Padre Pio
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Conociendo la vida y obra de San Pío de Petrelcina
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Paralelamente se realizaron numerosas inspecciones médicas y espirituales de parte del tribunal supremo de la Santa Sede. El Padre Pío, en este periodo, continuó su vida de plegarias apostólicas en el ministerio de la confesión, en la perfecta obediencia a sus superiores y la jerarquía eclesiástica.

El 9 de junio de 1931, la Santa Sede ordenó al Padre Pío la suspensión de todos los ministerios, con excepción de las misas que habría tenido que realizar de manera privada, sin fieles, en la capilla interna del convento.

Durante todo este periodo, que duró hasta el 15 de julio de 1933, la vida del Padre Pío se desenvolvía así: aproximadamente dos horas para la celebración de la misa; plegarias y oraciones hasta el mediodía, interrumpidas por aproximadamente una hora de estudio; en la tarde más plegarias desde el atardecer hasta casi la medianoche.

El 16 de julio de 1933, el Padre Pío recibió el permiso para celebrar nuevamente la misa en la iglesia; sucesivamente se le otorgó el permiso de confesar nuevamente, para gozo espiritual de los feligreses que asistían masivamente al convento para recibir el sacramento de la reconciliación.

Los fieles también concurrían numerosamente para participar en la eucaristía celebrada por él.

Durante los años oscuros de la Segunda Guerra Mundial, el Padre Pío fue un “ángel esperanzador” de numerosas esposas y madres, que iban con él para pedir oraciones dedicadas a sus seres queridos que se encontraban en combate. En el año de 1940, el Padre Pío proyectó un hospital que se denominó “Casa del Alivio del Sufrimiento” –el más importante del sur de Italia-, cuya construcción culminó en 1956.

Su condición de salud fue empeorando conforme pasaron los días. Padre Pío caminaba con mucha dificultad hasta que necesitó utilizar silla de ruedas. El 24 de noviembre de 1961, por concesión de la Santa Sede, comenzó a celebrar la Misa sentado.

El 10 de agosto de 1960, el Padre Pío celebró 50 años de sacerdocio. En 1962 y los años siguientes, recibió la visita de numerosos obispos y otros prelados. El 22 de septiembre de 1968, a las 5:00 a.m., el
El 22 de septiembre de 1968, a las 5:00 a.m., el Padre Pío celebró la que sería su última misa. Al f inalizar, tuvo un fuerte colapso sobre el altar. Se aproximó al confesionario para confesarse, pero por su mal estado debió desistir. A las 10:30 a.m. bendijo a la multitud que se reunía en la plaza fuera de la iglesia. A las 6:00 p.m. bendijo a los fieles reunidos en la iglesia.

Finalmente, a las 2:30 a.m. del 23 de septiembre falleció, después de haber hecho la confesión sacramental, renovar los votos religiosos y recibir el sacramento de la unción de los enfermos.

Las exequias del Padre Pío fueron impresionantes, ya que se tuvo que esperar cuatro días para que la multitud de personas pasaran a despedirse. Se calcula que más de cien mil personas participaron del funeral. Al morir desaparecieron los estigmas, con lo cual se confirmó su origen místico y sobrenatural. Muchas han sido las sanaciones y conversiones concedidas por la intercesión del Padre Pío e innumerables milagros han sido reportados a la Santa Sede.
ORACION A SAN PIO DE PIERTRELCINA

Padre de bondad y misericordia, fuente inagotable de vida y felicidad, te pido por intercesión de San Pio de Piertrelcina me conceda ser semejante a el, humilde como las florecillas del campo, libre y alegre como los pájaros del cielo, pobre laborioso como su Padre Francisco.
Porque confió en tu amor y en tu gracia, hoy te ofrezco libremente cuanto soy y cuanto tengo: deposito mi pasado en tu misericordia, mi futuro a tu providencia y me quedo tranquilo como un niño pequeño bajo tus cuidados. Amén
"Una cosa es necesaria, estar junto a Jesús"

P. Pío
"No te preocupes demasiado por la curación de tu corazón, porque esta angustia aumentaría la enfermedad. No te esfuerces demasiado en vencer tus tentaciones, pues esta violencia las fortificaría más aún.

Desprécialas y no te obsesiones con ellas" (Epist.III, p.503).
"Haz el bien, en todas partes, para que todos puedan decir: "Este es un hijo de Cristo". Soporta por amor a Dios y por la conversión de los pobres pecadores las tribulaciones, las enfermedades, los sufrimientos.

Defiende al débil, consuela al que llora" (FSP, 119)h
"Jamás me ha pasado por la cabeza la idea de vengarme: he rogado y ruego por los que me denigran. Sí, que alguna vez he dicho al Señor: "Señor, si para convertirlos es necesario algún latigazo, dáselos también, con tal de que se salven”" (AD, 127).
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Oración de protección al Ángel de la Guarda por San Padre Pío

Santo Ángel de la Guarda, protege mi alma y mi cuerpo.
Ilumina mi mente para que conozca mejor al Señor y lo ame con todo el corazón.
Asísteme en mis oraciones para que no flaquee ante las distracciones y preste la mayor atención.
Socórreme con tus consejos, para que perciba el bien y generosamente cumpla con él.
Defiéndeme de los engaños del enemigo y apóyame en las tentaciones para que siempre sea capaz de superarlas.
Transforma mi frialdad hacia la adoración al Señor y no dejes de custodiarme hasta que consigas llevarme al Paraíso, donde alabaremos por siempre juntos al Buen Dios.
Cierto día estaba confesando el Padre Pio a una señora y él preguntó: "Eso es todo hija?", a lo que ella respondió: "Sí padre". Entonces el padre pío le pidió a la señora que cerrara los ojos, ella muy obediente lo hizo. Unos momentos después el santo varón le dijo que los abriera y preguntó: "Ahora dime qué es lo que has visto". "Vi a un obispo" respondió la señora. El padre Pío suspiró y dijo: "Querida hija ese obispo iba a ser aquel niño que no dejaste nacer"

Hermanos, oremos por México, oremos por la VIDA.
Que Dios les Bendiga.
14 de octubre

Te pido que te detengas a observar la fuerza que tiene la sagrada lectura para inducir a cambiar de camino y para hacer entrar por la senda de la perfección, incluso a personas mundanas. Para este fin te basta reflexionar en la conversión de san Agustín.

¿Quién fue el que conquistó para Dios a este gran hombre? En definitiva, el que al final lo conquistó no fue ni la madre con sus lágrimas, ni el gran san Ambrosio con su elocuencia divina, sino precisamente la lectura de un libro.

Quien lea el libro de sus confesiones no podrá contener las lágrimas. Qué guerra tan atroz, qué enfrentamientos tan feroces sostuvo en su pobre corazón por la repugnancia grandísima que experimentó al abandonar los placeres obscenos de los sentidos. Dice él de sí mismo que se veía obligado a gemir, atado por su voluntad casi como por una dura cadena, y que el enemigo infernal tenía sujeta su voluntad entre los cepos de una cruda necesidad. Dice que experimentaba agonía de muerte al separarse de sus perversas costumbres. (…)

Pero mientras el Santo estaba siendo combatido por afectos tan tumultuosos, oyó una voz que le dijo: toma y lee. Obedeció enseguida a esa voz y, leyendo un capítulo de san Pablo, pronto se despejaron de su mente los densos nubarrones, se ablandó toda la dureza de su corazón, y su espíritu se encontró con una serenidad plena y una calma deliciosa. Desde ese momento, rompiendo con el mundo, con el demonio y con la carne, se dedicó totalmente al servicio divino, llegando a ser después ese gran santo que hoy se honra en los altares. (…)

Ahora bien, si la lectura de los libros santos tiene tanto poder para convertir a personas mundanas en espirituales, ¡qué grande debe ser la fuerza de esas lecturas para inducir a personas espirituales a mayor perfección!

(28 de julio de 1914, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 138)