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📕❤️Devocional:
”DIOS ES LA FUERZA DE TU CORAZÓN 🕊️
Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu,
pero Dios fortalece mi corazón;
él es mi herencia eterna.
(Salmo 73:26)
Aceptar nuestras limitaciones nos lleva a reconocer lo que Dios ha hecho por nosotros. Cuando entendemos que todo proviene del Señor, nos damos cuenta de su cuidado.
Reconocer nuestra debilidad no nos justifica para pecar, sino que nos debe motivar a buscar todavía más a Dios. Cuando no reconocemos el poder de Dios, tenemos la falsa impresión de que conquistamos todas las cosas por nuestras propias fuerzas. La realidad es que todo lo que recibimos es producto de la gracia del Padre.
La herencia de la salvación se nos dio por la gracia de Dios y ningún esfuerzo podría retribuir el precio pagado en la cruz. Nuestras fuerzas son limitadas, pero la fuerza que viene de Dios nos impulsa a realizar grandes cosas.
Con Dios, hacemos más
Reconoce tus propias limitaciones, respétate. Entiende que todo lo bueno viene de Dios.
Busca fuerzas en la Palabra de Dios. Ella es eficaz para refrigerar nuestra alma y fortalecer nuestras fuerzas.
No te sientas débil, tu fuerza viene de Dios. Acércate a la fuente, ora.
”DIOS ES LA FUERZA DE TU CORAZÓN 🕊️
Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu,
pero Dios fortalece mi corazón;
él es mi herencia eterna.
(Salmo 73:26)
Aceptar nuestras limitaciones nos lleva a reconocer lo que Dios ha hecho por nosotros. Cuando entendemos que todo proviene del Señor, nos damos cuenta de su cuidado.
Reconocer nuestra debilidad no nos justifica para pecar, sino que nos debe motivar a buscar todavía más a Dios. Cuando no reconocemos el poder de Dios, tenemos la falsa impresión de que conquistamos todas las cosas por nuestras propias fuerzas. La realidad es que todo lo que recibimos es producto de la gracia del Padre.
La herencia de la salvación se nos dio por la gracia de Dios y ningún esfuerzo podría retribuir el precio pagado en la cruz. Nuestras fuerzas son limitadas, pero la fuerza que viene de Dios nos impulsa a realizar grandes cosas.
Con Dios, hacemos más
Reconoce tus propias limitaciones, respétate. Entiende que todo lo bueno viene de Dios.
Busca fuerzas en la Palabra de Dios. Ella es eficaz para refrigerar nuestra alma y fortalecer nuestras fuerzas.
No te sientas débil, tu fuerza viene de Dios. Acércate a la fuente, ora.
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"REFLEXIÓN"
🌱🙏»¡ JESUS ENTIENDE TU DOLOR Y TE DA PAZ!»
¿Alguna vez te has sentido solo, triste, angustiado o desesperado? ¿Has pasado por momentos difíciles en los que no ves salida ni esperanza? Si es así, quiero decirte que no estás solo, pues hay alguien que te ama, que te conoce, que te escucha y que te acompaña en todo momento.
Ese alguien es Jesús, el Hijo de Dios, que vino al mundo para salvarnos y para darnos una vida abundante, pues Jesús entiende tu dolor y te da paz. Por ello, en este artículo, te explicaremos cómo puedes experimentar el amor, la compasión y la paz de Jesús en medio de tus pruebas y tribulaciones.
Jesús entiende tu dolor porque él también sufrió
A veces, podemos pensar que Jesús fue un hombre privilegiado, que no tuvo problemas ni dificultades, que siempre fue feliz y bendecido. Pero la verdad es que Jesús fue un hombre como nosotros, que experimentó el dolor, el sufrimiento, el rechazo, la traición, la tentación, la soledad y la muerte.
Es decir, que Jesús no fue ajeno al sufrimiento humano, sino que lo asumió y lo vivió en carne propia. De hecho, la Biblia nos dice que Jesús fue “despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto” (Isaías 53:3).
Jesús sufrió por amor a nosotros, para llevar nuestros pecados y nuestras enfermedades, para darnos perdón y sanidad. Además, sufrió la cruz, el castigo, la ira de Dios, el abandono, la agonía y la muerte, así como también sufrió lo indecible, para que nosotros pudiéramos tener vida eterna.
Por eso, Jesús entiende tu dolor, pues sabe lo que es pasar por el valle de sombra de muerte, y lo que es llorar, angustiarse, clamar y sangrar. Esto implica que no hay dolor que tú puedas sentir, que Jesús no haya sentido antes, ni situación que tú puedas vivir, que Jesús no haya vivido antes.
Jesús te da paz porque él venció al mundo
Pero Jesús no solo sufrió, sino que también venció, debido a que no se quedó en la tumba, sino que resucitó. Esto implica que no fue derrotado por el pecado, la muerte y el diablo, sino que los venció cuando resucitó al tercer día. Por lo tanto, Jesús no fue un fracasado, sino un triunfador.
Por eso, Jesús te da una paz que sobrepasa todo entendimiento, la paz que el mundo no puede dar y que nadie te puede quitar. De hecho, la Biblia nos dice que Jesús es nuestra paz, y nos la otorga cuando decidimos aceptar el sacrificio de Jesús para que nos perdone nuestros pecados y decidamos entregar nuestra vida a Jesús.
De hecho, Jesús nos dice: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Es decir, que Jesús te da paz porque él venció al mundo.
Cómo recibir la paz de Jesús
Si quieres recibir la paz de Jesús, lo primero que debes hacer es reconocer tu necesidad de él. Es decir, reconoce que eres un pecador, que has ofendido a Dios con tus pensamientos, palabras y obras, y que mereces el castigo eterno, que no puedes salvarte por ti mismo, que necesitas un salvador.
Luego, arrepiéntete de tus pecados, confiésalos a Dios, pídele perdón y renuncia a tu vida pasada. Posteriormente, cree en Jesús, en su obra redentora, en su muerte y resurrección, en su poder y autoridad, en su amor y gracia.
Finalmente, acepta a Jesús como tu Señor y Salvador, entrégale tu vida, tu corazón, tu voluntad, tu todo, e invítalo a entrar en tu vida, a morar en tu corazón, a transformar tu mente, a renovar tu espíritu, a sanar tu alma, a llenarte de su presencia. Cuando haces esto, recibes la paz de Jesús y recibes el perdón de tus pecados, la justificación de tu alma, y la reconciliación con Dios.
Cómo mantener la paz de Jesús
Si ya has recibido la paz de Jesús, lo que debes hacer es mantenerla. Sin embargo, mantener la paz de Jesús significa vivir en obediencia a su palabra y en sintonía con su voluntad. También, implica vivir una vida en servicio de su reino, y en testimonio de su nombre, viviendo como un genuino cristiano que ha cambiado su vida para vivir conforme al propósito de Dios.
🌱🙏»¡ JESUS ENTIENDE TU DOLOR Y TE DA PAZ!»
¿Alguna vez te has sentido solo, triste, angustiado o desesperado? ¿Has pasado por momentos difíciles en los que no ves salida ni esperanza? Si es así, quiero decirte que no estás solo, pues hay alguien que te ama, que te conoce, que te escucha y que te acompaña en todo momento.
Ese alguien es Jesús, el Hijo de Dios, que vino al mundo para salvarnos y para darnos una vida abundante, pues Jesús entiende tu dolor y te da paz. Por ello, en este artículo, te explicaremos cómo puedes experimentar el amor, la compasión y la paz de Jesús en medio de tus pruebas y tribulaciones.
Jesús entiende tu dolor porque él también sufrió
A veces, podemos pensar que Jesús fue un hombre privilegiado, que no tuvo problemas ni dificultades, que siempre fue feliz y bendecido. Pero la verdad es que Jesús fue un hombre como nosotros, que experimentó el dolor, el sufrimiento, el rechazo, la traición, la tentación, la soledad y la muerte.
Es decir, que Jesús no fue ajeno al sufrimiento humano, sino que lo asumió y lo vivió en carne propia. De hecho, la Biblia nos dice que Jesús fue “despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto” (Isaías 53:3).
Jesús sufrió por amor a nosotros, para llevar nuestros pecados y nuestras enfermedades, para darnos perdón y sanidad. Además, sufrió la cruz, el castigo, la ira de Dios, el abandono, la agonía y la muerte, así como también sufrió lo indecible, para que nosotros pudiéramos tener vida eterna.
Por eso, Jesús entiende tu dolor, pues sabe lo que es pasar por el valle de sombra de muerte, y lo que es llorar, angustiarse, clamar y sangrar. Esto implica que no hay dolor que tú puedas sentir, que Jesús no haya sentido antes, ni situación que tú puedas vivir, que Jesús no haya vivido antes.
Jesús te da paz porque él venció al mundo
Pero Jesús no solo sufrió, sino que también venció, debido a que no se quedó en la tumba, sino que resucitó. Esto implica que no fue derrotado por el pecado, la muerte y el diablo, sino que los venció cuando resucitó al tercer día. Por lo tanto, Jesús no fue un fracasado, sino un triunfador.
Por eso, Jesús te da una paz que sobrepasa todo entendimiento, la paz que el mundo no puede dar y que nadie te puede quitar. De hecho, la Biblia nos dice que Jesús es nuestra paz, y nos la otorga cuando decidimos aceptar el sacrificio de Jesús para que nos perdone nuestros pecados y decidamos entregar nuestra vida a Jesús.
De hecho, Jesús nos dice: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Es decir, que Jesús te da paz porque él venció al mundo.
Cómo recibir la paz de Jesús
Si quieres recibir la paz de Jesús, lo primero que debes hacer es reconocer tu necesidad de él. Es decir, reconoce que eres un pecador, que has ofendido a Dios con tus pensamientos, palabras y obras, y que mereces el castigo eterno, que no puedes salvarte por ti mismo, que necesitas un salvador.
Luego, arrepiéntete de tus pecados, confiésalos a Dios, pídele perdón y renuncia a tu vida pasada. Posteriormente, cree en Jesús, en su obra redentora, en su muerte y resurrección, en su poder y autoridad, en su amor y gracia.
Finalmente, acepta a Jesús como tu Señor y Salvador, entrégale tu vida, tu corazón, tu voluntad, tu todo, e invítalo a entrar en tu vida, a morar en tu corazón, a transformar tu mente, a renovar tu espíritu, a sanar tu alma, a llenarte de su presencia. Cuando haces esto, recibes la paz de Jesús y recibes el perdón de tus pecados, la justificación de tu alma, y la reconciliación con Dios.
Cómo mantener la paz de Jesús
Si ya has recibido la paz de Jesús, lo que debes hacer es mantenerla. Sin embargo, mantener la paz de Jesús significa vivir en obediencia a su palabra y en sintonía con su voluntad. También, implica vivir una vida en servicio de su reino, y en testimonio de su nombre, viviendo como un genuino cristiano que ha cambiado su vida para vivir conforme al propósito de Dios.
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Dios oye nuestras oraciones
Lee: Isaías 38:1-6
Mi amiga Christine y su esposo se sentaron a cenar en casa de sus tíos. A su tía le habían diagnosticado recientemente un cáncer agresivo. Antes de que empezaran a comer, su tío preguntó: «¿Alguien tiene algo que decir?». Christine sonrió porque sabía qué quería decir: «¿Alguien quiere orar?». Él no era creyente en Jesús, pero sabía que Christine sí lo era, y esa era su manera de invitar a orar. Con palabras sentidas, ella agradeció a Dios por su cuidado y pidió que realizara un milagro para su tía.
El rey Ezequías se enfermó y tenía algo que decirle de corazón a Dios después de que el profeta Isaías le dijo que moriría (Isaías 38:1). «Con gran lloro», dijo sincera y desesperadamente: «te ruego que te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón» (v. 3). Aunque la sanidad no depende de nuestra «bondad», y Dios no siempre sana, Él decidió extender la vida del rey quince años (v. 5). Después de recuperarse, Ezequías dio gracias a Dios y lo alabó (v. 16).
Dios nos invita a orar, ya sea por una necesidad urgente o para agradecerle por algo insignificante o importante. Él oye nuestras oraciones, ve nuestras lágrimas y responde según su plan. Nuestra función es «[andar] humildemente todos [nuestros] años» con Él (v. 15).
Anne Cetas
#NuestroPanDiario
Lee: Isaías 38:1-6
Mi amiga Christine y su esposo se sentaron a cenar en casa de sus tíos. A su tía le habían diagnosticado recientemente un cáncer agresivo. Antes de que empezaran a comer, su tío preguntó: «¿Alguien tiene algo que decir?». Christine sonrió porque sabía qué quería decir: «¿Alguien quiere orar?». Él no era creyente en Jesús, pero sabía que Christine sí lo era, y esa era su manera de invitar a orar. Con palabras sentidas, ella agradeció a Dios por su cuidado y pidió que realizara un milagro para su tía.
El rey Ezequías se enfermó y tenía algo que decirle de corazón a Dios después de que el profeta Isaías le dijo que moriría (Isaías 38:1). «Con gran lloro», dijo sincera y desesperadamente: «te ruego que te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón» (v. 3). Aunque la sanidad no depende de nuestra «bondad», y Dios no siempre sana, Él decidió extender la vida del rey quince años (v. 5). Después de recuperarse, Ezequías dio gracias a Dios y lo alabó (v. 16).
Dios nos invita a orar, ya sea por una necesidad urgente o para agradecerle por algo insignificante o importante. Él oye nuestras oraciones, ve nuestras lágrimas y responde según su plan. Nuestra función es «[andar] humildemente todos [nuestros] años» con Él (v. 15).
Anne Cetas
#NuestroPanDiario
Lo tenía todo… menos paz. Su hogar era amplio, su negocio prosperaba, su nombre tenía peso en la industria metalúrgica de Argentina. Pero cada noche, Carlos Annacondia cerraba los ojos con una inquietud que ni el dinero, ni el éxito, ni la seguridad material podían calmar. Mientras una nación vivía tiempos difíciles e inciertos, él también luchaba con tormentas internas. Argentina estaba agitada por fuera; él, por dentro.
Era conocido como el mayor distribuidor de bulones del país. En una época donde muchos temían perderlo todo, su prosperidad parecía un refugio… pero terminó siendo una carga. Cada logro, lejos de traer descanso, aumentaba la presión. Cada posesión recordaba lo frágil que era la estabilidad. Tener más significaba preocuparse más. Mientras el país buscaba respirar esperanza, él buscaba respirar paz.
Y entonces, algo cambió. No en un gran evento, ni en un escenario multitudinario, sino en lo cotidiano: al prestar su auto y su departamento a un mensajero del evangelio. Un acto sencillo, casi sin querer, abrió una puerta enorme en su corazón. En lo simple, lo inesperado y lo diario, encontró una respuesta. Ahí comenzó a entender que la verdadera seguridad no está en lo que se posee, sino en lo que llena el alma. Junto a su esposa María, decidió abrazar la fe y dejar atrás lo que no edificaba su vida. Ese “sí” fue el inicio de algo extraordinario.
Lo que siguió dejó de ser solo parte de su historia personal y se volvió parte de la historia espiritual de un país. Annacondia comenzó a compartir su experiencia, a orar por quienes lo necesitaban y a hablar de la paz que había encontrado. En un contexto donde muchos buscaban consuelo, esperanza y dirección, su mensaje llegó como agua fresca en tierra seca. Desde barrios humildes hasta grandes ciudades, miles experimentaron libertad interior y restauración. Su frase icónica —“Escucha bien…”— se convirtió en un recordatorio de que hay una fuerza mayor que todo temor.
El hombre que temía perderlo todo descubrió una paz que nadie podía quitarle. Y eso encendió un despertar que marcó a toda una generación. Porque así actúa Dios: donde otros ven éxito, Él ve corazones; donde otros ven rutina, Él ve propósito. Y cuando alguien dice “sí”, aunque no entienda todo al principio, la historia cambia, la vida cambia… y hasta una nación puede despertar.
Era conocido como el mayor distribuidor de bulones del país. En una época donde muchos temían perderlo todo, su prosperidad parecía un refugio… pero terminó siendo una carga. Cada logro, lejos de traer descanso, aumentaba la presión. Cada posesión recordaba lo frágil que era la estabilidad. Tener más significaba preocuparse más. Mientras el país buscaba respirar esperanza, él buscaba respirar paz.
Y entonces, algo cambió. No en un gran evento, ni en un escenario multitudinario, sino en lo cotidiano: al prestar su auto y su departamento a un mensajero del evangelio. Un acto sencillo, casi sin querer, abrió una puerta enorme en su corazón. En lo simple, lo inesperado y lo diario, encontró una respuesta. Ahí comenzó a entender que la verdadera seguridad no está en lo que se posee, sino en lo que llena el alma. Junto a su esposa María, decidió abrazar la fe y dejar atrás lo que no edificaba su vida. Ese “sí” fue el inicio de algo extraordinario.
Lo que siguió dejó de ser solo parte de su historia personal y se volvió parte de la historia espiritual de un país. Annacondia comenzó a compartir su experiencia, a orar por quienes lo necesitaban y a hablar de la paz que había encontrado. En un contexto donde muchos buscaban consuelo, esperanza y dirección, su mensaje llegó como agua fresca en tierra seca. Desde barrios humildes hasta grandes ciudades, miles experimentaron libertad interior y restauración. Su frase icónica —“Escucha bien…”— se convirtió en un recordatorio de que hay una fuerza mayor que todo temor.
El hombre que temía perderlo todo descubrió una paz que nadie podía quitarle. Y eso encendió un despertar que marcó a toda una generación. Porque así actúa Dios: donde otros ven éxito, Él ve corazones; donde otros ven rutina, Él ve propósito. Y cuando alguien dice “sí”, aunque no entienda todo al principio, la historia cambia, la vida cambia… y hasta una nación puede despertar.
Criando a nuestros hijos con los ojos en el cielo
Author
𝐂𝐫𝐢𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐚 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐡𝐢𝐣𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐨𝐣𝐨𝐬 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐜𝐢𝐞𝐥𝐨.
Una fe que transforma generaciones, no una maldición que las ata
Author
“𝐔𝐧𝐚 𝐟𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐫𝐚𝐧𝐬𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐠𝐞𝐧𝐞𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬, 𝐧𝐨 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐚𝐥𝐝𝐢𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐚𝐭𝐚”
Cuando Dios edifica tu hogar
Author
"𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐞𝐝𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚 𝐭𝐮 𝐡𝐨𝐠𝐚𝐫”
La maternidad es una ofrenda al SenÌor
Author
𝐋𝐚 𝐦𝐚𝐭𝐞𝐫𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐞𝐬 𝐮𝐧𝐚 𝐨𝐟𝐫𝐞𝐧𝐝𝐚 𝐚𝐥 𝐒𝐞𝐧̃𝐨𝐫.
¡No seas una mamá indulgente!
Author
¡𝐍𝐨 𝐬𝐞𝐚𝐬 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐚𝐦𝐚́ 𝐢𝐧𝐝𝐮𝐥𝐠𝐞𝐧𝐭𝐞!
Cuando mamá es mejor que Google
Author
"𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐦𝐚𝐦𝐚́ 𝐞𝐬 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐆𝐨𝐨𝐠𝐥𝐞"
¿Estás fÃsicamente junto a tus hijos pero desconectada?
Author
¿𝐄𝐬𝐭𝐚́𝐬 𝐟𝐢́𝐬𝐢𝐜𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐣𝐮𝐧𝐭𝐨 𝐚 𝐭𝐮𝐬 𝐡𝐢𝐣𝐨𝐬 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐜𝐨𝐧𝐞𝐜𝐭𝐚𝐝𝐚?
📕❤️Devocional diario: “Lágrimas que producen grandes cosechas”🕊️
“Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán.” Salmo 126:5.
Los tiempos de alegría muchas veces son precedidos por épocas de lágrimas. El salmista lo sabía muy bien y en este salmo expresa lo que sintió el pueblo de Dios al salir de la cautividad babilónica. Habían perdido seres queridos, tierras, casas, y hasta su misma dignidad, pero Dios les había prometido restauración y su promesa se cumplió. Israel pudo ver la misericordia de Dios no solo en esa época, sino a lo largo de toda su historia.
Las lágrimas derramadas en la presencia de Dios son como semillas que a su tiempo producirán fruto. Jesús dijo que son “bienaventurados los que lloran”, los que reconocen su necesidad espiritual y ponen su vida en las manos de Dios. “Ellos recibirán consolación” (Mateo 5:4).
Muchas de nuestras lágrimas brotan en tiempos de intercesión por nuestros hijos. Cuando vemos que no toman buenas decisiones, que su fe se tambalea, que escuchan más a sus amigos que no conocen al Señor que al consejo de la Palabra de Dios, que atraviesan situaciones difíciles. Nuestro corazón, como dice Jeremías, parece derramarse como agua. “Levántate, da voces en la noche, al comenzar las vigilias; derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor; alza tus manos a él implorando la vida de tus pequeñitos…” (Lamentaciones 2:19). Jamás Dios pasa por alto las oraciones que hacemos por nuestros hijos.
Otras lágrimas son producto de la frustración que sentimos al ver desaprovechadas las oportunidades que Dios les da a nuestros seres queridos para acercarse a Él. O también por la tristeza que nos produce ver un mundo hundido en toda clase de pecados, que ignora o se burla de Dios.
Aunque haya momentos en que te sientas desalentado, recuerda que las lágrimas que derramadas en la presencia de Dios producirán fruto. No te impacientes, el Señor está obrando. Ningún suspiro, ninguna lágrima, ninguna oración inspirada por el Espíritu de Dios será improductiva.
La respuesta llegará, la promesa se cumplirá. “¡Con regocijo segarán!”. El tiempo de gozo por la respuesta a la oración está cercano. Sigue confiando, Dios siempre cumple sus promesas.
“Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán.” Salmo 126:5.
Los tiempos de alegría muchas veces son precedidos por épocas de lágrimas. El salmista lo sabía muy bien y en este salmo expresa lo que sintió el pueblo de Dios al salir de la cautividad babilónica. Habían perdido seres queridos, tierras, casas, y hasta su misma dignidad, pero Dios les había prometido restauración y su promesa se cumplió. Israel pudo ver la misericordia de Dios no solo en esa época, sino a lo largo de toda su historia.
Las lágrimas derramadas en la presencia de Dios son como semillas que a su tiempo producirán fruto. Jesús dijo que son “bienaventurados los que lloran”, los que reconocen su necesidad espiritual y ponen su vida en las manos de Dios. “Ellos recibirán consolación” (Mateo 5:4).
Muchas de nuestras lágrimas brotan en tiempos de intercesión por nuestros hijos. Cuando vemos que no toman buenas decisiones, que su fe se tambalea, que escuchan más a sus amigos que no conocen al Señor que al consejo de la Palabra de Dios, que atraviesan situaciones difíciles. Nuestro corazón, como dice Jeremías, parece derramarse como agua. “Levántate, da voces en la noche, al comenzar las vigilias; derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor; alza tus manos a él implorando la vida de tus pequeñitos…” (Lamentaciones 2:19). Jamás Dios pasa por alto las oraciones que hacemos por nuestros hijos.
Otras lágrimas son producto de la frustración que sentimos al ver desaprovechadas las oportunidades que Dios les da a nuestros seres queridos para acercarse a Él. O también por la tristeza que nos produce ver un mundo hundido en toda clase de pecados, que ignora o se burla de Dios.
Aunque haya momentos en que te sientas desalentado, recuerda que las lágrimas que derramadas en la presencia de Dios producirán fruto. No te impacientes, el Señor está obrando. Ningún suspiro, ninguna lágrima, ninguna oración inspirada por el Espíritu de Dios será improductiva.
La respuesta llegará, la promesa se cumplirá. “¡Con regocijo segarán!”. El tiempo de gozo por la respuesta a la oración está cercano. Sigue confiando, Dios siempre cumple sus promesas.
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Segunda Parte de la Película : Nada que perder #2
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