptar la verdad en este mundo es el equivalente perceptual de lo que en el Reino es crear. ⁴Dios cumplirá con Su cometido si tú cumples con el tuyo, y a cambio del tuyo Su recompensa será el intercambio de la percepción por el Conocimiento. ⁵Nada está más allá de lo que Su Voluntad dispone para ti. ⁶Pero expresa tu deseo de recordarle, y ¡Oh maravilla!, ⁷Él te dará todo sólo con que se lo pidas.
4. Cuando atacas te estás negando a ti mismo. ²Y te estás enseñando específicamente que no eres lo que eres. ³Tu negación de la realidad te impide aceptar el regalo de Dios, puesto que has aceptado otra cosa en su lugar. ⁴Si entendieras que esto siempre constituye un ataque contra la verdad, y que Dios es la Verdad, comprenderías por qué esto siempre da miedo. ⁵Si además reconocieras que formas parte de Dios, entenderías por qué razón siempre te atacas a ti mismo primero.
5. Todo ataque es un ataque contra uno mismo. ²No puede ser otra cosa. ³Al proceder de tu propia decisión de no ser Quien eres, es un ataque contra tu Identidad. ⁴Atacar es, por lo tanto, la manera en que pierdes conciencia de tu Identidad, pues cuando atacas es señal inequívoca de que has olvidado Quién eres. ⁵Y si tu realidad es la de Dios, cuando atacas no te estás acordando de Él. ⁶Esto no se debe a que Él se haya marchado, sino a que tú estás eligiendo deliberadamente no recordarlo.
6. Si te dieras cuenta de los estragos que esto le ocasiona a tu paz mental no podrías tomar una decisión tan descabellada. ²La tomas únicamente porque todavía crees que puede proporcionarte algo que deseas. ³De esto se deduce, por consiguiente, que lo que quieres no es paz mental sino otra cosa, pero no te has detenido a considerar lo que esa otra cosa debe ser. ⁴Aun así, el resultado lógico de tu decisión es perfectamente evidente, sólo con que lo observes. ⁵Al decidir contra tu realidad, has decidido mantenerte alerta contra Dios y Su Reino. ⁶Y es este estado de alerta lo que hace que tengas miedo de recordarle.