— Tal Como se Aprecia | Los efectos pueden quedársenos en el inconsciente y vivir en nuestro cuerpo en forma de recuerdos somáticos que se desencadenan cuando se dan hechos que evocan el rechazo o el abandono. Cuando pasa esto, podemos sentirnos completamente desfasados respecto de nosotros mismos. Podemos sentirnos dominados por nuestros pensamientos y abrumados, incluso asustados, por las sensaciones que nos inundan el cuerpo. Como el trauma se produjo en época tan temprana, suele quedar oculto en un lugar hasta donde no llega nuestra consciencia. Sabemos que existe un problema, pero no somos capaces de poner en limpio «qué pasó» exactamente. En vez de ello, suponemos que el problema está en nosotros, que tenemos dentro algo que es «malo». Movidos por nuestro miedo y por nuestra ansiedad, solemos intentar controlar el entorno para sentirnos seguros. Esto se debe a que cuando éramos pequeños teníamos muy poco control, y seguramente no disponíamos de un lugar seguro para refugiarnos de las emociones intensas que sentíamos. Las lesiones del vínculo pueden reproducirse a lo largo de las generaciones si no cambiamos conscientemente la pauta.
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— Constelaciones Familiares | Fer Broca
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— Ay Mis Ancestros de Anne Ancelin Schutzenberger | Lazos o vínculos Transgeneracionales subconscientes, Secretos de Familia, el Síndrome de Aniversario, la Transmisión de los Traumatismos y la Práctica del Genosociograma.
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— El Destacado Psicoterapeuta | Hellinger, que estudió a las familias durante más de cincuenta años, primero en calidad de sacerdote católico y después como terapeuta familiar y filósofo, nos enseña que compartimos una conciencia familiar con los miembros de nuestra familia biológica que nos han precedido. Hellinger ha observado que los hechos traumáticos, como la muerte prematura de un progenitor, de un hermano o de un hijo, o un abandono, un delito o un suicidio, pueden ejercer sobre nosotros una influencia poderosa, dejando en todo nuestro sistema familiar una huella que perdura durante varias generaciones. Estas huellas, a su vez, se convierten en un modelo familiar, a medida que los miembros de la familia repiten de manera inconsciente los sufrimientos del pasado. La repetición de un trauma no siempre es una réplica exacta del hecho primitivo. Por ejemplo, en una familia en la que alguien ha cometido un delito grave, otro miembro de la familia que nace en una generación posterior puede estar purgando el delito sin ser consciente de ello. Una vez acudió a mi consulta un hombre que se llamaba John y que acababa de salir de la cárcel. Había cumplido tres años de condena por un desfalco, aunque aseguraba que no había cometido aquel delito. John se había declarado inocente en el juicio; pero en vista de las pruebas en su contra (una acusación falsa de su antiguo socio), su abogado le había recomendado que llegara a un acuerdo con el fiscal. Cuando John entró en mi consulta, parecía agitado. Tenía la mandíbula tensa, y arrojó su abrigo sobre el respaldo de la silla. Me explicó que le habían montado una encerrona y que ahora estaba obsesionado por las ideas de venganza. Cuando hablamos de su situación familiar, salió a relucir que en la generación anterior, en la década de 1960, a su padre lo habían acusado de asesinar a su socio; pero en el juicio no le habían podido condenar en virtud de un detalle técnico. Todos los de la familia sabían que el padre era culpable, pero no hablaban nunca de ello. A la luz de mi experiencia con los traumas familiares heredados, no me sorprendió descubrir que John tenía la misma edad que su padre cuando este había ido a juicio. Se había hecho justicia al fin, pero había pagado un justo por un pecador. Hellinger cree que el mecanismo que está detrás de estas repeticiones es la lealtad inconsciente (por llamarle de alguna manera), y considera que la lealtad inconsciente (esta corresponsabilidad para realizar una purga energética) es la causa de muchos sufrimientos en las familias (al no comprenderse su sentido espiritual para ayudarnos a trascender familiarmente, todos esos sistemas de creencias asociados con frecuencias mentales de baja frecuencia que fomentan el sufrimiento)... ( ) Notas del coaching.
— Las Personas que No Son Capaces | Hellinger enseña que toda persona tiene el mismo derecho a formar parte de un sistema familiar, y que no se puede excluir del mismo a nadie por ningún motivo. Forman parte del sistema el abuelo alcohólico que dejó arruinada a nuestra abuela, el hermano que nació muerto y dejó desconsolada a nuestra madre, y hasta el hijo del vecino al que nuestro padre mató accidentalmente al salir con el coche del garaje. Nuestro tío delincuente, la media hermana mayor de nuestra madre, la criatura que abortamos... todos ellos son miembros de nuestra familia. Y la lista es más larga. Debemos incluir en ella hasta a personas a las que no solemos contar en nuestro sistema familiar. Si alguien hizo daño a un miembro de nuestra familia, si se aprovechó de él o lo mató, debemos incluir a esa persona. Del mismo modo, si algún miembro de nuestra familia se aprovechó de otra persona, si le hizo daño o la mató, también es preciso que incluyamos a la víctima dentro de nuestro sistema familiar. También están incluidas las parejas anteriores de nuestros padres y abuelos. Al morir, al marcharse o al romper, abrieron un espacio por el que nuestra madre o nuestro padre, nuestra abuela o nuestro abuelo pudieron entrar en el sistema, lo que permitió que naciésemos nosotros, a la larga.
— Hellinger ha Observado | La persona posterior puede compartir el destino de la persona anterior, o repetirlo, comportándose de manera similar al sujeto excluido o repitiendo algún aspecto de los sufrimientos de este. Por ejemplo, si en tu familia se rechazó a tu abuelo porque bebía, jugaba y era mujeriego, es posible que uno o varios de sus descendientes adopten más tarde una o varias de estas conductas. El sufrimiento familiar prosigue de este modo en las generaciones sucesivas. El hombre al que había asesinado el padre de John formaba ahora parte del sistema familiar de este. Cuando John fue víctima de un montaje por parte de su socio, cuando fue a la cárcel y salió con ideas asesinas de venganza, estaba reviviendo, sin saberlo, aspectos de las experiencias de su padre que habían sucedido cuarenta años antes. Cuando John llegó a conocer la relación entre la experiencia de su padre y la suya propia, fue capaz por fin de soltar los pensamientos obsesivos y salir adelante. Dos destinos habían quedado entrelazados estrechamente como si las dos personas compartieran un solo destino común. La libertad emocional de John había estado constreñida mientras esta conexión había estado oculta.
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— Un Destino Entrelazado | Hellinger recalca que cada uno de nosotros debemos cargar con nuestro propio destino, con independencia de que este sea más o menos duro. Nadie puede intentar hacerse cargo del destino de un padre, abuelo, hermano, tío o tía, sin que de ello resulte algún tipo de sufrimiento. Hellinger llama a los sufrimientos de este tipo «enredos». Cuando estás enredado, portas inconscientemente los sentimientos, los síntomas, las conductas o las penalidades de un miembro anterior de tu familia como si fueran tuyos.
— Hasta los Hijos | Por ejemplo, el primer hijo tiende a portar consigo lo que no está resuelto en el padre, y la primera hija tiende a portar lo que no está resuelto en la madre; aunque no siempre sucede así. También puede darse el caso inverso. Los hijos posteriores de la familia tienden a portar diversos aspectos de los traumas de sus padres, o elementos de los traumas de los abuelos. Por ejemplo, la primera hija puede casarse con un hombre que es emocionalmente distante y controlador (semejante al concepto que tiene ella de su padre) y, de este modo, comparte esta dinámica con su madre. Al casarse con un hombre cerrado en sí mismo y controlador, la hija repite las experiencias de la madre y se suma a ella en su descontento. La segunda hija puede portar la ira no expresada de su madre. De este modo, aunque le está afectando el mismo trauma, ella porta un aspecto distinto del mismo. Puede que rechace a su padre, mientras que la primera hija no lo rechaza. En muchos casos, los hijos posteriores de la familia pueden portar los traumas no resueltos de los abuelos. En la misma familia del ejemplo, la tercera o la cuarta hija puede quedarse sin casar toda la vida, por miedo a que las controle un hombre al que no quieren. Tuve ocasión de trabajar con una familia libanesa que tenía una dinámica semejante a esta. Cuando nos remontamos una generación más, descubrimos que ambas abuelas libanesas habían sido entregadas por sus padres para convertirse en novias infantiles, una de ellas con nueve años y la otra con doce. Dos de las hermanas libanesas conectaban con la experiencia de sus abuelas, a las que habían obligado a casarse siendo todavía niñas, y repetían aspectos de aquellas circunstancias vitales en sus propias relaciones de pareja. Como sus abuelas, una se había casado con un hombre mucho mayor que ella. La otra no había llegado a casarse, pues se quejaba de que los hombres eran desagradables y controladores; unos sentimientos similares a los que debió de sentir su desgraciada abuela paterna, atrapada en un matrimonio sin amor.
— Cuando se Produce una Ruptura | Uno puede volverse servil, temiendo que si no es bueno o si protesta perderá la conexión con las personas. Otro, sintiendo que ni siquiera ha disfrutado nunca de tal conexión, puede volverse polémico y conflictivo para apartar de su lado a las personas cercanas. Otro hijo puede aislarse y tener poco contacto con la gente en general. He observado que cuando varios hermanos sufren rupturas del vínculo madre-hijo, suelen manifestar ira o celos, o se sienten desconectados entre sí. Por ejemplo, un hijo o hija mayor puede estar resentido con su hermano menor, al percibir que este ha recibido el amor que no recibió el mayor. Dado que el hipocampo, la parte del cerebro que interviene en la creación de recuerdos, no está plenamente operativo hasta después de los dos años de edad, la hija o el hijo mayor puede no tener un recuerdo consciente de cuando su madre lo tenía en brazos, lo alimentaba o lo mimaba, pero sí recuerda cómo el hijo menor recibía el amor de la madre. Como reacción, el hijo mayor, que se siente despreciado, puede culpar inconscientemente al menor de haber recibido lo que no tuvo él. Y también existen, claro está, algunos niños que no parece que porten ningún trauma familiar. En el caso de estos niños, es muy posible que se estableciera un vínculo adecuado con la madre o con el padre, o con ambos, y que esta conexión contribuyera a inmunizar al niño para que no portara enredos del pasado. Es posible que se diera una ventana de tiempo en la que la madre pudo dar a un hijo determinado más que a los otros. Es posible que mejorara la relación de los padres. Es posible que la madre sintiera una conexión especial con uno de los hijos, sin que fuera capaz de conectar profundamente con los demás. Parece que en muchos casos, aunque no siempre, los niños menores salen un poco mejor parados que los primeros o que los hijos únicos, y parece que estos últimos llevan consigo una proporción mayor de las cuestiones no resueltas de la historia familiar.
— La Herencia de Traumas | Además del orden de nacimiento y del sexo de cada hijo, existen otras muchas variables que pueden influir sobre las decisiones que toman los hermanos y las vidas que hacen. Aunque a primera vista pueda parecer que uno de los hermanos no está afectado por el trauma mientras que otro porta su carga, yo lo veo de otro modo, a la luz de mi experiencia clínica. Lo que veo es que la mayoría de nosotros portamos, como mínimo, algún residuo de nuestra historia familiar. No obstante, también pueden entrar en la ecuación muchos factores intangibles que influyen sobre el grado de arraigo de los traumas familiares. Entre estos factores intangibles se cuentan la conciencia de uno mismo, la capacidad para calmarse a uno mismo y haber tenido una experiencia potente de curación interior.
— Reviviendo y Transmutando los Traumas | Una de las maneras fundamentales en las que hacemos esto es dejándonos conmover por una experiencia o por una imagen lo bastante fuerte como para eclipsar las viejas emociones y sensaciones del trauma que viven dentro de nosotros. Nuestras mentes tienen una gran capacidad para sanarse por medio de las imágenes.
— Nuestras Mentes Tienen | Ya nos imaginemos una escena de perdón, de consuelo o de liberación, o ya nos limitemos a visualizar a un ser querido, las imágenes pueden asentársenos profundamente en el cuerpo y hundírsenos en la mente. A lo largo de mi trabajo, he descubierto que ayudar a las personas a desenterrar la imagen que más les resuena es la piedra angular de la curación.
— Ayudar a las Personas | El concepto del poder curador de las imágenes ya se conocía como válido mucho antes de que se demostrara su efectividad por medio de las técnicas de imagen cerebral. El poeta William Butler Yeats escribió hace más de cien años que «la sabiduría habla en primer lugar por medio de imágenes», y que nos basta con dejarnos guiar por la imagen que vive dentro de nosotros para que nuestras almas se vuelvan «sencillas como llamas», y nuestros cuerpos «tan serenos como una lámpara de ágata». Carl Jung acuñó en 1913 el término imaginación activa, que designa una técnica en la que se emplean imágenes (tomadas de un sueño, en muchos casos) para entablar un diálogo con la mente inconsciente, sacando a relucir lo que ha estado sumido en la oscuridad.
— La idea de la Visualización | La ciencia confirma esta idea. Doidge revolucionó nuestro concepto del funcionamiento del cerebro humano introduciendo una nueva visión del cerebro como flexible y capaz de cambiar, en lugar de fijo e inamovible como se le consideraba hasta entonces. Sus trabajos muestran cómo las experiencias nuevas pueden crear nuevas vías neuronales. Estas nuevas vías neuronales se refuerzan con la repetición y se profundizan con la atención centrada. En esencia, cuanto más practicamos algo, más entrenamos a nuestro cerebro para el cambio. Este principio fundamental se recoge en una frase que resume los trabajos que presentó en 1949 el neuropsicólogo canadiense Donald Hebb: «Las neuronas que se activan juntas, se agrupan». En esencia, cuando las neuronas cerebrales se activan a la vez, se refuerza la conexión entre ellas. Dicho de manera sencilla, cada vez que repetimos una experiencia concreta, esta se nos arraiga más. Con las repeticiones suficientes, la experiencia puede volverse automática.
— Aplicando el Principio de Hebb | Puede tratarse de una experiencia de recibir consuelo o apoyo, o de sentir compasión o gratitud; en última instancia, puede ser cualquier cosa que nos permita sentir fuerza o paz dentro de nosotros. Cuando reproducimos repetidas veces los sentimientos y las sensaciones asociados a esta nueva experiencia, no solo pueden empezar a agruparse determinadas estructuras de nuestro cerebro, sino que podemos estimular la liberación de neurotransmisores del bienestar, como la serotonina y la dopamina, o de hormonas del bienestar, como la oxitocina. Hasta podemos afectar al modo en que se expresan nuestros genes. Los mismos genes que intervienen en la respuesta de estrés del cuerpo pueden empezar a funcionar de otra manera mejor. A nivel neurofisiológico, cada vez que practicamos la experiencia beneficiosa estamos apartando la intervención del centro de nuestro cerebro que se dedica a responder al trauma, y dirigiéndola hacia otras áreas del cerebro, más concretamente hacia el córtex prefrontal, donde podemos integrar la experiencia nueva y se pueden producir cambios neuroplásticos. Como Doidge, el neurocientífico Michael Merzenich, uno de los investigadores más destacados en el terreno de la neuroplasticidad, afirma que «cuando practicamos una habilidad nueva en condiciones adecuadas, pueden cambiarnos centenares o incluso miles de millones de conexiones entre las neuronas de nuestro mapa cerebral».
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— Un Nuevo Mapa Cerebral | Cuando establecemos la relación con lo que está detrás de nuestros miedos y de nuestros síntomas, ya estamos abriendo nuevas posibilidades de resolución. En algunos casos, nos basta con haber alcanzado esta nueva comprensión para que dejemos de lado nuestras viejas imágenes dolorosas e iniciemos una liberación visceral que podremos sentir en el núcleo mismo de nuestro cuerpo. En otros casos, establecer la relación solo tiene el efecto de que comprendamos mejor, pero nos hace falta algo más para integrar plenamente lo que hemos descubierto. Necesitaremos frases, ritos, prácticas o ejercicios que nos ayuden a forjar una nueva imagen interior. La nueva imagen puede llenarnos de una provisión interior de calma, convirtiéndose en punto de referencia de paz interior al que podemos regresar una y otra vez. Cuando tenemos arraigado un nuevo mapa cerebral, pensamientos nuevos, sentimientos nuevos y sensaciones nuevas, inauguramos una nueva experiencia interior de bienestar que empieza a competir con nuestras viejas reacciones traumáticas y con el poder de estas para llevarnos por el mal camino. Cuanto más recorremos las vías neuronales y viscerales de nuestro nuevo mapa cerebral, más nos identificamos con los sentimientos buenos que acompañan a ese mapa. Con el tiempo, empezamos a familiarizarnos con los sentimientos buenos y a confiar en nuestra capacidad para volver al terreno sólido aunque nos hayan temblado los cimientos durante un tiempo.
— Podemos Cambiarnos el Cerebro | Las técnicas de imagen cerebral demuestran que muchas neuronas y regiones del cerebro se activan por igual cuando nos imaginamos un hecho y cuando lo vivimos en la realidad. Doidge afirma que la visualización es un proceso en el que se aplica tanto la imaginación como la memoria. Dice que «al visualizar, recordar o imaginar experiencias agradables se activan muchos de los mismos circuitos sensoriales, motores, emocionales y cognitivos que se activaban durante la experiencia agradable real». «La creación empieza por la imaginación», escribió en 1921 el dramaturgo George Bernard Shaw. Mucho antes de que se considerara posible siquiera la neuroplasticidad, Shaw ya había expuesto el principio de que «lo que imaginamos, lo hacemos posible».
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— El Cambio Plástico | El doctor Dawson Church, en su exitoso libro El genio en sus genes: la medicina energética y la nueva medicina de la intención, en el que expone las investigaciones sobre la relación de las emociones con la expresión genética, explica cómo la visualización, la meditación y el enfoque sobre pensamientos, emociones y oraciones positivas (lo que él llama intervenciones epigenéticas internas) pueden activar genes y tener efectos positivos sobre nuestra salud. «Llenarnos las mentes de imágenes positivas de bienestar puede producirnos un entorno epigenético que refuerza el proceso de curación», afirma.
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