— Primeras Personas en Demostrar | Así sucedió en el caso de Gretchen, quien pasó años tomando antidepresivos, asistiendo a sesiones de psicoterapia personal y de grupo y probando diversos enfoques cognitivos para mitigar los efectos del estrés.
A pesar de todo ello, sus síntomas de depresión y de ansiedad seguían igual. Gretchen me dijo que ya no tenía ganas de vivir.
Llevaba padeciendo desde siempre, que ella recordase, unas emociones que eran tan intensas que apenas era capaz de soportar sus embates cuando le invadían el cuerpo.
Gretchen había ingresado varias veces en un hospital psiquiátrico, donde le diagnosticaron un trastorno bipolar con ansiedad aguda.
La medicación le aportaba algún alivio, pero sin llegar a mitigar los potentes impulsos suicidas que vivían dentro de ella.
De adolescente se autolesionaba quemándose con la punta de un cigarrillo. Gretchen tenía ya treinta y nueve años, y estaba harta. Me dijo que su depresión y su ansiedad le habían impedido casarse y tener hijos.
Me explicó, con voz sorprendentemente tranquila, que pensaba suicidarse antes de su próximo cumpleaños.
Escuchando a Gretchen, tuve una fuerte impresión de que en su historia familiar debía de existir un trauma importante.
He observado que en estos casos es esencial prestar gran atención a las palabras que se pronuncian, para encontrar en ellas pistas que apunten al hecho traumático que está detrás de los síntomas del paciente.
A pesar de todo ello, sus síntomas de depresión y de ansiedad seguían igual. Gretchen me dijo que ya no tenía ganas de vivir.
Llevaba padeciendo desde siempre, que ella recordase, unas emociones que eran tan intensas que apenas era capaz de soportar sus embates cuando le invadían el cuerpo.
Gretchen había ingresado varias veces en un hospital psiquiátrico, donde le diagnosticaron un trastorno bipolar con ansiedad aguda.
La medicación le aportaba algún alivio, pero sin llegar a mitigar los potentes impulsos suicidas que vivían dentro de ella.
De adolescente se autolesionaba quemándose con la punta de un cigarrillo. Gretchen tenía ya treinta y nueve años, y estaba harta. Me dijo que su depresión y su ansiedad le habían impedido casarse y tener hijos.
Me explicó, con voz sorprendentemente tranquila, que pensaba suicidarse antes de su próximo cumpleaños.
Escuchando a Gretchen, tuve una fuerte impresión de que en su historia familiar debía de existir un trauma importante.
He observado que en estos casos es esencial prestar gran atención a las palabras que se pronuncian, para encontrar en ellas pistas que apunten al hecho traumático que está detrás de los síntomas del paciente.
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— Cuando Pregunté | Aunque esto puede resultar incomprensible a primera vista, lo que pensaba era, literalmente, arrojarse a una cuba de acero fundido, en los altos hornos donde trabajaba su hermano.
—Mi cuerpo se incinerará en cuestión de segundos, aun antes de haber llegado al fondo —me dijo, mirándome fijamente a los ojos.
La falta de emoción con que me dijo estas palabras me impresionó. Parecía que sus sentimientos subyacentes habían quedado enterrados muy hondos.
Al mismo tiempo, me llamaron la atención las palabras evaporarse e incinerarse.
Como he trabajado con muchos hijos y nietos de familias que sufrieron las consecuencias del Holocausto, he aprendido a dejarme guiar por sus palabras.
Le pregunté si tenía familiares judíos o que hubieran participado en el Holocausto. Gretchen me dijo que no en un primer momento; pero después se desdijo y recordó la historia de su abuela.
Esta había nacido en Polonia en el seno de una familia judía, pero se había convertido al catolicismo cuando emigró a los Estados Unidos y se casó con el abuelo de Gretchen, en 1946. Dos años antes, toda la familia de la abuela había perecido en los hornos de Auschwitz. Literalmente, los habían gaseado (inundado de vapores venenosos) y los habían incinerado.
Ningún familiar próximo de Gretchen hablaba nunca con su abuela de la guerra ni de la suerte que habían corrido sus hermanos y sus padres. En vez de ello, como suele suceder en casos de traumas tan extremos, el tema se evitaba por completo.
—Mi cuerpo se incinerará en cuestión de segundos, aun antes de haber llegado al fondo —me dijo, mirándome fijamente a los ojos.
La falta de emoción con que me dijo estas palabras me impresionó. Parecía que sus sentimientos subyacentes habían quedado enterrados muy hondos.
Al mismo tiempo, me llamaron la atención las palabras evaporarse e incinerarse.
Como he trabajado con muchos hijos y nietos de familias que sufrieron las consecuencias del Holocausto, he aprendido a dejarme guiar por sus palabras.
Le pregunté si tenía familiares judíos o que hubieran participado en el Holocausto. Gretchen me dijo que no en un primer momento; pero después se desdijo y recordó la historia de su abuela.
Esta había nacido en Polonia en el seno de una familia judía, pero se había convertido al catolicismo cuando emigró a los Estados Unidos y se casó con el abuelo de Gretchen, en 1946. Dos años antes, toda la familia de la abuela había perecido en los hornos de Auschwitz. Literalmente, los habían gaseado (inundado de vapores venenosos) y los habían incinerado.
Ningún familiar próximo de Gretchen hablaba nunca con su abuela de la guerra ni de la suerte que habían corrido sus hermanos y sus padres. En vez de ello, como suele suceder en casos de traumas tan extremos, el tema se evitaba por completo.
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— Expliqué esta Relación a Gretchen, que me escuchó con gran atención. Abría mucho los ojos y le asomaba el color a las mejillas. Me daba cuenta de que lo que le decía le llegaba hondo. Gretchen tenía por fin una explicación de sus sufrimientos que le parecía comprensible.
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— Para Ayudarla a que Entendiera | Le pedí que se imaginará lo que podría haber sentido su abuela después de haber perdido a todos sus seres queridos.
Para ir un poco más allá, le pregunté si sería capaz de ponerse literalmente sobre las plantillas en la piel de su abuela y de sentir los sentimientos de su abuela en su propio cuerpo.
Gretchen dijo que tenía sensaciones abrumadoras de pérdida y de duelo, de soledad y de aislamiento.
También tenía el sentimiento profundo de culpabilidad que se da en muchos supervivientes, la culpabilidad de haber salido con vida después de que tantos seres queridos perdieran la vida.
Para ir un poco más allá, le pregunté si sería capaz de ponerse literalmente sobre las plantillas en la piel de su abuela y de sentir los sentimientos de su abuela en su propio cuerpo.
Gretchen dijo que tenía sensaciones abrumadoras de pérdida y de duelo, de soledad y de aislamiento.
También tenía el sentimiento profundo de culpabilidad que se da en muchos supervivientes, la culpabilidad de haber salido con vida después de que tantos seres queridos perdieran la vida.
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— Clase Sencilla de Chikung/Qigong en 15 minutos ☯️ Ideal para Principiantes | Movimiento y Salud
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— Cuando Gretchen fue Capaz | Comprendió también que había asumido algunos elementos del deseo de muerte de su abuela. Cuando Gretchen fue asimilando estos descubrimientos y empezó a ver su historia familiar bajo una luz nueva, su cuerpo empezó a ablandarse, como si pudiera relajar por fin una enorme tensión interna que albergaba desde hacía mucho tiempo.
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— Entender una Cosa | Exploraremos con mayor detalle los modos de integrar plenamente la curación para poder soltar por fin las heridas de las generaciones pasadas.
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— Cuando el Dolor Queda Sumergido | En el caso de Jesse, el frío y los temblores incontrolados no aparecieron hasta que este alcanzó la misma edad que tenía su tío Colin cuando murió congelado. En el de Gretchen, la desesperación angustiada y los impulsos suicidas de su abuela la habían acompañado desde siempre, que ella recordara. Esos sentimientos habían pasado a formar una parte tan importante de su vida que nadie se había parado a pensar que dichos sentimientos no procedían de ella misma.
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— Nuestra Sociedad | Lo más habitual es que estas personas consulten a un médico, a un psicólogo o a un psiquiatra y reciban medicación, terapia o una combinación de ambas cosas. Pero, si bien estas vías pueden darles algún alivio, generalmente no les proporcionan una solución completa.
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— Los Traumas Familiares | Una vez que tenemos a la vista los orígenes de estos traumas, podemos cerrar por fin las pautas familiares que tanto han perdurado. Es importante advertir que no todos los efectos de los traumas son negativos. En el capítulo siguiente estudiaremos los cambios epigenéticos, es decir, las modificaciones químicas que se producen en nuestras células a consecuencia de un hecho traumático.
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— Un Legado de Transformación | Yehuda pregunta: «¿Con quién preferirías estar en un campo de batalla? ¿Con alguien que ya ha pasado por adversidades y sabe defenderse? ¿O con alguien que no ha tenido que luchar nunca?».
• Dice también que, cuando hemos entendido para qué sirven los cambios biológicos producidos por el estrés, «podemos desarrollar un modo mejor de explicarnos a nosotros mismos nuestras verdaderas capacidades y potencialidades».
• Vistos de este modo, los traumas que heredamos, o nuestras propias experiencias personales, no solo pueden crear un legado de aflicción, sino que también son capaces de forjarnos un legado de fuerza y de resistencia que se hará sentir durante las generaciones que sigan a la nuestra.
• Dice también que, cuando hemos entendido para qué sirven los cambios biológicos producidos por el estrés, «podemos desarrollar un modo mejor de explicarnos a nosotros mismos nuestras verdaderas capacidades y potencialidades».
• Vistos de este modo, los traumas que heredamos, o nuestras propias experiencias personales, no solo pueden crear un legado de aflicción, sino que también son capaces de forjarnos un legado de fuerza y de resistencia que se hará sentir durante las generaciones que sigan a la nuestra.
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— A lo largo de un año, su salud apenas mejoró. Pero ella siguió meditando. De hecho, ponía en práctica todas las meditaciones que yo había diseñado para mis alumnos.
• Sabía que había tardado varios años en crear su actual estado de salud, de modo que le costaría bastante experimentar algo distinto.
• Así que continuó con sus prácticas e hizo lo posible por ser tan consciente de sus pensamientos, conductas y emociones que nada que no quisiera experimentar se colara en su consciencia.
• Al cabo de un año, Anna se percató de que, muy lentamente, empezaba a encontrarse mejor tanto física como emocionalmente.
• Estaba superando el hábito de identificarse con su antiguo ser e inventando un nuevo yo para sustituir al antiguo.
• En mis talleres había aprendido que debía devolver la armonía a su sistema nervioso autónomo, porque el SNA controla todas las funciones automáticas que suceden al margen de la consciencia cerebral: la digestión, la absorción, los niveles de azúcar en sangre, la temperatura corporal, las secreciones hormonales, el ritmo cardíaco.
• El único modo que tenía de colarse en el sistema operativo e influir en el SNA era cambiar su estado de consciencia con regularidad.
• Así que empezaba cada meditación con la bendición de los centros de energía.
• Esas zonas del cuerpo en concreto están controladas por el SNA. Como mencionaba en la introducción, cada centro posee su propia energía o frecuencia (que emite información específica o posee su propia consciencia), sus glándulas, hormonas, reacciones químicas, su propio minicerebro y, en consecuencia, su propia mente.
• Cada centro está sujeto a la influencia del cerebro subconsciente que trabaja bajo el consciente y pensante.
• Anna aprendió a modificar sus ondas cerebrales para poder entrar en el sistema operativo del SNA (ubicado en el cerebro medio) y reprogramar cada uno de los centros con el fin de que funcionasen de manera más armoniosa.
• A diario, con pasión y determinación, enfocaba la atención en cada zona de su cuerpo así como en el espacio que rodea cada centro, y los bendecía con el fin de mejorar su estado físico y su bienestar general.
• Sin prisa pero sin pausa, reprogramó su sistema nervioso autónomo para devolverle el equilibrio y recuperar la salud.
• Anna aprendió también una técnica de respiración que suelo enseñar en los talleres. Sirve para liberar la energía emocional que se acumula en el cuerpo cuando pensamos y sentimos lo mismo una y otra vez.
• Al insistir en los mismos pensamientos, Anna había estado creando los mismos sentimientos y luego, al volver a experimentar esas emociones tan conocidas, caía nuevamente en los viejos pensamientos.
• Descubrió que las emociones antiguas quedan almacenadas en el cuerpo, pero que podía usar la técnica respiratoria para liberar la energía acumulada y librarse del pasado.
• Así que cada día, con una pasión mayor que su adicción a las viejas emociones, practicaba esa forma de respiración hasta que llegó a convertirse en una experta en la técnica.
• Después de aprender a movilizar la energía almacenada en el cuerpo, exploró cómo crear en el organismo las condiciones para una nueva mente.
• Para ello, desde el centro del corazón, acogió las emociones del futuro antes de que éste se materializara.
• Anna se dedicó a estudiar también el modelo de epigenética que enseno en mis talleres y conferencias, aprendió que los genes no son los causantes de la enfermedad; es el entorno el que envía señales a los genes responsables de la dolencia.
• Anna comprendió que, si sus emociones eran reacciones químicas de experiencias externas, al revivir a diario las emociones del pasado estaba activando y dando instrucciones a los mismos genes que le provocaban los problemas de salud.
• Si, en vez de eso, pudiera incorporar las emociones de su futura vida abrigando estos sentimientos antes de vivir la experiencia, podría cambiar su expresión génica y transformar su cuerpo para alinearlo biológicamente con el nuevo futuro.
• Sabía que había tardado varios años en crear su actual estado de salud, de modo que le costaría bastante experimentar algo distinto.
• Así que continuó con sus prácticas e hizo lo posible por ser tan consciente de sus pensamientos, conductas y emociones que nada que no quisiera experimentar se colara en su consciencia.
• Al cabo de un año, Anna se percató de que, muy lentamente, empezaba a encontrarse mejor tanto física como emocionalmente.
• Estaba superando el hábito de identificarse con su antiguo ser e inventando un nuevo yo para sustituir al antiguo.
• En mis talleres había aprendido que debía devolver la armonía a su sistema nervioso autónomo, porque el SNA controla todas las funciones automáticas que suceden al margen de la consciencia cerebral: la digestión, la absorción, los niveles de azúcar en sangre, la temperatura corporal, las secreciones hormonales, el ritmo cardíaco.
• El único modo que tenía de colarse en el sistema operativo e influir en el SNA era cambiar su estado de consciencia con regularidad.
• Así que empezaba cada meditación con la bendición de los centros de energía.
• Esas zonas del cuerpo en concreto están controladas por el SNA. Como mencionaba en la introducción, cada centro posee su propia energía o frecuencia (que emite información específica o posee su propia consciencia), sus glándulas, hormonas, reacciones químicas, su propio minicerebro y, en consecuencia, su propia mente.
• Cada centro está sujeto a la influencia del cerebro subconsciente que trabaja bajo el consciente y pensante.
• Anna aprendió a modificar sus ondas cerebrales para poder entrar en el sistema operativo del SNA (ubicado en el cerebro medio) y reprogramar cada uno de los centros con el fin de que funcionasen de manera más armoniosa.
• A diario, con pasión y determinación, enfocaba la atención en cada zona de su cuerpo así como en el espacio que rodea cada centro, y los bendecía con el fin de mejorar su estado físico y su bienestar general.
• Sin prisa pero sin pausa, reprogramó su sistema nervioso autónomo para devolverle el equilibrio y recuperar la salud.
• Anna aprendió también una técnica de respiración que suelo enseñar en los talleres. Sirve para liberar la energía emocional que se acumula en el cuerpo cuando pensamos y sentimos lo mismo una y otra vez.
• Al insistir en los mismos pensamientos, Anna había estado creando los mismos sentimientos y luego, al volver a experimentar esas emociones tan conocidas, caía nuevamente en los viejos pensamientos.
• Descubrió que las emociones antiguas quedan almacenadas en el cuerpo, pero que podía usar la técnica respiratoria para liberar la energía acumulada y librarse del pasado.
• Así que cada día, con una pasión mayor que su adicción a las viejas emociones, practicaba esa forma de respiración hasta que llegó a convertirse en una experta en la técnica.
• Después de aprender a movilizar la energía almacenada en el cuerpo, exploró cómo crear en el organismo las condiciones para una nueva mente.
• Para ello, desde el centro del corazón, acogió las emociones del futuro antes de que éste se materializara.
• Anna se dedicó a estudiar también el modelo de epigenética que enseno en mis talleres y conferencias, aprendió que los genes no son los causantes de la enfermedad; es el entorno el que envía señales a los genes responsables de la dolencia.
• Anna comprendió que, si sus emociones eran reacciones químicas de experiencias externas, al revivir a diario las emociones del pasado estaba activando y dando instrucciones a los mismos genes que le provocaban los problemas de salud.
• Si, en vez de eso, pudiera incorporar las emociones de su futura vida abrigando estos sentimientos antes de vivir la experiencia, podría cambiar su expresión génica y transformar su cuerpo para alinearlo biológicamente con el nuevo futuro.
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— Anna puso en práctica una meditación adicional; que implicaba enfocar la atención en el centro del pecho y activar el SNA desde un estado elevado con el fin de suscitar y mantener un tipo de ritmo cardíaco muy eficiente que denominamos «ritmo cardíaco coherente» durante largos periodos de tiempo (más adelante explicaré al detalle en qué consiste).
• Descubrió que cuando experimentaba resentimiento, impaciencia, frustración, rabia y odio, esos mismos estados le provocaban una reacción de estrés que llevaba a su corazón a latir de manera incoherente y desordenada.
• Anna aprendió en mis talleres que, si era capaz de mantener el nuevo estado de "Coherencia Cardíaca", con el tiempo experimentaría las nuevas emociones más profunda y plenamente, igual que había adquirido el hábito de albergar sentimientos negativos con regularidad.
• Como cabía esperar, le costó bastante mudar la rabia, el miedo, la depresión y el resentimiento por alegría, amor, gratitud y sensación de libertad; pero no se rindió.
• Sabía que esas emociones elevadas se traducirían en más de mil compuestos químicos distintos que repararían y devolverían la salud a su cuerpo..., así que lo hizo.
• Anna practicó a continuación una meditación que yo he diseñado. Implicaba caminar a diario en la piel de su nuevo yo.
• En lugar de sentarse a meditar con los ojos cerrados, empezó a meditar de pie, también con los ojos cerrados.
• Plantada sin moverse del sitio, entraba en un estado meditativo que transformaba su consciencia.
• Luego, sin salir de ese estado, abría los ojos y echaba a andar como su futuro ser. Al hacerlo, estaba adquiriendo día a día un nuevo hábito de pensamiento, conducta y sentimiento. Y todo ese trabajo pronto se traduciría en una personalidad distinta.
• No quería volver a caer jamás en la inconsciencia ni retornar a su antiguo ser.
• Anna advirtió que, gracias a todo ese trabajo, sus pautas de pensamiento habían cambiado. Ya no activaba las mismas redes neuronales del mismo modo, así que esos circuitos dejaron de conectarse y empezaron a desactivarse. Gracias a eso, dejó de pensar como solía.
• En el plano emocional, empezó a atisbar destellos de gratitud y alegría por primera vez en muchos años.
• A través de la meditación, estaba conquistando a diario aspectos de su cuerpo y su mente.
• Anna se tranquilizó y su adicción a las emociones derivadas del estrés se suavizó. Incluso empezó a sentir amor nuevamente. Y siguió adelante, ganando más y mas terreno a diario a su antiguo ser.
• Descubrió que cuando experimentaba resentimiento, impaciencia, frustración, rabia y odio, esos mismos estados le provocaban una reacción de estrés que llevaba a su corazón a latir de manera incoherente y desordenada.
• Anna aprendió en mis talleres que, si era capaz de mantener el nuevo estado de "Coherencia Cardíaca", con el tiempo experimentaría las nuevas emociones más profunda y plenamente, igual que había adquirido el hábito de albergar sentimientos negativos con regularidad.
• Como cabía esperar, le costó bastante mudar la rabia, el miedo, la depresión y el resentimiento por alegría, amor, gratitud y sensación de libertad; pero no se rindió.
• Sabía que esas emociones elevadas se traducirían en más de mil compuestos químicos distintos que repararían y devolverían la salud a su cuerpo..., así que lo hizo.
• Anna practicó a continuación una meditación que yo he diseñado. Implicaba caminar a diario en la piel de su nuevo yo.
• En lugar de sentarse a meditar con los ojos cerrados, empezó a meditar de pie, también con los ojos cerrados.
• Plantada sin moverse del sitio, entraba en un estado meditativo que transformaba su consciencia.
• Luego, sin salir de ese estado, abría los ojos y echaba a andar como su futuro ser. Al hacerlo, estaba adquiriendo día a día un nuevo hábito de pensamiento, conducta y sentimiento. Y todo ese trabajo pronto se traduciría en una personalidad distinta.
• No quería volver a caer jamás en la inconsciencia ni retornar a su antiguo ser.
• Anna advirtió que, gracias a todo ese trabajo, sus pautas de pensamiento habían cambiado. Ya no activaba las mismas redes neuronales del mismo modo, así que esos circuitos dejaron de conectarse y empezaron a desactivarse. Gracias a eso, dejó de pensar como solía.
• En el plano emocional, empezó a atisbar destellos de gratitud y alegría por primera vez en muchos años.
• A través de la meditación, estaba conquistando a diario aspectos de su cuerpo y su mente.
• Anna se tranquilizó y su adicción a las emociones derivadas del estrés se suavizó. Incluso empezó a sentir amor nuevamente. Y siguió adelante, ganando más y mas terreno a diario a su antiguo ser.
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El tercer día, durante la última de cuatro meditaciones, por fin se entregó completamente a la experiencia.
• Por primera vez desde que había empezado a meditar, se sorprendió a sí misma flotando en un espacio infinito y negro, consciente de que era consciente de sí misma.
• Había dejado atrás el recuerdo de la persona que era y se convirtió en pura consciencia, totalmente libre de su cuerpo y de cualquier asociación con el mundo material, ajena al tiempo lineal.
• Experimentó una sensación de libertad tan grande que sus problemas de salud dejaron de importarle.
• Se sentía tan ilimitada que no se reconocía en su presente identidad.
• Se sentía tan sublime que ya no conservaba ninguna conexión con su pasado.
• En ese estado, Anna carecía de problemas, había dejado atrás el dolor y se sentía libre por primera vez.
• Ella no era su nombre, ni su género, ni su identidad, cultura o profesión; se encontraba mas allá del espacio y el tiempo.
• Había entrado en contacto con un espectro de información que llamamos el campo cuántico, la región donde existen todas las posibilidades.
• Súbitamente, se vio a sí misma en un flamante futuro, de pie en un enorme escenario, sosteniendo un micrófono y contándole a una multitud de personas la historia de su curación.
• No imaginaba ni visualizaba la escena. Fue como si le hubieran transferido la información, igual que si se hubiera atisbado a sí misma siendo una mujer totalmente distinta en una nueva realidad.
• Su mundo interior le parecía mucho más real que el mundo exterior, y estaba viviendo una experiencia plenamente sensorial sin la intervención de sus sentidos.
• En el momento en que Anna vislumbró esa nueva vida en el transcurso de la meditación, una sensación de luz y de dicha inundó su cuerpo a caudales y experimentó un alivio profundo y visceral.
• Supo que ella no era un cuerpo físico, sino algo o alguien mas grande, mucho más trascendente.
• En ese estado de inmensa alegría, la invadió una sensación de deleite y gratitud tan intensa que se echó a reír.
• Y en ese momento Anna supo que se iba a curar. A partir de entonces, abrigó tanta confianza, alegría, amor y gratitud que sus meditaciones empezaron a fluir. Y decidió profundizar aún más.
• Conforme Anna dejaba atrás su pasado, notaba cómo esa energía desconocida abría su corazón más y más.
• En lugar de considerar la meditación como una obligación diaria, ansiaba que llegara el momento.
• Se convirtió en su forma de vida; el deber había mudado en un hábito.
• Recuperó la energía y la vitalidad.
• Dejó de tomar antidepresivos.
• Sus patrones de pensamiento habían cambiado por completo y sus sentimientos no tenían nada que ver con los de la otra Anna.
• Tenía la sensación de ser una persona nueva, así que sus actos cambiaron drásticamente.
• La salud y la vida de Anna mejoraron ese año de un modo espectacular.
• Al año siguiente asistió a varios actos más. Como estaba tan involucrada en el trabajo, Anna empezó a trabar amistad con mas personas de nuestra comunidad.
• Recibía un apoyo constante que la animaba a seguir recorriendo su viaje a la recuperación total. (El valor del Coaching personalizado es muy grande)
• Tal como les sucede a muchos de nuestros alumnos, en ocasiones, cuando regresaba a casa después de un taller, le costaba enormemente no ceder a la tentación de retroceder unos cuantos pasos y volver a caer en viejas pautas y antiguos patrones de pensamiento, sentimiento y acción.
• A pesar de todo, siguió meditando a diario.
*️⃣ Sobrenatural de Joe Dispenza
*️⃣ Razonen Conmigo
*️⃣ Source It's Within You
*️⃣ No se trata de lo que quieres, sino en quien te conviertes.
*️⃣ A Qué Me Dedico Principalmente?
• Por primera vez desde que había empezado a meditar, se sorprendió a sí misma flotando en un espacio infinito y negro, consciente de que era consciente de sí misma.
• Había dejado atrás el recuerdo de la persona que era y se convirtió en pura consciencia, totalmente libre de su cuerpo y de cualquier asociación con el mundo material, ajena al tiempo lineal.
• Experimentó una sensación de libertad tan grande que sus problemas de salud dejaron de importarle.
• Se sentía tan ilimitada que no se reconocía en su presente identidad.
• Se sentía tan sublime que ya no conservaba ninguna conexión con su pasado.
• En ese estado, Anna carecía de problemas, había dejado atrás el dolor y se sentía libre por primera vez.
• Ella no era su nombre, ni su género, ni su identidad, cultura o profesión; se encontraba mas allá del espacio y el tiempo.
• Había entrado en contacto con un espectro de información que llamamos el campo cuántico, la región donde existen todas las posibilidades.
• Súbitamente, se vio a sí misma en un flamante futuro, de pie en un enorme escenario, sosteniendo un micrófono y contándole a una multitud de personas la historia de su curación.
• No imaginaba ni visualizaba la escena. Fue como si le hubieran transferido la información, igual que si se hubiera atisbado a sí misma siendo una mujer totalmente distinta en una nueva realidad.
• Su mundo interior le parecía mucho más real que el mundo exterior, y estaba viviendo una experiencia plenamente sensorial sin la intervención de sus sentidos.
• En el momento en que Anna vislumbró esa nueva vida en el transcurso de la meditación, una sensación de luz y de dicha inundó su cuerpo a caudales y experimentó un alivio profundo y visceral.
• Supo que ella no era un cuerpo físico, sino algo o alguien mas grande, mucho más trascendente.
• En ese estado de inmensa alegría, la invadió una sensación de deleite y gratitud tan intensa que se echó a reír.
• Y en ese momento Anna supo que se iba a curar. A partir de entonces, abrigó tanta confianza, alegría, amor y gratitud que sus meditaciones empezaron a fluir. Y decidió profundizar aún más.
• Conforme Anna dejaba atrás su pasado, notaba cómo esa energía desconocida abría su corazón más y más.
• En lugar de considerar la meditación como una obligación diaria, ansiaba que llegara el momento.
• Se convirtió en su forma de vida; el deber había mudado en un hábito.
• Recuperó la energía y la vitalidad.
• Dejó de tomar antidepresivos.
• Sus patrones de pensamiento habían cambiado por completo y sus sentimientos no tenían nada que ver con los de la otra Anna.
• Tenía la sensación de ser una persona nueva, así que sus actos cambiaron drásticamente.
• La salud y la vida de Anna mejoraron ese año de un modo espectacular.
• Al año siguiente asistió a varios actos más. Como estaba tan involucrada en el trabajo, Anna empezó a trabar amistad con mas personas de nuestra comunidad.
• Recibía un apoyo constante que la animaba a seguir recorriendo su viaje a la recuperación total. (El valor del Coaching personalizado es muy grande)
• Tal como les sucede a muchos de nuestros alumnos, en ocasiones, cuando regresaba a casa después de un taller, le costaba enormemente no ceder a la tentación de retroceder unos cuantos pasos y volver a caer en viejas pautas y antiguos patrones de pensamiento, sentimiento y acción.
• A pesar de todo, siguió meditando a diario.
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