*23 PASOS HACIA LA SANTIDAD CON PADRE PIO* 8. *Alegría y paz*
*Cita evangélica*
Jn 16:24
24Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta.
Jn 20: 19
19 Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde encontraban los discípulos por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!"
Filipenses 4
4 Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense. 5 Que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca. 6 No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. 7 Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús.
*Salmo 16:11*
Me harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,
de alegría eterna a tu derecha.
*Salmo 94: 19*
Cuando estoy cargado de preocupaciones,
tus consuelos me llenan de alegría.
*Palabras de Padre Pio*
La paz es la sencillez del espíritu, la serenidad de la mente, la tranquilidad del alma, el vínculo del amor. La paz es el orden, es la armonía entre todos nosotros; es un gozo continuo, que nace del testimonio de la buena conciencia; es la alegría santa del corazón, en el que reina Dios. La paz es camino hacia la perfección, más aún en la paz se halla la perfección; y el demonio, que sabe muy bien todo esto, pone todos los medios para arrebatarnos la paz.
Estemos muy alerta ante el más mínimo síntoma de inquietud; y, en cuanto nos demos cuenta de que estamos para caer en el desánimo, acudamos a Dios con filial confianza y con un total abandono en él.
Todos nuestros desánimos desagradan mucho a Jesús, ya que tales desánimos nunca dejan de ir acompañados de alguna imperfección y siempre tienen su origen en el egoísmo y en al amor propio.
(10 de julio de 1915, al P. Agustín de San Marco in Lamis – Ep. I, p. 606)
*Cita evangélica*
Jn 16:24
24Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta.
Jn 20: 19
19 Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde encontraban los discípulos por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!"
Filipenses 4
4 Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense. 5 Que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca. 6 No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. 7 Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús.
*Salmo 16:11*
Me harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,
de alegría eterna a tu derecha.
*Salmo 94: 19*
Cuando estoy cargado de preocupaciones,
tus consuelos me llenan de alegría.
*Palabras de Padre Pio*
La paz es la sencillez del espíritu, la serenidad de la mente, la tranquilidad del alma, el vínculo del amor. La paz es el orden, es la armonía entre todos nosotros; es un gozo continuo, que nace del testimonio de la buena conciencia; es la alegría santa del corazón, en el que reina Dios. La paz es camino hacia la perfección, más aún en la paz se halla la perfección; y el demonio, que sabe muy bien todo esto, pone todos los medios para arrebatarnos la paz.
Estemos muy alerta ante el más mínimo síntoma de inquietud; y, en cuanto nos demos cuenta de que estamos para caer en el desánimo, acudamos a Dios con filial confianza y con un total abandono en él.
Todos nuestros desánimos desagradan mucho a Jesús, ya que tales desánimos nunca dejan de ir acompañados de alguna imperfección y siempre tienen su origen en el egoísmo y en al amor propio.
(10 de julio de 1915, al P. Agustín de San Marco in Lamis – Ep. I, p. 606)
*23 PASOS HACIA LA SANTIDAD CON PADRE PIO* 9. *Oración - Meditación*
*Cita evangélica*
Mt 6: 9,13
9Ustedes oren de esta manera:
Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre,
10que venga tu Reino,
que se haga tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
11Danos hoy nuestro pan de cada día.
12Perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos
a los que nos han ofendido.
13No nos dejes caer en la tentación,
sino líbranos del mal.
Lc 2: 16,19
16Fueron rápidamente y encontraron a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre. 17Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, 18y todos los que escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.
19Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.
*Salmo 143: 1-2*
Señor, escucha mi oración,
atiende mi plegaria:
respóndeme , por tu fidelidad y tu justicia.
No llames a juicio a tu servidor,
porque ningún ser viviente es justo en tu presencia.
Salmo 119 : 15- 16
Meditaré tus leyes
y tendré en cuenta tus caminos.
Mi alegría está en tus preceptos.
No me olvidaré de tu palabra.
*Palabras de Padre Pio*
Me horroriza, hermana mía, el daño que causa a las almas la privación de la lectura de los libros santos.
Mira cómo se expresan los santos padres cuando exhortan al alma a semejante lectura. San Bernardo, en su escalera claustral, indica que son cuatro los peldaños o los medios por los que se sube a Dios y a la perfección; y dice que son la lectura y la meditación, la oración y la contemplación. Y para probar lo que dice recurre a las palabras del Maestro divino: «Buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá»; y, aplicándolas a los cuatro medios o grados de la perfección, dice que con la lectura de la sagrada escritura y de los otros libros santos y devotos se busca a Dios, con la meditación se le encuentra; con la oración se llama a su corazón y con la contemplación se entra en el teatro de las bellezas divinas, abierto a la mirada de nuestra mente por la lectura, la meditación y la oración.
La lectura, sigue diciendo en otro lugar el santo, es como el alimento espiritual dado al paladar del alma; la meditación lo mastica con sus discursos; la oración prueba su sabor; y la contemplación es la misma dulzura de este alimento del espíritu, que conforta plenamente al alma y la consuela. La lectura se detiene en la corteza de lo que se lee; la meditación penetra hasta el meollo; la oración va en su busca con sus preguntas; la contemplación se deleita como en algo que ya se posee.
(28 de julio de 1914, a RaffaelinaCerase – Ep. II, p. 138)
Retírate con frecuencia a tu interior y sé asiduo en la oración, en la meditación de las cosas celestiales y procura llenar tu mente con lecturas sanas de los libros santos. Sobre este último punto, te lo ruego con insistencia, sé más constante y no dejes de practicarlo.
Y en todo vive en paz contigo mismo, porque el enemigo, que pesca siempre en río revuelto, se aprovecha de nuestro natural desánimo para conseguir mejor sus propósitos. En resumen, procura comportarte en todo de modo que no quede sin fruto la gracia que el Señor ha derramado en tu espíritu.
(21 de marzo de 1916, al P. Paulino de Casacalenda – Ep. IV, p. 132)
*Cita evangélica*
Mt 6: 9,13
9Ustedes oren de esta manera:
Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre,
10que venga tu Reino,
que se haga tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
11Danos hoy nuestro pan de cada día.
12Perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos
a los que nos han ofendido.
13No nos dejes caer en la tentación,
sino líbranos del mal.
Lc 2: 16,19
16Fueron rápidamente y encontraron a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre. 17Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, 18y todos los que escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.
19Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.
*Salmo 143: 1-2*
Señor, escucha mi oración,
atiende mi plegaria:
respóndeme , por tu fidelidad y tu justicia.
No llames a juicio a tu servidor,
porque ningún ser viviente es justo en tu presencia.
Salmo 119 : 15- 16
Meditaré tus leyes
y tendré en cuenta tus caminos.
Mi alegría está en tus preceptos.
No me olvidaré de tu palabra.
*Palabras de Padre Pio*
Me horroriza, hermana mía, el daño que causa a las almas la privación de la lectura de los libros santos.
Mira cómo se expresan los santos padres cuando exhortan al alma a semejante lectura. San Bernardo, en su escalera claustral, indica que son cuatro los peldaños o los medios por los que se sube a Dios y a la perfección; y dice que son la lectura y la meditación, la oración y la contemplación. Y para probar lo que dice recurre a las palabras del Maestro divino: «Buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá»; y, aplicándolas a los cuatro medios o grados de la perfección, dice que con la lectura de la sagrada escritura y de los otros libros santos y devotos se busca a Dios, con la meditación se le encuentra; con la oración se llama a su corazón y con la contemplación se entra en el teatro de las bellezas divinas, abierto a la mirada de nuestra mente por la lectura, la meditación y la oración.
La lectura, sigue diciendo en otro lugar el santo, es como el alimento espiritual dado al paladar del alma; la meditación lo mastica con sus discursos; la oración prueba su sabor; y la contemplación es la misma dulzura de este alimento del espíritu, que conforta plenamente al alma y la consuela. La lectura se detiene en la corteza de lo que se lee; la meditación penetra hasta el meollo; la oración va en su busca con sus preguntas; la contemplación se deleita como en algo que ya se posee.
(28 de julio de 1914, a RaffaelinaCerase – Ep. II, p. 138)
Retírate con frecuencia a tu interior y sé asiduo en la oración, en la meditación de las cosas celestiales y procura llenar tu mente con lecturas sanas de los libros santos. Sobre este último punto, te lo ruego con insistencia, sé más constante y no dejes de practicarlo.
Y en todo vive en paz contigo mismo, porque el enemigo, que pesca siempre en río revuelto, se aprovecha de nuestro natural desánimo para conseguir mejor sus propósitos. En resumen, procura comportarte en todo de modo que no quede sin fruto la gracia que el Señor ha derramado en tu espíritu.
(21 de marzo de 1916, al P. Paulino de Casacalenda – Ep. IV, p. 132)
*23 PASOS HACIA LA SANTIDAD CON PADRE PIO* Paso 10- *El Ángel custodio*
*Cita evangélica*
Mt 1:20
20Mientras pensaba esto, el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María tu esposa porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo"
Mt 4: 10,11
10Jesús respondió: "Retírate , Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto".11Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.
*Salmo 91: 10 -11 - 12*
No te alcanzará ningún mal,
ninguna plaga se acercará a tu carpa
porque Él te encomendó a sus ángeles
para que te cuiden en todos tus caminos.
Ellos te llevarán en sus manos
para que no tropieces contra ninguna piedra
*Palabras de Padre Pio*
No te acuestes nunca sin haber examinado antes tu conciencia sobre cómo has pasado el día, y no antes de haber dirigido todos tus pensamientos a Dios, de haberle ofrecido y consagrado tu persona e incluso la de todos los cristianos, especialmente mi pobre persona, ya que eso mismo hago yo por ti.
Además, ofrece para gloria de su divina majestad el descanso que vas a tomar, y no olvides nunca al ángel de la guarda, que siempre está contigo, que no te abandona nunca, ni siquiera ante las ofensas que puedas hacerle.
(17 de diciembre de 1914, a RaffaelinaCerase – Ep. II, p. 273)
Has de saber que este buen ángel ruega por ti: ofrece a Dios todas las buenas obras que realizas, tus deseos santos y puros. En las horas en que te parece estar sola y abandonada, no te lamentes por no tener un alma amiga, a la que puedas abrirte y confiarle tus dolores. Por caridad, no olvides a este compañero invisible, siempre presente para escucharte, siempre dispuesto para consolarte.
¡Oh, deliciosa intimidad!, ¡oh, dichosa compañía! ¡Oh, si todos los hombres sin excepción supieran comprender y apreciar este gran don de Dios, quien, en el exceso de su amor por el hombre, nos asignó este espíritu celestial! Recuerda a menudo su presencia: es necesario contemplarlo con el ojo del alma, darle gracias, suplicarle. Él es tan delicado, tan sensible; respétalo. Teme constantemente ofender la pureza de su mirada.
Invoca con frecuencia a este ángel de la guarda, a este ángel bienhechor, repite con frecuencia la hermosa plegaria: «Ángel de Dios, custodio mío: a mí, que he sido confiada a ti por la bondad del Padre del cielo, ilumíname, protégeme, guíame ahora y siempre». ¿Qué grande será el consuelo cuando, en el momento de la muerte, tu alma vea a este ángel tan bueno, que te acompañó a lo largo de la vida y que fue tan generoso de cuidados maternos? ¡Oh!, ¡que este dulce pensamiento te haga y te vuelva cada vez más aficionada a la cruz de Jesús, ya que es precisamente esto lo que quiere ese buen ángel! El deseo de ver a este inseparable compañero de toda la vida, encienda también en ti aquella caridad que te empuje a desear salir pronto de este cuerpo.
¡Oh, santo y saludable pensamiento el de querer ver a nuestro buen ángel! Lo es también el que debería hacernos salir antes de tiempo de esta cárcel tenebrosa en la que estamos desterrados. Raffaelina, ¿a dónde me vuela ahora el pensamiento? ¡Cuántas veces, ay de mí, he hecho llorar a este buen ángel! ¡Cuántas veces he vivido sin miedo alguno a ofender la pureza de su mirada! ¡Oh!, ¡es tan delicado, tan sensible! Dios mío, ¡cuántas veces he correspondido a los generosos cuidados más que maternos de este ángel sin señal alguna de respeto, de afecto, de reconocimiento!
(20 de abril de 1915, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 403)
*Cita evangélica*
Mt 1:20
20Mientras pensaba esto, el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María tu esposa porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo"
Mt 4: 10,11
10Jesús respondió: "Retírate , Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto".11Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.
*Salmo 91: 10 -11 - 12*
No te alcanzará ningún mal,
ninguna plaga se acercará a tu carpa
porque Él te encomendó a sus ángeles
para que te cuiden en todos tus caminos.
Ellos te llevarán en sus manos
para que no tropieces contra ninguna piedra
*Palabras de Padre Pio*
No te acuestes nunca sin haber examinado antes tu conciencia sobre cómo has pasado el día, y no antes de haber dirigido todos tus pensamientos a Dios, de haberle ofrecido y consagrado tu persona e incluso la de todos los cristianos, especialmente mi pobre persona, ya que eso mismo hago yo por ti.
Además, ofrece para gloria de su divina majestad el descanso que vas a tomar, y no olvides nunca al ángel de la guarda, que siempre está contigo, que no te abandona nunca, ni siquiera ante las ofensas que puedas hacerle.
(17 de diciembre de 1914, a RaffaelinaCerase – Ep. II, p. 273)
Has de saber que este buen ángel ruega por ti: ofrece a Dios todas las buenas obras que realizas, tus deseos santos y puros. En las horas en que te parece estar sola y abandonada, no te lamentes por no tener un alma amiga, a la que puedas abrirte y confiarle tus dolores. Por caridad, no olvides a este compañero invisible, siempre presente para escucharte, siempre dispuesto para consolarte.
¡Oh, deliciosa intimidad!, ¡oh, dichosa compañía! ¡Oh, si todos los hombres sin excepción supieran comprender y apreciar este gran don de Dios, quien, en el exceso de su amor por el hombre, nos asignó este espíritu celestial! Recuerda a menudo su presencia: es necesario contemplarlo con el ojo del alma, darle gracias, suplicarle. Él es tan delicado, tan sensible; respétalo. Teme constantemente ofender la pureza de su mirada.
Invoca con frecuencia a este ángel de la guarda, a este ángel bienhechor, repite con frecuencia la hermosa plegaria: «Ángel de Dios, custodio mío: a mí, que he sido confiada a ti por la bondad del Padre del cielo, ilumíname, protégeme, guíame ahora y siempre». ¿Qué grande será el consuelo cuando, en el momento de la muerte, tu alma vea a este ángel tan bueno, que te acompañó a lo largo de la vida y que fue tan generoso de cuidados maternos? ¡Oh!, ¡que este dulce pensamiento te haga y te vuelva cada vez más aficionada a la cruz de Jesús, ya que es precisamente esto lo que quiere ese buen ángel! El deseo de ver a este inseparable compañero de toda la vida, encienda también en ti aquella caridad que te empuje a desear salir pronto de este cuerpo.
¡Oh, santo y saludable pensamiento el de querer ver a nuestro buen ángel! Lo es también el que debería hacernos salir antes de tiempo de esta cárcel tenebrosa en la que estamos desterrados. Raffaelina, ¿a dónde me vuela ahora el pensamiento? ¡Cuántas veces, ay de mí, he hecho llorar a este buen ángel! ¡Cuántas veces he vivido sin miedo alguno a ofender la pureza de su mirada! ¡Oh!, ¡es tan delicado, tan sensible! Dios mío, ¡cuántas veces he correspondido a los generosos cuidados más que maternos de este ángel sin señal alguna de respeto, de afecto, de reconocimiento!
(20 de abril de 1915, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 403)
*23 pasos hacia la santidad con Padre Pio*
11. *Confesión*
*Citas evangélicas*
Jn 20: 23
23Los pecados serán perdonados
a los que ustedes se los perdonen,
y serán retenidos
a los que ustedes se los retengan".
Mt 16:19
19Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".
*Salmo 130*
Desde lo más profundo te invoco, Señor.
¡Señor, oye mi voz!
Estén tus oídos atentos
al clamor de mi plegaria.
Si tienes en cuenta las culpas, Señor,
¿Quién podrá subsistir?
Pero en ti se encuentra el perdón,
para que seas temido.
Mi alma espera en el Señor,
y yo confío en su palabra.
Mi alma espera en el Señor,
más que el centinela la aurora.
Como el centinela la aurora,
espere Israel al Señor,
porque en él se encuentra la misericordia
y la redención en abundancia:
él redimirá a Israel
de todos sus pecados.
*Palabras de Padre Pio*
Vive con humildad, con dulzura, y enamorada de nuestro Esposo celestial; y no te inquietes por no poder recordar todas tus pequeñas faltas para poderlas confesar. No, hija, no es oportuno afligirse por esto, porque, así como caes con frecuencia sin darte cuenta, del mismo modo, sin que te des cuenta, te levantas.
Recuerda que en el pasaje, sobre el que tantas veces hemos hablado, no se dice que el justo ve o se da cuenta de que cae siete veces al día, sino que cae siete veces al día; y, así como se cae siete veces, uno se levanta sin dedicarse a ello. No dejes, pues, que esto te inquiete; manifiesta con franqueza y humildad lo que recuerdes; y confíalo a la dulce misericordia de Dios, que pone su mano bajo aquéllos que caen sin malicia, para que no se hagan mal ni resulten heridos; y los levanta y anima tan rápidamente que no se dan cuenta de que han caído, porque la mano divina los ha recogido al caer; ni tampoco de que se han levantado, porque han sido alzados con tal rapidez que ni han podido pensar en ello.
(18 de octubre de 1917, a las hermanas Campanile – Ep. III, p. 943)
Comprendo que el alma en la que habita Dios, teme siempre, en cada paso que da, ofender a Dios; y este santo temor resulta casi insoportable si se centra en el cumplimiento de los propios deberes. Pero esta alma debe animarse, porque es precisamente este temor el que no le dejará caer en faltas, si se decide a seguir adelante. Hermano mío, si permanecer en pie dependiera de nosotros, seguro que, al primer soplo, caeríamos en manos de los enemigos de nuestra salvación. Confiemos siempre en la piedad divina, y experimentaremos cada vez más qué bueno es el Señor. […].
(9 de febrero de 1916, al P. Basilio de MirabelloSannitico – Ep. IV, p. 191)
De una sola cosa debe entristecerse el alma, de la ofensa hecha a Dios; y también en este punto hay que ser muy cautos. Debemos entristecernos sí por nuestras faltas, pero con un dolor que no nos quite la paz, confiando siempre en la misericordia divina.
Guardémonos además de ciertos reproches y remordimientos contra nosotros mismos, pues estos reproches casi siempre provienen del enemigo para perturbar nuestra paz en Dios.
Si tales reproches y remordimientos nos humillan y nos hacen diligentes en obrar el bien, sin quitarnos la confianza en Dios, tengamos por seguro que nos vienen de Dios. Pero si nos confunden y nos vuelven temerosos, desconfiados, perezosos y lentos para el bien, tengamos por seguro que nos vienen del demonio; y, como tales, rechacémoslos, avivando la confianza en Dios.
De este modo, manteniendo nuestro ánimo sereno y en paz en las dificultades, avanzaremos mucho en los caminos del Señor; por el contrario, si perdemos esta paz, nuestro esfuerzo por alcanzar la vida eterna conseguirá poco o ningún fruto.
(10 de julio de 1915, al P. Agustín de San Marco in Lamis – Ep. I, p. 606)
11. *Confesión*
*Citas evangélicas*
Jn 20: 23
23Los pecados serán perdonados
a los que ustedes se los perdonen,
y serán retenidos
a los que ustedes se los retengan".
Mt 16:19
19Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".
*Salmo 130*
Desde lo más profundo te invoco, Señor.
¡Señor, oye mi voz!
Estén tus oídos atentos
al clamor de mi plegaria.
Si tienes en cuenta las culpas, Señor,
¿Quién podrá subsistir?
Pero en ti se encuentra el perdón,
para que seas temido.
Mi alma espera en el Señor,
y yo confío en su palabra.
Mi alma espera en el Señor,
más que el centinela la aurora.
Como el centinela la aurora,
espere Israel al Señor,
porque en él se encuentra la misericordia
y la redención en abundancia:
él redimirá a Israel
de todos sus pecados.
*Palabras de Padre Pio*
Vive con humildad, con dulzura, y enamorada de nuestro Esposo celestial; y no te inquietes por no poder recordar todas tus pequeñas faltas para poderlas confesar. No, hija, no es oportuno afligirse por esto, porque, así como caes con frecuencia sin darte cuenta, del mismo modo, sin que te des cuenta, te levantas.
Recuerda que en el pasaje, sobre el que tantas veces hemos hablado, no se dice que el justo ve o se da cuenta de que cae siete veces al día, sino que cae siete veces al día; y, así como se cae siete veces, uno se levanta sin dedicarse a ello. No dejes, pues, que esto te inquiete; manifiesta con franqueza y humildad lo que recuerdes; y confíalo a la dulce misericordia de Dios, que pone su mano bajo aquéllos que caen sin malicia, para que no se hagan mal ni resulten heridos; y los levanta y anima tan rápidamente que no se dan cuenta de que han caído, porque la mano divina los ha recogido al caer; ni tampoco de que se han levantado, porque han sido alzados con tal rapidez que ni han podido pensar en ello.
(18 de octubre de 1917, a las hermanas Campanile – Ep. III, p. 943)
Comprendo que el alma en la que habita Dios, teme siempre, en cada paso que da, ofender a Dios; y este santo temor resulta casi insoportable si se centra en el cumplimiento de los propios deberes. Pero esta alma debe animarse, porque es precisamente este temor el que no le dejará caer en faltas, si se decide a seguir adelante. Hermano mío, si permanecer en pie dependiera de nosotros, seguro que, al primer soplo, caeríamos en manos de los enemigos de nuestra salvación. Confiemos siempre en la piedad divina, y experimentaremos cada vez más qué bueno es el Señor. […].
(9 de febrero de 1916, al P. Basilio de MirabelloSannitico – Ep. IV, p. 191)
De una sola cosa debe entristecerse el alma, de la ofensa hecha a Dios; y también en este punto hay que ser muy cautos. Debemos entristecernos sí por nuestras faltas, pero con un dolor que no nos quite la paz, confiando siempre en la misericordia divina.
Guardémonos además de ciertos reproches y remordimientos contra nosotros mismos, pues estos reproches casi siempre provienen del enemigo para perturbar nuestra paz en Dios.
Si tales reproches y remordimientos nos humillan y nos hacen diligentes en obrar el bien, sin quitarnos la confianza en Dios, tengamos por seguro que nos vienen de Dios. Pero si nos confunden y nos vuelven temerosos, desconfiados, perezosos y lentos para el bien, tengamos por seguro que nos vienen del demonio; y, como tales, rechacémoslos, avivando la confianza en Dios.
De este modo, manteniendo nuestro ánimo sereno y en paz en las dificultades, avanzaremos mucho en los caminos del Señor; por el contrario, si perdemos esta paz, nuestro esfuerzo por alcanzar la vida eterna conseguirá poco o ningún fruto.
(10 de julio de 1915, al P. Agustín de San Marco in Lamis – Ep. I, p. 606)
*23 PASOS HACIA LA SANTIDAD CON PADRE PIO * 12. *Pecado*
*Cita evangélica*
Jn 8: 4, 11
4dijeron a Jesús: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. 5Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. y Tú, ¿qué dices?. 6Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. 7Como insistían, se enderezó y les dijo: "El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra". 8E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. 9Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer que permanecía allí, 10e incorporándose, le peguntó: "Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?. 11 Ella le respondió: "Nadie, Señor". "Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante".
*Salmo 51*
¡Ten piedad de mi, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!
Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
Contra ti, contra ti solo pequé
e hice lo que es malo a tus ojos.
Por eso, será justa mi sentencia
y tu juicio será irreprochable;
yo soy culpable desde que nací,
pecador me concibió mi madre.
Tú amas la sinceridad del corazón
y me enseñas la sabiduría en mi interior.
Purifícame con el hisopo y quedaré limpio;
lávame, y quedaré más blanco que la nieve,
Anúnciame el gozo y la alegría
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta tu vista de mis pecados
y borra todas mis culpas.
Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
que tu espíritu generoso me sostenga:
yo enseñaré tu camino a los impíos
y los pecadores volverán a ti.
¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío,
y mi lengua anunciará tu justicia!
Abre mis labios, Señor,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.
*Palabras de Padre Pio*
Hija mía, persuadámonos y resignémonos ante esta grande y terrible verdad: el amor propio no muere nunca antes que nosotros. Ciertamente nos duele tan triste verdad, que hemos heredado como castigo de la culpa original; pero es necesario resignarse y tener paciencia con nosotros mismos; y, en la paciencia, según la enseñanza divina, poseeremos nuestra alma. Posesión tanto más estable cuanto menos esté mezclada con inquietudes y problemas, también en lo que se refiere a nuestras imperfecciones.
Los asaltos sensibles y las secretas actuaciones del amor propio se sentirán siempre, mientras pisemos esta tierra. Para no ofender a Dios y no manchar el alma, basta que no demos nuestro consentimiento con voluntad deliberada. Esta virtud de la indiferencia es tan excelente que ni el hombre viejo, ni la parte sensible, ni la naturaleza humana con sus facultades naturales, han sido capaces de conseguirla. Ni siquiera el mismo divino Maestro, como hijo de Adán, aunque exento de pecado, y a pesar de las apariencias, logró ser indiferente en su parte sensible y según sus facultades naturales; al contrario, deseó no morir en la cruz, porque tal indiferencia estaba reservada al fruto de la misma cruz; es decir, al espíritu, a la parte superior, a las facultades poseídas por la gracia.
Por tanto, hijita mía, quédate tranquila. Cuando te suceda que quebrantas las exigencias de la indiferencia en cosas indiferentes, por súbitos impulsos del amor propio y de las pasiones, póstrate, en cuanto te sea posible, con tu corazón ante Dios y dile con confianza y humildad: «Señor, misericordia, porque soy una pobre enferma».
*Cita evangélica*
Jn 8: 4, 11
4dijeron a Jesús: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. 5Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. y Tú, ¿qué dices?. 6Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. 7Como insistían, se enderezó y les dijo: "El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra". 8E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. 9Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer que permanecía allí, 10e incorporándose, le peguntó: "Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?. 11 Ella le respondió: "Nadie, Señor". "Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante".
*Salmo 51*
¡Ten piedad de mi, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!
Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
Contra ti, contra ti solo pequé
e hice lo que es malo a tus ojos.
Por eso, será justa mi sentencia
y tu juicio será irreprochable;
yo soy culpable desde que nací,
pecador me concibió mi madre.
Tú amas la sinceridad del corazón
y me enseñas la sabiduría en mi interior.
Purifícame con el hisopo y quedaré limpio;
lávame, y quedaré más blanco que la nieve,
Anúnciame el gozo y la alegría
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta tu vista de mis pecados
y borra todas mis culpas.
Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
que tu espíritu generoso me sostenga:
yo enseñaré tu camino a los impíos
y los pecadores volverán a ti.
¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío,
y mi lengua anunciará tu justicia!
Abre mis labios, Señor,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.
*Palabras de Padre Pio*
Hija mía, persuadámonos y resignémonos ante esta grande y terrible verdad: el amor propio no muere nunca antes que nosotros. Ciertamente nos duele tan triste verdad, que hemos heredado como castigo de la culpa original; pero es necesario resignarse y tener paciencia con nosotros mismos; y, en la paciencia, según la enseñanza divina, poseeremos nuestra alma. Posesión tanto más estable cuanto menos esté mezclada con inquietudes y problemas, también en lo que se refiere a nuestras imperfecciones.
Los asaltos sensibles y las secretas actuaciones del amor propio se sentirán siempre, mientras pisemos esta tierra. Para no ofender a Dios y no manchar el alma, basta que no demos nuestro consentimiento con voluntad deliberada. Esta virtud de la indiferencia es tan excelente que ni el hombre viejo, ni la parte sensible, ni la naturaleza humana con sus facultades naturales, han sido capaces de conseguirla. Ni siquiera el mismo divino Maestro, como hijo de Adán, aunque exento de pecado, y a pesar de las apariencias, logró ser indiferente en su parte sensible y según sus facultades naturales; al contrario, deseó no morir en la cruz, porque tal indiferencia estaba reservada al fruto de la misma cruz; es decir, al espíritu, a la parte superior, a las facultades poseídas por la gracia.
Por tanto, hijita mía, quédate tranquila. Cuando te suceda que quebrantas las exigencias de la indiferencia en cosas indiferentes, por súbitos impulsos del amor propio y de las pasiones, póstrate, en cuanto te sea posible, con tu corazón ante Dios y dile con confianza y humildad: «Señor, misericordia, porque soy una pobre enferma».
Después, levántate en paz; y, con ánimo tranquilo y sereno y con santa indiferencia, prosigue tus actividades.
(12 de febrero de 1917, a María Gargani – Ep. III, p. 266)
(12 de febrero de 1917, a María Gargani – Ep. III, p. 266)
*23 PASOS HACIA LA SANTIDAD CON PADRE PIO*
13. *Temor*
*Cita evangélica*
Lc 1: 50
"Su misericordia se extiende de generación en generación
sobre aquellos que le temen.”
*Salmo 128: 1-4*
¡Feliz el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás feliz y todo te irá bien.
Tu esposa será como una vid fecunda
en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoño de olivo
alrededor de su mesa.
¡Así será bendecido
el hombre que teme al Señor!
*Palabras de Padre Pio*
Comprendo que el alma en la que habita Dios, teme siempre, en cada paso que da, ofender a Dios; y este santo temor resulta casi insoportable si se centra en el cumplimiento de los propios deberes. Pero esta alma debe animarse, porque es precisamente este temor el que no le dejará caer en faltas, si se decide a seguir adelante. Hermano mío, si permanecer en pie dependiera de nosotros, seguro que, al primer soplo, caeríamos en manos de los enemigos de nuestra salvación. Confiemos siempre en la piedad divina, y experimentaremos cada vez más qué bueno es el Señor.
(9 de febrero de 1916, al P. Basilio de Mirabello Sannitico – Ep. IV, p. 191)
Las tentaciones y las tempestades que rondan en tu cabeza son signos seguros de la predilección divina. El temor que tienes a ofender a Dios es la prueba más segura de que no le ofendes.
Teme no obstante, pero con temor santo, quiero decir con el temor que no está nunca separado del amor. Cuando ambos, el temor y el amor, están unidos entre sí, se dan mutuamente la mano, como dos hermanas, para mantenerse siempre en pie y para caminar seguros por los caminos del Señor.
(25 de abril de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 76)
...el alma destinada a reinar con Jesucristo en la gloria eterna deber ser pulida a golpes de martillo y de cincel. Pero estos golpes de martillo y de cincel, de los que se sirve el artista divino para preparar las piedras, es decir, el alma elegida, ¿cuáles son? Hermana mía, estos golpes de cincel son las sombras, los temores, las tentaciones, las aflicciones de espíritu, los temblores espirituales con algún aroma de desolación y también de malestar físico.
Da gracias, pues, a la infinita piedad del Padre eterno, que así está tratando tu alma, porque está destinada a la salvación.
(19 de mayo de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 87)
Os lo suplico, mis queridas hijas, por el amor de Dios: no tengáis miedo a Dios porque él no quiere haceros mal alguno; amadlo mucho porque os quiere hacer un gran bien. Caminad sencillamente con la seguridad de que acertáis en vuestras decisiones, y rechazad como crueles tentaciones esas reflexiones espirituales que hacéis de vuestros males (Epist.III, p.569).
13. *Temor*
*Cita evangélica*
Lc 1: 50
"Su misericordia se extiende de generación en generación
sobre aquellos que le temen.”
*Salmo 128: 1-4*
¡Feliz el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás feliz y todo te irá bien.
Tu esposa será como una vid fecunda
en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoño de olivo
alrededor de su mesa.
¡Así será bendecido
el hombre que teme al Señor!
*Palabras de Padre Pio*
Comprendo que el alma en la que habita Dios, teme siempre, en cada paso que da, ofender a Dios; y este santo temor resulta casi insoportable si se centra en el cumplimiento de los propios deberes. Pero esta alma debe animarse, porque es precisamente este temor el que no le dejará caer en faltas, si se decide a seguir adelante. Hermano mío, si permanecer en pie dependiera de nosotros, seguro que, al primer soplo, caeríamos en manos de los enemigos de nuestra salvación. Confiemos siempre en la piedad divina, y experimentaremos cada vez más qué bueno es el Señor.
(9 de febrero de 1916, al P. Basilio de Mirabello Sannitico – Ep. IV, p. 191)
Las tentaciones y las tempestades que rondan en tu cabeza son signos seguros de la predilección divina. El temor que tienes a ofender a Dios es la prueba más segura de que no le ofendes.
Teme no obstante, pero con temor santo, quiero decir con el temor que no está nunca separado del amor. Cuando ambos, el temor y el amor, están unidos entre sí, se dan mutuamente la mano, como dos hermanas, para mantenerse siempre en pie y para caminar seguros por los caminos del Señor.
(25 de abril de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 76)
...el alma destinada a reinar con Jesucristo en la gloria eterna deber ser pulida a golpes de martillo y de cincel. Pero estos golpes de martillo y de cincel, de los que se sirve el artista divino para preparar las piedras, es decir, el alma elegida, ¿cuáles son? Hermana mía, estos golpes de cincel son las sombras, los temores, las tentaciones, las aflicciones de espíritu, los temblores espirituales con algún aroma de desolación y también de malestar físico.
Da gracias, pues, a la infinita piedad del Padre eterno, que así está tratando tu alma, porque está destinada a la salvación.
(19 de mayo de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 87)
Os lo suplico, mis queridas hijas, por el amor de Dios: no tengáis miedo a Dios porque él no quiere haceros mal alguno; amadlo mucho porque os quiere hacer un gran bien. Caminad sencillamente con la seguridad de que acertáis en vuestras decisiones, y rechazad como crueles tentaciones esas reflexiones espirituales que hacéis de vuestros males (Epist.III, p.569).
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23 PASOS HACIA LA SANTIDAD CON PADRE PIO
14. La cruz
Cita evangélica
Mt 10: 38,39
38El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.39El que encuentre su vida, la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
Salmo 34: 19-21
El Señor está cerca del que sufre
y salva a los que están abatidos.
El justo padece muchos males
pero el Señor lo libra de ellos;
El cuida todos sus huesos,
no se quebrará ni uno solo.
Salmo 22: 2
Dios mío, Dios mío,
¿Por qué me has abandonado?
Palabras de Padre Pio
Recordemos que la suerte de las almas elegidas es el sufrir; el sufrimiento soportado cristianamente es la condición que Dios, autor de todas las gracias y de todos los dones que llevan a la salvación, ha puesto para darnos la gloria. Alcemos, pues, los corazones, llenos de confianza en sólo Dios; humillémonos bajo su mano poderosa; aceptemos de buen grado las tribulaciones a las que la piedad del Padre celestial nos somete, para que nos ensalce en el tiempo de la visita. Que toda nuestra preocupación sea sólo ésta: «Amar y agradar a Dios», sin preocuparnos para nada de todo lo demás, sabiendo que Dios cuidará siempre de nosotros, más de lo que se pueda decir o imaginar.
(26 de noviembre de 1914, a RaffaelinaCerase – Ep. II, p. 245)
No nos desanimemos nunca ante los designios de la divina providencia, que, uniendo los gozos a los sufrimientos y haciéndonos pasar en la vida, a cada uno y a las naciones, de las alegrías a las lágrimas, nos conduce a la consecución de nuestro fin último. Veamos detrás de la mano del hombre que se manifiesta de ese modo, la mano de Dios que se oculta (Epist.IV, p.101).
Padre, tú amas aquello que yo temo. - Respuesta: Yo no amo el sufrimiento por el sufrimiento; lo pido a Dios, lo deseo por los frutos que me aporta: da gloria a Dios, me alcanza la salvación de mis hermanos en este destierro, libra a las almas del fuego del purgatorio, ¿y qué más quiero yo?
- Padre, ¿qué es el sufrimiento? - Respuesta: Expiación.
- Y para usted, ¿qué es? - Respuesta: Mi alimento diario, mi ¡delicia! (en LdP, p.167).
No queremos persuadirnos de que nuestra alma necesita el sufrimiento; de que la cruz debe ser nuestro pan de cada día.
Igual que el cuerpo necesita alimentarse, así el alma necesita día tras día de la cruz, para purificarse y separarse de las criaturas.
No queremos comprender que Dios no quiere, no puede salvarnos ni santificarnos sin la cruz, y que cuanto más atrae a un alma hacia sí, más la purifica por medio de la cruz (FSP, p.123).
En primer lugar tengo que decirte que Jesús tiene necesidad de quien llore con él por la iniquidad de los hombres, y por este motivo me lleva por los caminos del sufrimiento, como me lo señalas en tu carta. Pero sea siempre bendito su amor, que sabe mezclar lo dulce con lo amargo y convertir en premio eterno las penas pasajeras de la vida (Epist.III, p.413).
Los ángeles sólo nos tienen envidia por una cosa: ellos no pueden sufrir por Dios. Sólo el sufrimiento nos permite decir con toda seguridad: Dios mío, mirad cómo os amo (FM, 166).
Haz el bien, en todas partes, para que todos puedan decir: "Este es un hijo de Cristo".
Soporta por amor a Dios y por la conversión de los pobres pecadores las tribulaciones, las enfermedades, los sufrimientos. Defiende al débil, consuela al que llora (FSP, 119).
Anímate, porque tu sufrimiento es según Dios. Si la naturaleza se queja y reclama sus derechos, es porque ésta es la condición del hombre que está en camino. Si, secreta o calladamente, experimenta el dolor de los sufrimientos y naturalmente quisiera huir de ellos, es porque el hombre fue creado para la felicidad y las cruces fueron una consecuencia del pecado. Mientras se está en este mundo, tendremos que sentir siempre la natural aversión a los sufrimientos. Es ésta una cadena que nos acompañará por doquier.
14. La cruz
Cita evangélica
Mt 10: 38,39
38El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.39El que encuentre su vida, la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
Salmo 34: 19-21
El Señor está cerca del que sufre
y salva a los que están abatidos.
El justo padece muchos males
pero el Señor lo libra de ellos;
El cuida todos sus huesos,
no se quebrará ni uno solo.
Salmo 22: 2
Dios mío, Dios mío,
¿Por qué me has abandonado?
Palabras de Padre Pio
Recordemos que la suerte de las almas elegidas es el sufrir; el sufrimiento soportado cristianamente es la condición que Dios, autor de todas las gracias y de todos los dones que llevan a la salvación, ha puesto para darnos la gloria. Alcemos, pues, los corazones, llenos de confianza en sólo Dios; humillémonos bajo su mano poderosa; aceptemos de buen grado las tribulaciones a las que la piedad del Padre celestial nos somete, para que nos ensalce en el tiempo de la visita. Que toda nuestra preocupación sea sólo ésta: «Amar y agradar a Dios», sin preocuparnos para nada de todo lo demás, sabiendo que Dios cuidará siempre de nosotros, más de lo que se pueda decir o imaginar.
(26 de noviembre de 1914, a RaffaelinaCerase – Ep. II, p. 245)
No nos desanimemos nunca ante los designios de la divina providencia, que, uniendo los gozos a los sufrimientos y haciéndonos pasar en la vida, a cada uno y a las naciones, de las alegrías a las lágrimas, nos conduce a la consecución de nuestro fin último. Veamos detrás de la mano del hombre que se manifiesta de ese modo, la mano de Dios que se oculta (Epist.IV, p.101).
Padre, tú amas aquello que yo temo. - Respuesta: Yo no amo el sufrimiento por el sufrimiento; lo pido a Dios, lo deseo por los frutos que me aporta: da gloria a Dios, me alcanza la salvación de mis hermanos en este destierro, libra a las almas del fuego del purgatorio, ¿y qué más quiero yo?
- Padre, ¿qué es el sufrimiento? - Respuesta: Expiación.
- Y para usted, ¿qué es? - Respuesta: Mi alimento diario, mi ¡delicia! (en LdP, p.167).
No queremos persuadirnos de que nuestra alma necesita el sufrimiento; de que la cruz debe ser nuestro pan de cada día.
Igual que el cuerpo necesita alimentarse, así el alma necesita día tras día de la cruz, para purificarse y separarse de las criaturas.
No queremos comprender que Dios no quiere, no puede salvarnos ni santificarnos sin la cruz, y que cuanto más atrae a un alma hacia sí, más la purifica por medio de la cruz (FSP, p.123).
En primer lugar tengo que decirte que Jesús tiene necesidad de quien llore con él por la iniquidad de los hombres, y por este motivo me lleva por los caminos del sufrimiento, como me lo señalas en tu carta. Pero sea siempre bendito su amor, que sabe mezclar lo dulce con lo amargo y convertir en premio eterno las penas pasajeras de la vida (Epist.III, p.413).
Los ángeles sólo nos tienen envidia por una cosa: ellos no pueden sufrir por Dios. Sólo el sufrimiento nos permite decir con toda seguridad: Dios mío, mirad cómo os amo (FM, 166).
Haz el bien, en todas partes, para que todos puedan decir: "Este es un hijo de Cristo".
Soporta por amor a Dios y por la conversión de los pobres pecadores las tribulaciones, las enfermedades, los sufrimientos. Defiende al débil, consuela al que llora (FSP, 119).
Anímate, porque tu sufrimiento es según Dios. Si la naturaleza se queja y reclama sus derechos, es porque ésta es la condición del hombre que está en camino. Si, secreta o calladamente, experimenta el dolor de los sufrimientos y naturalmente quisiera huir de ellos, es porque el hombre fue creado para la felicidad y las cruces fueron una consecuencia del pecado. Mientras se está en este mundo, tendremos que sentir siempre la natural aversión a los sufrimientos. Es ésta una cadena que nos acompañará por doquier.
Ten la certeza de que, si con lo más alto del espíritu deseamos la cruz y al fin la abrazamos y nos sometemos a ella por amor a Dios, no por eso dejaremos de sentir en la parte interior el reclamo de la naturaleza que no quiere sufrir. En efecto, ¿quién amó más la cruz que el Maestro divino? Pues bien, también su humanidad santísima, en su agonía aceptada voluntariamente, pidió que el cáliz se alejara de él, si eso fuera posible.
13 de mayo de 1915, a RaffaelinaCerase – Ep. II, p. 417)
La quinta máxima que yo te suplico que tengas siempre fija en la mente, es aquella del apóstol S. Pablo: «Mira que yo no me glorío en otra cosa sino en la cruz de mi Jesús».
Ten en tu corazón, hijita, a Jesucristo crucificado, y todas las cruces del mundo te parecerán rosas. Los que han sentido las punzadas de la corona de espinas del Salvador, que es nuestra cabeza, en modo alguno sienten las otras heridas.
(15 de noviembre de 1917, a Antonieta Vona – Ep. III, p. 822)
Para llegar a alcanzar nuestro fin último es necesario seguir al jefe divino, que no suele conducir al alma elegida por camino distinto al que él recorrió; por el de la abnegación y la cruz: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame». ¿Y no debes llamarte afortunada al verte así tratada por Jesús? Necio quien no sabe penetrar en el secreto de la cruz.
Para llegar al puerto de la salvación, nos dice el Espíritu Santo, las almas de los elegidos deben pasar y purificarse en el fuego de las dolorosas humillaciones, como el oro y la plata en el crisol, y de esa forma se ahorran las expiaciones de la otra vida: «En el sufrimiento mantente firme, y en los reveses de tu humillación sé paciente. Porque en el fuego se purifica el oro y la plata; y los hombres aceptos a Dios, en el camino de la humillación».
Jesús quiere hacernos santos a toda costa, pero más que nada quiere santificarte a ti. Él te lo está manifestando continuamente; parece que no tiene entre manos otra preocupación que la de santificar tu alma. ¡Oh!, ¡qué bueno es Jesús! Las cruces continuas a las que te somete, dándote la fuerza, no sólo necesaria sino sobreabundantemente, para soportarlas con mérito, son signos muy ciertos y particularísimos de su entrañable amor por ti. La fuerza que él te da, créeme, no queda infecunda en ti; te lo aseguro de parte de Dios y tú debes escucharme humildemente, apartando de ti cualquier sentimiento contrario.
(15 de agosto de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 153)
13 de mayo de 1915, a RaffaelinaCerase – Ep. II, p. 417)
La quinta máxima que yo te suplico que tengas siempre fija en la mente, es aquella del apóstol S. Pablo: «Mira que yo no me glorío en otra cosa sino en la cruz de mi Jesús».
Ten en tu corazón, hijita, a Jesucristo crucificado, y todas las cruces del mundo te parecerán rosas. Los que han sentido las punzadas de la corona de espinas del Salvador, que es nuestra cabeza, en modo alguno sienten las otras heridas.
(15 de noviembre de 1917, a Antonieta Vona – Ep. III, p. 822)
Para llegar a alcanzar nuestro fin último es necesario seguir al jefe divino, que no suele conducir al alma elegida por camino distinto al que él recorrió; por el de la abnegación y la cruz: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame». ¿Y no debes llamarte afortunada al verte así tratada por Jesús? Necio quien no sabe penetrar en el secreto de la cruz.
Para llegar al puerto de la salvación, nos dice el Espíritu Santo, las almas de los elegidos deben pasar y purificarse en el fuego de las dolorosas humillaciones, como el oro y la plata en el crisol, y de esa forma se ahorran las expiaciones de la otra vida: «En el sufrimiento mantente firme, y en los reveses de tu humillación sé paciente. Porque en el fuego se purifica el oro y la plata; y los hombres aceptos a Dios, en el camino de la humillación».
Jesús quiere hacernos santos a toda costa, pero más que nada quiere santificarte a ti. Él te lo está manifestando continuamente; parece que no tiene entre manos otra preocupación que la de santificar tu alma. ¡Oh!, ¡qué bueno es Jesús! Las cruces continuas a las que te somete, dándote la fuerza, no sólo necesaria sino sobreabundantemente, para soportarlas con mérito, son signos muy ciertos y particularísimos de su entrañable amor por ti. La fuerza que él te da, créeme, no queda infecunda en ti; te lo aseguro de parte de Dios y tú debes escucharme humildemente, apartando de ti cualquier sentimiento contrario.
(15 de agosto de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 153)
23 PASOS HACIA LA SANTIDAD CON PADRE PIO
15. Perdón
Cita evangélica
MC 11, 24-26
24 Por eso les digo: todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán. 25 Y cuando se pongan de pie para orar, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, 26 para que su Padre del Cielo les perdone también a ustedes sus faltas.»
Salmo 79-9
Ayúdanos, Dios salvador nuestro,
por el honor de tu Nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu Nombre.
Fragmento Padre Pio
No perdáis el ánimo por las pequeñas imperfecciones. Procurad estar siempre vigilantes sobre vosotras mismas para no faltar; pero, si os dais cuenta de que habéis faltado, no perdáis el tiempo en lamentos inútiles; arrodillaos ante Dios; avergonzaos de vuestra poca fidelidad; pedid perdón a nuestro Señor; renovad el propósito de estar más atentas en el futuro; y, después, levantaos enseguida y seguid adelante por el camino donde yo os he puesto.
Convenceos, amadísimas hijas, de que las caídas y los pequeños movimientos de las pasiones son inevitables mientras estemos en esta vida, porque en relación a esto el gran apóstol san Pablo exclama al cielo: «¡Pobre de mí, qué infeliz soy! Hay en mí dos hombres, el viejo y el nuevo; dos leyes, la ley del sentido y la ley del espíritu; dos actuaciones, la de la naturaleza y la de la gracia. ¡Ah! ¿Quién me librará del cuerpo de esta muerte?»
(25 de septiembre de 1917, a Raquelina Russo – Ep. III, p. 505)
Por grande que sea la prueba a la que te someta el Señor, por insostenible que sea la desolación del espíritu en ciertos momentos de la vida, no te desanimes nunca. Recurre con mayor abandono filial a Jesús, que no podrá quedarse sin concederte una gota de refrigerio y de consuelo. Recurre a él siempre, incluso cuando el demonio, para amargarte los días de tu vida, te recuerde tus pecados. Eleva tu voz a él con fuerza, la voz de la humildad del espíritu, de la contrición del corazón y de la plegaria de los labios.
Ante estas demostraciones, Raffaelina, es imposible que Dios no te mire con agrado, que no ceda, que no se rinda. El poder de Dios, es verdad, triunfa de todo; pero la oración humilde que brota del sufrimiento vence al mismo Dios; detiene su brazo, apaga su furia, lo desarma, lo vence, lo aplaca y lo vuelve, por así decirlo, en dependiente y amigo.
¡Oh!, si todos los hombres llegaran a experimentar en sí mismos, como lo hicieron el publicano del templo, Zaqueo, la Magdalena, san Pedro y tantos ilustres penitentes y piadosos cristianos, este gran secreto de la vida cristiana, enseñada por Jesús con hechos y palabras, ¡qué abundante fruto de santidad experimentarían en ellos! Conocerían enseguida este secreto; por este medio llegarían pronto a vencer la justicia de Dios, a aplacarla por muy airada que estuviera contra ellos, a cambiarla en amorosa piedad, a obtener todo lo que necesitaran: el perdón de los pecados, la gracia, la santidad, la salvación eterna y la fuerza para combatir y vencerse a sí mismos y a todos sus enemigos.
(7 de septiembre de 1915, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 482)
15. Perdón
Cita evangélica
MC 11, 24-26
24 Por eso les digo: todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán. 25 Y cuando se pongan de pie para orar, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, 26 para que su Padre del Cielo les perdone también a ustedes sus faltas.»
Salmo 79-9
Ayúdanos, Dios salvador nuestro,
por el honor de tu Nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu Nombre.
Fragmento Padre Pio
No perdáis el ánimo por las pequeñas imperfecciones. Procurad estar siempre vigilantes sobre vosotras mismas para no faltar; pero, si os dais cuenta de que habéis faltado, no perdáis el tiempo en lamentos inútiles; arrodillaos ante Dios; avergonzaos de vuestra poca fidelidad; pedid perdón a nuestro Señor; renovad el propósito de estar más atentas en el futuro; y, después, levantaos enseguida y seguid adelante por el camino donde yo os he puesto.
Convenceos, amadísimas hijas, de que las caídas y los pequeños movimientos de las pasiones son inevitables mientras estemos en esta vida, porque en relación a esto el gran apóstol san Pablo exclama al cielo: «¡Pobre de mí, qué infeliz soy! Hay en mí dos hombres, el viejo y el nuevo; dos leyes, la ley del sentido y la ley del espíritu; dos actuaciones, la de la naturaleza y la de la gracia. ¡Ah! ¿Quién me librará del cuerpo de esta muerte?»
(25 de septiembre de 1917, a Raquelina Russo – Ep. III, p. 505)
Por grande que sea la prueba a la que te someta el Señor, por insostenible que sea la desolación del espíritu en ciertos momentos de la vida, no te desanimes nunca. Recurre con mayor abandono filial a Jesús, que no podrá quedarse sin concederte una gota de refrigerio y de consuelo. Recurre a él siempre, incluso cuando el demonio, para amargarte los días de tu vida, te recuerde tus pecados. Eleva tu voz a él con fuerza, la voz de la humildad del espíritu, de la contrición del corazón y de la plegaria de los labios.
Ante estas demostraciones, Raffaelina, es imposible que Dios no te mire con agrado, que no ceda, que no se rinda. El poder de Dios, es verdad, triunfa de todo; pero la oración humilde que brota del sufrimiento vence al mismo Dios; detiene su brazo, apaga su furia, lo desarma, lo vence, lo aplaca y lo vuelve, por así decirlo, en dependiente y amigo.
¡Oh!, si todos los hombres llegaran a experimentar en sí mismos, como lo hicieron el publicano del templo, Zaqueo, la Magdalena, san Pedro y tantos ilustres penitentes y piadosos cristianos, este gran secreto de la vida cristiana, enseñada por Jesús con hechos y palabras, ¡qué abundante fruto de santidad experimentarían en ellos! Conocerían enseguida este secreto; por este medio llegarían pronto a vencer la justicia de Dios, a aplacarla por muy airada que estuviera contra ellos, a cambiarla en amorosa piedad, a obtener todo lo que necesitaran: el perdón de los pecados, la gracia, la santidad, la salvación eterna y la fuerza para combatir y vencerse a sí mismos y a todos sus enemigos.
(7 de septiembre de 1915, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 482)
*23 PASOS HACIA LA SANTIDAD CON PADRE PIO*
16. *Minoridad franciscana*
*Cita evangélica*
Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos». Marcos 9, 35
*Palabras de Padre Pio*
Colócate siempre en el último lugar del grupo de los que aman al Señor, teniendo a todos por mejores que tú.
(29 de enero de 1915, a Anita Rodote – Ep. III, p. 48)
Tengámonos por lo que somos de verdad: nada, miseria, debilidad; una fuente de perversidad sin límites ni atenuantes, capaces de convertir el bien en mal, de abandonar el bien por el mal, de atribuirnos el bien que no tenemos o aquel bien que hemos recibido en préstamo, y de justificarnos en el mal y, por amor del mismo mal, despreciar al Sumo Bien.
Con este convencimiento grabado en la mente, tú:
1º no te complacerás nunca en ti mismo por algún bien que puedas acoger en ti, porque todo te viene de Dios y a él debes dar honor y gloria;
2º no te lamentarás nunca de las ofensas, te vengan de donde te vinieren;
3º perdonarás todo con caridad cristiana, teniendo bien presente el ejemplo del Redentor, que llegó incluso a excusar ante su Padre a los que le crucificaron;
4º gemirás siempre como pobre delante de Dios;
5º no te maravillarás de ningún modo de tus debilidades e imperfecciones; pero, reconociéndote por lo que eres, te avergonzarás de tu inconstancia y de tu infidelidad a Dios; y, ofreciéndole tus propósitos y confiando en él, te abandonarás tranquilamente en los brazos del Padre del cielo, como un tierno niño en los de su madre.
(19 de agosto de 1918, a Fray Gerardo de Deliceto – Ep. IV, p. 25)
16. *Minoridad franciscana*
*Cita evangélica*
Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos». Marcos 9, 35
*Palabras de Padre Pio*
Colócate siempre en el último lugar del grupo de los que aman al Señor, teniendo a todos por mejores que tú.
(29 de enero de 1915, a Anita Rodote – Ep. III, p. 48)
Tengámonos por lo que somos de verdad: nada, miseria, debilidad; una fuente de perversidad sin límites ni atenuantes, capaces de convertir el bien en mal, de abandonar el bien por el mal, de atribuirnos el bien que no tenemos o aquel bien que hemos recibido en préstamo, y de justificarnos en el mal y, por amor del mismo mal, despreciar al Sumo Bien.
Con este convencimiento grabado en la mente, tú:
1º no te complacerás nunca en ti mismo por algún bien que puedas acoger en ti, porque todo te viene de Dios y a él debes dar honor y gloria;
2º no te lamentarás nunca de las ofensas, te vengan de donde te vinieren;
3º perdonarás todo con caridad cristiana, teniendo bien presente el ejemplo del Redentor, que llegó incluso a excusar ante su Padre a los que le crucificaron;
4º gemirás siempre como pobre delante de Dios;
5º no te maravillarás de ningún modo de tus debilidades e imperfecciones; pero, reconociéndote por lo que eres, te avergonzarás de tu inconstancia y de tu infidelidad a Dios; y, ofreciéndole tus propósitos y confiando en él, te abandonarás tranquilamente en los brazos del Padre del cielo, como un tierno niño en los de su madre.
(19 de agosto de 1918, a Fray Gerardo de Deliceto – Ep. IV, p. 25)
*23 PASOS HACIA LA SANTIDAD CON PADRE PIO*
17. *Generosidad*
*Cita evangélica*
Prov. 11,25
El hombre generoso prosperará, y al que da de beber le saciarán la sed.
Lc: 6,38
38Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes".
Lc 21, 1-4
Después, levantado los ojos, Jesús vio a unos ricos que ponían sus ofrendas en el tesoro del Templo. Vio también a una viuda de condición muy humilde, que ponía dos pequeñas monedas de cobre, y dijo: «Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que a nadie. Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir».
2 Cor 9,7
Que cada uno dé conforme a lo que ha resuelto en su corazón, no de mala gana o por la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría.
*Salmo 119: 36-40*
Inclina [Señor] mi corazón hacia tus prescripciones
y no hacia la codicia.
Aparta de mi vista las cosas vanas;
vivifícame con tu palabra.
Cumple conmigo tu promesa,
la que hiciste a tus fieles.
Aparta de mí el oprobio que temo,
porque tus juicios son benignos.
Yo deseo tus mandamientos:
vivifícame por tu justicia.
*Palabras de Padre Pio*
En todas las cosas y siempre, más rectitud de intención, más exactitud, más puntualidad, más generosidad en el servicio del Señor, y entonces serás como el Señor quiere que seas (GB, 48)
17. *Generosidad*
*Cita evangélica*
Prov. 11,25
El hombre generoso prosperará, y al que da de beber le saciarán la sed.
Lc: 6,38
38Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes".
Lc 21, 1-4
Después, levantado los ojos, Jesús vio a unos ricos que ponían sus ofrendas en el tesoro del Templo. Vio también a una viuda de condición muy humilde, que ponía dos pequeñas monedas de cobre, y dijo: «Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que a nadie. Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir».
2 Cor 9,7
Que cada uno dé conforme a lo que ha resuelto en su corazón, no de mala gana o por la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría.
*Salmo 119: 36-40*
Inclina [Señor] mi corazón hacia tus prescripciones
y no hacia la codicia.
Aparta de mi vista las cosas vanas;
vivifícame con tu palabra.
Cumple conmigo tu promesa,
la que hiciste a tus fieles.
Aparta de mí el oprobio que temo,
porque tus juicios son benignos.
Yo deseo tus mandamientos:
vivifícame por tu justicia.
*Palabras de Padre Pio*
En todas las cosas y siempre, más rectitud de intención, más exactitud, más puntualidad, más generosidad en el servicio del Señor, y entonces serás como el Señor quiere que seas (GB, 48)
23 PASOS HACIA LA SANTIDAD CON PADRE PIO
18. Espíritu eclesial - Respeto a lo sagrado – El Templo
Cita evangélica
MC 11, 15-17
15 Cuando llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el Templo y comenzó a echar a los que vendían y compraban en él . Derribó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas, 16 y prohibió que transportaran cargas por el Templo.17 Y les enseñaba: «¿Acaso no está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? ¡Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones!»
Salmo 86: 9-10
Todas las naciones que has creado
vendrán a postrarse delante de ti
y glorificarán tu Nombre, Señor,
porque tú eres grande, Dios mío,
y eres el único que hace maravillas.
Indicaciones de Padre Pio para comportarnos adecuadamente en el templo
Con el fin de evitar irreverencias e imperfecciones en la casa de Dios, en la iglesia – que el divino Maestro llama casa de oración -, le exhorto en el Señor a practicar o siguiente.
Entre en la iglesia en silencio y con gran respeto, considerándose indigna de aparecer ante la Majestad del Señor. Entre otras consideraciones piadosas, recuerde que nuestra alma es el templo de Dios y, como tal, debemos mantenerla pura y sin mácula ante Dios y sus ángeles.
Avergoncémonos por haber dado acceso al diablo y sus seducciones muchas veces (con su seducción del mundo, su pompa, su llamada a la carne) por no ser capaces de mantener nuestros corazones puros y nuestros cuerpos castos; por haber permitido a nuestros enemigos insinuarse en nuestros corazones, profanando el templo de Dios que somos a través del santo bautismo.
En seguida, tome agua bendita y haga la señal de la cruz con cuidado y lentamente.
En cuanto esté ante Dios en el Santísimo Sacramento, haga una genuflexión devotamente. Después de haber encontrado su lugar, arrodíllese y haga el tributo de su presencia y devoción a Jesús en el Santísimo Sacramento. Confíe todas sus necesidades a Él junto con la de los demás. Hable con Él con abandono filial, dé libre curso a su corazón y dele total libertad para actuar en usted como él crea mejor.
Cuando asistas a la santa misa y a las funciones sagradas, que sea esmerada tu compostura al levantarte, al arrodillarte, al sentarte; y realiza con la mayor devoción todas las prácticas religiosas. Sé modesta en las miradas; no mires a un lado y a otro para ver quién entra o quién sale; no te rías, por respeto al lugar santo y también en atención al que está a tu lado; procura no hablar con nadie a no ser que la caridad o una verdadera necesidad te lo exijan. Si rezas en común, pronuncia distintamente las palabras de la oración, haz bien las pausas y no te apresures nunca.
En resumen, pórtate de modo que los asistentes queden edificados y, por medio de ti, se vean estimulados a glorificar y a amar al Padre del cielo.
Al salir de la iglesia, ten una actitud recogida y tranquila. Saluda primero a Jesús Sacramentado, pídele perdón por las faltas cometidas en su divina presencia, y no te alejes de él sin haberle pedido antes y haber obtenido su paterna bendición.
Cuando estés fuera de la iglesia, sé como todo seguidor del Nazareno debería ser. Sobre todo, sé extremadamente modesta en todo, pues esta es la virtud que, más que cualquier otra, revela los sentimientos del corazón. Nada representa un objeto más fiel o claramente que un espejo. Igualmente, nada representa mejor las buenas cualidades de un alma que la mayor o menor regulación del exterior, como cuando alguien parece más o menos modesta.
Debes ser modesta al hablar, modesta en la sonrisa, modesta en su porte, modesta al caminar. Todo eso debe ser practicado, no por vanidad, con el fin de mostrarte a ti misma, ni con hipocresía con el fin de aparecer buena a los ojos de los demás, sino, por la fuerza interna de la modestia, que reglamenta el funcionamiento exterior del cuerpo.
18. Espíritu eclesial - Respeto a lo sagrado – El Templo
Cita evangélica
MC 11, 15-17
15 Cuando llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el Templo y comenzó a echar a los que vendían y compraban en él . Derribó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas, 16 y prohibió que transportaran cargas por el Templo.17 Y les enseñaba: «¿Acaso no está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? ¡Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones!»
Salmo 86: 9-10
Todas las naciones que has creado
vendrán a postrarse delante de ti
y glorificarán tu Nombre, Señor,
porque tú eres grande, Dios mío,
y eres el único que hace maravillas.
Indicaciones de Padre Pio para comportarnos adecuadamente en el templo
Con el fin de evitar irreverencias e imperfecciones en la casa de Dios, en la iglesia – que el divino Maestro llama casa de oración -, le exhorto en el Señor a practicar o siguiente.
Entre en la iglesia en silencio y con gran respeto, considerándose indigna de aparecer ante la Majestad del Señor. Entre otras consideraciones piadosas, recuerde que nuestra alma es el templo de Dios y, como tal, debemos mantenerla pura y sin mácula ante Dios y sus ángeles.
Avergoncémonos por haber dado acceso al diablo y sus seducciones muchas veces (con su seducción del mundo, su pompa, su llamada a la carne) por no ser capaces de mantener nuestros corazones puros y nuestros cuerpos castos; por haber permitido a nuestros enemigos insinuarse en nuestros corazones, profanando el templo de Dios que somos a través del santo bautismo.
En seguida, tome agua bendita y haga la señal de la cruz con cuidado y lentamente.
En cuanto esté ante Dios en el Santísimo Sacramento, haga una genuflexión devotamente. Después de haber encontrado su lugar, arrodíllese y haga el tributo de su presencia y devoción a Jesús en el Santísimo Sacramento. Confíe todas sus necesidades a Él junto con la de los demás. Hable con Él con abandono filial, dé libre curso a su corazón y dele total libertad para actuar en usted como él crea mejor.
Cuando asistas a la santa misa y a las funciones sagradas, que sea esmerada tu compostura al levantarte, al arrodillarte, al sentarte; y realiza con la mayor devoción todas las prácticas religiosas. Sé modesta en las miradas; no mires a un lado y a otro para ver quién entra o quién sale; no te rías, por respeto al lugar santo y también en atención al que está a tu lado; procura no hablar con nadie a no ser que la caridad o una verdadera necesidad te lo exijan. Si rezas en común, pronuncia distintamente las palabras de la oración, haz bien las pausas y no te apresures nunca.
En resumen, pórtate de modo que los asistentes queden edificados y, por medio de ti, se vean estimulados a glorificar y a amar al Padre del cielo.
Al salir de la iglesia, ten una actitud recogida y tranquila. Saluda primero a Jesús Sacramentado, pídele perdón por las faltas cometidas en su divina presencia, y no te alejes de él sin haberle pedido antes y haber obtenido su paterna bendición.
Cuando estés fuera de la iglesia, sé como todo seguidor del Nazareno debería ser. Sobre todo, sé extremadamente modesta en todo, pues esta es la virtud que, más que cualquier otra, revela los sentimientos del corazón. Nada representa un objeto más fiel o claramente que un espejo. Igualmente, nada representa mejor las buenas cualidades de un alma que la mayor o menor regulación del exterior, como cuando alguien parece más o menos modesta.
Debes ser modesta al hablar, modesta en la sonrisa, modesta en su porte, modesta al caminar. Todo eso debe ser practicado, no por vanidad, con el fin de mostrarte a ti misma, ni con hipocresía con el fin de aparecer buena a los ojos de los demás, sino, por la fuerza interna de la modestia, que reglamenta el funcionamiento exterior del cuerpo.
Por tanto, sé humilde de corazón, circunspecta en las palabras, prudente en sus resoluciones. Sé siempre económica al hablar, asidua a la buena lectura, atenta en tu trabajo, modesta en tu conversación. No seas desagradable con nadie, sino benevolente para con todos y respetuosa con los más ancianos. Que ninguna mirada siniestra salga de tí, que ninguna palabra osada escape de tus labios, que nunca hagas una acción indecente o de alguna forma gratuita; nunca especialmente una acción gratuita o un tono de voz petulante.
En suma, deja que todo tu exterior sea una imagen vívida de la compostura de tu alma.
Mantén siempre la modestia del divino Maestro ante tus ojos, como un ejemplo; este Maestro que, según las palabras del Apóstol a los Corintios, colocó la modestia de Jesucristo en pie de igualdad con la mansedumbre, que era su virtud particular y casi su característica: “Ahora yo, Paulo, os ruego, por la mansedumbre y humildad de Cristo”, y de acuerdo con tal modelo perfecto, reforma todas tus acciones externas, que deben ser reflejos fieles, revelando los afectos de tu interior.
Nunca te olvides de este modelo divino, Annita. Intenta ver una cierta majestad adorable en tu presencia, una cierta agradable autoridad en tu modo de hablar, una cierta agradable dignidad en el andar, en el mirar, en el hablar, al conversar; una cierta dulce serenidad del rostro.
Imagina esa extremadamente compuesta y dulce expresión con la que él llamó a la multitud, haciendo que dejasen ciudades y castillos, llevándolos a las montañas, los bosques, a la soledad y las playas desiertas del mar, olvidando totalmente la comida, la bebida y los quehaceres domésticos.
Así, intentemos imitar, tanto como nos sea posible, estas acciones modestas y dignas. Y hagamos lo mejor para ser, en lo que sea posible, semejantes a Él en la tierra, con el fin de que podamos ser más perfectos y más semejantes a Él por toda la eternidad en la Jerusalén celeste.
Termino aquí, pues soy incapaz de continuar, recomendando que nunca te olvides de mí ante Jesús, especialmente durante estos días de extrema aflicción para mí.
...
Me despido de ti con el beso santo del Señor. Yo soy siempre su siervo.
Fray Pío, capuchino
(Carta del 25 de julio de 1915, a Anita Rodote – Ep. III, p. 86)
En suma, deja que todo tu exterior sea una imagen vívida de la compostura de tu alma.
Mantén siempre la modestia del divino Maestro ante tus ojos, como un ejemplo; este Maestro que, según las palabras del Apóstol a los Corintios, colocó la modestia de Jesucristo en pie de igualdad con la mansedumbre, que era su virtud particular y casi su característica: “Ahora yo, Paulo, os ruego, por la mansedumbre y humildad de Cristo”, y de acuerdo con tal modelo perfecto, reforma todas tus acciones externas, que deben ser reflejos fieles, revelando los afectos de tu interior.
Nunca te olvides de este modelo divino, Annita. Intenta ver una cierta majestad adorable en tu presencia, una cierta agradable autoridad en tu modo de hablar, una cierta agradable dignidad en el andar, en el mirar, en el hablar, al conversar; una cierta dulce serenidad del rostro.
Imagina esa extremadamente compuesta y dulce expresión con la que él llamó a la multitud, haciendo que dejasen ciudades y castillos, llevándolos a las montañas, los bosques, a la soledad y las playas desiertas del mar, olvidando totalmente la comida, la bebida y los quehaceres domésticos.
Así, intentemos imitar, tanto como nos sea posible, estas acciones modestas y dignas. Y hagamos lo mejor para ser, en lo que sea posible, semejantes a Él en la tierra, con el fin de que podamos ser más perfectos y más semejantes a Él por toda la eternidad en la Jerusalén celeste.
Termino aquí, pues soy incapaz de continuar, recomendando que nunca te olvides de mí ante Jesús, especialmente durante estos días de extrema aflicción para mí.
...
Me despido de ti con el beso santo del Señor. Yo soy siempre su siervo.
Fray Pío, capuchino
(Carta del 25 de julio de 1915, a Anita Rodote – Ep. III, p. 86)
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23 PASOS HACIA LA SANTIDAD CON PADRE PIO 19. Fraternidad
Cita evangélica
Mt 23:8
8En cuanto a ustedes, no se hagan llamar "maestro", porque no tienen más que un maestro y todos ustedes son hermanos.
Jn 13: 34, 36
34Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto, todos reconocerán que ustedes son mis discípulos en el amor que se tengan los unos a los otros.
Salmo 133
¡Qué bueno y agradable
es que los hermanos vivan unidos!
Es como el óleo perfumado sobre la cabeza,
que desciende por la barba
- la barba de Aarón -
hasta el borde de sus vestiduras.
Es como el rocío de Hermón
que cae sobre las montañas de Sión.
Allí el Señor da su bendición,
la vida para siempre.
Fragmento Padre Pio
Sé buena con el prójimo y no te dejes llevar por los impulsos de cólera; en esos momentos repite con mucha frecuencia estas palabras del Maestro: «Yo amo a estos prójimos, Padre eterno, porque Tú los amas», y tú me los has dado por hermanos, y quieres que, como tú los amas, así los ame yo. Y ama más todavía a estas niñas, tus discípulas, con las cuales la mano misma de la providencia divina te ha acompañado y unido con una unión celestial. Y no te extrañes ante los arrebatos de impaciencia que acostumbras tener, porque en ellos no habrá culpa más que cuando procedan de una voluntad consciente, es decir, con una advertencia que no se esfuerza por dominarlos. Soporta a esas pobres niñas, acarícialas, tenlas en tu corazón, mi queridísima hijita, como yo te tengo en el mío, cultivando un grandísimo y particularísimo deseo de tu perfeccionamiento espiritual, porque el mismo Dios me ha obligado a todo esto.
(11 de junio de 1918, a Herminia Gargani – Ep. III, p. 735)
Cita evangélica
Mt 23:8
8En cuanto a ustedes, no se hagan llamar "maestro", porque no tienen más que un maestro y todos ustedes son hermanos.
Jn 13: 34, 36
34Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto, todos reconocerán que ustedes son mis discípulos en el amor que se tengan los unos a los otros.
Salmo 133
¡Qué bueno y agradable
es que los hermanos vivan unidos!
Es como el óleo perfumado sobre la cabeza,
que desciende por la barba
- la barba de Aarón -
hasta el borde de sus vestiduras.
Es como el rocío de Hermón
que cae sobre las montañas de Sión.
Allí el Señor da su bendición,
la vida para siempre.
Fragmento Padre Pio
Sé buena con el prójimo y no te dejes llevar por los impulsos de cólera; en esos momentos repite con mucha frecuencia estas palabras del Maestro: «Yo amo a estos prójimos, Padre eterno, porque Tú los amas», y tú me los has dado por hermanos, y quieres que, como tú los amas, así los ame yo. Y ama más todavía a estas niñas, tus discípulas, con las cuales la mano misma de la providencia divina te ha acompañado y unido con una unión celestial. Y no te extrañes ante los arrebatos de impaciencia que acostumbras tener, porque en ellos no habrá culpa más que cuando procedan de una voluntad consciente, es decir, con una advertencia que no se esfuerza por dominarlos. Soporta a esas pobres niñas, acarícialas, tenlas en tu corazón, mi queridísima hijita, como yo te tengo en el mío, cultivando un grandísimo y particularísimo deseo de tu perfeccionamiento espiritual, porque el mismo Dios me ha obligado a todo esto.
(11 de junio de 1918, a Herminia Gargani – Ep. III, p. 735)