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Al carecer de emisora cristiana en nuestro país queremos transmitir palabra de Dios hasta tu Hogar.
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“El valor de decir la verdad”

Había una vez un niño llamado Emilio, que vivía con su familia en un pequeño vecindario de Estados Unidos. Su mamá trabajaba largas horas en una cafetería, y su papá hacía turnos nocturnos en la construcción. Aun así, cada noche se sentaban juntos a cenar, agradeciendo por lo poco o mucho que tuvieran.

Un día en la escuela, la maestra organizó un concurso de dibujo: el ganador recibiría una caja de colores nuevos y una libreta. Emilio estaba emocionado. Le encantaba dibujar, pero sus colores estaban gastados, algunos sin punta, otros rotos. Esa tarde, al salir al recreo, vio que uno de sus compañeros había dejado olvidada una cajita de colores nuevos sobre la mesa.

Emilio la miró… y el corazón le latía fuerte.
Pensó en su dibujo, en el concurso, en lo feliz que sería si ganaba. Sin pensarlo mucho, la guardó en su mochila.

Esa noche, mientras dibujaba, su mamá se acercó y le dijo:
—Qué bonitos colores, mijo. ¿De dónde los sacaste?

Emilio se quedó callado. Su pecho se apretó. No quería mentir, pero tampoco quería decepcionarla.
—Me los encontré en el salón —respondió bajito.
Su mamá lo miró con ternura y le acarició el cabello.
—A veces, lo que encontramos no es realmente nuestro, hijo. Decir la verdad puede doler, pero callarla duele mucho más.

Esa noche, Emilio no pudo dormir. Sentía un nudo en el estómago.
A la mañana siguiente, decidió llevar los colores de vuelta. Al llegar, buscó a su compañero y le entregó la cajita.
—Eran tuyos —le dijo—. Perdón, los tomé porque quería ganar.

El otro niño lo miró sorprendido y sonrió:
—Gracias, Emilio. No pasa nada. Si quieres, podemos compartirlos.

En ese momento, Emilio sintió algo dentro… una paz distinta, ligera, sincera. No ganó el concurso, pero ese día se llevó algo más grande: la certeza de que la honestidad también se premia, aunque no siempre con aplausos, sino con respeto.

Esa noche, mientras cenaban, su mamá lo abrazó y le dijo:
—De los errores también se aprende, hijo. Lo importante no es no fallar, sino tener el valor de corregirlo.
Emilio sonrió y respondió:
—Hoy no gané el concurso, pero gané algo mejor: sentirme tranquilo conmigo mismo.

Y desde entonces, cuando alguien dudaba entre hacer lo correcto o lo fácil, Emilio recordaba lo que su mamá le enseñó:
“La verdad puede doler un ratito, pero la mentira duele para siempre.”

#Reflexiones
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Aprende a dejar las cosas en las manos del Espíritu Santo. Aprende que no todo se abre con presión, aprende que lo que se forza se rompe y confía en la voluntad de Él

#CaminarDiario
OBEDECER EN LO PEQUEÑO PREPARA PARA LO GRANDE
“El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel.” – Lucas 16:10

Todos deseamos alcanzar el éxito, la bendición, llegar a lo más alto, ser reconocidos y ver la mano de Dios obrando en grande en nuestras vidas. Pero quienes han llegado a ese nivel saben que no ha sido fácil ni ha ocurrido de la noche a la mañana. Ha sido el resultado de una continua cadena de pequeñas decisiones de obediencia que, con el tiempo, se reflejan en una gran victoria.

La obediencia no se forja en los grandes momentos, sino en los detalles diarios: en lo que nadie ve, en lo que parece insignificante, en lo que se hace en silencio y con amor. Es un entrenamiento constante del corazón. Si aprendemos a ser fieles y obedientes en lo pequeño, Dios podrá confiarnos cosas más grandes; pero si descuidamos lo pequeño, difícilmente estaremos preparados para algo superior.

Todos tenemos capacidades, dones y talentos, pero lo importante no es solo tenerlos, sino ponerlos al servicio del Señor con humildad y perseverancia. A veces podemos pensar que estamos listos para encargos grandes y que las tareas pequeñas son menos importantes. Sin embargo, es precisamente en esas cosas pequeñas donde Dios prueba nuestra fidelidad, nuestra entrega y nuestro amor genuino hacia Él.

Hace unos años, alguien muy querido me dijo algo que marcó mi corazón: “Dios no tiene misiones grandes ni pequeñas, todas son importantes.”
Cada tarea, cada acto de servicio, cada gesto de obediencia cuenta en el Reino de Dios. Si somos fieles en lo poco, Dios verá nuestro corazón y nos confiará más.

Porque Él no mira el tamaño de lo que hacemos, sino la disposición con la que lo hacemos. La obediencia radical comienza tratando las cosas pequeñas como si fueran grandes, sabiendo que en cada paso de fidelidad Dios está preparando nuestro corazón para mayores responsabilidades y bendiciones.

Señor, gracias por recordarme hoy que todo comienza en lo pequeño. Enséñame a ser fiel en cada detalle, a obedecerte en lo cotidiano, en lo que nadie ve, en lo que parece sin importancia. Que mi corazón sea constante, diligente y humilde, para que cuando lleguen las grandes oportunidades, pueda servirte con madurez y gratitud. Quiero ser fiel en lo poco, Señor, para ser digno de lo mucho que Tú tienes preparado para mí. Amén.

#CaminarDiario
DEJA DE SUFRIR POR COSAS IMAGINARIAS.

A veces el dolor no viene del mundo,
sino de los mundos que inventamos en la mente.
Nos castigamos por historias que nunca ocurrieron,
por palabras que nadie dijo, por finales que solo imaginamos.

Nos volvemos prisioneros de pensamientos que no existen,
como si la mente jugara a lastimarse con sombras.
Y mientras sufrimos por lo que no fue,
la vida sigue pasando frente a nosotros, silenciosa, real.

El sol sigue saliendo, aunque la mente insista en la tormenta.
El presente espera ser abrazado,
pero estamos ocupados reviviendo fantasmas.
Tal vez el verdadero despertar sea entender
que nada duele más que lo que inventamos nosotros mismos.

La paz llega cuando dejamos de luchar
con lo que solo vive en nuestra imaginación.

#Reflexiones