Coaching & Tips * Ari Shemoth
3.62K subscribers
2.08K photos
829 videos
3 files
3.24K links
— Un Camino Hacia Tu Realización | Soporte, Guía y Sanación Emocional y Física.
Download Telegram
Analicemos Esta Situación | ¿Qué ocurre si este ciclo mental y emocional de pensar y sentir de haber sido traicionado sigue dándose durante años? Si sigues aferrándote a esta experiencia con tu jefe o reviviendo esos sentimientos día tras día, le estás enviando continuamente unas señales a tu cuerpo por medio de las sustancias químicas de unos sentimientos que relaciona con el pasado. Como esta continuidad química le hace creer al cuerpo que sigue experimentando el pasado, continúa reviviendo la misma experiencia emocional. Cuando tus pensamientos y sentimientos memorizados obligan constantemente al cuerpo a «vivir» en el pasado, se puede decir que el cuerpo se convierte en el recuerdo del pasado. Si estos sentimientos memorizados de traición han estado dirigiendo tus pensamientos durante años, tu cuerpo ha estado viviendo en el pasado las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, cincuenta y dos semanas al año. Hasta que con el paso del tiempo tu cuerpo se queda anclado en el pasado. Cuando re-creas repetidamente las mismas emociones de siempre hasta no poder pensar más allá de lo que sientes, tus sentimientos se convierten en los medios de tus pensamientos. Y como tus sentimientos son un registro de experiencias vividas, estás pensando en el pasado. Y según la ley cuántica, sigues creando más pasado. En pocas palabras: la mayoría de las personas vivimos en el pasado y nos resistimos a vivir en un nuevo futuro. ¿Por qué? Porque el cuerpo está tan acostumbrado a memorizar los registros químicos de las experiencias pasadas que se acaba apegando a esas emociones. En un sentido muy real, nos volvemos adictos a los sentimientos de siempre. Y cuando queremos mirar hacia el futuro y soñar con nuevas vistas y con bravos paisajes en una realidad no demasiado lejana, el cuerpo, cuya moneda de cambio son los sentimientos, se resiste a cambiar de pronto de dirección. Dar esta media vuelta es la gran hazaña del cambio personal. Muchas personas, pese a intentar crearse un nuevo destino, son incapaces de superar el recuerdo de quien creen ser. Aunque ansíen vivir nuevas aventuras y sueñen con nuevas posibilidades futuras, no pueden dejar de visitar de nuevo el pasado. Los sentimientos y las emociones no son en sí malos. Son producto de las experiencias. Pero si estamos siempre reviviendo los mismos de siempre, no viviremos ninguna experiencia nueva. ¿Has conocido a alguien que siempre esté hablando de los «buenos tiempos del pasado»? Lo que en realidad está diciendo es: Como en mi vida no está ocurriendo nada nuevo que me estimule emocionalmente; tengo que reafirmarme con los momentos maravillosos del pasado. Si creemos que nuestros pensamientos tienen algo que ver con nuestro destino, en este caso como creadores, estaremos caminando solamente en círculos.
👍2
En un Sentido Muy Real | En pocas palabras: la mayoría de las personas vivimos en el pasado y nos resistimos a vivir en un nuevo futuro. ¿Por qué? Porque el cuerpo está tan acostumbrado a memorizar los registros químicos de las experiencias pasadas que se acaba apegando a esas emociones. Dar esta media vuelta es la gran hazaña del cambio personal. Muchas personas, pese a intentar crearse un nuevo destino, son incapaces de superar el recuerdo de quien creen ser.
El Mundo interior | Otro aspecto importante para dejar este hábito tiene que ver con la salud física. Sin duda, en la escala de lo que más queremos cambiar en nuestra vida, la salud va en cabeza. Y cuando deseamos que mejore, hay una serie de dogmas que debemos analizar y abandonar: el mito de que los genes crean enfermedades y la falacia del determinismo genético. También hablaré de un campo científico que tal vez desconozcas, llamado epigenética: el control de los genes desde el exterior de la célula, o, más exactamente, el estudio de los cambios en la función génica que se producen sin un cambio en la secuencia del ADN. Al igual que podemos crear experiencias nuevas, como hizo mi hija, también podemos controlar nuestro destino genético, una parte muy importante de nuestra vida. Mientras sigues leyendo, verás que conocer algo sobre tus genes y qué es lo que les indica que se expresen o no es esencial para entender por qué debes cambiar en tu interior. La comunidad científica afirmaba que los genes eran los responsables de la mayoría de las enfermedades. Pero hace un par de décadas mencionó de manera informal que estaba en un error y anunció que el entorno, al activar o desactivar unos genes en particular, es el factor que más enfermedades causa. Ahora sabemos que menos del 5 por ciento de las enfermedades actuales proceden de trastornos monogenéticos (como la enfermedad de Tay-Sachs y la Corea de Huntington), y que alrededor del 95 por ciento de las enfermedades están relacionadas con el estilo de vida, el estrés crónico y factores tóxicos ambientales. Pero los factores del entorno no son más que una parte del problema. ¿Por qué cuando dos personas están expuestas a las mismas condiciones tóxicas ambientales a veces una enferma o contrae una dolencia y la otra no? ¿Cómo es que alguien con un trastorno de personalidad múltiple muestra una grave alergia a alguna sustancia en una de sus personalidades y en cambio en otra es inmune al mismo antígeno o estímulo? ¿Por qué los médicos y los profesionales de la salud no están constantemente enfermos, aunque la mayoría estén expuestos a diario a agentes patógenos? También existen numerosos estudios que revelan que gemelos idénticos (que comparten los mismos genes) han tenido experiencias muy distintas en cuanto a su salud y longevidad. Por ejemplo, si ambos compartían el historial familiar de una enfermedad en particular, la enfermedad se manifestaba en un gemelo y no en el otro. Tenían los mismos genes, pero los resultados eran distintos. En todos estos casos, ¿podría la persona que se mantiene sana tener un estado vital interior tan congruente y equilibrado que, aunque su cuerpo esté expuesto a las mismas condiciones peligrosas ambientales que los demás, el mundo exterior no altere su expresión genética y, por lo tanto, no indique a los genes que creen una enfermedad? Es cierto que el mundo exterior influye en nuestro mundo interior. Pero ¿es posible, al cambiar nuestro estado interior, superar los efectos de un entorno estresante o contaminado para que determinados genes no se activen? Tal vez no podamos controlar todas las condiciones del entorno exterior, pero sin duda podemos decidir controlar nuestro entorno interior.
Los Genes | El cuerpo es una fábrica productora de proteínas. Las células musculares generan proteínas musculares llamadas actina y miosina, las células de la piel crean células epidérmicas llamadas colágeno y elastina, y las células estomacales producen proteínas estomacales llamadas enzimas. La mayoría de las células del cuerpo producen proteínas y los genes son lo que utilizan para crearlas. Expresamos unos determinados genes a través de células que producen unas proteínas en particular. La mayor parte de organismos se adaptan a las condiciones ambientales por medio de cambios genéticos graduales. Por ejemplo, cuando un organismo se enfrenta a unas condiciones ambientales muy duras, como temperaturas extremas, depredadores peligrosos, presas rápidas, vientos destructores, corrientes fuertes u otros factores, se ve obligado a superar los aspectos adversos de su mundo para sobrevivir. Como los organismos almacenan todas estas experiencias en los circuitos del cerebro y en las emociones de su cuerpo, van cambiando con el paso del tiempo. Si los leones intentan cazar presas demasiado rápidas, al tener las mismas experiencias durante generaciones, desarrollan unas patas más largas, unos dientes más afilados o un corazón más grande. Todos estos cambios son producto de los genes fabricando proteínas que modifican el cuerpo para que se adapte al entorno. Sigamos en el reino animal para ver el proceso de la adaptación o la evolución. Un grupo hipotético de mamíferos emigra a un hábitat donde la temperatura oscila de veintiséis grados bajo cero a cuatro grados. Los genes de estos mamíferos, que han estado viviendo durante muchas generaciones bajo un frío extremo, acabarán produciendo una nueva proteína que fabricará un pelaje más espeso y abundante (el pelo y el pelaje son proteínas). Numerosas especies de insectos han evolucionado adquiriendo la habilidad del camuflaje. Algunos de los que viven en los árboles y las plantas se han adaptado adquiriendo el aspecto de ramitas o pinchos para que los pájaros no los detecten. El camaleón es probablemente el «camuflador» más conocido y su capacidad de cambiar de color procede de la expresión genética de las proteínas. En estos procesos, los genes almacenan las condiciones del mundo exterior. La evolución consiste en esto, ¿no?
👍1
La Epigenética Sugiere | Existen genes dependientes de las experiencias que se activan cuando se da el crecimiento, la curación o el aprendizaje, y genes dependientes de estados conductuales que son influidos durante el estrés, la estimulación emocional o el sueño. Uno de los campos más investigados en la actualidad es la epigenética (significa literalmente «por encima de la genética»), el estudio de cómo el entorno controla la actividad genética. La epigenética contradice el modelo genético tradicional que afirmaba que el ADN controla toda la vida y que la expresión genética tiene lugar dentro de la célula. Este antiguo conocimiento nos condenaba a un futuro predecible en el que nuestro destino estaba condicionado por la herencia genética y la vida celular estaba predeterminada. En realidad, los cambios epigenéticos en la expresión del ADN se transmiten a las generaciones futuras. Pero ¿cómo se transmiten si el código del ADN sigue siendo el mismo? Está más allá del alcance de este libro demostrarlo con una explicación científica, pero en su lugar usaré una analogía. La secuencia genética se parece a un plano. Imagínate que dibujas el plano de una casa y luego lo escaneas y lo guardas en el ordenador. Después lo modificas con el programa Photoshop, cambiando una serie de características sin cambiar el plano. Por ejemplo, modificas la expresión de variables como el color, el tamaño, la escala, las dimensiones, los materiales y otros elementos. Miles de personas (equivalentes a variables ambientales) pueden producir distintas imágenes, pero todas ellas son expresiones del mismo plano. La epigenética nos permite pensar en el cambio con más profundidad. El cambio de paradigma epigenético nos da la libertad de activar la actividad genética y cambiar nuestro destino genético. En aras de la ilustración y la simplificación, cuando hablo de activar un gen al expresarlo en distintas formas, me refiero a «encenderlo». En realidad, los genes no se encienden ni se apagan, se activan por medio de señales químicas y ellos se expresan a sí mismos de determinadas formas creando diversas proteínas. Sólo por el mero hecho de cambiar nuestros pensamientos, sentimientos, reacciones emocionales y conductas eligiendo, por ejemplo, un estilo de vida más sano en cuanto a la nutrición y al nivel de estrés, ya les estamos enviando a las células nuevas señales, y éstas expresan entonces nuevas proteínas sin cambiar el plano genético. Aunque nuestro código del ADN siga siendo el mismo, en cuanto se activa una célula de una nueva forma al disponer de una nueva información, la célula puede crear miles de variaciones del mismo gen. Podemos indicarles a nuestros genes que reescriban nuestro futuro.
Perpetuar Viejos Estados | En nuestra genética hay partes que cambian con más facilidad y otras que apenas lo hacen, lo cual significa que cuestan más de activar porque hace más tiempo que existen en nuestra historia genética. Al menos esto es lo que la ciencia afirma en la actualidad. ¿Por qué se activan unos genes en particular y otros no? Si vivimos siempre en el mismo estado tóxico de ira, en el mismo estado melancólico de depresión, en el mismo estado vigilante de ansiedad o en el mismo estado desmoralizador de baja autoestima, estas señales químicas repetitivas de las que he hablado presionan los mismos botones genéticos que acaban activando ciertas enfermedades. Las emociones estresantes, como ya sabes, activan unos genes en concreto, desregularizando las células (desregularizar se refiere a alterar un mecanismo regulador fisiológico) y creando enfermedades. Cuando pensamos y sentimos de la misma manera la mayor parte de nuestra vida y memorizamos los estados del ser de siempre, nuestro estado químico interior sigue activando los mismos genes, con lo que continuamos fabricando las mismas proteínas. Pero el cuerpo no puede adaptarse a estas repetidas demandas y empieza a fallar. Si lo hacemos durante diez o veinte años, los genes comienzan a desgastarse y fabrican proteínas «de mala calidad». ¿Qué significa esto? Piensa en lo que sucede cuando envejecemos. La piel se vuelve fofa porque el colágeno y la elastina están hechos con proteínas de mala calidad. ¿Qué les ocurre a los músculos? Se atrofian. Aunque es lógico que suceda, porque la actina y la miosina también son proteínas. Emplearé una analogía para que lo entiendas mejor. Las partes metálicas de tu coche se fabrican con una matriz o un molde. Cada vez que la matriz o el molde se utilizan, son sometidos a unas fuerzas, como el calor y la fricción, que acaban desgastándolos. Como habrás adivinado, las partes de un coche se construyen con tolerancias que dejan muy poco margen (la variación permitida en las dimensiones de una pieza). Con el tiempo, esa matriz o ese molde se desgastan hasta el punto de producir partes que no encajan bien con otras. Al cuerpo le ocurre algo parecido. Debido al estrés o al hábito de estar siempre enojados, asustados, tristes o en otro estado emocional, el ADN y los péptidos utilizados para producir proteínas empezarán a funcionar mal. ¿Cuál es el efecto genético de vivir siempre en las mismas condiciones, creando las mismas reacciones emocionales al hacer, pensar y sentir lo mismo de siempre, viendo a las mismas personas y memorizando nuestra vida en un patrón predecible? Estaremos abocados a un destino genético poco deseable. Significa que nos hemos quedado estancados en los mismos patrones que las generaciones precedentes, que afrontaron las mismas situaciones que nosotros u otras parecidas. Y si sólo estamos reviviendo los recuerdos emocionales del pasado, nos encaminaremos a un destino previsible: el cuerpo empezará a crear las mismas condiciones genéticas que afrontaron las generaciones anteriores. Mientras sigamos teniendo los mismos pensamientos día tras día, nuestro cuerpo seguirá siendo el mismo. Y si la ciencia nos dice que el entorno es el que activa los genes relacionados con la evolución, ¿qué nos ocurre si nuestro entorno nunca cambia? ¿Y si hemos memorizado las mismas condiciones de nuestro mundo exterior y vivimos pensando, actuando y sintiendo siempre lo mismo? ¿Y si todo cuanto hay en nuestra vida sigue como siempre? Acabas de aprender que el entorno exterior les envía químicamente señales a los genes a través de las emociones de una experiencia. Y si las experiencias de tu vida no cambian, las señales químicas que les envías a los genes tampoco lo hacen. Tus células no reciben ninguna información nueva del mundo exterior.
El Modelo Cuántico Afirma | Puedes sentirte feliz o agradecido hasta tal punto que el cuerpo empieza a creer que está «viviendo» esa situación en la vida real. Por esta razón, podemos indicar a nuestros genes que fabriquen nuevas proteínas para que nuestro cuerpo cambie antes de que la situación deseada se materialice.
Los Estados Mentales Elevados | El siguiente ejemplo ilustra cómo podemos enviar señales a nuevos genes de nuevas formas para empezar a sentir emocionalmente un acontecimiento antes de que se manifieste en el futuro. En Japón se realizó un estudio para descubrir el efecto del estado mental sobre las enfermedades. Los participantes fueron divididos en dos grupos de pacientes con diabetes tipo 2, todos ellos dependían de la insulina. Ten en cuenta que la mayoría de diabéticos se medican con insulina para eliminar el azúcar (glucosa) del torrente sanguíneo y depositarlo en las células, donde se transforma en energía. Mientras se llevaba a cabo el estudio, los participantes fueron tratados con píldoras o inyecciones de insulina para controlar sus altos niveles de azúcar en la sangre. Les hicieron a todos un análisis en ayunas para establecer los niveles basales de azúcar. Después los sujetos de un grupo miraron una comedia durante una hora, mientras el grupo de control asistió a una tediosa conferencia. Todos los participantes tomaron a continuación una deliciosa comida y luego les volvieron a medir el nivel de azúcar. Hubo una importante diferencia entre los sujetos que gozaron de la comedia televisiva y los que asistieron a la pesada conferencia. A los que asistieron a la conferencia el nivel de azúcar les subió a 123 mg/dl, lo bastante como para necesitar tomar insulina a fin de reducir este peligroso nivel. En cambio, al afortunado grupo que había estado riendo una hora con la comedia, el nivel de azúcar sólo les había subido la mitad de esa cantidad (sólo lo tenían un poco más alto de lo normal) después de comer. Al principio, los investigadores que realizaron el experimento creyeron que a los sujetos que se habían divertido viendo la comedia les había bajado el nivel de azúcar al contraer los músculos abdominales y diafragmáticos con sus risas. Concluyeron que cuando un músculo se contrae usa energía, y la energía que circula es glucosa. Pero la investigación llegó más lejos. Al examinar la secuencia genética de los sujetos que se habían reído, descubrieron que esos diabéticos habían alterado veintitrés expresiones genéticas distintas al reírse con la comedia. Por lo visto, su elevado estado mental había hecho que el cerebro enviara nuevas señales a sus células, con lo que se habían producido aquellas variaciones genéticas que permitían a su cuerpo regular de forma natural los genes responsables de procesar el azúcar en la sangre. Este estudio reveló claramente que nuestras emociones pueden activar unas secuencias genéticas en particular y desactivar otras. Al enviarle señales al cuerpo con una nueva emoción, los sujetos que se rieron alteraron su química interior para cambiar la expresión de sus genes. A veces se da un cambio repentino y espectacular en la expresión genética. ¿Has oído hablar de personas a las que el cabello se les vuelve blanco de la noche a la mañana tras vivir unas condiciones de lo más estresantes? Es un ejemplo de genes actuando. Tuvieron una reacción emocional tan fuerte que la química alterada de su cuerpo activó los genes encargados de la expresión del pelo blanco y desactivó los de la expresión del color normal en cuestión de horas. Enviaron unas señales a nuevos genes de nuevas formas al alterar, primero emocionalmente y luego químicamente, su mundo interior.
Como ya he Señalado | ¿Puedes elegir una posibilidad del campo cuántico (a propósito, ya existen todas las posibilidades en él) y sentir emocionalmente una situación futura antes de que se materialice? ¿Puedes hacerlo tantas veces que adiestres emocionalmente a tu cuerpo con una nueva mente, enviando señales a nuevos genes de una nueva forma? Si lo logras, es muy probable que empieces a conformar y moldear tu cerebro y tu cuerpo en una nueva expresión... para que cambien físicamente antes de que la posible realidad deseada se manifieste.
Cambia tu Cuerpo | Tal como se describía en un artículo publicado en el Journal of Neurophisiology de 1992, dividieron a los participantes del estudio en tres grupos:
• A los sujetos del primer grupo les pidieron que ejercitaran un dedo de la mano izquierda, contrayéndolo y relajándolo una hora al día, cinco días a la semana, durante un mes.
• A los del segundo grupo les pidieron que repitieran mentalmente el ejercicio durante el mismo espacio de tiempo, pero sin mover físicamente el dedo.
• Los del grupo de control no ejercitaron ni el dedo ni la mente.
Al terminar el estudio, los científicos compararon los resultados. Los participantes del primer grupo y los del grupo de control fueron sometidos a una prueba para averiguar quiénes tenían más fuerza en los dedos. Una tarea para tontos, ¿verdad? A los del grupo que realizaron el ejercicio la musculatura del dedo les aumentó un 30 por ciento comparados con los del grupo de control. Todos sabemos que si un músculo soporta una carga de manera repetida se fortalece. Lo que los científicos seguramente no se podían imaginar es que a los sujetos del segundo grupo que hicieron el ejercicio mentalmente la musculatura del dedo ¡les aumentó un 22 por ciento! La mente les produjo un efecto físico cuantificable en el cuerpo. Es decir, el cuerpo cambia sin necesidad de participar en la experiencia física. Al igual que los investigadores han trabajado haciendo pruebas a sujetos ejercitando los dedos mentalmente o imaginando tocar las escalas musicales en el piano, los experimentos han comparado la experiencia práctica con la repetición mental en sujetos flexionando los bíceps con mancuernas. Los resultados fueron los mismos. Los bíceps se fortalecían tanto si los participantes los ejercitaban física como mentalmente. Pero los que lo hicieron mentalmente experimentaron cambios fisiológicos sin necesidad de realizar la experiencia física. Cuando el cuerpo cambia física/biológicamente como si la experiencia hubiera sucedido, aunque sólo la hayamos realizado con el pensamiento o el esfuerzo mental, desde una perspectiva cuántica demuestra que la situación ya ha ocurrido en nuestra realidad. Si el cerebro actualiza su configuración como si la experiencia ya hubiera sucedido físicamente, y el cuerpo cambia genética o biológicamente (demuestra que ya ha ocurrido), y ambos cambian sin «hacer» nosotros nada en las tres dimensiones, en este caso significa que la situación ha ocurrido tanto en el mundo cuántico de la conciencia como en el mundo de la realidad física.
Resumen del Capítulo 4 «Ve Más Allá del Tiempo»: En este capítulo, el Dr. Joe Dispenza explora la importancia de vivir en el presente y nos explica cómo nuestras experiencias pasadas afectan nuestra realidad actual desde una perspectiva cuántica.
Vivir en el Presente y las Posibilidades Cuánticas
• Vivir en el presente nos permite acceder a todas las posibilidades simultáneamente en el campo cuántico.
• Al vivir en el pasado, limitamos nuestras posibilidades futuras al no permitir nuevas experiencias.
Impacto de los Recuerdos del Pasado
• Los recuerdos del pasado generan respuestas químicas automáticas que condicionan nuestras reacciones emocionales.
• La repetición de pensamientos sobre experiencias pasadas fusiona recuerdos y emociones, creando respuestas automáticas subconscientes.
Sistema Nervioso Autónomo y Respuestas Emocionales
• El sistema nervioso autónomo regula respuestas físicas y mentales automáticamente, influenciando nuestras emociones diarias.
• Las respuestas emocionales rutinarias se comparan con un piloto automático, mos-trando cómo nuestro cuerpo puede controlar nuestras acciones basado en memorias pasadas.
Condicionamiento Emocional y Cambio Personal
• Se habla del condicionamiento y su influencia con el experimento de Pavlov hecho con perros en donde se muestra cómo las respuestas automáticas se activan por estímulos previos.
Impacto de las Emociones en el Estado de Ánimo
• Pasar por situaciones frustrantes puede desencadenar respuestas emocionales negativas.
• La duración del periodo refractario afecta la intensidad de los sentimientos genera-dos por una emoción.
• La persistencia de un estado de ánimo puede transformarse en un temperamento, reflejando una tendencia emocional prolongada.
Relación entre Emociones Pasadas y Personalidad
• Los rasgos de personalidad se basan en reacciones emocionales pasadas.
• Cambiar la personalidad implica modificar las emociones memorizadas y vivir más en el presente que en el pasado.
Visualización del Futuro Deseado
• Concentrarse en una situación futura deseada puede llevar a experimentarla mentalmente antes de que ocurra.
• Obsesionarse con escenarios no deseados programa al cuerpo para vivir esas situa-ciones imaginarias.
Vivir en un Futuro Previsible
• Vivir constantemente anticipando situaciones futuras limita la capacidad de disfrutar del presente.
Rompiendo con Patrones Automáticos
• Los programas inconscientes nos llevan a destinos rutinarios si no aprendemos a vivir más allá del tiempo.
• Las emociones habituales pueden influir en la creación de un futuro predecible.
• La anticipación negativa puede llevar a experiencias desagradables debido a la obsesión con un futuro no deseado.
• Observar nuestros pensamientos revela que solemos estar enfocados en el pasado o futuro, destacando la importancia de vivir en el presente para crear un nuevo futuro deseado.
Vivir Ahora el Futuro Elegido
• Se plantea la pregunta sobre por qué elegimos vivir en el pasado cuando podemos modificar mentalmente nuestra configuración cerebral para cambiar nuestro futuro.
• La importancia de decidir vivir ahora el futuro deseado en lugar de obsesionarse con situaciones temidas basadas en experiencias pasadas.
Transcendiendo los Tres Grandes
• El mayor obstáculo para cambiar radica en pensar y sentir más allá de las circunstancias actuales, siendo crucial trascender el entorno, el cuerpo y el tiempo.
Se ha Escrito Largo y Tendido | Cuando estamos presentes, vivimos «el momento», podemos ir más allá del espacio y el tiempo, y hacer realidad cualquiera de estas posibilidades. Pero cuando vivimos en el pasado, no existe ninguna de estas nuevas posibilidades. Has aprendido que cuando los seres humanos intentamos cambiar reaccionamos como adictos, porque nos volvemos adictos a nuestros estados químicos del ser habituales. Cuando tienes una adicción es casi como si el cuerpo poseyera una mente propia. A medida que las situaciones del pasado provocan la misma respuesta química que la del episodio original, tu cuerpo cree estar reviviéndolo. Y en cuanto lo adiestras con este proceso a ser la mente subconsciente, el cuerpo es el que lleva la batuta, se convierte en la mente y, por lo tanto, puede, en cierto sentido, pensar.
He Hablado | El proceso es el siguiente: vivimos una experiencia con una carga emocional. Después tenemos un pensamiento sobre este episodio. El pensamiento se convierte a su vez en un recuerdo que reproduce de forma refleja la emoción de la experiencia. Si seguimos pensando en aquel recuerdo de manera repetida, el pensamiento, el recuerdo y la emoción acaban fusionándose en una sola cosa y «memorizamos» la emoción. Ahora vivir en el pasado ya es un proceso más subconsciente que consciente.
👍1
Memorización de las Emociones |Figura 4A. El pensamiento produce un recuerdo, que a su vez crea una emoción. Con el tiempo, el pensamiento se convierte en un recuerdo al que le sigue una emoción. Si este proceso se repite lo suficiente, el pensamiento acaba siendo el recuerdo, que a su vez es la emoción. Hemos memorizado la emoción.
El Subconsciente se Ocupa | Los científicos se refieren a este sistema regulador como el sistema nervioso autónomo. No necesitamos pensar en respirar, en hacer que el corazón siga latiendo, en subir o bajar la temperatura corporal ni en ninguno de los otros millones de procesos que ayudan al cuerpo a mantener el orden y a curarse. Es evidente lo peligroso que puede ser ceder a este sistema automático el control de las respuestas emocionales diarias desencadenadas por nuestros recuerdos y el entorno. Esta serie subconsciente de respuestas rutinarias se han comparado de formas muy diversas con un piloto automático y con los programas automáticos de un ordenador. Estas analogías intentan mostrarnos que bajo la mente consciente hay algo que controla nuestra conducta. El siguiente ejemplo te ayudará a entenderlo mejor. Imagínate que siendo pequeño un día al volver a casa descubriste a tu mascota preferida tendida muerta en el suelo. En el cerebro se te quedó grabada a fuego, nunca mejor dicho, cada impresión sensorial de esta experiencia. La experiencia te asusta. Con experiencias traumáticas como ésta, es fácil entender cómo las emociones se convierten en respuestas memorizadas inconscientes a situaciones del entorno que nos recuerdan la pérdida de un ser querido. A estas alturas ya sabes que al pensar en la experiencia creas en el cerebro y el cuerpo las mismas emociones que sentirías si estuviera ocurriendo de nuevo. Todo cuanto se necesita para activar este programa es un pensamiento fortuito o una reacción a una situación del mundo exterior y, de pronto, vuelves a sentir aquella profunda sensación de pena. El desencadenante puede ser ver un perro parecido al que tú tenías o visitar un lugar adonde lo llevabas de cachorro. Sea cual sea el estímulo sensorial, activa una emoción. Estos desencadenantes emocionales pueden ser evidentes o sutiles, pero todos te afectan a nivel subconsciente y, antes de poder procesar lo ocurrido, vuelves a sentir ese estado emocional/químico de pena, rabia y tristeza. En cuanto te sucede, el cuerpo es el que dirige la mente. Aunque intentes salir de ese estado emocional, siempre te sientes como si estuviera más allá de tu control. Piensa en Pavlov y sus perros. En la última década del siglo xix un joven científico ruso ató varios perros a una mesa, tocó una campanilla y luego les dio una sabrosa comida. Con el tiempo, después de ser expuestos muchas veces al mismo estímulo, los perros se ponían a salivar al oír la campanilla. Es la llamada respuesta condicionada y este proceso es automático. ¿Por qué? Porque el cuerpo empieza a responder de manera autónoma (piensa en el sistema nervioso autónomo). La cascada de reacciones químicas desencadenadas en cuestión de milisegundos cambia el cuerpo fisiológicamente, y ello ocurre a nivel subconsciente sin que apenas nos demos cuenta o de manera automática. Es una de las razones por las que nos cuesta tanto cambiar. Aunque creamos vivir en el presente, el cuerpo-mente subconsciente está viviendo en el pasado. Si esperamos que suceda en el futuro una situación previsible basándonos en un recuerdo del pasado, estamos viviendo como esos canes. Una experiencia vivida con alguien o algo en particular en un determinado momento y lugar nos hace responder fisiológicamente de manera automática (o autónoma).
En Cuanto Abandonamos | Así pues, es lógico que aunque «pensemos» o «creamos» vivir en el presente lo más probable es que nuestro cuerpo esté viviendo en el pasado.
De las Emociones al Estado de Ánimo | Por desgracia, para la mayoría de las personas, como el cerebro funciona mediante la repetición y la asociación de ideas, no es necesario vivir un gran trauma para que el cuerpo se convierta en la mente. Los desencadenantes más pequeños pueden producirnos respuestas emocionales que nos parecen incontrolables. Por ejemplo, mientras vas en coche al trabajo haces una parada en la cafetería habitual para tomarte tu café preferido, pero descubres que ya no les queda. Decepcionado, te dices: ¿Cómo es posible que una empresa tan importante como ésta no tenga una buena provisión de un café con tanto éxito? Al llegar al aparcamiento de tu lugar de trabajo te irritas al ver un coche aparcado en tu espacio favorito. Y cuando coges el ascensor, descubres exasperado que alguien que lo ha usado antes que tú ha pulsado todos los botones. Cuando por fin llegas a la oficina, un compañero te pregunta: «¿Qué te pasa? Hoy pareces estar de mal humor». Le cuentas tu historia y él te entiende perfectamente. Se la resumes diciendo: «Estoy de mala leche, pero se me pasará». Pero no se te pasa. Un estado de ánimo es un estado químico del ser, por lo general de corta duración, la expresión de una prolongada reacción emocional. Algo en tu entorno —en este caso, el camarero que no ha sido capaz de satisfacer tus deseos y otros pequeños incidentes— desencadena una respuesta emocional. Como las sustancias químicas de esta emoción no se usan al instante, sus efectos duran un rato. Se llama periodo refractario, es el tiempo que abarca desde el inicio de la liberación de estas sustancias hasta que el efecto disminuye. Cuanto más dure el periodo refractario, más se experimentan esos sentimientos. Cuando el periodo químico refractario de una reacción emocional dura horas o días, es ya un estado de ánimo.