Buenos días.
Nos preparamos para disfrutar de un glorioso fin de semana que será de Restitución y de Milagros y Señales porque veremos la Victoria de la Gloria de Dios.
Hoy vamos a leer el libro de profeta Óseas capítulo 02 que nos enseña, que la fidelidad y el amor de Dios para nosotros es incondicional, por lo tanto así debemos ser con Dios, amarlo incondicionalmente y nunca traicionarlo amando al mundo, porque nada de este mundo se compara con la Grandeza de nuestro Dios.
Somos sus hijos, somos su pueblo y un día como iglesia seremos su esposa en la bodas del Cordero allá en la eternidad.
Te invito a que hoy hagas un PACTO de AMOR y FIDELIDAD a Dios como tú Padre Celestial, de NUNCA cambiarlo por NADA ni por NADIE.
Te profetizo un maravilloso fin de semana donde verás la Gloria de Dios.
Nos preparamos para disfrutar de un glorioso fin de semana que será de Restitución y de Milagros y Señales porque veremos la Victoria de la Gloria de Dios.
Hoy vamos a leer el libro de profeta Óseas capítulo 02 que nos enseña, que la fidelidad y el amor de Dios para nosotros es incondicional, por lo tanto así debemos ser con Dios, amarlo incondicionalmente y nunca traicionarlo amando al mundo, porque nada de este mundo se compara con la Grandeza de nuestro Dios.
Somos sus hijos, somos su pueblo y un día como iglesia seremos su esposa en la bodas del Cordero allá en la eternidad.
Te invito a que hoy hagas un PACTO de AMOR y FIDELIDAD a Dios como tú Padre Celestial, de NUNCA cambiarlo por NADA ni por NADIE.
Te profetizo un maravilloso fin de semana donde verás la Gloria de Dios.
This media is not supported in your browser
VIEW IN TELEGRAM
Hay cosas que solo ocurren cuando obedeces - Juan Carlos Harrigan
#Shorts
#Shorts
REFLEXIÓN DEL DÍA
EL CAMINO DE LA PRUDENCIA
04 de diciembre de 2025
Lectura Central: Mateo 7:1-6
UN CLAMOR EN LA BATALLA
La verdadera prudencia nace de amar a Dios y guardar Sus mandamientos en lo profundo del corazón. Solo así se revelará en nosotros el cambio genuino que el Señor espera. Cumplir con lo que el Reino de los Cielos exige no es un simple deber; es lo que nos da autoridad en lo espiritual, porque nuestro caminar aquí levanta polvo, nos enfrenta a la resistencia y nos coloca en la primera línea del combate.
En ese campo de batalla, nuestro carácter debe reflejar el de un hijo de Dios. Por eso, es crucial tratar a los demás con equidad y rectitud, sin parcialidad, con un corazón íntegro. Debe nacer en nosotros un anhelo profundo y natural por vivir la regla de oro: aquella compasión práctica que nos lleva a tratar al otro como deseamos ser tratados.
“Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes”.
Lucas 6:31 (TLA)
LA HUMILDAD QUE FORTALECE
Es tiempo de agudizar nuestros sentidos espirituales, de permitir que la sabiduría de lo alto nos guíe en las pruebas y en la angustia. Dejemos que el Espíritu Santo fortalezca nuestro ser; Él conoce lo que necesitamos, está listo para sanar nuestras heridas y coronarnos con Sus misericordias.
Pero primero, seamos humildes: reconozcamos nuestros errores sin buscar justificaciones. Crezcamos en Cristo, sigamos Su dirección y vivamos de la manera que a Él le agrada. La humildad no es debilidad; es la fuerza que afina la conciencia y nos permite administrar bien los dones recibidos, para edificación de los demás. Pongamos la mirada en Jesús, el único capaz de compasión perfecta, y dejemos que Su palabra moldee nuestros pasos:
“La boca del justo imparte sabiduría, y su lengua proclama la justicia. La ley de su Dios está en su corazón; sus pies no resbalarán”.
Salmos 37:30-31 (NVI)
PARA REFLEXIONAR
· ¿Examinas tu corazón a la luz de la Palabra de Dios, o juzgas a otros desde tu propia medida?
· ¿Eres compasivo y sabio con tu prójimo, como el Señor lo es contigo?
· ¿Practicas la sabiduría serena y la mansedumbre que conquistan en el Reino, o actúas con la fuerza de tu propio criterio?
Por: Pastor Eleazar Matié
✎ Nunca olvides: la sangre de Cristo fue el precio de nuestra redención.
EL CAMINO DE LA PRUDENCIA
04 de diciembre de 2025
Lectura Central: Mateo 7:1-6
UN CLAMOR EN LA BATALLA
La verdadera prudencia nace de amar a Dios y guardar Sus mandamientos en lo profundo del corazón. Solo así se revelará en nosotros el cambio genuino que el Señor espera. Cumplir con lo que el Reino de los Cielos exige no es un simple deber; es lo que nos da autoridad en lo espiritual, porque nuestro caminar aquí levanta polvo, nos enfrenta a la resistencia y nos coloca en la primera línea del combate.
En ese campo de batalla, nuestro carácter debe reflejar el de un hijo de Dios. Por eso, es crucial tratar a los demás con equidad y rectitud, sin parcialidad, con un corazón íntegro. Debe nacer en nosotros un anhelo profundo y natural por vivir la regla de oro: aquella compasión práctica que nos lleva a tratar al otro como deseamos ser tratados.
“Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes”.
Lucas 6:31 (TLA)
LA HUMILDAD QUE FORTALECE
Es tiempo de agudizar nuestros sentidos espirituales, de permitir que la sabiduría de lo alto nos guíe en las pruebas y en la angustia. Dejemos que el Espíritu Santo fortalezca nuestro ser; Él conoce lo que necesitamos, está listo para sanar nuestras heridas y coronarnos con Sus misericordias.
Pero primero, seamos humildes: reconozcamos nuestros errores sin buscar justificaciones. Crezcamos en Cristo, sigamos Su dirección y vivamos de la manera que a Él le agrada. La humildad no es debilidad; es la fuerza que afina la conciencia y nos permite administrar bien los dones recibidos, para edificación de los demás. Pongamos la mirada en Jesús, el único capaz de compasión perfecta, y dejemos que Su palabra moldee nuestros pasos:
“La boca del justo imparte sabiduría, y su lengua proclama la justicia. La ley de su Dios está en su corazón; sus pies no resbalarán”.
Salmos 37:30-31 (NVI)
PARA REFLEXIONAR
· ¿Examinas tu corazón a la luz de la Palabra de Dios, o juzgas a otros desde tu propia medida?
· ¿Eres compasivo y sabio con tu prójimo, como el Señor lo es contigo?
· ¿Practicas la sabiduría serena y la mansedumbre que conquistan en el Reino, o actúas con la fuerza de tu propio criterio?
Por: Pastor Eleazar Matié
✎ Nunca olvides: la sangre de Cristo fue el precio de nuestra redención.
Media is too big
VIEW IN TELEGRAM
Cuando el mundo no da nada por ti, Jesús sigue viéndote con un valor incalculable.
Quizá te han dado la espalda, te han despreciado, o te han hecho sentir que no vales nada… pero para Dios eres un tesoro precioso. Él te conoce, te ama y te rescata aun cuando todos te abandonan.
Jesús no mira lo que otros dicen de ti; Él mira tu corazón, tu propósito y lo que Él mismo ha depositado en tu vida.Su amor no depende de tu pasado, sino de su gracia que transforma tu presente y tu futuro.
Si hoy te sientes solo, cansado o sin fuerzas… recuerda esto:
Tú vales la sangre de Cristo. Y nadie paga un precio tan alto por algo sin valor.
De eso se trata este video:De un Dios que rescata, levanta y restaura lo que el mundo desechó.
No estás solo. Jesús viene por ti.
Quizá te han dado la espalda, te han despreciado, o te han hecho sentir que no vales nada… pero para Dios eres un tesoro precioso. Él te conoce, te ama y te rescata aun cuando todos te abandonan.
Jesús no mira lo que otros dicen de ti; Él mira tu corazón, tu propósito y lo que Él mismo ha depositado en tu vida.Su amor no depende de tu pasado, sino de su gracia que transforma tu presente y tu futuro.
Si hoy te sientes solo, cansado o sin fuerzas… recuerda esto:
Tú vales la sangre de Cristo. Y nadie paga un precio tan alto por algo sin valor.
De eso se trata este video:De un Dios que rescata, levanta y restaura lo que el mundo desechó.
No estás solo. Jesús viene por ti.
¡HERMOSO! 5 mil drones iluminan el cielo proyectando el nacimiento de Jesús como la verdadera Navidad.
https://www.bibliatodo.com/NoticiasCristianas/hermoso-5-mil-drones-iluminan-el-cielo-proyectando-el-nacimiento-de-jesus-como-la-verdadera-navidad/
https://www.bibliatodo.com/NoticiasCristianas/hermoso-5-mil-drones-iluminan-el-cielo-proyectando-el-nacimiento-de-jesus-como-la-verdadera-navidad/
Thalía asiste a su primer concierto cristiano y destaca la diferencia de uno secular: “Se trata de tu conexión con el Creador”.
https://www.bibliatodo.com/NoticiasCristianas/thalia-asiste-a-su-primer-concierto-cristiano-y-destaca-la-diferencia-de-uno-secular-se-trata-de-tu-conexion-con-el-creador/
https://www.bibliatodo.com/NoticiasCristianas/thalia-asiste-a-su-primer-concierto-cristiano-y-destaca-la-diferencia-de-uno-secular-se-trata-de-tu-conexion-con-el-creador/
Evangelista es expulsado por policías en Mónaco por predicar en la calle cargando una cruz sobre su espalda.
https://www.bibliatodo.com/NoticiasCristianas/evangelista-es-expulsado-por-policias-en-monaco-por-predicar-en-la-calle-cargando-una-cruz-sobre-su-espalda/
https://www.bibliatodo.com/NoticiasCristianas/evangelista-es-expulsado-por-policias-en-monaco-por-predicar-en-la-calle-cargando-una-cruz-sobre-su-espalda/
DE TERROR: Intruso armado secuestra avión de Samaritan’s Purse que llevaba ayudas a Sudán del Sur.
https://www.bibliatodo.com/NoticiasCristianas/de-terror-intruso-armado-secuestra-avion-de-samaritans-purse-que-llevaba-ayudas-a-sudan-del-sur/
https://www.bibliatodo.com/NoticiasCristianas/de-terror-intruso-armado-secuestra-avion-de-samaritans-purse-que-llevaba-ayudas-a-sudan-del-sur/
Media is too big
VIEW IN TELEGRAM
La verdadera transformación no empieza cuando cambiamos por fuera… empieza cuando rendimos el corazón.
Cuando dejamos nuestro orgullo, nuestros miedos y nuestras excusas, y nos postramos delante de Dios, Él hace lo que nosotros jamás podríamos hacer.Porque solo el que se humilla será levantado, y solo el que reconoce su necesidad verá la gracia en su máxima expresión.
Dios no busca personas perfectas; busca corazones quebrantados que digan:Señor, aquí estoy… transfórmame.
Cuando dejamos nuestro orgullo, nuestros miedos y nuestras excusas, y nos postramos delante de Dios, Él hace lo que nosotros jamás podríamos hacer.Porque solo el que se humilla será levantado, y solo el que reconoce su necesidad verá la gracia en su máxima expresión.
Dios no busca personas perfectas; busca corazones quebrantados que digan:Señor, aquí estoy… transfórmame.
Hoy despierta con una intención en el corazón:
hacer el bien, aunque sea en un gesto pequeño, en una palabra amable o en una ayuda silenciosa que cambie el rumbo de alguien más.
No subestimes lo que puedes sembrar en un solo instante.
A veces una acción sencilla ilumina el día de otra persona más de lo que imaginas.
Que nuestra oración de esta mañana incluya este deseo:
“Señor, permíteme ser bendición para quien lo necesite. Que mis manos sirvan, que mis palabras animen y que mi presencia lleve paz.”
Hoy es un buen día para dejar huellas bonitas.
Brenda
#CaminarDiario
hacer el bien, aunque sea en un gesto pequeño, en una palabra amable o en una ayuda silenciosa que cambie el rumbo de alguien más.
No subestimes lo que puedes sembrar en un solo instante.
A veces una acción sencilla ilumina el día de otra persona más de lo que imaginas.
Que nuestra oración de esta mañana incluya este deseo:
“Señor, permíteme ser bendición para quien lo necesite. Que mis manos sirvan, que mis palabras animen y que mi presencia lleve paz.”
Hoy es un buen día para dejar huellas bonitas.
Brenda
#CaminarDiario
A veces le pedimos a Dios que nos ayude… pero seguimos abrazando aquello que nos está rompiendo por dentro.
Queremos fortaleza, pero no soltamos lo que nos debilita.
Queremos paz, pero seguimos cargando batallas que ya no nos pertenecen.
Queremos ser libres, pero insistimos en sostener cadenas que hace tiempo Dios nos pidió dejar atrás.
La verdad es que muchos de nosotros caminamos por la vida como ese hombre de la imagen:
cansados, agotados, luchando cuesta arriba…
pero aferrados a una piedra que no solo pesa, sino que nos destruye lentamente.
Y aun así preguntamos:
“Señor, ¿por qué me siento así?”
“¿Por qué no avanzo?”
“¿Por qué no cambia nada?”
Y Dios, con una paciencia infinita, nos susurra:
“Hijo, hija… ¿cómo puedo ayudarte a subir la montaña si no sueltas aquello que nunca quise para ti?”
Porque hay cargas que no vienen de Dios, sino de nuestro miedo, de nuestro orgullo, de nuestro apego a lo que nos hace daño.
Cargas que se disfrazan de “costumbre”, de “así soy yo”, de “no puedo dejarlo”, pero que por dentro nos consumen.
Soltar no es perder.
Soltar es confiar.
Soltar es reconocer que Dios tiene algo mejor.
Soltar es permitir que Él tome el lugar que la piedra ha ocupado por demasiado tiempo.
Y sí… duele.
Duele soltar lo que durante años creímos que nos definía.
Duele dejar de cargar lo que parecía parte de nosotros.
Duele admitir que algo que amábamos también nos estaba destruyendo.
Pero también es cierto esto:
Nada que Dios te pide soltar es para dejarte vacío; es para hacer espacio para lo que realmente te sanará.
Cuando sueltas, Él mueve.
Cuando sueltas, Él actúa.
Cuando sueltas, Él abre caminos que desde la cima jamás habrías imaginado.
Dios no quiere verte arrastrando piedras.
Dios quiere verte levantando alas.
Así que pregúntate hoy:
¿Qué es lo que estás cargando?
¿Un pasado que ya no existe?
¿Una relación que ya no tiene vida?
¿Un hábito que te destruye en silencio?
¿Una culpa que Él perdonó hace tiempo?
Atrévete a soltarlo.
Atrévete a confiar.
Atrévete a creer que Dios no te creó para vivir aplastado por nada ni por nadie.
Y cuando finalmente entregues esa carga…
cuando abras las manos y dejes caer lo que te estaba consumiendo…
verás con tus propios ojos lo que siempre estuvo esperando por ti:
la libertad, la paz, la restauración y la fuerza que solo Dios puede dar.
Porque Dios no te quiere roto.
Él te quiere libre.
#CaminarDiario
Queremos fortaleza, pero no soltamos lo que nos debilita.
Queremos paz, pero seguimos cargando batallas que ya no nos pertenecen.
Queremos ser libres, pero insistimos en sostener cadenas que hace tiempo Dios nos pidió dejar atrás.
La verdad es que muchos de nosotros caminamos por la vida como ese hombre de la imagen:
cansados, agotados, luchando cuesta arriba…
pero aferrados a una piedra que no solo pesa, sino que nos destruye lentamente.
Y aun así preguntamos:
“Señor, ¿por qué me siento así?”
“¿Por qué no avanzo?”
“¿Por qué no cambia nada?”
Y Dios, con una paciencia infinita, nos susurra:
“Hijo, hija… ¿cómo puedo ayudarte a subir la montaña si no sueltas aquello que nunca quise para ti?”
Porque hay cargas que no vienen de Dios, sino de nuestro miedo, de nuestro orgullo, de nuestro apego a lo que nos hace daño.
Cargas que se disfrazan de “costumbre”, de “así soy yo”, de “no puedo dejarlo”, pero que por dentro nos consumen.
Soltar no es perder.
Soltar es confiar.
Soltar es reconocer que Dios tiene algo mejor.
Soltar es permitir que Él tome el lugar que la piedra ha ocupado por demasiado tiempo.
Y sí… duele.
Duele soltar lo que durante años creímos que nos definía.
Duele dejar de cargar lo que parecía parte de nosotros.
Duele admitir que algo que amábamos también nos estaba destruyendo.
Pero también es cierto esto:
Nada que Dios te pide soltar es para dejarte vacío; es para hacer espacio para lo que realmente te sanará.
Cuando sueltas, Él mueve.
Cuando sueltas, Él actúa.
Cuando sueltas, Él abre caminos que desde la cima jamás habrías imaginado.
Dios no quiere verte arrastrando piedras.
Dios quiere verte levantando alas.
Así que pregúntate hoy:
¿Qué es lo que estás cargando?
¿Un pasado que ya no existe?
¿Una relación que ya no tiene vida?
¿Un hábito que te destruye en silencio?
¿Una culpa que Él perdonó hace tiempo?
Atrévete a soltarlo.
Atrévete a confiar.
Atrévete a creer que Dios no te creó para vivir aplastado por nada ni por nadie.
Y cuando finalmente entregues esa carga…
cuando abras las manos y dejes caer lo que te estaba consumiendo…
verás con tus propios ojos lo que siempre estuvo esperando por ti:
la libertad, la paz, la restauración y la fuerza que solo Dios puede dar.
Porque Dios no te quiere roto.
Él te quiere libre.
#CaminarDiario
This media is not supported in your browser
VIEW IN TELEGRAM
Salí esa noche como si fuera un día normal, sin imaginar que en pocos segundos mi vida iba a cambiar. Iba en el carro pensando en planes, en trabajo, en mis propias fuerzas… hasta que escuché un golpe tan fuerte que me dejó sin aire. Todo se volvió ruido, metal, y una sensación extraña que nunca voy a olvidar.
En ese momento, mientras todo se movía a mi alrededor, tuve un pensamiento que me atravesó el alma:
“Si este es mi último minuto, no estoy listo”.
No vi luces ni voces, pero sentí algo que todavía me cuesta explicar. Era como si una mano invisible me detuviera justo en el borde y me dijera:
“No es tu final. Todavía tengo algo contigo”.
Ahí, con el cuerpo herido y la mente confundida, salió de mi corazón una oración que ni yo sabía que tenía guardada:
“Jesús, si eres Tú… no me dejes aquí”.
En el hospital entendí cuán frágil es todo. La fama, los números, los logros… nada podía darme un segundo más de vida. Nada podía salvarme. Solo Dios.
Hubo noches en las que lloré sin entender si era por el dolor físico o por el vacío que llevaba años ignorando. Y en ese lugar frío, por primera vez en mucho tiempo, dije lo que siempre había evitado:
“Si me das otra oportunidad, quiero volver a Ti”.
Dios escuchó.
Mi cuerpo comenzó a recuperarse, y mi corazón también. No fue suerte. No fue fuerza.
Fue misericordia. Pura gracia.
Hoy estoy aquí porque Dios decidió sostenerme cuando todo decía que mi historia podía terminar en esa carretera. Y por eso lo hice público: acepté a Jesús, no como un símbolo, sino como mi Señor.
Si hoy respiro, es porque Él quiso.
Si hoy camino, es porque Él estuvo conmigo en ese impacto.
Si hoy hablo, es para decirte que Jesús todavía salva, todavía levanta, todavía escribe nuevos capítulos.
Yo soy prueba viva de eso.
A Él sea toda la gloria.
En ese momento, mientras todo se movía a mi alrededor, tuve un pensamiento que me atravesó el alma:
“Si este es mi último minuto, no estoy listo”.
No vi luces ni voces, pero sentí algo que todavía me cuesta explicar. Era como si una mano invisible me detuviera justo en el borde y me dijera:
“No es tu final. Todavía tengo algo contigo”.
Ahí, con el cuerpo herido y la mente confundida, salió de mi corazón una oración que ni yo sabía que tenía guardada:
“Jesús, si eres Tú… no me dejes aquí”.
En el hospital entendí cuán frágil es todo. La fama, los números, los logros… nada podía darme un segundo más de vida. Nada podía salvarme. Solo Dios.
Hubo noches en las que lloré sin entender si era por el dolor físico o por el vacío que llevaba años ignorando. Y en ese lugar frío, por primera vez en mucho tiempo, dije lo que siempre había evitado:
“Si me das otra oportunidad, quiero volver a Ti”.
Dios escuchó.
Mi cuerpo comenzó a recuperarse, y mi corazón también. No fue suerte. No fue fuerza.
Fue misericordia. Pura gracia.
Hoy estoy aquí porque Dios decidió sostenerme cuando todo decía que mi historia podía terminar en esa carretera. Y por eso lo hice público: acepté a Jesús, no como un símbolo, sino como mi Señor.
Si hoy respiro, es porque Él quiso.
Si hoy camino, es porque Él estuvo conmigo en ese impacto.
Si hoy hablo, es para decirte que Jesús todavía salva, todavía levanta, todavía escribe nuevos capítulos.
Yo soy prueba viva de eso.
A Él sea toda la gloria.