Forwarded from Imperio de la delincuente Increputa. 🕌🇮🇱
Sida
🤣5
Forwarded from Salseo Ataúlfo Gutiérrez ®️
Cuando se escriba el relato de nuestra era habrá que hacer constar que diariamente se registraba una desaforada actividad criminal fruto de la presencia en nuestro país de inmanejables turbas de parásitos voraces cuya única contribución observable era esparcir la suciedad y el crimen dondequiera que aterrizaban además de contribuir a que los empresaurios dispusieran de abundante mano de obra barata y sumisa que explotar.
La sociedad española, apática, envejecida, distraida, atomizada e indiferente a la suerte del marchar colectivo era incapaz de reaccionar para evitar el acelerado colapso de un país que en poco más de un lustro había sufrido un radical cambio de faz.
Parecíamos zombis aunque las redes sociales estuvieran llenas de actividad, aunque a decir verdad, ésta iba más bien dirigida a la yoicidad, el recreo narcicista, la simplista vanidad propia de los que viven en su burbuja sin querer saber nada de lo que acontece a su alrededor. Fue así como el exhibicionismo digital reemplazó al pensamiento, la queja digital al compromiso material, el relato a la verdad, y la simulación a la realidad.
Las nuevas tecnologías no nos habían liberado, solo nos hicieron más distantes entre nosotros, más manejables, más fáciles de manipular y controlar por algoritmos. Las redes ofrecieron también un inmenso surtido de nuestra información, patrones y hábitos destinado a engordar las arcas del BigData, el cual de ese modo conocía más de nosotros mismos de lo que ningún otro poder en la Historia de la Humanidad hubiera podido soñar.
Los agravios venían de todas partes y se habían hecho ya tan sistémicos que a nadie parecía sorprenderle: padecíamos un poder político ineficiente y corrompido hasta el tuétano, un fisco devorador, una administración incompetente, unas calles que ya no eran seguras, una sociedad polarizada y enfrentada incapaz de cooperar y dar la cara por el país.
Los medios de comunicación (la mayor parte de ellos habían sido regados con dinero público) contribuían con su encubrimiento de la cruda realidad que el país sufría a que se mantuviese la ficción de que todo discurría por cauces normales. La degradación era profunda y afectaba también a la Sanidad y la Educación, muy afectadas tras años de recortes y un desbordamiento fruto de la acogida de la inmigración masiva. La vivienda era inaccesible. El comercio local
desaparecia a ojos vista. Los salarios a duras penas llegaban para costear un fuerte alza en los precios que había minado totalmente el escaso poder adquisitivo de un país que percibíamos ya no era el nuestro aunque siguiese manteniendo el mismo nombre y ubicación.
Definitivamente algo profundo se había quebrado. Todos lo percibíamos pero sabíamos que poco podíamos hacer. El poder nos había dividido, infantilizado, enfrentado; la tendencia de nuestra época era el refugio en el nihilismo existencial, el individualismo más cobarde, el ocio más cortoplacista y espiritualmente huero.
Aquel 2025 fue sin duda un año doloroso para los jóvenes idealistas quienes como yo sentíamos a España con doloroso quejido. Lo de Valencia el año anterior no fue la tumba de ningún gobierno, solo un capítulo más en una interminable lista de abusos cometidos por los gobiernos del Régimen. Se fueron sucediendo escándalos a cada cual más esperpéntico y degradante (hubo incluso orgias en Paradores con putas y cocaina) pero todo permanecía en la quietud de un país que más que tal parecía una plantación de esclavos, la cual no es de extrañar que se fuera vaciando de jóvenes que huían al extranjero a buscar lo que aquí no hallaban: un futuro, un proyecto de vida, una voluntad de prosperar y hasta de vivir.
Y no era para menos: pese a los datos macroeconómicos a nadie se le escapaba que vivíamos en plena tragedia nacional, posmoderna, llena de tecnologías, vocablos en inglés, colorines y proclamas pseudo-progresistas pero profundamente distópica desde cualquier enfoque humanístico.
De fondo: una guerra en Europa, un continente en proceso de islamización, un genocidio en Gaza, una monstruosa y globalista UE.
La sociedad española, apática, envejecida, distraida, atomizada e indiferente a la suerte del marchar colectivo era incapaz de reaccionar para evitar el acelerado colapso de un país que en poco más de un lustro había sufrido un radical cambio de faz.
Parecíamos zombis aunque las redes sociales estuvieran llenas de actividad, aunque a decir verdad, ésta iba más bien dirigida a la yoicidad, el recreo narcicista, la simplista vanidad propia de los que viven en su burbuja sin querer saber nada de lo que acontece a su alrededor. Fue así como el exhibicionismo digital reemplazó al pensamiento, la queja digital al compromiso material, el relato a la verdad, y la simulación a la realidad.
Las nuevas tecnologías no nos habían liberado, solo nos hicieron más distantes entre nosotros, más manejables, más fáciles de manipular y controlar por algoritmos. Las redes ofrecieron también un inmenso surtido de nuestra información, patrones y hábitos destinado a engordar las arcas del BigData, el cual de ese modo conocía más de nosotros mismos de lo que ningún otro poder en la Historia de la Humanidad hubiera podido soñar.
Los agravios venían de todas partes y se habían hecho ya tan sistémicos que a nadie parecía sorprenderle: padecíamos un poder político ineficiente y corrompido hasta el tuétano, un fisco devorador, una administración incompetente, unas calles que ya no eran seguras, una sociedad polarizada y enfrentada incapaz de cooperar y dar la cara por el país.
Los medios de comunicación (la mayor parte de ellos habían sido regados con dinero público) contribuían con su encubrimiento de la cruda realidad que el país sufría a que se mantuviese la ficción de que todo discurría por cauces normales. La degradación era profunda y afectaba también a la Sanidad y la Educación, muy afectadas tras años de recortes y un desbordamiento fruto de la acogida de la inmigración masiva. La vivienda era inaccesible. El comercio local
desaparecia a ojos vista. Los salarios a duras penas llegaban para costear un fuerte alza en los precios que había minado totalmente el escaso poder adquisitivo de un país que percibíamos ya no era el nuestro aunque siguiese manteniendo el mismo nombre y ubicación.
Definitivamente algo profundo se había quebrado. Todos lo percibíamos pero sabíamos que poco podíamos hacer. El poder nos había dividido, infantilizado, enfrentado; la tendencia de nuestra época era el refugio en el nihilismo existencial, el individualismo más cobarde, el ocio más cortoplacista y espiritualmente huero.
Aquel 2025 fue sin duda un año doloroso para los jóvenes idealistas quienes como yo sentíamos a España con doloroso quejido. Lo de Valencia el año anterior no fue la tumba de ningún gobierno, solo un capítulo más en una interminable lista de abusos cometidos por los gobiernos del Régimen. Se fueron sucediendo escándalos a cada cual más esperpéntico y degradante (hubo incluso orgias en Paradores con putas y cocaina) pero todo permanecía en la quietud de un país que más que tal parecía una plantación de esclavos, la cual no es de extrañar que se fuera vaciando de jóvenes que huían al extranjero a buscar lo que aquí no hallaban: un futuro, un proyecto de vida, una voluntad de prosperar y hasta de vivir.
Y no era para menos: pese a los datos macroeconómicos a nadie se le escapaba que vivíamos en plena tragedia nacional, posmoderna, llena de tecnologías, vocablos en inglés, colorines y proclamas pseudo-progresistas pero profundamente distópica desde cualquier enfoque humanístico.
De fondo: una guerra en Europa, un continente en proceso de islamización, un genocidio en Gaza, una monstruosa y globalista UE.
Salseo Ataúlfo Gutiérrez ®️
Cuando se escriba el relato de nuestra era habrá que hacer constar que diariamente se registraba una desaforada actividad criminal fruto de la presencia en nuestro país de inmanejables turbas de parásitos voraces cuya única contribución observable era esparcir…
Sin mencionar a las putas baratas y sus pagafantas de mierda