VIDEO: Nayib Bukele destruyó monumentos anti cristianos y comunistas en El Salvador
https://www.bibliatodo.com/NoticiasCristianas/video-nayib-bukele-destruyo-monumentos-anti-cristianos-y-comunistas-en-el-salvador/
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NIMSY LÓPEZ Yo creía que yo conocía al señor. Soy nacida y criada en el evangelio,Y yo me creía que yo conocía al señor. Pero en un momento dado tuve que decirle a Dios en este proceso de oída Te había conocido. Pero hoy mis ojos te ven, En proceso muchos saben lo que he pasado ,pero si el enemigo se creyó. Que yo me iba a callar ,que yo no iba a testificar de lo que Dios ha hecho en mi se equivocó,Porque esto lo que ha provocado. Es más mi comunión con Dios, Y por eso si creía que me iba a callar hoy más,
yo voy a cantar que como la vara de Aarón. En el altar reverdeció. Lo que se secó lo que se murió reverdecerá. Lo que el enemigo destruyó reverdecerá. Reverdecerá como la vara de Aarón. En el altar reverdeció.#Nimsylopez #mickymulero
yo voy a cantar que como la vara de Aarón. En el altar reverdeció. Lo que se secó lo que se murió reverdecerá. Lo que el enemigo destruyó reverdecerá. Reverdecerá como la vara de Aarón. En el altar reverdeció.#Nimsylopez #mickymulero
Lo llevé en mi auto… y lo que pasó con Yiye Ávila NO tiene explicación:
Un viaje que no era solo un viaje
Hay experiencias que uno vive… y hay experiencias que lo marcan para siempre.
Corría el año 2002. Yo me encontraba en una etapa muy especial de mi vida: era director ejecutivo de un canal de televisión cristiano en Chile, Vida Visión. En ese contexto, recibí una invitación que, en ese momento, parecía simplemente parte del trabajo… pero que terminaría siendo mucho más que eso.
Fui invitado a participar en un congreso en San Juan, Puerto Rico. Un evento donde estarían algunos de los predicadores más influyentes del mundo cristiano. Entre ellos, un nombre que resonaba con fuerza en todo el continente: Yiye Ávila.
Ya en Puerto Rico, con la inquietud natural de quien dirige un canal de televisión, quise aprovechar la oportunidad para conocer las instalaciones de la famosa Cadena del Milagro, fundada por él. Coordinamos una visita, y decidí arrendar un automóvil para viajar desde San Juan hasta Camuy, el lugar donde se encontraban sus estudios.
El trayecto, que hoy puedo decir con más precisión, es de aproximadamente 85 kilómetros (unas 53 millas), y toma cerca de 1 hora y 20 minutos en auto, dependiendo del tráfico. En aquel momento, ese viaje ya tenía algo especial… aunque yo aún no lo sabía.
Llegué a Camuy, y quedé impresionado. Las instalaciones eran grandes, bien organizadas, con una visión clara y ambiciosa. Se respiraba propósito. No era solo un canal: era una obra.
Pero lo que no estaba en mis planes… era encontrarme con él.
Ahí estaba.
Me lo presentaron. Y lo que siguió no fue una simple formalidad.
Fue un encuentro.
Desde el primer momento hubo una conexión especial. Una conversación fluida, sincera, cercana. No era la figura distante que muchos imaginan al ver a alguien de su trayectoria. Era un hombre accesible, atento, con una profundidad que se percibía incluso en lo cotidiano.
Y entonces ocurrió algo inesperado.
Me invitó a su casa.
Acepté.
Entrar en su hogar fue como entrar en otro ritmo. Conocí a su esposa, conocida como “Yeya”. Una mujer de carácter reservado, seria, de pocas palabras. Su presencia imponía respeto, pero también dejaba entrever una historia, una vida compartida junto a un hombre que había recorrido el mundo predicando.
Estuvimos un rato conversando. El tiempo pasaba, y se acercaba la hora del congreso en San Juan, donde ambos debíamos participar.
Fue entonces cuando me preguntó si podíamos ir juntos.
Yo tenía el auto.
Y él… confió en mí.
Aún hoy, cuando lo recuerdo, me impresiona ese detalle. Un hombre que ya era una leyenda en vida, que había predicado en innumerables países, que había fundado una de las cadenas cristianas más influyentes de habla hispana… confiando en un trayecto a solas, de una ciudad a otra.
Así comenzó uno de los viajes más extraordinarios de mi vida.
La carretera… y algo más
Salimos de Camuy rumbo a San Juan.
El camino era el mismo de siempre.
Pero lo que ocurrió dentro de ese automóvil… no lo fue.
Conversamos.
Y no fueron conversaciones superficiales. Fueron palabras que venían cargadas de experiencia, de vida, de convicción. Hablamos de ministerio, de propósito, de desafíos, de fe… pero también de lo humano.
Había sabiduría en cada frase.
Pero hubo un momento… en que las palabras dejaron de ser necesarias.
En algún punto del viaje, él se quedó dormido.
Y entonces ocurrió algo que nunca olvidaré.
Mientras dormía, comenzó a murmurar.
No eran palabras cualquiera.
Eran expresiones de adoración.
“Gloria a Dios… aleluya…”
Lo decía suavemente, casi como un susurro entre sueños.
Y en ese instante…
El ambiente cambió.
No sé cómo explicarlo completamente. No fue algo físico, no fue algo visible… pero fue absolutamente real.
Dentro de ese auto se generó una atmósfera distinta.
Como si el tiempo se hubiese detenido.
Como si el ruido del mundo quedara afuera.
Como si, de alguna manera inexplicable, ese vehículo dejara de ser solo un medio de transporte… y se transformara en un espacio sagrado.
Sentí paz.
Una paz profunda.
Un viaje que no era solo un viaje
Hay experiencias que uno vive… y hay experiencias que lo marcan para siempre.
Corría el año 2002. Yo me encontraba en una etapa muy especial de mi vida: era director ejecutivo de un canal de televisión cristiano en Chile, Vida Visión. En ese contexto, recibí una invitación que, en ese momento, parecía simplemente parte del trabajo… pero que terminaría siendo mucho más que eso.
Fui invitado a participar en un congreso en San Juan, Puerto Rico. Un evento donde estarían algunos de los predicadores más influyentes del mundo cristiano. Entre ellos, un nombre que resonaba con fuerza en todo el continente: Yiye Ávila.
Ya en Puerto Rico, con la inquietud natural de quien dirige un canal de televisión, quise aprovechar la oportunidad para conocer las instalaciones de la famosa Cadena del Milagro, fundada por él. Coordinamos una visita, y decidí arrendar un automóvil para viajar desde San Juan hasta Camuy, el lugar donde se encontraban sus estudios.
El trayecto, que hoy puedo decir con más precisión, es de aproximadamente 85 kilómetros (unas 53 millas), y toma cerca de 1 hora y 20 minutos en auto, dependiendo del tráfico. En aquel momento, ese viaje ya tenía algo especial… aunque yo aún no lo sabía.
Llegué a Camuy, y quedé impresionado. Las instalaciones eran grandes, bien organizadas, con una visión clara y ambiciosa. Se respiraba propósito. No era solo un canal: era una obra.
Pero lo que no estaba en mis planes… era encontrarme con él.
Ahí estaba.
Me lo presentaron. Y lo que siguió no fue una simple formalidad.
Fue un encuentro.
Desde el primer momento hubo una conexión especial. Una conversación fluida, sincera, cercana. No era la figura distante que muchos imaginan al ver a alguien de su trayectoria. Era un hombre accesible, atento, con una profundidad que se percibía incluso en lo cotidiano.
Y entonces ocurrió algo inesperado.
Me invitó a su casa.
Acepté.
Entrar en su hogar fue como entrar en otro ritmo. Conocí a su esposa, conocida como “Yeya”. Una mujer de carácter reservado, seria, de pocas palabras. Su presencia imponía respeto, pero también dejaba entrever una historia, una vida compartida junto a un hombre que había recorrido el mundo predicando.
Estuvimos un rato conversando. El tiempo pasaba, y se acercaba la hora del congreso en San Juan, donde ambos debíamos participar.
Fue entonces cuando me preguntó si podíamos ir juntos.
Yo tenía el auto.
Y él… confió en mí.
Aún hoy, cuando lo recuerdo, me impresiona ese detalle. Un hombre que ya era una leyenda en vida, que había predicado en innumerables países, que había fundado una de las cadenas cristianas más influyentes de habla hispana… confiando en un trayecto a solas, de una ciudad a otra.
Así comenzó uno de los viajes más extraordinarios de mi vida.
La carretera… y algo más
Salimos de Camuy rumbo a San Juan.
El camino era el mismo de siempre.
Pero lo que ocurrió dentro de ese automóvil… no lo fue.
Conversamos.
Y no fueron conversaciones superficiales. Fueron palabras que venían cargadas de experiencia, de vida, de convicción. Hablamos de ministerio, de propósito, de desafíos, de fe… pero también de lo humano.
Había sabiduría en cada frase.
Pero hubo un momento… en que las palabras dejaron de ser necesarias.
En algún punto del viaje, él se quedó dormido.
Y entonces ocurrió algo que nunca olvidaré.
Mientras dormía, comenzó a murmurar.
No eran palabras cualquiera.
Eran expresiones de adoración.
“Gloria a Dios… aleluya…”
Lo decía suavemente, casi como un susurro entre sueños.
Y en ese instante…
El ambiente cambió.
No sé cómo explicarlo completamente. No fue algo físico, no fue algo visible… pero fue absolutamente real.
Dentro de ese auto se generó una atmósfera distinta.
Como si el tiempo se hubiese detenido.
Como si el ruido del mundo quedara afuera.
Como si, de alguna manera inexplicable, ese vehículo dejara de ser solo un medio de transporte… y se transformara en un espacio sagrado.
Sentí paz.
Una paz profunda.
Una sensación de que no estábamos solos.
Que ese trayecto, de alguna forma, estaba siendo acompañado.
Como si manos invisibles nos llevaran.
Como si el cielo se hubiera acercado a la tierra… por un momento.
Nunca en mi vida había experimentado algo así.
Y hasta hoy, no lo he vuelto a vivir de la misma manera.
Más que un hombre, una huella
Ese viaje duró poco más de una hora.
Pero su impacto ha durado toda una vida.
Con el paso de los años, Yiye Ávila partió de este mundo, dejando un legado enorme:
Fundador de la Cadena del Milagro, una de las redes cristianas más influyentes en el mundo hispano.
Predicador incansable en América Latina, Estados Unidos y más allá.
Un hombre cuya voz marcó generaciones.
Un ministerio que tocó millones de vidas.
Podrán existir diferencias en formas, en estilos, incluso en énfasis doctrinales.
Pero hay algo que nadie puede negar:
Su entrega.
Su trayectoria.
Su impacto.
Y sobre todo… su profunda espiritualidad.
Un momento eterno
Llegamos a San Juan.
El congreso continuó.
Él predicó. Yo también cumplí con mi participación.
La vida siguió.
Pero algo en mí había cambiado.
Porque hay encuentros que no son casuales.
Hay conversaciones que no son solo conversaciones.
Y hay viajes… que no son solo viajes.
A veces, Dios nos regala momentos así.
Breves.
Inesperados.
Pero eternos en el alma.
Y ese día, en una carretera de Puerto Rico…
yo viví uno de ellos.
Que ese trayecto, de alguna forma, estaba siendo acompañado.
Como si manos invisibles nos llevaran.
Como si el cielo se hubiera acercado a la tierra… por un momento.
Nunca en mi vida había experimentado algo así.
Y hasta hoy, no lo he vuelto a vivir de la misma manera.
Más que un hombre, una huella
Ese viaje duró poco más de una hora.
Pero su impacto ha durado toda una vida.
Con el paso de los años, Yiye Ávila partió de este mundo, dejando un legado enorme:
Fundador de la Cadena del Milagro, una de las redes cristianas más influyentes en el mundo hispano.
Predicador incansable en América Latina, Estados Unidos y más allá.
Un hombre cuya voz marcó generaciones.
Un ministerio que tocó millones de vidas.
Podrán existir diferencias en formas, en estilos, incluso en énfasis doctrinales.
Pero hay algo que nadie puede negar:
Su entrega.
Su trayectoria.
Su impacto.
Y sobre todo… su profunda espiritualidad.
Un momento eterno
Llegamos a San Juan.
El congreso continuó.
Él predicó. Yo también cumplí con mi participación.
La vida siguió.
Pero algo en mí había cambiado.
Porque hay encuentros que no son casuales.
Hay conversaciones que no son solo conversaciones.
Y hay viajes… que no son solo viajes.
A veces, Dios nos regala momentos así.
Breves.
Inesperados.
Pero eternos en el alma.
Y ese día, en una carretera de Puerto Rico…
yo viví uno de ellos.
*_Palabras que hablan_*
“El que pone atención a la palabra hallará el bien, y el que confía en el Señor es bienaventurado.”
Proverbios 16:20 _(LBLA)_
A veces el hombre quiere tener resultados en la vida sin el menor esfuerzo, sin compromiso ni dedicación.
Quiere alcanzar metas sin entrega, quiere adelgazar sin cuidarse en las comidas, quiere tener una buena figura sin hacer ejercicio, quiere progresar sin esforzarse, quiere tener éxito sin disciplina, quiere estar saludable sin cuidarse y sin descansar, pretende saberlo todo sin estudiar y espera recibir el favor de Dios sin comprometerse con Él…
En todos los casos desea obtener los mejores resultados sin compromiso alguno o con el menor esfuerzo, en especial, cuando se trata de recibir algún favor de parte de Dios.
Si te acercas a Dios, si pones atención a sus palabras, si buscas su voluntad, hallarás el bien para tu vida, y aunque el camino se vea difícil, confía en su palabra, recibe su consejo y espera en Él; entonces serás bienaventurado tal como lo prometió…
“Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua del mal, y sus labios no hablen engaño; Apártese del mal, y haga el bien; Busque la paz, y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones; Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.”
(1ª Pedro 3:10-12 _RVR_)
Presta atención a su palabra, atiende su consejo y hallarás el bien…
Puedes orar así:
Gracias Señor por tu palabra.
Siempre me ubica, me desafía, me enfoca correctamente y me da paz.
Quiero poner más atención a tu palabra; más atención a tu voz y quiero andar en tus caminos y no en mi propia forma de andar.
Ayúdame Señor.
En el nombre de Jesús, amén
Sígueme en Instagram y déjame todos tus comentarios allí.
www.instagram.com/_palabrasquehablan
“El que pone atención a la palabra hallará el bien, y el que confía en el Señor es bienaventurado.”
Proverbios 16:20 _(LBLA)_
A veces el hombre quiere tener resultados en la vida sin el menor esfuerzo, sin compromiso ni dedicación.
Quiere alcanzar metas sin entrega, quiere adelgazar sin cuidarse en las comidas, quiere tener una buena figura sin hacer ejercicio, quiere progresar sin esforzarse, quiere tener éxito sin disciplina, quiere estar saludable sin cuidarse y sin descansar, pretende saberlo todo sin estudiar y espera recibir el favor de Dios sin comprometerse con Él…
En todos los casos desea obtener los mejores resultados sin compromiso alguno o con el menor esfuerzo, en especial, cuando se trata de recibir algún favor de parte de Dios.
Si te acercas a Dios, si pones atención a sus palabras, si buscas su voluntad, hallarás el bien para tu vida, y aunque el camino se vea difícil, confía en su palabra, recibe su consejo y espera en Él; entonces serás bienaventurado tal como lo prometió…
“Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua del mal, y sus labios no hablen engaño; Apártese del mal, y haga el bien; Busque la paz, y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones; Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.”
(1ª Pedro 3:10-12 _RVR_)
Presta atención a su palabra, atiende su consejo y hallarás el bien…
Puedes orar así:
Gracias Señor por tu palabra.
Siempre me ubica, me desafía, me enfoca correctamente y me da paz.
Quiero poner más atención a tu palabra; más atención a tu voz y quiero andar en tus caminos y no en mi propia forma de andar.
Ayúdame Señor.
En el nombre de Jesús, amén
Sígueme en Instagram y déjame todos tus comentarios allí.
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Jesus nos llama y nos busca, nos anhela en su vida y no se rinde.
Dios ve su palabra:
Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.
S. Lucas 15:5-6
Nuestro Papa quiere abrazarnos no dejes de acercarte a Él
Dios ve su palabra:
Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.
S. Lucas 15:5-6
Nuestro Papa quiere abrazarnos no dejes de acercarte a Él
Bendecimos este nuevo Día dando gracias al creador del universo, nuestro Papá y descansamos en su amor, protección y celebramos su plan de salvación por medio de Jesucristo quien es nuestro mejor ejemplo de vida cristiana y único camino al Padre , por el nos hemos reconciliado.
Gracias Jesús en nuestra memoria estás y en nuestro testimonio diario queremos parecernos más a ti.
Gracias por ayudarnos con tu Santo Espíritu quien nos recuerda lo que es correcto y nos direccióna para responder en obediencia.
Gracias damos Gloria a ti Señor, aleluya, eres Santo y Digno de ser exaltado.
Gracias Jesús en nuestra memoria estás y en nuestro testimonio diario queremos parecernos más a ti.
Gracias por ayudarnos con tu Santo Espíritu quien nos recuerda lo que es correcto y nos direccióna para responder en obediencia.
Gracias damos Gloria a ti Señor, aleluya, eres Santo y Digno de ser exaltado.
*Salmo 37:5 "Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará."*
La mano de Dios simboliza su poder, protección y amor, garantizando que, al entregarle cargas, miedos y planes, Él guía todo hacia un propósito victorioso y perfecto.
Cuando decidimos caminar tomados de la mano de Dios significa que confiamos plenamente en su soberanía, encontrando paz y seguridad incluso en las dificultades. Ese sentimiento de paz, se la tranquilidad y ánimo de seguir adelante, reconociendo la presencia divina como una fuerza que nos sostiene y levanta. Es cuando aprendemos a vivir con la seguridad de que, independientemente de los desafíos, existe un propósito mayor y una protección firme que guía cada uno de nuestros pasos.
Nuestro Padre Eterno nos indica que no hay que temer al futuro, ya que Él tiene el control de todo, permitiendo caminar con firmeza incluso ante la incertidumbre.
La mano de Dios simboliza su poder, protección y amor, garantizando que, al entregarle cargas, miedos y planes, Él guía todo hacia un propósito victorioso y perfecto.
Cuando decidimos caminar tomados de la mano de Dios significa que confiamos plenamente en su soberanía, encontrando paz y seguridad incluso en las dificultades. Ese sentimiento de paz, se la tranquilidad y ánimo de seguir adelante, reconociendo la presencia divina como una fuerza que nos sostiene y levanta. Es cuando aprendemos a vivir con la seguridad de que, independientemente de los desafíos, existe un propósito mayor y una protección firme que guía cada uno de nuestros pasos.
Nuestro Padre Eterno nos indica que no hay que temer al futuro, ya que Él tiene el control de todo, permitiendo caminar con firmeza incluso ante la incertidumbre.