🇨🇺📻📡 Radio SHADDAI.🔥🇨🇺. La 1ra 🎙en llevar Palabra de Dios a tu vida .Baracoa. 🤗
975 subscribers
11.3K photos
7.22K videos
43 files
4.93K links
Al carecer de emisora cristiana en nuestro país queremos transmitir palabra de Dios hasta tu Hogar.
Download Telegram
Valentía para mantenerse firme por Jesús

Lee: Juan 13:36-38; 21:18-19

En el año 155 d.C., un padre de la iglesia primitiva, Policarpo, fue amenazado con morir en la hoguera por su fe en Cristo. Él respondió: «Durante ochenta y seis años he sido su siervo, y no me ha hecho ningún mal. ¿Cómo puedo ahora blasfemar contra mi Rey que me salvó?». Su respuesta puede ser una inspiración cuando enfrentamos pruebas extremas por nuestra fe en Jesús, nuestro Rey.

Horas antes de la muerte de Cristo, Pedro declaró con valentía su lealtad: «Mi vida pondré por ti» (Juan 13:37). Jesús, que conocía a Pedro mejor de lo que él mismo se conocía, respondió: «De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces» (v. 38). Sin embargo, después de la resurrección de Jesús, el mismo que lo había negado comenzó a servirlo con valentía, y finalmente lo glorificó con su propia muerte (ver 21:16-19).

¿Eres un Policarpo o un Pedro? Si somos sinceros, la mayoría somos más como Pedro, con «falta de coraje»: no hablamos o actuamos como creyentes en Jesús. Tales ocasiones, ya sea en un aula o en el trabajo, no deben definirnos. Cuando fallamos, debemos levantarnos en oración y acudir a Jesús, quien murió y vive por nosotros. Él nos ayudará a ser fieles y vivir con valentía por su causa día tras día en los lugares difíciles.

Arthur Jackson

#NuestroPanDiario
Más allá de la sonrisa

A veces nos rodeamos de personas que solo están presentes cuando todo es risas y planes increíbles. Pero la realidad es que el afecto real no es un contrato de exclusividad con la felicidad.
Si alguien se aleja cuando estás de mal humor, cuando el cansancio te gana o cuando simplemente no tienes nada divertido que decir, entonces esa persona no te conoce; solo consume una versión editada de ti.
Aprender a mostrarse vulnerable es un filtro necesario. Quedarse sentado al lado de alguien que no está en su mejor momento es el acto de lealtad más honesto que existe. No permitas que nadie te haga sentir que eres "demasiado" o que "estás exagerando" solo porque hoy no tienes una sonrisa puesta.
La gente que vale la pena es la que entiende que tu sombra es tan parte de ti como tu luz. Y que, para quererte completo, hay que saber acompañar también tus silencios.

¿Alguna vez has sentido que tienes que esconder tu mal humor para no incomodar a los demás?

#CaminarDiario
DIOS ES NUESTRO SUSTENTO, EN MEDIO DEL DESIERTO.
Salmo 78: 1-22
Pero ellos siguieron pecando contra Dios; se rebelaron contra el Altísimo en el desierto.
Quisieron ponerle a prueba, pidiendo comida a su antojo.
Hablaron contra Él, diciendo:
"¿Acaso puede Dios servir una mesa en el desierto?"
Es verdad que Dios partió la peña, que de ella brotó agua como un río, y que la tierra se inundó; pero, ¿podrá dar también pan?
¿Podrá dar carne a su pueblo? V:17-20
¿Has dudado alguna vez de Dios o de Sus planes? El Salmo 78 retrata esos momentos de duda en la historia de Israel, al contrastar la ingratitud y la infidelidad del pueblo, con la fidelidad y la misericordia de Dios.
Aunque habían dejado atrás la esclavitud de Egipto y Dios les había librado de manera poderosa, les costó entonces, como a nosotros hoy, entender cómo se convive con la idea de un Dios real en medio de un desierto y sus dificultades.
¿Podrá Dios preparar mesa en el desierto? Parecería una pregunta tonta y sin sentido para los israelitas: "No, no puede, porque es un lugar de muerte y desolación. Y si puede, no lo hará". Así razonó el pueblo de Israel en contra de Dios. Esto es lo que sucede cuando nos olvidamos de lo que Dios ha hecho por nosotros.
Hoy, Dios quiere recordarnos que, aunque los desiertos en la vida son lugares desolados y solitarios, donde cuesta ver el propósito de Dios, son también necesarios para prepararnos para los momentos de abundancia. De la misma manera Dios nos recuerda que son temporales, pues tiene un destino seguro para los que depositamos nuestra confianza en Él, como nuestro único Salvador.
A pesar de que estemos viviendo en este momento tiempos de incertidumbre, donde, en apariencia, Dios no está viendo lo que nos sucede, a pesar de las preguntas y dudas, Él quiere mostrarse en ese desierto,para fortalecer nuestra relación con Él y también nuestra fe.
"Confía y cree en la Presencia de Dios y Su provisión en los desiertos de la vida".
Padre Celestial.
Te pido perdón, porque nosotros no somos mejores que los israelitas. Muchas veces, hemos pecado contra Tí, dudando de tu poder y tu grandeza. Diciendo que te has olvidado de nosotros, o que no nos amas y que no te importamos...
Perdón, Señor, porque somos tan limitados, que no vemos más allá de nuestras narices...
Perdón, Señor, porque tenemos la memoria tan finita, que ante algo inesperado que nos angustia, ya nos olvidamos de Todo lo que has hecho y haces por nosotros.
Perdón, Señor, por enfocarnos siempre sólo en lo negativo, en lo que nos falta, y no vemos todo lo bueno que nos rodea, las bendiciones que día a día derramas en abundancia sobre nosotros.
Padre, ayúdanos a fijar nuestra mirada en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe.
Padre, ayúdanos a poner tu reino y tu justicia en primer lugar, y no en las añadiduras...
Padre, gracias! Porque tus misericordias son nuevas cada mañana, y tu fidelidad cada noche. Te amo, te bendigo, te glorifico y te exalto, en el Poderoso Nombre de Jesús. Amén
“Callar la mente para oír al Espíritu Santo”
📖 Salmo 46:10 — “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios…”

Te hablo directo: tu problema no es que Dios no habla. Tu problema es que tu mente no se calla. Y no te lo digo para acusarte, te lo digo para despertarte. Porque hay personas que pasan años diciendo “no oigo dirección”, “no siento nada”, “no sé qué hacer”… y la verdad es esta: tienen demasiado ruido adentro. Y el ruido no siempre es pecado. A veces es exceso de análisis, exceso de recuerdos, exceso de conversaciones internas, exceso de “¿y si…?” y “¿por qué…?” y “tengo que…” y “debería…”. La mente se vuelve una sala de reuniones donde todo el mundo opina… menos el Espíritu Santo.

Salmo 46:10 no es una frase bonita para poner en una foto. Es una orden. “Estad quietos” significa: detente por dentro. No es solo sentarte en una silla; es desactivar la necesidad de controlar, de explicarlo todo, de anticipar todo, de resolverlo todo antes de tiempo. Porque hay mentes que no viven: administran crisis imaginarias. Y después se sorprenden de estar agotadas, tensas, y confundidas.

Quiero que entiendas algo: la mente sin quietud se vuelve un “profeta falso” dentro de ti. No porque tenga mala intención, sino porque interpreta mal. La mente ve una puerta cerrada y dice: “se acabó”. La mente ve silencio y dice: “Dios no está”. La mente ve un retraso y dice: “fracasaste”. La mente ve una prueba y dice: “te soltaron”. Y el Espíritu Santo está diciendo otra cosa… pero tú no lo oyes porque estás discutiendo contigo mismo.

Aquí va una verdad fuerte: muchas decisiones equivocadas no nacen de rebeldía, nacen de prisa interna. Gente que se cambia de lugar, corta relaciones, abandona procesos, se mete en algo nuevo, se inventa un plan… no porque Dios los movió, sino porque la mente no soportó la espera. Y cuando tú te mueves por ruido, terminas en confusión. Pero cuando tú te aquietas, el Espíritu Santo no solo te habla: te ordena.

Y sí: aquietarse cuesta. Porque aquietarte significa renunciar a la fantasía de que “si lo pienso mucho, lo controlo”. Y no, mi hermano: pensar demasiado no te da control. Te da ansiedad. Te da agotamiento. Te da paranoia espiritual. Te hace sospechar de todo. Y llega un punto donde ya no sabes si estás discerniendo o estás proyectando.

Por eso, el Padre dice “estad quietos”. No porque quiera verte pasivo, sino porque quiere verte gobernado por dentro. La quietud es el lugar donde la fe se vuelve estable. Es el momento donde tú dejas de preguntarle a todo el mundo y vuelves a la única Voz que no te confunde.

Cómo se ve una mente ruidosa (para que te diagnostiques sin maquillaje)

Oras… pero en realidad estás pensando mientras oras. Terminas más cargado que cuando empezaste.
Te hablan… y tú ya estás preparando la respuesta antes de escuchar.
Te cuesta estar en silencio. Necesitas ruido: música, redes, mensajes, algo.
Tienes “discernimientos” que siempre terminan en miedo, sospecha y tensión.
Estás tomando decisiones desde urgencia, no desde paz.

Y aquí viene lo más delicado: a veces tú dices “quiero oír al Espíritu Santo”, pero no estás dispuesto a dejar de alimentar el ruido que apaga Su voz. Porque el ruido se alimenta de cosas específicas: exceso de redes, exceso de conversaciones innecesarias, exceso de noticias malas, exceso de explicaciones, exceso de revisar el pasado, exceso de estar pendiente de lo que otros hacen.
Te lo digo así: hay cosas que tú tienes que cortar para poder oír. No porque sean demoníacas necesariamente, sino porque son distractores. Y el Espíritu Santo no compite con el ruido. Él gobierna en paz.

Ahora, quiero que escuches esto: aquietarte no es quedarte vacío. Es quedarte disponible. Es decir: “Padre, ya no voy a decidir desde mi ansiedad. Yo me alineo.” Porque cuando tú te aquietas, empiezas a notar algo: la dirección de Dios no siempre viene en un grito… viene como una claridad suave que te aterriza, te calma, y te afirma.

Hoy el Padre dice:
“Yo no te he llamado a vivir confundido. Yo no te he llamado a vivir perseguido por pensamientos.
Yo no te hice para que tu mente sea un tribunal donde siempre estás en juicio. Hoy te ordeno descanso interno. Hoy te saco del torbellino. Yo voy a silenciar el ruido que te ha robado la paz. Y te voy a devolver enfoque. Te voy a devolver claridad. Te voy a devolver dirección. Donde tú estabas tomando decisiones por presión, Yo voy a poner paz. Donde tú estabas acelerado por miedo, Yo voy a poner gobierno. No te muevas por ansiedad. Aquieta tu alma y vas a oír Mi instrucción con precisión.”
Y yo te lo declaro: vas a recuperar el oído espiritual. No porque te esfuerces más, sino porque hoy vas a obedecer esta orden: “estad quietos”. Y cuando el ruido se apaga, el Espíritu Santo no falla: Él habla, Él guía, Él corrige, Él afirma, Él abre, Él cierra, y lo hace con paz.

“No todos entienden esto. Y está bien.”
“Hay procesos que no se explican aquí.”