Coaching & Tips * Ari Shemoth
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— Un Camino Hacia Tu Realización | Soporte, Guía y Sanación Emocional y Física.
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Resumen del Capítulo 4 «Ve Más Allá del Tiempo»: En este capítulo, el Dr. Joe Dispenza explora la importancia de vivir en el presente y nos explica cómo nuestras experiencias pasadas afectan nuestra realidad actual desde una perspectiva cuántica.
Vivir en el Presente y las Posibilidades Cuánticas
• Vivir en el presente nos permite acceder a todas las posibilidades simultáneamente en el campo cuántico.
• Al vivir en el pasado, limitamos nuestras posibilidades futuras al no permitir nuevas experiencias.
Impacto de los Recuerdos del Pasado
• Los recuerdos del pasado generan respuestas químicas automáticas que condicionan nuestras reacciones emocionales.
• La repetición de pensamientos sobre experiencias pasadas fusiona recuerdos y emociones, creando respuestas automáticas subconscientes.
Sistema Nervioso Autónomo y Respuestas Emocionales
• El sistema nervioso autónomo regula respuestas físicas y mentales automáticamente, influenciando nuestras emociones diarias.
• Las respuestas emocionales rutinarias se comparan con un piloto automático, mos-trando cómo nuestro cuerpo puede controlar nuestras acciones basado en memorias pasadas.
Condicionamiento Emocional y Cambio Personal
• Se habla del condicionamiento y su influencia con el experimento de Pavlov hecho con perros en donde se muestra cómo las respuestas automáticas se activan por estímulos previos.
Impacto de las Emociones en el Estado de Ánimo
• Pasar por situaciones frustrantes puede desencadenar respuestas emocionales negativas.
• La duración del periodo refractario afecta la intensidad de los sentimientos genera-dos por una emoción.
• La persistencia de un estado de ánimo puede transformarse en un temperamento, reflejando una tendencia emocional prolongada.
Relación entre Emociones Pasadas y Personalidad
• Los rasgos de personalidad se basan en reacciones emocionales pasadas.
• Cambiar la personalidad implica modificar las emociones memorizadas y vivir más en el presente que en el pasado.
Visualización del Futuro Deseado
• Concentrarse en una situación futura deseada puede llevar a experimentarla mentalmente antes de que ocurra.
• Obsesionarse con escenarios no deseados programa al cuerpo para vivir esas situa-ciones imaginarias.
Vivir en un Futuro Previsible
• Vivir constantemente anticipando situaciones futuras limita la capacidad de disfrutar del presente.
Rompiendo con Patrones Automáticos
• Los programas inconscientes nos llevan a destinos rutinarios si no aprendemos a vivir más allá del tiempo.
• Las emociones habituales pueden influir en la creación de un futuro predecible.
• La anticipación negativa puede llevar a experiencias desagradables debido a la obsesión con un futuro no deseado.
• Observar nuestros pensamientos revela que solemos estar enfocados en el pasado o futuro, destacando la importancia de vivir en el presente para crear un nuevo futuro deseado.
Vivir Ahora el Futuro Elegido
• Se plantea la pregunta sobre por qué elegimos vivir en el pasado cuando podemos modificar mentalmente nuestra configuración cerebral para cambiar nuestro futuro.
• La importancia de decidir vivir ahora el futuro deseado en lugar de obsesionarse con situaciones temidas basadas en experiencias pasadas.
Transcendiendo los Tres Grandes
• El mayor obstáculo para cambiar radica en pensar y sentir más allá de las circunstancias actuales, siendo crucial trascender el entorno, el cuerpo y el tiempo.
Se ha Escrito Largo y Tendido | Cuando estamos presentes, vivimos «el momento», podemos ir más allá del espacio y el tiempo, y hacer realidad cualquiera de estas posibilidades. Pero cuando vivimos en el pasado, no existe ninguna de estas nuevas posibilidades. Has aprendido que cuando los seres humanos intentamos cambiar reaccionamos como adictos, porque nos volvemos adictos a nuestros estados químicos del ser habituales. Cuando tienes una adicción es casi como si el cuerpo poseyera una mente propia. A medida que las situaciones del pasado provocan la misma respuesta química que la del episodio original, tu cuerpo cree estar reviviéndolo. Y en cuanto lo adiestras con este proceso a ser la mente subconsciente, el cuerpo es el que lleva la batuta, se convierte en la mente y, por lo tanto, puede, en cierto sentido, pensar.
He Hablado | El proceso es el siguiente: vivimos una experiencia con una carga emocional. Después tenemos un pensamiento sobre este episodio. El pensamiento se convierte a su vez en un recuerdo que reproduce de forma refleja la emoción de la experiencia. Si seguimos pensando en aquel recuerdo de manera repetida, el pensamiento, el recuerdo y la emoción acaban fusionándose en una sola cosa y «memorizamos» la emoción. Ahora vivir en el pasado ya es un proceso más subconsciente que consciente.
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Memorización de las Emociones |Figura 4A. El pensamiento produce un recuerdo, que a su vez crea una emoción. Con el tiempo, el pensamiento se convierte en un recuerdo al que le sigue una emoción. Si este proceso se repite lo suficiente, el pensamiento acaba siendo el recuerdo, que a su vez es la emoción. Hemos memorizado la emoción.
El Subconsciente se Ocupa | Los científicos se refieren a este sistema regulador como el sistema nervioso autónomo. No necesitamos pensar en respirar, en hacer que el corazón siga latiendo, en subir o bajar la temperatura corporal ni en ninguno de los otros millones de procesos que ayudan al cuerpo a mantener el orden y a curarse. Es evidente lo peligroso que puede ser ceder a este sistema automático el control de las respuestas emocionales diarias desencadenadas por nuestros recuerdos y el entorno. Esta serie subconsciente de respuestas rutinarias se han comparado de formas muy diversas con un piloto automático y con los programas automáticos de un ordenador. Estas analogías intentan mostrarnos que bajo la mente consciente hay algo que controla nuestra conducta. El siguiente ejemplo te ayudará a entenderlo mejor. Imagínate que siendo pequeño un día al volver a casa descubriste a tu mascota preferida tendida muerta en el suelo. En el cerebro se te quedó grabada a fuego, nunca mejor dicho, cada impresión sensorial de esta experiencia. La experiencia te asusta. Con experiencias traumáticas como ésta, es fácil entender cómo las emociones se convierten en respuestas memorizadas inconscientes a situaciones del entorno que nos recuerdan la pérdida de un ser querido. A estas alturas ya sabes que al pensar en la experiencia creas en el cerebro y el cuerpo las mismas emociones que sentirías si estuviera ocurriendo de nuevo. Todo cuanto se necesita para activar este programa es un pensamiento fortuito o una reacción a una situación del mundo exterior y, de pronto, vuelves a sentir aquella profunda sensación de pena. El desencadenante puede ser ver un perro parecido al que tú tenías o visitar un lugar adonde lo llevabas de cachorro. Sea cual sea el estímulo sensorial, activa una emoción. Estos desencadenantes emocionales pueden ser evidentes o sutiles, pero todos te afectan a nivel subconsciente y, antes de poder procesar lo ocurrido, vuelves a sentir ese estado emocional/químico de pena, rabia y tristeza. En cuanto te sucede, el cuerpo es el que dirige la mente. Aunque intentes salir de ese estado emocional, siempre te sientes como si estuviera más allá de tu control. Piensa en Pavlov y sus perros. En la última década del siglo xix un joven científico ruso ató varios perros a una mesa, tocó una campanilla y luego les dio una sabrosa comida. Con el tiempo, después de ser expuestos muchas veces al mismo estímulo, los perros se ponían a salivar al oír la campanilla. Es la llamada respuesta condicionada y este proceso es automático. ¿Por qué? Porque el cuerpo empieza a responder de manera autónoma (piensa en el sistema nervioso autónomo). La cascada de reacciones químicas desencadenadas en cuestión de milisegundos cambia el cuerpo fisiológicamente, y ello ocurre a nivel subconsciente sin que apenas nos demos cuenta o de manera automática. Es una de las razones por las que nos cuesta tanto cambiar. Aunque creamos vivir en el presente, el cuerpo-mente subconsciente está viviendo en el pasado. Si esperamos que suceda en el futuro una situación previsible basándonos en un recuerdo del pasado, estamos viviendo como esos canes. Una experiencia vivida con alguien o algo en particular en un determinado momento y lugar nos hace responder fisiológicamente de manera automática (o autónoma).
En Cuanto Abandonamos | Así pues, es lógico que aunque «pensemos» o «creamos» vivir en el presente lo más probable es que nuestro cuerpo esté viviendo en el pasado.
De las Emociones al Estado de Ánimo | Por desgracia, para la mayoría de las personas, como el cerebro funciona mediante la repetición y la asociación de ideas, no es necesario vivir un gran trauma para que el cuerpo se convierta en la mente. Los desencadenantes más pequeños pueden producirnos respuestas emocionales que nos parecen incontrolables. Por ejemplo, mientras vas en coche al trabajo haces una parada en la cafetería habitual para tomarte tu café preferido, pero descubres que ya no les queda. Decepcionado, te dices: ¿Cómo es posible que una empresa tan importante como ésta no tenga una buena provisión de un café con tanto éxito? Al llegar al aparcamiento de tu lugar de trabajo te irritas al ver un coche aparcado en tu espacio favorito. Y cuando coges el ascensor, descubres exasperado que alguien que lo ha usado antes que tú ha pulsado todos los botones. Cuando por fin llegas a la oficina, un compañero te pregunta: «¿Qué te pasa? Hoy pareces estar de mal humor». Le cuentas tu historia y él te entiende perfectamente. Se la resumes diciendo: «Estoy de mala leche, pero se me pasará». Pero no se te pasa. Un estado de ánimo es un estado químico del ser, por lo general de corta duración, la expresión de una prolongada reacción emocional. Algo en tu entorno —en este caso, el camarero que no ha sido capaz de satisfacer tus deseos y otros pequeños incidentes— desencadena una respuesta emocional. Como las sustancias químicas de esta emoción no se usan al instante, sus efectos duran un rato. Se llama periodo refractario, es el tiempo que abarca desde el inicio de la liberación de estas sustancias hasta que el efecto disminuye. Cuanto más dure el periodo refractario, más se experimentan esos sentimientos. Cuando el periodo químico refractario de una reacción emocional dura horas o días, es ya un estado de ánimo.
¿Qué Ocurre si este Estado de Ánimo Persiste? | Cuando llegas a este punto, ya no es sólo un estado de ánimo, sino que estás reflejando un temperamento, la tendencia a expresar de forma habitual una emoción a través de determinadas conductas. Un temperamento es una reacción emocional con un periodo refractario que dura de semanas a meses. Pero cuando el periodo refractario de una emoción dura meses y años, esta tendencia se transforma en un rasgo de personalidad. En este punto los demás te describen como un «amargado», «resentido», «iracundo» o «criticón». Los rasgos de nuestra personalidad suelen basarse en emociones pasadas. La mayoría de las veces la personalidad (cómo pensamos, actuamos y sentimos) está anclada en el pasado. Por eso, para poder cambiar nuestra personalidad, debemos cambiar las emociones memorizadas. Dejar de vivir en el pasado.
Cómo se Crean los Distintos Estados del Ser | Figura 4B. Progresión de distintos periodos refractarios. Una experiencia crea una reacción emocional que puede transformarse en un estado de ánimo, después en el temperamento y, por último, en un rasgo de personalidad. Nosotros, como personalidad, memorizamos nuestras reacciones emocionales y vivimos en el pasado.
Los Rasgos de Nuestra Personalidad
💢 Coaching & Tips: Hay que agregar que los rasgos de nuestra personalidad también se basan en el transgeneracional. ¿Acaso esto es una maldición o castigo inmerecido? Para nada, se trata de entender que somos parte de un sistema familiar el cual conecta a todos sus miembros de maneras que no conocemos, pero que son reales, por lo tanto, también se comparten memorias emocionales que nos pueden llegar a producir afectación en diversas partes o áreas de nuestra vida sin entender el porqué. Su presencia no tiene que ver con hacernos la vida difícil, sino con hacernos más conscientes de la presencia de estas energías que corren por nuestro sistema familiar o social para sanarlas. Una energía que produce desarmonía, bloqueos, conflictos y enfermedad esta precedida por patrones de pensamientos (creencias) que se traducirán en una forma de interpretar lo que nos acontece, el cómo nos vemos, cómo nos sentimos, lo que hacemos, cómo reaccionamos, cómo vivimos y la actitud predominante que tomamos frente a la vida. El mensajero nos invita a identificar las creencias que se comportan como un virus dentro de nuestro sistema familiar para transmutar esta energía convirtiéndola en un mayor nivel de conciencia (de conocimiento espiritual y comprensión emocional). Cuando alguien te hable de tus ancestros, piensa en términos de creencias que compartes con quienes te preceden y que ahora tienes la oportunidad de sanar reorientando esta energía mental. "El espíritu sana al cuerpo". Si cambias tu manera de pensarte, cambiará tu actitud y con ello tu realidad. Si aprendes a escuchar el mensaje e interpretarlo correctamente, podrás reprogramarte como te lo propone el Dr. Dispenza. Si te aplicas en esta labor de manera personal, estarás sanado a tus ancestros, a tus padres e hijos, a tu pareja y familiares presentes. Pues cada vez que se va más allá del entorno, del cuerpo y del tiempo es lo mismo que ir más allá de tu sistema familiar o tu historia almica. Si te encargas en identificar aquello de lo que eres portador, dejarás de ver esto como un problema y más bien lo tratarás como una oportunidad que está a tu alcance para liberar estas energías densas y que no pasen más a las nuevas generaciones produciendo perjuicios. 🦋 Sanándote @ Ari Shemoth
Hay Otra Cosa que Nos impide Cambiar | Como ya sabes, podemos acostumbrar al cuerpo a vivir en el futuro. Aunque, claro está, esto puede servirnos para mejorar nuestra vida, como cuando nos concentramos en una nueva experiencia, como hizo mi hija al crear el trabajo de verano deseado en Italia. Como su historia demuestra, si nos concentramos en una situación futura deseada y planeamos cómo nos prepararemos o comportaremos, llega un momento en que vemos ese posible futuro con tanta claridad y concreción que nuestro pensamiento empieza a transformarse en la experiencia. En cuanto el pensamiento se convierte en la experiencia, genera una emoción. Cuando empezamos a sentir la emoción de una situación antes de que ésta se materialice, el cuerpo (como mente inconsciente) comienza a responder como si la situación ya estuviera sucediendo. Pero ¿qué ocurre si empezamos a anticipar una experiencia futura no deseada o incluso nos obsesionamos con el peor de los escenarios, basándonos en un recuerdo del pasado? Seguimos programando el cuerpo para que experimente una situación futura antes de que ésta ocurra. Ahora el cuerpo ya no vive en el presente o en el pasado, sino en el futuro, pero en un futuro basado en alguna construcción del pasado. Cuando esto ocurre, el cuerpo no sabe distinguir la situación real de la imaginada. Como creemos que lo más probable es que esa situación imaginada nos pase en la vida, el cuerpo se prepara para ella. Y empieza a vivirla de una forma muy real. El siguiente ejemplo muestra cómo vivimos en el futuro basándonos en el pasado. Imagínate que te han pedido que des una conferencia ante 350 personas, pero te da miedo hablar en público por los recuerdos de las desastrosas charlas que diste en el pasado. Cuando piensas en la conferencia, te imaginas plantado ante la audiencia, tartamudeando y perdiendo el hilo de los pensamientos. Tu cuerpo empieza a responder como si esta situación del futuro estuviera ocurriendo. Los hombros se te tensan, el corazón te martillea en el pecho y te pones a sudar profusamente. Mientras te imaginas el tan temido día, haces que tu cuerpo ya esté viviendo esta estresante realidad. Absorto en la posibilidad de fracasar de nuevo y obsesionado con ello, no dejas de pensar en esa temida realidad. La mente y el cuerpo, polarizados, van del pasado al futuro una y otra vez. Y, en consecuencia, te estás privando de la novedad de un maravilloso resultado en el futuro. Como un ejemplo más universal de vivir en un futuro previsible, pongamos que durante muchos años al despertar por la mañana llevas a cabo de manera automática las mismas acciones de siempre. El cuerpo está tan acostumbrado a esa rutina diaria que pasa de una tarea a otra casi mecánicamente. Das de comer al perro, te cepillas los dientes, te vistes, preparas el té, sacas la basura, coges las cartas del buzón...; captas la idea, ¿no? Aunque te despiertes pensando hacer algo distinto, vuelves a lo mismo, a lo mismo de siempre, como si no pudieras evitarlo. Después de haber memorizado esta clase de acciones durante una o dos décadas, tu cuerpo ha aprendido a esperarlas. En realidad, como subconscientemente lo has programado para vivir en el futuro, esto te permite dormirte detrás del volante, incluso se podría decir que ya no eres tú el que conduce. Ahora tu cuerpo no puede existir en el presente. Se ocupa de dirigirte haciendo funcionar un montón de programas inconscientes mientras tú te acomodas en el asiento del copiloto y dejas que te lleve a un destino rutinario y conocido. Para abandonar tus hábitos casi automáticos y dejar de anticipar el futuro, necesitas aprender a vivir más allá del tiempo (más adelante me extenderé sobre el tema).
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Las Emociones de Siempre | Un compañero del trabajo te invita a la barbacoa del Cuatro de Julio.* Sabes que todos los de tu departamento van a ir, pero no te gusta el anfitrión. Siempre es el número uno y no le importa hacérselo saber a los demás. Cada vez que ha organizado un encuentro, has acabado pasándolo fatal, porque este tipo hace que te subas por las paredes. Mientras conduces hacia su casa, no dejas de pensar en que en la última fiesta interrumpió la comida para regalarle a su mujer un nuevo BMW. Estás seguro, como le has estado diciendo a tu pareja durante toda esta semana, que será un día horrible. Y acaba siéndolo. Te ponen una multa por saltarte un stop. Un compañero tuyo derrama una cerveza sobre tus pantalones y la camisa. Y la hamburguesa al punto que has pedido está poco hecha. Pero dada la actitud (tu estado del ser) con la que has ido a la fiesta, ¿cómo podías esperar que las cosas te fueran mejor? Te has despertado esperando un día horrible y ha acabado siéndolo. Has estado pasando de tu obsesión con un futuro no deseado (anticipando lo que sucedería) a vivir en el pasado (comparando el estímulo que estabas recibiendo con los que recibiste en el pasado) para crear más de lo mismo. Si observas tus pensamientos y los escribes, verás que la mayor parte del tiempo estás pensando en el futuro o en el pasado.
Vive tu Nuevo Futuro | Por qué no decidir vivir ahora el futuro elegido? En lugar de obsesionarte con una situación traumática o estresante que temes vivir en el futuro, basándote en tu experiencia del pasado, obsesiónate con una nueva experiencia deseada que aún no hayas sentido emocionalmente. Permítete vivir ahora en ese posible nuevo futuro, hasta el extremo que tu cuerpo acepte o crea estar sintiendo las elevadas emociones que la situación te producirá en el presente. (Aprenderás a hacerlo) ¿Te acuerdas de cuando le dije a mi hija que debía vivir como si ya hubiera experimentado aquel maravilloso verano en Italia? Al hacerlo, ella le estaba transmitiendo al campo cuántico que aquella situación ya se había materializado. Las personas que han destacado en el mundo lo han demostrado, miles de las llamadas personas corrientes lo han conseguido y tú también puedes lograrlo. Tienes todo el equipo neurológico necesario para trascender el tiempo, para adquirir esta habilidad. Lo que algunos llaman milagros, yo lo considero casos de individuos que se esforzaron en cambiar su estado del ser para que el cuerpo y la mente ya no siguieran siendo simplemente un registro del pasado, sino dos activos compañeros encaminándose hacia un futuro mejor.
Trasciende los Tres Grandes | Me apuesto lo que sea a que en algún momento de tu vida (quizás incluso con frecuencia) has pensado más allá del entorno, el cuerpo y el tiempo. Esos momentos en los que trasciendes los Tres Grandes es lo que algunos llaman un estado de «fluir». Hay varias formas de describir lo que sucede cuando el entorno, el cuerpo y la noción del tiempo desaparecen y nos «olvidamos» del mundo. Cuando doy charlas, les pido a los asistentes que me describan algún momento creativo en el que estuvieran tan enfrascados en algo o tan relajados y a gusto que entraron en un estado alterado de conciencia. Estas experiencias suelen ser de dos clases. La primera es la llamada experiencia cumbre, un momento trascendente en el que alcanzamos un estado del ser que asociamos con los monjes y los místicos. Comparada con este episodio tan espiritual, la otra clase de experiencia puede parecer más mundana, ordinaria y prosaica, pero esto no significa que sea menos importante. Mientras escribía este libro viví muchos momentos normales como éstos (aunque no tan a menudo como me hubiera gustado). Cuando me siento a escribir, suelo tener muchas otras cosas en la cabeza: mi cargada agenda de viajes, mis pacientes, mis hijos, mi equipo de trabajo, lo hambriento/soñoliento/feliz que me siento. Si es un buen día, cuando estoy inspirado y las palabras fluyen sin ningún esfuerzo, siento como si mis manos y el teclado fueran una prolongación de mi mente. No soy consciente de mis dedos moviéndose por el teclado ni de mi espalda apoyada en el respaldo de la silla. Los árboles mecidos por la brisa que veo desde la ventana del estudio desaparecen y la pequeña tensión en mi cuello ya no me distrae. Estoy completamente concentrado y absorto en las palabras que aparecen en la pantalla del ordenador. Y de pronto descubro que, aunque parezca haber transcurrido tan sólo un instante, ya hace una hora o más que estoy escribiendo. Seguramente a ti también te ha ocurrido algo parecido mientras conducías, veías una película, disfrutabas de una cena en buena compañía, leías, tejías, tocabas el piano o simplemente estabas sentado en medio de la naturaleza en un lugar silencioso. No sé si a ti también te pasa, pero después de vivir uno de esos momentos en los que el entorno, el cuerpo y el tiempo parecen desaparecer, me siento como nuevo. No siempre se dan mientras estoy escribiendo, pero al terminar de escribir mi segundo libro descubrí que ahora me ocurren más a menudo. A base de práctica, he conseguido controlar el estado de fluir y ahora ya no es una experiencia tan fortuita o imprevista como antes. Trascender los Tres Grandes para vivir esta clase de momentos es esencial para despojarte de tu mente y crear otra nueva.
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Tu Primer Objetivo | Trascender los Tres Grandes es esencial para despojarte de tu mente y crear otra nueva. Lo que algunos llaman milagros, yo lo considero casos de individuos que se esforzaron en cambiar su estado del ser para que el cuerpo y la mente ya no siguieran siendo simplemente un registro del pasado, sino dos activos compañeros encaminándose hacia un futuro mejor.
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