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Al carecer de emisora cristiana en nuestro país queremos transmitir palabra de Dios hasta tu Hogar.
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"Yo no me doy por vencido"

Desde la psicología del amor, decir “yo no me doy por vencido” no habla únicamente de insistencia, sino de compromiso emocional con sentido. Amar no es resistir a cualquier costo, sino tener la capacidad de sostener el vínculo mientras exista respeto, diálogo y posibilidad de crecimiento mutuo.

No darse por vencido, en una relación sana, significa no huir ante la primera dificultad. Implica entender que todo vínculo atraviesa crisis, silencios, desencuentros y momentos de cansancio emocional. El amor maduro no busca perfección, busca disposición para reparar, para conversar y para volver a intentar desde un lugar más consciente.

Psicológicamente, esta postura nace de la responsabilidad afectiva. Quien no se rinde de forma sana no insiste desde el miedo a perder, sino desde la claridad de lo que siente y de lo que está dispuesto a trabajar. No es apego, es elección. No es dependencia, es coherencia entre lo que se siente y lo que se hace.

Sin embargo, la psicología también advierte un límite necesario: no darse por vencido no significa tolerar el daño, la indiferencia o la falta de reciprocidad. Persistir en un vínculo donde no hay cuidado mutuo no es amor, es desgaste. La verdadera fortaleza emocional sabe distinguir cuándo insistir y cuándo retirarse con dignidad.

En su versión más sana, “yo no me doy por vencido” significa creer en el valor del vínculo, apostar por el diálogo, trabajar las heridas y aprender a amar mejor. Significa entender que el amor no siempre se siente fuerte, pero puede reconstruirse cuando hay voluntad compartida.

No darse por vencido es permanecer cuando ambos quieren quedarse. Es luchar por el nosotros sin perder el yo. Es amar con firmeza, pero también con conciencia.

Porque el amor que vale la pena no es el que nunca falla, sino el que sabe levantarse sin dejar de respetarse.

Victor Zegarra.

#Reflexiones
🔥Buenos días 🎙
De Mañana con Jesús
Lectura de Hechos capitulo 7:23-23
Ten ánimo
Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave.
-- Hechos 27:22
Biblia Reina Valera 1960 https://bibliacomigo.page.link/DtUc
Génesis capítulo 3 narra uno de los momentos más trágicos y determinantes de la historia bíblica: la ruptura de la comunión entre Dios y el ser humano 💔.

La serpiente no aparece como una figura violenta ni amenazante, sino como un ser astuto (Gn 3:1). Su estrategia no fue obligar a Adán y Eva a pecar, sino sembrar duda allí donde antes había confianza plena en Dios.

La primera pregunta de la serpiente es profundamente reveladora: «¿Conque Dios os ha dicho…?» (Gn 3:1). No niega directamente a Dios, sino que distorsiona Su palabra.

Teológicamente, este es el primer ataque al carácter de Dios: se insinúa que Dios limita, que retiene algo bueno, que no es del todo confiable. El pecado comienza no con el acto de comer el fruto, sino con el quiebre de la confianza en la bondad divina.

Eva observa el fruto y el texto dice que era «bueno para comer, agradable a los ojos y deseable para alcanzar sabiduría» (Gn 3:6). Aquí se manifiesta la triple dimensión del pecado: deseo físico, atracción visual y orgullo intelectual.

🐍La serpiente logra que el ser humano pase de depender de Dios a querer definirse a sí mismo, decidir por su cuenta qué es bueno y qué es malo. Ese es el núcleo teológico de la caída: la autonomía humana reemplazando la obediencia confiada.

Las consecuencias son inmediatas. Los ojos se abren, pero no para la gloria, sino para la vergüenza. Aparece el miedo, la culpa y la lejanía: «y se escondieron de la presencia de Jehová Dios» (Gn 3:8).

Donde antes había comunión, ahora hay distancia. Donde había diálogo abierto, ahora hay evasión. El pecado siempre promete libertad, pero produce ruptura relacional, especialmente con Dios.

Esta misma estrategia sigue vigente hoy. La serpiente ya no habla desde un árbol, pero susurra a través de pensamientos, prioridades, distracciones y justificaciones. No siempre nos empuja a pecados escandalosos; muchas veces nos aleja de Dios de manera sutil: cuando relativizamos la Palabra, cuando postergamos la oración, cuando normalizamos la desobediencia bajo el argumento de que “no es tan grave”.

El cristiano puede seguir asistiendo a la iglesia y, sin darse cuenta, vivir no es la tentación evidente, sino la pérdida gradual de la comunión.

El enemigo sabe que no necesita destruirnos de golpe; le basta con separarnos lentamente de la voz de Dios. Por eso, la pregunta divina «¿Dónde estás tú?» (Gn 3:9) sigue resonando hoy. No es una pregunta de ignorancia, sino de gracia: Dios busca al ser humano incluso cuando este se ha escondido.

En conclusión, Génesis 3 no es solo un relato antiguo; es un espejo espiritual. Nos confronta con una verdad profunda: cada vez que dudamos de la Palabra de Dios y elegimos nuestra propia voz por encima de la suya, la comunión se resiente. Pero también nos muestra a un Dios que sigue buscando, llamando y ofreciendo restauración.

La comunión perdida por la serpiente comienza a ser restaurada por la gracia, y alcanza su plenitud en Cristo, el segundo Adán, que vino a reconciliar lo que el pecado separó.

#Jesus #cristianismo #jesuscristo
Media is too big
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La mente también se ensucia.Se llena de mentiras, rencor, culpa y pecado. 🥺🙌

Pero cuando venimos a Cristo,Él no solo perdona… Él limpia y renueva.

📖 Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes Ezequiel 36:26

Dios no maquilla la mente, la transforma desde la raíz.
Buenos días.
Hoy disfrutamos y valoramos el tiempo de oración, ya que es lo que nos mantiene en una relación fuerte con Dios, con Jesús y con el Espíritu Santo.
Vamos a leer Jonás capítulo 03 que nos enseña, que debemos permitir que Dios nos use para bendecir a otros dándoles el mensaje que él tiene para ellos, y que debemos reconocer nuestros errores, arrepentirnos de ellos pidiéndole perdón de corazón a Dios, así su bendición siempre estará en nosotros.
Cada persona tiene su propio ritmo, su historia, sus heridas y sus formas de sanar. Pretender que todos avancemos igual es olvidar que la vida no es una carrera con una sola meta, sino un camino que cada quien recorre con pasos distintos. Aceptar la singularidad de tu proceso te permite vivir con más calma, sin sentir que estás “atrasado” o que deberías estar en otro lugar.

Tu proceso es único porque tú lo eres. Nadie más ha vivido exactamente lo que tú has vivido ni ha sentido como tú lo has hecho. Por eso, compararte con los demás solo genera ruido e inseguridad. Reconocer que tu camino puede verse diferente —más lento, más caótico, más silencioso— no significa que estés fallando, sino que estás siendo auténtico con tu realidad. En esa honestidad con tu ritmo hay sabiduría y respeto por lo que realmente necesitas para crecer.

Aceptar que tu proceso es propio también es una forma de autocuidado. Te permite validar tus logros, incluso los pequeños, y sostenerte con paciencia en los momentos en que avanzar se siente difícil. No necesitas que tu camino se parezca al de nadie más para que sea valioso. Lo importante no es la velocidad ni la comparación, sino la dirección: seguir caminando hacia una vida más coherente contigo, a tu propio paso y con tus propias lecciones.

#Reflexiones