97% de las mujeres buscadoras han sufrido violencia en México. En #Oaxaca, colectivos de búsqueda denuncian inacción del Estado
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Avispa Midia
Presentan en Oaxaca informe sobre afectaciones y violencias contra mujeres buscadoras
Colectivos locales denuncian violencia institucional y atraso en la aprobación del Programa Estatal de Búsqueda
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NOTA | El inicio de la guerra
En una escalada bélica, Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque coordinado contra Irán en la madrugada del 28 de febrero, iniciando con bombardeos en Teherán que impactaron objetivos estratégicos como el Ministerio de Inteligencia, la oficina del Líder Supremo y la base militar de Parchin. La operación, denominada "El Rugido del León" por Israel, incluyó misiles Tomahawk disparados desde buques estadounidenses en el Golfo de Omán y una segunda ola de ataques aéreos con cazas F-15E y F-35 que sobrevolaron territorio iraquí y sirio. El presidente Donald Trump confirmó personalmente la ofensiva, advirtiendo a la Guardia Revolucionaria que "deponga las armas o enfrente una muerte segura", mientras el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu agradeció el "liderazgo histórico" de su aliado y declaró que la acción conjunta busca eliminar la "amenaza existencial" del régimen iraní.
Irán respondió con un contraataque masivo, lanzando decenas —según algunas fuentes cientos— de misiles balísticos contra Israel, alcanzando Haifa y Tel Aviv, mientras sus fuerzas atacaban simultáneamente instalaciones estadounidenses en la región. La Quinta Flota de EE.UU. en Bahréin fue impactada por al menos un misil iraní, y se reportaron explosiones en bases estadounidenses en Kuwait, Arabia Saudita, Jordania, Catar y Emiratos Árabes Unidos, así como en la base de Incirlik en Turquía. Los hutíes de Yemen se sumaron al conflicto lanzando misiles hacia Israel, mientras en Irak las milicias proiraníes fueron blanco de ataques aéreos. La ofensiva iraní también alcanzó Dubái y la Base Aérea Príncipe Sultán en Arabia Saudita, extendiendo el conflicto a todo el Golfo Pérsico.
El saldo de víctimas y daños comenzó a conocerse: medios israelíes afirmaron sin confirmación oficial que el comandante del ejército iraní, Amir Hatami, habría muerto, mientras fuentes iraníes reportaron ataques contra la residencia del expresidente Mahmoud Ahmadinejad en Teherán y bombardeos en ciudades como Tabriz, Bushehr y Chabahar. La central nuclear de Bushehr fue atacada, aunque no se confirmaron daños en sus instalaciones. En Israel los ciudadanos buscaban refugio, Trump ordenaba a los iraníes permanecer en sus casas porque "las bombas caerán en todas partes". En una guerra que ya se cobra vidas civiles y militares, el mundo contempla cómo Medio Oriente se sumerge en un conflicto total que amenaza con redefinir las fronteras y alianzas de toda la región.
En una escalada bélica, Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque coordinado contra Irán en la madrugada del 28 de febrero, iniciando con bombardeos en Teherán que impactaron objetivos estratégicos como el Ministerio de Inteligencia, la oficina del Líder Supremo y la base militar de Parchin. La operación, denominada "El Rugido del León" por Israel, incluyó misiles Tomahawk disparados desde buques estadounidenses en el Golfo de Omán y una segunda ola de ataques aéreos con cazas F-15E y F-35 que sobrevolaron territorio iraquí y sirio. El presidente Donald Trump confirmó personalmente la ofensiva, advirtiendo a la Guardia Revolucionaria que "deponga las armas o enfrente una muerte segura", mientras el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu agradeció el "liderazgo histórico" de su aliado y declaró que la acción conjunta busca eliminar la "amenaza existencial" del régimen iraní.
Irán respondió con un contraataque masivo, lanzando decenas —según algunas fuentes cientos— de misiles balísticos contra Israel, alcanzando Haifa y Tel Aviv, mientras sus fuerzas atacaban simultáneamente instalaciones estadounidenses en la región. La Quinta Flota de EE.UU. en Bahréin fue impactada por al menos un misil iraní, y se reportaron explosiones en bases estadounidenses en Kuwait, Arabia Saudita, Jordania, Catar y Emiratos Árabes Unidos, así como en la base de Incirlik en Turquía. Los hutíes de Yemen se sumaron al conflicto lanzando misiles hacia Israel, mientras en Irak las milicias proiraníes fueron blanco de ataques aéreos. La ofensiva iraní también alcanzó Dubái y la Base Aérea Príncipe Sultán en Arabia Saudita, extendiendo el conflicto a todo el Golfo Pérsico.
El saldo de víctimas y daños comenzó a conocerse: medios israelíes afirmaron sin confirmación oficial que el comandante del ejército iraní, Amir Hatami, habría muerto, mientras fuentes iraníes reportaron ataques contra la residencia del expresidente Mahmoud Ahmadinejad en Teherán y bombardeos en ciudades como Tabriz, Bushehr y Chabahar. La central nuclear de Bushehr fue atacada, aunque no se confirmaron daños en sus instalaciones. En Israel los ciudadanos buscaban refugio, Trump ordenaba a los iraníes permanecer en sus casas porque "las bombas caerán en todas partes". En una guerra que ya se cobra vidas civiles y militares, el mundo contempla cómo Medio Oriente se sumerge en un conflicto total que amenaza con redefinir las fronteras y alianzas de toda la región.
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NOTA | La Guerra en Medio Oriente
Minutos después del anuncio oficial del fallecimiento del ayatolá Ali Khamenei, misiles balísticos y drones suicidas impactaron contra objetivos estratégicos estadounidenses e israelíes en toda la región. El portaaviones USS Abraham Lincoln fue alcanzado por cuatro misiles en el Golfo de Omán, mientras la base naval francesa Camp de la Paix en Abu Dabi y una plataforma petrolera emiratí en el Golfo Pérsico también fueron blanco de ataques. En tierra, la sede de la CIA en Dubái y el cuartel general del ejército israelí resultaron dañados, y el estrecho de Ormuz fue cerrado al tráfico marítimo, desatando la mayor crisis petrolera en años. Irán empleó por primera vez misiles hipersónicos Fattah-2, confirmando una nueva capacidad militar que desafía los sistemas de defensa antimisiles de la coalición enemiga.
La ira chiita se desbordó más allá de las fronteras iraníes: en Bagdad, manifestantes intentaron asaltar la embajada estadounidense en la Zona Verde, siendo repelidos con fuego real por las fuerzas gubernamentales iraquíes; en Karachi, manifestantes tomaron el consulado estadounidense, dejando al menos diez muertos; y en Cachemira bajo control indio, multitudes rompieron barricadas policiales portando retratos de Khamenei. Mientras, el ayatolá Makarem Shirazi declaró la yihad contra Estados Unidos e Israel, y una bandera roja —símbolo de venganza en la tradición chiita— fue izada sobre la mezquita de Jamkaran, unificando a la comunidad internacional en torno a la causa de la resistencia.
El equilibrio de poder en Medio Oriente ya se está reconfigurando: Azerbaiyán envió condolencias oficiales a Irán, mientras Emiratos Árabes Unidos insinuó su disposición a unirse a la campaña militar contra Teherán, y Arabia Saudita aprobó un plan de ataque contra Irán si las bases estadounidenses en su territorio siguen siendo atacadas. En contraste, el nuevo liderazgo iraní —un consejo temporal encabezado por el presidente Pezeshkian, el juez Ejei y el ayatolá Arafi— prometió "quemar el corazón de Estados Unidos e Israel" y continuar el camino del líder mártir. Con 148 niños muertos en el bombardeo de una escuela en Minab y el Estrecho de Ormuz cerrado, la guerra entra en una fase de represalias sin fin, demostrando que, como advirtió el secretario del Consejo de Seguridad iraní, "Estados Unidos ya no puede simplemente golpear e irse".
Minutos después del anuncio oficial del fallecimiento del ayatolá Ali Khamenei, misiles balísticos y drones suicidas impactaron contra objetivos estratégicos estadounidenses e israelíes en toda la región. El portaaviones USS Abraham Lincoln fue alcanzado por cuatro misiles en el Golfo de Omán, mientras la base naval francesa Camp de la Paix en Abu Dabi y una plataforma petrolera emiratí en el Golfo Pérsico también fueron blanco de ataques. En tierra, la sede de la CIA en Dubái y el cuartel general del ejército israelí resultaron dañados, y el estrecho de Ormuz fue cerrado al tráfico marítimo, desatando la mayor crisis petrolera en años. Irán empleó por primera vez misiles hipersónicos Fattah-2, confirmando una nueva capacidad militar que desafía los sistemas de defensa antimisiles de la coalición enemiga.
La ira chiita se desbordó más allá de las fronteras iraníes: en Bagdad, manifestantes intentaron asaltar la embajada estadounidense en la Zona Verde, siendo repelidos con fuego real por las fuerzas gubernamentales iraquíes; en Karachi, manifestantes tomaron el consulado estadounidense, dejando al menos diez muertos; y en Cachemira bajo control indio, multitudes rompieron barricadas policiales portando retratos de Khamenei. Mientras, el ayatolá Makarem Shirazi declaró la yihad contra Estados Unidos e Israel, y una bandera roja —símbolo de venganza en la tradición chiita— fue izada sobre la mezquita de Jamkaran, unificando a la comunidad internacional en torno a la causa de la resistencia.
El equilibrio de poder en Medio Oriente ya se está reconfigurando: Azerbaiyán envió condolencias oficiales a Irán, mientras Emiratos Árabes Unidos insinuó su disposición a unirse a la campaña militar contra Teherán, y Arabia Saudita aprobó un plan de ataque contra Irán si las bases estadounidenses en su territorio siguen siendo atacadas. En contraste, el nuevo liderazgo iraní —un consejo temporal encabezado por el presidente Pezeshkian, el juez Ejei y el ayatolá Arafi— prometió "quemar el corazón de Estados Unidos e Israel" y continuar el camino del líder mártir. Con 148 niños muertos en el bombardeo de una escuela en Minab y el Estrecho de Ormuz cerrado, la guerra entra en una fase de represalias sin fin, demostrando que, como advirtió el secretario del Consejo de Seguridad iraní, "Estados Unidos ya no puede simplemente golpear e irse".
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NOTA | La resistencia persa
La guerra desatada por la Operación "Epic Fury" ha entrado en una fase de desgaste mutuo, donde la capacidad de respuesta iraní desafía las previsiones del Pentágono. Mientras el secretario de Defensa Pete Hegseth aseguraba que "el régimen ya cambió" y que "no buscamos un cambio de régimen, pero el régimen cambió", los misiles iraníes continuaban cayendo sobre objetivos estratégicos en toda la región. El portaaviones USS Abraham Lincoln fue alcanzado, la base Al-Udeid en Qatar perdió su radar AN/FPS-132 valorado en mil millones de dólares —un componente clave del sistema de alerta temprana estadounidense— y dos terminales satelitales de la Quinta Flota en Bahréin fueron destruidas. En Israel, el aeropuerto Ben Gurion resultó dañado y la oficina del primer ministro Netanyahu fue blanco de un ataque selectivo con misiles Kheybar Shekan, cuyo resultado permanece incierto.
La fragmentación del frente antiiraní se acelera mientras los países árabes del Golfo comienzan a cuestionar el costo de albergar bases estadounidenses. Emiratos Árabes Unidos gastó entre 1.450 y 2.280 millones de dólares en misiles interceptores en solo 48 horas —de cinco a diez veces el costo de los drones y misiles iraníes—, agotando arsenales construidos durante años. Arabia Saudita sufrió ataques contra su refinería de Ras Tanura, la más grande del mundo, mientras funcionarios saudíes confesaban a Al Jazeera que "la defensa estadounidense se centra en Israel, sin preocuparse por la defensa de los estados árabes". En contraste, Irán demostró su capacidad para sostener oleadas sucesivas de ataques: la décima oleada alcanzó el complejo gubernamental israelí, mientras misiles hipersónicos Fattah-2 y drones Shahed-136 impactaban infraestructura energética en Emiratos y Bahréin, paralizando la producción de la empresa QatarEnergy y de la compañía de aluminio Alba.
El tablero global comienza a reconfigurarse con alineamientos que trascienden Medio Oriente: Pakistán impuso un toque de queda de tres días tras la muerte de 24 manifestantes proiraníes, Bangladesh acogió multitudinarias protestas del partido Jamaat-e-Islami, y China observa cómo Estados Unidos desvía recursos hacia un conflicto que, según analistas del Hudson Institute, debilita su capacidad de contener a Pekín en el Estrecho de Taiwán. Mientras los precios del petróleo Brent superan los 80 dólares y el gas europeo se dispara un 25%, la paranoia en el Pentágono crece: funcionarios confiesan al Washington Post que "no creo que la gente haya asimilado completamente lo que esto ha hecho con nuestras reservas". En este escenario, Irán demuestra que, incluso decapitado su liderazgo, el "Eje de la Resistencia" —con Hezbolá y los hutíes activando frentes en Líbano y Yemen— puede sostener una guerra de desgaste que expone las vulnerabilidades de un imperio que prometía "terminar esto bajo las condiciones de America First".
La guerra desatada por la Operación "Epic Fury" ha entrado en una fase de desgaste mutuo, donde la capacidad de respuesta iraní desafía las previsiones del Pentágono. Mientras el secretario de Defensa Pete Hegseth aseguraba que "el régimen ya cambió" y que "no buscamos un cambio de régimen, pero el régimen cambió", los misiles iraníes continuaban cayendo sobre objetivos estratégicos en toda la región. El portaaviones USS Abraham Lincoln fue alcanzado, la base Al-Udeid en Qatar perdió su radar AN/FPS-132 valorado en mil millones de dólares —un componente clave del sistema de alerta temprana estadounidense— y dos terminales satelitales de la Quinta Flota en Bahréin fueron destruidas. En Israel, el aeropuerto Ben Gurion resultó dañado y la oficina del primer ministro Netanyahu fue blanco de un ataque selectivo con misiles Kheybar Shekan, cuyo resultado permanece incierto.
La fragmentación del frente antiiraní se acelera mientras los países árabes del Golfo comienzan a cuestionar el costo de albergar bases estadounidenses. Emiratos Árabes Unidos gastó entre 1.450 y 2.280 millones de dólares en misiles interceptores en solo 48 horas —de cinco a diez veces el costo de los drones y misiles iraníes—, agotando arsenales construidos durante años. Arabia Saudita sufrió ataques contra su refinería de Ras Tanura, la más grande del mundo, mientras funcionarios saudíes confesaban a Al Jazeera que "la defensa estadounidense se centra en Israel, sin preocuparse por la defensa de los estados árabes". En contraste, Irán demostró su capacidad para sostener oleadas sucesivas de ataques: la décima oleada alcanzó el complejo gubernamental israelí, mientras misiles hipersónicos Fattah-2 y drones Shahed-136 impactaban infraestructura energética en Emiratos y Bahréin, paralizando la producción de la empresa QatarEnergy y de la compañía de aluminio Alba.
El tablero global comienza a reconfigurarse con alineamientos que trascienden Medio Oriente: Pakistán impuso un toque de queda de tres días tras la muerte de 24 manifestantes proiraníes, Bangladesh acogió multitudinarias protestas del partido Jamaat-e-Islami, y China observa cómo Estados Unidos desvía recursos hacia un conflicto que, según analistas del Hudson Institute, debilita su capacidad de contener a Pekín en el Estrecho de Taiwán. Mientras los precios del petróleo Brent superan los 80 dólares y el gas europeo se dispara un 25%, la paranoia en el Pentágono crece: funcionarios confiesan al Washington Post que "no creo que la gente haya asimilado completamente lo que esto ha hecho con nuestras reservas". En este escenario, Irán demuestra que, incluso decapitado su liderazgo, el "Eje de la Resistencia" —con Hezbolá y los hutíes activando frentes en Líbano y Yemen— puede sostener una guerra de desgaste que expone las vulnerabilidades de un imperio que prometía "terminar esto bajo las condiciones de America First".
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VIDEO | Enormes multitudes pro-gubernamentales se han reunido en las calles de Teherán, Irán ahora mismo.
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NOTA | El fuego de la guerra
La guerra en Medio Oriente ha entrado en una fase de peligrosa expansión, donde las líneas entre ataque y defensa se difuminan mientras nuevos actores se suman al tablero. Francia sorprendió con un anuncio de alto impacto: Emmanuel Macron ordenó aumentar el arsenal nuclear francés y dejar de divulgar su dimensión, ofreciendo además "apoyo defensivo" a países del Golfo afectados por los ataques iraníes. La decisión, que rompe décadas de transparencia nuclear europea, llega mientras Qatar confirma haber derribado dos cazas iraníes Su-24 y Trump declara al NYT que no descarta enviar tropas terrestres a Irán. En medio de la tormenta, el presidente turco Erdogan marcó distancia: "Irán es nuestro hermano. Vivimos en paz desde 1639", ofreciendo condolencias por la muerte de Khamenei.
Los números de la guerra revelan una asimetría que preocupa a los estrategas del Pentágono. Mientras un misil iraní cuesta alrededor de 250.000 dólares, cada interceptor estadounidense disparado para derribarlo supera los 40 millones. Las matemáticas son implacables: Emiratos Árabes ha gastado entre cinco y diez veces más en defenderse que Irán en atacar, agotando en 48 horas arsenales construidos durante años. Bloomberg advierte que a Emiratos le quedan interceptores para una semana, y a Qatar para cuatro días. En Kuwait, Irán derribó tres cazas F-15 estadounidenses, mientras imágenes satelitales confirmaban daños en al menos seis bases militares de EE.UU. en la región, incluyendo la sede de la Quinta Flota en Bahréin y el puerto de Dubái.
El frente energético se ha convertido en el campo de batalla más sensible. Irán atacó la terminal de Fujairah, en Emiratos Árabes, construida estratégicamente fuera del Estrecho de Ormuz para garantizar exportaciones incluso con el estrecho cerrado. El mensaje de Teherán es claro: "No tienes escondite". Qatar suspendió toda producción y exportación de GNL, el Estrecho de Ormuz permanece cerrado y la refinería saudí de Ras Tanura, la más grande del mundo, paralizó operaciones tras los ataques. China, que intentaba mantener equilibrio, ve ahora cómo su propia petrolera estatal Sinopec, propietaria del 50% de la terminal atacada, sufre las consecuencias de un conflicto que amenaza con desbordarse.
La fragmentación interna iraní añade una capa de imprevisibilidad. El ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, admitió que "el Gobierno Civil ya no está a cargo del ejército" y que las unidades militares "actúan de forma independiente, según instrucciones previas". Mientras, Israel habría ejecutado una operación terrestre con fuerzas especiales del Mossad, y el ejército libanés se repliega ante la entrada de tropas israelíes en el sur del Líbano. Pakistán, atrapado entre su pacto defensivo con Arabia Saudita y sus lazos históricos con Irán, advierte a Teherán mientras su ministro de Defensa denuncia que el objetivo último podría ser "llevar la influencia de Israel hasta la frontera de Pakistán". En las calles iraníes, a pesar de los bombardeos, la gente permanece en las plazas, negándose a volver a casa, mientras el mundo contempla cómo la "Operación Epic Fury" reconfigura por la fuerza el mapa de Medio Oriente.
La guerra en Medio Oriente ha entrado en una fase de peligrosa expansión, donde las líneas entre ataque y defensa se difuminan mientras nuevos actores se suman al tablero. Francia sorprendió con un anuncio de alto impacto: Emmanuel Macron ordenó aumentar el arsenal nuclear francés y dejar de divulgar su dimensión, ofreciendo además "apoyo defensivo" a países del Golfo afectados por los ataques iraníes. La decisión, que rompe décadas de transparencia nuclear europea, llega mientras Qatar confirma haber derribado dos cazas iraníes Su-24 y Trump declara al NYT que no descarta enviar tropas terrestres a Irán. En medio de la tormenta, el presidente turco Erdogan marcó distancia: "Irán es nuestro hermano. Vivimos en paz desde 1639", ofreciendo condolencias por la muerte de Khamenei.
Los números de la guerra revelan una asimetría que preocupa a los estrategas del Pentágono. Mientras un misil iraní cuesta alrededor de 250.000 dólares, cada interceptor estadounidense disparado para derribarlo supera los 40 millones. Las matemáticas son implacables: Emiratos Árabes ha gastado entre cinco y diez veces más en defenderse que Irán en atacar, agotando en 48 horas arsenales construidos durante años. Bloomberg advierte que a Emiratos le quedan interceptores para una semana, y a Qatar para cuatro días. En Kuwait, Irán derribó tres cazas F-15 estadounidenses, mientras imágenes satelitales confirmaban daños en al menos seis bases militares de EE.UU. en la región, incluyendo la sede de la Quinta Flota en Bahréin y el puerto de Dubái.
El frente energético se ha convertido en el campo de batalla más sensible. Irán atacó la terminal de Fujairah, en Emiratos Árabes, construida estratégicamente fuera del Estrecho de Ormuz para garantizar exportaciones incluso con el estrecho cerrado. El mensaje de Teherán es claro: "No tienes escondite". Qatar suspendió toda producción y exportación de GNL, el Estrecho de Ormuz permanece cerrado y la refinería saudí de Ras Tanura, la más grande del mundo, paralizó operaciones tras los ataques. China, que intentaba mantener equilibrio, ve ahora cómo su propia petrolera estatal Sinopec, propietaria del 50% de la terminal atacada, sufre las consecuencias de un conflicto que amenaza con desbordarse.
La fragmentación interna iraní añade una capa de imprevisibilidad. El ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, admitió que "el Gobierno Civil ya no está a cargo del ejército" y que las unidades militares "actúan de forma independiente, según instrucciones previas". Mientras, Israel habría ejecutado una operación terrestre con fuerzas especiales del Mossad, y el ejército libanés se repliega ante la entrada de tropas israelíes en el sur del Líbano. Pakistán, atrapado entre su pacto defensivo con Arabia Saudita y sus lazos históricos con Irán, advierte a Teherán mientras su ministro de Defensa denuncia que el objetivo último podría ser "llevar la influencia de Israel hasta la frontera de Pakistán". En las calles iraníes, a pesar de los bombardeos, la gente permanece en las plazas, negándose a volver a casa, mientras el mundo contempla cómo la "Operación Epic Fury" reconfigura por la fuerza el mapa de Medio Oriente.
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NOTA | El peso del desgaste
La fase de desgaste en la guerra de Medio Oriente expone las vulnerabilidades de la coalición liderada por Estados Unidos, mientras Irán demuestra su capacidad para sostener una campaña prolongada con una asimetría de costos aplastante. En los primeros cuatro días de la "Operación Promesa Verdadera-4", Irán lanzó 695 misiles balísticos y 1.700 drones Shahed, con un costo estimado de entre 740 y 1.500 millones de dólares. Para interceptarlos, los países del Golfo e Israel gastaron entre 800 y 1.000 misiles antiaéreos, muchos de ellos PAC-3 y THAAD, valorados en más de 40 millones por interceptor. La relación coste-efectividad es brutal: por cada dólar que Irán gasta en drones, sus enemigos gastan entre 20 y 80 dólares en defensa. Emiratos Árabes, Qatar, Bahréin y Arabia Saudita han agotado en días arsenales construidos durante años, y el Pentágono admite que sus reservas de interceptores podrían estar a "días" de verse obligadas a racionarse.
También emergen detalles que reconfiguran la narrativa del conflicto. Imágenes satelitales confirman que Irán ha destruido o dañado gravemente activos estadounidenses valorados en más de 2.000 millones de dólares: radares AN/TPY-2 de los sistemas THAAD en Emiratos, Jordania y Arabia Saudita; un radar AN/FPS-132 en Qatar; y estaciones de comunicaciones por satélite en Bahréin y Kuwait. La base de la CIA en Riad fue alcanzada directamente por un dron, derrumbando parte de su techo. En el plano diplomático, la contradicción estadounidense es evidente: mientras Marco Rubio promete intensificar los ataques "en las próximas horas y días", funcionarios israelíes confiesan su temor a que Trump negocie un alto el fuego a espaldas de Netanyahu. China llama al cese inmediato de hostilidades, Rusia amenaza con cortar el gas a Europa, y España se destaca como la voz crítica dentro de Occidente.
El tablero global comienza a moverse con nuevas alianzas y peligrosas líneas rojas. Turquía derribó un misil iraní sobre su espacio aéreo con apoyo de la OTAN, mientras Polonia anuncia planes para adquirir armamento nuclear. En Irak, los apagones totales paralizan el país y las milicias chiíes intensifican sus ataques. Yemen ha advertido a los países del Golfo que si se unen a la guerra contra Irán, atacará toda su infraestructura energética. La flota submarina iraní, sin embargo, ha sido neutralizada en su base de Bandar Abbas, limitando su capacidad de respuesta naval. The Economist advierte que "Estados Unidos está agotando sus misiles de defensa aérea tan rápidamente que podría tener que priorizar qué amenazas interceptar".
La fatwa que durante dos décadas prohibió a Irán desarrollar armas nucleares murió con el ayatolá Jamenei, y aunque la OIEA insiste en que no hay evidencia de un programa activo, la disuasión nuclear iraní podría estar más cerca que nunca. Mientras tanto, las bolsas globales se desploman: el KOSPI perdió 450.000 millones, el NIKKEI 650.000 millones y Wall Street un billón de dólares. El historiador Emmanuel Todd sentencia: "La derrota de Occidente es inevitable. Trump no puede detener su implosión; la está acelerando". En Teherán, mientras las bombas caen sobre Yazd, Tabriz y Kermanshah, el nuevo liderazgo promete resistencia eterna, y el mundo contempla cómo la "Operación Epic Fury" se convierte en el campo de pruebas de una nueva era: la de la guerra asimétrica, el desgaste económico y el crepúsculo de la hegemonía unipolar.
La fase de desgaste en la guerra de Medio Oriente expone las vulnerabilidades de la coalición liderada por Estados Unidos, mientras Irán demuestra su capacidad para sostener una campaña prolongada con una asimetría de costos aplastante. En los primeros cuatro días de la "Operación Promesa Verdadera-4", Irán lanzó 695 misiles balísticos y 1.700 drones Shahed, con un costo estimado de entre 740 y 1.500 millones de dólares. Para interceptarlos, los países del Golfo e Israel gastaron entre 800 y 1.000 misiles antiaéreos, muchos de ellos PAC-3 y THAAD, valorados en más de 40 millones por interceptor. La relación coste-efectividad es brutal: por cada dólar que Irán gasta en drones, sus enemigos gastan entre 20 y 80 dólares en defensa. Emiratos Árabes, Qatar, Bahréin y Arabia Saudita han agotado en días arsenales construidos durante años, y el Pentágono admite que sus reservas de interceptores podrían estar a "días" de verse obligadas a racionarse.
También emergen detalles que reconfiguran la narrativa del conflicto. Imágenes satelitales confirman que Irán ha destruido o dañado gravemente activos estadounidenses valorados en más de 2.000 millones de dólares: radares AN/TPY-2 de los sistemas THAAD en Emiratos, Jordania y Arabia Saudita; un radar AN/FPS-132 en Qatar; y estaciones de comunicaciones por satélite en Bahréin y Kuwait. La base de la CIA en Riad fue alcanzada directamente por un dron, derrumbando parte de su techo. En el plano diplomático, la contradicción estadounidense es evidente: mientras Marco Rubio promete intensificar los ataques "en las próximas horas y días", funcionarios israelíes confiesan su temor a que Trump negocie un alto el fuego a espaldas de Netanyahu. China llama al cese inmediato de hostilidades, Rusia amenaza con cortar el gas a Europa, y España se destaca como la voz crítica dentro de Occidente.
El tablero global comienza a moverse con nuevas alianzas y peligrosas líneas rojas. Turquía derribó un misil iraní sobre su espacio aéreo con apoyo de la OTAN, mientras Polonia anuncia planes para adquirir armamento nuclear. En Irak, los apagones totales paralizan el país y las milicias chiíes intensifican sus ataques. Yemen ha advertido a los países del Golfo que si se unen a la guerra contra Irán, atacará toda su infraestructura energética. La flota submarina iraní, sin embargo, ha sido neutralizada en su base de Bandar Abbas, limitando su capacidad de respuesta naval. The Economist advierte que "Estados Unidos está agotando sus misiles de defensa aérea tan rápidamente que podría tener que priorizar qué amenazas interceptar".
La fatwa que durante dos décadas prohibió a Irán desarrollar armas nucleares murió con el ayatolá Jamenei, y aunque la OIEA insiste en que no hay evidencia de un programa activo, la disuasión nuclear iraní podría estar más cerca que nunca. Mientras tanto, las bolsas globales se desploman: el KOSPI perdió 450.000 millones, el NIKKEI 650.000 millones y Wall Street un billón de dólares. El historiador Emmanuel Todd sentencia: "La derrota de Occidente es inevitable. Trump no puede detener su implosión; la está acelerando". En Teherán, mientras las bombas caen sobre Yazd, Tabriz y Kermanshah, el nuevo liderazgo promete resistencia eterna, y el mundo contempla cómo la "Operación Epic Fury" se convierte en el campo de pruebas de una nueva era: la de la guerra asimétrica, el desgaste económico y el crepúsculo de la hegemonía unipolar.
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NOTA | Jaque persa
La quinta jornada de la "Operación Epic Fury" ha demostrado que Irán ha logrado convertir el conflicto en una guerra de desgaste que domina. Mientras los bombarderos B-52 martillan objetivos en Teherán y el Pentágono presume de haber destruido más de 1.700 blancos, la realidad en el terreno revela una historia diferente: los misiles iraníes continúan cayendo sobre bases estadounidenses en Bahréin, Qatar y Emiratos Árabes, un petrolero estadounidense arde en llamas en el Golfo Pérsico, y Hezbolá inflige bajas al ejército israelí en la frontera libanesa. El gobierno iraní ha activado un plan de emergencia para gestionar el país ante una guerra prolongada, asegurando bienes esenciales y manteniendo la producción, mientras el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, declara sin ambages: "Estamos totalmente preparados para afrontar cualquier invasión terrestre".
La asimetría del conflicto se hace cada vez más evidente. Mientras los países del Golfo agotan sus misiles interceptores a un ritmo insostenible —funcionarios regionales confiesan a CBS que están "peligrosamente bajos" y que Washington no puede reponerlos con la rapidez necesaria—, Irán continúa lanzando ataques con una relación coste-efectividad que favorece su estrategia. Los drones Shahed, valorados en decenas de miles de dólares, siguen forzando el disparo de interceptores que cuestan millones. En el plano diplomático, el Senado estadounidense rechazó limitar los poderes militares de Trump, pero las grietas en la coalición son visibles: el Reino Unido niega acceso pleno a sus bases, Francia condiciona su apoyo, y las navieras más grandes del mundo —la alemana Hapag-Lloyd y la china COSCO— han suspendido todas sus rutas hacia el Golfo Pérsico.
El frente kurdo, que Washington pretendía utilizar como ariete terrestre contra Irán, se ha desmoronado antes de empezar. El Partido Democrático del Kurdistán desmintió categóricamente los informes sobre una incursión en territorio iraní, mientras fuentes de seguridad en Teherán calificaron esas afirmaciones como "guerra psicológica" tras los "fracasos en el terreno" de Estados Unidos e Israel. En contraste, las tribus baluchis de Irán, históricamente enfrentadas al gobierno central, han prometido defender las fronteras del país contra cualquier separatista. Mientras tanto, la guerra se extiende a nuevos frentes: Azerbaiyán denuncia un ataque con drones iraníes que Teherán atribuye a una operación de bandera falsa israelí, y Estonia amenaza abiertamente a China y Corea del Norte, prometiendo que "esperan su turno para ser eliminados".
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, estima que la guerra podría durar hasta ocho semanas, pero los acontecimientos apuntan a un escenario más prolongado. Mientras un avión de mando nuclear E-6 Mercury cruza el Atlántico para asegurar la cadena de mando atómica, Irán demuestra que ha aprendido la lección de décadas de sanciones y guerras asimétricas. La República Islámica no solo resiste; ha logrado que sus adversarios gasten miles de millones en defensa mientras ella mantiene un ritmo de ataque sostenido. En palabras de un alto funcionario militar iraní: "En unos días más, las bases estadounidenses en la región quedarán indefensas". La guerra, lejos de terminar, acaba de empezar su fase más peligrosa.
La quinta jornada de la "Operación Epic Fury" ha demostrado que Irán ha logrado convertir el conflicto en una guerra de desgaste que domina. Mientras los bombarderos B-52 martillan objetivos en Teherán y el Pentágono presume de haber destruido más de 1.700 blancos, la realidad en el terreno revela una historia diferente: los misiles iraníes continúan cayendo sobre bases estadounidenses en Bahréin, Qatar y Emiratos Árabes, un petrolero estadounidense arde en llamas en el Golfo Pérsico, y Hezbolá inflige bajas al ejército israelí en la frontera libanesa. El gobierno iraní ha activado un plan de emergencia para gestionar el país ante una guerra prolongada, asegurando bienes esenciales y manteniendo la producción, mientras el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, declara sin ambages: "Estamos totalmente preparados para afrontar cualquier invasión terrestre".
La asimetría del conflicto se hace cada vez más evidente. Mientras los países del Golfo agotan sus misiles interceptores a un ritmo insostenible —funcionarios regionales confiesan a CBS que están "peligrosamente bajos" y que Washington no puede reponerlos con la rapidez necesaria—, Irán continúa lanzando ataques con una relación coste-efectividad que favorece su estrategia. Los drones Shahed, valorados en decenas de miles de dólares, siguen forzando el disparo de interceptores que cuestan millones. En el plano diplomático, el Senado estadounidense rechazó limitar los poderes militares de Trump, pero las grietas en la coalición son visibles: el Reino Unido niega acceso pleno a sus bases, Francia condiciona su apoyo, y las navieras más grandes del mundo —la alemana Hapag-Lloyd y la china COSCO— han suspendido todas sus rutas hacia el Golfo Pérsico.
El frente kurdo, que Washington pretendía utilizar como ariete terrestre contra Irán, se ha desmoronado antes de empezar. El Partido Democrático del Kurdistán desmintió categóricamente los informes sobre una incursión en territorio iraní, mientras fuentes de seguridad en Teherán calificaron esas afirmaciones como "guerra psicológica" tras los "fracasos en el terreno" de Estados Unidos e Israel. En contraste, las tribus baluchis de Irán, históricamente enfrentadas al gobierno central, han prometido defender las fronteras del país contra cualquier separatista. Mientras tanto, la guerra se extiende a nuevos frentes: Azerbaiyán denuncia un ataque con drones iraníes que Teherán atribuye a una operación de bandera falsa israelí, y Estonia amenaza abiertamente a China y Corea del Norte, prometiendo que "esperan su turno para ser eliminados".
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, estima que la guerra podría durar hasta ocho semanas, pero los acontecimientos apuntan a un escenario más prolongado. Mientras un avión de mando nuclear E-6 Mercury cruza el Atlántico para asegurar la cadena de mando atómica, Irán demuestra que ha aprendido la lección de décadas de sanciones y guerras asimétricas. La República Islámica no solo resiste; ha logrado que sus adversarios gasten miles de millones en defensa mientras ella mantiene un ritmo de ataque sostenido. En palabras de un alto funcionario militar iraní: "En unos días más, las bases estadounidenses en la región quedarán indefensas". La guerra, lejos de terminar, acaba de empezar su fase más peligrosa.
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Forwarded from Juan Ortiz | Lupa Legislativa
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🗳️📌 DIPUTADA VOTA… MIENTRAS LA PEINAN EN SALÓN DE BELLEZA
¿Tú tienes estos privilegios en tu trabajo?
Una escena del Congreso de la Ciudad de México se volvió viral.
La diputada Diana Sánchez Barrios apareció en una sesión virtual mientras la peinaban y maquillaban en una estética.
La legisladora se conectó a la Comisión de Asuntos Laborales para emitir su voto.
También el diputado Víctor Varela votó desde un vehículo en movimiento.
Durante la sesión se aprobaron actas y una iniciativa relacionada con revisiones laborales.
Esto no recuerda una escena.
Cuando un diputado Cuauhtémoc Blanco participó en una sesión virtual mientras jugaba pádel.
Y es que las sesiones a distancia no establecen reglas claras sobre desde dónde deben conectarse los legisladores.
Ni en qué condiciones.
Pero vayan que ponen peros cuando se proponen dos días de descanso o regular el home office.
¿Tú tienes estos privilegios en tu trabajo?
Una escena del Congreso de la Ciudad de México se volvió viral.
La diputada Diana Sánchez Barrios apareció en una sesión virtual mientras la peinaban y maquillaban en una estética.
La legisladora se conectó a la Comisión de Asuntos Laborales para emitir su voto.
También el diputado Víctor Varela votó desde un vehículo en movimiento.
Durante la sesión se aprobaron actas y una iniciativa relacionada con revisiones laborales.
Esto no recuerda una escena.
Cuando un diputado Cuauhtémoc Blanco participó en una sesión virtual mientras jugaba pádel.
Y es que las sesiones a distancia no establecen reglas claras sobre desde dónde deben conectarse los legisladores.
Ni en qué condiciones.
Pero vayan que ponen peros cuando se proponen dos días de descanso o regular el home office.
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ANÁLISIS | La derrota Israelí-Estadounidense
Estamos sentados viendo cómo se desmorona un castillo de naipes que tardó cincuenta años en construirse. La operación para decapitar el liderazgo iraní se ha transformado en un terremoto que sacude los cimientos del sistema financiero global. Y ojo, porque aquí no estamos hablando solo de misiles y drones, sino de algo mucho más profundo: la supervivencia del petrodólar, ese pacto no escrito que durante décadas le permitió a Estados Unidos imprimir dinero sin que su economía colapsara, a cambio de que los países del Golfo vendieran su petróleo exclusivamente en dólares y compraran deuda estadounidense con esas ganancias. Pero hoy, con las refinerías saudíes ardiendo bajo fuego iraní y los sistemas de defensa estadounidenses mostrando sus grietas, los jeques del Golfo se preguntan: ¿para qué acumular dólares si Washington ya no puede garantizar que nuestras plantas sigan en pie?
El detonante de esta crisis no fue solo el asesinato del ayatolá Jamenei, sino la decisión de Washington de convertir el dólar en un arma. Cuando Estados Unidos congeló las reservas rusas y sacó a Moscú del SWIFT, China tomó nota inmediata: si sus reservas podían ser congeladas, el dólar ya no era un activo sino una soga al cuello. Por eso Pekín ha construido silenciosamente su propio sistema financiero, el CIPS, y por eso el 91% del petróleo iraní fluye hoy hacia China sin tocar un solo dólar. Lo que estamos viendo en el Golfo Pérsico no es una guerra por territorio, es una guerra por el control de la arquitectura energética global. Irán lo sabe y por eso golpea donde más duele: no solo las bases militares, sino las infraestructuras críticas, los centros de datos de Amazon y Microsoft, las desaladoras de agua. Porque en una región desértica, destruir una planta potabilizadora es tan letal como bombardear un cuartel.
Y aquí viene la parte que pocos están viendo: las monarquías del Golfo están atrapadas en una trampa existencial. Dependen de Estados Unidos para su seguridad, pero Washington ha priorizado la defensa de Israel sobre la de sus aliados árabes. Dependen de una fuerza laboral extranjera que ya está huyendo —en Emiratos, el 88% de la población son expatriados, y en Qatar, el 77%— y dependen de alimentos que deben cruzar un estrecho de Ormuz convertido en zona de guerra. Si Irán decide golpear las desaladoras de Arabia Saudita o los puertos de Dubái, no habrá sistema de defensa que evite una crisis humanitaria en cuestión de horas. Los fondos soberanos del Golfo manejan más de cuatro billones de dólares, pero de qué sirve esa riqueza si no puedes beber agua o si tus ingenieros indios y pakistaníes han abordado el primer avión de regreso a casa.
Lo más inquietante de todo es que esta guerra se libra en dos frentes simultáneos: el militar y el informativo. Mientras los medios occidentales repiten el mantra de que Irán está derrotado, los precios del petróleo suben imparablemente y los mercados asiáticos se desploman. Mientras Marco Rubio presume de que Estados Unidos controla el petróleo mundial, las navieras más grandes del mundo —la alemana Hapag-Lloyd y la china COSCO— suspenden sus rutas hacia el Golfo. Mientras Trump amenaza con más bombardeos, el Partido Republicano se fractura y su índice de aprobación cae al 38%. Porque al final del día, el verdadero campo de batalla no está en Teherán ni en Tel Aviv, está en la confianza. Y cuando esa confianza se rompe —cuando los jeques dudan del escudo estadounidense, cuando los inversores huyen del Golfo, cuando los bancos centrales prefieren el oro a los bonos del Tesoro— el imperio financiero de Washington comienza a desmoronarse. No de golpe, no mañana, pero sí de manera irreversible. Y nosotros, queridos amigos, estamos viendo el primer acto de esa nueva obra.
Estamos sentados viendo cómo se desmorona un castillo de naipes que tardó cincuenta años en construirse. La operación para decapitar el liderazgo iraní se ha transformado en un terremoto que sacude los cimientos del sistema financiero global. Y ojo, porque aquí no estamos hablando solo de misiles y drones, sino de algo mucho más profundo: la supervivencia del petrodólar, ese pacto no escrito que durante décadas le permitió a Estados Unidos imprimir dinero sin que su economía colapsara, a cambio de que los países del Golfo vendieran su petróleo exclusivamente en dólares y compraran deuda estadounidense con esas ganancias. Pero hoy, con las refinerías saudíes ardiendo bajo fuego iraní y los sistemas de defensa estadounidenses mostrando sus grietas, los jeques del Golfo se preguntan: ¿para qué acumular dólares si Washington ya no puede garantizar que nuestras plantas sigan en pie?
El detonante de esta crisis no fue solo el asesinato del ayatolá Jamenei, sino la decisión de Washington de convertir el dólar en un arma. Cuando Estados Unidos congeló las reservas rusas y sacó a Moscú del SWIFT, China tomó nota inmediata: si sus reservas podían ser congeladas, el dólar ya no era un activo sino una soga al cuello. Por eso Pekín ha construido silenciosamente su propio sistema financiero, el CIPS, y por eso el 91% del petróleo iraní fluye hoy hacia China sin tocar un solo dólar. Lo que estamos viendo en el Golfo Pérsico no es una guerra por territorio, es una guerra por el control de la arquitectura energética global. Irán lo sabe y por eso golpea donde más duele: no solo las bases militares, sino las infraestructuras críticas, los centros de datos de Amazon y Microsoft, las desaladoras de agua. Porque en una región desértica, destruir una planta potabilizadora es tan letal como bombardear un cuartel.
Y aquí viene la parte que pocos están viendo: las monarquías del Golfo están atrapadas en una trampa existencial. Dependen de Estados Unidos para su seguridad, pero Washington ha priorizado la defensa de Israel sobre la de sus aliados árabes. Dependen de una fuerza laboral extranjera que ya está huyendo —en Emiratos, el 88% de la población son expatriados, y en Qatar, el 77%— y dependen de alimentos que deben cruzar un estrecho de Ormuz convertido en zona de guerra. Si Irán decide golpear las desaladoras de Arabia Saudita o los puertos de Dubái, no habrá sistema de defensa que evite una crisis humanitaria en cuestión de horas. Los fondos soberanos del Golfo manejan más de cuatro billones de dólares, pero de qué sirve esa riqueza si no puedes beber agua o si tus ingenieros indios y pakistaníes han abordado el primer avión de regreso a casa.
Lo más inquietante de todo es que esta guerra se libra en dos frentes simultáneos: el militar y el informativo. Mientras los medios occidentales repiten el mantra de que Irán está derrotado, los precios del petróleo suben imparablemente y los mercados asiáticos se desploman. Mientras Marco Rubio presume de que Estados Unidos controla el petróleo mundial, las navieras más grandes del mundo —la alemana Hapag-Lloyd y la china COSCO— suspenden sus rutas hacia el Golfo. Mientras Trump amenaza con más bombardeos, el Partido Republicano se fractura y su índice de aprobación cae al 38%. Porque al final del día, el verdadero campo de batalla no está en Teherán ni en Tel Aviv, está en la confianza. Y cuando esa confianza se rompe —cuando los jeques dudan del escudo estadounidense, cuando los inversores huyen del Golfo, cuando los bancos centrales prefieren el oro a los bonos del Tesoro— el imperio financiero de Washington comienza a desmoronarse. No de golpe, no mañana, pero sí de manera irreversible. Y nosotros, queridos amigos, estamos viendo el primer acto de esa nueva obra.
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Personal del MDC asegura que la vida de Nicolás Maduro en prisión se alterna entre gritos y crisis de ansiedad.
Según un informe reciente, el personal del Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn (MDC Brooklyn) afirma que el ex presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, atraviesa crisis de ansiedad recurrentes.
Los detalles describen las noches de Maduro como "altisonantes", donde sus gritos resuenan en el ala de máxima seguridad donde está recluido: "¡Yo soy el presidente!", "¡Esto es un secuestro del imperio!" o "¡Exijo hablar con el secretario general de la ONU!", son sus más recurrentes palabras, dicen.
Para preservar su integridad física, a riesgo de agresiones del resto de la población penal, Maduro permanece desde el pasado 3 de enero en régimen de aislamiento. Solo se le permite salir a un patio interior tres veces por semana, durante una hora, y siempre bajo vigilancia extrema de los alguaciles.
La celda de Maduro es un espacio de apenas 3x2 metros, con una cama metálica atornillada al suelo, un inodoro de acero inoxidable y una pequeña ventana reforzada por la que apenas traspasa la luz gris invernal de Nueva York.
Se ha reportado que Maduro experimenta episodios de ansiedad extrema, descritos por algunos medios como gritos y colapsos mentales dentro de su celda.
Fuentes cercanas y videos difundidos sugieren que el exmandatario atraviesa una depresión profunda al asimilar que podría permanecer en prisión por un tiempo prolongado.
En medio de estos reportes, sus abogados han intentado alegar incapacidad mental como recurso para intentar retrasar el juicio por narcoterrorismo que enfrenta en Estados Unidos.
Según un informe reciente, el personal del Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn (MDC Brooklyn) afirma que el ex presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, atraviesa crisis de ansiedad recurrentes.
Los detalles describen las noches de Maduro como "altisonantes", donde sus gritos resuenan en el ala de máxima seguridad donde está recluido: "¡Yo soy el presidente!", "¡Esto es un secuestro del imperio!" o "¡Exijo hablar con el secretario general de la ONU!", son sus más recurrentes palabras, dicen.
Para preservar su integridad física, a riesgo de agresiones del resto de la población penal, Maduro permanece desde el pasado 3 de enero en régimen de aislamiento. Solo se le permite salir a un patio interior tres veces por semana, durante una hora, y siempre bajo vigilancia extrema de los alguaciles.
La celda de Maduro es un espacio de apenas 3x2 metros, con una cama metálica atornillada al suelo, un inodoro de acero inoxidable y una pequeña ventana reforzada por la que apenas traspasa la luz gris invernal de Nueva York.
Se ha reportado que Maduro experimenta episodios de ansiedad extrema, descritos por algunos medios como gritos y colapsos mentales dentro de su celda.
Fuentes cercanas y videos difundidos sugieren que el exmandatario atraviesa una depresión profunda al asimilar que podría permanecer en prisión por un tiempo prolongado.
En medio de estos reportes, sus abogados han intentado alegar incapacidad mental como recurso para intentar retrasar el juicio por narcoterrorismo que enfrenta en Estados Unidos.
ANÁLISIS | Los Arrastrados 1/2
Imaginemos por un momento que estamos en Miami, en un resort con campo de golf propiedad de Donald Trump, rodeados de doce presidentes latinoamericanos que han viajado para escuchar, aplaudir y recibir órdenes. La escena tiene algo de obsceno en su sinceridad: mientras Estados Unidos e Israel bombardean Irán, mientras los misiles cruzan el Golfo Pérsico y las refinerías saudíes arden, Trump reúne a sus "súbditos" del hemisferio occidental para anunciar una nueva coalición militar llamada "Escudo de las Américas". El nombre lo dice todo: escudo para unos, cadena para otros. Porque lo que se presentó como una alianza contra los cárteles es, en realidad, una actualización continental del Plan Cóndor, la coartada perfecta para legitimar intervenciones estadounidenses bajo el disfraz de la guerra contra la droga. Y si alguien tenía dudas, ahí estuvo la frase de Pete Hegseth, el secretario de Guerra, pregonando la "Doctrina Donroe" —sí, leyeron bien, la fusión de Trump con Monroe— que proclama el control total del hemisferio desde Groenlandia hasta Tierra del Fuego.
La lista de asistentes a esta cumbre de los arrodillados merece un análisis aparte. Ahí estaban Javier Milei, salvado electoralmente por Trump y recordado públicamente de su deuda; Daniel Noboa, que violó la Constitución ecuatoriana para devolverle a Estados Unidos bases militares; Nayib Bukele, gobernando bajo estado de excepción desde hace cuatro años y ofreciendo sus cárceles como centros de detención para migrantes; y José Antonio Kast, recién asumido presidente de Chile, a quien corrieron de la foto oficial con Trump para mandarlo a la cola, gesto que algunos medios interpretaron como resignación y otros como simple protocolo, pero que en realidad refleja el lugar que ocupan estos mandatarios en la jerarquía imperial: son útiles, pero prescindibles. Y mientras ellos posaban, los grandes ausentes —México, Brasil, Colombia— representaban el 65% del PIB regional. La coalición militar contra el narcotráfico se armó excluyendo a los países donde el problema está arraigado y donde, según Washington, está la economía. No hay correlación, dice el meme, pero la realidad es tozuda.
Imaginemos por un momento que estamos en Miami, en un resort con campo de golf propiedad de Donald Trump, rodeados de doce presidentes latinoamericanos que han viajado para escuchar, aplaudir y recibir órdenes. La escena tiene algo de obsceno en su sinceridad: mientras Estados Unidos e Israel bombardean Irán, mientras los misiles cruzan el Golfo Pérsico y las refinerías saudíes arden, Trump reúne a sus "súbditos" del hemisferio occidental para anunciar una nueva coalición militar llamada "Escudo de las Américas". El nombre lo dice todo: escudo para unos, cadena para otros. Porque lo que se presentó como una alianza contra los cárteles es, en realidad, una actualización continental del Plan Cóndor, la coartada perfecta para legitimar intervenciones estadounidenses bajo el disfraz de la guerra contra la droga. Y si alguien tenía dudas, ahí estuvo la frase de Pete Hegseth, el secretario de Guerra, pregonando la "Doctrina Donroe" —sí, leyeron bien, la fusión de Trump con Monroe— que proclama el control total del hemisferio desde Groenlandia hasta Tierra del Fuego.
La lista de asistentes a esta cumbre de los arrodillados merece un análisis aparte. Ahí estaban Javier Milei, salvado electoralmente por Trump y recordado públicamente de su deuda; Daniel Noboa, que violó la Constitución ecuatoriana para devolverle a Estados Unidos bases militares; Nayib Bukele, gobernando bajo estado de excepción desde hace cuatro años y ofreciendo sus cárceles como centros de detención para migrantes; y José Antonio Kast, recién asumido presidente de Chile, a quien corrieron de la foto oficial con Trump para mandarlo a la cola, gesto que algunos medios interpretaron como resignación y otros como simple protocolo, pero que en realidad refleja el lugar que ocupan estos mandatarios en la jerarquía imperial: son útiles, pero prescindibles. Y mientras ellos posaban, los grandes ausentes —México, Brasil, Colombia— representaban el 65% del PIB regional. La coalición militar contra el narcotráfico se armó excluyendo a los países donde el problema está arraigado y donde, según Washington, está la economía. No hay correlación, dice el meme, pero la realidad es tozuda.
RAM NEWS
ANÁLISIS | Los Arrastrados 1/2 Imaginemos por un momento que estamos en Miami, en un resort con campo de golf propiedad de Donald Trump, rodeados de doce presidentes latinoamericanos que han viajado para escuchar, aplaudir y recibir órdenes. La escena tiene…
ANÁLISIS | Los Arrastrados 2/2
Lo más inquietante de esta cumbre no fue lo que se dijo, sino lo que se normalizó. Trump se burló de Claudia Sheinbaum imitando su voz frente a doce mandatarios, y la prensa mexicana —o buena parte de ella— procesó la humillación como un dato más de la jornada, cuando no la celebró abiertamente. Medios como TV Azteca titularon que México fue el "gran ausente" porque su gobierno "protege cárteles", mientras que el Diario de las Américas, financiado por el exilio anticastrista de Miami, celebró la burla como un acto de justicia. El encuadre binario quedó instalado: si apareces en la foto con Trump, ganaste; si no, perdiste. Nadie preguntó qué firmó Milei, qué compromisos militares asumió Argentina o qué precio pagará Ecuador por convertirse en plataforma de lanzamiento de la política exterior estadounidense. La soberanía se presentó como una terquedad pasada de moda; la subordinación, como inteligencia diplomática.
Y luego está el caso de Kristi Noem, la secretaria de Seguridad Nacional despedida por gastar 226 millones de dólares en anuncios publicitarios que la promocionaban a ella misma, y rápidamente recolocada como "enviada especial" para este Escudo de las Américas. La lógica es perfecta: Noem, la cowgirl que mató a su perro y persiguió migrantes con entusiasmo, ahora extiende su frontera personal a todo el continente. Porque eso es lo que busca Trump: que la frontera ya no esté entre San Diego y Tijuana, sino en cada país que se atreva a tener una política exterior autónoma. Como bien señala la analista Naya Sanso, los países que no están en la foto de los arrodillados —Cuba, Venezuela, pero también Brasil, Colombia y México— están en el disparadero. Van a sufrir presiones económicas, injerencia electoral, campañas de desinformación y, si se descuidan, intervenciones militares con la coartada de los cárteles. La pregunta que queda flotando es si América Latina será capaz de construir algo parecido a lo que fue el No al ALCA en 2005, o si esta vez el imperio ha logrado lo que siempre quiso: un continente de rodillas, aplaudiendo su propia sumisión mientras los misiles caen en otra parte.
Lo más inquietante de esta cumbre no fue lo que se dijo, sino lo que se normalizó. Trump se burló de Claudia Sheinbaum imitando su voz frente a doce mandatarios, y la prensa mexicana —o buena parte de ella— procesó la humillación como un dato más de la jornada, cuando no la celebró abiertamente. Medios como TV Azteca titularon que México fue el "gran ausente" porque su gobierno "protege cárteles", mientras que el Diario de las Américas, financiado por el exilio anticastrista de Miami, celebró la burla como un acto de justicia. El encuadre binario quedó instalado: si apareces en la foto con Trump, ganaste; si no, perdiste. Nadie preguntó qué firmó Milei, qué compromisos militares asumió Argentina o qué precio pagará Ecuador por convertirse en plataforma de lanzamiento de la política exterior estadounidense. La soberanía se presentó como una terquedad pasada de moda; la subordinación, como inteligencia diplomática.
Y luego está el caso de Kristi Noem, la secretaria de Seguridad Nacional despedida por gastar 226 millones de dólares en anuncios publicitarios que la promocionaban a ella misma, y rápidamente recolocada como "enviada especial" para este Escudo de las Américas. La lógica es perfecta: Noem, la cowgirl que mató a su perro y persiguió migrantes con entusiasmo, ahora extiende su frontera personal a todo el continente. Porque eso es lo que busca Trump: que la frontera ya no esté entre San Diego y Tijuana, sino en cada país que se atreva a tener una política exterior autónoma. Como bien señala la analista Naya Sanso, los países que no están en la foto de los arrodillados —Cuba, Venezuela, pero también Brasil, Colombia y México— están en el disparadero. Van a sufrir presiones económicas, injerencia electoral, campañas de desinformación y, si se descuidan, intervenciones militares con la coartada de los cárteles. La pregunta que queda flotando es si América Latina será capaz de construir algo parecido a lo que fue el No al ALCA en 2005, o si esta vez el imperio ha logrado lo que siempre quiso: un continente de rodillas, aplaudiendo su propia sumisión mientras los misiles caen en otra parte.
La Jornada - Murió Jürgen Habermas, filósofo y sociólogo alemán https://share.google/jdwz9eKV7seQwfJy4
La Jornada
Murió Jürgen Habermas, filósofo y sociólogo alemán
Fue una voz de autoridad en temas relacionados a los coflictos religiosos e investigaciones sobre el cerebro. En su último año publicó su obra principal,
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NOTA | El fuego continúa
Las fuerzas estadounidenses e israelíes continúan su ofensiva contra Irán con ataques aéreos que sacuden Teherán y otras ciudades, mientras la resistencia iraní responde golpeando activos estratégicos en toda la región. En las últimas horas, misiles iraníes con ojivas de fragmentación —que liberan decenas de submuniciones en un área de hasta 10 kilómetros cuadrados— han desafiado los sistemas de defensa israelíes, complicando la interceptación incluso cuando el misil es derribado. En el Líbano, las FDI ampliaron su presencia terrestre con las divisiones 36 y 91, mientras Hezbolá mantiene presión sobre el norte de Israel, donde las autoridades han solicitado evacuar a 45.000 colonos ante el riesgo de escalada. Mientras tanto, Israel confirmó la eliminación de Ali Larijani, considerado el "líder de facto" de Irán, y del jefe del Basij, Gholamreza Soleimani, en ataques selectivos.
En el frente diplomático, las fracturas se profundizan: un general francés calificó de "boleto promocional para el Titanic" la propuesta de intervenir en el Estrecho de Ormuz, y Macron rechazó participar en cualquier operación, mientras la OTAN admite conversaciones separadas con Washington, revelando falta de consenso. En Irak, la embajada de EE.UU. en la Zona Verde fue atacada con drones, y la cifra de muertos por los bombardeos israelíes en Líbano asciende a 912, con más de 2.200 heridos. Mientras Irán mantiene sus exportaciones petroleras en 1,6 millones de barriles diarios a precios superiores a 100 dólares, el nuevo líder supremo, Mojtaba Jomeini, adopta una postura de venganza "muy dura y seria", exigiendo poner a Israel y EE.UU. "de rodillas" antes de cualquier diálogo.
Las fuerzas estadounidenses e israelíes continúan su ofensiva contra Irán con ataques aéreos que sacuden Teherán y otras ciudades, mientras la resistencia iraní responde golpeando activos estratégicos en toda la región. En las últimas horas, misiles iraníes con ojivas de fragmentación —que liberan decenas de submuniciones en un área de hasta 10 kilómetros cuadrados— han desafiado los sistemas de defensa israelíes, complicando la interceptación incluso cuando el misil es derribado. En el Líbano, las FDI ampliaron su presencia terrestre con las divisiones 36 y 91, mientras Hezbolá mantiene presión sobre el norte de Israel, donde las autoridades han solicitado evacuar a 45.000 colonos ante el riesgo de escalada. Mientras tanto, Israel confirmó la eliminación de Ali Larijani, considerado el "líder de facto" de Irán, y del jefe del Basij, Gholamreza Soleimani, en ataques selectivos.
En el frente diplomático, las fracturas se profundizan: un general francés calificó de "boleto promocional para el Titanic" la propuesta de intervenir en el Estrecho de Ormuz, y Macron rechazó participar en cualquier operación, mientras la OTAN admite conversaciones separadas con Washington, revelando falta de consenso. En Irak, la embajada de EE.UU. en la Zona Verde fue atacada con drones, y la cifra de muertos por los bombardeos israelíes en Líbano asciende a 912, con más de 2.200 heridos. Mientras Irán mantiene sus exportaciones petroleras en 1,6 millones de barriles diarios a precios superiores a 100 dólares, el nuevo líder supremo, Mojtaba Jomeini, adopta una postura de venganza "muy dura y seria", exigiendo poner a Israel y EE.UU. "de rodillas" antes de cualquier diálogo.
NOTA | Necedad y escalada
En las últimas horas, la ofensiva estadounidense e israelí sobre Irán se ha intensificado con ataques aéreos que alcanzaron el condado de Damavand, al este de Teherán, el puerto de Khorramshahr en el suroeste, y Karaj, mientras explosiones masivas sacudían la capital y un corte de energía afectaba al sur de la ciudad. En respuesta, el portavoz de la sede central del Sello de los Profetas advirtió que si el enemigo atenta contra las infraestructuras energéticas iraníes, se atacarán todas las instalaciones de energía, tecnologías de la información y desalinización de agua pertenecientes a Estados Unidos y sus aliados en la región. Mientras la colonización israelí continúa. En Cisjordania la violencia también escaló cuando colonos israelíes quemaron casas y vehículos en la ciudad de Jalud, mientras Hezbolá advertía desde el sur de Líbano que se prepara para una guerra total junto a Irán, priorizando la confrontación directa.
Pero la escalada aumenta. El jefe de Estado Mayor de las FDI, Eyal Zamir, reveló que Irán lanzó un misil balístico intercontinental de dos etapas con alcance de 4.000 kilómetros contra un objetivo estadounidense en la isla de Diego García, advirtiendo que estas armas pueden alcanzar capitales europeas como Berlín, París y Roma. Mientras tanto, Trump lanzó un ultimátum: Irán tiene 48 horas para abrir el estrecho de Ormuz sin condiciones, de lo contrario EE.UU. atacará y destruirá sus centrales eléctricas "empezando por la más grande". En paralelo, Reino Unido desplegó el submarino nuclear HMS Anson en el mar Arábigo, una plataforma de última generación armada con misiles Tomahawk, mientras Netanyahu declaraba que Israel está "decidido a seguir atacando" tras un ataque iraní que dejó al menos 20 muertos en la ciudad de Arad, al sur del país.
En las últimas horas, la ofensiva estadounidense e israelí sobre Irán se ha intensificado con ataques aéreos que alcanzaron el condado de Damavand, al este de Teherán, el puerto de Khorramshahr en el suroeste, y Karaj, mientras explosiones masivas sacudían la capital y un corte de energía afectaba al sur de la ciudad. En respuesta, el portavoz de la sede central del Sello de los Profetas advirtió que si el enemigo atenta contra las infraestructuras energéticas iraníes, se atacarán todas las instalaciones de energía, tecnologías de la información y desalinización de agua pertenecientes a Estados Unidos y sus aliados en la región. Mientras la colonización israelí continúa. En Cisjordania la violencia también escaló cuando colonos israelíes quemaron casas y vehículos en la ciudad de Jalud, mientras Hezbolá advertía desde el sur de Líbano que se prepara para una guerra total junto a Irán, priorizando la confrontación directa.
Pero la escalada aumenta. El jefe de Estado Mayor de las FDI, Eyal Zamir, reveló que Irán lanzó un misil balístico intercontinental de dos etapas con alcance de 4.000 kilómetros contra un objetivo estadounidense en la isla de Diego García, advirtiendo que estas armas pueden alcanzar capitales europeas como Berlín, París y Roma. Mientras tanto, Trump lanzó un ultimátum: Irán tiene 48 horas para abrir el estrecho de Ormuz sin condiciones, de lo contrario EE.UU. atacará y destruirá sus centrales eléctricas "empezando por la más grande". En paralelo, Reino Unido desplegó el submarino nuclear HMS Anson en el mar Arábigo, una plataforma de última generación armada con misiles Tomahawk, mientras Netanyahu declaraba que Israel está "decidido a seguir atacando" tras un ataque iraní que dejó al menos 20 muertos en la ciudad de Arad, al sur del país.