"Amar a Dios es complacerle, y no vale la pena preocuparse por el resto, sabiendo que Dios tendrá cuidado de nosotros más de lo que se puede decir o imaginar". Padre Pío
Mil años de disfrutar de la gloria humana no valen ni una hora en dulce comunión con Jesús en el Santísimo Sacramento.
Padre Pío
Padre Pío
La Santa Misa explicada por San Pío de Pietrelcina
TESTIMONIO DEL P. DE ROBERT, HIJO ESPIRITUAL DEL PADRE PÍO
Él [el P. Pío] me había explicado poco después de mi ordenación sacerdotal que celebrando la Eucaristía había que poner en paralelo la cronología de la Misa y la de la Pasión. Se trataba de comprender y de darse cuenta, en primer lugar, de que el sacerdote en el Altar es Jesucristo. Desde ese momento Jesús en su Sacerdote, revive indefinidamente la Pasión.
Desde la señal de la cruz inicial hasta el ofertorio es necesario reunirse con Jesús en Getsemaní, hay que seguir a Jesús en su agonía, sufriendo ante esta “marea negra” de pecado. Hay que unirse a él en el dolor de ver que la Palabra del Padre, que él había venido a traernos, no sería recibida o sería recibida muy mal por los hombres. Y desde esta óptica había que escuchar las lecturas de la misa como estando dirigidas personalmente a nosotros.
TESTIMONIO DEL P. DE ROBERT, HIJO ESPIRITUAL DEL PADRE PÍO
Él [el P. Pío] me había explicado poco después de mi ordenación sacerdotal que celebrando la Eucaristía había que poner en paralelo la cronología de la Misa y la de la Pasión. Se trataba de comprender y de darse cuenta, en primer lugar, de que el sacerdote en el Altar es Jesucristo. Desde ese momento Jesús en su Sacerdote, revive indefinidamente la Pasión.
Desde la señal de la cruz inicial hasta el ofertorio es necesario reunirse con Jesús en Getsemaní, hay que seguir a Jesús en su agonía, sufriendo ante esta “marea negra” de pecado. Hay que unirse a él en el dolor de ver que la Palabra del Padre, que él había venido a traernos, no sería recibida o sería recibida muy mal por los hombres. Y desde esta óptica había que escuchar las lecturas de la misa como estando dirigidas personalmente a nosotros.
La Santa Misa explicada por San Pío de Pietrelcina
TESTIMONIO DEL P. DE ROBERT, HIJO ESPIRITUAL DEL PADRE PÍO
Él [el P. Pío] me había explicado poco después de mi ordenación sacerdotal que celebrando la Eucaristía había que poner en paralelo la cronología de la Misa y la de la Pasión. Se trataba de comprender y de darse cuenta, en primer lugar, de que el sacerdote en el Altar es Jesucristo. Desde ese momento Jesús en su Sacerdote, revive indefinidamente la Pasión.
Desde la señal de la cruz inicial hasta el ofertorio es necesario reunirse con Jesús en Getsemaní, hay que seguir a Jesús en su agonía, sufriendo ante esta “marea negra” de pecado. Hay que unirse a él en el dolor de ver que la Palabra del Padre, que él había venido a traernos, no sería recibida o sería recibida muy mal por los hombres. Y desde esta óptica había que escuchar las lecturas de la misa como estando dirigidas personalmente a nosotros.
El Ofertorio, es el arresto. La Hora ha llegado…
El Prefacio, es el canto de alabanza y de agradecimiento que Jesús dirige al Padre que le ha permitido llegar por fin a esta “Hora”.
Desde el comienzo de la Plegaria Eucarística hasta la Consagración nos encontramos ¡rápidamente! con Jesús en la prisión, en su atroz flagelación, su coronación de espinas y su camino de la cruz por las callejuelas de Jerusalén teniendo presento en el “momento” a todos los que están allí y a todos aquellos por los que pedimos especialmente.
La Consagración nos da el Cuerpo entregado ahora, la Sangre derramada ahora. Es místicamente, la crucifixión del Señor. Y por eso el San Pío de Pietrelcina sufría atrozmente en este momento de la Misa. Nos reunimos enseguida con Jesús en la Cruz y ofrecemos desde este instante, al Padre, el Sacrificio Redentor. Es el sentido de la oración litúrgica que sigue inmediatamente a la Consagración. El “Por él, con él y en él” corresponde al grito de Jesús: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”. Desde ese momento el Sacrificio es consumado y aceptado por el Padre. Los hombres en adelante ya no están separados de Dios y se vuelven a encontrar unidos. Es la razón por la que, en este momento, se recita la oración de todos los hijos: “Padre Nuestro…..”
La fracción del Pan marca la muerte de Jesús…..
La intinción, el instante en el que el Padre, habiendo quebrado la Hostia (símbolo de la muerte…) deja caer una partícula del Cuerpo de Cristo en el Cáliz de la preciosa Sangre, marca el momento de la Resurrección, pues el Cuerpo y la Sangre se reúnen de nuevo y es a Cristo vivo a quien vamos a recibir en la comunión.
TESTIMONIO DEL P. DE ROBERT, HIJO ESPIRITUAL DEL PADRE PÍO
Él [el P. Pío] me había explicado poco después de mi ordenación sacerdotal que celebrando la Eucaristía había que poner en paralelo la cronología de la Misa y la de la Pasión. Se trataba de comprender y de darse cuenta, en primer lugar, de que el sacerdote en el Altar es Jesucristo. Desde ese momento Jesús en su Sacerdote, revive indefinidamente la Pasión.
Desde la señal de la cruz inicial hasta el ofertorio es necesario reunirse con Jesús en Getsemaní, hay que seguir a Jesús en su agonía, sufriendo ante esta “marea negra” de pecado. Hay que unirse a él en el dolor de ver que la Palabra del Padre, que él había venido a traernos, no sería recibida o sería recibida muy mal por los hombres. Y desde esta óptica había que escuchar las lecturas de la misa como estando dirigidas personalmente a nosotros.
El Ofertorio, es el arresto. La Hora ha llegado…
El Prefacio, es el canto de alabanza y de agradecimiento que Jesús dirige al Padre que le ha permitido llegar por fin a esta “Hora”.
Desde el comienzo de la Plegaria Eucarística hasta la Consagración nos encontramos ¡rápidamente! con Jesús en la prisión, en su atroz flagelación, su coronación de espinas y su camino de la cruz por las callejuelas de Jerusalén teniendo presento en el “momento” a todos los que están allí y a todos aquellos por los que pedimos especialmente.
La Consagración nos da el Cuerpo entregado ahora, la Sangre derramada ahora. Es místicamente, la crucifixión del Señor. Y por eso el San Pío de Pietrelcina sufría atrozmente en este momento de la Misa. Nos reunimos enseguida con Jesús en la Cruz y ofrecemos desde este instante, al Padre, el Sacrificio Redentor. Es el sentido de la oración litúrgica que sigue inmediatamente a la Consagración. El “Por él, con él y en él” corresponde al grito de Jesús: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”. Desde ese momento el Sacrificio es consumado y aceptado por el Padre. Los hombres en adelante ya no están separados de Dios y se vuelven a encontrar unidos. Es la razón por la que, en este momento, se recita la oración de todos los hijos: “Padre Nuestro…..”
La fracción del Pan marca la muerte de Jesús…..
La intinción, el instante en el que el Padre, habiendo quebrado la Hostia (símbolo de la muerte…) deja caer una partícula del Cuerpo de Cristo en el Cáliz de la preciosa Sangre, marca el momento de la Resurrección, pues el Cuerpo y la Sangre se reúnen de nuevo y es a Cristo vivo a quien vamos a recibir en la comunión.
"La Misa es Cristo en la Cruz, con María y Juan a los pies de la misma y los ángeles en adoración. Lloremos de amor y adoración en esta contemplación" (Padre Pio de Pietrelcina)
30 de marzo
Hijo mio, convéncete de esto: Dios puede rechazar todo en una criatura concebida en pecado y que lleva en sí la impronta indeleble heredada de Adán; pero no puede rechazar de ningún modo el deseo sincero de amarle. Por tanto, si por otros motivos no puedes: estar seguro de su celestial predilección, y si la acogida que prestas a quien te habla en nombre del mismo Dios no te alivia y conforta, lo debes creer al menos por este deseo sincero que tú tienes de amarle.
Te ruego, pues, en nombre de Dios, que no te dejes vencer por ese temor que me manifiestas en tus cartas: es decir, el temor de no amar y no temer a Dios; porque me parece que el enemigo te quiere llevar a engaño. Sé, hijo mío, que nadie puede amar dignamente a su Dios. Pero cuando un alma pone todo lo que está de su parte, y lo hace todo con recta intención, y confia en la divina misericordia, ¿por qué la va a rechazar Jesús? ¿Acaso no es él el que nos ha mandado que amemos a Dios con nuestras fuerzas? Por tanto, si tú has dado y consagrado todo a Dios; si, como consecuencia, buscas llenar tu corazón de sólo Dios; y con una reflexión sincera e incansable vas descubriendo el modo mejor de servirle y amarle, ¿qué motivos tienes para temer? ¿Quizá porque no puedes hacer más? Pero Jesús no te lo pide todavía y, por tanto, no podrá condenarte. El Espíritu de Dios sopla cuando quiere, donde quiere y como quiere. Por otra parte, tú pide a nuestro buen Dios que realice Él mismo aquello que tú no puedes hacer. Di a Jesús: ¿Quieres un amor mayor de mi parte? ¡Yo no tengo más! ¡Dámelo, pues, tu y yo te lo ofreceré! No dudes, Jesús aceptará la ofrenda y tú queda tranquilo.
(29 de marzo de 1918, a fray Emmanuele da San Marco la Catola, Ep IV 424)
Hijo mio, convéncete de esto: Dios puede rechazar todo en una criatura concebida en pecado y que lleva en sí la impronta indeleble heredada de Adán; pero no puede rechazar de ningún modo el deseo sincero de amarle. Por tanto, si por otros motivos no puedes: estar seguro de su celestial predilección, y si la acogida que prestas a quien te habla en nombre del mismo Dios no te alivia y conforta, lo debes creer al menos por este deseo sincero que tú tienes de amarle.
Te ruego, pues, en nombre de Dios, que no te dejes vencer por ese temor que me manifiestas en tus cartas: es decir, el temor de no amar y no temer a Dios; porque me parece que el enemigo te quiere llevar a engaño. Sé, hijo mío, que nadie puede amar dignamente a su Dios. Pero cuando un alma pone todo lo que está de su parte, y lo hace todo con recta intención, y confia en la divina misericordia, ¿por qué la va a rechazar Jesús? ¿Acaso no es él el que nos ha mandado que amemos a Dios con nuestras fuerzas? Por tanto, si tú has dado y consagrado todo a Dios; si, como consecuencia, buscas llenar tu corazón de sólo Dios; y con una reflexión sincera e incansable vas descubriendo el modo mejor de servirle y amarle, ¿qué motivos tienes para temer? ¿Quizá porque no puedes hacer más? Pero Jesús no te lo pide todavía y, por tanto, no podrá condenarte. El Espíritu de Dios sopla cuando quiere, donde quiere y como quiere. Por otra parte, tú pide a nuestro buen Dios que realice Él mismo aquello que tú no puedes hacer. Di a Jesús: ¿Quieres un amor mayor de mi parte? ¡Yo no tengo más! ¡Dámelo, pues, tu y yo te lo ofreceré! No dudes, Jesús aceptará la ofrenda y tú queda tranquilo.
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13 de abril
Te pido cordialmente que no pierdas el tiempo pensando en el pasado. Si estuvo bien empleado, demos gloria a Dios; si mal, detestémoslo y confiemos en la bondad del Padre celestial. Más aún, te exhorto a tranquilizar tu corazón con el pensamiento consolador de que tu vida, en aquella parte no bien vivida, ya ha sido perdonada por nuestro dulcísimo Dios. Aleja de tu corazón con todas tus fuerzas las turbaciones e inquietudes, pues de otro modo todas tus prácticas de piedad resultarán poco o nada fructuosas.
Convenzámonos de que, si nuestro espíritu está turbado, son más frecuentes y directos los asaltos del enemigo, que suele aprovecharse de nuestra natural debilidad para conseguir sus objetivos.
Estemos muy alerta en este punto, de no poca importancia para nosotros. En cuanto nos demos cuenta de que estamos cayendo en el desánimo, reavivemos nuestra fe y abandonémonos en los brazos del divino Padre, siempre pronto para acogernos si recurrimos a Él con sinceridad.
(9 de febrero de 1916, al P. Basilio da Mirabello Sannitico, Ep. IV, 191)
Te pido cordialmente que no pierdas el tiempo pensando en el pasado. Si estuvo bien empleado, demos gloria a Dios; si mal, detestémoslo y confiemos en la bondad del Padre celestial. Más aún, te exhorto a tranquilizar tu corazón con el pensamiento consolador de que tu vida, en aquella parte no bien vivida, ya ha sido perdonada por nuestro dulcísimo Dios. Aleja de tu corazón con todas tus fuerzas las turbaciones e inquietudes, pues de otro modo todas tus prácticas de piedad resultarán poco o nada fructuosas.
Convenzámonos de que, si nuestro espíritu está turbado, son más frecuentes y directos los asaltos del enemigo, que suele aprovecharse de nuestra natural debilidad para conseguir sus objetivos.
Estemos muy alerta en este punto, de no poca importancia para nosotros. En cuanto nos demos cuenta de que estamos cayendo en el desánimo, reavivemos nuestra fe y abandonémonos en los brazos del divino Padre, siempre pronto para acogernos si recurrimos a Él con sinceridad.
(9 de febrero de 1916, al P. Basilio da Mirabello Sannitico, Ep. IV, 191)
14 de abril
Te desvives por ser liberada de los enemigos que te rodean, porque todos ellos, como enviados de Satanás, intentan hacerte prevaricar; la angustia que todavía sientes por verte continuamente rodeada de ocasiones de ofender a Dios, yo te declaro que todo eso es efecto de la gracia divina que el piadosísimo Señor ha derramado abundantemente en tu corazón. Todo esto es señal segura de que la caridad que el Espíritu Santo ha infundido en tu espíritu no está muerta, sino vigilante. Semejantes anhelos, con la humildad que brota de la baja estima de uno mismo, no pueden encerrar en modo alguno un engaño diabólico, porque el desear ser liberada de los enemigos que intentan hacernos prevaricar y ofender a Dios, el suspirar por verte libre de las ocasiones que ponen en dura prueba tu fidelidad excluye absolutamente las artes del enemigo, que no puede ni sabe engendrar tales sentimientos.
(28 de julio de 1914, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 138)
Te desvives por ser liberada de los enemigos que te rodean, porque todos ellos, como enviados de Satanás, intentan hacerte prevaricar; la angustia que todavía sientes por verte continuamente rodeada de ocasiones de ofender a Dios, yo te declaro que todo eso es efecto de la gracia divina que el piadosísimo Señor ha derramado abundantemente en tu corazón. Todo esto es señal segura de que la caridad que el Espíritu Santo ha infundido en tu espíritu no está muerta, sino vigilante. Semejantes anhelos, con la humildad que brota de la baja estima de uno mismo, no pueden encerrar en modo alguno un engaño diabólico, porque el desear ser liberada de los enemigos que intentan hacernos prevaricar y ofender a Dios, el suspirar por verte libre de las ocasiones que ponen en dura prueba tu fidelidad excluye absolutamente las artes del enemigo, que no puede ni sabe engendrar tales sentimientos.
(28 de julio de 1914, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 138)
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5 de mayo
La Virgen Inmaculada ya se ha complacido en la flor espiritual que le has ofrecido por medio de mis manos. Nuestra buena Madre la ha encontrado, sí, en verdad un poco marchita, a causa del rocío bastante frío que le cayó encima; pero es un defecto muy leve, y tú debes hacer que recobre toda su frescura con el calor de la caridad.
Sí, querida mía, nunca nada te debe parecer demasiado en esta virtud y, aunque yo te veo bastante adelante en ella, sin embargo no ceso nunca de añadir mis exhortaciones para que abundes cada día más en la caridad, ya que es la virtud preferida y muy recomendada por el divino Maestro. De esta virtud él quiso hacer un precepto para todos sus seguidores, un precepto suyo propio y del todo nuevo, desconocido para la mayor parte de nuestros antiguos padres de la antigua alianza. (12 de diciembre de 1914, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 261)
La Virgen Inmaculada ya se ha complacido en la flor espiritual que le has ofrecido por medio de mis manos. Nuestra buena Madre la ha encontrado, sí, en verdad un poco marchita, a causa del rocío bastante frío que le cayó encima; pero es un defecto muy leve, y tú debes hacer que recobre toda su frescura con el calor de la caridad.
Sí, querida mía, nunca nada te debe parecer demasiado en esta virtud y, aunque yo te veo bastante adelante en ella, sin embargo no ceso nunca de añadir mis exhortaciones para que abundes cada día más en la caridad, ya que es la virtud preferida y muy recomendada por el divino Maestro. De esta virtud él quiso hacer un precepto para todos sus seguidores, un precepto suyo propio y del todo nuevo, desconocido para la mayor parte de nuestros antiguos padres de la antigua alianza. (12 de diciembre de 1914, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 261)
7 de mayo ¡Qué bueno es el Señor con todos; pero se muestra mucho más bondadoso con el que tiene verdaderos y sinceros sentimientos de agradarle en todo y de esperar que se cumplan en Él los divinos deseos! Aprende, de modo muy especial tú, a descubrir y a adorar la divina voluntad en todos los acontecimientos humanos. Repite con frecuencia las divinas palabras de nuestro queridísimo Maestro: «Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo». Sí, que esta bella exclamación esté siempre en tu corazón y en tus labios en todos los momentos de tu vida. Repítela en las aflicciones; repítela en las tentaciones y en las pruebas a las que Jesús quiera someterte; repítela también cuando te sientas sumergida en el océano del amor de Jesús. Ella será tu ancla y tu salvación. No temas al enemigo; él no intentará nada contra la navecita de tu espíritu, porque el timonel es Jesús y la estrella es María. (6 de febrero de 1915, a Annita Rodote, Ep. III, 54)
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