— Se Han investigado | Un estudio realizado en la Universidad de Wisconsin- Madison y publicado en la revista científica Psychoneuroendocrinology en 2013 reveló que los meditadores, al cabo de solo ocho horas de meditación, experimentaban cambios genéticos y moleculares apreciables, entre ellos la reducción de los niveles de genes proinflamatorios, que les permitiría recuperarse físicamente con mayor rapidez de las situaciones estresantes. Church afirma que, cuando meditamos, estamos «reforzando las partes de nuestros cerebros que producen felicidad». Estamos generando nuevas neuronas cerebrales constantemente a lo largo de nuestras vidas. Una buena parte de este nuevo crecimiento se produce en el hipocampo. «Cuando aprendemos, modificamos cuáles son los genes de nuestras neuronas que se expresan», afirma Doidge. «Cuando un gen se activa, produce una proteína nueva que altera la estructura y la función de la célula». Según explica Doidge, este proceso está influido por lo que hacemos y por lo que pensamos. «Podemos dar forma a nuestros genes, que, a su vez, dan forma a la anatomía microscópica de nuestro cerebro». Rachel Yehuda dice: «No puedes cambiarte el ADN; pero, si eres capaz de cambiar cómo funciona tu ADN, viene a ser lo mismo». Como estamos viendo, es muy poco probable que se dé una vida completamente libre de traumas.
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— Los Traumas no Duermen | Por fortuna, los seres humanos tenemos resistencia y somos capaces de curarnos los traumas de casi todos los tipos. Esto puede suceder en cualquier momento de nuestras vidas. Lo único que necesitamos es disponer de las ideas y de las herramientas adecuadas. Expondré más adelante, en este libro, las prácticas que han resultado más valiosas en mi trabajo con mis pacientes, para que puedas saber de primera mano cómo se curan los traumas que podrían formar parte de tu herencia familiar.
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— El Planteamiento del Lenguaje Nuclear
Cuando se están representando dentro de nosotros fragmentos de los traumas pasados, estos traumas dejan pistas en forma de palabras y de frases con carga emocional, que suelen conducirnos de nuevo hacia los traumas no resueltos. Como ya hemos visto, es posible que estos traumas ni siquiera sean nuestros. Yo llamo lenguaje nuclear a las expresiones verbales de estos traumas. El lenguaje nuclear también se puede expresar de modos no verbales, entre ellos sensaciones físicas, conductas, emociones, impulsos e incluso los síntomas de una enfermedad. Dentro del lenguaje nuclear de Jesse se contaba su modo de despertarse sobresaltado a las tres y media de la madrugada y de tiritar de frío sin saber por qué, y su terror a volver a quedarse dormido. En el lenguaje nuclear de Gretchen figuraban la depresión, la desesperación, la ansiedad y el ansia de «evaporarse». Tanto Gretchen como Jesse llevaban consigo piezas del rompecabezas que los relacionaba con algún hecho de su historia familiar que había quedado por resolver. Todos conocemos el cuento de Hansel y Gretel, a los que engañan para que se pierdan en el bosque oscuro. Hansel teme que no encontrarán el camino de vuelta a su casa, y va dejando un rastro de miguitas de pan para poder volver. La analogía es oportuna: ya estemos sumidos en las profundidades del bosque de nuestros miedos, o solo un poco alterados por habernos desviado del camino, nosotros también dejamos un rastro que puede servirnos para orientarnos. Pero en vez de migas de pan, dejamos un rastro de palabras, de palabras que tienen el poder de guiarnos de nuevo hasta el camino. Estas palabras pueden parecer aleatorias, pero no lo son. Lo cierto es que son pistas que nos da nuestro inconsciente. Cuando sabemos el modo de recopilarlas y de conectarlas, componen un rastro que podemos seguir para llegar a entendernos mejor a nosotros mismos. Como los niños del cuento, podemos aventurarnos tanto en el bosque de nuestros miedos que incluso nos olvidamos de dónde está nuestra casa. En vez de seguir el rastro de las palabras, quizá recurramos a las medicaciones, a consolarnos con la comida, el tabaco, el sexo o el alcohol, o a distraernos con actividades inanes. Como ya sabemos por nuestra experiencia personal, estos caminos no tienen salida. Jamás nos conducen donde tenemos que ir. No nos damos cuenta de que estamos rodeados por todas partes de las migas de pan de nuestro lenguaje nuclear. Viven en las palabras que pronunciamos en voz alta y en las que decimos en silencio. Viven en las palabras que nos saltan continuamente en la cabeza como la alarma de un despertador. Pero, en vez de seguirlas para descubrir adónde nos conducen, podemos quedarnos paralizados por el trance interior que nos provocan estas palabras.
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Cuando se están representando dentro de nosotros fragmentos de los traumas pasados, estos traumas dejan pistas en forma de palabras y de frases con carga emocional, que suelen conducirnos de nuevo hacia los traumas no resueltos. Como ya hemos visto, es posible que estos traumas ni siquiera sean nuestros. Yo llamo lenguaje nuclear a las expresiones verbales de estos traumas. El lenguaje nuclear también se puede expresar de modos no verbales, entre ellos sensaciones físicas, conductas, emociones, impulsos e incluso los síntomas de una enfermedad. Dentro del lenguaje nuclear de Jesse se contaba su modo de despertarse sobresaltado a las tres y media de la madrugada y de tiritar de frío sin saber por qué, y su terror a volver a quedarse dormido. En el lenguaje nuclear de Gretchen figuraban la depresión, la desesperación, la ansiedad y el ansia de «evaporarse». Tanto Gretchen como Jesse llevaban consigo piezas del rompecabezas que los relacionaba con algún hecho de su historia familiar que había quedado por resolver. Todos conocemos el cuento de Hansel y Gretel, a los que engañan para que se pierdan en el bosque oscuro. Hansel teme que no encontrarán el camino de vuelta a su casa, y va dejando un rastro de miguitas de pan para poder volver. La analogía es oportuna: ya estemos sumidos en las profundidades del bosque de nuestros miedos, o solo un poco alterados por habernos desviado del camino, nosotros también dejamos un rastro que puede servirnos para orientarnos. Pero en vez de migas de pan, dejamos un rastro de palabras, de palabras que tienen el poder de guiarnos de nuevo hasta el camino. Estas palabras pueden parecer aleatorias, pero no lo son. Lo cierto es que son pistas que nos da nuestro inconsciente. Cuando sabemos el modo de recopilarlas y de conectarlas, componen un rastro que podemos seguir para llegar a entendernos mejor a nosotros mismos. Como los niños del cuento, podemos aventurarnos tanto en el bosque de nuestros miedos que incluso nos olvidamos de dónde está nuestra casa. En vez de seguir el rastro de las palabras, quizá recurramos a las medicaciones, a consolarnos con la comida, el tabaco, el sexo o el alcohol, o a distraernos con actividades inanes. Como ya sabemos por nuestra experiencia personal, estos caminos no tienen salida. Jamás nos conducen donde tenemos que ir. No nos damos cuenta de que estamos rodeados por todas partes de las migas de pan de nuestro lenguaje nuclear. Viven en las palabras que pronunciamos en voz alta y en las que decimos en silencio. Viven en las palabras que nos saltan continuamente en la cabeza como la alarma de un despertador. Pero, en vez de seguirlas para descubrir adónde nos conducen, podemos quedarnos paralizados por el trance interior que nos provocan estas palabras.
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— Los Padres | Parece que tenemos programadas en el cerebro estas pautas, y que empiezan a formarse incluso antes de que nazcamos. Nuestra vinculación con nuestra madre cuando estamos en el seno materno es fundamental para el desarrollo de nuestros circuitos neuronales.
— Desde el Momento de la Concepción | Estas pautas son como un modelo; más que aprenderse, se transmiten. El desarrollo neuronal que se produce en el seno materno prosigue durante los primeros nueve meses después del nacimiento.
— En Función de las Vivencias | A través de estas primeras interacciones, el niño sigue estableciendo el modelo por el que gestionará sus emociones, sus pensamientos y sus conductas.
— Cuando la Madre Porta | Las repercusiones de una ruptura temprana del vínculo madre-hijo (una estancia larga en el hospital, unas vacaciones inoportunas, una separación larga) pueden ser devastadoras para el niño. Este pierde de pronto la familiaridad profunda y asimilada del olor de la madre, de su tacto, sonido y gusto, todo lo que ha llegado a conocer y en lo que confía.
— La Madre y el Hijo Viven | «Cuando se separan, el recién nacido no solo echa de menos a la madre, sino que sufre una abstinencia física y psicológica (...) que no es muy distinta de la que padece el heroinómano al que se priva de la droga bruscamente».
— Ahora Me Doy Cuenta | Recuerdo que cuando yo era un niño pequeño, de unos cinco o seis años, y mi madre salía de casa, sentía tal terror que iba a su dormitorio, abría el cajón donde guardaba los pañuelos y los camisones y hundía la cabeza entre las prendas para percibir el olor de ella. Recuerdo vivamente aquella sensación de que no volvería a verla, de que solo me quedaría de ella su olor. Cuando fui adulto, conté a mi madre esos recuerdos, y entonces supe que ella hacía lo mismo: hundía la cara entre las ropas de su madre cuando esta salía de casa.
— Movidos por Nuestro Miedo y por nuestra ansiedad, solemos intentar controlar el entorno para sentirnos seguros. Esto se debe a que cuando éramos pequeños teníamos muy poco control, y seguramente no disponíamos de un lugar seguro para refugiarnos de las emociones intensas que sentíamos. Las lesiones del vínculo pueden reproducirse a lo largo de las generaciones si no cambiamos conscientemente la pauta.
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— Compartimos una Conciencia Familiar | Estas huellas, a su vez, se convierten en un modelo familiar, a medida que los miembros de la familia repiten de manera inconsciente los sufrimientos del pasado. La repetición de un trauma no siempre es una réplica exacta del hecho primitivo.
— Tu Estado o Nivel de Conciencia
Trabajar con la Duda: Parte 1
Comprender los Niveles de la Mente
Dr. Joe Dispenza | Abril 9, 2024
• Me ha conmovido la respuesta a mis publicaciones recientes sobre cómo alinear tus pensamientos, sentimientos y comportamientos con tu misión en la vida, particularmente la idea de que tu práctica puede ser tu propósito.
• Esa búsqueda de un propósito superior ha llevado a una serie de conversaciones entre miembros de la comunidad sobre algo con lo que todos nos enfrentamos en este trabajo: la duda.
• Lo primero que quiero decir es que: la duda no es una señal de que estés haciendo algo mal o de que estés fallando en tu práctica.
• Recuerda: no existe el fracaso; todo es información.
• La duda nos surge a todos, incluyéndome a mí. Por eso, en las próximas dos o tres publicaciones, hablaremos sobre cuándo y por qué encontramos dudas y cómo trabajar con ellas.
Trabajar con la Duda: Parte 1
Comprender los Niveles de la Mente
Dr. Joe Dispenza | Abril 9, 2024
• Me ha conmovido la respuesta a mis publicaciones recientes sobre cómo alinear tus pensamientos, sentimientos y comportamientos con tu misión en la vida, particularmente la idea de que tu práctica puede ser tu propósito.
• Esa búsqueda de un propósito superior ha llevado a una serie de conversaciones entre miembros de la comunidad sobre algo con lo que todos nos enfrentamos en este trabajo: la duda.
• Lo primero que quiero decir es que: la duda no es una señal de que estés haciendo algo mal o de que estés fallando en tu práctica.
• Recuerda: no existe el fracaso; todo es información.
• La duda nos surge a todos, incluyéndome a mí. Por eso, en las próximas dos o tres publicaciones, hablaremos sobre cuándo y por qué encontramos dudas y cómo trabajar con ellas.
— La Conciencia es Prestar Atención
En otras palabras: ¿Cómo de consciente eres?
¿A qué estás prestando atención?
¿Cómo estás reaccionando a tu entorno y circunstancias?
¿Te das cuenta a dónde va la mayor parte de tu energía?
¿Tus pensamientos y sentimientos mejoran o empeoran las cosas?
¿Qué tiene esto que ver con la duda?
• Digamos que estás en medio de una situación desafiante y luchas por encontrar una solución, pero aún estás en el mismo nivel mental que te llevó al desafío. Entonces, probablemente hagas lo que la mayoría de nosotros hemos sido programados para hacer en esa circunstancia.
• Te concentras aún más intensamente en el desafío, prestándole tu atención y, por lo tanto, tu energía.
• Y darle a algo tu energía solo hace una cosa: la amplifica.
• Como consecuencia, el desafío se ha solidificado más en tu mundo como un problema.
• A medida que sientes las emociones asociadas con la circunstancia actual, le das cada vez más energía al problema. Te vuelves más frustrado; más ansioso; más resentido.
• Alimentas el estado emocional que te condujo a los pensamientos que crearon el nivel mental en particular, que te trajo a esta situación en primer lugar.
En otras palabras: ¿Cómo de consciente eres?
¿A qué estás prestando atención?
¿Cómo estás reaccionando a tu entorno y circunstancias?
¿Te das cuenta a dónde va la mayor parte de tu energía?
¿Tus pensamientos y sentimientos mejoran o empeoran las cosas?
¿Qué tiene esto que ver con la duda?
• Digamos que estás en medio de una situación desafiante y luchas por encontrar una solución, pero aún estás en el mismo nivel mental que te llevó al desafío. Entonces, probablemente hagas lo que la mayoría de nosotros hemos sido programados para hacer en esa circunstancia.
• Te concentras aún más intensamente en el desafío, prestándole tu atención y, por lo tanto, tu energía.
• Y darle a algo tu energía solo hace una cosa: la amplifica.
• Como consecuencia, el desafío se ha solidificado más en tu mundo como un problema.
• A medida que sientes las emociones asociadas con la circunstancia actual, le das cada vez más energía al problema. Te vuelves más frustrado; más ansioso; más resentido.
• Alimentas el estado emocional que te condujo a los pensamientos que crearon el nivel mental en particular, que te trajo a esta situación en primer lugar.
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— Frente a los Desafíos | La única manera de cambiar tu conciencia es cambiar tu energía.
• ¿Qué quiero decir con eso? Cambiar tu conciencia es tomar conciencia de que hay una nueva posible realidad o solución (pero esta solución existe a nivel energético, y solo se puede acceder a ella cambiando tu sentir para que luego se manifieste en tu realidad).
• Así que, si no cambias tu conciencia (tu energía seguirá siendo la misma), por lo tanto, limitarás tu conocimiento de esa posibilidad y seguirás alimentando la duda al concentrarte en tu mismo problema, creando cada vez más distancia entre tú y la solución.
• Ten presente que no se trata de lo que te sucede, sino del como eliges pensar y sentirte con respecto a eso que te sucede. Esto es lo que determina que algo persista o que se disuelva.
¿ Pero como cambiar tu forma de pensarte, si no conoces la forma de hacerlo?
Coaching & Tips (...)
• ¿Qué quiero decir con eso? Cambiar tu conciencia es tomar conciencia de que hay una nueva posible realidad o solución (pero esta solución existe a nivel energético, y solo se puede acceder a ella cambiando tu sentir para que luego se manifieste en tu realidad).
• Así que, si no cambias tu conciencia (tu energía seguirá siendo la misma), por lo tanto, limitarás tu conocimiento de esa posibilidad y seguirás alimentando la duda al concentrarte en tu mismo problema, creando cada vez más distancia entre tú y la solución.
• Ten presente que no se trata de lo que te sucede, sino del como eliges pensar y sentirte con respecto a eso que te sucede. Esto es lo que determina que algo persista o que se disuelva.
¿ Pero como cambiar tu forma de pensarte, si no conoces la forma de hacerlo?
Coaching & Tips (...)
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— La Única Manera | Coaching & Tips: para cambiar tu energía se precisa que cambies tu sentir. Y para cambiar el sentir, se precisa que cambies la forma de pensarte.
*️⃣ Para que cambies tu forma de pensar, primero precisas hacerte más consciente de la forma recurrente que tienes de pensarte y cambiar tu energía.
*️⃣ Omitir este paso te conducirá al fracaso al momento de meditar con la técnica del Dr. Dispenza. ¿Por qué?: por la falta de claridad interior, por tu bajo nivel de consciencia personal.
*️⃣ Recuerda que para cambiar tu energía, precisas cambiar tu forma de pensar-te. Y eso es precisamente lo que no haces.
*️⃣ ¿Cómo piensas cambiar algo sin poderlo ver, sin tener el conocimiento, la comprensión, el convencimiento y la determinación de lo sabes que precisas cambiar?
*️⃣ Te ayudaría mucho el comenzar a comprender, por qué lo de afuera es una proyección energética de tu estado interno, de tu nivel de conciencia. Y que, por lo tanto, no existe separación entre lo que sucede en tu mente con respecto a lo que sucede en tu realidad. Ya que todo se basa en una completa correspondencia vibracional de lo que emites energéticamente.
*️⃣ Quizás ya te diste cuenta lo poco que sirven las afirmaciones positivas, en tanto sigas omitiendo el paso de hacerte más consciente de lo que escondes bajo tu personalidad, y de cómo eso se conecta con lo que ya no deseas repetir o atraer a tu vida.
*️⃣ No se trata de lo que quieres, sino en quien te conviertes. No se trata de la cantidad, sino de la calidad.
*️⃣ Basta con que entiendan como se realiza el proceso de la transmutación energética para que puedes liberarte de ciertos bloqueos, y con esto, usar la meditación para reforzar el cambio de personalidad para elevar tu energía y cambiar de realidad.
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— Para Comprender Mejor | Quizás se trataba de una condición de salud grave que estaba empeorando. O una circunstancia financiera difícil.
• Y digamos que fue una situación con la que luchaste durante mucho tiempo, o con la que te enfrentaste de manera familiar. Hiciste todo lo que tu pensaste que sabías que podría cambiarlo.
• Ahora, intenta identificar algunos pensamientos y sentimientos que te llevaron al nivel de conciencia que asocias con esa experiencia.
• Tal vez tenías una vieja historia en tu cabeza sobre la carencia y activó sentimientos de que la abundancia estaba fuera de tu alcance.
• Tal vez pasaste horas en línea leyendo sobre un diagnóstico preocupante y te convenció de que no había esperanza de curación.
• Mirando hacia atrás, es posible que puedas ver que seguiste dándole energía al problema prestándole cada vez más atención exactamente de la misma manera.
• Tal vez ahora puedas reconocer que te quedaste atrapado en esa situación porque todos los días abordaste el mismo problema con el mismo nivel mental, lo que significa que no podías ver una solución.
• Y digamos que fue una situación con la que luchaste durante mucho tiempo, o con la que te enfrentaste de manera familiar. Hiciste todo lo que tu pensaste que sabías que podría cambiarlo.
• Ahora, intenta identificar algunos pensamientos y sentimientos que te llevaron al nivel de conciencia que asocias con esa experiencia.
• Tal vez tenías una vieja historia en tu cabeza sobre la carencia y activó sentimientos de que la abundancia estaba fuera de tu alcance.
• Tal vez pasaste horas en línea leyendo sobre un diagnóstico preocupante y te convenció de que no había esperanza de curación.
• Mirando hacia atrás, es posible que puedas ver que seguiste dándole energía al problema prestándole cada vez más atención exactamente de la misma manera.
• Tal vez ahora puedas reconocer que te quedaste atrapado en esa situación porque todos los días abordaste el mismo problema con el mismo nivel mental, lo que significa que no podías ver una solución.
— Cuando no Podemos imaginar
• Y cuando no existe ninguna posibilidad para nosotros, no podemos creer que nuestra situación vaya a cambiar alguna vez.
¿Y qué es la incredulidad? Es duda.
• Esto no funciona. Este problema nunca cambiará. Nunca me daré cuenta de esto. No lo estoy haciendo bien. A otras personas les funciona, pero a mí no. Yo nunca...
• Y cuando no existe ninguna posibilidad para nosotros, no podemos creer que nuestra situación vaya a cambiar alguna vez.
¿Y qué es la incredulidad? Es duda.
• Esto no funciona. Este problema nunca cambiará. Nunca me daré cuenta de esto. No lo estoy haciendo bien. A otras personas les funciona, pero a mí no. Yo nunca...
— Si Estás Enfrentando
• En otras palabras, tu conciencia ahora es igual al problema mismo.
• Y ahora, el problema es quien controla la forma en que sientes y piensas.
• Y cuanto más intentas resolver el problema desde ese estado mental, más esquiva parece la solución.
• Vas a seguir haciendo lo que sabes —más de lo mismo— incluso si ya has visto y experimentado que no funciona.
• En otras palabras, tu conciencia ahora es igual al problema mismo. Y ahora, el problema es quien controla la forma en que sientes y piensas.
• Te conviertes en una víctima de tu entorno y de tus circunstancias, en lugar de ser el creador de cambios en tu vida.
• Y cuanto más intentas resolver el problema desde ese estado mental, más esquiva parece la solución.
• Y cada vez más dudas se afianzan. Incluso si intelectualmente comprendes que podría haber una solución, todavía dudas de que pueda suceder.
• En otras palabras, tu conciencia ahora es igual al problema mismo.
• Y ahora, el problema es quien controla la forma en que sientes y piensas.
• Y cuanto más intentas resolver el problema desde ese estado mental, más esquiva parece la solución.
• Vas a seguir haciendo lo que sabes —más de lo mismo— incluso si ya has visto y experimentado que no funciona.
• En otras palabras, tu conciencia ahora es igual al problema mismo. Y ahora, el problema es quien controla la forma en que sientes y piensas.
• Te conviertes en una víctima de tu entorno y de tus circunstancias, en lugar de ser el creador de cambios en tu vida.
• Y cuanto más intentas resolver el problema desde ese estado mental, más esquiva parece la solución.
• Y cada vez más dudas se afianzan. Incluso si intelectualmente comprendes que podría haber una solución, todavía dudas de que pueda suceder.
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— Nuestro Nivel Mental
• Por eso tiene sentido que no podamos resolver un problema desde el mismo nivel mental (o energía) que lo creó.
• Una forma más sencilla de decirlo es: para resolver un problema, primero debemos cambiar nuestra energía —o nuestro estado emocional— en torno a él.
• Por eso tiene sentido que no podamos resolver un problema desde el mismo nivel mental (o energía) que lo creó.
• Una forma más sencilla de decirlo es: para resolver un problema, primero debemos cambiar nuestra energía —o nuestro estado emocional— en torno a él.