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Al carecer de emisora cristiana en nuestro país queremos transmitir palabra de Dios hasta tu Hogar.
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Esperar a Dios

Lee: Lamentaciones 3:22-33

Cuando un país estalló en guerra civil, las autoridades reclutaron a un hombre para el servicio militar. Pero él se opuso: «No quiero participar en la destrucción de [mi país]». Y se fue. Como no tenía visas adecuadas, se encontró atrapado en el aeropuerto de otro país. Durante meses, los empleados del aeropuerto le dieron comida y miles de personas siguieron sus publicaciones en redes mientras deambulaba por las terminales, tejía bufandas y no perdía la esperanza. Al enterarse de su constante aprieto, una comunidad en Canadá recaudó dinero y le consiguió un trabajo y una casa.

El libro de Lamentaciones presenta el clamor de Jeremías, quien esperó en Dios y el final de su disciplina por los pecados de su pueblo. El profeta siguió confiando en un Dios eterno a quien reconocía como confiable: «Bueno es el Señor a los que en él esperan» (3:25). El pueblo de Dios puede tener esperanza aun cuando los problemas abruman y el alivio parece imposible. Aunque tal vez deban aceptar humildemente la disciplina de Dios, pueden aferrarse a la realidad de que «aún [haya] esperanza» (v. 29). Y esa esperanza fluye de Él: «Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor» (v. 26).

Aún sin respuestas ni una salida clara, esperamos en el Dios que ha sido fiel en ayudarnos una y otra vez.

Winn Collier

#NuestroPanDiario
RUT, EJEMPLO DE FE, OBEDIENCIA Y HUMILDAD
“Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo; y dondequiera que vivieres, viviré…” Rut 1:16

La historia de Rut comienza en medio del dolor y la pérdida. Su esposo había muerto, su futuro parecía deshecho, y todo lo que conocía quedaba atrás. Sin embargo, en medio de la tristeza, surge un corazón obediente, dispuesto a creer que Dios todavía tenía un propósito.

Rut tomó una decisión que cambiaría su vida para siempre. En lugar de volver a su tierra y a sus dioses, como lo hizo su cuñada Orfa, decidió quedarse con su suegra Noemí y seguir al Dios de Israel. Fue un acto de obediencia radical: dejar su pasado, su cultura y su comodidad, para caminar por fe hacia un futuro que no comprendía.

No fue una obediencia impulsiva, sino profunda, firme y valiente. Rut no necesitó tener todas las respuestas para obedecer. Ella confió. Su compromiso fue tal que Noemí “viendo que estaba tan resuelta a ir con ella, no le dijo más” (Rut 1:18). Esa resolución firme nos enseña que la verdadera obediencia no depende de las circunstancias, sino de la convicción de nuestro corazón.

Rut también mostró humildad. A pesar de ser joven, fuerte y capaz, se sometió a la autoridad de Noemí. Le pidió permiso para salir a trabajar y recoger espigas, y lo hizo con una actitud de respeto y servicio. No se ofendió cuando Noemí, en su dolor, dijo que había vuelto “vacía”. Rut no buscó reconocimiento ni elogios, simplemente obedeció y sirvió.

Qué lección tan profunda: cuando obedecemos sin buscar aplausos, Dios mismo se encarga de honrarnos. Rut pasó de ser una extranjera pobre a convertirse en parte del linaje de Jesús. Dios transformó su obediencia silenciosa en una historia de redención y propósito eterno.

Rut nos enseña que la obediencia radical no siempre entiende el porqué, pero confía en el Quién. Dios honra a quienes deciden seguirle aun cuando no ven el camino completo. Cada paso de fe, cada acto de obediencia, cada decisión humilde tiene recompensa en las manos del Señor.

Señor, enséñame a obedecerte como Rut: con humildad, con fe, con determinación. Que mi obediencia no dependa de lo que entiendo, sino de lo que creo. Aun en medio de la incertidumbre, quiero caminar confiando en que Tú estás obrando y que mi obediencia traerá fruto y propósito. Amén.

#CaminarDiario
📕❤️Devocional: ”FORTALEZCANSE CON EL GRAN PODER DEL SEÑOR 🕊️

En nuestro día a día vemos personas que van camino al gimnasio para hacer ejercicios físicos. Van con su ropa deportiva y su buena apariencia, pero muchas de esas personas aparentemente fuertes están débiles espiritualmente y frágiles psicológicamente.

Así como el cuerpo necesita ejercicio de forma regular, nuestro espíritu necesita ser alimentado y nuestra fe ejercitada. Si no nos ejercitamos nos atrofiamos, como sucede con la fe cuando no es estimulada. Por eso debemos fortalecer nuestra fe diariamente.

Entonces, ¿cómo puedo fortalecer los músculos de mi fe? De la misma forma en que un atleta debe levantar peso y trabajar al límite para mejorar en el deporte, Dios trabaja con nosotros permitiendo desafíos en nuestras vidas que nos exigen resistencia, esfuerzo y fe. El principal suplemento para nuestra fe es oír y leer la palabra de Dios.

En la Biblia nos fortalecemos en el Señor para poder soportar lo que se nos presenta para nuestro crecimiento en Cristo. Jesús es nuestro entrenador y él no coloca más peso que el que podamos soportar. Por eso debemos fortalecernos, enfocarnos y tener fe. Recuerda que él soportó todo y venció al mundo. No hay nadie más fuerte que nuestro Dios.

¡Ejercítate!
Crea el hábito saludable de leer la Biblia. Ella es el combustible que te hidratará cuando tengas sed por causa del peso que cargas.
Haz ejercicio acompañado, esto es siempre mejor. Busca estar en comunión, participa activamente en tu iglesia. Cuando compartimos nuestra fe, nos fortalecemos.
No te olvides de sudar en oración. Habla con Dios. No escatimes los esfuerzos al buscar al Señor. Él responde y ama a los que le buscan en espíritu y en verdad.
2 Pedro 3:18

📖 Más bien, crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¡A él sea la gloria ahora y para siempre! Amén. 📖