Reflexión del padre Pío
16 de noviembre:
La abnegación más importante es la que se practica en el hogar doméstico
(P. Pío - FM, 167)
16 de noviembre:
La abnegación más importante es la que se practica en el hogar doméstico
(P. Pío - FM, 167)
19 de noviembre
En la caridad de Cristo yo te ruego que procures calmar tus ansias, bebiendo en la fuente del amor divino, y debes calmarlas con la fe, con la confianza, con la humildad y sumisión a los deseos divinos. Dice la venerable sor Teresa del Niño Jesús: «Yo soy un alma pequeña; yo no quiero elegir ni vivir ni morir, sino que haga Jesús de mí lo que él quiera». ¡He aquí, hija, el prototipo de un alma plenamente vacía de sí y llena de Dios! Esto es exactamente lo que también tú debes tratar de conseguir con esfuerzo y con la ayuda divina. No desconfíes ante esto, porque Jesús está en tu alma y, si te muestras dócil a sus actuaciones, es seguro que lo alcanzarás.
Comprendo también que las ansias de un alma plenamente enamorada del amante divino con frecuencia le resultan irrefrenables a la pobrecita. Pero no te asustes por esto; da curso libre a este anhelo por Jesús y déjate guiar por su amor.
(21 de octubre de 1915, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 522)
En la caridad de Cristo yo te ruego que procures calmar tus ansias, bebiendo en la fuente del amor divino, y debes calmarlas con la fe, con la confianza, con la humildad y sumisión a los deseos divinos. Dice la venerable sor Teresa del Niño Jesús: «Yo soy un alma pequeña; yo no quiero elegir ni vivir ni morir, sino que haga Jesús de mí lo que él quiera». ¡He aquí, hija, el prototipo de un alma plenamente vacía de sí y llena de Dios! Esto es exactamente lo que también tú debes tratar de conseguir con esfuerzo y con la ayuda divina. No desconfíes ante esto, porque Jesús está en tu alma y, si te muestras dócil a sus actuaciones, es seguro que lo alcanzarás.
Comprendo también que las ansias de un alma plenamente enamorada del amante divino con frecuencia le resultan irrefrenables a la pobrecita. Pero no te asustes por esto; da curso libre a este anhelo por Jesús y déjate guiar por su amor.
(21 de octubre de 1915, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 522)
23 de noviembre
Has de saber, Raffaelina, que este buen ángel ruega por ti: ofrece a Dios todas las buenas obras que realizas, tus deseos santos y puros. En las horas en que te parece estar sola y abandonada, no te lamentes por no tener un alma amiga, a la que puedas abrirte y confiarle tus dolores. Por caridad, no olvides a este compañero invisible, siempre presente para escucharte, siempre dispuesto para consolarte.
¡Oh, deliciosa intimidad!, ¡oh, dichosa compañía! ¡Oh, si todos los hombres sin excepción supieran comprender y apreciar este gran don de Dios, quien, en el exceso de su amor por el hombre, nos asignó este espíritu celestial! Recuerda a menudo su presencia: es necesario contemplarlo con el ojo del alma, darle gracias, suplicarle. Él es tan delicado, tan sensible; respétalo. Teme constantemente ofender la pureza de su mirada.
(20 de abril de 1915, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 403)
Has de saber, Raffaelina, que este buen ángel ruega por ti: ofrece a Dios todas las buenas obras que realizas, tus deseos santos y puros. En las horas en que te parece estar sola y abandonada, no te lamentes por no tener un alma amiga, a la que puedas abrirte y confiarle tus dolores. Por caridad, no olvides a este compañero invisible, siempre presente para escucharte, siempre dispuesto para consolarte.
¡Oh, deliciosa intimidad!, ¡oh, dichosa compañía! ¡Oh, si todos los hombres sin excepción supieran comprender y apreciar este gran don de Dios, quien, en el exceso de su amor por el hombre, nos asignó este espíritu celestial! Recuerda a menudo su presencia: es necesario contemplarlo con el ojo del alma, darle gracias, suplicarle. Él es tan delicado, tan sensible; respétalo. Teme constantemente ofender la pureza de su mirada.
(20 de abril de 1915, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 403)
ORACIÓN AL SANTO PADRE PÍO
Virtuosísimo Padre San Pío de Pietrelcina, tú que has querido muchísimo a Nuestra Señora, y que cada día te concedió gracias y consuelos solamente por Ella alcanzables. A la Virgen Santa, te suplicamos ruegues y pongas en Sus manos nuestros pecados y nuestras frías oraciones, para que como en Caná de Galilea, el Hijo le conceda a la Madre; y ya nuestro nombre será escrito en el Libro de la Vida.
Hacer aquí la petición que se desea obtener.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
Virtuosísimo Padre San Pío de Pietrelcina, tú que has querido muchísimo a Nuestra Señora, y que cada día te concedió gracias y consuelos solamente por Ella alcanzables. A la Virgen Santa, te suplicamos ruegues y pongas en Sus manos nuestros pecados y nuestras frías oraciones, para que como en Caná de Galilea, el Hijo le conceda a la Madre; y ya nuestro nombre será escrito en el Libro de la Vida.
Hacer aquí la petición que se desea obtener.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
28 de Noviembre
En los asaltos del enemigo, en la prueba de la vida, levantémonos y supliquemos al Señor que quite y aleje siempre de nosotros el reino del enemigo y que nos conceda la gracia de ser acogidos en su reino cuando le plazca, y que le plazca que sea muy pronto. No nos desviemos, mi Raffaelina, en las horas de la prueba; por la constancia al obrar el bien, por la paciencia al combatir la buena batalla, venceremos la desfachatez de todos nuestros enemigos y, como dijo el maestro divino, con la paciencia salvaremos nuestras almas, ya que la «tribulación obra la paciencia, la paciencia genera la prueba y la prueba hace brotar la esperanza». Sigamos a Jesús por el camino del dolor: mantengamos siempre fija nuestra mirada en la Jerusalén celestial y superaremos felizmente todas las dificultades que obstaculizan nuestro viaje para llegar a ella.
(14 de octubre de 1915, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 514)
En los asaltos del enemigo, en la prueba de la vida, levantémonos y supliquemos al Señor que quite y aleje siempre de nosotros el reino del enemigo y que nos conceda la gracia de ser acogidos en su reino cuando le plazca, y que le plazca que sea muy pronto. No nos desviemos, mi Raffaelina, en las horas de la prueba; por la constancia al obrar el bien, por la paciencia al combatir la buena batalla, venceremos la desfachatez de todos nuestros enemigos y, como dijo el maestro divino, con la paciencia salvaremos nuestras almas, ya que la «tribulación obra la paciencia, la paciencia genera la prueba y la prueba hace brotar la esperanza». Sigamos a Jesús por el camino del dolor: mantengamos siempre fija nuestra mirada en la Jerusalén celestial y superaremos felizmente todas las dificultades que obstaculizan nuestro viaje para llegar a ella.
(14 de octubre de 1915, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 514)
2 de diciembre
Tú te ves abandonada, y yo te garantizo que Jesús te tiene más cerca que nunca de su divino Corazón.
También nuestro Señor se lamentó en la cruz del abandono del Padre; pero el Padre, ¿abandonó alguna vez o puede abandonar a su Hijo? Son las pruebas supremas del espíritu; Jesús las quiere: ¡hágase! Tú pronuncia resignada este hágase cuando te encuentres en tales pruebas, y no temas.
No dejes de lamentarte ante Jesús como te parezca y como te agrade; invócalo como quieras; pero cree lo que te asegura quien te habla en su nombre.
Escríbeme con frecuencia sobre el estado de tu alma y no tengas miedo de nada; usaré contigo toda la caridad de la que está lleno el corazón de un padre; Yo –aunque indigno– oro y hago orar por ti; tú estate contenta de que Jesús te trate como quiere: ¡es siempre un padre y muy bueno!
(28 de junio de 1918, a Antonietta Vona, Ep. III, 865)
Tú te ves abandonada, y yo te garantizo que Jesús te tiene más cerca que nunca de su divino Corazón.
También nuestro Señor se lamentó en la cruz del abandono del Padre; pero el Padre, ¿abandonó alguna vez o puede abandonar a su Hijo? Son las pruebas supremas del espíritu; Jesús las quiere: ¡hágase! Tú pronuncia resignada este hágase cuando te encuentres en tales pruebas, y no temas.
No dejes de lamentarte ante Jesús como te parezca y como te agrade; invócalo como quieras; pero cree lo que te asegura quien te habla en su nombre.
Escríbeme con frecuencia sobre el estado de tu alma y no tengas miedo de nada; usaré contigo toda la caridad de la que está lleno el corazón de un padre; Yo –aunque indigno– oro y hago orar por ti; tú estate contenta de que Jesús te trate como quiere: ¡es siempre un padre y muy bueno!
(28 de junio de 1918, a Antonietta Vona, Ep. III, 865)
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Reflexión del padre Pío 9 de diciembre: En resumen, no filosoféis sobre vuestros defectos y tampoco repliquéis; continuad vuestro camino sin rodeos. No. Dios no puede abandonaros cuando vosotros, por no perderlo, permanecéis firmes en vuestras decisiones. Que el mundo se destruya, que todo esté en tinieblas, en humo, en confusión..., pero Dios está con nosotros. ¿De qué, pues, vamos a tener miedo? Si Dios habita en las tinieblas y sobre el monte Sinaí, entre relámpagos y truenos, ¿no debemos estar contentos sabiendo que estamos cerca de Él? (P. Pío – Ep. III, p. 580).
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Reflexión del Padre Pío,
12 de diciembre:
El dudar es el mayor insulto a la divinidad (P. Pío CE, 35).
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El dudar es el mayor insulto a la divinidad (P. Pío CE, 35).
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