Padre Pio
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Conociendo la vida y obra de San Pío de Petrelcina
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25 de octubre

Las más de las veces me produce gran sufrimiento tratar con los demás, excepto con aquellas personas a las que se habla de Dios y de la preciosidad del alma.

Precisamente por esto amo tanto la soledad. Con mucha frecuencia me supone gran trabajo satisfacer las necesidades de la vida; es decir, comer, beber, dormir; y me someto a ellas, como si fuera un condenado, sólo porque Dios lo quiere.

Me parece que el tiempo pasa velozmente y que no tengo tiempo suficiente para orar. Me siento muy atraído por las buenas lecturas; pero leo bastante poco, porque estoy imposibilitado por la enfermedad y también porque, abierto el libro, después de una breve lectura, me encuentro profundamente recogido, de forma que la lectura se convierte en oración. Desde que el Señor me va concediendo estas cosas, me siento muy cambiado, como para no reconocerme en lo que yo era antes.

(1 de noviembre de 1913, al P. Benedetto da San Marco in Lamis, Ep. I, 420)
La paciencia es tanto más perfecta. Cuanto menos se mezcla con inquietudes y desasosiego. Si el buen Dios quiere prolongar el tiempo de la prueba, no os lamentéis ni indaguéis el porqué. Tener siempre presente que los hijos de Israel tuvieron que caminar durante 40 años por el desierto, antes de poner su pie en la tierra prometida.

(P. Pio - Ep. III, p.537)
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Bienaventurado Padre Pío, testigo de fe y de amor. Admiramos tu vida como fraile capuchino, como sacerdote y como testigo fiel de Cristo. El dolor marcó tu vida y te llamamos “un crucif icado sin Cruz”. El amor te llevó a preocuparte por los enfermos, a atraer a los pecadores, a vivir profundamente el misterio de la Eucaristía y del perdón. Fuiste un poderoso intercesor ante Dios en tu vida, y sigues ahora en el cielo haciendo bien e intercediendo por nosotros. Queremos contar con tu ayuda. Ruega por nosotros. Amén.
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ORACIÓN AL SANTO PADRE PÍO

Amadísimo Santo Padre Pío de Pietrelcina, tú que has llevado sobre tu cuerpo los estigmas de Nuestro Dios Jesucristo. Tú que también has llevado la cruz por todos nosotros, soportando los sufrimientos físicos y morales que te flagelaron continuamente el alma y el cuerpo, en un doloroso martirio. Te rogamos intercedas ante Dios Todopoderoso para que cada uno de nosotros sepa aceptar las pequeñas y grandes cruces de la vida, transformando cada sufrimiento individual en un vínculo seguro que nos ata a la vida eterna.

Hacer aquí la petición que se desea obtener.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
15 de noviembre

En este tiempo busca ayuda sobre todo en la lectura de los libros santos; y yo deseo vivamente que leas siempre esos libros, pues esas lecturas son un buen alimento para el alma y buena ayuda para avanzar en el camino de la perfección, no menos que la oración y la santa meditación, porque en la oración y en la meditación somos nosotros los que hablamos al Señor, mientras que en la lectura santa es Dios el que nos habla. Busca lo más que puedas el tesoro de estas lecturas santas y experimentarás muy pronto que se renueva tu espíritu.

Antes de ponerte a leer estos libros eleva tu mente al Señor y suplícale que sea Él mismo el que guíe tu mente, que se digne hablarte al corazón, y que mueva Él mismo tu voluntad. Pero no basta; conviene además que te postres ante el Señor antes de comenzar la lectura, y volverlo a hacer de tanto en tanto durante el curso de la misma, porque tú no la haces por estudio o para satisfacer la curiosidad, sino únicamente para complacerle y darle gusto a Él.

(14 de julio de 1914, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 126)
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Reflexión del padre Pío
16 de noviembre:

La abnegación más importante es la que se practica en el hogar doméstico

(P. Pío - FM, 167)
19 de noviembre

En la caridad de Cristo yo te ruego que procures calmar tus ansias, bebiendo en la fuente del amor divino, y debes calmarlas con la fe, con la confianza, con la humildad y sumisión a los deseos divinos. Dice la venerable sor Teresa del Niño Jesús: «Yo soy un alma pequeña; yo no quiero elegir ni vivir ni morir, sino que haga Jesús de mí lo que él quiera». ¡He aquí, hija, el prototipo de un alma plenamente vacía de sí y llena de Dios! Esto es exactamente lo que también tú debes tratar de conseguir con esfuerzo y con la ayuda divina. No desconfíes ante esto, porque Jesús está en tu alma y, si te muestras dócil a sus actuaciones, es seguro que lo alcanzarás.

Comprendo también que las ansias de un alma plenamente enamorada del amante divino con frecuencia le resultan irrefrenables a la pobrecita. Pero no te asustes por esto; da curso libre a este anhelo por Jesús y déjate guiar por su amor.

(21 de octubre de 1915, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 522)
23 de noviembre

Has de saber, Raffaelina, que este buen ángel ruega por ti: ofrece a Dios todas las buenas obras que realizas, tus deseos santos y puros. En las horas en que te parece estar sola y abandonada, no te lamentes por no tener un alma amiga, a la que puedas abrirte y confiarle tus dolores. Por caridad, no olvides a este compañero invisible, siempre presente para escucharte, siempre dispuesto para consolarte.

¡Oh, deliciosa intimidad!, ¡oh, dichosa compañía! ¡Oh, si todos los hombres sin excepción supieran comprender y apreciar este gran don de Dios, quien, en el exceso de su amor por el hombre, nos asignó este espíritu celestial! Recuerda a menudo su presencia: es necesario contemplarlo con el ojo del alma, darle gracias, suplicarle. Él es tan delicado, tan sensible; respétalo. Teme constantemente ofender la pureza de su mirada.

(20 de abril de 1915, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 403)