Coaching & Tips * Ari Shemoth
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La Historian del Dr. Dispenza | Tu Mente Puede Curarte: Después de un accidente Joe Dispenza se encontraba destrozado de su columna en una camilla de hospital, cuando los médicos le dijeron que nunca más podría caminar. Tiempo después, llegó a tener un cuerpo completamente sano sin necesidad de ninguna cirugía. ¿Cómo lo hizo? Quédate viendo este video para descubrirlo | Elvis Dbeuses YouTube
Yo Soy | Yo Soy es un sentimiento de conciencia permanente. El centro mismo de la conciencia es el sentimiento de Yo Soy.

Yo puedo olvidar quien soy, dónde estoy, qué soy, pero no puedo olvidar que Yo Soy.

La conciencia de ser permanece, sin importar el grado de olvido de quién, dónde y qué soy.

Yo Soy es aquello que en medio de innumerables formas, es siempre el mismo.

“Todas las cosas, cuando son admitidas, son manifestadas por la luz: porque todo lo manifestado está hecho por la luz”. (Efesios 5:13)

La “luz” es la conciencia. La Conciencia es una, manifestándose en legiones de formas o niveles de conciencia.

No hay nadie que no sea todo lo que existe, porque la conciencia, aunque expresada en una infinita serie de niveles, no es divisional.

No hay separación real o división en la conciencia. Yo Soy no puede ser dividido.

Yo puedo considerarme rico, pobre, un mendigo o un ladrón, pero el centro de mi ser permanece siendo el mismo, independiente del concepto que mantengo de mí mismo.

En el centro de la manifestación hay un solo Yo Soy manifestándose en legiones de formas o conceptos de sí mismo, y “Yo soy el que Soy”.

Yo Soy es la autodefinición del absoluto, la fundación en la cual todo descansa.

Yo Soy es la primera causa-sustancia. Yo Soy es la autodefinición de Dios.

“Yo Soy me ha enviado a ustedes”. (Éxodo 3:14)

“Yo Soy el que Soy”. (Éxodo 3:14)

“Quédate quieto y sabrás que Yo Soy Dios”. (Salmos 46:10)

Este gran descubrimiento de causa revela que, bueno o malo, el individuo es realmente el árbitro de su propio destino y que el concepto que él tenga de sí mismo determina el mundo en el que él vive.

En otras palabras, si tú estás experimentando problemas de salud, sabiendo la verdad de la causa, no puedes atribuir la enfermedad a ninguna otra cosa más que a tu particular arreglo de la causa-sustancia básica.

Todo efecto es un arreglo que fue producido por tus reacciones a la vida y es definido por tu concepto “Yo estoy enfermo”.

Es por esto que se te ha dicho “Deja que el hombre débil diga “Yo soy fuerte” (Joel 3:10) ya que, por su asunción, la causa-sustancia –Yo Soy- es reorganizada y, por lo tanto, debe manifestar aquello que la reorganización afirma.

Este principio gobierna todos los aspectos de tu vida, ya sea social, financiero, intelectual o espiritual.

Yo Soy es esa realidad de la cual, pase lo que pase, debemos volvernos para una explicación del fenómeno de la vida.

Es el concepto del Yo Soy el que determina la forma y escenario de tu existencia.

Todo depende de tu actitud hacia ti mismo; aquello que no afirmes como verdadero de ti mismo no puede ser despertado en tu mundo.

Tu concepto de ti mismo, tal como “Yo Soy fuerte”, Yo Soy seguro, “Yo Soy amado”, determina el mundo en el que tú vives.

En otras palabras, cuando tú dices “Yo Soy un hombre, Yo Soy padre, Yo Soy americano”, no estás definiendo distintos Yo Soy; estás definiendo conceptos o arreglos de la única causa-sustancia, el único Yo Soy.

Aun en el fenómeno de la naturaleza, si el árbol pudiera hablar diría “Yo soy un árbol, un árbol de manzanas, un árbol fructífero”.

Cuando sabes que la conciencia es la única realidad, concibiéndose a sí misma como siendo algo bueno, malo o indiferente y convirtiéndose en aquello que concibe ser. Sabes que tú eres libre de la tiranía de las causas secundarias, libre de la creencia que hay causas fuera de tu propia mente que pueden afectar tu vida.

En el estado de conciencia del individuo es donde se encuentra la explicación del fenómeno de su vida.

Si el concepto sobre sí mismo fuera diferente, todo en su mundo sería diferente. Su concepto de sí mismo siendo lo que es, define entonces, que todo en su mundo debe ser como es.

Por lo tanto, es muy claro que hay un solo Yo Soy y que tú eres ese Yo Soy.

Y aunque Yo Soy es infinito, tú, por tu concepto de ti mismo, estás exponiendo solo un aspecto limitado de tu infinito Yo Soy.
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El Hombre es el Árbitro | Dicho de otro modo, cuando uno se encuentra enfermo, al ser consciente de la causa, tan solo puede atribuirle dicha enfermedad a la configuración específica de la causa sustancia básica, una configuración, que es el resultado de nuestras reacciones ante la vida y que viene determinada por nuestro concepto de —me encuentro mal— por eso se nos dice: diga el débil fuerte, porque la causa sustancia, yo soy se adapta a nuestras convicciones y por lo tanto, se ve obligada a manifestar lo que determine nuestra configuración.

Dicho principio rige todos los aspectos de nuestra vida, tanto el social como el económico, el intelectual o el espiritual.

Yo soy es esa realidad a la que, pase lo que pase, debemos dirigir nuestra atención para obtener una explicación del fenómeno de la vida.

Dicho concepto de Yo soy es en sí mismo, lo que determina la forma y el escenario de su existencia. Todo depende de la actitud que adopte hacia sí mismo.

Lo que no se defina a sí mismo como auténtico por sí mismo, es incapaz de despertar en este mundo, es decir, el concepto que tengamos de nosotros mismos como puede ser el de soy fuerte, me siento seguro, me siento querido, es lo que determina el mundo en el que vivimos.

Dicho de otra manera, cuando decimos soy un hombre, soy padre, soy americano, no estamos definiendo distintos tipos de Yo soy, estamos definiendo distintos conceptos o configuraciones de una única causa sustancia, del «Yo Soy único».

Incluso en los fenómenos de la naturaleza, si los árboles pudieran hablar dirían, soy un árbol, soy un Manzano, soy un frutal, doy muchos frutos.

Cuando uno sabe que la conciencia es la única realidad que existe, aunque se conciba a sí misma como algo bueno, malo o indiferente, esto se convierte en lo que concibe ser, nunca es presa de la tiranía de las segundas causas, de la creencia de que existen unas causas externas a nuestra mente que pueden afectar a nuestra vida.
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Lo que Determina Nuestra Existencia | Lo que no se Defina a sí Mismo como Auténtico por sí Mismo: es incapaz de despertar en este mundo, es decir, el concepto que tengamos de nosotros mismos como puede ser el de soy fuerte, me siento seguro, me siento querido. Esto es lo que determina el mundo en el que vivimos.

Dicho de otra manera, cuando decimos soy un hombre, soy padre, soy americano, no estamos definiendo distintos tipos de Yo soy, estamos definiendo distintos conceptos o configuraciones de una única causa sustancia, del «Yo soy único».
En el Estado de Conciencia se Encuentra la Causa | La única manera de «construirnos mansiones más majestuosas» –manifestaciones de conceptos cada vez más elevados– es cambiando nuestra conciencia, es decir, cambiando, de hecho, el concepto de nosotros mismos.

Es absolutamente imprescindible comprender claramente qué es la conciencia, debido a que la conciencia es una realidad única e indivisible, y constituye la única y primordial causa-sustancia de los fenómenos de la vida.

No puede existir nada que no se deba a la conciencia que el hombre tiene de ello.

Por lo tanto, es a la conciencia a la que debemos dirigir nuestra atención, ya que constituye el único fundamento para poder explicar los fenómenos de la vida.

Si aceptamos la idea de que existe una causa primordial, debemos deducir entonces que dicha causa no puede tener como resultado algo que le resulte ajeno. Es decir, si la causa-sustancia primordial es luz, todas sus evoluciones, frutos y manifestaciones no pueden ser más que luz.

Dado que la causa-sustancia primordial es conciencia, todas sus evoluciones, frutos y fenómenos sólo pueden ser conciencia. Lo único que podría observarse es una forma superior o inferior de la misma cosa, o variaciones de ella.

Dicho de otro modo, si nuestra conciencia es la única realidad, también debe ser la única sustancia.

En consecuencia, todo lo que a nosotros nos parecen circunstancias, condiciones e incluso objetos materiales, en realidad no son más que productos de nuestra propia conciencia.

Entonces, debe rechazarse el concepto de naturaleza como cosa o conjunto de cosas externas a nuestra mente.

No puede considerarse real que nosotros y nuestro entorno tengamos existencias separadas. Nuestro mundo y nosotros somos una única entidad.

Por lo tanto, si realmente deseamos conocer la causa de los fenómenos de la vida y saber cómo utilizar dicho conocimiento para hacer realidad nuestros sueños más ansiados, debemos cambiar el enfoque de nuestra atención, pasando de la apariencia objetiva de las cosas para concentrarnos en su centro subjetivo, en nuestra conciencia.

En el centro de todos los aparentes antagonismos, contrastes y contradicciones de nuestra vida, sólo está en funcionamiento un único principio: lo único que opera es nuestra conciencia.

Las diferencias no son una variedad de sustancias, sino una variedad de configuraciones de la misma causa-sustancia, de nuestra conciencia.

El mundo se mueve sin necesitar un motivo para ello. Lo que esto quiere decir es que no tiene un motivo propio, sino que lo rige la necesidad de manifestar nuestro concepto, de manifestar la estructura de nuestra mente.

Y nuestra mente siempre se manifiesta sobre la base de todo aquello que creemos y consideramos auténtico.

El rico, el pobre, el mendigo o el ladrón no son mentes distintas, sino distintas configuraciones de la misma mente, al igual que cuando se imanta un trozo de acero, su sustancia no cambia con respecto a cómo era antes de imantarse, sino que lo que cambia es su configuración y el orden de sus moléculas.

La unidad básica de la energía magnética consiste en un electrón girando en una órbita determinada. Pero cuando se desimanta un trozo de acero o de otra cosa, no quiere eso decir que se le paren todos los electrones.

Por lo tanto, la energía magnética no ha dejado de existir, sino que sólo se han reconfigurado las partículas de tal forma que ya no producen un efecto externo o perceptible.

Se dice que una sustancia está desimantada cuando sus partículas no se orientan en orden alguno, pero cuando se las ordena en una dirección determinada, la sustancia queda imantada. No es que se cree energía magnética, sino que se despliega.

La salud, la riqueza, la belleza y el genio no se crean, sino que tan sólo se manifiestan a través de la estructura de nuestra mente.

Es decir, a través del concepto que tenemos de nosotros mismos, y el concepto de nosotros mismos es todo aquello que aceptamos como real y de lo que estamos convencidos.
A lo largo de sus enseñanzas, Goddard ofreció metodologías prácticas para aplicar la Ley de la Asunción. Una de las más esenciales era "siempre ir al final". En otras palabras, si deseas algo, en lugar de centrarte en los pasos o procesos para obtenerlo, visualiza y siente que ya lo has conseguido. Imagina, por ejemplo, que tienes el trabajo que siempre has querido. ¿Cómo te sientes? ¿Cómo es un día típico en ese trabajo? No importa si tu realidad actual no concuerda con esa visión; la clave es mantener ese sentimiento y visión en tu mente hasta que se manifieste en tu realidad. «En el corazón de la Ley de la Asunción yace un principio fundamental: el subconsciente no puede diferenciar entre la realidad y la imaginación». Asume que lo que pensamos y sentimos es verdadero. Por lo tanto, si puedes mantener un sentimiento y visualización persistentes, estos se manifestarán en tu vida.
En el Centro de la Manifestación; no hay más que yo soy, el cual se manifiesta en forma de innumerables formas o conceptos de sí mismo, y de Yo soy el que soy. Yo soy, es la autodefinición del absoluto, el fundamento sobre el que todo se sostiene. Yo soy constituye la primera causa de la sustancia. Yo soy es la autodefinición de Dios. Yo soy, es una sensación de permanente conciencia, justo en el centro de la conciencia se encuentra la sensación de soy. Puede que me olvide de quién soy, de dónde estoy, de lo que soy, pero me es imposible olvidarme de que soy. Esa conciencia de existencia permanece, independientemente de hasta qué punto se me olvide dónde estoy, y quién y qué soy.
El Hombre es el Árbitro | Dicho de otro modo, cuando uno se encuentra enfermo, al ser consciente de la causa, tan solo puede atribuirle dicha enfermedad a la configuración específica de la causa sustancia básica, una configuración, que es el resultado de nuestras reacciones ante la vida y que viene determinada por nuestro concepto de —me encuentro mal— por eso se nos dice: diga el débil fuerte, porque la causa sustancia, yo soy se adapta a nuestras convicciones y por lo tanto, se ve obligada a manifestar lo que determine nuestra configuración. Dicho principio rige todos los aspectos de nuestra vida, tanto el social como el económico, el intelectual o el espiritual. Yo soy es esa realidad a la que, pase lo que pase, debemos dirigir nuestra atención para obtener una explicación del fenómeno de la vida. Dicho concepto de Yo soy es en sí mismo, lo que determina la forma y el escenario de su existencia. Todo depende de la actitud que adopte hacia sí mismo. Lo que no se defina a sí mismo como auténtico por sí mismo, es incapaz de despertar en este mundo, es decir, el concepto que tengamos de nosotros mismos como puede ser el de soy fuerte, me siento seguro, me siento querido, es lo que determina el mundo en el que vivimos, dicho de otra manera, cuando decimos soy un hombre, soy padre, soy americano, no estamos definiendo distintos tipos de Yo soy, estamos definiendo distintos conceptos o configuraciones de una única causa sustancia, del «Yo Soy único». Incluso en los fenómenos de la naturaleza, si los árboles pudieran hablar dirían, soy un árbol, soy un Manzano, soy un frutal, doy muchos frutos. Cuando uno sabe que la conciencia de la única realidad que existe, y que se concibe a sí misma como algo bueno, malo o indiferente, y que se convierte en lo que concibe ser, nunca es presa de la tiranía de las segundas causas, de la creencia de que existen unas causas externas a nuestra mente que pueden afectar a nuestra vida.
Lo que no se Defina a sí Mismo como Auténtico por sí Mismo: es incapaz de despertar en este mundo, es decir, el concepto que tengamos de nosotros mismos como puede ser el de soy fuerte, me siento seguro, me siento querido, es lo que determina el mundo en el que vivimos, dicho de otra manera, cuando decimos soy un hombre, soy padre, soy americano, no estamos definiendo distintos tipos de Yo soy, estamos definiendo distintos conceptos o configuraciones de una única causa sustancia, del «Yo soy único».