Padre Pio
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Conociendo la vida y obra de San Pío de Petrelcina
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*23 PASOS HACIA LA SANTIDAD CON PADRE PIO*

22. *Eucaristía*

Cita evangélica
*MC 14,22-25.
22 Mientras comían, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: «Tomen, esto es mi Cuerpo.» 23 Después una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. 24 Y les dijo: «Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que será derramada por muchos. 25Les aseguro que no volveré beberé más del fruto de la vid hasta el día beba el vino nuevo en el Reino de Dios.»


Salmo 107: 8-9

Den gracias al Señor por su misericordia
y por sus maravillas en favor de los hombres
Porque el sació a los que sufren sed
y colmó de bienes a los hambrientos.

Salmo 132: 15-16

Yo bendeciré con abundantes provisiones
y saciaré de pan a los pobres.
Revestiré a los sacerdotes con la salvación
y sus fieles gritarán de alegría.



*Palabras de Padre Pio*

Fortalécete con el sacramento eucarístico. En medio de tantas desolaciones no deje tu alma de cantar frecuentemente a Dios el himno de la adoración y de la alabanza. Vive siempre alejada de la corrupción de la Jerusalén carnal, de las asambleas profanas, de los espectáculos corruptos y corruptores, de todas esas sociedades de los impíos.
Dispón tus labios, como hizo el divino Redentor, y sigue bebiendo con él las negras aguas del Cedrón, aceptando con piadosa resignación el sufrimiento y la penitencia. Atraviesa con Jesús este torrente, sufriendo con constancia y valentía los desprecios del mundo por amor a Jesús. Vive recogida, y toda tu vida quede escondida en Jesús y con Jesús en el huerto de Getsemaní, es decir, en el silencio de la meditación y de la oración. No te asusten ni la oscuridad de la noche de la humillación y de la soledad ni el aumento de las mortificaciones. Siempre adelante, adelante, Raffaelina; la amargura del torrente de la mortificación no te detenga. La persecución de los mundanos y de todos los que no viven del espíritu de Jesucristo no te aparten de seguir ese camino que han recorrido los santos. Corre siempre por la pendiente del monte de la santidad y no te desanime el sendero escabroso. Sigue caminando junto a Jesús, y si, siguiéndole a él, estás a salvo de todo, es también muy cierto que triunfarás, como siempre, en todo.
(4 de agosto de 1915, a RaffaelinaCerase – Ep. II, p. 470)
23 PASOS HACIA LA SANTIDAD CON PADRE PIO

23. Santidad

Cita evangélica
MT 5,1-12
1 Jesús, al ver toda aquella muchedumbre, subió al monte. Se sentó y sus discípulos se reunieron a su alrededor. 2 Entonces comenzó a hablar y les enseñaba diciendo:
3 «Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
4 Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
5 Felices los afligidos porque serán consolados
6 Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
7 Felices los misericordiosos porque obtendrán misericordia.
8 Felices los que tienen el corazón puro porque verán a Dios.
9 Felices los que trabajan por la paz porque serán llamados hijos de Dios.
10 Felices los perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos le pertenece el Reino de los Cielos.
11 Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
12 Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron.


Salmo 99: 5

Glorifiquen al Señor nuestro Dios,
adórenlo ante el estrado de sus pies.
¡Santo es el Señor!


Palabras de Padre Pio

El gran bien de tu alma es ser en todo y plenamente de Dios. Quien no es sino de Dios, sólo se entristece por haber ofendido a Dios; y su tristeza por este motivo se queda en una profunda, tranquila y pacífica humildad y sumisión, de la que se recupera apoyándose en la bondad divina, por medio de una dulce y perfecta confianza, sin melancolía ni contrariedad.
Quien no es sino de Dios, no busca más que al mismo Dios; y, porque no es menos en la tribulación que en la prosperidad, permanece en paz en medio de las adversidades.
Quien no es sino de Dios, piensa de continuo en él en todos los momentos de esta vida; y trata de ser cada día mejor ante los ojos de Dios; y encuentra y admira a Dios en todos las criaturas; y exclama con san Agustín: «Todas las criaturas, Señor, me invitan a amarte».
Quien no es sino de Dios, quiere que todos sepan que le quiere servir, que le quiere amar; y se empeña por realizar todos los ejercicios que le ayudan a permanecer unido a él.
Sé, pues, siempre de Dios, mi queridísima hija; no seas más que para él, no deseando más que agradarle a él, y a sus criaturas en él, según él y por él.
(17 de agosto de 1918, a RaquelinaRusso – Ep. III, p. 521)
*Gozos en honor a Padre Pio*

Como no quiero el pecado, ni el desamor, ni el hastío; por eso, a Dios he rogado: me proteja el Padre Pío.

Un gran amor a las almas y un santo temor de Dios vibraron en tus palabras y estremecieron tu voz. Para hablar del adorado con entereza y valor , haciendo amar al amado sin importar el dolor.

Como no quiero el pecado, ni el desamor, ni el hastío; por eso, a Dios he rogado: me proteja el Padre Pío.

El Amor de los amores fue la razón de tu amor y el Señor de los señores Te hizo esclavo y señor.
Señor por el señorío que da la fidelidad regada con el rocío de la fe y de la humildad.

Como no quiero el pecado, ni el desamor, ni el hastío; por eso, a Dios he rogado: me proteja el Padre Pío.

Verdad, oración, justicia, celo por la santidad para mostrar las delicias de Dios a la humanidad. Enaltecido san Pío
que mereciste sus llagas líbranos del extravío con que el mal nos empalaga.

Como no quiero el pecado, ni el desamor, ni el hastío; por eso, a Dios he rogado: me proteja el Padre Pío.

La caridad fue tu guía para llegar hasta Dios y en el candor de María se aquilató tu candor.
Pues no se puede ser santo sin amar lo que Dios ama, por eso bajo su manto te abrigó la santa Dama.

Como no quiero el pecado, ni el desamor, ni el hastío; por eso, a Dios he rogado: me proteja el Padre Pío.

Humildad preciosa prenda, virtud que nos lleva al cielo, despojo, gozo y ofrenda que nos preparan el vuelo.
El vuelo hacia la morada adonde Pío llegó, por su entrega enamorada al Dios que nos redimió.

Como no quiero el pecado, ni el desamor, ni el hastío; por eso, a Dios he rogado: me proteja el Padre Pío.

Temió ofender al Amado por su infinita bondad y aborreciendo el pecado se cubrió de santidad. Como san Pío anhelamos el amor y la virtud, por eso, santo, apartadnos de la impía ingratitud.

Como no quiero el pecado, ni el desamor, ni el hastío; por eso, a Dios he rogado: me proteja el Padre Pío.

El dolor marcó tu vida y la cruz tu caminar portador de las heridas del Dios de la caridad.
Pues no hay vida sin dolores ni resurrección sin cruz, así las penas son flores y las tinieblas son luz.

Como no quiero el pecado, ni el desamor, ni el hastío; por eso, a Dios he rogado: me proteja el Padre Pío.

Amigo del Dios del cielo con tu continua oración, por eso todo tu empeño se convirtió en bendición. Hoy te suplico ferviente que a Dios implores por mí, para no ser imprudente apartándome del fin.

Como no quiero el pecado, ni el desamor, ni el hastío; por eso, a Dios he rogado: me proteja el Padre Pío.

Aquí se hace la *petición* y se rezan *7 Glorias en honor de los 7 dones del Espíritu Santo*
*Anécdotas de la vida de Padre Pio*
369. Francesco Castelli cita algunos *lemas del Padre Pío* , tras la investigación del Santo Oficio.

• La religión es la única tabla de salvación para el náufrago en el mar tempestuoso de la vida.

• La razón soporta las desgracias, el coraje las combate, la paciencia y la religión las superan.

• Tened siempre un corazón de juez para vosotros mismos, un corazón de hijo para Dios y un corazón de
madre para el prójimo.

• No se escapa del amor propio más que con el amor sincero a Dios.

• Para despreciar el mundo basta con escuchar a la razón, para despreciarse a uno mismo es necesario escuchar a Dios.

• La sabiduría humana nos enseña a celar nuestro orgullo; solo la religión de Cristo lo destruye.

• Quien no se priva de algún placer permitido, se encuentra bien cerca de abandonarse a los prohibidos.

• Los escrúpulos son como los zapatos que impiden caminar cuando son muy estrechos. Despreciadlos.

• Si no mantenemos una verdadera paciencia entre las penas de esta vida, seremos mártires también sin la espada del verdugo.
*Anécdotas de la vida de Padre Pio *

370. *Padre Pio y el Arcàngel san Miguel*


Se trabó una batalla en el cielo:
Miguel y sus ángeles declararon guerra al dragón (Ap 12,7)



El 3 de julio de 1917, el Padre Pío peregrinó a la Gruta del Gárgano para venerar a san Miguel, de quien era devotísimo.

Con anterioridad a esta fecha había experimentado repetidas veces la protección del Arcángel en sus luchas contra Satanás, en Pietrelcina o en el convento de Santa Ana, en Foggia.

Muchas veces había deseado hacer la misma peregrinación que había llevado a cabo, siglos antes, su seráfico Padre san Francisco.

Manifestó este deseo a su superior, el padre Paulino de Casacalenda, y éste, apenas los seminaristas terminaron los exámenes, organizó el viaje al Monte Sant’Angelo en honor del Patrono de la provincia religiosa capuchina de Foggia, tanto para premiar a los colegiales como para complacer al Padre Pío.

La comitiva, formada por el venerado Padre, por Nicolás Perrotti, Vicente Gisolfi, Rachelina Russo y los 14 seminaristas, se dirigió desde San Giovanni Rotondo hacia el Monte Sant’Angelo, a las 3 de la mañana del día señalado.

El Padre Pío hizo a pie un buen trecho del recorrido, pero después, a causa de la enfermedad que padecía, fue obligado a subirse a una carreta.

Cuando despuntaba el sol, caminó algunos pasos a pie para desentumecer las piernas y entonó el santo Rosario, intercalando devotos cantos en honor de la Virgen y de san Miguel.

Al entrar en el santuario, se emocionó profundamente. De repente, al recordar lo que le había sucedido en aquel lugar al Poverello de Asís, que, juzgándose indigno de entrar en la Gruta, se detuvo a la puerta y pasó allí la noche entera ensimismado en oración, se arrodilló y, envuelto en lágrimas, besó con respeto y gran humildad el umbral de la Gruta. Después, y una vez escuchada la explicación del canónigo sacristán, que le mostró la TAU grabada por san Francisco, entró y se postró de rodillas a los pies del altar de san Miguel, en devota y profunda meditación.

Rezó por él, por la provincia religiosa capuchina, por la Iglesia, por la paz en el mundo, por todos sus hermanos de religión y por los soldados expuestos al peligro de la guerra. Todo y a todos encomendó a san Miguel.

De la roca de arriba caían de continuo, fruto de la gran humedad, gruesas gotas de agua. Con gran sorpresa de los seminaristas, que enseguida testimoniaron el singular suceso, el Padre Pío permaneció sin mojarse.

Uno de los colegiales, queriendo hacer una prueba, se colocó junto al venerado Padre, pero muy pronto quedó bañado por el agua.

El Padre Pío permaneció largo rato concentrado en la oración y totalmente ajeno a la realidad.

Desde aquel día su devoción al Príncipe de los ejércitos celestiales experimentó un sensible y fuerte impulso. Cada año hacía una cuaresma de preparación para la fiesta del Arcángel. A las almas que se acercaban a él, el Padre Pío les hablaba siempre del poder de san Miguel. Eran continuas sus invitaciones a dirigirse con confianza a este glorioso Arcángel, sobre todo en las tentaciones.

A los fieles que se acercaban a San Giovanni Rotondo el venerado Padre les animaba a continuar la peregrinación hasta el Monte Sant’Angelo, para venerar a san Miguel en su santuario. Con frecuencia esta invitación era la «penitencia sacramental» que imponía al final de la confesión. Además, si sabía de alguien que iba a marchar al Monte Sant’Angelo, le pedía para sí una oración a san Miguel.


Tomado de *“LA VIDA DEVOTA DEL PADRE PÍO” * de Gerardo di Flumeri
𝗔𝗻é𝗰𝗱𝗼𝘁𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝗱𝗲 𝗣𝗮𝗱𝗿𝗲 𝗣𝗶𝗼
371. *De las gentilezas capuchinas*

Padre Pellegrino estaba sentado en la mesita de su celda, dedicado a escribir el diario evangélico. Nosotros, hoy, diríamos lectio divina personal. Un método enseñado a nosotros por un gran hombre de Dios y discípulo de Padre Pío: padre Federico Carozza (De éste fraile tendremos forma de hablar más difusamente también nosotros, sus estudiantes, sufrimos mucho a causa de su enseñanza, que le valió severas disposiciones por parte de sus autoridades superiores) La reflexión de padre Pellegrino sobre el Evangelio fue interrumpida por un hermano que golpeó la puerta de su celdilla. Debería haber respondido rápidamente: “Ave María”, para decir “adelante”, como se usa entre los Capuchinos, en cambio con tono fuerte y poco cortés, gritó: “No me molesten”.

La puerta se abrió igualmente y apareció Padre Pío con un libro entre las manos. Estaba algo sorprendido por el inesperado recibimiento pero después, sonriente, dijo:

-“Tú eres el monumento a la gentileza franciscana”.

-“Padre, creía fuera otro hermano a golpear la puerta”.

-“He entendido, tú con los hermanos exageras en gentileza, hijo mío”.

En tanto, padre Pellegrino se había puesto de pie, como dictaba la costumbre conventual cuando entraba un hermano en la habitación de otro fraile. Dado, pues, que había solo una silla, no sólo por motivo de la pobreza sino también por el estrecho espacio, Padre Pío se sentó detrás de la mesa, en el lugar de padre Pellegrino. Le presentó, luego, el libro que había elegido en la biblioteca para una buena actualización. La reacción del joven fraile estuvo en sintonía con su carácter decisivo y expeditivo. ¡Rechazó el libro, porque lo consideraba perder tiempo! El Padre lo miró con dulzura y después sentenció:

“Cabezón, tu vas de un exceso al otro: hace cinco minutos querías devorar una montaña de papel y ahora rechazas meditar con calma el pensamiento de los santos”.

Pero, ¿para qué sirve?

“¿Cómo para qué sirve?”, lo regañó con severidad. Después, con una dulzura que envolvía también a padre Pellegrino hasta la sonrisa, dijo:

“Muchacho, cuando te pones en cabeza dura, entre ti y el caballo de fray Corrado no hay ninguna diferencia, y, si hay alguna diferencia, va siempre en ventaja de aquel lindo caballito” (Cf. Pellegrino Funicelli, in Voce di Padre Pio, 1975, aprile, p. 14)


Autor: Fray Marciano Morra
🔴*Anécdotas de la vida de Padre Pio*
372. *Padre Pio y el ángel custodio*

Nos relata Fray Alessio Parente, capuchino compañero y amigo de Padre Pio:

Es dogma establecido en la Iglesia que cada uno de nosotros reciba en el Bautismo a un ángel que lo acompañe, lo inspire y lo guíe durante toda su vida.
Los ángeles son seres fieles, silenciosos pero elocuentes; son compañeros que nos recuerdan nuestros deberes cristianos con Dios y con el prójimo, son el espejo en el que todos tenemos que reflejar nuestro comportamiento diario, son y seguirán siendo compañeros inseparables de nuestros viajes y testigos mudos de nuestra vida.

La Santa Madre Iglesia ha favorecido su veneración y nos ha preparado para vivir dignificando su presencia. Nos ha enseñado a recurrir a nuestros ángeles de la guarda en las horas tristes de nuestra vida y a abandonarnos en sus brazos, depositando en ellos todo nuestro amor, nuestro afecto, nuestra confianza.

Los ángeles, un don de Dios a los hombres, son también la manifestación tangible de su bondad que, con amor, observa a través de ellos a cada hombre en su camino hacia la eternidad.

Padre Pío hablaba siempre de los ángeles, sobre todo del ángel de la guarda. Al principio yo no lo entendía (todavía no había leído sus escritos). Pero después de constatar que muchas de sus cartas entre él y sus hijos espirituales llegaban y eran enviadas por medio de los ángeles de la guarda, he abierto los ojos y he descubierto a mi lado a mi ángel protector.

Desde entonces siento que me muevo con más seguridad sobre esta tierra. Es verdad, mi ángel y yo no formamos aquella fantástica pareja que constituían Padre Pío y su ángel de la guarda: yo no tengo una misión concreta dentro de la iglesia y mi ángel se adapta a mis humildes funciones de servicio.

Quizás él, mi ángel, no es tan importante como lo era el de Padre Pío, pero nos queremos mucho igualmente. Yo, cada vez que necesito algo, lo envió junto a Padre Pío como me había enseñado a hacer él cuando estaba con vida.
De hecho, él solía decirle a quien no podía venir personalmente a pedirle que rezase por él: «Mándame a tu ángel de la guarda».
Al caer la tarde recordamos el tránsito de Francisco de Asis con esta canción que es su oración:


“Oh Alto y glorioso Dios !
Ilumina las tinieblas de mi corazón, dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta. Sentido (sabiduría) y conocimiento Señor para que cumpla tu santo y veraz mandamiento.
Amén

https://youtu.be/ABbrXiYkKsQ
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373. Escribe la Sra. María Winowska

“He asistido a muchas Misas del Padre Pío - -, pero no se parecían una a otra. Es cierto que el Padre era rigurosamente fiel a las rúbricas litúrgicas y que sus gestos eran de una sobriedad maravillosa. Pero no menos se notaba que no actuaba solo. Presencias invisibles lo envolvían, lo acompañaban y lo estorbaban. Un viernes lo he visto jadeante, oprimido, como un luchador, tratando en vano, con bruscos movimientos de la cabeza, de alejar un obstáculo que le impedía pronunciar las palabras de la consagración. En resumen, fue como una lucha cuerpo a cuerpo, de la cual salió vencedor pero cansado. Otras veces, desde el “Santo” en adelante, gruesas gotas de sudor le caían de la frente y le inundaban el rostro contraído por los sollozos”.

Del texto del Padre Francesco Napolitano
365 DÍAS CON EL PADRE PÍO

7 octubre

El alma que no ama a Dios no se preocupa de Dios, no experimenta en absoluto el temor de no amar a Dios, no se angustia pensando en Dios con el deseo sincero de amarlo; y si por casualidad alguna vez le viene a su mente el pensamiento, la idea de Dios, verás que enseguida, o casi enseguida, aleja la idea de su pensamiento.

Consuélate, te repito, porque, mientras tú temas no amar a Dios, y temas incluso ofenderlo, tú ya lo amas, tú ya no le ofendes de ningún modo. ¡Oh!, ¡quisiera el cielo que todas las almas sintieran el temor que tú sientes, desaparecería de la faz de la tierra la ofensa al Señor! ¡No se vería ya a tantas almas que caminan privadas del amor a Dios! Si fuera así para todas las almas, ¿me creerías?, nosotros perderíamos el concepto de almas privadas del amor a Dios, perderíamos hasta el concepto del pecado en la criatura humana, y todo esto lo contemplaríamos sólo en aquellos espíritus angélicos desgraciados que cayeron y fueron privados de su dignidad.
𝗔𝗻é𝗰𝗱𝗼𝘁𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝗱𝗲 𝗣𝗮𝗱𝗿𝗲 𝗣𝗶𝗼   
374. *Experiencia militar*

Al Padre Pío, vistiendo el uniforme militar, se le veía mal vestido y cohibido.Sus superiores militares, viendo su falta de competencia y de entrenamiento, lo destinaron a los trabajos más ingratos y menos deseados.

Fue - como escribe la Sra.  Winowska - centinela, barrendero, tapa agujeros..., el hazmerreír de todos.Pero no era esto lo que le resultaba penoso al Padre, sino la promiscuidad del cuartel y el lenguaje florido de palabrotas, imprecaciones y blasfemias de sus compañeros.

Este lado triste y deplorable de la vida militar, al que quedan sujetas las tropas de reserva, le hacía sufrir atrozmente.Pero Dios tenía sus proyectos, como siempre desconcertantes y saludables.

Consagrados a los pecadores, el Padre Pío debía aprender qué es el pecado, no por medio de los libros sino viéndolo de cerca, monstruosamente desvergonzado, casi un desafío a la justicia infinita. Y en el cuartel no conoce solamente el pecado sino que aprende a amar a los pecadores.

A través del fango que las desfigura,su mirada, afinada por la gracia,descubre las almas inmortales, ligadas al pecado con cadenas tenaces pero hijas de Dios.

En el fuego de la prueba este contemplativo, poco a poco, se hace apóstol. Sus compañeros de armas y sobre todo los oficiales, viendo su dulzura, su extrema humildad y su prodigarse por los heridos y los enfermos, comenzaron a quererlo y también a ser más condescendientes al concederle licencias, persuadidos deque el soldado Forgione, con su delicada salud, no podía vestir más el uniforme militar.

Lo que más impresionaba a los médicos del Hospital Militar era la fiebre alta que tenía, ya que la temperatura casi siempre llegaba, y pasaba a veces, a los 48ºc.

El Padre Dámaso de S. Elia en Pianisi, compañero de estudios del Padre Pío,en sus “Recuerdos sobre Padre Pío”, cuenta:

- “Cuando era soltado en Nápoles decía a los enfermeros: no me pongan el termómetro porque explotará y lo pagarán ustedes pero yo no”.

Y por este motivo los médicos se vieron obligados a usar un termómetro de baño para tomarla temperatura de la fiebre.

Autor: P. Francesco Napolitano 
8 de octubre

Sufrir una prueba no depende en absoluto del alma, y nada se podrá hacer directamente para entrar en ella. Depende exclusivamente de la voluntad de Dios. Lo que te aconsejo es que estés tranquila y que no te preocupes por lo que sucederá. Todo concluirá en gloria de Dios y en santificación del alma.


Además, mantente siempre humilde ante la voluntad infinita del Señor, ensancha siempre tu corazón, agradece sin interrupción al buen Dios los favores que continuamente te otorga, porque no es digno de recibir nuevas gracias el que no sabe agradecer las que ya ha recibido. Y deja libre actuación a la gracia de Dios, buscando siempre su gloria, tu salvación y la de todas las almas; y no te olvides nunca que los favores celestiales se conceden no sólo para la propia santificación, sino también para la santificación de los demás.

(23 de febrero de 1915, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 340)
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