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Al carecer de emisora cristiana en nuestro país queremos transmitir palabra de Dios hasta tu Hogar.
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Levantamos clamor en adoración al Rey de Reyes , esta noche no te pierdas el programa.

Apocalipsis 21:21-27

21. Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio.

22. Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero.

23. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.

24. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella.

25. Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche.

26. Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella.

27. No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.
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Oramos que el amor de Dios sea en cada corazón ♥️

1 de Juan 4:7-11

Dios es amor
7. Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.

8. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.

9. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.

10. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

11. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.
*_Palabras que hablan_*

“Este es mi consuelo en medio del dolor: que tu promesa me da vida.”
Salmo 119:50 _(NVI)_

Muchas situaciones en nuestra vida son causa de aflicción y dolor...
Ninguna de ellas son como la pérdida de un ser querido.

Aunque sabemos que la separación es “momentánea” y que tendremos toda una eternidad para gozarnos junto a nuestro ser amado en la presencia de Dios, nuestro corazón se estruja; nuestros sentimientos afloran, las preguntas nos embargan y necesitamos del consuelo sobrenatural del Señor para traer verdadera paz a nuestro corazón...

La palabra de Dios es la que puede traer reposo a nuestra alma; su Espíritu es el que nos provee del consuelo que necesitamos y nos vivifica renovándonos la esperanza en aquel que es nuestra única y sublime esperanza...!

Al pasar por este inevitable momento de pérdida y de dolor que te toca atravesar, aférrate a la Palabra de Dios y a cada una de sus eternas promesas.

Sólo el Espíritu Santo del Señor taerá alivio a tu alma, enmendará tus heridas, renovará tu esperanza, te tomará en sus brazos, secará tus lágrimas y te sostendrá en tu profundo dolor...

Puedes orar así:
Querido Dios, te necesito...
Alivia mi dolor y trae consuelo a mi alma.
Lléname de tu palabra, tráela a mi memoria y alienta mi corazón.
En el nombre de Jesús, amén.

El Señor te fortalezca y sea tu consuelo en medio de tu dolor.



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No reconocer lo divino

Lee: Isaías 53:1-6

Casi todos evitaban a George Chase. Vivía en una pequeña cabaña en el bosque, donde el río Pawcatuck, de Nueva Inglaterra, desemboca en la bahía Little Narragansett. Por el olor, los lugareños se daban cuenta de que George no tenía una bañera.

Un día, un huracán hizo que el mar arrasara la playa y sus atractivas casas. Los sobrevivientes empezaron a buscar refugio lejos de la bahía. Once de ellos, empapados y temblando, se refugiaron en la cabaña de George. Él les dio todo lo que tenía: agua, leche, té y abrigo. Después de aquel huracán, los habitantes del pueblo tuvieron una opinión muy diferente sobre Chase.

Es lamentable cuando juzgamos superficialmente a otros, pero forma parte de nuestra naturaleza. Hacemos lo mismo con Jesús. Tal vez lo imaginamos como en las antiguas pinturas: sereno y hermoso. Pero Isaías dijo del Mesías: «no hay parecer en él, ni hermosura […] para que le deseemos. […] escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos» (Isaías 53:2-3). Aun así, este hombre nos dio todo lo que tenía: «llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores» (v. 4). Ofreció su vida por la nuestra.

Es trágico no reconocer la humanidad de nuestros semejantes, ¡pero es aún más trágico no reconocer la divinidad de Aquel que fue despreciado!

Tim Gustafson

#NuestroPanDiario
Te han contado esta historia muchas veces.
Y casi siempre te dijeron lo mismo.
Pero hoy… déjame entrarle como alguien que ya caminó lento, que ya perdió gente, que ya esperó demasiado, y que ya entendió tarde algunas cosas.

Había un hombre enfermo desde hacía 38 años.
Vivía junto a un estanque llamado Betesda.
La gente creía que, cuando el agua se movía, un ángel la agitaba y el primero que entrara quedaba sano.
Este hombre nunca llegaba primero.
Siempre alguien más se adelantaba.
Hasta que un día, Jesús pasó por ahí… y lo sanó.

Hasta ahí, eso es lo que siempre te dicen.

Pero aquí viene lo que casi nadie te dice

Este hombre no estaba esperando un milagro.
Estaba esperando su turno.

Y eso cambia todo.

Treinta y ocho años no son solo tiempo.
Son hábitos.
Son excusas aprendidas.
Son esperanzas mal acomodadas.
Son oraciones que ya no duelen porque te acostumbraste a no esperar nada nuevo.

Jesús no le preguntó:
—¿Quieres que te sane?

Le preguntó algo más incómodo:
“¿Quieres ser sano?”

Porque no siempre es lo mismo.

Hay personas que llevan tanto tiempo enfermas —no del cuerpo, sino del alma— que ya hicieron las paces con su parálisis.
Ya saben cómo vivir así.
Ya saben qué decir cuando alguien pregunta.
Ya saben dónde sentarse para no estorbar.

Y cuando Jesús pregunta, el hombre no responde la pregunta.
Contesta con una explicación:

“No tengo quien me meta al estanque…”

Traducción a nuestra vida diaria:

“Es que nadie me ayudó.”
“Es que así me criaron.”
“Es que ya es muy tarde.”
“Es que si hubiera tenido otra oportunidad…”

No estaba pidiendo sanidad.
Estaba defendiendo su historia.

La lección que casi nadie predica

Jesús no lo metió al agua
Jesús rompió el sistema

Porque el estanque enseñaba algo cruel:
👉 Solo el más rápido merece sanar.
👉 Solo el que llega primero vale.
👉 Si no puedes competir, quédate esperando.

Y Jesús llega y dice, sin decirlo:

“Tu problema no es que no entraste al agua.
Tu problema es que te convencieron de que el agua era la única opción.”

Hay jóvenes adultos hoy igual que ese hombre:

Esperando que “las cosas se acomoden”.
Esperando que alguien los empuje.
Esperando el momento perfecto.
Esperando permiso para levantarse.

Y Jesús no les da un empujón.
Les da una orden:

“Levántate.”

No cuando el agua se mueve.
No cuando todo mejore.
No cuando estés listo.

Ahora.

Aquí es donde duele

Jesús lo sana… y luego se va.
No lo acompaña.
No lo explica todo.
No lo aplaude.

Porque la verdadera prueba no era caminar.
Era vivir sin la excusa.

Después de 38 años, ¿qué haces cuando ya no puedes decir
“así soy porque estoy herido”?
¿Qué haces cuando ya no puedes culpar al pasado?
¿Qué haces cuando Dios te quita la parálisis… pero te deja la responsabilidad?

Eso es lo que casi nadie predica.

Para nosotros, hoy

Tal vez tu estanque no es Betesda.
Tal vez es:

una relación que nunca sanó
un error que ya pagaste pero sigues cargando
una fe heredada que ya no te alcanza
una espera que se volvió identidad

Y Jesús pasa.
No agita el agua.
Agita tu excusa.

Y te dice lo mismo, con voz suave pero firme:

“Levántate.
No porque el mundo cambió,
sino porque ya no necesitas permiso para vivir”

Eso…
eso no es una historia bonita.
Es una confrontación.

Y a veces, lo más milagroso no es que Dios nos sane,
sino que nos quite el lugar donde nos escondíamos.

Silencio.
Respira.
Y si hoy te dolió…
tal vez Jesús también pasó por tu estanque.

#CaminarDiario
LA DIETA MENTAL.

Así como eliges con cuidado lo que pones en tu plato, deberías elegir con la misma intención lo que permites entrar en tu mente.
No todo lo que ves, escuchas o lees te nutre. Algunas palabras alimentan tu paz; otras fortalecen tus miedos.
Tu mente es tierra fértil.
Lo que siembres en ella —pensamientos, conversaciones, emociones— crecerá.
Por eso, hoy pregúntate:
¿Estoy consumiendo críticas o crecimiento?
¿Ruido o calma?
¿Queja o gratitud?

Recuerda: una mente bien alimentada produce una vida más sana..DTB..☕️❤️

#Reflexiones
Abusar del nombre de Dios

Lee: Éxodo 20:1-4, 7-8, 12-17

La antigua fotografía de la Segunda Guerra Mundial, tomada fuera de la sede nazi de un pueblo, representa una advertencia para todos. En ella, una mujer bien vestida cruza la calle, un hombre de traje camina por la acera, mientras otro está detenido leyendo una cartelera en la esquina del edificio. Todos parecen ajenos a la enorme bandera que cuelga arriba de la puerta del frente, donde dice: «Al resistir a los judíos, lucho por la obra del Señor».

Este tipo de traición es lo que Dios tenía en mente cuando ordenó: «No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano; porque no dará por inocente el Señor al que tomare su nombre en vano» (Éxodo 20:7). Este mandamiento no solo abarca el mal uso de su nombre en insultos o cuando lo gritamos al golpearnos un dedo del pie o de la mano, sino también la perversión de usar su nombre para ocultar el mal.

No debemos suponer que estamos haciendo la obra de Dios simplemente porque otros lo digan. Debemos evaluar en oración que nuestras acciones sean acordes a lo que Él revela en la Biblia. ¿Cómo sabemos que le servimos? El Salmo 119:9 dice: «¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra». El Dios que nos manda «[crecer] en la obra del Señor siempre» nos ha dicho en su santo libro qué es esa obra (1 Corintios 15:58). Escuchémoslo.

Mike Wittmer

#NuestroPanDiario