—Míralo — me dijo y señaló a un chico, no... a un dios que estaba pasando por el metro.
¿Por qué le digo dios? Bueno porque era simplemente perfecto... hermoso como un sueño, y doloroso como una realidad.
¿Estaría conmigo alguien así?
Por supuesto que no.
Y todo el odio y la pena que siempre he sentido se volvió a verter en mí, y las sombras se apoderaron de mi mirada cómo tantas veces han echo.
Él lo notó, porque esa misma sombra se reflejó en sus ojos.
—¿Qué tiene el chico?— fingí normalidad y decidí fijarme en las vías del tren.
—¿Sabes?, él no es el indicado para ti.
Voltee con la velocidad del rayo hacía él.
Fue... en una palabra, impactante.
Porque esas palabras, como un balde de agua fría, me despertaron.
Fue una revolución, ya que, al voltear hacia el chico perfecto, ya no me sentía menos; ni feo, ni desesperanzado... y todo simplemente porque él “no era el indicado”.
«Los humanos somos tan simples» suspiré.
Y el hecho de que esas palabras me hayan traído tanta paz es la prueba de ello.
Sonreí hacia él. No se quién es, o para el caso, cómo pudo entender algo que ni siquiera yo había entendido.
—Gracias.
—Por nada— respondió simplemente mientras que me devolvía la sonrisa.
Me pregunto quién será este chico. Que apareció con esos ojos de chocolate y rizos negros.
—Cómo te llamas?.
Su sonrisa se ensanchó y comenzó a acercarse a mí.
—Yo so...
El tren había llegado, y el estruendo ahogó las palabras que me intentó decir.
Sonrió rendido, intercambió miradas entre el tren y yo mientras que daba media vuelta, se despidió con la mano, y salió del metro.
¿Por qué le digo dios? Bueno porque era simplemente perfecto... hermoso como un sueño, y doloroso como una realidad.
¿Estaría conmigo alguien así?
Por supuesto que no.
Y todo el odio y la pena que siempre he sentido se volvió a verter en mí, y las sombras se apoderaron de mi mirada cómo tantas veces han echo.
Él lo notó, porque esa misma sombra se reflejó en sus ojos.
—¿Qué tiene el chico?— fingí normalidad y decidí fijarme en las vías del tren.
—¿Sabes?, él no es el indicado para ti.
Voltee con la velocidad del rayo hacía él.
Fue... en una palabra, impactante.
Porque esas palabras, como un balde de agua fría, me despertaron.
Fue una revolución, ya que, al voltear hacia el chico perfecto, ya no me sentía menos; ni feo, ni desesperanzado... y todo simplemente porque él “no era el indicado”.
«Los humanos somos tan simples» suspiré.
Y el hecho de que esas palabras me hayan traído tanta paz es la prueba de ello.
Sonreí hacia él. No se quién es, o para el caso, cómo pudo entender algo que ni siquiera yo había entendido.
—Gracias.
—Por nada— respondió simplemente mientras que me devolvía la sonrisa.
Me pregunto quién será este chico. Que apareció con esos ojos de chocolate y rizos negros.
—Cómo te llamas?.
Su sonrisa se ensanchó y comenzó a acercarse a mí.
—Yo so...
El tren había llegado, y el estruendo ahogó las palabras que me intentó decir.
Sonrió rendido, intercambió miradas entre el tren y yo mientras que daba media vuelta, se despidió con la mano, y salió del metro.
El loco del metro II (bueno, ya no tan loco) . 🚄💤Podré olvidar la hora, el clima, el día, incluso el maldito año... pero nunca olvidaré la primera vez que vi tus ojos. Porque esos, querido mío, eran los ojos que llevaba esperando toda mi vida.
No existe nada más poético que ver una chica ser corrompida por un chico.
La manera en que, poco a poco, la oscuridad de él se infiltra por las grietas de ella.
Es algo inevitable.
El mundo funciona para que una persona rota sea rellenada por la maldad de otra.
Pero lo que el tiene no es maldad, ¿no? Es sólo algo inherente en todos.
Pero a mi no me preguntes, no, no.
Yo no soy un orador fiable, porque después de todo, el chico que a ella corrompe, a mi logra desconcertarme.
Por alguna razón no puedo mirarlo a los ojos.
Es tan bello, que el simple hecho de estar a 2 metros de él me pone nervioso. Y ni digamos hablarle; esa, de por sí, es una tarea imposible para una sombra como yo.
Por eso, cada vez que estoy cerca de él, me oculto tras un sinfín de máscaras.
Me maquillo con gracia, me pongo los pendientes de la distracción, y para rematar me pongo la máscara de un chico que crea sensación entre todos.
Me oculto detrás de alguien que no soy, para aparentar y esconder lo feo en mí.
¿Por qué? Oh, porque obviamente el me gusta.
Es tan guapo, y tan infinitamente perverso, que no puedo evitar fijarme en su cabello de cobre y en su sonrisa sensual.
Por esa razón no soy un escritor fiable en cuanto esta historia se refiere.
Pero basta, no hagamos esto de él, después de todo... este escrito es para ti.
Si, tú, pequeña inepta que no sabe otra cosa que cortarse... y ni te importa que las heridas que te provocas pueden infectarse y salpicar en aquellos que te rodean.
Mi punto es, !que lo tienes todo!
Aunque, por todo, obviamente me refiero a él.
¿Qué más quiere tu pequeño y absurdo corazón?
Ya estás en el cielo, tienes a tu dios y a tu paraíso, ¿porque te empeñas en creer que lo que te rodea son las llamas negras del séptimo infierno?
La manera en que, poco a poco, la oscuridad de él se infiltra por las grietas de ella.
Es algo inevitable.
El mundo funciona para que una persona rota sea rellenada por la maldad de otra.
Pero lo que el tiene no es maldad, ¿no? Es sólo algo inherente en todos.
Pero a mi no me preguntes, no, no.
Yo no soy un orador fiable, porque después de todo, el chico que a ella corrompe, a mi logra desconcertarme.
«¿Si verdad?», ¡a mí!Por alguna razón no puedo mirarlo a los ojos.
Es tan bello, que el simple hecho de estar a 2 metros de él me pone nervioso. Y ni digamos hablarle; esa, de por sí, es una tarea imposible para una sombra como yo.
Por eso, cada vez que estoy cerca de él, me oculto tras un sinfín de máscaras.
Me maquillo con gracia, me pongo los pendientes de la distracción, y para rematar me pongo la máscara de un chico que crea sensación entre todos.
Me oculto detrás de alguien que no soy, para aparentar y esconder lo feo en mí.
¿Por qué? Oh, porque obviamente el me gusta.
Es tan guapo, y tan infinitamente perverso, que no puedo evitar fijarme en su cabello de cobre y en su sonrisa sensual.
Por esa razón no soy un escritor fiable en cuanto esta historia se refiere.
Pero basta, no hagamos esto de él, después de todo... este escrito es para ti.
Si, tú, pequeña inepta que no sabe otra cosa que cortarse... y ni te importa que las heridas que te provocas pueden infectarse y salpicar en aquellos que te rodean.
Mi punto es, !que lo tienes todo!
Aunque, por todo, obviamente me refiero a él.
¿Qué más quiere tu pequeño y absurdo corazón?
Ya estás en el cielo, tienes a tu dios y a tu paraíso, ¿porque te empeñas en creer que lo que te rodea son las llamas negras del séptimo infierno?
❤2
Todo comenzó como un murmullo casi inentendible en la oscuridad de la noche.
Prácticamente era inaudible, pero por alguna razón, yo lo entendí.
Era una pregunta hecha por una sombra, una, que me llevaba acosando un largo tiempo.
Voltee hacia ella, sólo para ver su silueta humanoide envuelta en oscuridad.
Murmuró otra vez...
—¿El problema de mi familia? Eso es lo que quieres saber—le inquirí a la pequeña sombra, como si su pregunta, no fuera un carbón que yo llevo cargando desde que ese hombre llegó.
Ella asintió.
—Bueno, mi padrastro maltrata a mi madre muy seguido. De lunes a viernes voy a la escuela— subí los hombros — así que ni me puedo imaginar lo que le hará cuando yo no estoy.
Volvió a asentir, me miró, y podría jurar que me sonreía mientras murmuraba otra pregunta.
—¿Qué que hago? —reí débilmente— Nada. Yo solo trago y aguanto todo lo que le hacen.
Ladeó su cabeza, casi que encontré tierno el gesto… casi.
—Porque el me compró un teléfono y un par de zapatos—digo con mi voz bañada en sarcasmo. — Además, cada vez que intento hacer algo, esa mujer, mi madre, —aclaro— me manda a callar y me golpea.
La sombra... por primera vez desde que la vi nacer en las profundidades de mi locura, habló:
—Pobre. ¿Quieres que hagamos algo divertido?
Asentí inseguro.
Y así en la privacidad de la noche, la sombra me susurró cosas muy, pero que muy divertidas.
¿Un plan?. Sigo asintiendo. Si. Si. Hagámoslo.
Prácticamente era inaudible, pero por alguna razón, yo lo entendí.
Era una pregunta hecha por una sombra, una, que me llevaba acosando un largo tiempo.
Voltee hacia ella, sólo para ver su silueta humanoide envuelta en oscuridad.
Murmuró otra vez...
—¿El problema de mi familia? Eso es lo que quieres saber—le inquirí a la pequeña sombra, como si su pregunta, no fuera un carbón que yo llevo cargando desde que ese hombre llegó.
Ella asintió.
—Bueno, mi padrastro maltrata a mi madre muy seguido. De lunes a viernes voy a la escuela— subí los hombros — así que ni me puedo imaginar lo que le hará cuando yo no estoy.
Volvió a asentir, me miró, y podría jurar que me sonreía mientras murmuraba otra pregunta.
—¿Qué que hago? —reí débilmente— Nada. Yo solo trago y aguanto todo lo que le hacen.
Ladeó su cabeza, casi que encontré tierno el gesto… casi.
«¿Porque?» Parecía pensar.—Porque el me compró un teléfono y un par de zapatos—digo con mi voz bañada en sarcasmo. — Además, cada vez que intento hacer algo, esa mujer, mi madre, —aclaro— me manda a callar y me golpea.
La sombra... por primera vez desde que la vi nacer en las profundidades de mi locura, habló:
—Pobre. ¿Quieres que hagamos algo divertido?
Asentí inseguro.
Y así en la privacidad de la noche, la sombra me susurró cosas muy, pero que muy divertidas.
¿Un plan?. Sigo asintiendo. Si. Si. Hagámoslo.
Hablemos claro, tú no me diste tu corazón en bandeja de plata.
No. Yo lo robé.
Ya que nos estamos dando tantos méritos, pues dame el trofeo al robo perfecto.
Porque después de todo, ni una sola gota de sangre manchó el suelo cuándo, con mis propias manos, te arranqué ese instrumento rojo y pulsante.
Verdaderamente me amabas, ¿cierto? Fue asombroso cómo cada latido parecía decir mi nombre.
Tu alma y todo tu ser vibraba al son de mi existencia, y eso estaba mal...
Estabas destinado a fracasar. Yo lo sabía, y no dije una palabra.
Me limité a construir una torre en lo profundo de tu corazón.
La torre estaba destinada a cambiarte; revolucionar tu persona y alejar esa desesperación que marcaba tu ser.
Cada ladrillo era un pedazo de mí.
Cada ladrillo era una enseñanza que yo cementaba en besos y llamas.
Cuando llegué al final de la torre... decidí que era la hora de tu prueba.
Por eso tiré tu corazón a las hienas, sí, esas que te habían estado comiendo y usando toda tú vida.
Te juro que yo esperaba algo distinto, esperaba que, entonces, te levantaras y las expulsaras de tu vida.
Yo esperaba que supieras que merecías mas que dolor y odio.
Pero esperar no es suficiente. Desde ese día, la decepción se quedó grabada en mi rostro como si fuera un tatuaje.
Porque ahí estabas, disfrutando todo lo que te hacían.
Y pensar que yo había tocado a una persona tan inepta; tan entregada a su propia tragedia que el dolor se había convertido en una costumbre.
Así que di media vuelta y me fui.
Negué con la cabeza hacia la nada, porque tú, ugh, tu no habías aprendido nada.
No. Yo lo robé.
Ya que nos estamos dando tantos méritos, pues dame el trofeo al robo perfecto.
Porque después de todo, ni una sola gota de sangre manchó el suelo cuándo, con mis propias manos, te arranqué ese instrumento rojo y pulsante.
Verdaderamente me amabas, ¿cierto? Fue asombroso cómo cada latido parecía decir mi nombre.
Tu alma y todo tu ser vibraba al son de mi existencia, y eso estaba mal...
Estabas destinado a fracasar. Yo lo sabía, y no dije una palabra.
Me limité a construir una torre en lo profundo de tu corazón.
La torre estaba destinada a cambiarte; revolucionar tu persona y alejar esa desesperación que marcaba tu ser.
Cada ladrillo era un pedazo de mí.
Cada ladrillo era una enseñanza que yo cementaba en besos y llamas.
Cuando llegué al final de la torre... decidí que era la hora de tu prueba.
Por eso tiré tu corazón a las hienas, sí, esas que te habían estado comiendo y usando toda tú vida.
Te juro que yo esperaba algo distinto, esperaba que, entonces, te levantaras y las expulsaras de tu vida.
Yo esperaba que supieras que merecías mas que dolor y odio.
Pero esperar no es suficiente. Desde ese día, la decepción se quedó grabada en mi rostro como si fuera un tatuaje.
Porque ahí estabas, disfrutando todo lo que te hacían.
Y pensar que yo había tocado a una persona tan inepta; tan entregada a su propia tragedia que el dolor se había convertido en una costumbre.
Así que di media vuelta y me fui.
Negué con la cabeza hacia la nada, porque tú, ugh, tu no habías aprendido nada.
No sé ustedes, pero yo he borrado chats de Telegram, que guardaban risas, lágrimas, buenas noches, y incluso unos pocos «te quieros».
No sé ustedes, pero yo he borrado historias completas con tal de conseguir la paz que, creo, merecemos todos.
Adiós. Gracias, amor.
No sé ustedes, pero yo he borrado historias completas con tal de conseguir la paz que, creo, merecemos todos.
Adiós. Gracias, amor.
😢4
Yo... yo te quiero. •✨°
Eres hermoso, ¿cómo no hacerlo?
¿Como no amar esa manera en que tus ojos parecen ver el mundo, esa mezcla de admiración y calma?
Pero no creo que el nosotros que necesito sea uno que tú me puedas dar.
Así que me siento y escribo, porque el nudo que tus besos dejaron en mi pecho, es uno que sólo las letras y la noche pueden resolver. •🥀°
Y creo, que debo disculparme enormemente por mis dudas.
Disculparme conmigo por desearte a mi lado, y contigo por no darte eso, que sé, tu quieres.
Eres hermoso, ¿cómo no hacerlo?
¿Como no amar esa manera en que tus ojos parecen ver el mundo, esa mezcla de admiración y calma?
Pero no creo que el nosotros que necesito sea uno que tú me puedas dar.
Así que me siento y escribo, porque el nudo que tus besos dejaron en mi pecho, es uno que sólo las letras y la noche pueden resolver. •🥀°
Y creo, que debo disculparme enormemente por mis dudas.
Disculparme conmigo por desearte a mi lado, y contigo por no darte eso, que sé, tu quieres.
Me gustaría que me amaras.
Que vinieras a mi puerta, y llamaras por mí.
Que me dijeras buenos días entre besos y risas.
Que desordenaras mis sábanas de la misma forma que me desordenas la vida cada vez que sonríes.
Me gustaría que estuvieras, aquí, en mi alma, a mi lado... me gustaría que fueras tú y sólo tú.
Que vinieras a mi puerta, y llamaras por mí.
Que me dijeras buenos días entre besos y risas.
Que desordenaras mis sábanas de la misma forma que me desordenas la vida cada vez que sonríes.
Me gustaría que estuvieras, aquí, en mi alma, a mi lado... me gustaría que fueras tú y sólo tú.
❤3
Extrañaba esos días en los que el celular sonaba y eras tú.
Sí, «extrañaba», pasado.
Porque ahora tengo dos ojos que me miran como tú nunca lo hiciste, con amor y sinceridad.
Solía pensar que eras un cabrón, que sólo me había usado... ahora sólo creo que estabas muy solo.
Y que, tomarme era lo único que pensabas, te ayudaría a salir de ese pozo.
Si te viera de nuevo, te daría un gran abrazo y te susurraría al oído: Gracias por las risas y los orgasmos, no los extraño, pero tampoco los olvido.
Sonreiría hacía ti, y sé que tu me devolverías la sonrisa, quizás mas lleno que antes, quizás con una estrella a tu lado.
Justo como yo tengo ahora la mía.
No sé. Sólo espero que seas feliz, mi viejo y lejano amor.
Sí, «extrañaba», pasado.
Porque ahora tengo dos ojos que me miran como tú nunca lo hiciste, con amor y sinceridad.
Solía pensar que eras un cabrón, que sólo me había usado... ahora sólo creo que estabas muy solo.
Y que, tomarme era lo único que pensabas, te ayudaría a salir de ese pozo.
Si te viera de nuevo, te daría un gran abrazo y te susurraría al oído: Gracias por las risas y los orgasmos, no los extraño, pero tampoco los olvido.
Sonreiría hacía ti, y sé que tu me devolverías la sonrisa, quizás mas lleno que antes, quizás con una estrella a tu lado.
Justo como yo tengo ahora la mía.
No sé. Sólo espero que seas feliz, mi viejo y lejano amor.
❤2
La vida es una tienda de máscaras y mentiras.
Y todos, en algún momento nos perdemos entre sus recovecos.
Involuntariamente, nos volvemos clientes regulares, que repudian la verdad y fingen tras las máscaras y pretensiones que ese lugar tiene para ofrecer.
Pero, mientras más vueltas demos en la tienda, mientras más máscaras carguemos y adoremos, corremos el riesgo de perdernos.
Corremos el riesgo de que nuestras invenciones, acaben por devorarnos.
Y sólo lo notas cuándo todos los que te rodean, empiezan a llamarte por nombres y adjetivos que no eres.
Te darás cuenta, porque no te van a hablar a ti, no, hablarán con la máscara que llevas; y tú harás lo mismo con ellos.
Nos perdemos tanto a nosotros mismos, que ellas asumen todo cuánto somos «o éramos».
Si les soy sincero, vivir me ha dado la certeza de que yo, soy un monstruo.
Porque, a sabiendas de sus consecuencias, decidí quedarme en la tienda.
Seguí tomando máscaras, adornos, anillos y sonrisas
Soy un monstruo que ya no le afecta, ni le importa, perderse dentro de la tienda de las mentiras y falsedades.
Y todos, en algún momento nos perdemos entre sus recovecos.
Involuntariamente, nos volvemos clientes regulares, que repudian la verdad y fingen tras las máscaras y pretensiones que ese lugar tiene para ofrecer.
Pero, mientras más vueltas demos en la tienda, mientras más máscaras carguemos y adoremos, corremos el riesgo de perdernos.
Corremos el riesgo de que nuestras invenciones, acaben por devorarnos.
Y sólo lo notas cuándo todos los que te rodean, empiezan a llamarte por nombres y adjetivos que no eres.
Te darás cuenta, porque no te van a hablar a ti, no, hablarán con la máscara que llevas; y tú harás lo mismo con ellos.
Nos perdemos tanto a nosotros mismos, que ellas asumen todo cuánto somos «o éramos».
Si les soy sincero, vivir me ha dado la certeza de que yo, soy un monstruo.
Porque, a sabiendas de sus consecuencias, decidí quedarme en la tienda.
Seguí tomando máscaras, adornos, anillos y sonrisas
Soy un monstruo que ya no le afecta, ni le importa, perderse dentro de la tienda de las mentiras y falsedades.
😢3
—Yo nunca tuve a nadie que estuviera a la altura de mis expectativas. —dije— Y no se los echaba en cara tampoco... no era culpa de ellos. Ni mía para el caso.
—¿Y? ¿Qué pasó?
Sonreí.
—Él pasó. Cuando nos conocimos, me dijo cosas tan pero tan sucias, que el eco en mi memoria aún me pone los pelos de punta. Me dijo que me amaba, y que nunca había tocado a un ser tan roto, tan hermoso.
Una lágrima, que bien podría ser su recuerdo, corrió por mi mejilla.
—¿Él estuvo a la altura de tus expectativas?
—El las superó. —respondí
—¿Y? ¿Qué pasó?
Sonreí.
—Él pasó. Cuando nos conocimos, me dijo cosas tan pero tan sucias, que el eco en mi memoria aún me pone los pelos de punta. Me dijo que me amaba, y que nunca había tocado a un ser tan roto, tan hermoso.
Una lágrima, que bien podría ser su recuerdo, corrió por mi mejilla.
—¿Él estuvo a la altura de tus expectativas?
—El las superó. —respondí