5 de julio
Te equivocas, y te equivocas de lleno, si quieres medir el amor de un alma a su creador por la dulzura sensible que experimenta al amar a Dios. Ese amor es propio de las almas que se encuentran todavía en la simplicidad de la infancia espiritual: amor que podría ser fatal para el alma que lo busque en demasía. Por el contrario, el amor de las almas que han salido de esa infancia espiritual es aquel que ama sin recibir gusto o dulzura en aquella parte que llamamos alma sensitiva.
La señal segura para conocer si esas almas aman de verdad a Dios es descubrirlas siempre dispuestas a la observancia de la ley santa de Dios; es verlas siempre atentas y vigilantes a no caer en pecado; es su deseo habitual de ver glorificado al Padre del cielo y que para ello no dejan, en cuanto depende de ellos, de propagar el reino de Dios; es verlas continuamente orando al Padre del cielo con las mismas palabras del divino Maestro: «Padre nuestro... venga tu Reino».
(29 de diciembre de 1914, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 288)
Te equivocas, y te equivocas de lleno, si quieres medir el amor de un alma a su creador por la dulzura sensible que experimenta al amar a Dios. Ese amor es propio de las almas que se encuentran todavía en la simplicidad de la infancia espiritual: amor que podría ser fatal para el alma que lo busque en demasía. Por el contrario, el amor de las almas que han salido de esa infancia espiritual es aquel que ama sin recibir gusto o dulzura en aquella parte que llamamos alma sensitiva.
La señal segura para conocer si esas almas aman de verdad a Dios es descubrirlas siempre dispuestas a la observancia de la ley santa de Dios; es verlas siempre atentas y vigilantes a no caer en pecado; es su deseo habitual de ver glorificado al Padre del cielo y que para ello no dejan, en cuanto depende de ellos, de propagar el reino de Dios; es verlas continuamente orando al Padre del cielo con las mismas palabras del divino Maestro: «Padre nuestro... venga tu Reino».
(29 de diciembre de 1914, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 288)
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11 de julio
Tengamos el pensamiento orientado continuamente hacia el cielo, nuestra verdadera patria, del que la tierra no es más que imagen, conservando la serenidad y la calma en todos los sucesos, sean alegres o tristes, como corresponde a un cristiano, y más a un alma formada con especial cuidado en la escuela del dolor.
En todo esto te estimulen siempre los motivos que da la fe y los ánimos de la esperanza cristiana; y, comportándote así, el Padre del cielo endulzará la amargura de la prueba con el bálsamo de su bondad y de su misericordia. Y es a esta bondad y misericordia del Padre celestial a la que el piadoso y benéfico ángel de la fe nos invita y nos urge a recurrir con una oración insistente y humilde, teniendo la firme esperanza de ser escuchados, porque confiamos en la promesa que nos hace el Maestro divino: «Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá… Porque todo lo que pidáis al Padre en mi nombre se os dará».
Sí, oremos y oremos siempre en la serenidad de nuestra fe, en la tranquilidad del alma, porque la oración cordial y fervorosa penetra los cielos y encierra en sí una garantía divina.
(24 de junio de 1915, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 452) 12 de julio
Tengamos el pensamiento orientado continuamente hacia el cielo, nuestra verdadera patria, del que la tierra no es más que imagen, conservando la serenidad y la calma en todos los sucesos, sean alegres o tristes, como corresponde a un cristiano, y más a un alma formada con especial cuidado en la escuela del dolor.
En todo esto te estimulen siempre los motivos que da la fe y los ánimos de la esperanza cristiana; y, comportándote así, el Padre del cielo endulzará la amargura de la prueba con el bálsamo de su bondad y de su misericordia. Y es a esta bondad y misericordia del Padre celestial a la que el piadoso y benéfico ángel de la fe nos invita y nos urge a recurrir con una oración insistente y humilde, teniendo la firme esperanza de ser escuchados, porque confiamos en la promesa que nos hace el Maestro divino: «Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá… Porque todo lo que pidáis al Padre en mi nombre se os dará».
Sí, oremos y oremos siempre en la serenidad de nuestra fe, en la tranquilidad del alma, porque la oración cordial y fervorosa penetra los cielos y encierra en sí una garantía divina.
(24 de junio de 1915, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 452) 12 de julio
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20 de julio
Quiera el dulcísimo Jesús regalar la paz a todos los corazones afligidos. Te confieso sinceramente, sin temor a mentir, amada hija de Jesús, que mi alma puede decir con el apóstol san Pablo, aunque, por desgracia, no poseo ni la milésima parte de aquel espíritu de caridad que ardía en el corazón de este santo apóstol: «Desearía ser yo mismo anatema, separado de Cristo, por mis hermanos».
Sí, quiera nuestro dulcísimo Señor excomulgarme, separarme de él, verme abandonado y en brazos de los oprobios y de las penas debidas a mis hermanos; me cancele incluso del libro de la vida, con tal que salve amis hermanos y a mis compañeros de exilio y no me prive de su caridad y de su gracia, de la cual nada podrá nunca separarme.
Reza al Señor que quiera calmar estos deseos míos que me queman las entrañas y que me hacen morir continuamente.
(25 de abril de 1914, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 76)
Quiera el dulcísimo Jesús regalar la paz a todos los corazones afligidos. Te confieso sinceramente, sin temor a mentir, amada hija de Jesús, que mi alma puede decir con el apóstol san Pablo, aunque, por desgracia, no poseo ni la milésima parte de aquel espíritu de caridad que ardía en el corazón de este santo apóstol: «Desearía ser yo mismo anatema, separado de Cristo, por mis hermanos».
Sí, quiera nuestro dulcísimo Señor excomulgarme, separarme de él, verme abandonado y en brazos de los oprobios y de las penas debidas a mis hermanos; me cancele incluso del libro de la vida, con tal que salve amis hermanos y a mis compañeros de exilio y no me prive de su caridad y de su gracia, de la cual nada podrá nunca separarme.
Reza al Señor que quiera calmar estos deseos míos que me queman las entrañas y que me hacen morir continuamente.
(25 de abril de 1914, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 76)
*Anécdotas de la vida de Padre Pio*
449. Serie *Hijos espirituales*
*Carlo Kiswarday*
* Zara (Croacia) 9 de julio de 1878
+ San Giovanni Rotondo (Fg) 14 de julio de 1960
Un rico farmacéutico de Zadar, de carácter inquieto. Buscaba apoyo espiritual en un mundo del que no compartía las ideas.
Fue a San Giovanni Rotondo en 1938, después de enterarse de la existencia de un fraile estigmatizado.
Se mostró escéptico al respecto. Al igual que Santo Tomás, quería verlo por sí mismo. Asistió a la Misa del Padre Pío , sentado al fondo de la pequeña iglesia de Santa Maria delle Grazie.
El Padre lo invitó a acercarse y mirar sus manos descubiertas. Él estaba sorprendido, no era habitual !
Al regresar a Zara, decidió venderlo todo e instalarse en el pequeño pueblo del Gargano, junto al Padre. Siempre permaneció cerca de él con cariño, convirtiéndose en su reservado y silencioso colaborador en la recién construida Casa Sollievo.
“Carletto”, como lo llamaba el Padre Pío, era el escrupuloso cajero que recogía las ofrendas. "... escribía todo sobre cada benefactor: nombre, apellido, lugar de origen y monto. Como una computadora. Las diez a veinte liras tenían el mismo significado que las mil o dos mil liras, porque provenían del mismo impulso de la caridad" testimonia Giovanni Scarale.
El Padre estuvo cerca de él en bilocación en el momento de su muerte.
Fuente: “Vicino a Padre Pio “ Vol II , Fray Guglielmo Alimonti
_Grupos de oración de san Pio de Pietrelcina - Animación en Argentina 2022_
449. Serie *Hijos espirituales*
*Carlo Kiswarday*
* Zara (Croacia) 9 de julio de 1878
+ San Giovanni Rotondo (Fg) 14 de julio de 1960
Un rico farmacéutico de Zadar, de carácter inquieto. Buscaba apoyo espiritual en un mundo del que no compartía las ideas.
Fue a San Giovanni Rotondo en 1938, después de enterarse de la existencia de un fraile estigmatizado.
Se mostró escéptico al respecto. Al igual que Santo Tomás, quería verlo por sí mismo. Asistió a la Misa del Padre Pío , sentado al fondo de la pequeña iglesia de Santa Maria delle Grazie.
El Padre lo invitó a acercarse y mirar sus manos descubiertas. Él estaba sorprendido, no era habitual !
Al regresar a Zara, decidió venderlo todo e instalarse en el pequeño pueblo del Gargano, junto al Padre. Siempre permaneció cerca de él con cariño, convirtiéndose en su reservado y silencioso colaborador en la recién construida Casa Sollievo.
“Carletto”, como lo llamaba el Padre Pío, era el escrupuloso cajero que recogía las ofrendas. "... escribía todo sobre cada benefactor: nombre, apellido, lugar de origen y monto. Como una computadora. Las diez a veinte liras tenían el mismo significado que las mil o dos mil liras, porque provenían del mismo impulso de la caridad" testimonia Giovanni Scarale.
El Padre estuvo cerca de él en bilocación en el momento de su muerte.
Fuente: “Vicino a Padre Pio “ Vol II , Fray Guglielmo Alimonti
_Grupos de oración de san Pio de Pietrelcina - Animación en Argentina 2022_
24 de julio
En mis oraciones y en la santa misa pido continuamente muchas gracias para su alma, y pido de modo especial el santo y divino amor. Este amor es todo para nosotros; es nuestra miel, mi querido padre, en la cual y con la cual deben ser endulzados todos nuestros afectos, acciones y sufrimientos.
¡Dios mío!, ¡mi buen padre! ¡Cuánta felicidad en nuestro reino interior, cuando ahí reina este santo amor! ¡Qué felices son las facultades de nuestra alma, cuando obedecen a un rey tan sabio! Bajo su obediencia y en su Reino, Él no permite que haya pecados graves y tampoco que haya afecto alguno a los veniales.
Es cierto que Él, con frecuencia, les permite que se acerquen hasta la frontera para ejercitar en la lucha a las virtudes internas y para hacerlas más valientes. Y permite también que los espías, que son los pecados veniales y las imperfecciones, corran de un lado a otro en su Reino; pero esto no es sino para darnos a conocer que, sin su ayuda, seríamos presa de nuestros enemigos.
(24 de julio de 1917, al P. Agostino da San Marco in Lamis, Ep. I, 917)
En mis oraciones y en la santa misa pido continuamente muchas gracias para su alma, y pido de modo especial el santo y divino amor. Este amor es todo para nosotros; es nuestra miel, mi querido padre, en la cual y con la cual deben ser endulzados todos nuestros afectos, acciones y sufrimientos.
¡Dios mío!, ¡mi buen padre! ¡Cuánta felicidad en nuestro reino interior, cuando ahí reina este santo amor! ¡Qué felices son las facultades de nuestra alma, cuando obedecen a un rey tan sabio! Bajo su obediencia y en su Reino, Él no permite que haya pecados graves y tampoco que haya afecto alguno a los veniales.
Es cierto que Él, con frecuencia, les permite que se acerquen hasta la frontera para ejercitar en la lucha a las virtudes internas y para hacerlas más valientes. Y permite también que los espías, que son los pecados veniales y las imperfecciones, corran de un lado a otro en su Reino; pero esto no es sino para darnos a conocer que, sin su ayuda, seríamos presa de nuestros enemigos.
(24 de julio de 1917, al P. Agostino da San Marco in Lamis, Ep. I, 917)
29 de julio
Corresponde del mejor modo posible a la voz que Jesús te ha hecho escuchar: «Sufre»; y no te desanimes si te parece que acudes con frecuencia en busca de un cireneo, si la naturaleza grita pidiendo consuelo y te parece, por este motivo, que tu amor hacia Dios no es sincero ni perfecto. Aquí hay un engaño. También la humanidad de Jesús, en su agonía aceptada voluntariamente, oró que se alejara el cáliz; y de esto, ¿podrías concluir, sin llevar el estigma de la infidelidad, que el amor de Jesús por su Padre del cielo fue menos perfecto y sincero? Te dejo buscar la solución.
A veces el espíritu está pronto y la carne es débil; pero Dios quiere sobre todo el espíritu. Agárrate, pues, a él cada vez más con la voluntad, con lo más alto de tu espíritu, y deja también a la naturaleza que se resienta, se queme, reclame sus derechos, pues nada hay para ella más natural que esto; y si hoy también ella está sometida al sufrimiento, este no le corresponde de por sí y por naturaleza, pues ha sido hecha para la felicidad, sino que los sufrimientos le pertenecen como castigo de su culpa.
(8 de junio de 1915, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 440)
Corresponde del mejor modo posible a la voz que Jesús te ha hecho escuchar: «Sufre»; y no te desanimes si te parece que acudes con frecuencia en busca de un cireneo, si la naturaleza grita pidiendo consuelo y te parece, por este motivo, que tu amor hacia Dios no es sincero ni perfecto. Aquí hay un engaño. También la humanidad de Jesús, en su agonía aceptada voluntariamente, oró que se alejara el cáliz; y de esto, ¿podrías concluir, sin llevar el estigma de la infidelidad, que el amor de Jesús por su Padre del cielo fue menos perfecto y sincero? Te dejo buscar la solución.
A veces el espíritu está pronto y la carne es débil; pero Dios quiere sobre todo el espíritu. Agárrate, pues, a él cada vez más con la voluntad, con lo más alto de tu espíritu, y deja también a la naturaleza que se resienta, se queme, reclame sus derechos, pues nada hay para ella más natural que esto; y si hoy también ella está sometida al sufrimiento, este no le corresponde de por sí y por naturaleza, pues ha sido hecha para la felicidad, sino que los sufrimientos le pertenecen como castigo de su culpa.
(8 de junio de 1915, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 440)
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1 de agosto
Hijas, vivid tranquilas; seguid el camino en el que Dios os ha puesto; y procurad con toda diligencia tener santamente satisfecho y contento a Jesús, que sufre por nuestro amor el abandono de su Padre, y por el cual Él, es decir, el Padre del cielo, ha querido que seáis acompañadas.
Y, al igual que la abeja que elabora cuidadosamente la miel de la santa devoción, fabricad la cera de los trabajos domésticos; porque si uno de los componentes aporta dulzura al gusto de Cristo, que mientras vivió en el mundo se alimentó, come dice la escritura, de manteca y miel, el otro redunda en su mayor gloria, porque sirve para hacer las velas encendidas de la edificación del prójimo.
Dios, que con especial cuidado os ha tomado de la mano, os guíe al puerto de la salvación eterna; confiemos en Él y no temamos.
(2 de enero de 1918, a A
Hijas, vivid tranquilas; seguid el camino en el que Dios os ha puesto; y procurad con toda diligencia tener santamente satisfecho y contento a Jesús, que sufre por nuestro amor el abandono de su Padre, y por el cual Él, es decir, el Padre del cielo, ha querido que seáis acompañadas.
Y, al igual que la abeja que elabora cuidadosamente la miel de la santa devoción, fabricad la cera de los trabajos domésticos; porque si uno de los componentes aporta dulzura al gusto de Cristo, que mientras vivió en el mundo se alimentó, come dice la escritura, de manteca y miel, el otro redunda en su mayor gloria, porque sirve para hacer las velas encendidas de la edificación del prójimo.
Dios, que con especial cuidado os ha tomado de la mano, os guíe al puerto de la salvación eterna; confiemos en Él y no temamos.
(2 de enero de 1918, a A
6 de agosto
¡Bien de mi alma!, ¿dónde estás? ¿Adónde has ido a esconderte? ¿Dónde encontrarte de nuevo? ¿Dónde buscarte? ¿No ves, Jesús, que mi alma, sea como sea, te quiere sentir?
Te busca por todas partes, pero no te dejas encontrar más que en la intensidad de tu furor, llenándola de grandísima turbación y amargura al darle a comprender qué es lo que ella te da y qué es lo que a ti te corresponde. ¡¿Quién puede expresar la gravedad de mi situación?! Lo que comprendo en el reflejo de tu luz no logro decirlo con palabras humanas; y, cuando intento decir alguna cosa tartamudeando, el alma se da cuenta de que se ha equivocado y de que lo dicho no corresponde en absoluto a la verdad de los hechos.
¡Bien mío!, ¿me has privado de ti para siempre? Tengo ganas de gritar y de lamentarme con toda mi voz, pero estoy muy débil y las fuerzas no me acompañan. Y, mientras tanto, ¿qué podré hacer que no sea elevar a tu trono este lamento: Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?...
(17 de octubre de 1918, al P. Benedetto da San Marco in Lamis, Ep. I, 1089)
¡Bien de mi alma!, ¿dónde estás? ¿Adónde has ido a esconderte? ¿Dónde encontrarte de nuevo? ¿Dónde buscarte? ¿No ves, Jesús, que mi alma, sea como sea, te quiere sentir?
Te busca por todas partes, pero no te dejas encontrar más que en la intensidad de tu furor, llenándola de grandísima turbación y amargura al darle a comprender qué es lo que ella te da y qué es lo que a ti te corresponde. ¡¿Quién puede expresar la gravedad de mi situación?! Lo que comprendo en el reflejo de tu luz no logro decirlo con palabras humanas; y, cuando intento decir alguna cosa tartamudeando, el alma se da cuenta de que se ha equivocado y de que lo dicho no corresponde en absoluto a la verdad de los hechos.
¡Bien mío!, ¿me has privado de ti para siempre? Tengo ganas de gritar y de lamentarme con toda mi voz, pero estoy muy débil y las fuerzas no me acompañan. Y, mientras tanto, ¿qué podré hacer que no sea elevar a tu trono este lamento: Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?...
(17 de octubre de 1918, al P. Benedetto da San Marco in Lamis, Ep. I, 1089)
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8 de agosto
En Roma vi un árbol que se dice fue plantado por el patriarca santo Domingo; muchosvan a verlo por devoción y lo acarician por amor a quien lo plantó. Del mismo modo yo, habiendo visto en vosotros el árbol del deseo de la santidad, que el mismo Dios ha plantado en vuestras almas, lo amo tiernamente. Al pensar en él, me alegro más ahora que cuando estabais aquí. Por eso, os exhorto a hacer lo mismo y a decir conmigo: Dios te conceda crecer, hermoso árbol plantado, semilla divina; quiera Dios hacerte producir tu fruto en abundancia. Cuando lo hayas producido, agrade a Dios preservarlo del viento molesto, que tira todos los frutos a tierra, donde las bestias indiscretas los van a devorar.
Mis queridísimos hijos, este deseo debe ser en vosotros como los naranjos del litoral de Génova que, por lo que cuentan los que los han visto, están casi todo el año llenos a la vez de frutos, de flores y de hojas. Porque vuestros deseos deben fructificar siempre, en todas las ocasiones que se os presenten de hacer algo a lo largo del día, sin cesar nunca de desear sus objetos y de ir más adelante. Y estos deseos son las flores del árbol de vuestros esfuerzos; las hojas son las repetidas aceptaciones de vuestras debilidades, las cuales sostienen tanto a las buenas obras como a los buenos deseos.
(18 de enero de 1918, a los novicios, Ep. IV, 366)
En Roma vi un árbol que se dice fue plantado por el patriarca santo Domingo; muchosvan a verlo por devoción y lo acarician por amor a quien lo plantó. Del mismo modo yo, habiendo visto en vosotros el árbol del deseo de la santidad, que el mismo Dios ha plantado en vuestras almas, lo amo tiernamente. Al pensar en él, me alegro más ahora que cuando estabais aquí. Por eso, os exhorto a hacer lo mismo y a decir conmigo: Dios te conceda crecer, hermoso árbol plantado, semilla divina; quiera Dios hacerte producir tu fruto en abundancia. Cuando lo hayas producido, agrade a Dios preservarlo del viento molesto, que tira todos los frutos a tierra, donde las bestias indiscretas los van a devorar.
Mis queridísimos hijos, este deseo debe ser en vosotros como los naranjos del litoral de Génova que, por lo que cuentan los que los han visto, están casi todo el año llenos a la vez de frutos, de flores y de hojas. Porque vuestros deseos deben fructificar siempre, en todas las ocasiones que se os presenten de hacer algo a lo largo del día, sin cesar nunca de desear sus objetos y de ir más adelante. Y estos deseos son las flores del árbol de vuestros esfuerzos; las hojas son las repetidas aceptaciones de vuestras debilidades, las cuales sostienen tanto a las buenas obras como a los buenos deseos.
(18 de enero de 1918, a los novicios, Ep. IV, 366)