💔𝙒𝙃𝙄𝙏𝙀𝙍𝙀𝘿 𝙃𝙀𝘼𝙍𝙏🥀
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☁️Soy un chico que ama las historias, y bueno, él tenía muchas que contarme.🥀

«✒️¿Que será del dragón que se enamoró del príncipe de la torre?»

~• Frases
~• Mini-relatos
~• Sólo son las letras de un corazón marchito.
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Extrañaba esos días en los que el celular sonaba y eras tú.
Sí, «extrañaba», pasado.
Porque ahora tengo dos ojos que me miran como tú nunca lo hiciste, con amor y sinceridad.
Solía pensar que eras un cabrón, que sólo me había usado... ahora sólo creo que estabas muy solo.
Y que, tomarme era lo único que pensabas, te ayudaría a salir de ese pozo.
Si te viera de nuevo, te daría un gran abrazo y te susurraría al oído: Gracias por las risas y los orgasmos, no los extraño, pero tampoco los olvido.
Sonreiría hacía ti, y sé que tu me devolverías la sonrisa, quizás mas lleno que antes, quizás con una estrella a tu lado.
Justo como yo tengo ahora la mía.
No sé. Sólo espero que seas feliz, mi viejo y lejano amor.
2
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La vida es una tienda de máscaras y mentiras.
Y todos, en algún momento nos perdemos entre sus recovecos.
Involuntariamente, nos volvemos clientes regulares, que repudian la verdad y fingen tras las máscaras y pretensiones que ese lugar tiene para ofrecer.
Pero, mientras más vueltas demos en la tienda, mientras más máscaras carguemos y adoremos, corremos el riesgo de perdernos.
Corremos el riesgo de que nuestras invenciones, acaben por devorarnos.
Y sólo lo notas cuándo todos los que te rodean, empiezan a llamarte por nombres y adjetivos que no eres.
Te darás cuenta, porque no te van a hablar a ti, no, hablarán con la máscara que llevas; y tú harás lo mismo con ellos.
Nos perdemos tanto a nosotros mismos, que ellas asumen todo cuánto somos
«o éramos».
Si les soy sincero, vivir me ha dado la certeza de que yo, soy un monstruo.
Porque, a sabiendas de sus consecuencias, decidí quedarme en la tienda.
Seguí tomando máscaras, adornos, anillos y sonrisas
Soy un monstruo que ya no le afecta, ni le importa, perderse dentro de la tienda de las mentiras y falsedades.
😢3
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—Yo nunca tuve a nadie que estuviera a la altura de mis expectativas. —dije— Y no se los echaba en cara tampoco... no era culpa de ellos. Ni mía para el caso.
¿Y? ¿Qué pasó?
Sonreí.
—Él pasó. Cuando nos conocimos, me dijo cosas tan pero tan sucias, que el eco en mi memoria aún me pone los pelos de punta. Me dijo que me amaba, y que nunca había tocado a un ser tan roto, tan hermoso.
Una lágrima, que bien podría ser su recuerdo, corrió por mi mejilla.
¿Él estuvo a la altura de tus expectativas?
—El las superó. respondí
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He conseguido tanta paz mental. Que es hasta aburrido el silencio que ahora habita en mi cabeza.
Llámenme masoquista, pero extraño a las sombras y a las voces que, constantemente, me achacaban todos mis males.
Extraño los días dónde la oscuridad teñía mi vida, porque eran unos días dónde tenía un sólo objetivo: sobrevivir.
Aguantar el miedo y la ansiedad me dieron una meta por tanto tiempo, que ahora, mis cielos despejados, no son más que pinturas aburridas.
¿Esto es lo que me espera en mi corta mortalidad?
Calma... aburrida y tonta calma.
Supongo que debo acostumbrarme al sol, darle el adiós a la oscuridad y sonreír... sonreír ante la luz que ahora, besa mi piel.
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ADIÓS. YA ERA HORA.


Dejaré de fingir. Lo haré, me quitaré todas las máscaras y adornos que usé para esconder todo lo que siento, todo a lo que le temo.
Por eso hablé con ese señor, y le dije que lo cortara todo.

—¿Todo? ¿Estás seguro? —dijo dudoso.
No.
Obviamente no estoy seguro. Pero creo que esto es algo que debería hacer, algo que quizás necesito. Me he empeñado en ser algo, o alguien, que quizás no soy.
Me he empeñado, y he fallado.
Estoy roto, eso es aparente. Por eso intentaré arreglarme.

—Si. Todo. —respondí.
Cada mechón que caía al suelo, era un adiós, dicho para todos los que una vez conocí, pero también lo era para mí.
Véanme al completo, y si no les gusta, pues ese es vuestro problema.
Yo nací así, y por más que lo intente, no puedo cambiarme. Mira a donde me ha llevado tanto empeño. A casi morir desangrado.
Así que ríanse, búrlense, ya me da igual. El que me ame, que lo haga así, real y horrendo.
Los que no deseen hacerlo, adiós.
Creo que es mejor pensar más en mí.
Dejar de querer el mejor peinado, el mejor cabello, la mejor pose, la mejor manera de hablar o ser.
Joder, ¡autenticidad!… la necesito, mi corazón la clama en cada latido.
Hace años salí de un clóset de madera, sólo para internarme en una prisión de mi propia creación. Eso ya se acabó.
Véanme al completo… el pozo de oscuridad y la poca luz que habita en mí, véanla.
Ustedes decidirán si amarme o correr asustados. Ya no es mi problema. Ya dejó de serlo.


«¿Por qué lo hiciste?» Preguntó cada alma que me conoció antes de ese día.
Dejé atrás las viejas costumbres y quemé las máscaras.
Juré amarme por quien soy.
Así que, cuándo la sorpresa se apoderó de sus rostros, yo sólo sonreí y respondí:

—Ya era hora.
Porque desde ese día en el metro, en el que la verdad se me apareció a través de un ángel de rizos negros, descubrí, que ya era hora.
4
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Lo intente. ¿Salvarte? Lo intenté.
Pero, ¿cómo era la frase?, ah si, "no puedes salvar a alguien que no quiere ser salvado".
Si, quedaría perfecto para ti.
Pequeña inepta tan devota a su propio drama que olvida que puede haber algo más allá de ello.
Yo lo intenté. Y ya me cansé.
2
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Cada vez que la noche caía, mientras que todos dormían, yo caminaba las calles silenciosas con la cabeza bien alta.
Observando, y quizás, envidiando, a las luces que poblaban el cielo. Las estrellas.
Tan lejanas, bellas y reconocidas que mas de un suspiro habían logrado sacarme ya.
¿Quién no quisiera ser una de ellas? ¿Quién no desearía ese tipo de reconocimiento?
Yo lo codicié, y por supuesto, le di mi vida al intento.
En mi cegado deseo por ser una estrella celeste, escondí toda mi oscuridad. Y junto a ella, todo lo malo que creía sería un lastre para mi luz.
¿Creen que lo conseguí? ¿Ser una estrella? ¿Brillar como una de ellas?
Si. No. Ambas.
De alguna forma, muy retorcida y fingida, lo logré.
Sorpresivamente, el mundo me amó, tanto que hasta me dieron un nombre como hacían con las demás.
«Altair» suspiraban «el águila que guía a los perdidos».
Pero en el fondo siempre lo supe... lo defectuoso en mi pretensión. Puesto que mi brillo, era uno artificial.
Un resplandor demasiado agotador para mantener. Demasiado doloroso.
Fingir una luz que no tenía, estaba rompiéndome a pedazos.

Hasta que una noche, mientras las veía, me di cuenta que las estrellas… no salían de día.
Que la noche, fría y bella, era la gala preferida por esas esferas luminosas.
Si, lo sé, incluso un niño pudiera decirte eso.
Y fue por eso mismo que no se me ocurrió. Por esa misma razón obvié que, sin oscuridad, una estrella no sería lo mismo.
Una luz que brilla cuando no hay sombras, es un resplandor que no tiene sentido.
¡Artificial!

Desde esa noche, que el entendimiento tocó mi puerta, abrasé a las sombras y a la oscuridad que tanto había escondido. Dejé que me rodearan entre todas, y llorando… rogué un perdón que sabía, no merecía.
Las sombras, en respuesta, me abrazaron y lloraron a mi lado.
«Te perdonamos» parecían decir.

Una amiga, me dijo una vez que yo también era una estrella y que de todos, era el único que no lo notaba.
Por supuesto no le creí.
Yo sabía cómo eran las estrellas, como brillaban. Lo había visto en ella desde el primer momento.
Pero yo no lo veía. No en mí.

Y quizás... no sea una estrella en la misma forma que tu lo eres.
Y quizás ya no me importe serlo (o pretenderlo).
Tomé la decisión de ser la persona que siempre debí haber sido.
Ni luz u oscuridad. Ni estrella o planeta. Yo.
Simplemente yo.
Quién sabe y quizás, a mi forma, pueda llegar a brillar.
No un brillo artificial, no uno fingido o prestado, el mío… latente y calmado. Mío.
Y si no lo hago, pues da igual.
Pues me amaré igual.
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Yo era el típico chico, que se suponía no debería existir.
Perdón...
soy. Debo aclararlo porque, cuándo intentas expresarte mediante letras, hay ciertos matices que no quedan del todo claros.
Las letras, al igual que las personas, pueden ser un poco confusas a veces.
Yo
SOY esa clase de chico que, si alguna vez se llegara a convertir en un hombre, sería repelido de todos.
Las madres sacarían a sus niños de mi camino, los mayores y ¨sabios¨ cuchichearían, mientras que algunos valientes me profesarían miradas acusatorias.
¿Saben, que puedo leer la palabra que no dicen a través de esos ojos teñidos de odio?
Se le enseñaría, A TODOS, que yo era una sombra que no debía ser repetida.
Como si estuviera enfermo de oscuridad, como si corrieran el peligro de ser infectados.
Todo porque según ellos, yo
SOY sinónimo de deshonra.
Así que alejen a vuestros hijos de mí, ya sea por simple paranoia o miedo. Da igual.
Espero que algún día entiendan, que yo también fui un niño; y que, la oscuridad, nace donde menos te lo esperas
.♠️
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El chico estaba sentado en el rincón. Sus dedos rápidos y certeros recorrían la pantalla del celular mientras que el mundo, el arruinado y frío mundo, se escurría a segundo plano.
Hasta que "esas" se sentaron a cuchichear sólo a dos metros de él.
Él las miró con aburrida exasperación, no daba crédito a todas las experiencias y nimiedades que escupían... hablaban tan libremente de todo, de todos. Sin darse cuenta que al hacerlo, declaraban lo raro en él.
Sin darse cuenta que cada risa era una daga directo a su pecho. Al corazón rojo y pulsante que se escondía detrás.
«No han echo nada malo» se decía así mismo.
Pero la chica volvió a reír, y un ya acostumbrado temblor recorrió al chico.
«No han echo nada malo» se repetía.
Pero, para alguien como él, que había nacido rodeado de sombras y furias, era imposible alejarse.
No podía evitar el sentimiento que esas burlas creaban en su frágil y paranoico corazón.
Empujándolo a el límite sombrío y solitario del que tanto había escapado.
Un límite... del que no había retorno.
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¿Sabes?, yo pensaba que mi amor por ti no era más que un rayo de esperanza.
Un sentimiento inofensivo y latente, ahí en mi corazón.
Pero ningún amor es así, ninguno permanece sin latir o doler.
Y para cuándo me di cuenta de eso, ya me había podrido por dentro.
Todo por ese sentimiento traicionero y impredecible.
El amor es así, duele y toma tanto como cura y protege.
Nosotros solo podemos vivirlo y esperar que no nos mate.
Aunque, en el extraordinario caso de que lo hiciera, ¿siquiera hay mayor placer que morir por amor?
No, no lo creo.
•···🔥
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