*Anécdotas de la vida de Padre Pio*
346. Cómo veía el padre Pío su propia vida de oración.
Las cartas de dirección espiritual de la primera época de su vida son interesantísimas a este respecto, e indican todas ellas que el padre Pío vivía endiosado, dominado totalmente al pensar en el Padre Celestial y en Cristo Jesús, sobre todo bajo el aspecto de “El Varón de dolores”, del Sumo Sacerdote, del gran Expiador, del Mediador entre el Padre y los hombres; también se sentía fuertemente apremiado por la cercanía de sus prójimos, hijos de Dios y hermanos en Cristo.
Oigamos algunas de estas expresiones espontáneas del corazón del padre Pío:
- “Vengamos ahora a lo que a mí se refiere.
Confieso ante todo que es para mí una gran desgracia no saber expresar o no poder sacar fuera de mí todo ese volcán que me abrasa y que Jesús ha encendido en mi corazón, tan ruin y tan pequeño”.
”Todo se compendia en esto: me siento devorado por el amor a Dios y por el amor a mis prójimos. Dios está, para mí, fijo en mi mente e impreso en mi corazón. Nunca lo pierdo de vista; admiro su belleza, sus sonrisas, sus enturbamientos, sus misericordias, sus venganzas, o mejor, los rigores de su justicia”.
- ¿Y de los hermanos qué? ¡Ay de mí! ¡Cuántas veces, por no decir siempre, me toca exclamar ante Dios, juez inapelable, como lo hacía Moisés: ‘¡O perdonas a tu pueblo o bórrame del libro de la vida! ’.
- “¡Cuántas ofensas recibe Jesús de los hombres! ¡Siento como si se me congelara la sangre, al considerar tanto amor de parte de Jesús y tan mal correspondido como es por parte de los hombres!”
“Se diría que Jesús no toma en consideración para nada el odio que los hombres sienten contra Él. ¡Cuántas veces levanto mi voz al Padre Celestial, recordándole que, por la mansedumbre de Jesús y por la reverencia que siento hacia tan adorable persona, o ponga término al mundo o acabe de una vez con tanta iniquidad! ¡Él es omnipotente y puede hacerlo! ”.
- “Apenas me pongo a orar, al momento siento el corazón como encendido de una llama del más vivo amor; esta llama nada tiene que ver con los ardores y llamas de este bajo mundo; es una llama tan delicada, tan dulce y tan deliciosa, que el espíritu encuentra en ella toda complacencia; encuentra una saciedad tan plena que hace olvidar toda apetencia terrenal”.
”¡Oh Dios! ¡Todo esto es para mí cosa tan maravillosa que no acabaré de comprenderlo si no es en la Patria Celestial! ”.
Las formas de oración del padre Pío variaban extraordinariamente según los estados psicológicos o místicos por los que pasaba: en unas ocasiones lo encontramos sumido en ardores y elevaciones místicas sublimes, incomprensibles; en otras, y era lo ordinario, lo vemos envuelto en perplejidades, oscuridades, temores, tales que, como dice el mismo padre Pío, “le resecan la garganta” (“Mi fa disseccare la gola”).
Solía exclamar espantado:
- “El cielo se ha cerrado para mí. ¡Oh, qué amarguras aporta todo esto para la voluntad, para la memoria, para el entendimiento! Pero, diciendo la simple y pura verdad, el alma rodeada de estas penas, más terribles que la misma muerte, no quiere que cesen ni un momento. Es un misterio que no puedo comprender y mucho menos dar a conocer. Estoy en la plena y máxima certeza de que mi voluntad ama a este tiernísimo Esposo y que, después de la Sagrada Escritura, no tengo ninguna otra cosa tan cierta y tan segura como ésta ”.
En cierta ocasión, un dirigido suyo hizo al padre Pío esta pregunta:
- “¡Padre! ¿Agradarán más a Dios las oraciones de los santos que están en el cielo, o las de los hombres que peregrinamos en la tierra?”.
- “Yo creo, responde el padre Pío, que la oración del hombre peregrino puede agradar tanto o más a Dios como la de los bienaventurados en el cielo; porque los hombres, al impulso de sus oraciones ordinarias, pueden añadir ‘el gemido’ (‘il gemito’), el ansia, el sufrimiento que no pueden tener los santos del cielo ”.
¡Qué duda cabe de que esta respuesta la dio pensando muy de cerca en lo que le ocurría a él mismo en su duro peregrinar sobre la tierra!
346. Cómo veía el padre Pío su propia vida de oración.
Las cartas de dirección espiritual de la primera época de su vida son interesantísimas a este respecto, e indican todas ellas que el padre Pío vivía endiosado, dominado totalmente al pensar en el Padre Celestial y en Cristo Jesús, sobre todo bajo el aspecto de “El Varón de dolores”, del Sumo Sacerdote, del gran Expiador, del Mediador entre el Padre y los hombres; también se sentía fuertemente apremiado por la cercanía de sus prójimos, hijos de Dios y hermanos en Cristo.
Oigamos algunas de estas expresiones espontáneas del corazón del padre Pío:
- “Vengamos ahora a lo que a mí se refiere.
Confieso ante todo que es para mí una gran desgracia no saber expresar o no poder sacar fuera de mí todo ese volcán que me abrasa y que Jesús ha encendido en mi corazón, tan ruin y tan pequeño”.
”Todo se compendia en esto: me siento devorado por el amor a Dios y por el amor a mis prójimos. Dios está, para mí, fijo en mi mente e impreso en mi corazón. Nunca lo pierdo de vista; admiro su belleza, sus sonrisas, sus enturbamientos, sus misericordias, sus venganzas, o mejor, los rigores de su justicia”.
- ¿Y de los hermanos qué? ¡Ay de mí! ¡Cuántas veces, por no decir siempre, me toca exclamar ante Dios, juez inapelable, como lo hacía Moisés: ‘¡O perdonas a tu pueblo o bórrame del libro de la vida! ’.
- “¡Cuántas ofensas recibe Jesús de los hombres! ¡Siento como si se me congelara la sangre, al considerar tanto amor de parte de Jesús y tan mal correspondido como es por parte de los hombres!”
“Se diría que Jesús no toma en consideración para nada el odio que los hombres sienten contra Él. ¡Cuántas veces levanto mi voz al Padre Celestial, recordándole que, por la mansedumbre de Jesús y por la reverencia que siento hacia tan adorable persona, o ponga término al mundo o acabe de una vez con tanta iniquidad! ¡Él es omnipotente y puede hacerlo! ”.
- “Apenas me pongo a orar, al momento siento el corazón como encendido de una llama del más vivo amor; esta llama nada tiene que ver con los ardores y llamas de este bajo mundo; es una llama tan delicada, tan dulce y tan deliciosa, que el espíritu encuentra en ella toda complacencia; encuentra una saciedad tan plena que hace olvidar toda apetencia terrenal”.
”¡Oh Dios! ¡Todo esto es para mí cosa tan maravillosa que no acabaré de comprenderlo si no es en la Patria Celestial! ”.
Las formas de oración del padre Pío variaban extraordinariamente según los estados psicológicos o místicos por los que pasaba: en unas ocasiones lo encontramos sumido en ardores y elevaciones místicas sublimes, incomprensibles; en otras, y era lo ordinario, lo vemos envuelto en perplejidades, oscuridades, temores, tales que, como dice el mismo padre Pío, “le resecan la garganta” (“Mi fa disseccare la gola”).
Solía exclamar espantado:
- “El cielo se ha cerrado para mí. ¡Oh, qué amarguras aporta todo esto para la voluntad, para la memoria, para el entendimiento! Pero, diciendo la simple y pura verdad, el alma rodeada de estas penas, más terribles que la misma muerte, no quiere que cesen ni un momento. Es un misterio que no puedo comprender y mucho menos dar a conocer. Estoy en la plena y máxima certeza de que mi voluntad ama a este tiernísimo Esposo y que, después de la Sagrada Escritura, no tengo ninguna otra cosa tan cierta y tan segura como ésta ”.
En cierta ocasión, un dirigido suyo hizo al padre Pío esta pregunta:
- “¡Padre! ¿Agradarán más a Dios las oraciones de los santos que están en el cielo, o las de los hombres que peregrinamos en la tierra?”.
- “Yo creo, responde el padre Pío, que la oración del hombre peregrino puede agradar tanto o más a Dios como la de los bienaventurados en el cielo; porque los hombres, al impulso de sus oraciones ordinarias, pueden añadir ‘el gemido’ (‘il gemito’), el ansia, el sufrimiento que no pueden tener los santos del cielo ”.
¡Qué duda cabe de que esta respuesta la dio pensando muy de cerca en lo que le ocurría a él mismo en su duro peregrinar sobre la tierra!
*Anécdotas de la vida de Padre Pio*
352. *Los secretos del Rey*
Por Luciano Lotti
Poco después de la estigmatización tuvo lugar una situación entre el Padre Pío y uno de sus hermanos frailes, es él mismo quien lo cuenta.
El padre Nazareno, como lo llamaban, había sido el guardián de Foggia durante los meses de la estancia del padre Pío, por lo que, al enterarse de la estigmatización, fue a San Giovanni Rotondo y pidió ver los estigmas.
El Padre Pío respondió inmediatamente con el texto de Tobías: "Bonum est donum Regis abscgere", ("Es apropiado ocultar los dones del Rey").
Pero no se rindió: “Deja la Escritura”. le dijo. ¿Dónde estudiaste las Escrituras? ¿No sabéis que San Francisco, premiado con los sagrados estigmas, los mostró a los discípulos para dar gloria a Dios ?».
Piuccio - continúa la historia - se convenció, abrió el vestido y reveló el pecho desgarrado. A la izquierda una herida vertical de unos 6 cm. Las dos partes se desprendieron una de la otra, en el fondo de la herida emanaba sangre y agua, que eran absorbidas por la gasa y los lienzos .
«<Haber visto lo que vi - concluye - me afectó tanto que durante 15 días no
pude volver >>.
La modestia y la humildad del Padre Pío tuvieron que dar paso a la sencillez del hermano. El padre Nazareno - hay que decirlo también - hizo ver a Fray Pio por dos especialistas médicos diferentes que finalmente y perentoriamente declararon que no tenía tuberculosis y que, por tanto, no había peligro de contagio.
Creo que precisamente por eso, así como por el gran cariño que le tenía, el Padre Pío nunca lo olvidó.
352. *Los secretos del Rey*
Por Luciano Lotti
Poco después de la estigmatización tuvo lugar una situación entre el Padre Pío y uno de sus hermanos frailes, es él mismo quien lo cuenta.
El padre Nazareno, como lo llamaban, había sido el guardián de Foggia durante los meses de la estancia del padre Pío, por lo que, al enterarse de la estigmatización, fue a San Giovanni Rotondo y pidió ver los estigmas.
El Padre Pío respondió inmediatamente con el texto de Tobías: "Bonum est donum Regis abscgere", ("Es apropiado ocultar los dones del Rey").
Pero no se rindió: “Deja la Escritura”. le dijo. ¿Dónde estudiaste las Escrituras? ¿No sabéis que San Francisco, premiado con los sagrados estigmas, los mostró a los discípulos para dar gloria a Dios ?».
Piuccio - continúa la historia - se convenció, abrió el vestido y reveló el pecho desgarrado. A la izquierda una herida vertical de unos 6 cm. Las dos partes se desprendieron una de la otra, en el fondo de la herida emanaba sangre y agua, que eran absorbidas por la gasa y los lienzos .
«<Haber visto lo que vi - concluye - me afectó tanto que durante 15 días no
pude volver >>.
La modestia y la humildad del Padre Pío tuvieron que dar paso a la sencillez del hermano. El padre Nazareno - hay que decirlo también - hizo ver a Fray Pio por dos especialistas médicos diferentes que finalmente y perentoriamente declararon que no tenía tuberculosis y que, por tanto, no había peligro de contagio.
Creo que precisamente por eso, así como por el gran cariño que le tenía, el Padre Pío nunca lo olvidó.
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*Anécdotas de la vida de Padre Pio*
353. De lo imposible para la ciencia.
El caso de Giuseppe Canaponi de Sarteano (en la provincia de Siena), obrero de los ferrocarriles estatales, es ejemplar.
Tiene treinta y dos años cuando, el 21 de mayo de 1945, mientras está yendo en moto al trabajo, es
embestido por un camión. Llega al hospital medio muerto: con fracturas en el cráneo, en las costillas y nada menos que cinco en la pierna izquierda. Da
comienzo un larguísimo calvario entre los hospitales de Sarteano, Chiusi,
Montepulciano, Siena y, por último, Bolonia.
A pesar de todo, sale vivo, pero su pierna izquierda parece irremediablemente perdida: se le ha
quedado completamente rígida.
El profesor Leopoldo Giuntini, del hospital Santa María della Scala de Siena, efectuó una declaración años después en la que atestigua que para el
señor Canaponi, que había sido hospitalizado en 1948 «por anquilosis
fibrosa de la rodilla izquierda», toda terapia resultaba inútil.
Las distintas
tentativas se habían revelado incluso desastrosamente dañosas, dado que
cuando «se intentó la movilidad forzada de la articulación rígida con anestesia general» no se resolvió nada y, por el contrario, «se produjo
nuevamente la fractura femoral. Por ello, le fue dada el alta con la rodilla
izquierda tan rígida como en el momento de la hospitalización».
Después de años de semejante sufrimiento, Canaponi debía resignarse a
conservar para siempre esa lesión de aguda invalidez que le hacía penoso y
difícil incluso el mero acto de caminar. El dolor y la rabia se transformaban
con frecuencia en blasfemias contra Dios y contra el mundo entero. Y cuando su mujer, aconsejada por un predicador de visita en su parroquia, le
propuso ir a San Giovanni Rotondo, la respuesta fue terrible. Con todo, la
desesperación pudo más que la rabia.
Fue un viaje durísimo, con camilla en el tren. Después en autobús. El pobre hombre resbalaba con sus muletas y llegó a caerse en un charco. Por fin, al día siguiente, con sus familiares, consiguió llegar fatigosamente al
convento de San Giovanni Rotondo y allí, una vez alcanzada la pequeña iglesia, se derrumbó en un banco, hecho trizas.
Casualmente, se hallaba justo delante del confesionario donde estaba un
fraile con mitones, a quien no conocía.
Aquel fraile levantó la vista y le miró fijamente durante un par de segundos. Y entonces ocurrió algo
imprevisto e inexplicable. «Bajo aquella mirada —contaría más tarde
Canaponi— mi cuerpo empezó a temblar como si hubiera sido alcanzado por una violenta descarga eléctrica». A continuación, el fraile se levantó y se marchó.
Por la tarde, el hombre se puso en fila para la confesión, apoyándose en
sus muletas. Cuando se encontró cara a cara con el fraile de antes, que era el
padre Pío, ni siquiera fue capaz de abrir la boca. Él le ilustró a la perfección su vida.
Canaponi estuvo escuchándolo hechizado y cuando el fraile alzó la mano para la absolución, el hombre sintió por segunda vez aquella intensa sacudida.
Sin darse cuenta siquiera, se arrodilló para recibir la absolución
y se persignó.
Como si todo fuera normal, tomó las muletas y se volvió hacia la iglesia caminando normalmente.
Sólo al salir se dio cuenta su mujer:
«Giuseppe, pero ¡si estás andando!».
Fue como si despertara de una pesadilla. De repente, el hombre se dio cuenta de que estaba completamente
sano y de que incluso sus heridas —que le sangraban hasta poco antes— habían desaparecido. Estalló en un llanto incontenible. Iba gritándole a todo
el mundo su alegría, su asombro y su gratitud.
En el viaje de regreso armó un barullo memorable, reuniendo en cada estación a una multitud a su alrededor. Al llegar a Siena, fue visitado por los médicos y más tarde por toda una serie de especialistas, sin que nadie
353. De lo imposible para la ciencia.
El caso de Giuseppe Canaponi de Sarteano (en la provincia de Siena), obrero de los ferrocarriles estatales, es ejemplar.
Tiene treinta y dos años cuando, el 21 de mayo de 1945, mientras está yendo en moto al trabajo, es
embestido por un camión. Llega al hospital medio muerto: con fracturas en el cráneo, en las costillas y nada menos que cinco en la pierna izquierda. Da
comienzo un larguísimo calvario entre los hospitales de Sarteano, Chiusi,
Montepulciano, Siena y, por último, Bolonia.
A pesar de todo, sale vivo, pero su pierna izquierda parece irremediablemente perdida: se le ha
quedado completamente rígida.
El profesor Leopoldo Giuntini, del hospital Santa María della Scala de Siena, efectuó una declaración años después en la que atestigua que para el
señor Canaponi, que había sido hospitalizado en 1948 «por anquilosis
fibrosa de la rodilla izquierda», toda terapia resultaba inútil.
Las distintas
tentativas se habían revelado incluso desastrosamente dañosas, dado que
cuando «se intentó la movilidad forzada de la articulación rígida con anestesia general» no se resolvió nada y, por el contrario, «se produjo
nuevamente la fractura femoral. Por ello, le fue dada el alta con la rodilla
izquierda tan rígida como en el momento de la hospitalización».
Después de años de semejante sufrimiento, Canaponi debía resignarse a
conservar para siempre esa lesión de aguda invalidez que le hacía penoso y
difícil incluso el mero acto de caminar. El dolor y la rabia se transformaban
con frecuencia en blasfemias contra Dios y contra el mundo entero. Y cuando su mujer, aconsejada por un predicador de visita en su parroquia, le
propuso ir a San Giovanni Rotondo, la respuesta fue terrible. Con todo, la
desesperación pudo más que la rabia.
Fue un viaje durísimo, con camilla en el tren. Después en autobús. El pobre hombre resbalaba con sus muletas y llegó a caerse en un charco. Por fin, al día siguiente, con sus familiares, consiguió llegar fatigosamente al
convento de San Giovanni Rotondo y allí, una vez alcanzada la pequeña iglesia, se derrumbó en un banco, hecho trizas.
Casualmente, se hallaba justo delante del confesionario donde estaba un
fraile con mitones, a quien no conocía.
Aquel fraile levantó la vista y le miró fijamente durante un par de segundos. Y entonces ocurrió algo
imprevisto e inexplicable. «Bajo aquella mirada —contaría más tarde
Canaponi— mi cuerpo empezó a temblar como si hubiera sido alcanzado por una violenta descarga eléctrica». A continuación, el fraile se levantó y se marchó.
Por la tarde, el hombre se puso en fila para la confesión, apoyándose en
sus muletas. Cuando se encontró cara a cara con el fraile de antes, que era el
padre Pío, ni siquiera fue capaz de abrir la boca. Él le ilustró a la perfección su vida.
Canaponi estuvo escuchándolo hechizado y cuando el fraile alzó la mano para la absolución, el hombre sintió por segunda vez aquella intensa sacudida.
Sin darse cuenta siquiera, se arrodilló para recibir la absolución
y se persignó.
Como si todo fuera normal, tomó las muletas y se volvió hacia la iglesia caminando normalmente.
Sólo al salir se dio cuenta su mujer:
«Giuseppe, pero ¡si estás andando!».
Fue como si despertara de una pesadilla. De repente, el hombre se dio cuenta de que estaba completamente
sano y de que incluso sus heridas —que le sangraban hasta poco antes— habían desaparecido. Estalló en un llanto incontenible. Iba gritándole a todo
el mundo su alegría, su asombro y su gratitud.
En el viaje de regreso armó un barullo memorable, reuniendo en cada estación a una multitud a su alrededor. Al llegar a Siena, fue visitado por los médicos y más tarde por toda una serie de especialistas, sin que nadie
consiguiera entender cómo era capaz de caminar, porque las radiografías no
mostraban cambio alguno. Todos quedaron asombrados y el señor Canaponi, (que murió en 1983), al relatar su
historia en años sucesivos, repetirá triunfalmente muchas veces: «Soy un
desafío viviente a las leyes físicas».
Fuente: *El secreto de Padre Pio*
Autor Antonio Socci
mostraban cambio alguno. Todos quedaron asombrados y el señor Canaponi, (que murió en 1983), al relatar su
historia en años sucesivos, repetirá triunfalmente muchas veces: «Soy un
desafío viviente a las leyes físicas».
Fuente: *El secreto de Padre Pio*
Autor Antonio Socci
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*Anecdotas de la vida de Padre Pio*
356. *Amor desbordado*
Había quienes llegaban a San Giovanni Rotondo por otros inesperados motivos.
Las multitudes rodeaban al Padre Pio, dando signos de paganismo e idolatría que lo llenaban de amargura y turbaban su corazón. Todos querían ver, todos querían tocar. Le hacían trizas el hábito al pasar. Le apretaban las manos como con una morsa, le tiraban de los brazos, todo lo cual hacía más doloroso su caminar sobre los pies traspasados.
Lo apretujaban por todas partes. Todos querían que les fuera quitada la cruz de sus espaldas. Pero ninguno le preguntaba cómo llevarla. Pedían el milagro sin saber que solo Dios hace milagros.
El Padre ponía su rostro hosco y a propósito, como modo para defenderse, se mostraba huraño y esquivo. Esta era una manera de comportarse momentáneamente, un comportamiento necesario.m
- "Si no hago de este modo, la gente me come. ¡Mira lo que hacen!" le explicaba a un hermano de comunidad mostrándole el cíngulo cortado y el hábito tajeado.
-"¡Esto es paganismo! ¡Estamos en pleno paganismo! Yo me veo perdido y debo comportarme duramente. ¡A mí me desagrada, pero si no reacciono de ese modo, me matan!".
Las "peregrinaciones" a San Giovanni Rotondo a veces se transformaban en campamentos que ofrecían escenas desagradables. Y las autoridades eclesiásticas sintieron la necesidad de tener que intervenir.
Texto de Genaro Preziuso
356. *Amor desbordado*
Había quienes llegaban a San Giovanni Rotondo por otros inesperados motivos.
Las multitudes rodeaban al Padre Pio, dando signos de paganismo e idolatría que lo llenaban de amargura y turbaban su corazón. Todos querían ver, todos querían tocar. Le hacían trizas el hábito al pasar. Le apretaban las manos como con una morsa, le tiraban de los brazos, todo lo cual hacía más doloroso su caminar sobre los pies traspasados.
Lo apretujaban por todas partes. Todos querían que les fuera quitada la cruz de sus espaldas. Pero ninguno le preguntaba cómo llevarla. Pedían el milagro sin saber que solo Dios hace milagros.
El Padre ponía su rostro hosco y a propósito, como modo para defenderse, se mostraba huraño y esquivo. Esta era una manera de comportarse momentáneamente, un comportamiento necesario.m
- "Si no hago de este modo, la gente me come. ¡Mira lo que hacen!" le explicaba a un hermano de comunidad mostrándole el cíngulo cortado y el hábito tajeado.
-"¡Esto es paganismo! ¡Estamos en pleno paganismo! Yo me veo perdido y debo comportarme duramente. ¡A mí me desagrada, pero si no reacciono de ese modo, me matan!".
Las "peregrinaciones" a San Giovanni Rotondo a veces se transformaban en campamentos que ofrecían escenas desagradables. Y las autoridades eclesiásticas sintieron la necesidad de tener que intervenir.
Texto de Genaro Preziuso
*Anécdotas de la vida de Padre Pio*
359. *Año 1960…*
La visita de Monseñor Maccari terminó el 17 de setiembre. Al día siguiente llegó un nuevo superior al convento. Se trataba del Padre Rosario de Aliminusa, ex provincial de los capuchinos en Palermo, enviado como autoridad a San Giovanni Rotondo.
Una tarea ingrata lo esperaba. Debía poner en acto y hacer cumplir las disposiciones emitidas luego de la relación del visitador, según las cuales debería: llevar al Padre Pío a la regular observancia del convento; prohibir a sacerdotes y, más aún, a obispos que ayudaran en la misa del Padre; variar diariamente los horarios de la misa del Padre Pío; respetar la distancia entre el confesionario del Padre y los fieles; evitar que los devotos del lugar tuvieran una asidua frecuencia a su confesionario; prohibir al Padre Pio recibir solo a mujeres en la sala del convento o en otros lugares; sugerirle al Padre que cele brara la misa en 30 o al máximo en 40 minutos; impedir todo acto que pudiera tener carácter de culto hacia la persona del Padre Pío.
El Padre aceptó todo con "heroica resignación a la voluntad de Dios" sufriendo y ofreciendo por amor. Amargado, despreciado y angustiado, como manso cordero, llevado a la fuerza, agredido, sofocado, entre aturdimiento y confusión decía:
-"¡Qué puedo hacer? Pido solamente que Dios me llame pronto y me libere de esta desgracia".
Condicionado por órdenes y prohibiciones, con el máximo respeto y con profunda humildad cumplía las disposiciones que le eran impartidas.
Una tarde descubrió que habían instalado micrófonos en los lugares donde habitualmente se detenía para hablar. Estaban conectados a un grabador. Trató de cortar con un cortaplumas aquellos cables "extraños" y por poco no queda electrocutado por la descarga eléctrica. Hizo solamente un comentario: "¿Hasta este punto?".
Lo habían privado de todo, incluso de la compañía de un amigo. No le quedaban más que los brazos y el corazón de la Virgen. De aquellos brazos, de aquel corazón, tomó la fuerza para superar también esta prueba y continuar hacia las últimas estaciones de su largo Via Crucis.
Fuente: Gennaro Preziuso
359. *Año 1960…*
La visita de Monseñor Maccari terminó el 17 de setiembre. Al día siguiente llegó un nuevo superior al convento. Se trataba del Padre Rosario de Aliminusa, ex provincial de los capuchinos en Palermo, enviado como autoridad a San Giovanni Rotondo.
Una tarea ingrata lo esperaba. Debía poner en acto y hacer cumplir las disposiciones emitidas luego de la relación del visitador, según las cuales debería: llevar al Padre Pío a la regular observancia del convento; prohibir a sacerdotes y, más aún, a obispos que ayudaran en la misa del Padre; variar diariamente los horarios de la misa del Padre Pío; respetar la distancia entre el confesionario del Padre y los fieles; evitar que los devotos del lugar tuvieran una asidua frecuencia a su confesionario; prohibir al Padre Pio recibir solo a mujeres en la sala del convento o en otros lugares; sugerirle al Padre que cele brara la misa en 30 o al máximo en 40 minutos; impedir todo acto que pudiera tener carácter de culto hacia la persona del Padre Pío.
El Padre aceptó todo con "heroica resignación a la voluntad de Dios" sufriendo y ofreciendo por amor. Amargado, despreciado y angustiado, como manso cordero, llevado a la fuerza, agredido, sofocado, entre aturdimiento y confusión decía:
-"¡Qué puedo hacer? Pido solamente que Dios me llame pronto y me libere de esta desgracia".
Condicionado por órdenes y prohibiciones, con el máximo respeto y con profunda humildad cumplía las disposiciones que le eran impartidas.
Una tarde descubrió que habían instalado micrófonos en los lugares donde habitualmente se detenía para hablar. Estaban conectados a un grabador. Trató de cortar con un cortaplumas aquellos cables "extraños" y por poco no queda electrocutado por la descarga eléctrica. Hizo solamente un comentario: "¿Hasta este punto?".
Lo habían privado de todo, incluso de la compañía de un amigo. No le quedaban más que los brazos y el corazón de la Virgen. De aquellos brazos, de aquel corazón, tomó la fuerza para superar también esta prueba y continuar hacia las últimas estaciones de su largo Via Crucis.
Fuente: Gennaro Preziuso
*Anécdotas de la vida de Padre Pio*
362. *Para llegar a ser su hijo espiritual *(2)
M.G. , que ya había luchado por obtener la absolución del Padre, dice: -"Quería convertirme en hijo espiritual del Padre Pío, pero también por eso la antecámara era larga. Un día le pregunté y me respondió:" Si eres digno de Jesús, te aceptaré. "'Palabra', me dije. Y esperé. Después de un año, volví a hacer la pregunta. Y el Padre:" Veamos cómo te comportas ".
Todavía esperando, entonces. Y en la más absoluta vigilancia. Recuerdo una vez que una mujer me tentó; en ese instante me vino a la mente P. Pio, y de inmediato la rechacé. Finalmente obtuve lo que había querido durante años, en agosto de 1968, un mes antes de que el Padre muriera. Mientras estaba en el hotel, un amigo me llamó: "Si vienes de inmediato, Mario da Padova puede acompañarte a ver al Padre". Corrí inmediatamente: me encontré solo frente a Padre Pio, sentado en la terraza en la silla de mimbre. "Padre - le dije - ¿me aceptas como un hijo espiritual?". Y él: "¡Sí, pero no me hagas quedar mal!".
(Del Padre del P. Marcellino Iasenzaniro)
362. *Para llegar a ser su hijo espiritual *(2)
M.G. , que ya había luchado por obtener la absolución del Padre, dice: -"Quería convertirme en hijo espiritual del Padre Pío, pero también por eso la antecámara era larga. Un día le pregunté y me respondió:" Si eres digno de Jesús, te aceptaré. "'Palabra', me dije. Y esperé. Después de un año, volví a hacer la pregunta. Y el Padre:" Veamos cómo te comportas ".
Todavía esperando, entonces. Y en la más absoluta vigilancia. Recuerdo una vez que una mujer me tentó; en ese instante me vino a la mente P. Pio, y de inmediato la rechacé. Finalmente obtuve lo que había querido durante años, en agosto de 1968, un mes antes de que el Padre muriera. Mientras estaba en el hotel, un amigo me llamó: "Si vienes de inmediato, Mario da Padova puede acompañarte a ver al Padre". Corrí inmediatamente: me encontré solo frente a Padre Pio, sentado en la terraza en la silla de mimbre. "Padre - le dije - ¿me aceptas como un hijo espiritual?". Y él: "¡Sí, pero no me hagas quedar mal!".
(Del Padre del P. Marcellino Iasenzaniro)
*Anécdotas de la vida de Padre Pio*
363. *Para llegar a ser su HIJO ESPIRITUAL* (3)
Muchos todavía se preguntan hoy: "¿Cómo se hace un hijo espiritual de P. Pio?".
En general, nadie se atrevía a llamarse a sí mismo su hijo en espíritu, a menos que él lo hubiera autorizado primero.
Inicialmente se hacía una petición explícita al Padre. A veces, aquellos que habían estado bajo su guía espiritual durante algún tiempo enfrentaban este problema.
Lucietta Pennelli, de S. Giovanni Rotondo, desde el momento de su primera comunión, comenzó a confesarse con el Padre Pio, quien la trataba como a una florcita. Cuando se convirtió en una niña, un día cuando una persona frente a ella le pidió al santo que la admitiera entre sus hijos, ella dijo: "Padre, ¿tú también me tomas como hija espiritual?".
-"¿Y de quién has sido hija hasta ahora?", respondió el Padre Pío sonriendo.
Por tanto, si el Santo había asumido la responsabilidad de llevar un alma a Dios, ahora le pertenecía.
Cuando, por el contrario, no conocía a quien expresaba el deseo de entrar en el ámbito de su protección, pero sobre todo de su espiritualidad, ponía unas condiciones muy concretas, como podemos ver en algunos de los casos que presentamos.
Pina Patti, después de haber comenzado a confesarse con el Padre Pío con cierta regularidad en 1956, le dijo una vez: "Quiero convertirme en tu hija espiritual". Y el Padre le contestó:
-"No te acepto. Primero tienes que volverte buena".
La pobre dama, sin embargo, con el paso del tiempo, se dio cuenta de que realmente sería un desafío permanecer en el “programa” impuesto por el Padre. Y un día ella le manifestó su pensar:
-"Padre, no creo que pueda llegar sola a ser buena para convertirme en su hija espiritual".
Y ahi fue cuando Padre Pio le manifestó: -"Ahora te digo que sí".
Fuente: P. Marcellino Iasenzaniro,Capuchino
363. *Para llegar a ser su HIJO ESPIRITUAL* (3)
Muchos todavía se preguntan hoy: "¿Cómo se hace un hijo espiritual de P. Pio?".
En general, nadie se atrevía a llamarse a sí mismo su hijo en espíritu, a menos que él lo hubiera autorizado primero.
Inicialmente se hacía una petición explícita al Padre. A veces, aquellos que habían estado bajo su guía espiritual durante algún tiempo enfrentaban este problema.
Lucietta Pennelli, de S. Giovanni Rotondo, desde el momento de su primera comunión, comenzó a confesarse con el Padre Pio, quien la trataba como a una florcita. Cuando se convirtió en una niña, un día cuando una persona frente a ella le pidió al santo que la admitiera entre sus hijos, ella dijo: "Padre, ¿tú también me tomas como hija espiritual?".
-"¿Y de quién has sido hija hasta ahora?", respondió el Padre Pío sonriendo.
Por tanto, si el Santo había asumido la responsabilidad de llevar un alma a Dios, ahora le pertenecía.
Cuando, por el contrario, no conocía a quien expresaba el deseo de entrar en el ámbito de su protección, pero sobre todo de su espiritualidad, ponía unas condiciones muy concretas, como podemos ver en algunos de los casos que presentamos.
Pina Patti, después de haber comenzado a confesarse con el Padre Pío con cierta regularidad en 1956, le dijo una vez: "Quiero convertirme en tu hija espiritual". Y el Padre le contestó:
-"No te acepto. Primero tienes que volverte buena".
La pobre dama, sin embargo, con el paso del tiempo, se dio cuenta de que realmente sería un desafío permanecer en el “programa” impuesto por el Padre. Y un día ella le manifestó su pensar:
-"Padre, no creo que pueda llegar sola a ser buena para convertirme en su hija espiritual".
Y ahi fue cuando Padre Pio le manifestó: -"Ahora te digo que sí".
Fuente: P. Marcellino Iasenzaniro,Capuchino
*23 PASOS HACIA LA SANTIDAD CON PADRE PIO*
Paso 1 : *AMOR INCONDICIONAL A DIOS*
*Cita evangélica*
MC 12,24-34.
Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: «¿Cuál es el primero de los mandamientos?» Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es un único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más importante que éstos.» El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»Jesús al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
*1° Carta a los Corintios* del Apóstol San Pablo 13,4-7
El amor es paciente, es servicial; El amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece , no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido,.No se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
*Salmo 63*
Señor, tú eres mi Dios,
yo te busco ardientemente.
mi alma tiene sed de ti,
por ti suspira mi carne
como tierra sedienta, reseca y sin agua.
Sí, yo te contemplé en tu Santuario
para ver tu poder y tu gloria.
Porque tu amor vale más que la vida,
mis labios te alabarán.
Así te bendeciré mientras viva
y alzaré mis manos en tu Nombre.
Mi alma quedará saciada
como un manjar delicioso,
y mi boca te alabará
con júbilo en los labios.
Mientras me acuerdo de ti en mi lecho
y en las horas de la noche medito en ti,
veo que has sido mi ayuda
y soy feliz a la sombra de tus alas.
Mi alma está unida a ti,
tu mano me sostiene.
*Palabras de Padre Pio:*
¿Para qué, pues, vivimos nosotros? Después de habernos consagrado a él en el bautismo, somos todos de Jesucristo. Por tanto, el cristiano debería tener como suyo el dicho de este santo Apóstol: «Para mí la vida es Cristo», yo vivo para Jesucristo, vivo para su gloria, vivo para servirlo, vivo para amarlo. Y cuando Dios nos quiera quitar la vida, el sentimiento, el afecto, que tendríamos que tener debería ser precisamente el de quien, después de la fatiga, va a recibir la recompensa, el de quien, después del combate, va a recibir la corona.
¡Gustemos sí, gustemos, oh, mi querida Raffaelina, saboreemos esta excelsa disposición del alma de tan gran apóstol! Sí, es verdad que todas las almas que aman a Dios están dispuestas a todo por amor al mismo Dios, teniendo el convencimiento pleno de que todo redundará en su propio beneficio. Estemos preparados siempre para reconocer en todos los acontecimientos de la vida el orden sapientísimo de la divina providencia, adoremos y dispongamos nuestra voluntad para conformarla siempre y en todo a la de Dios, ya que de este modo glorificaremos al Padre celestial y todo nos será beneficioso para la vida eterna.
(23 de febrero de 1915, a RaffaelinaCerase – Ep. II, p. 340)
Ahora comprenderás, mi buena hija, por qué el alma que ha elegido el amor divino no se puede quedar egoístamente en el Corazón de Jesús, sino que se siente abrasada también por la caridad hacia los hermanos, que con frecuencia hace que el alma se derrita de amor.
Pero ¿cómo puede suceder todo esto? Hija, no es difícil entenderlo, ya que el alma, al no vivir ya de su propia vida y vivir de Jesús, que vive en ella, debe sentir, querer y vivir de los mismos sentimientos, deseos y vida que él vive en ella. Y tú sabes, mi queridísima hija, sabes, digo, aunque lo has aprendido tarde, de qué sentimientos y de qué deseos, hacia Dios y hacia la humanidad, estaba y está animado el Corazón de este divino Maestro.
Paso 1 : *AMOR INCONDICIONAL A DIOS*
*Cita evangélica*
MC 12,24-34.
Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: «¿Cuál es el primero de los mandamientos?» Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es un único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más importante que éstos.» El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»Jesús al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
*1° Carta a los Corintios* del Apóstol San Pablo 13,4-7
El amor es paciente, es servicial; El amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece , no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido,.No se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
*Salmo 63*
Señor, tú eres mi Dios,
yo te busco ardientemente.
mi alma tiene sed de ti,
por ti suspira mi carne
como tierra sedienta, reseca y sin agua.
Sí, yo te contemplé en tu Santuario
para ver tu poder y tu gloria.
Porque tu amor vale más que la vida,
mis labios te alabarán.
Así te bendeciré mientras viva
y alzaré mis manos en tu Nombre.
Mi alma quedará saciada
como un manjar delicioso,
y mi boca te alabará
con júbilo en los labios.
Mientras me acuerdo de ti en mi lecho
y en las horas de la noche medito en ti,
veo que has sido mi ayuda
y soy feliz a la sombra de tus alas.
Mi alma está unida a ti,
tu mano me sostiene.
*Palabras de Padre Pio:*
¿Para qué, pues, vivimos nosotros? Después de habernos consagrado a él en el bautismo, somos todos de Jesucristo. Por tanto, el cristiano debería tener como suyo el dicho de este santo Apóstol: «Para mí la vida es Cristo», yo vivo para Jesucristo, vivo para su gloria, vivo para servirlo, vivo para amarlo. Y cuando Dios nos quiera quitar la vida, el sentimiento, el afecto, que tendríamos que tener debería ser precisamente el de quien, después de la fatiga, va a recibir la recompensa, el de quien, después del combate, va a recibir la corona.
¡Gustemos sí, gustemos, oh, mi querida Raffaelina, saboreemos esta excelsa disposición del alma de tan gran apóstol! Sí, es verdad que todas las almas que aman a Dios están dispuestas a todo por amor al mismo Dios, teniendo el convencimiento pleno de que todo redundará en su propio beneficio. Estemos preparados siempre para reconocer en todos los acontecimientos de la vida el orden sapientísimo de la divina providencia, adoremos y dispongamos nuestra voluntad para conformarla siempre y en todo a la de Dios, ya que de este modo glorificaremos al Padre celestial y todo nos será beneficioso para la vida eterna.
(23 de febrero de 1915, a RaffaelinaCerase – Ep. II, p. 340)
Ahora comprenderás, mi buena hija, por qué el alma que ha elegido el amor divino no se puede quedar egoístamente en el Corazón de Jesús, sino que se siente abrasada también por la caridad hacia los hermanos, que con frecuencia hace que el alma se derrita de amor.
Pero ¿cómo puede suceder todo esto? Hija, no es difícil entenderlo, ya que el alma, al no vivir ya de su propia vida y vivir de Jesús, que vive en ella, debe sentir, querer y vivir de los mismos sentimientos, deseos y vida que él vive en ella. Y tú sabes, mi queridísima hija, sabes, digo, aunque lo has aprendido tarde, de qué sentimientos y de qué deseos, hacia Dios y hacia la humanidad, estaba y está animado el Corazón de este divino Maestro.
Que se derrita también tu alma de amor a Dios y a los hermanos que nada quieren saber de él, porque aquí está el sumo gozo de Dios. Vive tranquila y que tu sufrimiento lo vivas en paz.
(31 de mayo de 1918, a las hermanas Campanile – Ep. III, p. 961)
(31 de mayo de 1918, a las hermanas Campanile – Ep. III, p. 961)
*23 PASOS HACIA LA SANTIDAD CON PADRE PIO*
PASO 2 : *FE*
Cita evangélica
Mt 17: 20
18 Jesús increpó al demonio, y este salió del niño, que desde aquel momento quedó curado. 19 Los discípulos se acercaron entonces a Jesús y le preguntaron en privado: "¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?". 20 "Porque ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: "Trasládate de aquí a allá", y la montaña se trasladaría y nada sería imposible para ustedes"21.
*Salmo 23*
El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el recto sendero,
por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas ,
no temeré ningún mal,
porque tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos,
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.
*Palabras de Padre Pio:*
Mantente siempre fuerte en la fe y estate siempre vigilante, que de ese modo serán ahuyentadas todas las malas artes del enemigo. Ésta es precisamente la exhortación que nos da el príncipe de los apóstoles san Pedro: «Sed sobrios y estad vigilantes. Vuestro enemigo, el diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la fe»; y, para estimularnos más, añade también: «sabiendo que vuestros hermanos que están en el mundo soportan estas mismas cosas».
Sí, amada hija de Jesús, especialmente en las horas de la lucha reaviva tu fe en la verdad de la doctrina cristiana y, de manera particular, reaviva la fe en las promesas de vida eterna que nuestro dulcísimo Señor hace a quienes combaten con fuerza y coraje. Sirva para infundirte ánimo y para consolarte, saber que no estás sola en el sufrir, que todos los seguidores del Nazareno esparcidos por el mundo padecen las mismas cosas: también ellos están todavía expuestos a las tribulaciones.
(26 de noviembre de 1914, a RaffaelinaCerase – Ep. II, p. 245)
PASO 2 : *FE*
Cita evangélica
Mt 17: 20
18 Jesús increpó al demonio, y este salió del niño, que desde aquel momento quedó curado. 19 Los discípulos se acercaron entonces a Jesús y le preguntaron en privado: "¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?". 20 "Porque ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: "Trasládate de aquí a allá", y la montaña se trasladaría y nada sería imposible para ustedes"21.
*Salmo 23*
El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el recto sendero,
por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas ,
no temeré ningún mal,
porque tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos,
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.
*Palabras de Padre Pio:*
Mantente siempre fuerte en la fe y estate siempre vigilante, que de ese modo serán ahuyentadas todas las malas artes del enemigo. Ésta es precisamente la exhortación que nos da el príncipe de los apóstoles san Pedro: «Sed sobrios y estad vigilantes. Vuestro enemigo, el diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la fe»; y, para estimularnos más, añade también: «sabiendo que vuestros hermanos que están en el mundo soportan estas mismas cosas».
Sí, amada hija de Jesús, especialmente en las horas de la lucha reaviva tu fe en la verdad de la doctrina cristiana y, de manera particular, reaviva la fe en las promesas de vida eterna que nuestro dulcísimo Señor hace a quienes combaten con fuerza y coraje. Sirva para infundirte ánimo y para consolarte, saber que no estás sola en el sufrir, que todos los seguidores del Nazareno esparcidos por el mundo padecen las mismas cosas: también ellos están todavía expuestos a las tribulaciones.
(26 de noviembre de 1914, a RaffaelinaCerase – Ep. II, p. 245)