Enfocado en Dios
Lee: Isaías 26:1-5
Una compañera de trabajo me llamó por teléfono para hablar de un tema. Me preguntó cómo estaba, y le conté que tenía una dolorosa sinusitis y que la medicina no estaba funcionando. Entonces, me preguntó: «¿Puedo orar por ti?». Acepté, e hizo una breve oración pidiéndole a Dios que me sanara. Le dije: «A veces me olvido de orar. Estaba tan enfocada en el dolor que no acudí a Dios».
Esa confesión me llevó a reflexionar sobre en qué me enfoco: ¿en mis problemas y dificultades o en Dios? Ese día, solo pensaba en el dolor. Pero Isaías 26:3 nos recuerda que, cuando mantenemos nuestra mente enfocada en Dios, nuestro sanador y sustentador, encontramos paz: «Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado». Aunque el dolor no desaparezca de inmediato, o quizá nunca en esta vida, el profeta nos recuerda confiar en Aquel que es fiel y capaz de proveer lo que necesitamos (v. 4).
Este pasaje de Isaías les señalaba a los israelitas las promesas de Dios durante y después de su exilio. Ellos volverían a cantar alabanzas a Él cuando se aferraran a su fe y esperanza en su provisión (vv. 1-2). Las palabras del profeta también nos recuerdan que, sea cual sea el dolor que enfrentemos, podemos hallar consuelo al enfocarnos en Dios y clamar a Él.
Katara Patton
#NuestroPanDiario
Lee: Isaías 26:1-5
Una compañera de trabajo me llamó por teléfono para hablar de un tema. Me preguntó cómo estaba, y le conté que tenía una dolorosa sinusitis y que la medicina no estaba funcionando. Entonces, me preguntó: «¿Puedo orar por ti?». Acepté, e hizo una breve oración pidiéndole a Dios que me sanara. Le dije: «A veces me olvido de orar. Estaba tan enfocada en el dolor que no acudí a Dios».
Esa confesión me llevó a reflexionar sobre en qué me enfoco: ¿en mis problemas y dificultades o en Dios? Ese día, solo pensaba en el dolor. Pero Isaías 26:3 nos recuerda que, cuando mantenemos nuestra mente enfocada en Dios, nuestro sanador y sustentador, encontramos paz: «Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado». Aunque el dolor no desaparezca de inmediato, o quizá nunca en esta vida, el profeta nos recuerda confiar en Aquel que es fiel y capaz de proveer lo que necesitamos (v. 4).
Este pasaje de Isaías les señalaba a los israelitas las promesas de Dios durante y después de su exilio. Ellos volverían a cantar alabanzas a Él cuando se aferraran a su fe y esperanza en su provisión (vv. 1-2). Las palabras del profeta también nos recuerdan que, sea cual sea el dolor que enfrentemos, podemos hallar consuelo al enfocarnos en Dios y clamar a Él.
Katara Patton
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❓❓ Sabías que...❓❓
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Mientras ayunas, algo profundo se mueve en el mundo espiritual, aunque tus ojos naturales no lo vean. El ayuno no es solo dejar de comer, es una llave que Dios usa para abrir puertas que estaban cerradas por años. En el ayuno se libera discernimiento, porque el ruido del alma se silencia y el Espíritu Santo comienza a hablar con claridad; empiezas a entender por qué ciertas batallas se repetían y cuál es la raíz real del problema. También se libera autoridad espiritual, porque el ayuno debilita la carne y fortalece tu espíritu, haciendo que tu oración tenga peso, respaldo y gobierno en los aires. Y se libera dirección divina, porque cuando ayunas, alineas tu voluntad con la de Dios, y Él comienza a ordenar tus pasos, a cerrar caminos peligrosos y a abrir puertas que solo se abren con obediencia y entrega. El ayuno no cambia a Dios, te cambia a ti, y cuando tú cambias, el cielo responde.
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Mientras ayunas, algo profundo se mueve en el mundo espiritual, aunque tus ojos naturales no lo vean. El ayuno no es solo dejar de comer, es una llave que Dios usa para abrir puertas que estaban cerradas por años. En el ayuno se libera discernimiento, porque el ruido del alma se silencia y el Espíritu Santo comienza a hablar con claridad; empiezas a entender por qué ciertas batallas se repetían y cuál es la raíz real del problema. También se libera autoridad espiritual, porque el ayuno debilita la carne y fortalece tu espíritu, haciendo que tu oración tenga peso, respaldo y gobierno en los aires. Y se libera dirección divina, porque cuando ayunas, alineas tu voluntad con la de Dios, y Él comienza a ordenar tus pasos, a cerrar caminos peligrosos y a abrir puertas que solo se abren con obediencia y entrega. El ayuno no cambia a Dios, te cambia a ti, y cuando tú cambias, el cielo responde.
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Amor abundante
Lee: Filipenses 1:3-11
La última noche del campamento, mi yo adolescente sintió que llamaba la atención estando sola en medio de un grupo de campistas. Cuando uno de ellos se burló de mí, me dolió. Corrí de regreso a mi tienda y fingí estar dormida cuando la líder del grupo vino a verme. A la mañana siguiente, evité su intento de hablar sobre lo sucedido.
Más tarde, ella me escribió para ayudarme a comprender que Dios realmente se interesaba por mí. Citó a Pablo: «estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo» (Filipenses 1:6). Sentí que esas palabras estaban dirigidas específicamente a mí.
Pablo le escribió a la iglesia en Filipos, la cual había fundado hacía más de una década, para animar a los creyentes a arraigar su amor por Dios y los unos por los otros con «entrañable amor» (v. 9). Dios continuaría su obra en y a través de ellos al llenarlos de «frutos de justicia […] por medio de Jesucristo» (v. 11). En aquel momento, yo no entendía el contexto original, pero empecé a comprender que mi identidad como alguien amado por Dios provenía de conocer el amor de Jesús.
Dios desea que recibamos su amor y que este abunde en nosotros más y más. Al llenarnos de su gozo y paz, no solo lo conocemos más a Él, sino también su buena obra en nosotros.
Amy Boucher Pye
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Lee: Filipenses 1:3-11
La última noche del campamento, mi yo adolescente sintió que llamaba la atención estando sola en medio de un grupo de campistas. Cuando uno de ellos se burló de mí, me dolió. Corrí de regreso a mi tienda y fingí estar dormida cuando la líder del grupo vino a verme. A la mañana siguiente, evité su intento de hablar sobre lo sucedido.
Más tarde, ella me escribió para ayudarme a comprender que Dios realmente se interesaba por mí. Citó a Pablo: «estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo» (Filipenses 1:6). Sentí que esas palabras estaban dirigidas específicamente a mí.
Pablo le escribió a la iglesia en Filipos, la cual había fundado hacía más de una década, para animar a los creyentes a arraigar su amor por Dios y los unos por los otros con «entrañable amor» (v. 9). Dios continuaría su obra en y a través de ellos al llenarlos de «frutos de justicia […] por medio de Jesucristo» (v. 11). En aquel momento, yo no entendía el contexto original, pero empecé a comprender que mi identidad como alguien amado por Dios provenía de conocer el amor de Jesús.
Dios desea que recibamos su amor y que este abunde en nosotros más y más. Al llenarnos de su gozo y paz, no solo lo conocemos más a Él, sino también su buena obra en nosotros.
Amy Boucher Pye
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"Me paro en la brecha"
Nancy Dominguez
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