Un ojo conocedor
Lee: Salmo 32:1-5, 9-11
Javier y Pedro trabajaron juntos durante una década, colocando revestimientos en casas. Eran buenos amigos, pero ninguno hablaba mucho. Mientras trabajaban, apenas pronunciaban palabra. Pero se conocían tan bien que eso rara vez era un problema. Podían comunicarse con un simple asentimiento de cabeza o una mirada. Pequeños gestos decían una enormidad.
El Salmo 32:8 evoca este nivel de familiaridad entre Dios y el salmista: «sobre ti fijaré mis ojos». Dios no mira desde lejos, sino que es un Padre amoroso que trabaja en asociación con su hijo. Aunque el salmo comienza con una confesión de pecado (vv. 1-5), el énfasis no está en el castigo, sino en la redirección amorosa de Dios al enseñarle a su hijo el camino correcto (vv. 6-7).
La otra opción es ser como el caballo o el mulo, «que han de ser sujetados con cabestro y con freno, porque si no, no se acercan a ti» (v. 9). La imagen representa rebelarse o ignorar el camino de Dios. Como creyentes en Jesús, debemos desarrollar una profunda intimidad con Dios para estar en sintonía con sus gestos delicados. Una manera de hacerlo es leyendo las Escrituras. Esto nos ayuda a que «andemos guiados por el Espíritu» (Gálatas 5:25 NVI) para amar lo que Dios ama. Entonces, podremos alegrarnos en el Señor y gozarnos (Salmo 32:11).
Matt Lucas
#NuestroPanDiario
Lee: Salmo 32:1-5, 9-11
Javier y Pedro trabajaron juntos durante una década, colocando revestimientos en casas. Eran buenos amigos, pero ninguno hablaba mucho. Mientras trabajaban, apenas pronunciaban palabra. Pero se conocían tan bien que eso rara vez era un problema. Podían comunicarse con un simple asentimiento de cabeza o una mirada. Pequeños gestos decían una enormidad.
El Salmo 32:8 evoca este nivel de familiaridad entre Dios y el salmista: «sobre ti fijaré mis ojos». Dios no mira desde lejos, sino que es un Padre amoroso que trabaja en asociación con su hijo. Aunque el salmo comienza con una confesión de pecado (vv. 1-5), el énfasis no está en el castigo, sino en la redirección amorosa de Dios al enseñarle a su hijo el camino correcto (vv. 6-7).
La otra opción es ser como el caballo o el mulo, «que han de ser sujetados con cabestro y con freno, porque si no, no se acercan a ti» (v. 9). La imagen representa rebelarse o ignorar el camino de Dios. Como creyentes en Jesús, debemos desarrollar una profunda intimidad con Dios para estar en sintonía con sus gestos delicados. Una manera de hacerlo es leyendo las Escrituras. Esto nos ayuda a que «andemos guiados por el Espíritu» (Gálatas 5:25 NVI) para amar lo que Dios ama. Entonces, podremos alegrarnos en el Señor y gozarnos (Salmo 32:11).
Matt Lucas
#NuestroPanDiario
📕❤️Devocional: ” JESÚS EL LEÓN DE JUDÁ🕊️
Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.
(Apocalipsis 5:5)
Jesús es conocido como el León de la tribu de Judá. Esa poderosa referencia nos revela la majestad, fuerza y autoridad que él posee. Cuando hablamos de un león, inmediatamente nos viene a la mente un animal bravo, valeroso y dominante. ¡Así es nuestro Señor Jesús!
Jesús, el León de Judá, es el que venció a la muerte y ganó la victoria para todos nosotros. Su voz es como un rugido que estremece cielo y tierra. Su amor es feroz e inquebrantable, capaz de rescatarnos del pecado y reconciliarnos con Dios.
Cuando miramos a Jesús como el León de Judá, recordamos que él es nuestro defensor, el que pelea por nosotros. Él no solo nos protege de los ataques del enemigo, sino que también nos capacita para enfrentar la adversidad con valentía y fe.
Inspírate con el León de Judá
Fortaleza: Así como un león es fuerte y valiente, debemos revestirnos de la fuerza que viene de Cristo.
Osadía: un león no tiene miedo de enfrentar los desafíos. Asimismo, debemos ser audaces en nuestra fe, proclamando el evangelio y siendo testigos del amor de Jesús en medio de nosotros.
Autoridad: Así como el rugido de un león impone respeto, debemos ejercer la autoridad que Cristo nos ha dado sobre las obras del enemigo. No permitamos que el mal triunfe. Querido Jesús, León de Judá, fortalécenos, danos osadía y autoridad para vivir como verdaderos discípulos, dando testimonio de tu amor a todo el mundo. ¡En tu nombre, mi Señor, amén!
Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.
(Apocalipsis 5:5)
Jesús es conocido como el León de la tribu de Judá. Esa poderosa referencia nos revela la majestad, fuerza y autoridad que él posee. Cuando hablamos de un león, inmediatamente nos viene a la mente un animal bravo, valeroso y dominante. ¡Así es nuestro Señor Jesús!
Jesús, el León de Judá, es el que venció a la muerte y ganó la victoria para todos nosotros. Su voz es como un rugido que estremece cielo y tierra. Su amor es feroz e inquebrantable, capaz de rescatarnos del pecado y reconciliarnos con Dios.
Cuando miramos a Jesús como el León de Judá, recordamos que él es nuestro defensor, el que pelea por nosotros. Él no solo nos protege de los ataques del enemigo, sino que también nos capacita para enfrentar la adversidad con valentía y fe.
Inspírate con el León de Judá
Fortaleza: Así como un león es fuerte y valiente, debemos revestirnos de la fuerza que viene de Cristo.
Osadía: un león no tiene miedo de enfrentar los desafíos. Asimismo, debemos ser audaces en nuestra fe, proclamando el evangelio y siendo testigos del amor de Jesús en medio de nosotros.
Autoridad: Así como el rugido de un león impone respeto, debemos ejercer la autoridad que Cristo nos ha dado sobre las obras del enemigo. No permitamos que el mal triunfe. Querido Jesús, León de Judá, fortalécenos, danos osadía y autoridad para vivir como verdaderos discípulos, dando testimonio de tu amor a todo el mundo. ¡En tu nombre, mi Señor, amén!
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"REFLEXIÓN "
📖🙏Siempre restauradores
Gálatas 6: 1Hermanos, es posible que alguno de ustedes caiga en la trampa del pecado. Ustedes, que son guiados por el Espíritu, acérquense a él y ayúdenle a corregir su error. Pero ¡ojo!, háganlo con humildad, pues ustedes también pueden caer en tentación.
Cuando uno lee la biblia puede ver en el nuevo testamento muchos ejemplos de cómo Jesús era un restaurador de vidas. Jesús, más allá de juzgar a alguien por su pecado, o su pasado, buscaba restaurar sus vidas. Hoy en día no es así, estamos en la sociedad que juzga, que critica, que señala o que disfruta de los males ajenos.
Estamos en la sociedad que hace bulla de separaciones de artistas, dejando mal visto el matrimonio, o negando la existencia del amor verdadero. Hoy pareciera que lo que aplaudimos es todo aquello que está en contra de Dios, pero no aplicamos la restauración.
Como personas de fe debemos siempre tener un espíritu restaurador.
Cuando una persona ha cometido una falla y esta arrepentida, nuestro deber como personas que aman al Señor, es buscar la manera y la forma de restaurarle, de edificarle, no solo de exhortarle. No ganamos nada con tener siempre ese dedo acusador que descalifica, que daña, que juzga, que critica y que no muestra el verdadero amor de Jesús.
Veamos un ejemplo de restauración del maestro. En Lucas capítulo 8: 26-27 vemos que el Señor se encuentra con un hombre endemoniado, dice la biblia que tenía así mucho tiempo.
Jesús lo libera del tormento espiritual, versículo 35: 35 La gente salió corriendo para ver lo que había pasado. Pronto una multitud se juntó alrededor de Jesús, y todos vieron al hombre liberado de los demonios. Estaba sentado a los pies de Jesús, completamente vestido y en su sano juicio, y todos tuvieron miedo.
Cuando estudio la historia del endemoniado, puedo ver que muchas personas pueden padecer de una situación similar. Vidas desgastadas por el pecado, atormentados por las tinieblas, hundidas en depresión, agonía, desilusión.
Incluso, algunos han perdido hasta la esperanza de solucionar sus problemas y se resignan a vivir se sepulcros de perdida. Tal vez no están atados físicamente, pero si espiritualmente.
El hombre de la historia estaba atado física y espiritualmente, y la sociedad de ese siglo no podía restaurarle, en ellos no estaba la capacidad de poder mejorar su condición de vida, hasta que se encuentra con Jesús.
Seguramente, su condición aterrorizaba a todos, seguramente era señalado constantemente, pero un día su encuentro divino lo sacó de esa condición.
Hoy podemos reflexionar en algo: ¿hemos ayudado a alguien que permanece atado, o inmediatamente le rechazamos?
Somos capaces de guiar a alguien por el camino de la liberación a los pies de Jesús, o solo nos dedicamos a juzgar su condición.
La gente veía a un endemoniado, pero Jesús vio a un hijo, y es allí donde la historia cambia. Antes de ver lo poseído que estaba, el maestro se movió a compasión, a estima, a misericordia.
Todos hemos vivido un momento de restauración en nuestras vidas, todos necesitamos de un momento de despegue donde alguien nos ayude a librarnos de la opresión y esto permitirá mejorar nuestra vida.
Ahora bien, si estamos del otro lado, si hemos conocido el amor y la compasión del padre, debemos actuar como personas RESTAURADORAS. Somos el instrumento de Dios para traer liberación y paz a otros, así que no pierdas el tiempo juzgando o criticando a quienes aún permanecen atados, al contrario estimúlales por medio de la fe, a transformar sus vidas.
📖🙏Siempre restauradores
Gálatas 6: 1Hermanos, es posible que alguno de ustedes caiga en la trampa del pecado. Ustedes, que son guiados por el Espíritu, acérquense a él y ayúdenle a corregir su error. Pero ¡ojo!, háganlo con humildad, pues ustedes también pueden caer en tentación.
Cuando uno lee la biblia puede ver en el nuevo testamento muchos ejemplos de cómo Jesús era un restaurador de vidas. Jesús, más allá de juzgar a alguien por su pecado, o su pasado, buscaba restaurar sus vidas. Hoy en día no es así, estamos en la sociedad que juzga, que critica, que señala o que disfruta de los males ajenos.
Estamos en la sociedad que hace bulla de separaciones de artistas, dejando mal visto el matrimonio, o negando la existencia del amor verdadero. Hoy pareciera que lo que aplaudimos es todo aquello que está en contra de Dios, pero no aplicamos la restauración.
Como personas de fe debemos siempre tener un espíritu restaurador.
Cuando una persona ha cometido una falla y esta arrepentida, nuestro deber como personas que aman al Señor, es buscar la manera y la forma de restaurarle, de edificarle, no solo de exhortarle. No ganamos nada con tener siempre ese dedo acusador que descalifica, que daña, que juzga, que critica y que no muestra el verdadero amor de Jesús.
Veamos un ejemplo de restauración del maestro. En Lucas capítulo 8: 26-27 vemos que el Señor se encuentra con un hombre endemoniado, dice la biblia que tenía así mucho tiempo.
Jesús lo libera del tormento espiritual, versículo 35: 35 La gente salió corriendo para ver lo que había pasado. Pronto una multitud se juntó alrededor de Jesús, y todos vieron al hombre liberado de los demonios. Estaba sentado a los pies de Jesús, completamente vestido y en su sano juicio, y todos tuvieron miedo.
Cuando estudio la historia del endemoniado, puedo ver que muchas personas pueden padecer de una situación similar. Vidas desgastadas por el pecado, atormentados por las tinieblas, hundidas en depresión, agonía, desilusión.
Incluso, algunos han perdido hasta la esperanza de solucionar sus problemas y se resignan a vivir se sepulcros de perdida. Tal vez no están atados físicamente, pero si espiritualmente.
El hombre de la historia estaba atado física y espiritualmente, y la sociedad de ese siglo no podía restaurarle, en ellos no estaba la capacidad de poder mejorar su condición de vida, hasta que se encuentra con Jesús.
Seguramente, su condición aterrorizaba a todos, seguramente era señalado constantemente, pero un día su encuentro divino lo sacó de esa condición.
Hoy podemos reflexionar en algo: ¿hemos ayudado a alguien que permanece atado, o inmediatamente le rechazamos?
Somos capaces de guiar a alguien por el camino de la liberación a los pies de Jesús, o solo nos dedicamos a juzgar su condición.
La gente veía a un endemoniado, pero Jesús vio a un hijo, y es allí donde la historia cambia. Antes de ver lo poseído que estaba, el maestro se movió a compasión, a estima, a misericordia.
Todos hemos vivido un momento de restauración en nuestras vidas, todos necesitamos de un momento de despegue donde alguien nos ayude a librarnos de la opresión y esto permitirá mejorar nuestra vida.
Ahora bien, si estamos del otro lado, si hemos conocido el amor y la compasión del padre, debemos actuar como personas RESTAURADORAS. Somos el instrumento de Dios para traer liberación y paz a otros, así que no pierdas el tiempo juzgando o criticando a quienes aún permanecen atados, al contrario estimúlales por medio de la fe, a transformar sus vidas.
"REFLEXIÓN"
📖🙏¡Se acabó el tiempo!
Eclesiastés 3: 1Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.
En muchas ocasiones me gusta reflexionar sobre el tiempo que tenemos en esta vida. De pequeños podemos pensar que el tiempo pasa lento, pero en un abrir y cerrar de ojos, vemos como nuestra vida ya comienza tomar otras responsabilidades, y nos volvemos adultos llenos de ocupaciones.
Estamos en la era de todo rápido, del afán, la ansiedad, el consumismo, la era del poco tiempo.
Las conversaciones son escasas de palabras, ahora todo es un ¡apúrate que no tengo tiempo!, para llegar al otro compromiso que nos espera. Pocas veces, o casi nunca nos sentamos a contemplar la naturaleza, a desconectarnos de la tecnología, o a solo tener un tiempo para nosotros.
Incluso, armamos grandes agendas de muchas tareas, pero en poco tiempo, ¿será esto del todo beneficioso?, nos quejamos de la lluvia, nos quejamos del sol, nos quejamos del poco tiempo que tenemos, pero tampoco le damos un buen uso.
Con esto no quiero incitar a que nunca debamos planificarnos, o hacer buen uso de nuestro tiempo, sino que deberíamos reflexionar si en realidad estamos disfrutando de la vida, no vaya hacer que se nos esté acabando el tiempo y después no haya marcha atrás.
Si supieras que hasta el día de hoy es el último día que te mantuvieras con vida, cuál sería tu último deseo. ¿Qué quisieras disfrutar?
Hace días leía un poema muy hermoso de José Luis Borges, y pude comprender lo efímera que puede ser la vida, y como podemos mal utilizar el tiempo que Dios nos ha regalado.
Te dejo un pequeño extracto para reflexionar:
«Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto. Me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido. De hecho, me tomaría muy pocas cosas en serio. Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos, iría a más lugares donde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y ninguno imaginario”.
Cuando leía este hermoso poema, me di cuenta que hemos pasado mucho tiempo afanados y preocupados, perdiendo la esencia de lo que es ser feliz.
También me vino el recuerdo de una madre primeriza, que recibe los primeros consejos de maternidad de sus antepasados, cuando se les dice: “No lo cargues mucho, déjalo en su cama solo desde la primera noche, no lo acostumbres a tus brazos, dale biberón, déjalo llorar”, y por cumplir todos estos consejos, se pierde de todo el vínculo emocional que puede tener con su hijo, es decir, perdió el tiempo hermoso de sus primeros años, por seguir los consejos de otros.
En ocasiones la vida no se trata de normas, de estatutos, de apariencia, en muchas ocasiones la vida se trata de vivir. De saber que el hoy es hoy y nada ganas pensando afanadamente por el mañana.
Los años pasan y en tu memoria solo debes atesorar los momentos donde la felicidad no dependió de ti, sino de lo que había en tu ser interior. De lo que reíste, de lo que disfrutaste, de lo que amaste intensamente.
Existe el tiempo de llorar y es cierto, pero también existe el tiempo de reír, el tiempo de gozar, el tiempo de entender que habrá cosas humanas que no podrás cambiar, pero la vida continua y debes vivirla al máximo.
📖🙏¡Se acabó el tiempo!
Eclesiastés 3: 1Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.
En muchas ocasiones me gusta reflexionar sobre el tiempo que tenemos en esta vida. De pequeños podemos pensar que el tiempo pasa lento, pero en un abrir y cerrar de ojos, vemos como nuestra vida ya comienza tomar otras responsabilidades, y nos volvemos adultos llenos de ocupaciones.
Estamos en la era de todo rápido, del afán, la ansiedad, el consumismo, la era del poco tiempo.
Las conversaciones son escasas de palabras, ahora todo es un ¡apúrate que no tengo tiempo!, para llegar al otro compromiso que nos espera. Pocas veces, o casi nunca nos sentamos a contemplar la naturaleza, a desconectarnos de la tecnología, o a solo tener un tiempo para nosotros.
Incluso, armamos grandes agendas de muchas tareas, pero en poco tiempo, ¿será esto del todo beneficioso?, nos quejamos de la lluvia, nos quejamos del sol, nos quejamos del poco tiempo que tenemos, pero tampoco le damos un buen uso.
Con esto no quiero incitar a que nunca debamos planificarnos, o hacer buen uso de nuestro tiempo, sino que deberíamos reflexionar si en realidad estamos disfrutando de la vida, no vaya hacer que se nos esté acabando el tiempo y después no haya marcha atrás.
Si supieras que hasta el día de hoy es el último día que te mantuvieras con vida, cuál sería tu último deseo. ¿Qué quisieras disfrutar?
Hace días leía un poema muy hermoso de José Luis Borges, y pude comprender lo efímera que puede ser la vida, y como podemos mal utilizar el tiempo que Dios nos ha regalado.
Te dejo un pequeño extracto para reflexionar:
«Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto. Me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido. De hecho, me tomaría muy pocas cosas en serio. Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos, iría a más lugares donde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y ninguno imaginario”.
Cuando leía este hermoso poema, me di cuenta que hemos pasado mucho tiempo afanados y preocupados, perdiendo la esencia de lo que es ser feliz.
También me vino el recuerdo de una madre primeriza, que recibe los primeros consejos de maternidad de sus antepasados, cuando se les dice: “No lo cargues mucho, déjalo en su cama solo desde la primera noche, no lo acostumbres a tus brazos, dale biberón, déjalo llorar”, y por cumplir todos estos consejos, se pierde de todo el vínculo emocional que puede tener con su hijo, es decir, perdió el tiempo hermoso de sus primeros años, por seguir los consejos de otros.
En ocasiones la vida no se trata de normas, de estatutos, de apariencia, en muchas ocasiones la vida se trata de vivir. De saber que el hoy es hoy y nada ganas pensando afanadamente por el mañana.
Los años pasan y en tu memoria solo debes atesorar los momentos donde la felicidad no dependió de ti, sino de lo que había en tu ser interior. De lo que reíste, de lo que disfrutaste, de lo que amaste intensamente.
Existe el tiempo de llorar y es cierto, pero también existe el tiempo de reír, el tiempo de gozar, el tiempo de entender que habrá cosas humanas que no podrás cambiar, pero la vida continua y debes vivirla al máximo.
Las perlas no tienen valor para los cerdos, tu tiempo, tus palabras y tu esfuerzo no lo tendrán para quienes no tienen la disposición de entenderlos.
La sabiduría no consiste en convencer a todos, sino en elegir con cuidado a quién le entregas tu atención.
No ofrezcas tu calma a quien vive del caos.
No des tu lealtad a quien comercia con la traición.
Y no regales tu paz a quien solo quiere arrastrarte al barro.
Cuida tus perlas, porque cada una es tu vida misma.
Significa no dar lo valioso a quien no lo sabe apreciar.
S.Mateo 7:6🙌🕊️
El juzgar a los demás
(Lc. 6.37-38,41-42)
1. No juzguéis, para que no seáis juzgados.
2. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.
3. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?
4. ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?
5. ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
6. No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.
La sabiduría no consiste en convencer a todos, sino en elegir con cuidado a quién le entregas tu atención.
No ofrezcas tu calma a quien vive del caos.
No des tu lealtad a quien comercia con la traición.
Y no regales tu paz a quien solo quiere arrastrarte al barro.
Cuida tus perlas, porque cada una es tu vida misma.
Significa no dar lo valioso a quien no lo sabe apreciar.
S.Mateo 7:6🙌🕊️
El juzgar a los demás
(Lc. 6.37-38,41-42)
1. No juzguéis, para que no seáis juzgados.
2. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.
3. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?
4. ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?
5. ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
6. No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.
"REFLEXIÓN"
📖🙏Una adoración genuina de corazón
Isaías 29: 13 “«Este pueblo viene a mí con palabras y me honra de labios para afuera pero su corazón está lejos de mí. El culto que me rinden consiste en normas humanas repetidas de memoria”.
Cuando caminamos por una vida llena de fe, debemos entender el poder de una adoración genuina en nosotros. En muchas ocasiones nos pasa como lo explica el profeta Isaías, decimos que adoramos al Dios vivo, pero es algo que solo lo expresamos con palabras, pues nuestro corazón está lejos de ello.
Y es que la religión nos ha hecho ver que todo es parte de un precepto o una conducta “moral”, pero no se aplica un corazón genuino y sincero que como cristianos debemos tener.
Para explicar un poco más, cuando nosotros leemos los pasajes de los evangelios, podemos apreciar a un Jesús que adoraba al padre de todo corazón y esto lo llevaba a tener una vida íntima de fe. Ahora bien, esa adoración no solo era de palabras sino que sus acciones hablaban del Cristo que adoraba.
Cuando decidimos levantar una adoración a Dios, debemos revisar el depósito de nuestro corazón y ver que hay en él. En este caso debemos analizar nuestros sentimientos y pensamientos.
Y es que podemos estar diciendo ¡Dios te amo!, pero tener una rencilla contra nuestro prójimo la cual no hemos podido vencer, y así no funciona una adoración genuina.
Más allá de una práctica habitual
Salmo 63:1 Dios mío, tú eres mi Dios desesperado te busco. Mi alma tiene sed de ti todo mi ser suspira por ti, como la tierra seca y árida desea el agua.
La adoración en nuestra vida de fe no puede considerarse como una práctica habitual de palabras, sino más bien un estilo de vida. Es la manera en cómo podemos relacionarnos con la presencia de Dios.
Es comprender que nuestro corazón anhela acercarse a Dios de forma directa, y esto solo se podrá lograr a través de la adoración.
Es decir, tenemos una adoración genuina a Dios en nuestros trabajos, escuelas, universidades, hogares, y por supuesto, dentro de una iglesia. Nuestro testimonio, la forma en como nos conducimos por la vida, las acciones que tenemos para con otros, pueden hablar por sí solas de la adoración genuina que hay en nuestro corazón.
¿Qué dicen tus labios?
Santiago 3: 10 “10 De manera que con la misma boca bendecimos y maldecimos. Eso, hermanos míos, no debería ser así.
No podemos usar la misma boca con la que bendecimos a Dios, maldecir al prójimo, esto es absurdo y nos hace ver que nuestra adoración no está siendo del todo genuina.
Si queremos tener una adoración que llegue al trono de Dios, debemos aprender a cuidar lo que hay en nuestros labios y expresar con corazón sincero y genuino.
Salmo 71: 8Te honro y alabo con mi boca todo el día.
Nuestra boca debe estar todos los días en sintonía con el Dios supremo, para comprender el poder que hay en acercarnos a su presencia.
Tu adoración puede librar la vida de otros
Cuando mantienes una vida de fe, y de adoración constante a Dios, otros que viven en tinieblas y oscuridad querrán ver lo que te ha hecho libre, por ende, correrán a ese ser supremo que estás buscando en todo momento.
Hay un pasaje en la biblia que nos hace ver como la adoración de dos hombres, en medio de una cárcel, trajo libertad a otros. Y es que cuando es de corazón, cuando es pura, cuando es honesta, esta llenará y cambiará todo lugar.
La biblia dice en Hechos 16, que Pablo y Silas encarcelados adoraban y exaltaban a Dios. Cuando un temblor sacudió la tierra y los cimientos de la cárcel prevalecieron. En este momento, el carcelero que estaba a su cuidado despertó temeroso, y pensó que se habían escapado, por eso intentó quitarse la vida.
28 pero Pablo le gritó: —¡No te hagas daño! ¡Todos estamos aquí!
29 El carcelero le dijo a alguien que trajera luz, corrió adentro y temblando de miedo cayó delante de Pablo y Silas. 30 Entonces los llevó afuera y les dijo: —¿Qué debo hacer para ser salvo?
31 Le respondieron: —Cree en el Señor Jesús y serás salvo tú y todos los de tu casa.
📖🙏Una adoración genuina de corazón
Isaías 29: 13 “«Este pueblo viene a mí con palabras y me honra de labios para afuera pero su corazón está lejos de mí. El culto que me rinden consiste en normas humanas repetidas de memoria”.
Cuando caminamos por una vida llena de fe, debemos entender el poder de una adoración genuina en nosotros. En muchas ocasiones nos pasa como lo explica el profeta Isaías, decimos que adoramos al Dios vivo, pero es algo que solo lo expresamos con palabras, pues nuestro corazón está lejos de ello.
Y es que la religión nos ha hecho ver que todo es parte de un precepto o una conducta “moral”, pero no se aplica un corazón genuino y sincero que como cristianos debemos tener.
Para explicar un poco más, cuando nosotros leemos los pasajes de los evangelios, podemos apreciar a un Jesús que adoraba al padre de todo corazón y esto lo llevaba a tener una vida íntima de fe. Ahora bien, esa adoración no solo era de palabras sino que sus acciones hablaban del Cristo que adoraba.
Cuando decidimos levantar una adoración a Dios, debemos revisar el depósito de nuestro corazón y ver que hay en él. En este caso debemos analizar nuestros sentimientos y pensamientos.
Y es que podemos estar diciendo ¡Dios te amo!, pero tener una rencilla contra nuestro prójimo la cual no hemos podido vencer, y así no funciona una adoración genuina.
Más allá de una práctica habitual
Salmo 63:1 Dios mío, tú eres mi Dios desesperado te busco. Mi alma tiene sed de ti todo mi ser suspira por ti, como la tierra seca y árida desea el agua.
La adoración en nuestra vida de fe no puede considerarse como una práctica habitual de palabras, sino más bien un estilo de vida. Es la manera en cómo podemos relacionarnos con la presencia de Dios.
Es comprender que nuestro corazón anhela acercarse a Dios de forma directa, y esto solo se podrá lograr a través de la adoración.
Es decir, tenemos una adoración genuina a Dios en nuestros trabajos, escuelas, universidades, hogares, y por supuesto, dentro de una iglesia. Nuestro testimonio, la forma en como nos conducimos por la vida, las acciones que tenemos para con otros, pueden hablar por sí solas de la adoración genuina que hay en nuestro corazón.
¿Qué dicen tus labios?
Santiago 3: 10 “10 De manera que con la misma boca bendecimos y maldecimos. Eso, hermanos míos, no debería ser así.
No podemos usar la misma boca con la que bendecimos a Dios, maldecir al prójimo, esto es absurdo y nos hace ver que nuestra adoración no está siendo del todo genuina.
Si queremos tener una adoración que llegue al trono de Dios, debemos aprender a cuidar lo que hay en nuestros labios y expresar con corazón sincero y genuino.
Salmo 71: 8Te honro y alabo con mi boca todo el día.
Nuestra boca debe estar todos los días en sintonía con el Dios supremo, para comprender el poder que hay en acercarnos a su presencia.
Tu adoración puede librar la vida de otros
Cuando mantienes una vida de fe, y de adoración constante a Dios, otros que viven en tinieblas y oscuridad querrán ver lo que te ha hecho libre, por ende, correrán a ese ser supremo que estás buscando en todo momento.
Hay un pasaje en la biblia que nos hace ver como la adoración de dos hombres, en medio de una cárcel, trajo libertad a otros. Y es que cuando es de corazón, cuando es pura, cuando es honesta, esta llenará y cambiará todo lugar.
La biblia dice en Hechos 16, que Pablo y Silas encarcelados adoraban y exaltaban a Dios. Cuando un temblor sacudió la tierra y los cimientos de la cárcel prevalecieron. En este momento, el carcelero que estaba a su cuidado despertó temeroso, y pensó que se habían escapado, por eso intentó quitarse la vida.
28 pero Pablo le gritó: —¡No te hagas daño! ¡Todos estamos aquí!
29 El carcelero le dijo a alguien que trajera luz, corrió adentro y temblando de miedo cayó delante de Pablo y Silas. 30 Entonces los llevó afuera y les dijo: —¿Qué debo hacer para ser salvo?
31 Le respondieron: —Cree en el Señor Jesús y serás salvo tú y todos los de tu casa.
Aquí vemos como la adoración genuina no solo logró causar un impacto en el cielo, sino que fue de testimonio a otros. Así que tu adoración sea más de acciones, y que tus palabras siempre estén en sintonía con lo que hay en tu corazón.
*TIEMPO Y OCASIÓN PARA TODOS*
*«Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos.»*
— Eclesiastés 9:11
La vida es dinámica. Nada permanece igual: los cambios son constantes y muchas veces necesarios. La Palabra nos recuerda que “tiempo y ocasión acontecen a todos”, sin importar quiénes seamos o dónde estemos.
En esta travesía, pasamos por temporadas diversas: momentos de abundancia y paz, y también épocas de escasez y dificultad. A veces todo parece estar en orden, y de pronto, sin previo aviso, la vida da un giro inesperado. Surgen preguntas inevitables: ¿Por qué estoy atravesando este proceso? ¿Qué propósito hay detrás de esta temporada?
La Biblia nos muestra múltiples ejemplos de cómo las circunstancias cambian repentinamente:
*•Nabucodonosor* pasó de gobernar el mayor imperio del mundo a perder la razón y vivir como los animales.
(Daniel 4:28-33)
*•David,* de ser un humilde pastor, fue elevado a rey de Israel.
(1 Samuel 16:11-13; 2 Samuel 5:3-4)
*•Rut,* de extranjera viuda y pobre, llegó a ser dueña de tierras, esposa y madre.
(Rut 2:2-3; Rut 4:13-17)
*•Mardoqueo,* de llorar a las puertas del palacio, terminó administrando los asuntos del rey.
(Ester 4:1-2; Ester 10:2-3)
*•Pedro* pasó de negar al Maestro a sanar enfermos con su sola sombra.
(Lucas 22:56-62; Hechos 5:15)
*•Pablo,* de perseguidor, se convirtió en uno de los más grandes apóstoles.
(Hechos 9:1-22)
Las temporadas cambian porque nuestro Dios es el Señor de los tiempos:
*«Jehová empobrece, y él enriquece; abate, y enaltece. Él levanta del polvo al pobre y del muladar exalta al menesteroso, para hacerle sentar con príncipes...»* (1 Samuel 2:7-8).
No podemos controlar los cambios, pero sí nuestra actitud ante ellos. Dios no permite dificultades para vernos sufrir, sino para moldearnos y perfeccionarnos. Cada proceso, cada etapa, es parte de su plan de formación.
Si hoy disfrutas de una buena temporada, usa tu fortaleza para sostener en oración a quien atraviesa una difícil. Y si estás en debilidad, confía: el Señor levantará a otros para que te apoyen.
Por eso, nunca juzgues a alguien por la etapa que está viviendo. Lo que hoy parece derrota, mañana puede ser victoria; lo que hoy es escasez, mañana puede convertirse en abundancia.
*«Él muda los tiempos y las edades; quita reyes y pone reyes; da la sabiduría a los sabios y la ciencia a los entendidos.»*
(Daniel 2:21).
La clave está en recordar que todas las temporadas, tanto de gozo como de adversidad, tienen un propósito: llevarnos a encontrar a Dios en medio de ellas y darle toda la gloria.
*«En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro...»* (Eclesiastés 7:14).
*Reflexión:*
1. ¿Qué temporada estoy viviendo hoy y qué me está enseñando Dios en ella?
2. ¿He juzgado a otros sin considerar que sus procesos también forman parte de la obra de Dios en sus vidas?
3. ¿Estoy dispuesto a confiar en el Señor, tanto en tiempos de abundancia como en los de escasez?
*Oración del Día:*
Señor, gracias porque Tú eres dueño de los tiempos y las temporadas. Ayúdame a confiar en ti en medio de cada cambio, a no desanimarme en la adversidad ni enorgullecerme en la abundancia. Enséñame a ser humilde, a valorar y a sostener a otros en sus procesos, sabiendo que todo lo permites para nuestro bien y para tu gloria. En el nombre de Jesús, amén.
*«Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.»*
— Eclesiastés 3:1
¡Bendecido Día!
*«Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos.»*
— Eclesiastés 9:11
La vida es dinámica. Nada permanece igual: los cambios son constantes y muchas veces necesarios. La Palabra nos recuerda que “tiempo y ocasión acontecen a todos”, sin importar quiénes seamos o dónde estemos.
En esta travesía, pasamos por temporadas diversas: momentos de abundancia y paz, y también épocas de escasez y dificultad. A veces todo parece estar en orden, y de pronto, sin previo aviso, la vida da un giro inesperado. Surgen preguntas inevitables: ¿Por qué estoy atravesando este proceso? ¿Qué propósito hay detrás de esta temporada?
La Biblia nos muestra múltiples ejemplos de cómo las circunstancias cambian repentinamente:
*•Nabucodonosor* pasó de gobernar el mayor imperio del mundo a perder la razón y vivir como los animales.
(Daniel 4:28-33)
*•David,* de ser un humilde pastor, fue elevado a rey de Israel.
(1 Samuel 16:11-13; 2 Samuel 5:3-4)
*•Rut,* de extranjera viuda y pobre, llegó a ser dueña de tierras, esposa y madre.
(Rut 2:2-3; Rut 4:13-17)
*•Mardoqueo,* de llorar a las puertas del palacio, terminó administrando los asuntos del rey.
(Ester 4:1-2; Ester 10:2-3)
*•Pedro* pasó de negar al Maestro a sanar enfermos con su sola sombra.
(Lucas 22:56-62; Hechos 5:15)
*•Pablo,* de perseguidor, se convirtió en uno de los más grandes apóstoles.
(Hechos 9:1-22)
Las temporadas cambian porque nuestro Dios es el Señor de los tiempos:
*«Jehová empobrece, y él enriquece; abate, y enaltece. Él levanta del polvo al pobre y del muladar exalta al menesteroso, para hacerle sentar con príncipes...»* (1 Samuel 2:7-8).
No podemos controlar los cambios, pero sí nuestra actitud ante ellos. Dios no permite dificultades para vernos sufrir, sino para moldearnos y perfeccionarnos. Cada proceso, cada etapa, es parte de su plan de formación.
Si hoy disfrutas de una buena temporada, usa tu fortaleza para sostener en oración a quien atraviesa una difícil. Y si estás en debilidad, confía: el Señor levantará a otros para que te apoyen.
Por eso, nunca juzgues a alguien por la etapa que está viviendo. Lo que hoy parece derrota, mañana puede ser victoria; lo que hoy es escasez, mañana puede convertirse en abundancia.
*«Él muda los tiempos y las edades; quita reyes y pone reyes; da la sabiduría a los sabios y la ciencia a los entendidos.»*
(Daniel 2:21).
La clave está en recordar que todas las temporadas, tanto de gozo como de adversidad, tienen un propósito: llevarnos a encontrar a Dios en medio de ellas y darle toda la gloria.
*«En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro...»* (Eclesiastés 7:14).
*Reflexión:*
1. ¿Qué temporada estoy viviendo hoy y qué me está enseñando Dios en ella?
2. ¿He juzgado a otros sin considerar que sus procesos también forman parte de la obra de Dios en sus vidas?
3. ¿Estoy dispuesto a confiar en el Señor, tanto en tiempos de abundancia como en los de escasez?
*Oración del Día:*
Señor, gracias porque Tú eres dueño de los tiempos y las temporadas. Ayúdame a confiar en ti en medio de cada cambio, a no desanimarme en la adversidad ni enorgullecerme en la abundancia. Enséñame a ser humilde, a valorar y a sostener a otros en sus procesos, sabiendo que todo lo permites para nuestro bien y para tu gloria. En el nombre de Jesús, amén.
*«Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.»*
— Eclesiastés 3:1
¡Bendecido Día!
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📚 *¿Ministerio o Función? El Despertar del Propósito*
> *«El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor».* — Lucas 4:18-19
En la sinagoga de Nazaret, Jesús no leyó el rollo del profeta Isaías por casualidad. Él no estaba simplemente cumpliendo con un ritual litúrgico o realizando una "función" de lector. Jesús estaba reclamando Su identidad. Él sabía quién era porque se había encontrado a sí mismo en las Escrituras.
🔖 *1. El Peligro de la "Funcionalidad" Religiosa*
Hoy en día, el pueblo de Dios corre un gran peligro: confundir el activismo con el ministerio.
Muchos cristianos piensan que por estar en un altar cantando, danzando o sirviendo en la puerta, ya están cumpliendo con su propósito divino. Sin embargo, eso son funciones. Una función es una tarea; el ministerio es una misión.
• La función se acaba cuando termina el servicio en la iglesia.
• El ministerio late en tu corazón cuando sales a la calle, cuando abrazas al afligido y cuando tu vida misma se convierte en "buenas nuevas" para los demás.
🔖 2. Jesús: Claridad en el Ministerio
Jesús nunca confundió los milagros con Su ministerio. El milagro era la herramienta, pero la liberación era el propósito. Él no sanaba ciegos solo para demostrar poder; lo hacía porque Su ministerio era devolver la vista.
Él estudió las Escrituras y entendió Su diseño. Muchos hoy están perdidos porque no estudian la Palabra para conocer su diseño, sino para buscar promesas de bendición. Si no conoces las Escrituras, no conocerás tu ministerio; y si no conoces tu ministerio, te conformarás con ser un simple operario de funciones dentro de cuatro paredes.
🔖 3. El Llamado a la Trascendencia
El apóstol Pablo nos recuerda en Efesios 4:12 que los dones fueron dados *«a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo»*.
Dios no te llamó para que "hagas algo" en la iglesia; te llamó para que "seas alguien" en el Reino.
• Cantar es una función; adorar en espíritu y verdad es un ministerio.
• Dar una charla es una función; discipular naciones es un ministerio.
Jesús dijo: *"Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros"* (Lucas 4:21). Él no dijo "hoy he terminado mi turno". Él encarnó Su palabra.
📚 Reflexión Final:
Examina tu caminar hoy. ¿Eres alguien que solo cumple con un horario en una congregación o eres un portador de libertad para los cautivos? El mundo no necesita más personas que sepan danzar o cantar; el mundo necesita hijos de Dios que sepan por qué están aquí, que hayan estudiado el "rollo" de su vida en la presencia del Padre y que, como Jesús, puedan decir: "El Espíritu del Señor está sobre mí para transformar realidades".
No permitas que tu función mate tu ministerio. No permitas que el hábito de "hacer" te robe la esencia de "ser"
> *«El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor».* — Lucas 4:18-19
En la sinagoga de Nazaret, Jesús no leyó el rollo del profeta Isaías por casualidad. Él no estaba simplemente cumpliendo con un ritual litúrgico o realizando una "función" de lector. Jesús estaba reclamando Su identidad. Él sabía quién era porque se había encontrado a sí mismo en las Escrituras.
🔖 *1. El Peligro de la "Funcionalidad" Religiosa*
Hoy en día, el pueblo de Dios corre un gran peligro: confundir el activismo con el ministerio.
Muchos cristianos piensan que por estar en un altar cantando, danzando o sirviendo en la puerta, ya están cumpliendo con su propósito divino. Sin embargo, eso son funciones. Una función es una tarea; el ministerio es una misión.
• La función se acaba cuando termina el servicio en la iglesia.
• El ministerio late en tu corazón cuando sales a la calle, cuando abrazas al afligido y cuando tu vida misma se convierte en "buenas nuevas" para los demás.
🔖 2. Jesús: Claridad en el Ministerio
Jesús nunca confundió los milagros con Su ministerio. El milagro era la herramienta, pero la liberación era el propósito. Él no sanaba ciegos solo para demostrar poder; lo hacía porque Su ministerio era devolver la vista.
Él estudió las Escrituras y entendió Su diseño. Muchos hoy están perdidos porque no estudian la Palabra para conocer su diseño, sino para buscar promesas de bendición. Si no conoces las Escrituras, no conocerás tu ministerio; y si no conoces tu ministerio, te conformarás con ser un simple operario de funciones dentro de cuatro paredes.
🔖 3. El Llamado a la Trascendencia
El apóstol Pablo nos recuerda en Efesios 4:12 que los dones fueron dados *«a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo»*.
Dios no te llamó para que "hagas algo" en la iglesia; te llamó para que "seas alguien" en el Reino.
• Cantar es una función; adorar en espíritu y verdad es un ministerio.
• Dar una charla es una función; discipular naciones es un ministerio.
Jesús dijo: *"Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros"* (Lucas 4:21). Él no dijo "hoy he terminado mi turno". Él encarnó Su palabra.
📚 Reflexión Final:
Examina tu caminar hoy. ¿Eres alguien que solo cumple con un horario en una congregación o eres un portador de libertad para los cautivos? El mundo no necesita más personas que sepan danzar o cantar; el mundo necesita hijos de Dios que sepan por qué están aquí, que hayan estudiado el "rollo" de su vida en la presencia del Padre y que, como Jesús, puedan decir: "El Espíritu del Señor está sobre mí para transformar realidades".
No permitas que tu función mate tu ministerio. No permitas que el hábito de "hacer" te robe la esencia de "ser"
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AGRADEZCAMOS A DIOS POR SU PALABRA.
Salmo 138:1-8
Me arrodillaré en dirección a tu Santo templo para darte gracias por tu amor y tu verdad, pues has puesto tu Nombre y tu Palabra por encima de todas las cosas.
Cuando te llamé, me respondiste y aumentaste mis fuerzas. V:2
Cuando los filisteos subieron a la fortaleza donde se encontraba David para matarlo, al enterarse que había sido nombrado rey de Israel, David consultó a Dios en oración, y en respuesta el Señor le dió una gran victoria. (2 Samuel 17:21)
Este Salmo da testimonio precisamente, de las razones por las cuales debemos dar gracias a Dios, aún en medio de las crisis: Su misericordia, el cumplimiento de Su Palabra, Su respuesta a la oración, y Su propósito en nosotros.
Una poderosa razón, por la cual agradecemos a Dios es porque Él honra Su Palabra. Él cumple lo que promete. "Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no lo hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? Números 23: 19
Dios siempre cumple lo que promete. El salmista lo sabía muy bien. Dios prometió darle la victoria y se la dió, venció a sus enemigos y los libró de ellos , prometió que sus descendientes ocuparían el trono de Judá y así fue.
Con toda seguridad, nosotros también podemos dar testimonio de que Dios es fiel a Su Palabra. Él ha prometido que Su Palabra no volverá a Él vacía ,sino que cumplirá el propósito para el cual la ha enviado. Isaías 55:11.
La Palabra de Dios cambia nuestra manera de pensar, y en consecuencia cambia nuestro modo de vivir. Además, a través de la exposición o explicación de la Palabra de Dios, recibimos iluminación, cuando la recibimos con la sencillez de un niño.
Hoy, demos gracias a Dios, porque hemos sido transformados , iluminados y motivados a alabar permanentemente a Dios, por Su Palabra, también demos gracias por las promesas de Dios que hemos visto cumplirse en nuestras vidas y en nuestras familias.
¡Dios honra Su Palabra, honrémosle a Él!
Padre Celestial.
Te doy gracias por tu amor y tu fidelidad hacia nosotros. Porque todas tus promesas son cumplidas y confirmadas en Jesús, porque Él es el "Sí" y el "Amén".
Padre, alabamos tu Santo y Bendito Nombre, porque Tú tienes misericordia de nosotros, nos acompañas en las pruebas, nos ayudas en nuestras debilidades. Nos consuelas en todos nuestros sufrimientos, para que nosotros podamos consolar también a los que sufren, dándoles el mismo consuelo que Tú, Señor, nos has dado a nosotros. Te amo, bendigo tu Santo Nombre y te doy gloria, honra y alabanza. En el Poderoso Nombre de Jesús. Amén
Salmo 138:1-8
Me arrodillaré en dirección a tu Santo templo para darte gracias por tu amor y tu verdad, pues has puesto tu Nombre y tu Palabra por encima de todas las cosas.
Cuando te llamé, me respondiste y aumentaste mis fuerzas. V:2
Cuando los filisteos subieron a la fortaleza donde se encontraba David para matarlo, al enterarse que había sido nombrado rey de Israel, David consultó a Dios en oración, y en respuesta el Señor le dió una gran victoria. (2 Samuel 17:21)
Este Salmo da testimonio precisamente, de las razones por las cuales debemos dar gracias a Dios, aún en medio de las crisis: Su misericordia, el cumplimiento de Su Palabra, Su respuesta a la oración, y Su propósito en nosotros.
Una poderosa razón, por la cual agradecemos a Dios es porque Él honra Su Palabra. Él cumple lo que promete. "Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no lo hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? Números 23: 19
Dios siempre cumple lo que promete. El salmista lo sabía muy bien. Dios prometió darle la victoria y se la dió, venció a sus enemigos y los libró de ellos , prometió que sus descendientes ocuparían el trono de Judá y así fue.
Con toda seguridad, nosotros también podemos dar testimonio de que Dios es fiel a Su Palabra. Él ha prometido que Su Palabra no volverá a Él vacía ,sino que cumplirá el propósito para el cual la ha enviado. Isaías 55:11.
La Palabra de Dios cambia nuestra manera de pensar, y en consecuencia cambia nuestro modo de vivir. Además, a través de la exposición o explicación de la Palabra de Dios, recibimos iluminación, cuando la recibimos con la sencillez de un niño.
Hoy, demos gracias a Dios, porque hemos sido transformados , iluminados y motivados a alabar permanentemente a Dios, por Su Palabra, también demos gracias por las promesas de Dios que hemos visto cumplirse en nuestras vidas y en nuestras familias.
¡Dios honra Su Palabra, honrémosle a Él!
Padre Celestial.
Te doy gracias por tu amor y tu fidelidad hacia nosotros. Porque todas tus promesas son cumplidas y confirmadas en Jesús, porque Él es el "Sí" y el "Amén".
Padre, alabamos tu Santo y Bendito Nombre, porque Tú tienes misericordia de nosotros, nos acompañas en las pruebas, nos ayudas en nuestras debilidades. Nos consuelas en todos nuestros sufrimientos, para que nosotros podamos consolar también a los que sufren, dándoles el mismo consuelo que Tú, Señor, nos has dado a nosotros. Te amo, bendigo tu Santo Nombre y te doy gloria, honra y alabanza. En el Poderoso Nombre de Jesús. Amén
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