Padre Pio
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Conociendo la vida y obra de San Pío de Petrelcina
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19 de agosto

Venga pronto el reino de Dios; santifique a su Iglesia este piadosísimo Padre; derrame abundantemente su misericordia sobre aquellas almas que hasta ahora no lo han conocido. Destruya el reino de Satanás; ponga en evidencia, para confusión de esta bestia infernal, todas sus malas artimañas; haga conocer a todas las almas las claves para engañar de este triste cosaco. Este tiernísimo Padre ilumine las inteligencias de todos los hombres y llame a sus corazones, para que los fervorosos ni se enfríen ni reduzcan la marcha en los caminos de la salvación; los tibios se enfervoricen; y aquellos que se le han alejado retornen a Él. Disipe también y confunda a todos los sabios de este mundo para que no combatan e impidan la propagación del Reino. En fin, que este Padre tres veces santo aleje de su Iglesia las divisiones que existen e impida que se produzcan otras nuevas, para que haya un solo redil y un solo Pastor. Centuplique el número de las almas elegidas; envíe muchos santos y doctos ministros; santifique a los actuales y haga que, por medio de ellos, retorne el fervor a todas las almas cristianas. Aumente el número de los misioneros católicos, porque, todavía de nuevo, nos tenemos que lamentar con el divino Maestro: «La mies es mucha y los trabajadores son pocos».

(8 de marzo de 1915, a Annita Rodote, Ep. III, 61)
1 de septiembre

Abandona lo que el enemigo insistentemente va soplando a tu alma, queriendo hacerte creer que estás muy cerca de perderte. Desprecia esas maliciosas insinuaciones y vive tranquila, porque el Señor está todavía mucho más contigo en las tribulaciones. También la Sagrada Escritura nos asegura que un alma atribulada está unida a su Dios: «Con ella estoy, dice Dios, en las tribulaciones». Ánimo, pues, y no temas, porque es también cierto que el alma que teme perderse no se pierde, y que la que combate mirando a Dios cantará victoria, entonará el himno del triunfo. No hay motivo para asustarse, mi Raffaelina, pues el Padre del cielo nos ha prometido la ayuda necesaria para no ser vencidos por las tentaciones.
(10 de abril de 1915, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 393)
4 de septiembre

No te deben atemorizar las innumerables tentaciones que te asaltan de continuo, pues el Espíritu Santo anuncia al alma devota que, si se decide a avanzar por los caminos de Dios, debe disponerse y prepararse para la tentación.

Por eso, ¡ánimo!, que la prueba cierta e infalible de la elección de un alma para su perfección es la tentación, en la que la pobrecita será puesta como signo de contradicción en medio de la tempestad. Que nos anime a soportar la dificultad la vida de todos los santos, que no estuvieron libres de esta prueba. La tentación no respeta a ningún elegido. Ni siquiera respetó al Apóstol de las gentes, que, después de haber sido arrebatado en vida al paraíso, fue tal la prueba a la que se vio sometido, que Satanás llegó a abofetearlo. ¡Dios mío!, ¡¿quién podrá leer aquellas páginas sin sentir que se le hiela la sangre en las venas?! ¡Cuántas lágrimas, cuántos suspiros, cuántos gemidos, cuántas súplicas no elevaba este santo Apóstol, pidiendo al Señor que retirara de él esta dolorosísima prueba! ¿Y cuál fue la respuesta de Jesús? No otra sino esta: «Te basta mi gracia... »; «La virtud se perfecciona en la enfermedad, en la prueba».

(4 de septiembre de 1916, a Maria Gargani, Ep. III, 241)
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5 de septiembre

¡Ánimo! Jesús, por medio de quien ha elegido por tu guía, también a ti te dirige la misma voz que hizo oír a san Pablo. Combate como valiente y obtendrás el premio de las almas fuertes. No te abandones nunca a ti misma. En los momentos en los que la lucha es más dura y el abatimiento más fuerte, recurre a la oración; confía en Dios y no sucumbirás nunca a la tentación. Has de saber que, si el Señor te pone a prueba, nunca permitirá que esta sea superior a tus fuerzas. Si te desprecia el mundo, alégrate, porque el primer odio lo soportó el autor de la vida, el divino Maestro. Si vives atribulada y afligida por toda clase de privaciones, de tentaciones y de pruebas por parte del demonio y de sus secuaces, levanta la mirada a lo alto, anímate; el Señor está contigo y no hay lugar para el temor.

El enemigo te hace la guerra, pero nunca podrá morderte. Lucha como valiente; lucha siempre contra los apetitos de la carne, contra las vanidades del mundo, contra las seducciones del oro y de los honores, con los que el demonio te tienta de continuo. Es cierto que el combate es terrible y penosa la lucha; pero, ¡arriba los corazones!; ten fija la mirada en lo alto; que te estimulen el mérito del triunfo, el consuelo inefable, la gloria inmortal que con esto damos a Dios.

(4 de septiembre de 1916, a Maria Gargani, Ep. III, 241)
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San Pío de Pietrelcina

SU VIDA

Francesco Forgione, más conocido como Padre Pío, nació el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina, un pequeño pueblo al sur de Italia. Sus padres se llamaban Horazio Forgione y María Giuseppa de Nunzio.

Fue bautizado el día después de su nacimiento. Vivió su infancia y sus años de juventud en Pietrelcina, en un ambiente campestre, sereno y tranquilo, entre la casa, la escuela y la iglesia. La idea de entregar su vida por completo a Dios estuvo presente desde muy pequeño.

Uno de sus directores espirituales, el capuchino Padre Agostino Daniele, contó que a los 5 años comenzaron los éxtasis y las apariciones para el Padre Pío. Otro de sus directores espirituales, el Padre Benedetto Nardella, en algunas de sus notas indicaba: “A los 5 años ya sentía la necesidad de entregar su vida al Señor. Sobre el altar se le apareció el Sagrado Corazón de Jesús que le hacía señas de acercarse y le colocó su mano en la frente. Desde aquel momento sintió crecer en él el fervor de amarlo y entregarlo todo a Jesús”. A los 12 años recibió la primera comunión y el año siguiente recibió la confirmación.

Francesco deseaba llegar a ser un fraile capuchino; su deseo se realizaría el 6 de enero de 1903, cuando entró en el convento de Morcone, en el noviciado de los frailes menores capuchinos de la Provincia Religiosa de San Ángelo, en Foggia (Italia). El 22 de enero de 1903 vistió el hábito capuchino y tomó el nombre de Hermano Pío. El 22 de enero de 1904 emitió la profesión de los votos simples y a continuación fue transferido al convento de Sant Elia en Pianisi, en el cual el 27 enero de 1907 emitió la profesión de los votos solemnes.

Durante los años 1904 a 1909, el Padre Pío viajó constantemente para completar sus estudios escolásticos y teológicos. Estuvo obligado constantemente a regresar a su casa por motivos de salud. El 18 de julio de 1909 fue ordenado diácono en la iglesia del convento de Morcone. Siempre por razones de salud, el hermano Pío se vio obligado a permanecer en Pietrelcina, acogido por su familia. A finales de 1916 fue asignado al convento de Santa Anna, en Foggia.
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El 10 de agosto de 1910 fue nombrado sacerdote, en la capilla del duomo Benevento, con la presencia únicamente de su madre, ya que su padre había emigrado a América.

Su permanencia en Pietrelcina se caracterizó por ejercer el ministerio sacerdotal, en colaboración con el párroco, llevando una vida de plegarias intensas en una constante correspondencia con sus padres espirituales.

A partir de septiembre de 1911 empezaron a aparecer, en sus manos, los primeros estigmas no permanentes. El acontecimiento se repitió prácticamente cada semana hasta 1918.

En este periodo, el Padre Pío estaba siempre enfermo, sujeto a constantes acosos, particularmente diabólicos, y visitado por múltiples visiones celestiales.

El 28 de julio de 1916, acompañado del Padre Paolino, llega por primera vez a San Giovanni Rotondo. En aquel convento es retenido “provisoriamente” y se convierte en su residencia hasta su muerte (23 de septiembre de 1968).

En los primeros dos años, el Padre Pío continuó su correspondencia epistolar con sus directores espirituales, con sus hijas espirituales y con las numerosas almas que se reunían ante él. En elconvento recibió el cargo de director y docente de los seminarios. Llegado el momento justo, se formó alrededor del Padre Pío un grupo de fieles deseosos de seguirlo espiritualmente. Nació así el primer “grupo de oración”.

1918 fue para el Padre Pío un año rico en fenómenos místicos y dones divinos: del 5 al 7 de agosto recibió la “transverberación del cuerpo”. El 20 de septiembre aparecieron los estigmas permanentes.

La vida del Padre Pío no estuvo exenta de dolores, particularmente por el halo de duda y cuestionamiento moral que se quería tejer sobre él, desde la prensa, desde algunos grupos anticatólicos, pero también desde algunos sectores eclesiásticos.

En 1919 surgieron artículos periodísticos sobre la estigmatización del Padre Pío y se iniciaron rumores de locura, cada vez más abundantes. Así empezó una espiral de calumnias y acusaciones en contra del Padre Pío, a tal grado que la Santa Sede se vio obligada a intervenir, imponiendo restricciones al Padre Pío y disponiendo su alejamiento del convento de San Giovanni Rotondo. Esta orden se suspendió poco después, atendiendo el clamor de los fieles.
🔸 "Camina con sencillez por los caminos del Señor."

_Padre Pío_